Los personajes (excepto Honey) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.

Capítulo XV

Victoria y traición.

"El verdadero enemigo te transmite un valor sin límites."- Franz Kafka

Al quitar la capa dejaron al descubierto a la mujer que se ocultaba tras ella. Era dueña de una dorada cabellera que a penas tapaba un poco de lo que su vestido dejaba expuesto; la prenda era en su totalidad azul oscuro, la parte que cubría los pechos subía hasta atarse por detrás de su cuello, por el frente el vestido carecía de longitud lo que exhibía las largas y blancas piernas de la joven; calzaba unas sandalias griegas, mientras que sus únicos accesorios consistían en dos brazaletes en forma de serpiente, los cuales adornaban cada muñeca; lo más llamativo de su atuendo era sin duda el cinturón de plata que daba forma a su cintura y, en el cual, descansaban cuatro piedras redondas de color azul.

─ Tú eres...─ pronunció Sísifo al descubrir el rostro del enemigo.

─ La chica que nos atendió la noche que fuimos al "Le Sanctuaire"─ completó Shura.

─ En efecto─ confirmó Honey. Caminó hasta la silla del Patriarca, donde contempló a Niké a los pies de ésta─. En ese momento, cuando me enteré que ustedes se dirigían hacia donde yo me encontraba, no tuve otra alternativa que tomar una apariencia humana... mortal─ pronunció lo último asqueada, regresando la vista hacia los santos─. Me encontraba muy débil... revivir a los inútiles Santos de Atenea, construir una nueva memoria en cada uno de ellos para hacerles creer que me servían, crear la ilusión del "Le Sanctuaire"...─ suspiró fingiendo cansancio─. Fue agotador─ se sentó─. Si ustedes me hubieran reconocido... si hubieran sentido mi cosmos, todo hubiese sido en vano. Pero no lo hicieron, estaban tan concentrados en encontrar a sus amigos que fui ignorada, ni siquiera se dieron cuenta del secuestro de su Patriarca─ cruzó las piernas, mientras descansaba su cabeza en una de sus manos, dejando a las dagas descansar en su regazo.

─ Tú le mostraste a Kanon las grabaciones de la cámara y no había nada─ señaló Shura.

─ Si borré la memoria de sus compañeros y les cree una nueva... ¿no creen que es simple alterar una cinta?─ sonrió burlándose de quienes tenía al frente─. Sabía que irían en busca de su Patriarca, lo tenía previsto─ aseguró─. Lo que no me esperaba es que fueran capaces de revertir mi hechizo de la memoria con tanta facilidad, sobre todo en uno de mi más fieles sirvientes─ dirigió una mirada maliciosa a El Cid.

La joven alzó una mano haciendo volar hasta lo más profundo de la habitación a los cuatro caballeros. Sísifo y Shura se recuperaron con facilidad del ataque ya que las armaduras habían protegido sus cuerpos del impacto, corrieron hacia el enemigo y, a un par de metros de llegar a su objetivo, una ráfaga paso entre los dos y en unos segundos escucharon el sonido de dos cuerpos caer.

─ Que triste─ pronunció la diosa haciendo un puchero con la boca. Los dos caballeros dorados viraron, aunque ya sabían con lo que iban a encontrar: los dos cuerpos de sus compañeros con la garganta atravesada─. Todo su esfuerzo terminará así─ escupió. Con un movimiento de sus dedos, llamó al par de armas que inmediatamente abandonaron los ensangrentados cadáveres, pasaron entre los santos vivos y se depositaron en las manos de la rubia.

Los caballeros se encontraban impactados por lo sucedido, demasiadas emociones los invadieron en ese instante, miraron a la responsable de lo ocurrido con determinación... tenían al enemigo y no podían dejarlo escapar. Sísifo apuntó una de sus flechas doradas hacia Honey, mientras Shura levantaba su brazo en el que contenía a Excalibur. Los ojos azules de la mujer brillaron de emoción... era un encuentro que no podía perder.

