Los personajes (excepto Honey) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.
Capítulo XIII
No correspondido.
"El más difícil no es el primer beso, sino el último".- Paul Géraldy
"En esos momentos era capaz de sentir cómo nuestros cuerpos se unían y tortuosamente se separaban, gracias a los movimientos febriles que provocabas. No tienes la mínima idea de lo que enciendes en mí con cada palabra susurrada por tus labios, esos que se habían convertido en su esclavo… ¿No te das cuenta de lo mucho que siento por ti? ¿No lo sientes cada vez que me entrego a ti?... No puedo pensar mejor forma para demostrártelo.
Estos últimos días he escuchado los rumores sobre la batallada librada en el Santuario de Atenea, tu hermano murió pero él… el hombre que habías llegado a querer, o tal vez a amar, estaba con vida… el protector del sexto templo se libró de las garras de la muerte, y con ello, el constante temor que me invadía había retornado con el doble de fuerza. A ti, a quien le he entregado mi dañado corazón, ese que, como estúpido, había latido por una persona inalcanzable, tengo miedo de perder… Tengo miedo de perderte. Miedo a que todo lo que hemos construido hasta ahora, se derrumbe ante la amenazante tormenta, que ya se veía inminente.
Yo ya lo había olvidado a ese hombre inalcanzable pero… ¿Y tú? ¿Tú puedes decir lo mismo? ¿Has olvidado a Shaka de Virgo?... Nuevamente, me transportas a ese punto donde todo alrededor queda en el último plano, donde todo se olvida y sólo existe esa persona y tú, ese punto donde se alcanzan las estrellas del infinito. Sales de mí de forma definitiva. Te mantienes a gatas con cada mano apoyada en el colchón de mi cama mientras nuestras respiraciones disminuyen su ritmo a la par.
No puedo más, este sentimiento me está matando lentamente. Mi mano derecha toca tu rostro, siento esas palabras quemar en mi garganta mientras mi cerebro mandaba esa alerta a todo mi sistema, esa que se enciende cuando estás ante una decisión que cambiará tu futuro, esa que te invade cuando no sabes si todo resultará bien o mal.
─ Te amo, Kanon.
Tus comisuras se curvan y tus ojos se cierran nublando tu expresión en completa melancolía. Gracias a eso puedo intuir tu respuesta pero, aún así, tus labios se aferran a pronunciarla, clavándose en mí como un puñal.
─ No puedo corresponderte, aún no─ me miras─. No con la misma intensidad, Sorrento.
Desciendes de tu posición, dejándome sumergido en esa corriente de pensamientos en la que se había convertido mi mente.
─ Parece que siempre caeré con los imposibles─ suspiro con la vista en el techo─. No puedo obligarte a sentir lo mismo que yo… Te amo, pero si no puedes corresponderme, tengo que olvidarte.
Interrumpes mi momento de reflexión, me besas de nuevo pero esta vez con más intensidad, como si quisieras marcar mis labios con tu nombre. Acepto olvidarme de todo lo demás mientras te siento subirte encima de mí, en busca de volver a repetir nuestra entrega como en otras tantas ocasiones".
─ ¿Te marchas?─ preguntó Aioria desde la sala al joven de cabello rubio que descendía por la escalera─. ¿Acaso tu herida ya sanó por completo?─ se dirigió hasta Shaka que estaba estático en el escalón final.
─ ¿Se le ofrece algo?─ el virginiano pasó a un lado del león para encaminarse a la salida. El castaño sólo lo siguió en silencio.
─ ¿Todo fue una broma?─ cuestionó cuando llegaron a la puerta.
─ No sé a que se refiere.
─ ¡Ya deja esa tontería de una vez!─ tomó del brazo del otro y volteó al rubio para poder quedar frente a frente─. ¿Me crees tan idiota? Puedo darme cuenta de que recuerdas─ soltó al sexto custodio sabiendo que éste no escaparía gracias a la impresión ocasionada por lo que acababa de pronunciar─. Lo único que me negaba a creer era que confiaras más en él que en mí, aunque la verdad no sé porqué me sorprendo, es obvio que lo amas─ soltó dolido─. Sólo...─ se acercó a Shaka de tal mamera que sus alientos se encontraran─. Mírame a los ojos y dime que no me recuerdas.
