Este capítulo es sobre la historia de cómo se conocieron Atenea y Hécate. Si en algún capítulo no aparece el autor de la frase que siempre pongo al inicio es porque no lo encontré, ninguna de esas frases me pertenece :)
Los personajes (excepto Honey y Hécate) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.
Capítulo XIX
Soledad.
"La soledad y el sentimiento de no ser querido es la más terrible pobreza".- Madre Teresa de Calcuta
El sol resplandecía en lo alto aunque no llegaba a calentar demasiado; el viento helado le erizaba la piel a cualquiera con sólo un simple roce, las aves permanecían calladas a pesar de que podían verse una que otra ave andar en el cielo. La gente del Rodorio parecía restarle importancia al asunto del clima, pero entre las calles rondaba la excepción... Una niña caminaba abrazándose a sí misma para brindarse un poco de calor, su pequeño cabello se agitaba sin cesar descubriendo su cuello permitiéndole entrar aún más en contacto con el frío clima, lo cual no le agradaba en lo absoluto. Convencida de que ese había sido un mal día para escapar del Santuario, dio la vuelta y siguió su andar hasta que algo llamó su atención. Fijó su vista en un callejón, específicamente, en un bulto que se movía ligeramente, se aproximó curiosa, después de todo no tenía prisa en regresar. Tocó con el índice a aquello que estaba oculto bajo una vieja y magullada manta café, lo que descubrió fue una sorpresa para ella...
Una niña se dejó ver, su cabello estaba sucio y enredado pero lograba apreciarse que era rubio, su cuerpo estaba resguardado por ropa en malas condiciones, sus ojos eran hermosos, de un perfecto color azul, pero su mirada le estrujó el corazón a la pequeña Sasha.
─ Oye, ¿estás bien?─ preguntó, aunque por el estado de la criatura era evidente que no─. Oye─ repitió, pero la niña sólo permanecía acostada viendo hacia el suelo. La pelilila se recostó sobre su estómago quedando su rostro frente al otro, ganando por fin la atención que deseaba─ Mi nombre es Sasha─ se presentó, recargando su barbilla en sus manos y esperó a recibir un saludo, pero jamás llegó, en su lugar fue el sonido de los sollozos el que escuchó, la niña comenzó a llorar.
La pelilila se arrodilló sorprendida por la reacción de la desconocida, la tomó por el antebrazo invitándole a levantarse, la niña le complació y, al dejar de ser cubierta por la manta, un escalofrío le recorrió. Para alivió de la joven Atenea, no andaba descalza por la tierra, aunque era evidente que las sandalias habían sido usadas de más.
Cuando quedaron a la misma altura, la niña aprovechó para abrazar fuertemente a Sasha, que comprendió en ese momento que el silencio a veces es bueno. Con ese pensamiento rondando su cabeza, correspondió el gesto de la otra. Se sentaron en el frío piso y no pasó mucho para que la pequeña rubia quedara dormida, ese fue el momento perfecto para regresar... definitivamente le pediría a Sage que esa niña se quedara en el Santuario. Ella ni nadie se merecen vivir en esas condiciones y si Sasha podía hacer algo para ayudar a la pequeña rubia, lo haría.
…
Dos semanas habían pasado desde su encuentro con su nueva amiga, aunque las veces que se habían visto eran contados con los dedos de una mano, gracias a que no era tan sencillo escapar del Santuario, una espontánea conexión había surgido. Esa vez, llevaba consigo unos víveres, todos con gran sabor según su criterio, tal vez con eso la noticia que le daría no fuese tan dolorosa.
Desde que conoció a la niña, Sasha no había perdido oportunidad de convencer a Sage sobre llevarla a vivir con ella, después de todo la habían separado de sus amigos del orfanato, pero sus intentos fueron en vano porque el Patriarca le había dado una negativa a su petición advirtiéndole que, en ocasiones, lo que vemos puede engañarnos. Llegó al mismo callejón donde sabía que su amiga se encontraba, una sonrisa se formó en ambas cuando se visualizaron.
─ Hola, Sasha─ la pequeña la abrazó emocionada por la visita de su amiga.
