¡Hola! Les dejo el siguiente capítulo, al igual que el anterior es corto.

Los personajes (excepto Eos, Honey y Hécate) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.


Capítulo XXX

Presente.

Al día siguiente a su despertar, se había presentado con Atenea como era debido, aprovechando esa oportunidad a solas con ella para poder disculparse por las acciones de su pasado. Le juró fidelidad eterna a partir de ese día y honrraría el título del "caballero más fiel a Atenea". Su diosa le había otorgado el perdón, mostrando respeto y admiración ante el santo redimido ya que pocos tienen el coraje y la valentía de asumir sus errores y, mucho menos, tratar de remediarlos.

Bajaba los peldaños con una lentitud que su subconsciente activo, sus pies parecieron intuir a donde de dirigían y disminuyeron su velocidad al salir de Capricornio. Él había despertado en su templo en completa soledad, no como los otros dos santos que permanecían hospedados en otra habitación del décimo templo; los conocía, sabía que ese par era de la antigua Guerra Santa y en su momento portaron las armaduras de Sagitario y Capricornio. Tal vez, si no hubiera cometido ese acto del que tanto se arrepentía, Aioros y él pudieran estar como ellos dos.

Entró a la novena casa sin anunciarse, sospechaba que a esa hora su amigo estaría en el coliseo entrenando como era costumbre. No supo si sentir alivio o pesar, necesitaba sacar esa disculpa que añoraba salir al exterior y mezclarse con las palabras de perdón del arquero. Se detuvo en seco al notar la silueta griega de pie en el marco de la entrada, mirándolo como si hubiese esperado mucho tiempo en ese sitio. Inhaló hondo y se aproximó a su lado, después de todo, ya no quería posponer ese encuentro.

─ Buenos días, Aioros─ saludó, analizando el terreno aunque, lo conocía, no guardaría rencor a pesar de que la traición no era para menos.

─ Buenos días, Shura. ¿Quieres entrenar?─ dijo, tratando de facilitarle las cosas a su compañero.

─ Antes que nada... Sabes a lo que he venido, Aioros─ el de Sagitario le asintió─. No hay argumento que pueda justificar lo que hice, tú y yo eramos amigos, más cercanos que cualquiera en el Santuario y aún así te traicioné. Perdí mi camino y, aún después de tu fallecimiento, no lo pude reencontrar. Sabes que repudio la traición, pero anhelo que perdones la mía y me permitas permanecer a tu lado como en los viejos tiempos.

─ Nunca es tarde para enmendarse, no progresariamos si miramos todo el tiempo hacia el pasado. Te perdono, Shura─ concedió las palabras que su amigo quería escuchar. El arquero no le guardaba rencor, pero debía reconocer que su presencia aún le perturbaba, después de todo murió a mano de la persona a la que le entregó su corazón.

¿Qué sentía por Aioros? ¿En verdad sólo quería estar a su lado como antes? ¿Todavía deseaba lo de años atrás? Aunque así fuera, era demasiado pronto para acercarse de esa manera al griego, no quería arruinar la nueva oportunidad que se le había brindado. Pero, ¡dioses! Como le provocaba esa tela delgada de su ropa de entrenamiento. Había pasado mucho tiempo sin verle pero le seguía provocando el mismo efecto. ¿Aioros se sentirá de la misma manera?, esa pregunta le rondaba por toda la cabeza al de Capricornio.

─ Buenos días, ¿me permites pasar, Aioros?─ preguntó el recién llegado, interrumpiendo el intercambio de miradas que el griego y el español sostenían.

─ Buenos días, Camus─ saludó el dueño del templo.

─ ¿No permanecerás en Escorpio?─ indagó el décimo guardián. Camus negó con la cabeza─. Ya veo─ murmuró Shura, comprendiendo que su amigo no había corrido con la misma suerte que él.

Silencio incómodo. Por alguna razón, los tres parecieron quedarse mudos. En ese momento el acuariano se percató de la cercanía entre ambos sujetos y, lo que muchos llaman, "tensión sexual". Su mente pareció transportarlo al momento cuando Milo le había preguntado a esos dos sobre querer a un hombre, agradeció a todos los dioses existentes ya no ser el mismo niño sin control de sus mejillas, porque sino ahí mismo se hubiera convertido en una de las manzanas que a Milo le gustaban.

─ Puedes pasar, Camus─ concedió Sagitario, alzando un poco la voz porque la primera vez pareció ser obstruida por los pensamientos del francés.

─ Gracias─ pasó entre los dos y se encaminó hacia Acuario.

─ Como han crecido─ susurró, perdiendo de vista la silueta del menor.

─ Lo siento...

─ Basta, Shura─ regañó─. No quiero que nuestra relación se vuelva un constante diálogo de culpa.

El español calló, no pudo evitar que su corazón latiera con más fuerza al escuchar esas palabras de la boca griega, "nuestra relación", repitió su mente como un disco rayado. De un momento a otro, ya se encontraba arrinconado en una pared siendo víctima de los labios de Aioros. Correspondió el beso con el mismo ímpetu del otro, si era producto o no de su imaginación no le importaba, sólo necesitaba sentirlo. Su mente pareció ser leída por el castaño cuando su mano se dirigió a la zona donde se acumulaba todo su calor, las caricias no eran expertas pero como hacían que cada célula de su cuerpo temblara en sincronía componiendo una dulce melodía a la par con sus gemidos.

Los movimientos eran constantes, sin intenciones de darle tregua. Cuando por fin se derramó en la mano de Aioros, no le importó recuperar su respiración, lo derribó al suelo apoderándose de un quejido de disgusto, abrió sus piernas sin deshacerse de la ropa, antes que nada tenía que darle experiencia al joven cuerpo que había caído a su merced. Tendría mucho tiempo para comprobar si el alumno supera al maestro.


Me tardé en subir este capítulo porque ya estamos por terminar (sólo faltan otros dos) y me gustaría subir el último cuando se cumpla el año de haber subido el primer capítulo, aunque aún falta poco más de un mes y se me hace mucha la espera.

El siguiente capítulo no será sobre Acuario como debería de continuar, será sobre Piscis x Cáncer, ya que quiero que el fanfic termine en Acuario x Escorpio porque son las parejas principales.

Hasta el siguientecapítulo. Gracias por leer :D