─ Aioria─ pronunció con dificultad, abrió sus orbes para corresponder a la mirada del otro. Sin saber que decir dejó a su cuerpo actuar... lo besó con tanta urgencia, descargando todas las emociones que el griego le provocaba. Aioria lo acorraló contra la puerta, mientras una de sus manos se colaba debajo de la camisa del rubio redescubriendo la suave piel que se erizaba por su tacto.
─ Espero que él te haga feliz─ deseó el castaño al separase de Shaka─. Lamento que no te hayas podido enamorar de mí... como yo de ti─ confesó, estando su orgullo dolido.
─ Buenos días, ¿interrumpo?─ preguntó Camus, aunque esa era su verdadera intención.
─ No─ puso distancia entre Shaka y él─. Sólo lo despedía─ dedicó una última mirada al rubio y se marchó.
─ Si ves a nuestra diosa informale que todo va a la perfección─ informó Camus a su acompañante─. El escorpión ya cayó y éste no tardará... ¿qué te pasa?─ preguntó al notar la ausencia del otro.
─ Nada─ mintió Shaka, sabiendo que en verdad le pasaba todo... Quería ir tras Aioria y decirle que lo amaba pero no podía, no con Camus ahí. Cerró sus ojos sin prestarle mayor interés al acuariano y partió al lado del enemigo.
…
Había salido temprano de aquella casa que ya comenzaba a fastidiarlo. DM ahora se encontraba esperando en un cuarto del "Le Sanctuaire" la llegada de Afrodita, durante la noche tuvo una idea sobre cómo hacerle para que el pez recordara. Reconoció la habitación, era la misma de la vez en la que se quedó dormido. La puerta se abrió dejando entrar a Saga y Afrodita, mientras el recién llegado Shaka esperaba en el marco de la entrada.
─ Estoy seguro de que sólo pedí ver a Afrodita.
─ Venimos a asegurarnos de que la habitación estuviera en óptimas condiciones─ respondió el geminiano.
─ Ellos se retirarán pronto─ aseguró el pez mientras se aproximaba al cangrejo con cautela, ocultando en su espalda la daga con la que debía asesinarlo.
─ Te traje esto─ pronunció quedamente, incómodo por la presencia de otros de sus compañeros, mientras le mostraba una rosa blanca.
Afrodita miró con detenimiento el presente. Saga se percató de cómo la mano con la que el pez sostenía el arma comenzaba a temblar y aprovechándose del dolor que invadió al de piscis, tomó el objeto y apuñaló a DM.
─ ¡Death Mask!─ gritó Afrodita al ser el principal testigo de la escena─. ¡Saga reacciona! ¡Somos Santos de Atenea!─ fue lo único que se le ocurrió decir al haber obtenido su memoria.
El aludido tiró el cuerpo sangrante del cangrejo hacia el suelo y en un ágil movimiento cortó el cuello de Afrodita, quien comenzó a desangrarse al instante.
─ Encárgate de esto, Shaka─ arrojó la daga a un lado de ambos cuerpos que ya permanecían inmóviles en la alfombra─. Tengo una cita que atender.
…
La luz del día lo obligaron a abrir sus ojos, una sonrisa se formó en sus labios al recordar lo ocurido hace unas horas, misma que desapareció con la misma rapidez con la que se había formado al notarse solo en la cama.
─ ¿Camus?─ preguntó sentándose en el colchón.
─ Así que con él estabas─ murmuró Dégel desde un rincón─. Creí que habías recurrido a mí porque seguirías mi consejo─ le arrojó un pantalón al escorpión─. Veo que preferiste entregarle lo que deseaba.
─ No pude evitarlo, Dégel─ explicó poniéndose el pantalón─. Si tú estuvieras en mi lugar también hubieras hecho lo mismo con Kardia.