Con sorprendente velocidad, arrojó con su pie a Niké hacia los caballeros mientras se tiraba al suelo esquivando la flecha de Sagitario aunque no tuvo tanta suerte con la ráfaga cortante del décimo custodio, la cual le había rasgado el vestido hiriendo una de sus piernas. Enojada, la diosa tocó el piso haciendo que de él emanara un polvo grisáceo que invadió la cámara, se incorporó apreciando cómo su ataque surtía efecto contra sus adversarios. Los santos emitían ruidos de lucha al intentar moverse pero el polvo que los rodeaba les había paralizado el cuerpo. La rubia invadida por el coraje, agarró una daga y se acercó al de Capricornio, ignorando por completo los gruñidos de Sísifo. Al posicionarse al lado de Shura, en un brusco movimiento atravesó su garganta como lo había hecho con El Cid y Aioros, extrajo el arma e hizo caer el cuerpo del español a sus pies. La sangre comenzó a surgir y a expandirse por el suelo, poco le importo a la mujer quien la piso para aproximarse a Sísifo.

─ Si no hubieran visto mi rostro tal vez los hubiera dejado vivir.

Un esplendor inundó la habitación del Patriarca, la joven cubrió sus ojos hasta que la luz disminuyó, entre Sísifo y ella se encontraba el báculo de Atenea cubierto con la sangre de Shura. Se aproximó dispuesta a atacar pero una fuerza la empujó contra una columna, el arquero trató de ver hacia el radiante objeto y por unos breves segundos creyó observar a la joven que hace mucho tiempo había servido.

─ Sasha─ murmuró asombrado.

Niké brilló con mayor intensidad, obligando al santo cerrar sus ojos. El griego sintió como si algo lo jalara hacia otra parte, en pocos segundos la luz se había esfumado, al abrir sus orbes y se sorprendió al verse en el salón de fiestas de la mansión; dirigió su vista al piso encontrándose con el báculo, se dejó caer de rodillas debilitado por la exposición a los polvos de la rubia.

─ ¿Sísifo?─ preguntó confundido el caballero de Tauro, quien se encontraba en el sitio. El aludido agradeció mentalmente a su diosa, intuyendo que la mujer durmiente le había protegido y por eso el imaginó la figura de la joven a quien le tuvo cariño. Cayó al quedar inconsciente provocando un estruendo con el choque de la armadura con el piso─. ¡Sísifo!─ exclamó Aldebarán corriendo para auxiliar a su amigo.

...

Saga, Shaka y Dohko permanecían en la recepción del "Le Sanctuaire" en espera de la llegada de la diosa, quien había partido rumbo al Santuario para cerciorarse de que El Cid y Aioros cumplieran con su deber. Shaka permanecía distante en un rincón anhelando que las cosas en las doce casas no estuvieran mal, Dohko sólo iba y venía impaciente; por su parte, Saga jugaba con una pluma en el mostrador, deteniéndose cuando una tarjeta del local captó su atención, leyó el nombre con detenimiento y sonrió al entender las palabras "El Santuario". Una corriente de aire devolvió su concentración, la muchacha rubia había hecho su aparición, ya no portaba su capa por lo que su apariencia impresionó a los tres que la esperaban.

─ Usted es...─ comenzó el castaño, porque a pesar de estar en contacto con ella nunca la vio sin aquella capa con la que solía ocultarse.

─ Basta de eso, tenemos cosas que hacer─ interrumpió, retocando un poco su apariencia. Los tres al escuchar las palabras de la mujer asintieron y se arrodillaron─. Saga, en cuanto salga el sol irás a esa casa, acabarás con el muchacho y con todo aquel que desees─ el gemelo afirmó con un movimiento de su cabeza y posteriormente tomó las dagas que la diosa le ofrecía─. Dohko, te mandaré en este momento a la mansión donde te encontrarás con un santo parecido a Saga, habla con él, haz uso de la información que te proporcionó su Patriarca... no será difícil hacer que se una a nuestra causa.