─ Hola─ saludó con la misma emoción, aunque su alegría descendió al recordar un detalle importante─. ¿Cómo te llamas?─ no es que en todo ese tiempo lo hubiese olvidado sino porque la niña parecía negarse a decírselo.
─ No lo sé─ respondió después de minutos en silencio durante los cuales los ojos de la Diosa le exigían una respuesta─. Los señores que me cuidaban siempre me llamaban de formas diferentes─ explicó.
─ Lo siento─ se disculpó, haciendo uso de sus pláticas con Sage sobre "cometer errores y cómo enmendarlos".
─ Mejor muéstrame qué trajiste.
La pequeña Atenea le pasó la tela donde traía envuelta la comida, la rubia recibió contenta el presente y lo colocó en el suelo. Adentro se encontraban unas piezas de pan, un frasco con miel, agua y diversas frutas. Una exclamación salió de la boca de la niña debido a la emoción, se sentó en el piso y comenzó a devorar un pedazo de pan, Sasha la contempló contenta, esa persona se mostraba como en verdad era cuando estaba con ella y no como debía de hacerlo, como todos lo que la rodeaban lo hacían.
─ No pude lograr que fueras a vivir conmigo─ confesó logrando que su acompañante detuviera su ingesta bruscamente─. Creí que sí lo haría porque no tengo amigos en ese lugar─ explicó─. Todos me tratan bien y me complacen en muchas cosas pero no creo que en verdad quieran hacerlo, sólo lo hacen porque se los ordenan─ se dejó caer frente a la rubia─. Me siento muy sola.
─ Deberías de sentirte feliz─ comentó la niña ganando una mirada confusa por parte de la Diosa─. A mí sólo me trataron mal, me ignoraban casi siempre y sólo por ser yo. Tienes mucha suerte─ concluyó, dándole otra mordida a su pan.
Siguieron degustando sus alimentos con un silencio poco normal para los niños, pero gracias a eso fue que una palabra en el frasco de miel ganara la atención de Sasha.
─ Honey─ pronunció─ ¿Te gusta?─ preguntó ante la vista interrogante de la rubia─. Puede ser tu nombre, es un bonito y es igual de dulce como tú─ un leve sonrojo apareció en la niña que, desde ese momento, había sido bautizada por Atenea.
…
Permanecía sentada en el piso, que parecía estar más helado por la noche, hace ya algunos días que Sasha no la visitaba, no se podía quejar de eso porque sabía que no le era sencillo escapar de aquel lugar pero... en verdad lo odiaba. Sus clases, sus obligaciones y todas las personas que habitaban en el famoso Santuario, hacían que la única persona que la ha querido no pueda estar junto a ella. Dejó reposar su frente en las rodillas, soltando un suspiro formándose una bola de vapor blanco, que se encapsuló entre su pecho y sus piernas por la posición de su cuerpo, brindándole unos segundos de un calor reconfortante.
─ Buenas noches, señorita─ la voz de un hombre la hizo incorporarse con rapidez─. Lamento asustarla.
─ ¿Quién eres tú?─ cuestionó, la gruesa capa color gris con la que el sujeto se cubría le impedía apreciar cualquier descripción.
─ Soy alguien que quiere su felicidad, señorita Hécate─ la rubia se sorprendió al ser nombrada de esa manera, sólo una vez se habían referido así de ella... Cuando las personas que la cuidaban le informaron del gran dolor que estaba destinada a causar─. Vengo a advertirle, si no se lleva a la señorita Atenea de este lugar, sus Caballeros la separarán de usted.
─ ¡¿Por qué?! ¡No he hecho nada malo!─ gritó la niña con una repentina angustia.
─ Eso no les importa a ellos─ respondió─. Los protectores de la señorita Sasha creen que usted es mala y harán que su amiga lo crea para separarlas.
─ ¡No es cierto!
─ Haga caso a mi consejo, saque a la señorita Atenea de aquí sino usted se quedará sola de nuevo─ dicho esto, el sujeto encapuchado desapareció, dejando a la rubia desconsolada y con mucho miedo a que esas palabras se volvieran realidad.