─ Kardia no intenta destruirnos.
─ ¿Cómo puedes saberlo?
Atravesó al Escorpio con una fría mirada ante la insolencia de contradecirlo, después de todo, Milo fue quien le pidió su ayuda y él había aceptado ayudarle por su reciente amistas pero… ¿cómo se atrevía a hablar así de Kardia? Después de su encuentro, su parabatai ni siquiera había dado señales de aparecer, mucho menos sabia de su estado de salud. En lo último que quería pensar el acuariano era en la posibilidad de su muerte.
─ Cuando el vuelva a ignorarte y vaya por tu amigo no digas que no te lo advertí.
Salió de la habitación. No podía culpar a Milo por lo que hizo, él había hecho exactamente lo mismo. Suspiró... Necesitaba saber de Kardia, abrazarlo, besarlo... necesitaba todo de él.
…
El dia transcurrió sin ningún contratiempo, ahora los rayos vespertinos indicaban la pronta llegada del enemigo. Shura y Sísifo portaban sus armaduras mientras aguardaban tras la puerta, no faltaba mucho para que el reloj marcara las tres de la tarde.
─ Ten cuidado con él─ recomendó el de Capricornio en cuanto vio acercarse al carnero─. Recuerda que su cordura es cuestionable.
─ No se preocupen, sé defenderme─ les recordó, por algo también es Santo de Atenea.
El timbre sonó, los dos mayores se marcharon dejando que Mu manejara a su manera la situación. El pelilila respiró hondo y abrió, se encontró a quien esperaba.
─ Buenas tardes, Mu─ saludó el geminiano.
─ Buenas tardes, Saga─ correspondió cerrando la puertas tras él─. ¿A dónde vamos?─ preguntó curioso al notar el pans y la playera del gemelo.
─ La noche del baile noté el área boscosa que rodea la casa y me gustaría que caminaramos por ella para conversar─ explicó guardando sus manos en los bolsillos del pantalón─. Quiero escuchar tu historia.
─ ¿Mi historia? ¿A qué te refieres?
─ Si quieres saber más tienes que venir conmigo.
Estar a solas con el gemelo era algo peligroso y más siendo él el enemigo, pero el ariano no tenía otra opción, necesitaba información.
─ De acuerdo─ Mu aceptó aunque no estaba del todo convencido.
Caminaron junto al otro en completo silencio, sólo se escuchaba el sonido de las hojas y ramas crujiendo bajo sus pies con cada paso que daban. Se adentraron hasta llegar a una grieta que parecía dividir el lugar, a ambos lados crecían enormes árboles pero en ésta sólo había pequeñas plantas y hierbas, fue entonces que Saga decidió detenerse.
─ ¿Qué es?─ preguntó para dejar el lúgubre ambiente e iniciar una conversación.
─ No lo sé.
─ ¿No lo sabes o simplemente no quieres decirme?
─ Ya te lo dije, no lo sé─ respondió con firmeza─. ¿Para qué querías venir aquí?
─ Porque quiero escuchar lo que tienes por contarme─ se recargó en un árbol─. Quiero saber porque he de creer que soy un Santo de Atenea y a cambio yo te diré lo que desees saber.
…
La luz de Apolo iluminaba la piel pálida de la mujer pelilila que permanecía inmóvil, acostada sobre la cama de cuarzo. Su respiración podía verse lenta y en calma, todo lo contrario a lo que sus santos vivían.
─ Sé qué hacer para que mi amigo Aioros recupere sus memorias─ soltó Shura mientras velaba el sueño de la diosa junto con Sísifo─. Necesito llevarlo al Santuario, aunque dudo que él me quiera acompañar.
─ Yo pensé en algo igual para El Cid, el querer hacerlo hablar sólo es una pérdida de tiempo.
─ El caballero de Tauro partirá esta noche, es precipitado pero tenemos que ir con él y llevar a Aioros y a El Cid con nosotros.
─ ¿Cómo traeras al caballero de Sagitario?
