Hola, les dejo el último capítulo del fanfic. Gracias a todos los que lo leyeron.
Los personajes (excepto Eos, Honey y Hécate) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.
Capítulo XXXII
"Después de todo"
Lo arrinconó junto al mueble, impidiendo cualquier intento de escape, aunque la idea salir huyendo no daba señales de existir en alguna de las dos mentes; la pierna gala se enredaba en torno a la cadera griega, siendo sujetada por una de esas fuertes manos para evitar que la gravedad le arrebatara ese contacto, mientras la otra recorría por encima de las telas aquel cuerpo que ya estaba impregnado en cada uno de sus sentidos y, aún siendo de ese modo, no se cansaban de él, al contrario, reclamaban su cercanía. Las manos de Camus fueron a enterrarse en la melena griega, alborotándola mientras ambas bocas sostenían un caluroso encuentro, donde las dos querían consumir hasta lo último de la otra.
Él había insistido en que el acuariano se vistiera para dormir en su intento de castigarlo, pero el torturado resultó ser Escorpio ante la cercanía de Acuario en la cama, fue así que al despertar no resistió más y acabaron en esa circunstancia: Camus sin poderse resistir a sus encantos y él maldiciendo la ropa francesa. Su mano se coló bajo la camiseta, recorriendo los marcados y firmes músculos del abdomen francés hasta llegar a su pezón. El galo soltó un gemido dejando unidas ambas cavidades por finos hilos de saliva y tomó gentilmente la mandíbula griega entre sus manos, correspondiendo las caricias del otro con jadeos que viajaban de boca a boca.
Colocó una mano en el agitado pecho ateniense y lo guió hasta que cayera sentado sobre el colchón, Milo lo recibió entre sus piernas mientras libraba la parte derecha de su cuello de su rebelde melena. El acuariano se dirigió a esa parte, lamiendo desde el esternón hasta alcanzar el delicado lóbulo; mientras se entretenía con éste, logró despojar de cualquier vestimenta a su amante, dejándolo a su completa disposición. Sin dejar sus jugueteos con la débil zona, agarró las zonas más sensibles del griego produciéndole un respingo por la inesperada intromisión. Como pudo, sujetó las caderas galas para aproximarlo más hacia su cuerpo antes de perder la noción de todo lo demás; le quitó el resto de la ropa mientras su boca era devorada de nueva cuenta por su compañera, no necesitaba usar todos sus sentidos para llevar a cabo esa tarea, ambos eran, desde hace mucho tiempo, expertos en desnudarse el uno al otro.
El acuariano aventó al escorpión por completo sobre el lecho, se colocó en cuatro dejando al ateniense entre sus piernas. Se acercó a su rostro, donde la boca permanecía abierta ansiando su arribo; recorrió con los dientes la lengua inquieta de su amante para posteriormente dedicarse a delinear cada milímetro de piel con lamidas y besos, encontrándose en su camino con un par de botones rosas que decoraban el bronceado pecho, los cuales mordisqueó y saboreó arrebatándole el aliento en más de una ocasión a Milo. Descendió hasta toparse con el erguido miembro que tanto deseaba dentro de él, lo degustó como si fuera la última vez que lo haría, poniéndole atención especial al glande, lugar donde halló deleite tanto para su boca como para sus oídos. No pudo evitar soltar un gemido que acompañara a los de Milo cuando el griego lo haló por sus cabellos, indicándole que ya no había descensos en ese punto.
Camus hizo caso del aviso. Se colocó sobre la pelvis de tal manera que pudiera sentir la virilidad de Milo rozar su entrada, comenzó a mover sus caderas trazando infinitos imaginarios en cada roce de piel, mientras sus zafiros se encontraban con las preciosas turquesas. Ahora eran los dos los que ya no podían apaciguar los sonidos de sus bocas, tampoco a su respiración ni el ritmo cardiaco, ambos acelerados, ambos en sincronía. Las manos de Escorpio sujetaron con firmeza los muslos franceses que aprisionaban su cadera, levantó fuertemente esa zona de su cuerpo alcanzando el punto más oculto en ese níveo cuerpo, los dedos de Camus se entrelazaron con los suyos ante la repentina invasión a su interior. Descendió y volvió entrar llevándose unos rasguños en el dorso de ambas manos cortesía del placer de su amado. Entró con más fuerza que antes, curvando hacia atrás el cuerpo del francés. Milo se incorporó llevando a su boca el cuello desprotegido de Camus mientras lo arrojaba sobre el colchón, desparramando los verdosos cabellos sobre las almohadas.