…
Corría con el corazón a mil por hora, era la primera vez en esa semana que veía a su amiga, se dirigió al mismo lugar donde solían reunirse y la encontró. Permaneció quieta a pesar de llamarla, eso alertó a la diosa quien se aproximó y se sentó frente a ella. Honey tenía las rodillas levantadas para ocultar su triste rostro en ellas.
─ ¿Qué tienes?─ la rubia levantó su cabeza dejando en evidencia sus humedecidos ojos.
─ Vi al señor─ respondió con cierto temblor en su voz.
─ ¿Señor?─ preguntó al no saber de qué hablaba su amiga.
─ El señor que me dijo que soy mala, el señor que me dejó con las personas que me trataron mal.
─ Escúchame, Honey─ se levantó molesta─. Tú no eres mala, nunca lo serás, entiende─ le reprendió sacando una sonrisa de alivio en la aludida.
─ Sasha, ¿te gustaría escapar de aquí?─ cuestionó, descolocando a la pelilila─. Podríamos ir a donde está tu hermano y el niño del que me platicaste─ sugirió dándole un vuelco al corazón de Atenea... ¿En verdad eso era posible? ¿Podría ver a su hermano Alone y a Tenma otra vez?
…
Detuvo su andar cuando llegó al callejón donde Honey esperaba por ella, las lágrimas cayeron por sus mejillas... Ese día, todos se habían esforzado en recordarle sus obligaciones, el porqué está en aquel lugar: pelear junto a sus caballeros si la Tierra se encontraba en peligro... ella ni siquiera entendía la dimensión de aquellas palabras, no quería pelear y mucho menos que alguien peleara por ella.
─ Hay que irnos, Honey─ sujetó de la muñeca a la aludida y comenzó a caminar con ella.
─ Espera, Sasha─ dijo, tratando de que la otra deshiciera su agarre.
─ Cambie de opinión, me quiero ir, no soy feliz en este lugar─ su prisionera logró soltarse, lo que le hizo detenerse.
─ No es tan fácil, tenemos que recolectar cosas antes de irnos, no es tan sencillo como escapar del lugar donde vives por unas horas─ explicó─. Pero no te preocupes, en un par de días podremos irnos, confía en mí─ le sonrió a la pelilila... al fin había conseguido lo que quería.
…
Habían quedado en un par de días pero la pequeña Atenea perdió la noción de cuántos en realidad pasaron, todo por andar con su nuevo amigo: Kardia de Escorpio. De él ya había aprendido una cosa muy importante, gracias a él ya no tenía miedo de tomar la responsabilidad de ser quien estaba destinada a ser. Se encontró, como otras veces, con su amiga. Sasha se detuvo en seco, sabía que la infanta frente a ella era la persona que buscaba pero lucía distinta; su cabello era lo único evidente, tenía una combinación de colores, unas partes permanecían pintadas de rubio y otras de negro. Sin embargo, no fue eso lo que congeló a la pelilila sino que, al ver los azules ojos de Honey, por primera vez había sentido miedo de ella.
─ Honey...─ nombró, sin poder evitar que la voz le temblara.
─ Por fin llegas─ sonrió, a pesar de que su voz sonaba a reclamo─ Vámonos─ sujetó a la pelilila por el brazo y la jaló para obligarla a caminar.
─ Espera Honey, no iré contigo─ confesó deteniendo bruscamente los pasos de la otra─. No iré contigo─ repitió─. Conocí a alguien durante estos días, me hizo entender quién soy... huyendo no conseguiré nada.
─ ¿A alguien?─ viró para visualizar a Sasha─ ¿A quién?
─ Se llama Kardia, Kardia de Escorpio.
─ ¿Uno de los caballeros?─ frunció el entrecejo─. ¡¿No lo ves?! ¡Él sólo quiere separarnos! ¡Te está engañando!
─ ¡Eso no es cierto! ¡Kardia es distinto, él es mi amigo!─ gritó, mostrando determinación en sus ojos.
─ Ven conmigo, sólo así harás lo que quieres.
