Los personajes (excepto Honey) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.
Capítulo XVI
Reencuentro.
"Siempre me vas a querer. Yo represento para ti todos los pecados que nunca has tenido el coraje de cometer".- Oscar Wilde
Se incorporó tras el fuerte impacto que sufrió, analizó su alrededor pero no se encontraba en ningún sitio que el conociera. Se trataba de un oscuro pasillo hecho de roca, iluminado por unas antorchas sujetas a las paredes, sólo había un camino posible a seguir para él... Al frente yacía una puerta de metal oxidada. Dégel se aproximó hacia ella, como si fuera atraído por aquello que resguardaba, la tocó para abrirla pero su mano atravesó el sólido objeto. Entonces comprendió que después del ataque de Aspros y gracias a la intervención de Asmita, su esencia se había proyectado hacia ese lugar. Sin más preámbulos, entró a la cerrada habitación sólo logrando algo de visibilidad gracias a la luz de la luna, notó a una persona encadenada en el centro de la misma y se acercó a ella.
─ Defteros─ aludió sin obtener ninguna respuesta.
Giró su rostro a la izquierda, notando la presencia del más joven de sus compañeros: Regulus. Los dos santos permanecían en un estado de inconsciencia y el de Acuario no sabía si por esa razón pasaba desapercibido o simplemente era invisible ante ellos. Algo inexplicable lo invadió, una emoción en su interior lo hizo voltear hacia su derecha, abrió sus ojos ante la impresión... no podía creer lo que veía. Se acercó a un atado Kardia, sus brazos eran los que estaban aprisionados a lo alto mientras su rostro colgaba a causa del cansancio, con cada paso que daba el temor de que eso fuese una ilusión aumentaba.
─ Kardia─ le llamó pero tampoco hubo reacción.
Trató de apartar unos mechones de cabello del rostro del Escorpio pero grande fue su tristeza al notar que sus manos también los atravesaban. Aún así, pudo sentir el calor que emanaba del cuerpo debido a la fiebre que solía invadir al octavo custodio; se agachó un poco para que su rostro quedara a la misma altura que el de Kardia, aproximó sus labios a los que tanto ansiaba probar otra vez, sabía que no podría besarlo pero eso no evitó que rozara ambas cavidades.
─ Dégel─ pronunció Kardia semiconsciente.
El aludido sonrió al escuchar su nombre, ahora sabía que el griego permanecía con vida y que lo recordaba. "Dégel" volvió a ser nombrado, aunque esta vez no por los labios de Kardia, "Dégel" de nuevo su nombre.
─ Dégel.
El de Acuario abrió sus ojos, mirando hacia todas partes tratando de orientarse, la luz del astro rey ya inundaba la habitación en la que se encontraba y a su lado permanecía Albafica.
─ Regulus, Defteros, Kardia─ trataba de explicar lo que había visto mientras tomaba asiento en el colchón─. Los he visto, sé donde están─ su compañero lo miró aturdido.
─ Tienes que contarnos todo─ pidió dándole espacio a su compañero para incorporarse─. Sísifo también ha despertado─ informó─. Creo conveniente que portes tu armadura─ sugirió dirigiéndose a la salida.
...
El escorpión llegó al área donde sabía se encontraría a Camus, su estado de ánimo estaba muy por debajo de lo usual, incluso podía sentir a su armadura pesaba, y no precisamente por el metal del que estqba elaborada, sino por su pena. Permaneció frente a la puerta del francés por un tiempo, indeciso al no saber si continuar. Tomó una bocanada de aire y elevó su mano dispuesto a tocar pero en ese instante se abrió la entrada de la habitación.
El temor que había estado invadiendo al de Acuario se hizo presente al ver a Milo de pie fuera de su cuarto, el griego retiró el casco de su armadura y fue entonces que el galo notó sus ojos inundados por una profunda tristeza.
─ Ven, Milo─ pronunció, mientras tiraba de su brazo para incitarlo a pasar.
El mencionado se condujo hasta el interior de la estancia mientras escuchaba el sonido de la puerta cerrarse. Tomó asiento en el borde del colchón dejando su casco al lado de él, miró hacia el suelo perdido en escenas que con gusto desearía olvidar... la armadura de Aioria bañada en sangre.