Disminuyó la intensidad de sus embestidas pero aún así parecía que las uñas de Acuario querían abrir heridas en la inexistente piel de las sábanas, Milo llevó las manos galas sobre la cabeza de su dueño en un intento por tranquilizarlas, mientras sus labios hacían lo mismo con la rojiza boca. Ambos no soportarían más y lo sabían. El griego salió del cuerpo francés para darle oportunidad a éste de colocarse boca abajo, en cuanto Camus levantó sus glúteos Milo volvió a penetrarle con fuerza, pero esta vez no se contendría. Le embistió una y otra vez acompañado del vaivén de las caderas galas, después la calurosa sensación del interior de Camus fue demasiado grata para la piel de su miembro, negándose a salir de aquel espacio, agarró los extremos de la pelvis en un intentó por unir los dos cuerpos más de lo que ya estaban, rozando sin parar aquella parte que estaba a punto de hacer estallar al acuariano. Camus hundió parte de su cabeza en el lecho, levantando más su trasero como consecuencia, dejó que las manos griegas lo hicieran a su modo para seguir disfrutando de la excitante sensación de ser tocado en tantas ocasiones en esa parte tan sensible de su interior. Sus músculos comenzaron a contraerse poco después, apretando con sutileza la causa de su placer. Milo soltó un amplio gemido, derrochando su semilla dentro de Camus. La cálida semilla de Antares lo terminó de invadir y el se vino unos segundos después.
Milo salió del interior de Camus con sutileza, sus labios inmediatamente comenzaron a recorrer la piel de la espalada gala, combinando parte de su saliva con el sudor que no sólo cubría ese cuerpo sino también el suyo. Sabia que el acuariano hubiera sonreído si no se encontrara en una situación tan agitada, él hubiera hecho lo mismo. Dejó que Camus se recostara cómodamente sobre su cama para que descansara en compañía de los sueños, mientras él se levantaba a iniciar con su día a pesar de ser temprano para él. Depositó un beso en la frente del durmiente francés y se dispuso a dirigirse al cuarto de baño.
...
Toda la noche le había hecho alcanzar el orgasmo tantas veces como el cuerpo de Kardia se los permitió, el escorpión cayó rendido tras la ardua pelea cuerpo a cuerpo, y Dégel… Dégel dejó el sueño a un lado. Las primeras horas las utilizó controlando la fiebre que él mismo había encendido en el espécimen griego, reprimiéndose una y otra vez por su falta de control, aunque ya no era ninguna sorpresa que todo se le saliera de las manos cuando se encontraba en compañía de Escorpio. Después de devolverle su temperatura natural al cuerpo de Antares se dispuso a asearse para ir a visitar a El Cid, donde halló una grata plática sobre todo lo ocurrido. Pasó en ese templo más tiempo de lo planeado, cuando se percató de ese hecho no pudo evitar subir las escalones hacia tu templo con mayor rapidez de la habitual.
En la entrada de la onceava casa yacía el escorpión celeste, clavando su aguja escarlata en uno de los pilares que sostenía la construcción, Dégel notó, por los agujeros en el concreto, que ya llevaba bastante tiempo jugando con eso.
─ Kardia─ pronunció, teniendo aquella mirada que congelaría a cualquiera, excepto a Kardia de Escorpio, a él sólo lo motivaba a inventar nuevas formas de sacarlo de sus casillas.
─ ¿Dónde estabas?─ reprochó─. Me estaba aburriendo.
─ ¿Y eso te da derecho a destruir el templo de Acuario?─ se encaminó despacio hacia el griego, como si fuera un depredador al asecho. Su armadura y él parecían congelar los elementos en el aire, Kardia, siendo admirador de esa faceta del acuariano, dejó asomar una amplia sonrisa. Sólo unos centímetros más cerca y sus bocas estarían unidas, pero Dégel se detuvo dejando al escorpión incrédulo ante la curva en sus comisuras.
─ Esto te mantendrá quieto─ le susurró, provocando que Antares bajara su vista hacia sus congeladas extremidades─. Buenas tardes, Milo─ dio vuelta, haciendo de lado la blanca capa, dándole la bienvenida al aludido.
─ Buenas tardes─ el joven griego hizo su entrada a la casa de la vasija preciosa, presumiendo la octava armadura─. ¿Interrumpo?
