Los personajes (excepto Honey y Hécate) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.
Capítulo XXII
Destino.
"Recuerda que una vez te quise, recuerda que otra vez, también".- Anna Bahena
No podrían pasar de las siete de la mañana cuando un servidor del Santuario le había llevado la dichosa noticia y, aunque su cerebro no había terminado de procesar las palabras dichas por el hombre, sus piernas se pusieron en movimiento dirigiéndose hacia la segunda casa con la máxima velocidad que su capacidad mundana le permitía.
El sol le hacía compañía en su carrera mientras subía la escalera entre Aries y Tauro, agradeció a los dioses que el primer custodio no estuviera en su templo porque así ningún compañero de Aldebarán la vería en esas condiciones: pantalón pijama, blusa delgada de manga corta y unas sandalias, era lo que llevaba en ese momento, su arranque de felicidad le había negado la posibilidad de ponerse algo con que abrigarse.
Pisó el templo de Tauro y sus pasos fueron frenados al recordar que ella no conocía la dirección a seguir, cabía la posibilidad de que, para encontrar la recámara del brasileño, se encontrara antes con un laberinto de pasillos teniendo la máxima posibilidad de perderse entre ellos. Juntó sus manos a la altura del pecho y comenzó a introducirse en la casa.
Se dirigió hacia un pasillo a la izquierda, aún era trabajoso ver con claridad en aquel sitio porque la luz del astro rey no alcanzaba a entrometerse con suma facilidad como en los otros lugares despejados del hogar de... ¿su novio?. Y es que ella no sabía de que manera llamar a la relación que sostenía con el santo ya que, al fin de cuentas, Aldebarán no le había pedido formalmente ser una pareja con ese tipo de compromiso; incluso, esa era la primera vez que estaba en aquellos rincones de Tauro.
─ ¡No puede ser!─ escuchó la voz de un joven, quejarse al final del pasillo.
Insegura, se acercó hacia el origen de la voz con la esperanza de encontrarse con algún sirviente que le ayudara a encontrar su destino, pero lo que halló entrando al comedor fue muy distinto... Un joven se quejaba del desastre en la mesa, vasos y botellas regados por doquier, y un sujeto de complexión muy similar a su Aldebarán yacía dormido en una de las sillas, los ronquidos le hacían intuir a la joven que el hombre descansaba cómodamente a pesar de su posición.
─ ¡¿Cómo es que se terminó todo?!─ se cuestionó el muchacho castaño que, evidentemente, no llevaba más tiempo que ella despierto. Se frotó los cabellos frustrado por la situación, dejándolo de hacer cuando su atención se enfocó en la chica─. ¡Que bueno que llegas!─ exclamó aliviado aproximándose a la mujer─. ¿Por dónde comenzamos a limpiar? La verdad, soy nuevo aquí así que no tengo ni idea por donde empezar. Aunque, siendo sincero, éste ni siquiera es mi templo.
"¿Su templo?" se repitió Europa cayendo en cuenta del significado de esas palabras.
─ ¿Tú eres...? Perdón─ se disculpó rápidamente por tutear al caballero─. ¿Usted también es un santo como Aldebarán?─ preguntó, un leve sonrojo apareció en sus mejillas con la respuesta afirmativa de chico─. No he tenido el honor de verlo por el Rodorio─ hizo una reverencia.
─ ¡Ah! Vienes del Rodorio─ rió divertido─. Creí que eras una muchacha encargada de la limpieza de este lugar─ se limpió una mano en su pantalón de entrenamiento antes de ofrecérsela a la joven─. Soy Regulus de Leo─ la muchacha correspondió al saludo.
─ ¿Leo?─ preguntó confundida─. Creí que Aioria era el custodio de Leo.
─ Es una larga historia. Y bien... ¿Qué haces aquí?
─ Bueno, yo... yo soy amiga de Aldebarán─ bajó la mirada apenada. El santo no se percató pues miró sobre su hombro a su compañero.
─ No creo que de éste─ murmuró mirando con mala cara al de Tauro─. Yo te llevo.
Así como lo dijo, lo cumplió. La condujo por los pasillos y la joven comprendió que, sola, jamás hubiera llegado, pues el santo también se perdió en unas cuantas ocasiones.
─ Perdón, este no es mi templo─ llevó una mano detrás de su nuca─. Aldebarán dejó que me quedara en el suyo mientras despierta Aioria, pero se tomó todas las bebidas del santo de esta generación, temo que se moleste─ explicó aunque Europa no lo pidió. Además, claro está, ella no le entendía.
Una vez en la habitación, se despidieron y Regulus cerró la puerta tras él. La castaña vio el cuerpo inerte de su amado sobre la enorme cama. El cuarto permanecía fresco por el aire que entraba meneando la cortina, llevando consigo el aroma del mar.
No le importó reconocer aquel lugar, solo le importaba la persona a la que sus ojos no dejaban de apreciar. Unas lágrimas se derramaron al notar que los otros ojos también la veían con anhelo, se apresuró a ir junto a él para abrazarlo y decirle entre sollozos cuanto sentía el haberlo atacado. Aldebarán, cansado de escuchar como se culpaba, tomó sutilmente su rostro y selló sus labios con un beso puro y casto.
─ No te culpes por lo que ocurrió─ pidió compartiendo miradas─. Soy un hombre muy afortunado al tenerte a mi lado. Eres la luz de mi vida, Europa─ dicho esto, una luz iluminó el rostro de la mujer.
Aceptó la invitación a acostarse junto al caballero, lo abrazo con fuerza como si quisiera aferrarse a un sueño del que no quisiera despertar. Al pasar los minutos, el contacto se fue suavizando gracias a la ayuda de Morfeo. Recostados uno junto al otro, ella comprendió que no era necesario ponerle un nombre a lo que estaba ocurriendo, porque simplemente las acciones hablaban por sí mismas y, en aquel momento, su amado Aldebarán había dicho todo lo que ella siempre quiso escuchar.
