El segundo capítulo de hoy es Defteros x Asmita.

Los personajes (excepto Eos, Honey y Hécate) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.


Capítulo XXVI

Mortalidad.

"Ven y dime al oído que te has vestido hoy pensando en desvestirte frente a mí".- Fernando Valverde

No sabía cómo, pero ahí estaba, sucumbiendo ante algo que él mismo se había prohibido momentos antes. Sus manos tocaban la pared tapizada por una húmeda loseta, en busca de estabilidad, cada una de ellas pasaba rozando los costados de aquel divino cuerpo, de suave y blanca piel, tan hermosa ante sus sentidos que debería considerarse un pecado el simple hecho de ser vista. Algunas hebras doradas lograban adherirse a sus brazos a causa del agua con la que había intentado limpiar el desnudo cuerpo, debido a esa posición en la que simplemente terminaron.

Lo oía gemir cerca de su oído mientras se aferraba a sus omóplatos, algunas veces le arañaba debido al éxtasis experimentado en esos instantes; sus jadeos no eran más débiles que los de Asmita pero morían al estampar en la mejilla del rubio.

De alguna u otra forma había terminado en esa situación, con el cuerpo del sexto santo entre su cuerpo y la fría pared, intentó resistir pero era algo imposible de conseguir si Asmita ponía todo su empeño en realizar tal acto. Las blancas piernas yacían entorno a su cadera, en un intento para que ambos cuerpos embonaran como siempre lo hacían, a la perfección, siendo hechos el uno para el otro.

Defteros se deleitó con sentir el cuerpo de Asmita sucumbir ante los espasmos musculares, consecuencia de estar alcanzando su punto débil en repetidas ocasiones. El cuerpo del virginiano subía y descendía como si estuviera chocando contra algún resorte pero para su deleite, esos movimientos eran producto de las invasiones griegas a su interior.

─ ¿Así?─ preguntó, provocativo, sin quitarle la vista a cada expresión que se apoderaba del cuerpo de su amante.

Asmita hubiera sonreído ante el cuestionamiento si no se encontrara en el borde de olvidar hasta su nombre. Ya no recordaba en que momento Defteros había tomado tanta confianza en el acto sexual siendo él, al comienzo de todo, quien iniciaba todos sus encuentros... Poco importaba eso, en verdad.

─ Sí─ logró responder entre sus incontenibles gemidos, sintiendo la boca de Defteros ampliarse en una sonrisa ante su respuesta.

El gemelo logró, en una labor titánica, aumentar el ritmo de sus estocadas, y con ello, acelerar sus ya avivadas respiraciones, sus gemidos, sus movimientos... Terminaron al unísono, ambos haciendo un gran esfuerzo en no derrumbarse. Defteros esperó paciente a que la tranquilidad volviera al cuerpo cansado de Asmita, sonriendo al sentir su cuerpo vibrar ya entre sus brazos. Permaneció así, abrazándolo, unos minutos más antes de salir de él y depositarlo en el suelo.

Asmita se despidió de él con un beso casto dejándolo solo en ese cuarto, era su turno de ducharse y estaba consciente de eso, necesitaba deshacerse de ese calor que recorría aún sus entrañas de alguna manera, porque lo último que quería en ese momento era el descanso de Asmita…

Usaba sus dedos como cepillo para sus rubias hebras, permitiendo que el agua humedeciera sus manos, así como a la camisa blanca con la que recién se vistió. No necesitaba de toda su experiencia en meditación para intuir lo que había despertado en su amante, por lo que aguardó paciente, tomando asiento en su cama cruzando las piernas.

No pasó mucho cuando el sonido de una puerta le arrebató un estiramiento en sus comisuras; escuchó el eco de los pasos de Defteros acercarse y, posteriormente, morir frente a él. Los mojados labios del gemelo se apoderaron de los suyos con veracidad, como si no los hubiera probado en siglos cuando a penas hace unos momentos se habían devorado. Las manos ágiles del geminiano desabrocharon los botones de la camisa con suma facilidad, pero no se animó a quitársela.

─ Te queda bien─ susurró en el oído del rubio.

Asmita ladeó su cabeza con una sonrisa adornando sus comisuras. Defteros se acercó a la piel ofrecida, besando cada espacio de ese blanco espacio, encontrándose con algunos hilos de cabello que se interponían en su recorrido. Descendió por el pecho, donde se enfrentó con los rosáceos pezones que el de Virgo poseía; lamió aquellos expuestos botones, como si en ellos viera un caramelo; succionó cuando la degustación les fue insuficiente, arrodillándose entre las piernas desnudas de su amante; las mordidas le arrebataron sonoros gemidos a la boca de Asmita.

Defteros dejó la ya sensible zona cuando logró divisar las marcas de su paso por ahí… Bajó aún más, a esa área oculta para todos los demás, excepto para él.

─ Defteros─ pronunció tembloroso, sintiendo los labios del aludido rozar la piel de su miembro.

