¡Hola! Vengo a actualizar. Este capítulo es Piscis x Cáncer, como ya había mencionado, espero les guste.
Los personajes (excepto Eos, Honey y Hécate) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.
Capítulo XXXI
Salto.
Su único plan se había visto obstaculizado desde el día anterior, deseaba poder decir lo que sentía por Afrodita con la misma facilidad con la que Milo hablaba de sus sentimientos por Camus, pero al parecer no había nacido con esa habilidad, él tenía que sufrir por su cobardía y eso le calaba en su orgullo. Las cosas no resultaron como en su mente cuando el pez despertó del letargo en el que se había sumergido, fueron todo lo contrario. Al tenerlo frente a él, un nudo de fuerza descomunal se apoderó de su garganta teniendo algunos hilos en su estómago, en ese momento la única solución que encontró para su falta de habla fue abandonar la habitación, aunque en esos momentos algo le decía que no había sido lo correcto. El de Piscis a penas le dirigía la palabra, y cuando lo hacía era para preguntar cosas sobre el templo, si podía tomar algo de la cocina, bañarse...
─ ¿Crees que mi casa se desocupe pronto?─ dirigió su vista hacia el sujeto que lo había rescatado de sus tormentos, sostuvo sólo un momento su mirada volviéndola a colocar sobre el colchón en el que descansaba─. Atenea nos comentó su decisión de concederle medio año de vacaciones a los antiguos dorados, ¿crees que el otro santo de Cáncer se marche? Supongo que si él se va... Piscis le seguirá─ pronunció lo último titubeante, no deseaba involucrar sus sentimientos en ese momento.
─ ¿Tanto te molesta estar aquí?
─ ¿Y a ti?─ Afrodita se cruzó de brazos, él también estaba cansado de aquella situación, lo mejor sería regresar a su hogar.
─ No sé si se marchen, no les hablo─ de nuevo otro encuentro fugaz de miradas, después la posó sobre los rayos del nuevo día que entraban alegres por su ventana─. Además, tal vez no lo has notado pero no he salido de mi templo desde ayer.
El último caballero suspiró evidenciando su descontento, decidió terminar ahí la conversación y mejor comenzó la búsqueda por ropa limpia dentro del closet. Death Mask lo seguía con la mirada, en completo silencio, ¿dónde habían quedado todas sus palabrerías en ese momento? Una rosa blanca sobre el tocador lo capturó, era la misma que pensaba darle a Afrodita pero ya estaba colocada en un florero de cristal lleno del líquido vital incoloro.
─ Veo que la pusiste en agua─ señaló lo obvio, sólo con el objetivo de iniciar otra charla.
─ No pensaba dejarla morir, como tú─
─ Yo tampoco pensaba hacerlo─ contestó con tanta rapidez que a penas Piscis terminó su oración y él ya estaba formulando la contestación. Su tono fue demasiado serio para él, por lo que ambos habían entendido hacia donde llevaba aquello─. Quería que encontraras algo de tu templo cuando despertaras.
La función pulmonar pareció desaparecer de cuerpo del pez, entre sus manos se enrollaba una camisa rosa claro que, por supuesto no era de DM, era de él, y pertenecía a esas pocas prendas que había dejado en aquel templo en algunas de las tantas noches que pasó allí.
─ Pasé por momentos muy difíciles en mi niñez, que me forgaron como soy. No debí desquitarme contigo o con cualquier otra persona, ahora lo comprendo. Quiero cambiar porque hay una persona por la que deseo mejorar, hasta ser digno de poder llamarlo mi pareja.
Las palabras no habían salido como las ensayó pero un peso de encima pareció desvanecerse. Se aproximó hacia su inmóvil compañero, DM podía apostar que no creía aquello que sus oídos le transmitía a su cerebro, abrazó su cintura mezclando sus dedos con los del otro, en otro momento se hubiera reído pero no ahora.