─ Sí─ respondió el otro escorpión, oculto tras el cuerpo del acuariano.
─ No─ miró sobre su hombro a su amante, quien aún luchaba por liberarse─. ¿En qué puedo ayudarte?─ volvió su vista hacia Milo.
─ Me gustaría hablar contigo.
─ De acuerdo, vayamos a la sala─ estiró su brazo dándole el primer pase al de Escorpio, miró a Kardia─. Espero que a mi regreso hayas encontrado una manera de reparar eso─ se encaminó al lado de Milo.
─ ¡Hey, mocoso! ¡Mi armadura!
Una ligera sonrisa se asomó en los labios de Milo, no por la actitud infantil de su predecesor sino por el profundo suspiro por parte de Dégel. Tanto Camus como él se parecían a ellos dos, no sabía el por qué exacto, tal vez era por compartir el mismo destino de sus constelaciones guardianas, incluso había llegado a sentir atracción por el antiguo acuariano, misma que se desvaneció al reencontrarse con el francés.
─ ¿Qué ocurre, Milo?─ cuestionó Dégel, ante aquel silencio que invadía el ambiente no pudo esperar hasta llegar a la estancia, ambos se detuvieron en el corredor que llevaba a la misma.
─ Quiero preparar algo especial para Camus y me gustaría que me ayudaras─
Fue con esto que el escorpión ganó toda la atención del acuariano, le contó cada detalle de la sorpresa que tenía en mente para demostrarle al galo que ya el pasado no importaba, ahora los dos estaban juntos después de todo lo ocurrido y eso era lo único que importaba.
─ Pero Camus está en Escorpio─ comentó Dégel, encontrando esto como una falla en el plan.
─ Descuida, platique con Aioria y se ofreció a ayudarnos con eso.
─ Entonces, en la noche estará listo, tienes mi palabra.
─ Gracias, Dégel─ sonrió complacido y se encaminó de regreso en compañía del acuariano. Al llegar donde se encontraba Kardia, Milo pudo sentir su mirada fulminante encima de él así que decidió contraatacar. Se despojó de su casco y meneo ligeramente su melena sonriéndole al otro Escorpio, posiblemente no fuera bueno provocar a su predecesor pero no podía evitarlo, quería conocer cual era su límite.
─ Me retiro─ anunció yendo escaleras abajo.
─ ¡Hey!─ gritó Kardia, los labios de Dégel junto a su oído le hizo olvidar lo que quería gritarle al otro.
─ Calla de una vez─ recorrió su mejilla para llegar al labio inferior. Mordió con sutileza esa carnosidad para no dejar en evidencia algo que, todos en el Santuario sabrían, él había hecho─. ¿Recuerdas que Atenea nos permitió irnos medio año de vacaciones a toda nuestra generación?─ Kardia asintió─. Si me ayudas con algo dejare que escojas el lugar al que vayamos, no importa si es un desierto─ el escorpión rió, la idea de ver a su amado bajo los potentes rayos del sol en aquellas áreas sonaba tentadora.
─ De acuerdo─ aceptó, con su brazo rodeo la cintura de Dégel para acercarlo a él y poder apoderarse de sus labios. No importa lo que fuera, lo ayudaría, no por la oportunidad de escoger el sitio para vacacionar sino porque era él, porque era Dégel quien se lo pedía y a él nunca le negaría nada.
...
Subió el último peldaño que lo conduciría hacia el interior de Escorpio, donde le aguardaba un inusual clima helado. Por unos segundos se desconcertó pero, al recordar al nuevo huésped de esa casa y su disgusto por el clima cálido, dejó de soprenderle; aún de todo el tiempo, seguía sin entender cómo Camus prefería estar enterado en uno de sus famosos ataúdes de hielo que los días soleados de su natal Grecia. Caminó hacia la recámara del propietario, lugar donde suponía encontraría al santo que buscaba, se condujo por los pasillos sin titubear agradeciendo todas las aventuras vividas en el octavo templo que le permitía reconocer ese templo del mismo modo que lo hacía con el suyo.
Había ido a esa casa con una única misión: ayudar al bicho en la idea cursi que le llegó a la mente de la noche a la mañana. Al principio le resultó extraño ser él el elegido para distraer al francés, pero supuso que Camus accedería a abandonar su descanso para aclarar las cosas ocurridas entre ellos los últimos días.