─ En la mañana hablé a ese lugar y solicité su presencia, no se negaron.
─ Espero que ella se encuentre a salvo durante nuestra partida─ Sísifo dirigió su mirada hacia la Atenea.
…
Llegó a uno de los árboles que adornaban la cara de la mansión anhelando un poco de privacidad, necesitaba pensar. Cerró sus ojos disfrutando de la brisa marina que chocaba con su rostro, pues el resto de su cuerpo permanecía oculto bajo el oscuro pantalón y una playera negra de manga larga. Recargó su cabeza en el tronco y se sumergió en las cosas que lo agobiaban.
Había logrado entrar a esa casa con facilidad, creyendo que había engañado al escorpión pero ahora sabía que no era así y, aún conociendo eso, los dos terminaron teniendo sexo. Eso está bien, pensó. Para él, esa última parte estaba planeada desde que llegó. Ahora...
─ Sólo falta él─ se dijo.
La siguiente parte era acostarse con el mejor amigo de Milo, Aioria. No pudo evitar soltar un suspiro cansino... tenía que, aunque no quería. Después de eso, ellos lucharían entre sí y los otros santos tomarían partido por alguno de los dos y se separarían... Con los caballeros en esa situación no sería difícil que su diosa llegara hacía Atenea. Todo estaba planeado, aunque habían ocurrido ciertas cosas que ni siquiera había considerado al iniciar su misión. La primera, la muerte de Manigoldo y la segunda... Acarició su cuello por inercia al hacer memoria lo que había ocurrido con el escorpión, el simple recuerdo le erizaba la piel y le hacía emerger ciertos sentimientos que simplemente no podía permitirse.
─ Al fin te encuentro─ escuchó la voz de aquel que lo hacía sentir así...de esa forma que, por más agradable que fuera, no podía ser─. ¿Por qué te fuiste?─ preguntó Milo acercándose a él─. Es que acaso...─ rozó sus labios y se dirigió a su oído─. ¿No te gustó?─ preguntó de manera provocativa.
─ Eso no debió ocurrir─ dijo siendo traicionado por su pulso que ya respondía ante la cercanía del griego.
─ No fue lo que te pregunte─ comenzó a jugar hábilmente con el lóbulo de Camus. Milo estaba decidido a hacerlo sentir de tal manera que no le quedarían ganas de buscar a nadie más, específicamente a Aioria.
─ Nos pueden ver─ pronunció tratando de alejar al escorpión aunque en su voz ya era evidente cierto nivel de excitación, encajó sus dedos en el árbol negándose a dirigirlas hacia donde en verdad deseaba.
─ ¿No te gustó?─ repitió pero esta vez compartiendo una mirada cómplice con el de Acuario.
En segundos, la lengua de Camus ya yacía en lo más profundo de la boca griega, embriagándose con el sabor único que le proporcionaba, sus dedos se enterraron en la alborotada cabellera pues la armadura de Escorpio le impediría sentir algo más que aquello.
─ No puedo─ pronunció recordándose el porqué se econtraba en ese lugar─. No quiero que vivas en una mentira─ continuó aún con la respiración entrecortada.
─ Yo no soy quien vive en una mentira─ juntó sus labios aunque sin iniciar un beso─. Sólo no hagas nada estúpido.
Camus le otorgó un beso fugaz y partió hacia la casa donde haría justamente lo que Milo le había pedido que no hiciera: algo estúpido. El escorpión lo vio partir, tenía una extraña sensación recorriéndole el cuerpo... siguió a Camus dejando entre ellos una distancia considerable.
Camus subió al segundo piso y entró sin previo aviso a una habitación, pues sabía que si se anunciaba el propietario no le dejaría pasar. Milo reconoció ese cuarto como el de Aioria.