─ Disculpa si me tardé en comprender lo que significas para mí─ susurró a la oreja, asegurando que todas las neuronas entendieran esas palabras que parecían salir solas por fin─. Te pido me des otra oportunidad.
Momento de silencio, el instante más eterno para el cangrejo. Él pasando por los cadáveres de sus miedos y Afrodita se daba el lujo de entrar en trance con su interior.
─ Quiero verte... como en verdad eres─ respondió, mirando por el espejo interior del closet al de Cáncer─. Quiero pasar esa barrera que posees. ¿Me dejarás hacerlo?
─ Podrás hacer lo que quieras─ aseguró.
Un par de sonrisas que murieron en segundos a manos de un beso que ardía en sus labios como el mismo núcleo del Sol y, así como éste marcaba el comienzo de un nuevo día, esa unión marcaba el inicio de su historia.
...
Aliento con aliento colisionaban, mezclándose entre el escaso espacio entre ambas cavidades. Sus cuerpos perlados ardían hasta tal punto que le hacían competencia a la fiebre de Kardia, sus miradas sostenían un encuentro tan intenso como todo su físico. Las manos de Manigoldo yacían aferradas a la cadera de Pisicis, conduciendo los movimientos que ejercía sobre su encerrado miembro. Los dedos de Albafica se sostenían de los omóplatos italinos, en busca de soporte para mantener la posición que él mismo había elegido. Sus cuerpos temblaban, cada fibra muscular vibraba como una cuerda de un intrumento al ser tocada, respondiendo a todas las caricias y besos que se había repartido por cada milímetro de su piel.
Las piernas del peliceleste se enroscaban por el torso de Cáncer, permitiéndole moverse con mayor facilidad sobre esa zona, la cama no podía sonar más, sus cuerdas vocales tampoco alcazanban tonos más altos. Un beso unió sus rostros, disminuyendo el ruido sólo por un segundo, el cabello de Piscis se fue hacia el frente pegándose al cuerpo de porcelana. Manigoldo apartó esas rebeldes hebras permitiéndose un fácil acceso al níveo cuello, ese día repasaría y marcaría cada área que quisiera, se arrepentiria después pero ahora no deseaba pensar en eso, ni siquiera quería pensar.
A punto de ser lanzados hacia el infinito por tanto placer, unas palabras se atoraron en la garganta de Albafica, palabras que necesitaba decir. Sujetó el rostro de Manigoldo entre sus manos, jaló su labio inferior teniendo extremo cuidado de no lesionar esa carnosidad. Su cabello volvió a caer, esta vez Manigoldo sólo lo acarició. En el borde de ese cúmulo de emociones, las palabras salieron como agua fluyendo por un caudal.
─ Te amo.
Eso fue suficiente para que el italiano inundara el interior de su amante. Albafica no tardó en venirse al ser recorrido por la caliente sensación. Manigoldo lo derribó sobre el colchón, necesitando corresponderle del mismo modo antes de que su mortal cuerpo cayera por algun residuo del veneno que también representaba a ese caballero.
─ Cómo te amo, joder─ dijo, como si en verdad estuviera frustrado mientras unía sus frentes─. ¿Qué me diste, Albafica? Echaste tu raíz sobre mí e hiciste de mi corazón tu jardín─ el de Piscis lo abrazó, como si se tratara de un niño pequeño e indefenso─. Vámonos del Santuario estos seis meses, quiero descubrir esta nueva era contigo.
Esa petición fue suficiente para caer de nuevo en otra sesión de besos, parecía que ni en mil vidas sus almas se cansarían de la otra, pero por el momento vivirían amándose en esa nueva oportunidad y así lo seguirían haciendo por siempre, aún más allá de la eternidad.
Este es el penúltimo capítulo, el siguiente ahora sí será Acuario x Escorpio. Muchas gracias a los que están leyendo el fanfic a pesar de estar largo.
El final de este capítulo fue cursi, no pude evitarlo jajaja
Bueno, nos vemos hasta el capítulo final :)
