Los personajes (excepto Honey y Hécate) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.
*No encontré el nombre del autor pero todos los créditos correspondientes al creador.
Capítulo XX
Final y comienzo.
"¿Quien dijo que no eras mío,
Porque no firmaste un papel?
Quien haya dicho se equivoca,
Tú eres mío, sin papel y sin ropa,
Como prueba, tengo tus huellas digitales por toda mi piel,
No necesito poseerte, basta con nuestro pacto;
Que por supuesto, no está en papel,
Lo firmamos con saliva y con sudor,
Cada que cerramos la puerta y nos hacemos el amor".
-Nuestro pacto*
─ Eso ocurrió en el pasado─ continuó Saori con la charla que entablaba con la otra diosa─. Si lo que quieres es recibir una disculpa de mi parte, lo haré. Sin embargo, a cambio tendrás que liberar a Camus y decirme el paradero de Kardia─ la rubia soltó una carcajada.
─ ¿En serio crees que lo haré?─ le dio la espalda a la pelilila y a sus caballeros para comenzar a ascender─. Ese bicho asqueroso ya recibió su merecido─ las manos de Acuario se cerraron con fuerza─. Y él...─ señaló el cuerpo de Camus─. Él es mi favorito─ llegando al tope, viró dejando a la vista la espada que acababa de aparecer en sus manos. La agarró por el oscuro mango y colocó la punta sobre el cuello del francés.
─ No te atrevas─ advirtió el de Escorpio señalándola con su rojo aguijón.
─ Debe saber que todos tus ataques son inútiles contra mí.
Sísifo colocó su mano sobre el brazo levemente alzado de su compañero, Milo lo observó incrédulo, el de Sagitario preparó otra flecha y, entonces, comprendió la razón por la cual lo detuvo.
─ Tal vez uno no...─ pronunció el castaño y, sin terminar la oración, sus compañeros ya se habían posicionado a ambos lados de Atenea.
─ Te lo preguntaré de nuevo─ señaló con su báculo a la acusada─. ¡¿Dónde está Kardia?!─ cuestionó la diosa, deseando saber el paradero del cuerpo del santo.
Las ventanas se rompieron, pareciendo que fue por causa del grito de Atenea, los cristales caían en pequeños pedazos acompañando a un griego peliazul. Se incorporó, al caer con anterioridad sobre su rodilla, dejando a relucir su coraza del Dragón Marino; a su lado, apareció Sorrento de Sirena. El primero traía en sus manos un cofre pequeño hecho de plata, adornado en el centro con un rubí y un zafiro en forma de sol y luna, respectivamente; por su parte, el segundo, sujetaba en la diestra su instrumento musical mientras que, en la zurda, yacía un par de pergaminos que brillaban como si fueran oro y plata. Hécate arrojó su espada contra Kanon, quien logró esquivarla en un ágil movimiento.
─ Dégel, Milo─ mencionó Saori, dirigiendo a Niké en dirección de su enemiga. Los aludidos emitieron un sonido al asentir, notificándole de esa manera a su diosa que podía proceder con el ataque.
Atenea elevó su cosmos y un plasma dorado salió de su báculo, azotando sin piedad el campo protector de la otra diosa. El cosmos de los Santos de Oro emergió, concentrándose en la flecha preparada en el tenso arco de Sagitario. El brillante ataque continuó otros segundos antes de lograr quebrantar la debilitada defensa; Sísifo no aguardó más y disparó su arma, que contenía rateos del cosmos de sus compañeros, dando justo en el lado izquierdo del pecho. Hécate cayó sobre el cuerpo del acuariano, manchando con su sangre el largo cabello francés; Kanon, desde el final de la escalera, abrió el pequeño recipiente, del cual, salieron rayos de luz naranjas y plateados. Cuando llegaron a su objetivo, la desintegraron en partículas brillantes y las guiaron hacia el interior del cofre.
Sorrento se aproximó a Atenea y le entregó los pergaminos que llevaba. La diosa acortó la distancia entre ella y Kanon, colocó el papel plateado sobre el zafiro mientras que, el dorado, sobre el rubí posicionándolos de manera vertical. Acarició horizontalmente la cara del objeto haciendo aparecer un pergamino propio, uniendo a los pertenecientes a sus dos hermanos. Al finalizar, todo su alrededor se desvaneció, el lugar se esfumó dejando un terreno baldío. Los presentes no se sorprendieron, después de todo sabían que el "Le Sactuarie" era una ilusión.