─ ¿Camus?─ preguntó el de Leo incorporándose de la cama vistiendo un pantalón holgado color azul, dejando expuesto su pecho. El acuariano veía esa oportunidad como la perfecta, era evidente que Aioria estaba afectado por la partida de Shaka y él se probaría que podía sentir con cualquiera lo que el escorpión le provocaba─. ¿Qué haces en mi habitación?─ cuestionó sabiendo la respuesta, Milo le había comentado lo sucedido con el acuariano, poco después de su discusión con Dégel, y le advirtió de la probabilidad de que lo fuera a buscar.
El francés ignoró la pregunta del otro y agarró su playera dispuesto a retirarla para quedar en igualdad de condiciones que su compañero, pero se detuvo al ver las griegas esmeraldas. Aioria lo notó en una disyuntiva y se aproximó hasta él. Los ojos de Camus se abrieron por la sorpresa al sentir los labios del castaño besando los suyos, sus labios permanecían inertes tal como su cuerpo.
─ Si ya sabes lo que quieres, ¿por qué vienes a buscarlo donde no lo encontrarás?─ le cuestionó Aioria con una perfecta sonrisa en su rostro, lo que descolocó a Camus.
Alejó la mano de su prenda negra y abrió la puerta en completa confusión.
─ ¿Te diviertes?─ preguntó el griego que lo había esperado afuera.
─ Milo─ fue lo único que pronunció antes de marcharse.
─ Te hubieras puesto una camisa─ reprochó mirando a su amigo.
─ Que no te de envidia mi cuerpo, bicho─ salió hacia el pasillo para encontrarse con su compatriota─. Vas por buen camino─ aseguró refiriéndose a Camus─. Que feo gustos tiene─ el escorpión le pegó un codazo en el abdomen al de Leo, quien comenzó a reír.
─ Ve a ponerte tu armadura, gato tonto─ Aioria sin dejar de reír se metió al cuarto.
…
Terminó de contarle toda la historia que conocía, desde sus años de aprendiz hasta cómo habían revivido, ahora sólo los acompañaban el atardecer, el canto de las aves había cesado durante el relato y en esos momentos la pareja permanecía sentada, uno al lado del otro, mientras recargaban sus cuerpos en los troncos de algún árbol.
─ Entonces─ comenzó Saga tras repasar lo contado por el de Aries─. Asesiné al Patriarca, quise quitarle la vida a Atenea, me apoderé de su Santuario, me suicidé, reviví supuestamente como aliado de Hades, morí y ahora alguien malo volvió a resucitarme.
─ No me crees─ pronunció Mu mientras se levantaba.
─ No es eso─ le aseguró el gemelo poniéndose de pie─. Es sólo que...─ dudó si continuar, pero había una duda que lo estaba consumiendo─. En toda esa historia, ¿no hubo nada entre nosotros?─ preguntó notando cómo un color carmín invadía ligeramente las mejillas del ariano.
─ Bueno, cuando era aprendiz me enseñaste varias cosas.
─ ¡No me refiero a eso!─ lo acorraló contra el árbol con evidente impotencia colocando una mano a cada lado de su rostro─. Escucha, he venido después de asesinar a Afrodita y a uno de los tuyos─ confesó─. Vine con la intención de hacer lo mismo contigo pero... no puedo─ acarició el rostro de Mu ante la mirada perpleja de éste─. Hay algo en ti que me lo impide, creí que en esa vida que me cuentas, tu y yo...─ se acercó peligrosamente a sus labios.
─ Así que el chico todavía no está muerto─ Saga volteó hacia donde provenía la voz, se trataba de Dohko que contemplaba la escena desde la rama de un árbol─. Me preguntó qué hará nuestra diosa cuando se entere.
─ Lo mismo que hará cuando sepa que aún tienes al tal Patriarca contigo─ le respondió estando su tono de voz lejos de la amistad, ambos llevaban la advertencia en ella.
─ Ya es hora de que regreses─ informó y posteriormente se marchó.
─ Espera─ Mu sujetó del brazo a Saga que se disponía a seguir al de Libra.
─ Mañana vendré por ti, tengo que irme─ compartieron una última mirada y el ariano soltó al gemelo, quien inmediatamente se marchó.
Gracias por leer, espero les haya gustado el capítulo.