El gemelo hizo vibrar cada átomo en el cuerpo del rubio al introducirse la virilidad por completo en su boca, realizando hábiles succiones que aumentaban el bombeo cardiaco de Asmita, recordándole los placeres de la mortalidad, aquellos que querían experimentar sólo en el cuerpo del otro. Le permitió a su lengua andar por toda la longitud de esa palpitante carne, reconociendo todo el perímetro como suyo.

Asmita respingó cuando Defteros se enfocó en los puntos débiles que ya conocía, sólo era cuestión de tiempo que por fin le concediera prestarles atención. Gimió con más fuerza y frecuencia, conocedor de su próxima explosión… Defteros no se frenó, al contrario, aceleró sus movimientos, motivado por las manos níveas enredadas en su melena que lo guiaban a los puntos exactos a tocar.

El rubio trataba de soportar el mayor tiempo posible para alargar aquello lo más que sus nervios le permitieran. En ese punto, desconocía si la función vital para su cuerpo era gemir o respirar… Sus descontrolados pies alcanzaron a tocar los costados del desnudo cuerpo de Deuteros, se adhirieron a esa zona para recorrerla las veces que fueran necesarias para erizar cada vello a su paso; mientras sus manos se expresaban por su avivado cuerpo, alborotando la rebelde melena griega. Su cuerpo se contrajo una última vez, al mismo tiempo, su semilla se desparramaba por la boca del gemelo, lo escuchó hacer un sonido gutural.

Lo miró consiente del calor en su rostro, estaba exhausto y no lo podía creer, estaba desaprovechando ese día con Defteros debido al cansancio de su cuerpo, si hubiera descansado… Una idea iluminó su mente haciéndolo curvar su boca: estaba siendo castigado de una forma muy poco ortodoxa.

Defteros le acarició la mejilla, haciéndolo inclinar la cabeza hacia la mano gentil que lo tocaba. El rubio entreabrió sus labios, demandando un beso que le arrebatara hasta la última respiración; el gemelo concedió su petición, probando esos labios de manera suave y delicada. La respiración de Asmita aún no se había apaciguado del todo, se le notaba cansado, Defteros lo sabía, por lo que no necesitaría de mucho para provocar un tercer orgasmo en su amante.

Lo besó hasta que todo el cuerpo de Asmita estuvo recostado en el colchón. Después, sus labios siguieron caminos imaginados, ya trazados con anterioridad, llegando hasta el último rincón de ese divino cuerpo, marcando el inicio de una entrega de caricias que exploraban cada centímetro de ambas pieles. Lo que antes había sido agresivo, se tornó apasionado, suave y dulce; cada poro les hacía brillar la piel adornándola con perlas líquidas, emanando lo que uno sentía por el otro.

Continuaron poseyéndose como otras veces lo hicieron, en el mismo templo pero distinto tiempo. Se pegaron lo más físicamente posible, Asmita abrazando a Defteros, teniéndolo a plena luz del día, sin tener que esconderse entre la oscura y sola noche para poder demostrarse lo mucho que sentían.

Se auxilió en sus manos para retirar los mechones de cabello adheridos al rostro de Defteros a causa del sudor que los bañaba. Unió de nuevo sus labios, explorándose hasta que sus carnosidades pidieran tregua dejando, al separarse, un ligero ardor prueba de su antigua unión. Defteros invadió el cuerpo de Asmita de manera inesperada, teniendo que sellar sus labios para minimizar los gemidos en ambos.

El rubio volvió a besarlo soltando entre cada embestida un sonido entre sus bocas, de esos que al gemelo tanto le enloquecían. Las manos de Asmita se aferraron al cuello de Defteros, terminado de formar la maraña en la que se habían transformado sus cuerpos. Las embestidas venían fuertes y veloces, el de Virgo había susurrado el nombre del gemelo entre sus gemidos, pidiendo que se detuviera, soltando a causa de su cansado cuerpo más no lo deseaba. Esas peticiones habían logrado avivar el salvajismo dentro del geminiano, acercándolo aún más a su límite. En uno de tanto vaivén, Asmita sucumbió por tercera ocasión esa mañana, sus manos cayeron rendidas sobre la cama; Defteros no tardó en alcanzar su clímax con el interior del rubio contrayéndose sobre su virilidad, quemándole cada nervio. Miró a su amante, en efecto, se había dormido. Defteros se incorporó, sintiendo su cuerpo pedir un poco de reposo; sujetó a Asmita para acomodarlo mejor sobre el lecho, sonrió al verlo tan indefenso y delicado, no pudo resistir la tentación de darle un beso en la frente.

─ Descansa─ murmuró, acariciando los cabellos de oro.

Agarró una cobija azul del límite de la cama y tapó al durmiente con ella. Posiblemente dormirá hasta el ocaso, pensó. Su sonrisa se anchó, después de todo, había conseguido que Asmita descansara. Porque a partir de ese día, tendrían muchos otros para caer en tentaciones.


Ya vamos en el capítulo veintiséis, faltan seis para terminar el fanfic. Gracias por leer y por continuar leyendo.