Los personajes (excepto Honey y Hécate) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.
Capítulo XXI
Cazado.
"Dile que sí, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no".- Gabriel García Márquez
Como era su costumbre, recibió la luz del amanecer desde la entrada de su templo. La delgada ropa de entrenamiento le permitía disfrutar de la refrescante sensación que le brindaba la brisa marina, la cual también cometía la osadía de revolverle ligeramente su melena lila.
Su atención se dirigía a donde sabía se encontraría la playa, perdiéndose en lo profundo de sus pensamientos que, por más que lo intentara, no parecían querer abandonarlo. Sentado en el primer escalón, ese que marcaba el inicio de sus dominios, contemplando hacia la nada, fue víctima de sus recuerdos...
Hizo presión en sus labios al recordar las comisuras de Saga sobre las suyas, degustándose como si no hubiera un festín mejor. Su corazón a penas corría a un ritmo superior del permitido cuando, su memoria traicionera, lo devolvió a la cruel realidad, llevándolo en el momento exacto en el cual los labios del geminiano preguntaban por el paradero de su compañero de armas, Shaka de Virgo. Eso le hacía creer que el peliazul sentía algo por el rubio.
Su boca se curvó en una melancólica sonrisa y es que a pesar de no haber tratado por mucho tiempo al santo de Géminis y estando consciente de todo lo que había hecho, no podía explicarse el por qué de su reacción... no lograba comprender el por qué de esa sofocante sensación en su pecho, que amenazaba con explotar.
Su corazón se sobresaltó cuando sintió el cosmos de aquel que reinaba en su mente aproximarse hacia él; escuchó un sonido ligero provocado por cada paso que daba, no era el que habitualmente producía la armadura dorada.
─ Buenos días, Mu─ saludó el griego deteniéndose a su lado.
─ Buenos días─ correspondió haciendo buen uso del control que tenía sobre su nervios─. ¿Irás a entrenar?─ preguntó al notar su ropa de entrenamiento.
─ Sí. Además, Mu─ comenzó, encontrándose con la mirada del ariano─, quiero aprovechar para agradecerte el que me ayudaras a recobrar mi memoria.
El pelilila desvió su mirada al frente sabiéndose incapaz de evitar que su rostro se ruborizara porque, en efecto, él había sido capaz de lograr desaparecer el hechizo de la mente de Saga, pero lo había logrado gracias al beso que a Mu tanto le quemaba.
─ No tienes que agradecer, era nuestro deber...
─ También─ lo interrumpió Saga, para evitar escuchar que la razón del encuentro entre ellos había sido "por deber"─, quiero ofrecerte una disculpa─ eso lo hizo ganar por completo la atención de Aries, y no era para menos porque él, Saga de Géminis, no daba disculpas a nadie─. Hice muchas cosas horribles en el pasado, entre ellas, el asesinar a tu maestro.
─ Para─ pidió incorporándose quedando a su nivel, de la nada, el nerviosismo pareció desvanecerse─. No soy yo a quien le tienes que ofrecer disculpas sino a Atenea y al Patriarca. Muchos confiaban en ti y los traicionaste. Traicionaste a todos aquellos a los que les enseñaste durante su estancia en el Santuario, incluyéndome─ pronunció, cargando en su voz más tono de reproche del que quiso utilizar.
Silencio. Ese tipo de discusiones no eran buenas para iniciar algún tipo de relación, pero Saga las consideraba adecuadas; al haber hecho lo que hizo sabía que Mu no lo aceptaría en su vida tan fácil y él no esperaba que lo hiciera pues, al igual que todos, conocía a la perfección sus defectos. Posiblemente, tener a su lado a alguien como Mu ya le era prohibido por los mismos dioses.
Y es que, desde la primera vez que sus miradas se encontraron, lo supo. Supo que el pupilo del Patriarca sería diferente a todos los demás aspirantes a caballero. Simplemente al estar cerca de él algo extraño le inundaba, algo que le dificultaba respirar y le aceleraba el pulso. Lamentablemente, cuando descubrió lo que sentía ya era tarde para ambos, Mu ya había partido y él ya se encontraba corrompido; y, a pesar de todos sus intentos por ser mejor de lo que era, al final todo fue en vano.
─ No trataré de justificarme porque no hay argumentos razonables para hacerlo─ dio unos cuantos pasos para quedar más cerca de Mu─. Pero si tú, Mu, fuiste capaz de ver bondad en mí y aún lo haces, te pido me des la oportunidad de tratarte. Y abusando una vez más de ti, te pido también que confíes una vez más en mí porque, te prometo, que esta vez no te defraudaré.
Los ojos del ariano permanecían como platos ante la petición de su compañero y fue inundado una vez más por todos los acontecimientos que habían marcado su prematura relación. Vio una mano griega acercarse a su rostro y él, por miedo, dio un paso atrás. No le tenía miedo a Saga sino al cambio y a los riesgos que esa propuesta llevaba consigo.
Aparentemente, el de Géminis interpretó su rechazo como una negativa porque su rostro se inundó de desilusión. Lo vio dispuesto a marcharse pero antes de tomar una decisión, sus manos ya se habían apoderado de la muñeca derecha de Saga, quien se limitó a levantar una ceja incrédulo por su reacción.