Los dedos de Camus invadiendo su melena lo hicieron regresar, alzó su rostro y vio al acuariano mirarle con tristeza, como en raras veces lo había hecho; de inmediato, quiso incorporarse al percatarse de que mostró debilidad a alguien que, a pesar de todo, seguía siendo su enemigo, sin embargo, Camus no se lo permitió. El francés se posicionó entre las piernas del peliazul, exhibiendo una sonrisa a su acompañante, dejándolo estático ante el gesto. Los labios de Camus comenzaron a limpiar su rostro de las lágrimas que había derramado inconscientemente... una familiar sensación... una situación familiar.
─ ¿Qué ocurre?─ preguntó al sentir la boca gala dirigirse a su lóbulo.
─ Me odiarás─ le susurró indeciso después de un corto silencio.
Fue todo lo que Milo necesitó para entender la situación. Se incorporó apartando a Camus de su lado, mirándole con cierto rencor. Ese sentimiento que expresaban los ojos del escorpión formó un vacío en el estómago del acuariano... Eso era lo que temía.
─ ¿Tú lo hiciste?─ cuestionó, sólo para confirmar su sospecha.
─ Perdón─ se disculpó el galo, aún sabiendo que no serviría de nada─. Puedo explicarte─ agregó.
─ ¿En verdad puedes hacerlo?─ escupió─. ¿Y qué me dirás? No tuve opción, me lo ordenaron y lo hice sin importarme que se tratara de Aioria─ imitó, observando al onceavo custodio quien le regresaba a la mirada─. Yo he hecho tantas cosas por ti─ reprochó, desviándose del tema central, aunque para Camus, Milo se dirigía al punto que en verdad deseaba tratar─. Soporte tus desprecios y superé cada barrera que tú ponías hasta que por fin logré enamorarte... Bueno, al menos eso creí.
─ Milo...
─ ¿Me amaste?─ preguntó, a pesar de que Camus no podía responderle─. En esta situación en verdad creo que no, de lo contrario ya hubieras recordado─ le reprochó.
─ ¿Acaso es mi culpa?─ contraatacó después de que Milo finalizó─. ¿Acaso pedí estar aquí?─ progresó, ya que si el griego reclamaba, él también podía hacerlo─. Es tu culpa si no he logrado recordar lo que dices que viví.
─ ¿Mi culpa?─ pronunció Escorpio indignado─. ¡Disculpe señor todo lo tengo bajo control!
─ ¡Prefiero eso a estar siempre en problemas!
Ambos abrieron sus ojos a la par, definitivamente se habían desviado del punto principal. Milo le acarició el rostro sonriendo mientras Camus estaba visiblemente confundido por lo que acababa de decir, no sabía de dónde habían venido esas palabras. Reaccionó al sentir la boca griega invadir la suya con tanta pasión que lo abrumaba, separándose sólo cuando sus pulmones lo exigieron.
─ Por favor, créeme, no quería hacerlo─ susurró, aún teniendo los labios de Milo junto a los suyos.
─ Tengo que ir a vigilar─ comentó separándose de Camus, había recordado porque se encontraba en ese lugar y no era precisamente para besar al asesino de su amigo. Salió de la habitación reprimiéndose por su debilidad, pero lo que le había dicho el francés hizo surgir una nueva esperanza.
...
Después de la pelea que sostuvo en la mansión contra Dégel, decidió aceptar la tentadora oferta de su compañero de Libra. Caminó sin conocer la dirección del lugar, pues él no había acompañado a los otros santos al mencionado sitio pero, después de vagar por unas horas, por fin se encontró con su meta. El letrero de neón lucía apagado, pues el tenerlo encendido parecía ilógico si la luz del sol ya iluminaba el cielo. Entró haciendo sonar la campanita sobre la puerta debido a la acción, las luces del interior permanecían encendidas como apreció desde el exterior y lució muy extrañado de encontrarse en una tienda de tuxedos, cerró la puerta. Al momento, apareció una pareja de rubios.
─ Aspros, me complace que hayas aceptado mi invitación─ dijo la mujer de vestido oscuro, a pesar de que el aludido le prestaba más atención a su secuaz. El de géminis lo examinó una vez antes de concluir que, aunque se pareciera, el sujeto no era Asmita.
─ No tengo ningún interés en formar parte de tus juegos, sólo vengo por mi hermano─ le comunicó.
─ Me parece bien─ concordó Honey, conocedora de lo que en verdad trataba de expresar el santo.