Al arribar a su destino, los vellos de sus desnudos brazos cobraron vida, todo su cuerpo tenía la teoría de que con un centigrado menos Milo encontraría una nevada en su habitación. ¿Qué le pasaba a Camus? Definitivamente debía sacarlo de ese lugar a toda prisa sino quería terminar con un resfriado. La peeta estaba abierta, dejando al intemperie las tareas que el onceavo custodio realizaba, una labor titanica: limpieza en la recámara de Antares. La cama perfectamente tendida, ropa encima de ésta que posteriormente se guardaría en uno de los recién sacudidos muebles... Los ojos de Aioria se convirtieron en platos, ¿cuando había sido la última vez que encontró ese grado de limpieza en el cuarto de Milo?
─ Buenas tardes, Camus─ saludó, reprimiendo una risita que amenazaba con emerger con sólo imaginar la reacción de su amigo al ver todo "desordenado".
─ Aioria─ nombró, sosteniendo en sus manos una camiseta del griego─. Buenas tardes. Milo no se encuentra─ comenzó a doblar la prenda del mismo modo que a las demás.
─ Lo sé, vengo a verte─ Camus lo miró desconcertado por un breve instante, antes de regresar a su gélida postura, al león no le sorprendió esa reacción, después de todo, la frase utilizada puede que no halla sido la apropiada─. Quiero hablar contigo, ¿me acompañarías al Rodorio?
─ ¿No podemos hablar aquí?
─ Quiero escaparme un rato del Santuario─ se llevó una mano a la nuca y soltó una risa nerviosa.
─ ¿A Shaka no le molestará?─ levantó una ceja, inquisitivo.
─ Ay Camus, no te estoy pidiendo una cita, sólo hablaremos. Además, Shaka me la debe─ no era experto en leer las expresiones del acuariano, pero sentía cierta desconfianza. Lo más probable era que no le hubiese creído del todo, pero los dos tenían que hablar y no había otra opción mas que aceptar.
─ Por cierto, sobre tu asesinato...
─ Descuida, Shaka ya me platicó lo ocurrido y yo se lo dije a Milo─ informó con una inexplicable autosuficiencia.
─ Milo y tú no tienen remedio─ concluyó después de un breve silencio de reflexión, colocó la camiseta en la pila que ya había sido aprobadas para su acomodo─. Llevan un día aquí y ya se quieren ir.
El comentario lo descolocó, ¿Camus bromeando con él? ¿Tan culpable se sentía por matarlo? Bueno, aunque su relación llegó a los principios de una amistad, por su relación con Milo, nunca había hecho un comentario como ese. Después de pocos segundos en shock, soltó una carcajada, no podía negar esa verdad. Le cedió el pase para abandonar esa tundra en la que se había convertido Escorpio, dándole inicio al plan de Milo.
...
La noche cobijó al Santuario, fría y con aroma a mar. Nada arruinaba la perfección de la bóveda celeste, cada una de las estrellas queriendose hacer notar más que la misma luna. Saori yacía en las faldas de la estatua cuya deidad representaba en la Tierra, apreciando la belleza de cada uno de los astros, Niké descansaba en su mano izquierda siendo su brillo opacado por la oscuridad del momento.
Kanon y Shion le hacían compañía. Los tres teniendo ligeros problemas en controlar sus cabelleras, que no se oponían a acompañar al aire en una danza de pasos invisibles. No dejaban de mirar hacia lo alto, como si algo les impidiera despegar la vista de esa pintura creada por los dioses. Atenea puso especial atención al astro de mayor tamaño e inclinó ligeramente su cabeza, agradeciendo con el gesto la intervención de sus hermanos en el problema con Hécate; sabía que no lo habían hecho por ayudarla sino porque la diosa de la oscuridad ocasionó problemas en sus templos y tenían que hacerla pagar por ese atrevimiento.
─ Esta noche Acuario resplandece con intensidad. Después de todo lo que paso, me alegra que así sea─ comentó la diosa viendo dicha constelación.
─ El camino de Escorpio y Acuario ha estado marcado desde tiempos inmemorables.
─ Así es, Kanon. Pero ese camino siempre los conducía al mismo sitio: desdicha y tragedia. Nunca logrando ser felices.
─ Kardia y Dégel estuvieron a punto de alcanzar esa felicidad que siempre se les ha negado, pero al ser santos al servicio de Atenea, nuestras prioridades suelen enfocarse en otras cosas─ opinó Shion, permaneciendo a la izquierda de la diosa.
