2 – LAGUNAS
Booster no tiene ni idea de qué hora es. No sabe cuánto tiempo ha estado ahí tumbado. Ni siquiera está seguro de por qué está tumbado, y sabe que eso debería preocuparle, pero en estos momentos nada parece tener mucho sentido. Le duele el estómago, le duele la espalda, y hay sangre en sus labios, pero ningún corte. ¿Y dónde está su ropa?
Intenta encontrarle un sentido a todo aquello, pero cada vez que lo hace le duele la cabeza. Y no parece que valga la pena el esfuerzo, especialmente cuando lo único que consigue es una vaga noción de algo muy malo y una voz lejana diciéndole que todo va bien.
Claro, piensa, ¿cómo no?
XXX
Alguien pronuncia su nombre y hay unas manos en su cara, inclinando su cabeza, explorándola. Su visión sigue siendo borrosa; cuando se esfuerza en centrarla, lo más que consigue es distinguir la silueta de alguien y el contorno brumoso de un cabello castaño antes de que las náuseas le hagan apartarse bruscamente. No está seguro del porqué, pero todos sus instintos le gritan que salga de ahí, o que luche, o lo que sea. Pero esos gritos están amortiguados, como todo lo demás en esos momentos. Se conforma con intentar fundirse en la almohada.
—Booster —repite la sombra borrosa con voz preocupada—. Vamos, colega, espabila…
Siente un pulgar recorrer sus labios y eso es demasiado. Retrocede atropelladamente y se sienta, con el corazón desbocado. El pánico tiene su forma de aclarar los sentidos, y cuando vuelve a parpadear no ve una sombra frente a él, sino a Ted, sentado al borde de la cama, con una expresión que muestra casi tanta agitación como la que Booster siente.
—Tranquilo —dice, levantando las manos en son de paz—. Vale, vale, sólo soy yo… Jesús, Booster, ¿qué ha pasado?
Le duele algo y no sabe qué, del mismo modo en que no sabe cómo acabó ahí. Se frota las sienes con fuerza, intentando disipar el feroz dolor que le produce intentar comprender. Al final, todo lo que puede decir es "No lo sé" y a Ted se le corta la respiración.
—¿Puedes sentir algo? —pregunta, vacilante—. Alguna herida, quiero decir. Hay sangre, pero no puedo… No veo de dónde sale…
Booster se pasa la lengua por los labios y nota un regusto a cobre; eso hace que su estómago dé otro vuelco y se tambalea, tragándose las oleadas de nauseas. Al instante, la mano de Ted se apoya en su hombro, cálida y firme. No lleva el traje, sino una camisa… No, comprende Booster, mirándolo mejor. No, es una camiseta; ¿en qué estaba pensando?
—¿Booster?
Sacude la cabeza, intentando despejarla.
—Sí. No. No… Creo que no.
Eso es cierto sólo a medias, pero no tiene sentido decirle a Ted "algo se ha roto" cuando ni siquiera puede imaginar qué es.
—¿Qué haces tú aquí? —pregunta, con lo cual no pretende ser grosero, pero es lo lógico. No han hablado civilizadamente desde que Booster se fue. Ahora que lo piensa, hay algo realmente incómodo en toda esta situación, dadas las circunstancias (sobre todo la parte en la que Booster está en la cama, desnudo), pero ése es otro de esos pensamientos sobre los que no se atreve a profundizar, porque le producen dolor de cabeza.
—Si te soy totalmente franco, venía a gritarte —admite Ted—, y no le habías echado la llave a la puerta, así que…
Parece como si estuviera intentando sonreír, pero no lo consigue. Repentinamente sus ojos se clavan en el hombro de Booster, y éste intenta en vano girar la cabeza para ver qué ha atraído su atención. La expresión de Ted oscila entre la confusión y algo más a lo que Booster no puede dar nombre. Finalmente, vuelve a hablar con voz tensa.
—¿Te ves con alguien?
Booster parpadea.
—¿Qué?
—¿Tienes un…? —Ted se ruboriza hasta las orejas. Indica con un gesto de la cabeza aquello que Booster no consigue ver—. Por Dios, Booster —su voz suena herida—, no tardaste mucho en…
—No —lo interrumpe Booster en cuanto su mente capta las implicaciones de lo que está diciendo Ted—. No me veo con nadie. En serio, ¿qué haces…?
Ahora le toca callar a él, porque al tocarse el hombro lo siente dolorido, como si allí hubiera un hematoma, excepto por las marcas con forma de dientes, y un fogonazo atraviesa sus sentidos y…
—Oh, Dios —musita, y se lanza fuera de la cama.
Apenas llega al baño, cae de rodillas sobre las frías baldosas y su mente vuelve a irse a millas de distancia. Cuando vuelve en sí, está encorvado y tembloroso. La mano de Ted traza lentos círculos en su espalda.
—Joder, Booster —dice, pero en su voz no hay rabia, sólo preocupación—. ¿Qué diablos está pasando?
Booster alza los ojos hacia él y encuentra algo indescriptiblemente reconfortante en el azul de sus ojos. Luego, vuelve a bajar la cabeza.
—No lo sé.