─ De acuerdo.

─ Necesito que hables con Camus, dile que su misión terminó e ignora todos sus peros, hazle saber su siguiente trabajo: ponerle fin a la vida del caballero de Leo. Te ayudaré a transportarte cuando te encuentres en esa casa─ el castaño asintió. La mujer le entregó una daga al castaño, tronó sus dedos y en un parpadeo el de Libra había desaparecido─. Me iré a descansar. Shaka en unas horas bajaremos al sótano, ya no necesitamos conservar a los prisioneros─ la joven desapareció dejando a los dos santos pensando en las futuras tareas que debían realizar.

...

La oscuridad de la noche podía hacer gala de ser su única compañera en esos momentos de reflexión, había dejado la armadura de Géminis en su dormitorio después de sostener una plática con Asmita en los aposentos de éste, cambiándola por un pantalón deportivo y una camiseta. Se encontraba recorriendo el perímetro de la mansión, sumergido en sus pensamientos... el Santo de Virgo le había pedido ayuda para continuar realizando una agotadora misión, la causa de que el rubio se encontrara en su debilitado estado. En sí, lo que le había propuesto hacer no le preocupaba, sin embargo, su orgullo se sintió herido al enterarse de que su hermano ya se encontraba llevando a cabo la labor. Podía sentirse un poco feliz de saber que Deuteros estaba con vida, pero eso no evitaba ser invadido por el coraje al considerarse una segunda opción... la última opción. Porque así se veía, él que era el caballero de Géminis se había mantenido al margen de la situación, mientras que su hermano, ¡su sombra!, estaba ayudando a Asmita en su misión secreta. Aspros gruñó al recordarlo.

─ ¿Mala noche?─ preguntó Dohko, después de observar el comportamiento del gemelo por unos minutos desde la rama alta en la que estaba sentado. Aspros lo miró fulminante─. ¿No te gustaría acabar con tu situación?─ continuó ignorando al peliazul─. Si estuviera en tu lugar ya hubiese acabado con él.

─ ¿Y por qué no lo haces? ¿Acaso no está con ustedes?

─ Así es─ contestó, bajando de un salto del árbol donde descansaba─. Pero después de saber que él siendo nadie se atrevió a superarte... ¡A ti! El caballero de Géminis─ provocó─. Y no conforme, se fija en la misma persona sólo para hacerte saber que él es mejor en todo─ el gemelo con rapidez llegó frente a Dohko y le dio un golpe en el rostro, el castaño se limitó a limpiar la herida provocada en su labio debido al impacto─. A lo que quiero llegar es que si quieres hacerle saber lo que en verdad eres capaz de hacer, sabes donde encontrarlo─ el de Libra tronó los dedos desapareciendo tras la acción, su trabajo con el gemelo había concluido.

...

La noche seguía en calma en la casa, después de la llegada de Sísifo los santos habían dado por muertos a sus otros tres compañeros ausentes, era una situación lamentable... angustiosa. El rubio no dejaba de pensar sobre el asunto, tras su plática con Aspros no podía estar del todo tranquilo, por lo que había bajado a la cocina para intentar prepararse un té pues las cosas que se utilizan ahora para elaborar la bebida no eran las mismas que se usaban en sus tiempos. Su esfuerzo había dado un fruto satisfactorio, se sentó en un banco e inhaló el aroma a azahar, esperando que al beberlo tuviera el efecto que deseaba.

─ Buenas noches, Asmita─ saludó Dégel, entrando al lugar─. ¿Puedo?─ preguntó, señalando hacia el banco que yacía de cara al virginiano.

─ Por favor.

─ Veo que tampoco puedes dormir─ concluyó, al observar que el rubio vestía ropa para dormir al igual que él.

─ Hay cosas que perturban mi mente─ dio un sorbo a su té─. ¿Qué te tiene inquieto?─ cuestionó, depositando la taza en la mesa.

─ Kardia─ pronunció sin rodeos, pues desde el pasado Asmita era consciente de la relación entre ambos.

