Félix se encontraba caminando por los pasillos del colegio, un poco cansado del tumulto generado por los simios que tenía por compañeros. Unos descerebrados sin futuro. A lo lejos vio a su hermano menor, hablando de lo más bien con Chloé Bourgeois, la chica más popular y líder de las porrista y la líder de los neandertales. La odiaba con todo su ser.

Llegó al salón de la asistente escolar, si mal no recordaba era la tercera vez en la semana que iba a aquel lugar.

─Y ahí estaban, en un cuarto oscuro, podía sentir su pene bien─ se escuchaba de la voz de una mujer adulta, acompañada del sonido de sus manos viajando rápidamente por las teclas de su computador.

─Nathalie─ interrumpió el rubio, cuando se sentó frente a ella y la azabache aún no se percataba de su presencia.

Natalie soltó un suspiro y dejó atrás su escritura. Después de todo, primero era una asistente y luego se podía desvivir escribiendo pornografía.

─¿Qué hiciste ahora?─

─Lo mismo de siempre, criticar─

─Pues deberías ser como los demás adolescentes─

─Un estúpido hormonal sin neuronas, no gracias─

─Pues... bueno, inténtalo─

─Tú sabes que no lo haré─

─Lo intente, ahora puedes irte─

El rubio sonrió y se levantó, cuando iba abrir la puerta, miro de soslayo a la mujer.

─Opinó que quedaría mejor "podía sentir su majestuoso miembro, imponente"─

─¿Y cómo sabes que es majestuoso?─

─Pues es mi padre y sé que le mide veinte centímetros─

Un silencio se quedó entre ellos y la mujer comenzó a escribir frenéticamente.

─Muchas gracias por la información, puedes irte─

El rubio se fue y Nathalie comenzó armar su historia nuevamente.

─Y ahí estaban, en un cuarto oscuro, podía sentir su majestuoso miembro imponente. Gabriel era un hombre de acciones, no de palabras─

Marinette estaba perdida en la hora de almuerzo, sin saber que hacer o donde ir. Quería volver a encontrarse con aquel rubio.

─Eres nueva- dijo una morena de lentes -Soy Alya, un gusto─

─Marinette─ le dijo con una sonrisa. La chica comenzó a observar que todos se encontraban en grupos muy distintivos.

─Bueno, te presentare con que grupo juntarte y cuál no. Los allá son los matemáticos, siempre les puedes pedir ayudas con loa números. Luego están los deportistas, te recomiendo no meterte al medio de sus competencias. Luego están los artistas, aunque son algo incomprendidos. Ahí está mi grupo, somos los periodistas─

─Ya veo- la azabache vio hasta donde estaba el grupo de Adrien, quien estaba con un moreno, una castaña y una rubia -¿Ellos que son?─

─Ah, son los populares. Es imposible acercarse a ellos─

─Pero ¿Por qué?─

─Porque la reina haría un drama si alguien se sale de su querido grupo. Me refiero a la rubia Chloé Bourgeois, es odiosa y además está interesada en Adrien Agreste. Y el rubio, bueno también está interesado en ella. O eso se dice─

─No puede ser─ se lamentó la azabache, viendo a lo lejos Adrien, quien se reía con Chloé.

─Te gusta─

─Y mucho, pero a él le interesa a ella─

─No hay problemas, tan sólo acércate a él. Podrías ser su tutora─

─Pero ¿de qué? No soy buena en física o matemáticas. Biología soy un asco y Lenguas... ni hablar. Tan sólo se me da el arte y diseño─

─Tienes suerte. Adrien es pésimo en artes, sólo debes ofrecerle ser su tutora y luego podrían salir algún día, pues a una fiesta─

La azabache tan sólo le salto encima para abrazarle. Era la mejor noticia que pudo haber recibido, estaba segura que aquel chico algún sería su novio.