Milo se dirigió hacia el frente con rapidez para sostener el cuerpo de Camus entre sus brazos, lo cargó con cuidado. Dohko, por su parte, fue al lado del cuerpo de Shion, que yacía tirado unos metros más allá que el de Acuario. Sísifo y Dégel tomaron las armas sagradas. El de Géminis, al llegar junto al escorpión, agarró el cinto con las esferas... Se sintió observado. Giró y, evidentemente, comprobó que la mujer tenía la mirada sobre él. Caminó con lentitud y con arrogante actitud, inclinó su cabeza y ofreció el objeto a Atenea cuando estuvo frente a ella, ésta lo aceptó y le sonrió a su caballero.
─ Es tiempo de volver a casa─ les dirigió una cálida sonrisa a sus santos... Era tiempo de regresar al Santuario.
...
La llegada de Mu a la cámara del Patriarca con los últimos dos cuerpos, marcaba el inicio de una nueva oportunidad de vida para ellos. Kanon había sido el indicado para acompañarlo y para mostrarle dónde permanecían resguardados los cadáveres de los santos caídos; se sorprendió cuando llegaron al lugar, siendo el mismo en el que había sostenido su primera "cita" con Saga, aquella grieta en el bosque en la que no pudo distinguir nada pero, al parecer, el mayor de los gemelos vio todo lo que él no.
─ Gracias, Mu─ pronunció la diosa, una vez que el ariano colocó al par de caballeros en el frío suelo.
Diez cuerpos permanecían sin movimiento alguno, acostados en una fila aguardando el momento de que todo volviera a comenzar y su vitalidad volviera una vez más.
─ Espera afuera, Mu. Por favor─ el aludido hizo una reverencia y obedeció, no sin antes dirigirle una mirada a Sorrento y a Kanon.
La diosa se arrodilló junto al cuerpo de Tauro, sosteniendo el cinturón con las esferas entre sus manos, la que ocupaba el centro resplandeció al ser acercada a Aldebarán; Saori sonrió y la tomó con cuidado, como se sujeta a un objeto que se puede romper si se toca, depositando el resto a su lado.
─ ¿Desde cuándo lo sabias?─ le cuestionó al Dragón Marino, que se había limitado a contemplar en completo silencio la tarea que llevaba a cabo, al igual que su compañero. Acarició el recipiente redondo con las yemas derechas, dio sólo unos breves toques y después las separó llevándose consigo, como si se hubiesen adherido a ella, unos hilos grises que brillaban levemente─. ¿Cuándo te diste cuenta de que Hécate era nuestro enemigo?─ preguntó sin mirarlo. Envolvió las fibras con su cosmos dorado, esperando el momento en que se quedaran quietas para poderlas regresar a donde pertenecían.
─ Lo sospeché desde el principio, Atenea─ respondió, tratando de no sonar descarado─. Lo confirmé cuando me mandaron a investigar la desaparición del Patriarca a aquel lugar. Ella fue quien nos atendió, a Mu y a mí. Me mostró la cinta de a cámara de seguridad, pero pude sentir su cosmos cuando la agarró. Hécate necesitaba alterar la grabación para desaparecer a Shion de la escena.
─ ¿Por qué no lo dijiste?
─ Usted sabe que si lo hubiera dicho en ese instante, todos sus caballeros hubiesen atacado y acabado con alguno de sus compañeros. Usted no estaría aquí, realizando lo que hace─ se justificó, a pesar de que en su naturaleza no estaba rendirle cuentas a nadie─. Además, no hubiera podido buscar el cofre para sellar a Hécate.
─ Entiendo─ sonrió de nuevo al ver que las hebras permanecían estáticas y habían tomado la figura de un toro. Dejó de cubrirlo con su cosmos y lo posicionó entre sus manos; lo condujo hacia el interior del cuerpo, elevando un poco la manta del mismo color del papiro con la que lo había cubierto desde su llegada. Escuchó una exhalación de Aldebarán y suspiró aliviada─. ¿Tuviste problemas para conseguirlo?─ se dirigió hacia el siguiente santo una vez incorporada.
─ Ninguno─ sonrió con autosuficiencia.
─ ¿Y Julian?─ se arrodilló junto a Aspros. La esfera que contenía su alma no tardó mucho en hacerse notar, permitiéndole a la diosa continuar con el mismo proceso.