XXX
Resulta que no importa que no pueda ofrecerle una respuesta mejor; Ted aún lo ayuda a ponerse en pie, y espera cerca mientras él se cepilla los dientes y elimina la sangre y el sudor de su cara. Cuando Booster acaba de lavarse, él ya incluso ha registrado su cómoda y sacado una camiseta y unos calzoncillos, y Booster musita un "gracias" cuando se los tiende. La desnudez nunca le ha molestado, pero, por alguna razón, en estos momentos se siente diez veces mejor estando aunque sólo sea medio vestido. Vuelve a sentarse al borde de la cama y, al cabo de un rato, Ted se une a él. Se sobresalta al sentir en su espalda la mano de Ted, y se pregunta en silencio por qué.
—Vale —empieza Ted, tanteándolo—. ¿Qué es lo último que recuerdas?
Booster no quiere recordar, su cabeza ya está latiendo, pero hace cuanto puede.
—Max —dice al fin.
La sorpresa de Ted queda escrita en toda su cara.
—¿Max?
—Sí. —Está bastante seguro de que su estómago ya está vacío a estas alturas, pero aún nota sus protestas. Intenta ignorarlas—. Paso por aquí, quería… Dijo que quería ver qué tal me iba.
—¿Y?
—Y luego se fue —dice Booster. Las palabras surgen con extraña facilidad; lo primero en toda esta situación que no le ha supuesto un combate mental—. Y luego, no sé más.
—¿No recuerdas nada más? —insiste Ted.
Pero Booster lo ha intentado. Siente que va a desmayarse si continúa, y sacude la cabeza hasta que Ted suspira y le da unas palmaditas en la espalda.
—Vale, vale… No te habrás emborrachado y… —Mira su reloj—. Las cuatro de la tarde, ¿no?
Booster lo mira y Ted ladea la cabeza con una sonrisa forzada.
—Una broma. Sólo una broma. Lo siento, lo sé, no tiene gracia.
—Está bien —dice Booster sin pensar, porque, aunque haya sido un terrible intento de broma, ése era Ted en toda su esencia, y echaba eso de menos.
Ted parece sorprendido. Luego, su expresión se suaviza y aparta la mirada.
—En cualquier caso, supongo que podríamos hacer que J'onn o alguien venga a echarte un vistazo —continúa, dando un suave golpecito en la cabeza de Booster—. Ver lo que está pasando ahí dentro.
Por motivos que Booster es incapaz de explicar, la idea le llena de un pavor indescriptible. La misma profunda compulsión que le urge a dejar de buscar, a dejar de intentar recordar, se opone violentamente a cualquier ayuda externa. Es ridículo y probablemente peligroso, pero una gran parte de él no quiere saber, y no sabe por qué. Pero decirle eso a Ted sólo lo preocuparía, y es bastante obvio que ya está bastante preocupado. Tampoco puede dejar de mirar el hombro de Booster, incluso con las marcas ahora medio ocultas por la camiseta.
—Lo he dicho en serio —dice Booster, sintiendo la repentina necesidad de hacerlo—. No me estoy viendo con nadie.
Al principio Ted frunce el ceño, pero luego sus ojos se vuelven un poco más cálidos y asiente.
—Te creo. —Vuelve a esbozar esa sonrisa—. Probablemente te atacó un vampiro o algo así.
—No es lo bastante raro.
—¿No?
—Un vampiro extraterrestre, quizá.
—Un vampiro extraterrestre zombi.
—Probablemente eso.
La risita de Ted es breve pero sincera, y Booster quiere envolverse en ella hasta que su cabeza, su espalda y todo lo demás deje de doler. Pero está bastante seguro de que renunció a ese derecho cuando se fue, así que se limita a encorvarse, apoyando los brazos sobre las piernas.
—¿Y sobre qué has venido a gritarme?
—¿Qué?
—Dijiste que habías venido aquí a gritarme.
—Ah, sí. —Ted se encoge de hombros—. Ya sabes… Abandonar el equipo. Venderte totalmente. Esas cosas.
—Vaya, no ha sido tan duro —comenta Booster, y Ted ladea la cabeza.
—Creo que ya has tenido un día bastante malo —dice, palmeándole la espalda—. Vampiros extraterrestres zombis y todo. Puedo gritarte más tarde.
Booster no sabe bien qué decir, así que opta por un "gracias" y se sientan en un cómodo silencio durante un rato. Finalmente, Booster siente que tiene que decir algo, lo que sea, así que suelta lo primero que se le ocurre.
—Echo de menos esto.
Ted cierra los ojos.
—Yo también.
Durante unos minutos no dicen nada más; luego, la mano de Ted sube hasta su hombro, lo frota con cariño y una sensación de déjà vu apuñala a Booster, haciéndole apartarse bruscamente. No puede explicar por qué, ni siquiera ante la expresión confusa de Ted, ni siquiera cuando Ted se remueve torpemente y aparta la mirada, diciéndole:
—¿Estarás bien?
—Claro —dice Booster, más por hábito que otra cosa.
Ted se queda un rato más. Fiel a su palabra, no le grita a Booster. Pero tampoco le pide que vuelva, y Booster no saca el tema.