Shaka al notar la sonrisa en la diosa comprendió la verdadera razón por la que el tercer custodio se encontraba en aquel sitio y haciendo memoria, pudo recordar haberlo escuchado mencionar de la boca de Asmita. Comprendió el por qué su predecesor había pospuesto tanto tiempo la plática con ese sujeto a pesar de que necesitaran ayuda con su tarea. Una inquietud lo invadió al recordar lo último... ¿y si Asmita le comentó algo? De ser así, sólo tenía una opción... Apareció una daga plateada con grabado de color vino y sin darle tiempo a reaccionar a los otros, encajó el arma en el abdomen de Aspros.
─ ¡Shaka!─ gritó enojada la rubia.
En cuestión de unos segundos, el arma había robado el alma del tercer custodio. Extrajo la daga del cadáver y se la entregó a la diosa.
─ ¿Por qué lo hiciste? Yo no lo ordené─ pronunció con evidente molestia, mientras aceptaba el arma y comenzaba a quitarle aquello que ahora contenía para guardarlo en una de las esferas.
─ Es un traidor─ se defendió─. Y un traidor lo seguirá siendo no importa a la diosa que sirva─ inventó, tratando de sonar lo más creíble posible.
─ Más tarde pagarás por tu osadía─ le advirtió la mujer mientras colocaba la piedra azulada en su cinturón que en ese momento ya era adornado por nueve de ellas─. No creas que ya se me olvido que dejaste el arma con la que asesinaste a Kanon en esa casa─ le miró con reproche─. Al menos Camus hizo bien su trabajo y consiguió terminar con el santo de Leo─ señaló a una de las esferas esperando la reacción del rubio que no pareció inmutarse─. Vamos tenemos que acabar con los tres prisioneros─ informó saliendo del lugar junto con el rubio para dirigirse a la puerta trasera del local, donde esperaban los aludidos.
...
La sala estaba invadida por el silencio a pesar de que los santos se encontraban en el lugar, todos trataban de asimilar lo que Sísifo les acababa de narrar... La cara del enemigo, lo ocurrido con Niké y la muerte de sus tres compañeros. Así, con la luz del día, la cara larga de los caballeros de Atenea era evidente, era el ambiente que siempre reinaba antes de una pelea... antes de la pelea definitiva.
El timbre de la mansión sacó del trance a los cinco custodios, Mu fue quien salió de la habitación para atender al visitante. El de Sagitario sostuvo la mirada hacia la dirección en la que el ariano había desaparecido, cayó en cuenta que, muy a su pesar, sólo ellos quedaban.
─ ¿Cómo se encuentra Asmita?─ preguntó con genuina preocupación.
─ Está muy cansado─ respondió Aldebarán, pues tras el encuentro con Aspros, él se había encargado del rubio cuando éste cayó inconsciente inexplicablemente agotado.
─ Ya veo─ pronunció, mirando a sus camaradas─. ¿Y tú, Dégel?
─ Gracias a Asmita, el ataque de Aspros no tuvo el impacto que él hubiera deseado pero aun así, yo...─ hizo una pausa al no saber cómo hacerles saber a sus compañeros que conocía el paradero de Kardia y los demás─. He visto donde se encuentran nuestros compañeros.
Saga permanecía de pie en el marco de la puerta, en espera de una respuesta por parte del pelilila; la mano griega le ofrecía a Mu una daga plateada como prueba de que el gemelo creía en todo lo que el de Aries le había platicado el día anterior. Por los sucesos del pasado, el primer custodio miraba el objeto con duda porque, a pesar de todo, no podía confiar por completo en la persona que tenía frente a sí.
─ Te creo y quiero ayudarte─ dijo, haciendo que Mu regresara la vista en él y dejara de examinar el arma.
─ ¿Por qué?
─ Confía en mí─ tomó una mano del ariano y colocó en ella la daga con la que se le había ordenado asesinarlo─. No creo que tengan opción...
Después de escuchar el relato del acuariano, el pequeño grupo de santos analizaba los hechos y sobre todo, se sentían alegres y aliviados por saber que sus amigos se encontraban con vida.
─ ¿Dónde queda con exactitud el lugar?─ preguntó Aldebarán─. Esa descripción puede coincidir con muchos lugares.
─ Podríamos ubicarlos a través de su cosmos─ sugirió Albafica.