─ No por eso quiero que olviden sus sentimientos, quiero verlos felices con las personas a las que aman. Fue muy triste ver a Milo derrumbarse, creí que no podrían estar juntos de nuevo pero no fue así.
─ El destino puede cambairse, nada está trazado, la muerte es lo único seguro en la vida.
─ Estoy consciente de eso, Kanon. Al verlos lo compruebo, al ver a tu hermano y a Mu, Shaka y Aioria... Pero hay otras que parecen estar atadas a un ciclo sin fin. Por eso, quiero que experimenten toda la experiencia de vivir y que lo hagan intensamente. Tal vez no me comprendan pero es por eso que me alegra que por fin Escorpio consiguiera el amor de Acuario y ambos al fin estén juntos.
...
Ahí estaba otro más apreciando ese espectáculo nocturno, a las afueras de Acuario, Dégel se entretenía con lo maravillosa que lucía su constelación guardiana. Aunque muy en el fondo tanta tranquilidad le parecía irreal, aunque pronto ese pensamiento se rompió con la llegada del único santo al que le permitía irrumpir en esa quietud que tanto disfrutaba.
─ La próxima vez dime que el favor es para aquel─ el acuariano se giró un poco, apreciando al hombre que siempre tenía una queja en sus labios con la intención oculta de corromperlo.
─ Te dije que lo compensaré─ le hizo un gesto con el índice para que el griego terminara con toda la distancia entre ellos, éste lo hizo soltando un bufido fingiendo molestia.
Sus fuertes brazos se apoderaron de su cintura, arrimandolo a él del todo. Dégel colocó hacia un lado su verdosa melena, dejando libre parte de su cuello especialmente para el olfato de Kardia.
─ Estás caliente─ observó, sintiendo la temperatura de la piel desnuda de su amante traspasar la tela de su camiseta.
─ Me complace que tengas la confiansa de divulgar eso al aire libre─ bromeó, frunciendo el cejo del acuariano─. Acuario brilla de manera especial esta noche.
─ Creí que no sabrías otra constelación que no fuera la tuya─ inclinó su cabeza para poder verse.
─ Esas dos son las únicas que me importan─ Dégel sonrió complacido, le encantaban todas las facetas de ese caballero, desde la más salvaje hasta la más romántica─. ¿Te sabes sus nombres?─ el onceavo guardián miró hacia la misma dirección que su amante.
─ Por supuesto, yo sí puse atención a las lecciones del Patriarca─
─ Dimelas─ pidió contra el oído del otro. Los labios de Dégel se entreabrieron intuyendo hacia dónde los llevaría eso.
─ Sólo recuerda que estamos al intemperie... Sadalmelik─ comenzó─. Sadalsuud─ el aire traicioneramente lo abandonó cuando Kardia mordió su nuca─. Sadachbia─ otra en su cuello, así continuaron con cada estrella de Acuario siguiente, el escorpión robandole el aliento entre cada palabra─. Seat...─ fue el mismo quien no soportó más e invadió aquella traviesa cavidad, regresandole cada mordida dada a su cuello. Ahora con esa nueva vida, pasaría mucho tiempo antes de que se dejaran envolver por Hipnos.
...
Avanzaban por la escalinata con lentitud, disfrutando de la preciosa noche como la pareja que volvían a ser. Sin embargo, el silencio reinaba entre ambos como si fueran un par de desconocidos que aguardaba el momento de llegar a su meta para terminar con esa tortura. Camus sentía a su compañero distante, algo le preocupaba y le ocasionaba un nerviosismo que ya no podía pasarle por alto. La única razon que se le ocurría era que el escorpión se encontraba molesto por haberlo visto arribar al Santuario al lado de Aioria.
─ ¿Nuestra relación se convertira en una red de celos hacia tu mejor amigo?─ tocó el tema justo a las afueras de Escorpio, su guardián le miró incomprendiendo el por qué de esas palabras.
─ No estoy celoso─ afirmó divertido─. Aioria me comentó su deseo por hablar contigo─ mintió, él le había pedido que sacara a Camus de las Doce Casas─. Y... ¿de qué hablaron?─ preguntó intentando saciar su curiosidad.
─ Me dejo claro que sólo hay una persona a la que ama, a Shaka─ sus pies habían avanzado solo unos centímetros hacia el interior cuando Milo lo detuvo al sujetar su brazo.