El de Virgo ya sabía la respuesta, era imposible que Dégel dejara de pensar en el escorpión, quería decirle que se encontraba con vida pero eso significaba hablar de su encuentro con Defteros y eso no podía hacerlo, menos ahora que su cosmos se estaba consumiendo. Se disponía a agarrar su taza con té pero al entrar otra persona en la cocina desistió.

─ Aspros─ nombró, intentando ponerse en pie tras la llegada del gemelo, pero se tambaleó teniéndose que sujetar de la mesa, el de Acuario inmediatamente se levantó.

─ ¿Qué ocurre, Asmita?─ preguntó el de Géminis, burlesco─. ¿Tres muertos más son demasiado para ti?

─ ¿De qué hablas, Aspros?─ cuestionó Dégel, llegando al lado del rubio para auxiliarlo.

─ ¿Acaso no te lo ha contado?─ sonrió lleno de maldad, poniendo en guardia al onceavo custodio─. ¿Deseas pelear? Bueno, veremos si Asmita puede con uno más... ¡Explosión de Galaxias!

Dégel con un movimiento rápido de su mano, creó un muro de hielo sólido para protegerse del ataque de Aspros, comenzó a descender la temperatura del lugar pues el muro, aunque fuese muy resistente, no soportaría muchos ataques, esperando de esa forma, tomar ventaja sobre el gemelo.

─ ¡¿Es así cómo quieres terminar, Dégel?! ¡¿No te gustaría ver a Kardia?! ¡Yo puedo hacer que suceda!─ gritaba el de Géminis, sabiendo que dejaría al de Acuario desconcertado y tomaría ventaja de eso─. ¡La Otra Dimensión!

El hielo se agrietó e inmediatamente se partió. El ataque impactó a Dégel aunque no con toda la magnitud gracias al muro, aún así la fuerza fue tal que su cuerpo salió disparado. Asmita encendió su débil cosmos y sujetó la muñeca del onceavo custodio. El cuerpo de Dégel cayó inconsciente, el rubio había evitado, de cierta manera, que el acuariano se perdiese en una dimensión alterna. Asmita dirigió su rostro hacia el lugar donde se encontraba Aspros pero éste ya se había marchado.

...

Después del escándalo hecho por Aspros, le habían pedido a Camus que permaneciera en su habitación, para poder hablar cómodamente de cómo proceder ante la traición del gemelo. Para el francés la situación era desesperante, no podía realizar ningún contacto con su diosa y tampoco podía descubrir lo que los santos tramaban, hasta el momento sólo conocía que Sísifo permanecía inconsciente tras el enfrentamiento con la diosa y que el santo de Acuario había sido trasladado a una habitación junto a la del arquero para que Aioria pudiera vigilar a los dos por si algún enemigo aparecía.

─ Buenas noches─ escuchó la voz de Dohko detrás de él por lo que viró a prisa.

─ ¿Qué haces aquí?─ preguntó fríamente, aunque estaba molesto por la presencia del castaño en su habitación.

─ Tengo un mensaje de nuestra diosa: tu misión terminó─ informó─. Ahora...─ le arrojó una daga a sus manos─. Mata al caballero de Leo.

─ ¿Qué? Pero...

─ No hay peros para ella─ recordó, tronó sus dedos y desapareció.

El de Acuario observó el arma de plata que descansaba entre sus manos... Asesinar al mejor amigo de Milo, esa era su nueva misión y la tenía que cumplir, quisiera o no. Suspiró. Estaba cansado de todo eso, dejó el objeto en el tocador y cerró sus ojos... Por un lado estaba la diosa a la que él servía y, por el otro, los sentimientos que sentía por Milo... "Dégel tiene razón" pensó, "de nada sirve resistirme". Y era verdad pero aún así...

─ Mátalo─ escuchó una voz en su habitación pero no podía reconocer la dirección de dónde provenía─. Necesito que lo hagas─ un brillo apareció en el centro de la habitación, Camus enfocó su vista hacia el lugar descubriendo una proyección de Shaka.

