Hola, paso a actualizar, este es un capítulo corto espero les guste.

Los personajes (excepto Eos, Honey y Hécate) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.


Capítulo XIX

Regresar a ti.

Sostenía de lado la toalla con la que secaba su cabello recién aseado, la brisa de media noche erizaba la piel de su pecho desnudo y frío a causa del baño. Se introdujo en la sala de estar, Sísifo se había tomado la molestia de encender las luces, en esos aparatos que prácticamente eran nuevos para él. El de Sagitario permanecía en el sillón, concentrando su atención en un libro que tal vez le había pedido a Dégel, pero su vista le traicionó al notar su presencia y le miró por encima del la pasta.

El Cid acomodó la toalla sobre sus hombros, aproximándose a su compañero, percatándose en lo mucho que se esforzaba en contener una sonrisa. El arquero depositó el libro sobre la mesita junto a él, consciente de que pronto la distancia entre ambos sería nula y no deseaba estropear uno de los objetos preciados de la Vasija Preciosa.

─ Tardaste mucho en despertar─ reclamó, provocando una curvatura en los labios del décimo santo. El Cid apoyó una rodilla en los cojines del sofá, manteniendo la otra en el suelo.

─ Tal vez tú ansiabas demasiado que lo hiciera─ pronunció, rozando sus labios.

Comenzaron a besarse, a recorrerse con aquella carnosidad traviesa que tanto disfrutaba de la cavidad ajena. Ahí estaban los dos, a punto de entregarse al otro y sólo dejar ver esa personalidad del que solamente su pareja era conocedor.

─ No más de lo que tú querías terminar con esa ducha─

Le acercó por el mentón para volverle a besar, iniciando una danza con sus lenguas que a los dos les encantaba. La ropa fue desapareciendo entre las caricias que se proporcionaban, sólo con el objetivo de desear el máximo contacto entre sus cálidas pieles. El Cid se entretuvo estirando la epidermis de su amante con suaves mordidas, mientras estaba en busca de una mejor posición para comodidad de ambos.

Enfocó sus atenciones a los dos botones del pecho griego, endureciéndolos hasta tal punto que sólo aquello en sus entrepiernas podía hacerles competencia.

─ Gracias... por devolverme el alma─ pronunció, encontrándose con problemas al hablar ya que el poco aire que ganaba lo perdía al instante.

─ Gracias... por regresarme a tu lado─ correspondió, no exento de las condiciones que atacaban a su compañero.

Repitieron sin cesar la disputa entre sus labios, hasta el momento en el que Capricornio concediera tregua al arquero para recorrer todo su cuerpo, probando el sabor salado que lo impregnaba.

Sísifo giró como pudo, siendo guiado por las manos de El Cid, quedando primero boca abajo para después acomodarse a gatas. El de Capricornio lo jaló por el escaso cabello dejándolo de rodillas sobre los cojines del sillón, aprovechando ese preciso momento para introducir su dura virilidad en el acalorado cuerpo que se hallaba a su disposición.

Le tomó por el cuello mientras su otra mano bajaba para estimular todos los genitales del griego. Embistiendolo, comenzó a jugar con uno de los lóbulos de su compañero, aumentando los sonidos que escapaban con suma facilidad de su boca.

Tocando cada uno de los puntos débiles del arquero, no hubo la necesidad de pasar mucho tiempo en esa posición antes de que todos los sentidos griegos se colapsaran ante Capricornio, aquel que era capaz de domarlos. Cayó de manos sobre la bracera del sofá, con los músculos de sus brazos temblandole como si fueran incapaces de poder mantenerse en esa pose por más de un par de segundos. Los labios de El Cid recorrieron su columna vertebral, haciéndole estremecer pareciendo que su sensibilidad hubiera aumentado miles de veces.

─ Esperemos que el otro santo no te haya escuchado─ comentó, tomando una posición más cómoda en el sillón.

Sísifo lo miró de manera desaprobatoria, ¿cómo podía decir algo así si era el causante? Ahora que compartirían casa con su respectivo sucesor, no podían darse el lujo de tener ese tipo de encuentros cada vez que sus cuerpos lo reclamaban.

─ Tienes que moderarte─ dijo, sentándose paralelamente a su amante.

─ O podría amordazarte─ sugirió, volviendo a ser regañado por la mirada de su acompañante─. De acuerdo, mala idea─ Sísifo negó con la cabeza, posteriormente se puso de pie.

─ ¿Vienes a la cama? Tenemos que dormir─

El Cid le sonrió antes de seguir sus pasos y colocarse a su lado, como siempre lo había estado.


Una disculpa a los que siguen el fanfic por tardarme en actualizar. Ya casi se termina.

¡Hasta el siguiente capítulo!