─ Todos tenemos bondad dentro de nosotros, al igual que maldad─ comenzó Mu, sin saber de donde había sacado el valor para actuar─. Si nos enfocarnos solamente en las cosas malas de las personas, seríamos personas realmente solas. Yo te perdono y estoy dispuesto a correr el riesgo contigo─ sonrió al finalizar, dándole al otro motivos para imitarlo.
Entonces Saga lo pegó a su cuerpo, rodeándolo por la espalda baja. Ahí estaba de nuevo esa sensación quemándole los labios, pero esta vez se propagaba como un incendio en hierba seca, había surgido en su boca pero ahora lo sentía en cada centímetro de su piel. Incrustó sus dedos en los firmes brazos griegos y así, abrazados, los condujo al interior de su templo hasta acorralarse con una oportuna pared.
Saga entendió el mensaje, respondiendo con una invasión a la boca del pelilila, las emociones los recorrieron a tal velocidad que parecía querer competir con la de un caballero de oro. Los dedos de Mu se enredaron en las hebras azules queriéndose combinar, alborotando esa melena como resultado. Así permanecieron los dos por largo tiempo, besándose con toda la pasión y con todo el deseo que habían acumulado a lo largo de los años y que sólo ahora, después de derribar sus ataduras, se atrevían a exhibir... Porque después de tanto, ambos se atrevían a hacerle frente al futuro incierto, ya sin importarles el riesgo.
...
La débil luz lograba escurrirse a través de la espesa cortina, puntualizando que no hay un alto para ella cuando se lo proponía. Se esparció por toda la habitación y sin pedir permiso, se coló por los delgados párpados del santo de Libra. Gruñó por la intromisión y se levantó teniendo esa característica dificultad para ver de cuando una persona se desvela y se despierta temprano. Los ojos le ardían y la espalda le dolía por dormir en esa posición; durante la noche, se había colocado una silla junto a la cama donde descansaba Shion y, al pasar cierto tiempo, el cansancio le venció como a todo humano, quedando dormido con la cara en el colchón.
Se restregó la cara poniendo particular atención a los ojos, sabiendo que no era correcto hacerlo pero era inevitable. Logró mejorar su vista y se encontró con la causa de su desvelo. Como es de imaginarse, muchas otras veces Dohko se había desvelado con Shion, pero en esas ocasiones la acción había resultado gratificante. En cambio, en ese momento, era todo lo contrario. Estaba en espera de algo que parecía no llegar aunque pasarán miles de años.
La paciencia era característica de él aunque Dohko dudó que cualquier humano pudiese mantenerse al margen en una situación similar.
─ No soy un humano cualquiera─ se recordó el de Libra.
Cortó toda distancia con el lecho y contempló al joven peliverde que descansaba profundamente. Acarició delicadamente la piel expuesta del ariano, desde sus manos hasta su pecho, siguiendo un camino que parecía ya grabado en la piel de ambos.
─ Perdóname─ murmuró, aún sabiendo que Shion no podía escucharlo. Pero esa palabra lo estaba consumiendo por dentro. De nuevo había perdido a Shion aunque, esta vez, nadie más que él lo aparto de su lado─. Lo sabías, ¿verdad? Sabías que sólo así te recordaría, por eso me provocaste de esa manera─ concluyó, repasando la escena de su último encuentro con el Patriarca en el que le había arrebatado la vida.
Afortunadamente, los Olímpicos habían aceptado revivir a Shion y a Kardia a cambio de las armas. Había corrido con suerte al tener a su amado junto a él, mientras Dégel corría con la desdicha de desconocer el paradero de Escorpio. Dohko podía corroborar por el ariano que sus almas ya estaban de regreso en sus cuerpos, por lo que sabían que tarde o temprano el octavo custodio volvería; podía imaginarse a su compañero encontrándose a Milo en su templo portando la armadura del octavo signo, sonrió ante el simple pensamiento. Unos toques en la puerta lo sacaron de sus escenas mentales y se enfocó en la chica que hacía acto de presencia.
─ Buenos días, Dohko.
─ Buenos días tenga usted, señorita Atenea─ hizo una reverencia.
─ Deberías descansar─ dijo, notando los ojos hinchados y las ligeras ojeras en el rostro del hombre, Dohko dirigió una mirada de soslayo a su inconsciente compañero─. Él no despertara pronto, su cuerpo tiene que recuperarse por completo. Recuerda que él no fue mantenido por el cosmos de Asmita.
─ Pero...
─ Cuando Shion despierte imagino que querrás estar en las mejores condiciones─ le dirigió una sonrisa cómplice provocando un rubor en el castaño. Dohko asintió y salió de la habitación, escuchando por detrás una risa de su diosa.
En esos momentos, Saori se había ganado un punto a su favor. Dohko le había dado la razón, pues cuando Shion despertara él debería de estar en las mejores condiciones para darle la bienvenida.
Tenía intenciones de subir los capítulos desde antes pero hay deberes que me consumen todo mi tiempo, sufro de un bloqueo y no he podido continuar el otro fanfic que estoy escribiendo :( Espero les haya gustado, recuerden que empezando por éste, los siguientes capítulos serán uno por cada signo.
Gracias por leer.