─ No lo haré.
─ ¡Ven, Sasha!─ ordenó.
─ Que mocosa tan más molesta─ ambas niñas se sorprendieron al escuchar la voz de una tercera persona─. ¿No escuchaste? No quiere ir. O es que... ¿prefieres que yo te lo haga entender?─ el recién llegado presumió orgulloso su aguja escarlata.
Honey se alarmó ante el caballero porque, gracias a su armadura, era fácil de asumir su puesto, dio unos pasos hacia atrás.
─ ¡Kardia!─ regañó la diosa, aunque sabía perfectamente que era inútil con ese santo.
La niña partió a toda velocidad, dejando a los otros dos. Escuchó su nombre a lo lejos pero no tenía intenciones de regresar, corrió hasta desaparecer de la vista de esos dos... "Entender quién soy" eso había dicho Sasha. Ahora era ella quien entendía, estaba destinada a estar sola... A ser aquella persona que le habían indicado.
Se estrelló contra algo, volviéndola en sí otra vez. Aquello con lo que se había impactado no era otro que el sujeto encapuchado.
─ ¿Acaso no se lo advertí, señorita Hécate?─ se arrodilló para quedar a una altura similar a la nombrada─. Le dije que esos santos apartarían a la señorita Atenea de usted─ limpió las lágrimas que comenzaron a brotar de la diosa.
─ Tengo que salvarla─ pronunció entre sollozos.
─ Ya es tarde, la han engañado poniendo en su camino a ese supuesto "amigo". Pero...─ se levantó─. Hay una opción, pero tendrá que esperar mucho tiempo.
─ ¿Cuál es?─ preguntó con emoción en su mirada.
─ Terminar con sus enemigos. Así, la señorita Atenea ya no tendrá porque pelear... ya no tendrá porque estar encerrada en ese lugar y podrá quedarse con usted.
─ Entonces, vamos─ comentó animada, limpiando el resto de sus lágrimas.
─ Usted está muy pequeña aún, así no podrá lograrlo─ de entre la capa gris sacó un pequeño cofre de plata, en el centro, un zafiro azul en forma de luna se unía a un rubí rojo en forma de sol─. Tendrá que hacer un pequeño sacrificio.
─ ¿Cuál?─ preguntó desconfiada al ver el objeto.
─ La llevaré conmigo a otro tiempo, donde Atenea también existe... una época en donde el mal reina su Santuario. Le enseñaré a dominar todo el poder que posee... cuando llegue el momento le devolverá a la diosa su preciada Orden Dorada.
─ Pero si lo hago, ellos estarán de nuevo con Sasha... le harán creer que soy mala.
─ Es por eso que, poco a poco, los irás eliminando. Le harás creer que su muerte es a causa de los otros dioses, ella se unirá a ti y juntas terminarán con ellos─ terminó su explicación, la niña asintió ligeramente sin entender del todo lo que el hombre le dijo─. ¿Está lista?
─ Espera─ pidió antes de que el sujeto abriera el cofre─. ¿Estarás conmigo? En ese tiempo... ¿te volveré a ver?
─ Por supuesto, pero no podrás reconocerme.
─ ¿No podré? ¿Por qué?─ cuestionó, tratando de mirar el rostro del hombre─. ¿Quién eres?
─ Soy...─ colocó su mano en la cabeza de Honey─. El padre del tiempo─ un destello hizo caer a la niña inconsciente─. Aunque no podrás recordarlo─ sonrió. Abrió el pequeño contenedor, luces naranjas y plateadas emanaron de él y se dirigieron a la joven, que pareció desintegrarse en miles de partículas brillosas, se mezclaron heterogéneamente con las luces y se introdujeron en el cofre. El sujeto dirigió su vista hacia donde se ubicaba el Santuario.
─ Nos vemos─ dicho esto desapareció, dirigiéndose hacia donde le había prometido a la niña, donde Atenea también era una infanta… A la época donde su Santuario era gobernado por Saga de Géminis.
Quise actualizar con dos capítulos porque tarde más de una semana en subir uno. Gracias por leer.