─ No debemos precipitarnos, necesitamos saber con quién nos estamos enfrentando─ pronunció Sísifo.
─ ¿Mu?─ dijo Milo, confundido al ver al aludido llegar con Saga─. ¿Qué hace él aquí? Esta reunión es privada─ el geminiano sonrió sarcástico ante el comentario del santo dorado.
─ Vino a ayudarnos─ informó el ariano, mostrándoles a sus compañeros la daga plateada como si ésta fuera la respuesta a todo.
─ Se parece al arma que encontramos junto al cuerpo de Kanon─ observó el escorpión al acercarse al susodicho objeto, olvidándose por completo de la presencia de Saga─. Pero ésta tiene diferente color de grabado.
─ Eso es porque no pertenecen al mismo dueño─ habló el gemelo, atrayendo la atención de los presentes.
─ Explícate─ pidió Milo, tratando de sonar lo más amable posible.
─ Esas armas fueron robadas por el enemigo y pertenecen a alguno de los Doce Olímpicos─ informó Saga.
─ Esa muchacha... ¿Fue capaz de hacerlo?─ indagó Mu, apreciando el objeto entre sus manos.
─ No es difícil, al menos no en este momento, la mayoría de los doce permanecen dormidos─ respondió el gemelo─. Los primeros intentos de esa mujer por robarlas los llevó a cabo en los templos de los dioses gemelos, Apolo y Artemisa, pero no pudo penetrar sus defensas y sólo consiguió dos flechas con las que atacaron a sus sombras.
─ ¿Sombras?─ interrumpió el de Piscis.
─ En efecto, incluso mandó a una hacia acá para atacarlos.
─ Lo recuerdo─ hizo memoria el de Tauro─. No fue difícil vencerlo.
─ No son fuertes, sólo sirven como carnada.
─ Entonces, cuando esa sombra nos atacó...─ analizaba en voz alta el arquero.
─ Fue para distraerlos, El Cid y esa mujer querían reunirse con Camus. En el caso de los dioses gemelos, utilizó sus sombras esperando que pudieran robar las dagas de ambos, evidentemente no lo consiguió y se quedó con las flechas con las que fueron destruidas sus creaciones; aunque éstas no son capaces de quitar el alma como estas dagas, sirvieron para atacar a Eos, de esta manera ella regresaría a su templo dejando a los caballeros sin un dios que los guiara durante su misión, lo que ocasionaría conflictos entre ustedes─ explicó─. También para acabar con un santo si recuerdo bien─ lo último fue como un balde de agua fría para Albafica pero se mostró inerte, sus compañeros ya lo habían visto en condiciones tan lamentables y no dejaría que el enemigo gozara de ese privilegio.
─ ¿Armas capaces de absorber almas?─ cuestionó el pelilila.
─ Esta diosa revivió a los santos de Atenea y cuando alguno muere conserva su alma.
─ ¿Por qué?─ preguntó Sísifo.
─ Lo desconozco.
─ Sabes cómo consiguió esto y no sabes para qué─ comentó Milo, con un tono que dejaba en claro que no le creía.
─ Lo que sé sobre las armas fue porque la escuché mientras hablaba con El Cid, Camus y Dohko, ella aún se encontraba muy debilitada por resucitar a tantas personas y necesitaba a alguien en quien confiar. Por eso, cuando El Cid… recuperó sus recuerdos─ pronunció con la intención de que Mu creyera en sus intenciones─, se tomó la molestia de asesinarlo personalmente, él hablaría si lo dejaba con vida. Lo mismo pasará con los otros dos─ aseguró.
─ Entonces hay que terminar con esto ahora─ impulsó Milo, motivado por lo último que dijo el de Géminis.
─ ¿Sabes quién es la diosa con la que nos estamos enfrentando?─ cuestionó el de Sagitario.
Una luz se hizo presente en la mansión acompañada de un estruendo proveniente del salón, los seis que permanecían en la sala fueron al encuentro con los dueños de esos cosmos conocidos.
Muchas gracias a los lectores, ya he respondido los reviews pero lo anónimos no puedo contestarlos así que les doy las gracias por aquí.
Lo que Dégel sufre en el comienzo es como una proyección astral como consecuencia del ataque de Aspros en el capítulo pasado y a que Asmita le ayudo a no recibir el impacto completo. Lo que pasa es que al escribir y ya estar en el capítulo XVI necesitaba algo de DégelxKardia.