─ En el Templo de la Aurora, junto con Eos. Los dos permanecen ahí desde el ataque a la diosa─ informó Sorrento, dando unos pasos para quedar más cerca de los otros dos─. El señor Julian me dijo que confiaba en los Santos de Atenea para lograr despertarla y que se lo hiciera saber a usted─ Saori sonrió ante el comentario.
─ ¿Eos se encuentra mejor?
─ Así es, el dios Asclepio decidió ayudarla.
─ Me alegra escucharlo─ siguió con los siguientes.
─ ¿Logró descubrir el plan de la diosa Hécate?─ preguntó curioso el General Marino. Saori asintió.
─ Ella siempre contempló que mis santos recordarían, que al final yo despertaría. Hécate quería que cuando despertara los viera muertos… asesinados por las armas de los otros Olímpicos. De esa manera, yo caería en su oscuridad y le ayudaría a acabar con todos los dioses. Ella quedaría como buena ante mí, al conservar las almas de mis caballeros para después revivirlos─ suspiró al terminar con los de Cáncer─. Honey creía que terminando con los dioses, yo estaría con ella como hace mucho no pudo con Sasha.
─ ¿Su predecesora y ella…?─ preguntó Sorrento, pero no supo cómo terminar.
─ Sólo fueron amigas por un corto tiempo pero Honey se obsesionó… se obsesionó con la única persona que la había querido─ respondió, intuyendo lo que trataba de decir el otro.
─ Ya veo… y necesitaba su ayuda porque ella no podía entrar a todos los templos─ concluyó para sí.
─ ¿Qué pasará con el Patriarca?─ cambió de tema el gemelo.
─ Negociaré con los Olímpicos, sus armas sagradas están en nuestras manos─ alzó su vista hacia la silla que sería ocupada por Shion; a sus pies, se encontraba un grupo de dagas plateadas─. A cambio pediré la resurrección de Shion y Kardia.
─ ¿Accedarán?─ cuestionó Kanon.
─ Por supuesto─ terminó con Aioria y se dirigió hacia Aioros─. ¿Por qué creen que decidieron revivir a la mitad de mis Santos? Porque sus armas habían sido robadas desde antes y necesitaban a alguien para recuperarlas─ respondió ella misma─. Pero no pudo haberlas robado por su cuenta, Honey no tenía conocimiento alguno de esta época.
─ Entonces…
─ Alguien le ayudó─ interrumpió la diosa a Sorrento─. Pero hasta que no dé la cara no hay de que preocuparnos. Eso quiere decir que no quiere pelea o está planeando otra cosa, que de igual forma seremos capaces de afrontar─ se colocó entre los de Capricornio, al finalizar con el arquero─. No importa cual razón sea, quiero que ellos y ustedes descansen, se lo merecen─ tomó las esferas correspondientes─. Por favor, díganle a Mu que pase.
Los dos salieron y, como se lo habían pedido, el ariano permanecía de pie junto a la gran puerta. No necesito palabras para entender que podía pasar, dejó a la pareja a solas para auxiliar a su diosa.
─ Me alivia el que todo haya salido bien─ compartió una mirada con el geminiano─ ¿Irás con él?
─ Te agradezco el que llevaras a Aioria para que contemplara la escena─ fue su respuesta─. Sólo poniendo a Shaka en esa posición…
─ Confió en que sabes lo que haces, no necesito explicaciones─ le afirmó ajeno a cualquier resentimiento. Aún así, empujó al Dragón Marino contra un pilar y lo acorraló para comenzar a devorar sus labios, con tanta energía que parecía querer tatuar su nombre en ellos, para que todos supieran a quien pertenecían. Kanon soltó una risita entre los movimientos, pues siempre disfrutaba de los pequeños arrebatos de celos que a veces gobernaban a Sorrento.
─ Lástima que la casa de Géminis esté ocupada─ murmuró el gemelo al despegarse.
─ Como si ocupáramos de cuatro paredes─ ambos sonrieron─. Si te das prisa me puedes alcanzar en la playa─ Kanon sujetó con gentileza su mano.
─ Si así lo deseas─ respondió dando un pequeño beso en el dorso. Sorrento curvó sus comisuras ante el gesto, su amante le correspondió─. Aunque pensándolo mejor, eso puede esperar.
