Los personajes (excepto Eos, Honey y Hécate) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.
Capítulo XXIII
Tentación.
"Cuando te vi me enamoré y tu sonreíste porque lo sabías".- William Shakespeare
Llegó al sexto templo sintiendo en su cuerpo las secuelas de la resurrección, el cuerpo aún le exigía descanso y no exponerse a situaciones de desgaste físico y es que a pesar de sólo subir las escaleras entre Géminis y Virgo algo que en condiciones óptimas no le aceleraría ni la respiración, lo había agobiado, hasta la misma ropa de entrenamiento le parecía sofocante. Se recargó en la primera columna que visualizó sin preocuparse de que alguno de los otros santos lo viera ya que, supuso, tendrían otras cosas que hacer como recibir a sus camaradas inconscientes.
Esperó a que su respiración se normalizara para continuar con su recorrido, el cual no tenía como objetivo llegar hasta los aposentos de Atenea sino entrar a la privacidad de ese templo. Sin embargo, una figura idéntica a la suya se interpuso en su camino.
Se reprendió mentalmente por olvidar la presencia de su hermano en Virgo porque era fácil de suponer que, después de darle una plática de bien y el mal vestida de recibimiento, su hermano iría lo más rápido que ponía para brindar todo su tiempo a Asmita. Aunque jamás hubiera imaginado que Defteros tuviera el descaro de presentarse ante él de esa forma, haciéndole saber que no tenía por qué estar en ese sitio.
─ ¿Él se encuentra bien?─ preguntó enderezado su postura, mostrando su actitud orgullosa que tanto le caracterizaba.
Sabía que no avanzaría más, o al menos Defteros no se lo permitiría, por lo que optó por averiguar la razón de su visita. Al despertar, el primer recuerdo que lo envolvió fue el ataque que protagonizó contra Asmita y Dégel; gracias al cosmos pudo verificar que el de Acuario estaba bien pero no podía decir lo mismo del rubio... El cosmos dorado de Virgo aún se sentía débil, él conocía que no era culpa suya que el virginiano permaneciera en esa situación, pero de lo que tenía conocimiento era que, en el fondo y muy a su pesar, le preocupaba.
─ Mejor─ la respuesta que Aspros esperaba salió de aquel que parecía su reflejo.
Sus labios se sellaron, cualquier sonido dentro del templo parecía desvanecerse, el canto de las aves que daban la bienvenida a un nuevo amanecer era la única testigo de la guerra de miradas que sostenían los dos hermanos. El mayor en espera de una seña que le indicara seguir adelante; el otro, en espera de algo que nunca llegaría: una disculpa.
─ Será mejor que vayas con Atenea, como te informé, todo santo revivido debe ir con ella al despertar─ recordó.
Aspros sonrió sarcástico, sólo en sus pesadillas Defteros se hubiera atrevido a hablarle de esa forma. Le dedicó una última mirada a su hermano y se marchó. No podía evitar sentirse humillado, él era Aspros de Géminis después de todo. Llegó a la salida de la casa y dirigió su atención a la parte superior, donde permanecía grabado el símbolo de Virgo, otra sonrisa se asomó en sus labios. Mientras seguía caminando recordó algo que había dejado a un lado por cierto rubio... Él es Aspros de Géminis y no tenía porqué rogarle a nadie.
Después de despedir a su hermano, se otorgó un par de minutos antes de regresar a la habitación. La decepción se distinguía en sus ojos, había esperado con la última esperanza de escuchar a su hermano redimirse por sus acciones, pero al parecer tal milagro no lo presenciaría en esta vida.
Al entrar, le sorprendió ver a Asmita sentado en el borde de la cama. Cerró la puerta y se dirigió a prisa hacia él, provocando que el otro alzara el rostro en su dirección.
─ Creí que me escucharías y permanecerías descansando─ las comisuras del rubio se curvearon ante el reclamo del gemelo.
─ También tengo que ir con Atenea─ pronunció el rubio, relamiéndose los labios para humedecerlos.
Defteros notó la necesidad del otro, le sirvió del agua que descansaba en la mesita junto a la cama y se la brindó a su compañero.
─ Gracias─ dijo, después de refrescar su cuerpo.
─ Sabes que puedes ir después─ comentó, regresando al tema original y colocando el vaso de nuevo en su sitio.
Lo admiró como sólo puede admirar alguien que tiene una distancia corta como ventaja: su cabello dorado caía en libertad brillando tenuemente por los rayos del sol, viéndose más magnífico de lo que ya era; la piel nívea yacía expuesta de la cintura para arriba, imaginándola suave y tersa; el resto, cubierto por un pantalón de una pijama que encontró en un cajón. Su atención se dirigió a la mano estirada hacia donde se encontraba él.
Se aproximó tomando la delicada extremidad entre las suyas, le besó con ternura la palma y la colocó en su mejilla; Asmita regaló una fugaz caricia para después librarse del agarre y posicionar su mano en la pierna derecha de Deuteros. Se encontró con el pantalón holgado que lo cubría, ascendió hasta el abdomen topándose con la playera que se atrevía a separarlo de aquello que ya le pertenecía. Frunció el seño. Defteros sonrió.
Agarró la parte inferior de la prenda y jaló hacia arriba, ayudado por el de Géminis. El gemelo sabía que Asmita era lo suficientemente capaz de desvestirlo pero el también añoraba que el rubio recorriera su cuerpo, aunque ya no hubiese lugar desconocido. Definió las marcas de los abdominales con calma, queriendo regrabar en su memoria cada centímetro de esa piel.
Como si hubiera recordado algo, ascendió hasta el rostro con mayor velocidad, lo que encontró, o más bien lo que no encontró, le hizo sonreír. Delineó los labios entreabriéndolos a su paso, Deuteros lo miró curioso percatándose que los del rubio estaban en la misma circunstancia, invitándole a tomarlos.
─ Asmita...─ susurró, aún con la mano de aludido recorriendo su rostro.
─ Sólo hazlo─ respondió.
Obedeció, guiado por Asmita, encontrándose con una cálida recepción. La mano del rubio fue a dar en su nuca, mientras la de Defteros se colocaba en la de Virgo y la otra se apoyó en el colchón. ¿Cuánto tiempo pasaron así? Ni siquiera ellos lo sabían, sólo estaban conscientes de que el oxígeno había pasado a segundo plano porque ellos podían pasar todo el tiempo unidos subsistiendo del otro.
─ Descansa, por favor─ pidió limpiando las huellas del beso con el pulgar─. No estás en condiciones de hacer... eso─ finalizó con un tenue rubor en las mejillas.
─ ¿Me ayudarías a tomar un baño?─ le preguntó, sabiendo que el otro comprendería lo que ocultaba la cuestión.
─ Asmita...─ pronunció cansado de la posición del mencionado... ¿Es qué acaso ese caballero no comprendía lo que era un "no"? Porque se comportaba de una manera muy obstinada, pero él no daría su brazo a torcer ya que, ante todo, estaba el bienestar de Asmita.
Se sentó en el sillón individual que él había colocado horas antes para velar el sueño del sexto custodio, se cruzó de brazos y observó al virginiano conducirse al baño. Una vez solo, recargó su cabeza en el respaldo pidiéndole fuerzas a Atenea para no ir detrás del santo... para no cruzar esa puerta que, sabía, permanecería abierta.
Bueno hoy subí tres capítulos para compensar la tardanza, espero les hayan gustado.
Gracias por seguir leyendo.