─ ¿Shaka? ¿Cómo es que...?

─ Eso no importa, Camus─ aseguró─. Como te he dicho, necesito que cumplas con tu tarea.

─ No lo haré, Shaka. Asumiré las consecuencias que mi decisión traiga─ le hizo saber tomando la daga para entregársela a su compañero.

─ Hay algo que quiero explicarte─ sujetó el objeto entre sus manos─. Algo sobre estas armas─ examinó la daga plateada con grabado dorado─. Sé que eres el más cercano a la diosa que nos revivió pero, aún así, dudo que te haya contado su plan.

─ Shaka...─ el aludido levantó su mano deteniendo las palabras del Acuario.

─ Cada santo de Atenea fallecido, ha sido asesinado por un arma perteneciente a los Doce Olímpicos, pero no con cualquiera; estas armas poseen la habilidad de capturar el alma de su víctima, en este caso, la de los caballeros. Ella las está reteniendo consigo, aunque no comprendo el porqué... ¿Por qué revivirnos si lo que quería son nuestras almas?

─ ¿Entiendes lo que estás diciendo? Suenas como uno de ellos.

─ ¿Eso es malo?─ le cuestionó, consciente de que su camarada aún no recordaba su vida como santo y que los sentimientos que sentía por Escorpio estaban escapando de su mente inconsciente─. ¿No has considerado la posibilidad de que digan la verdad?.

─ Entonces, ¿por qué quieres que asesine al santo de Leo?─ preguntó al no estar dispuesto a contestarle al rubio.

─ Porque sólo así lo mantendré a salvo.

─ ¿Acaso tú...?

─ Así como tú tienes una razón para dejarlo con vida, yo tengo la mía para quererlo matar.

─ No te entiendo, explícate─ exigió al confundirse con la respuesta del virginiano.

─ Escucha, Camus─ comenzó, sabiendo que si deseaba el apoyo de su amigo necesitaba darle una explicación a su compañero─. Si tú asesinas a Aioria con esta arma, su alma quedara capturada y yo... yo me encargaré de preservar su cuerpo hasta que todo esto termine y pueda devolverle su vida. En cambio, si el muere debido a un ataque su alma regresaría al Hades y yo... yo no podría hacer nada al respecto.

─ Si aceptara hacerlo, de igual forma Aioria no me dejara acercarme a él, está cuidando las habitaciones de Sísifo y Dégel─ explicó.

─ Camus, por favor─ abrió sus orbes dejando al acuariano apreciar todo lo que tenía por decirle a través de sus iris.

─ ¿Por qué no lo haces tú?

─ Yo me encuentro del lado de Atenea, si yo llevo a cabo tal acto, me temo que la otra diosa pueda sospechar─ Camus lo miró como si analizara todo lo que le acababa de contar.

─ De acuerdo─ pronunció al fin.

─ No te preocupes, te ayudaré a acercarte a Aioria.

Unos minutos con el rubio y ya estaba decidido lo que tenía que hacer. Salió de su habitación y se dirigió al lugar donde sabía se encontraría Aioria. Cuando se halló en el mismo pasillo que él, capturó la atención de su víctima.

─ ¿Shaka?─ preguntó confundido el de Leo.

Camus no se sorprendió ante las palabras que salieron de la boca griega, el rubio le había explicado que crearía una ilusión para que él pudiera acercarse con facilidad a su víctima. Así lo hizo... Aioria lo permitió al creer que se trataba de la persona que amaba, se encontraba tan absorto en sus pensamientos que no notó el movimiento del acuariano cuando sacó la daga. Le hizo una herida en la yugular ocasionando que la sangre comenzara a brotar, el griego lo miró con coraje, era evidente que la ilusión había finalizado. El cuerpo del león colapsó, fue entonces que Camus se retiró hacia su habitación, no quería pensar en lo que pasaría si Milo se enterara que fue él quien acabo con la vida de su amigo.