Las horas habían pasado, no se tomaron la molestia de internarse más en la quieta agua; pareciera que sólo ese par había llegado para robarle la tranquilidad. Kanon pasó de embestirle salvajemente a introducirse dentro de Sorrento con lentitud, lo tenía sujeto de las caderas y de espaldas contra sí; podía sentir la húmeda tierra en sus pies y el océano acariciarle del ombligo para abajo, pero lo que más le agradaba era sentir el cuerpo de su amante temblar como advertencia de su inminente orgasmo. Sorrento agarró las manos del griego y las posicionó sobre su pecho, entrelazando sus dedos con los de él; ante el abrazo, el gemelo ya no podía salir por completo del otro, pero en su último intento fue a dar con el punto más débil. Un fuerte gemido abandonó el cuerpo de Sorrento al sentir ese movimiento y la esencia de su amante inundarlo por completo, la suya se mezcló con el mar que tanto le gustaba.
─ Te oirá tu señor─ se burló Kanon, aprovechando para darle un beso en el cuello. Sorrento rió por debajo.
─ ¿Qué señor?─ bromeó, liberando las manos del otro para que pudiera salir por completo. Se percató de que el amanecer había llegado y con ello un sentimiento de miedo surgió en sus entrañas. Giró quedando de frente con el peliazul.
Recorrió su pecho, reconociendo cada uno de los músculos, hasta llegar y colocar sus manos en la nuca. Se acercó a Kanon para unir sus cavidades, mientras los brazos griegos los abrazaban por las caderas; Sorrento imitó este gesto usando sus piernas, dejando cautivo al Dragón Marino.
Kanon podía sentirlo, podía sentir lo que había originado ese beso agridulce: miedo. Con la presencia del que alguna vez fue su amante, parecía que toda su relación pendía de un hilo y con ello, todos los esfuerzos por mantenerla intacta. Claro que podía entender lo que Sorrento sentía porque, aunque jamás lo admitiría, el también lo experimentaba cada vez que tenía que verlo partir junto a Julian Solo… Podía entenderlo porque, en ese momento, pareciera que sus verdaderos sentimientos le quemaran la garganta… Podía entenderlo porque, después de todo, ahora sabía claramente lo que sentía.
─ Te amo, Sorrento─ confesó cuando sus labios estuvieron en libertad─. Nada cambiará eso.
El aludido quedó anonadado por la confesión, lo miró aturdido por un instante, después ocultó su rostro en el bronceado hombro incapaz de articular palabra. En esa circunstancia, Kanon las consideraba innecesarias al saberse correspondido, sólo se limitó a continuar con el abrazo. Sorrento trazó el camino hasta el oído con sus labios, exhalando sobre la piel para erizarla por su paso.
─ También te amo, Kanon─ murmuró.
Volvieron a unir sus labios, pero esta vez en un beso tierno, teniendo una porción del astro rey como testigo de una promesa que no era necesaria pronunciar en voz alta. El amanecer los había acobijado, al igual que el mar, marcando lo que muchos llaman "iniciar desde cero"… marcando el inicio de un nuevo comienzo.
Comentarios y aclaraciones:
Asclepio es el dios de la medicina y la curación, fue quien curó a la diosa Eos de la herida provocada por la flecha de Apolo. Julian se encontraba con ella y no con los santos para comprobarle a Saori que confiaba en que ellos lograrían despertarla, recordemos que al inicio él le advirtió a la diosa que alguien trataba de asesinarla y quería decírselo a sus caballeros, pero Saori se negó porque confiaba en sus santos.
Hécate no podía entrar a los templos de Apolo y Artemisa porque ella es la diosa de la oscuridad, y pues el sol brilla y la luna lo hace gracias a éste, por eso x) También, es por esta razón que el cofre donde se encierra a Hécate tiene sus símbolos y se les coloca un pergamino de los dos.
Como un lector me escribió, en efecto, Hécate sólo fue usada por Chronos pero esto no lo sabe ninguno de los personajes.
Como habrán notado el capítulo termina con Kanon x Sorrento, donde el último tiene miedo de no ser correspondido por los sentimientos que el geminiano tenía por Shaka.
Tal vez se pregunten si ya terminó el fanfic y por qué finalizó en un Kanon x Sorrento si es un Camus x Milo, bueno he aquí la respuesta: ya derrotaron al enemigo pero a partir de aquí faltan doce capítulos para que termine la historia, cada uno de ellos será para un signo y en qué situación quedó su vida amorosa tras esto. Empezaremos por Aries, seguiremos con Tauro y así. El penúltimo será Piscis ya que quiero que el fanfic acabe con Acuario x Escorpio.
Muchas gracias por seguir leyendo después de tanto tiempo.