─ ¿Y tú, Camus?─ le miró a la cara, ansiando la respuesta que todos sus sentidos deseaban escuchar. La única vez que el acuariano le había compartido sus sentimientos fue al borde de la guerra en la que perdió la vida, quería oírlo de nuevo pero esta vez como una promesa de un futuro juntos.
─ ¿A qué se debe esa pregunta?─ esperó pacientea contestación del griego pero no llegó, tampoco daba señales de querer asomarse. Recorrió el sendero entre el brazo ateniense hasta el cuello, reconociendo la tela de la camisa con la que Milo había decidido vestirse, cosa rara en él─. Deja esas dudas, no nos harán ningún bien─ enlazó sus manos con intención de guiarlo por el octavo templo.
Escorpio alzó su rostro, contemplando por última vez a las estrellas... ¿Era tan difícil decirle cuánto lo amaba? A pesar de que después de tanto tiempo se les permitió volver a reencontrarse, eso parecía no importarle al hombre que le sujetaba la mano.
Entraron a su templo, notó la extremidad de Camus liberar la suya, miró a su alrededor sorprendiendose también del excelente trabajo que sus amigos habían hecho, era tal y como lo imaginó, incluso mejor.
Del techo colgaban dos enormes copos de nieve puestos horizontalmente para sostener en cada vértice una vela, sólo Dégel sabría cómo logró aquello, parecían estar colgados por hilos de cristal, no podía estar del todo seguro en realidad. En las paredes permanecían pequeñas figuras hechas de hielo en forma de sol, en el centro de cada una se asomaba una vela con fuego tintinante, iluminando lo suficiente como para destacar los detalles de sus constelaciones grabadas en la capa de agua sólida que cubría las paredes. Todo estaba cubierto de hielo, excepto el piso, definitivamente había escogido bien esa camisa de manga larga, estaba seguro que a Camus no le afectaría a pesar de llevar esa ligera camiseta. Se encaminó hacia una mesa de diminutas dimensiones donde descansaba un reproductor de música. Acuario aún no salía del trance al que había sido transportado por ese lugar, recordaba aquel sueño que tuvo, en el que Milo y él eran los protagonistas... donde Milo era un príncipe que le había jurado amor hasta el final de los tiempos.
─ Milo, esto es...─ pronunció, terminando con la inspección a la que sometió al sitio.
Se encontró con el griego al mirar hacia el frente, tendiendole la mano derecha, invitantolo a compartir con él la pieza que comenzando a sonar, en una perfecta combinación de violín y piano. Ya no le importaba que ese caballero de corazón apasionado tuviera las mismas atenciones que tendría un hombre con una mujer, sólo quería estar cerca de su ser, aceptó la invitación.
Danzaron siguiendo el ritmo de la melodía, estando unidos por algo más que sus cuerpos en esa preciosa noche. Sus pasos eran acompañados por la propia danza de las llamas y por la luz de Artemisa que, chismosa, se había colado por donde pudo para husmear a los amantes. Siguieron así hasta que su anatomía no soportó más, permameciendo juntos abrazados... Después de que sus caminos estuvieran separados pero unidos a la vez, por fin se habían podido unificar por completo.
─ Sé que tu lo haces─ pronunció Camus, enfrentando a las turquesas que le habían conquistado─, pero quiero que sepas esto: te amo y te amaré hasta el final de los tiempos.
En ambos rostros se dibujó una sonrisa, la cual duró poco al fusionarse ambos labios. Disfrutaron de aquella suave exploración, los brazos se enredaron en el cuerpo ajeno deseando que nadie conociera dónde iniciaba Escorpio y dónde terminaba Acuario. Se besaron despacio, aunque demostrándose el amor que sentían el uno por el otro... Se unieron como hace mucho deseaban estarlo... Se reconocieron como si fuera la primera vez que lo hacían en siglos.
Hoy se cumple un año desde que publiqué el primer capítulo de este fanfic, quiero darles las gracias a todos los que leyeron; cada review, follow o favorite me animaba mucho a seguir publicando, especialmente en los últimos capítulos cuando pense que ya nadie lo leía.
Este fanfic lo escribí hace un par de años, posiblemente le faltó trama y redacción pero le tengo mucho cariño y es por eso que me decidí a subirlo. Espero poder subir otro nuevo fanfic.
Gracias de nuevo por su apoyo. Nos leeremos luego.
