Hola! Paso a actualizar, estoy a una semana de hacer mi examem final de la universidad, debería estar repasando u.u pero la inspiración me llega siempre en estos momentos. Bueno, dejando eso a un lado, este capítulo es Shion x Dohko.

Los personajes (excepto Eos, Honey y Hécate) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.


Capítulo XXVII

Tiempo.

"Hazme polvo.

En la cama. En el suelo.

De espaldas.

Agachada. Sobre la mesa. Contra la pared.

Aquí. Allí.

Así.

Hazme polvo

y luego,

sopla".

-Elvira sastre

Avanzaba con pasos calmados hacia su destino, dejando pasar un poco más del tiempo que, supuestamente, debía usar para descansar. Sabía lo que encontraría al llegar a la cámara del Patriarca; al finalizar el sendero que separaba el templo de Piscis de su objetivo, se había cruzado con Manigoldo y Albafica, el primero desbordando la felicidad que los consumía a ambos y el segundo intentando ocultarla, los dos le habían comentado del despertar de Shion.

─ Buenos tardes, señor Dohko.

Lo saludaron los guardias que custodiaban la enorme puerta del recinto, él a penas inclinó su cabeza para corresponder el gesto, presa del deseo de ver a la persona que esa entrada resguardaba. Para suerte del caballero, los hombres no le hicieron esperar, la abrieron a la par dejándole libre el paso, después lo cerraron tras él.

Sus ojos se dirigieron de inmediato al final de la alfombra roja, borrando todo el ambiente... Ahí estaba él, como lo esperaba, sentado en su gran trono, luciendo la túnica y la careta que lo indicaban como el más alto en la Orden de Atenea. Caminó con toda la majestuosidad que la carencia de armadura podía aportarle, proseguía sin bajar la mirada ante la ariana, ignorando todo a su alrededor.

El recorrido fue lo suficientemente largo como para deleitarse con la forma que el color negro y dorado de su atuendo resaltaba el verde de sus hebras y su nívea piel... Esa vestimenta definitivamente era su favorita, y por mucho.

─ Buenas tardes, Dohko de Libra─ saludó, comprobando primero la orientación de alguna sombra que le diera indicio de la hora─. ¿Qué se te ofrece?

─ ¿Qué se me ofrece?─ repitió, sin intentar ocultar la sonrisa en su rostro─. Primero, y sin faltarle al respeto Patriarca, despojarlo de todo lo que lleva puesto─

Esperó unos segundos la reacción de su amante, pero no pareció inmutarse. Decidió dar unos pasos hacia su dirección, unos centímetros antes de alcanzar los peldaños, un carraspeo captó su atención. Vio hacia el rincón de la izquierda, descubriendo a la joven de melena lila observándolo divertida, volvió su vista con la velocidad de un rayo hacia el peliverde, quien contemplaba su escena con una discreta sonrisa juguetona.

─ Señorita Atenea─ saludó, arrodillándose como era debido.

─ Creí que estarías descansando─ comentó, se aproximó al lado de Shion.

─ El sueño parece no estar de mi lado esta tarde, Atenea.

─ Ya veo─ colocó su mano en el hombro del Gran Pontífice─. ¿Se encargaría de él, Patriarca?─ el aludido la miró extrañado.

─ Atenea, los demás santos vendrán a reportarse y...

─ Aspros, Manigoldo y Albafica son los únicos que se han presentado. Ambos sabemos que lo último que harán los otros es venir a verme. Ve con Dohko.

El peliverde asintió, después de todo, no le negaría una petición como esa a su diosa. Se incorporó con la misma grandeza de un rey, dejando que la túnica delineara de manera sutil el contorno de su figura. Bajó de su pedestal sin dirigirle una mirada al castaño, se limitó a seguir el trayecto que guiaba hacia su alcoba.

─ Se más discreto la próxima vez, Dohko─ le recomendó la diosa antes de perder a la pareja de vista. El séptimo caballero rió ante el comentario, le debía una a Atenea, sin su intervención, Shion dejaría esa reunión para otro momento aunque él también ardiera por realizarla. Le seguía sin arrebatar la vista del cuerpo de su amante, no podía observar su rostro pero imaginaba la sonrisa de satisfacción en sus labios.

El Patriarca se frenó justo frente a la puerta de su antesala y aguardó a que el santo de Libra le facilitara el paso, sólo como parte de uno de los juegos que tanto le gustaban al castaño. Dentro, apreció la esplendorosa luz del sol colarse por las traslúcidas cortinas cubriendo toda la estancia; su cama permanecía en el centro del área como siempre lo había estado desde su liderazgo, junto a ella yacía una mesa de noche de sólo un cajón; a la izquierda, se ubicaba un tocador de madera adornado por un trío de espejos, el del centro ligeramente más grande que los otros dos, después se daría tiempo de arreglarlo a su gusto.

Se acercó a un armario a su izquierda, donde guardaba sólo la vestimenta con la que el Patriarca del Santuario debía vestirse. Sujetó su casco con la intención de liberar su cabeza de la protección pero, antes de llevar a cabo su cometido, los dedos de Dohko se entrelazaron con los suyos.

─ Déjalo─ susurró, con una curva en sus labios─. Yo lo hago mejor.

Shion giró mostrándole una sonrisa que dejaba a la vista sus caninos, provocándolo, invitándole a que se atreviera a eso y más.

─ La última vez, me hiciste repetir mucho tu nombre─ arrancó una sonrisa satisfecha del castaño.

─ Descuida─ sacó la protección de la cabeza, arrojándola dentro del armario─. Esta vez, no podrás pronunciar palabra.

Como el caballero que era, cumplió con su promesa. Marcaron cada parte de su cuerpo igual que hace varios siglos atrás, no había centímetro de piel que no vibrara al reconocer el tacto del otro y es que, a pesar del tiempo, lo que sentían el uno por el otro no disminuía, al contrario, parecía aumentar. Las horas pasaron, atesorando cada segundo y aliento compartido, después de la ardua sesión el cuerpo de Dohko cayó agotado junto a su amante.

Shion cubrió las piernas y glúteos del séptimo guardián con una de las relucientes sábanas, no sin antes librar una batalla para poder distinguir los límites de una u otra entre el caos de telas. Acarició la muñeca izquierda con las yemas de sus dedos, visualizando aún el rastro que había dejado la funda, de una de las esparcidas almohadas, con la que Dohko se las ingenió para atarle. Lo miró, imaginando lo divertido que sería poseer su cuerpo y ver la confusión reinar el rostro del otro cuando despertara.

Hizo uso de su fuerza de voluntad, incorporándose soltando un pesado suspiro, no podía darse ese lujo, al menos no en ese instante... Momentos antes, había logrado percibir un cosmos familiar y tenía la tarea de ir a su encuentro. Tal vez a su regreso, Dohko aún permanecería inconsciente.


Listo! Como se imaginarán el siguiente capítulo es Acuario x Escorpio, habrá un poco de las dos parejas. Gracias por leer :)