3 – REPARACIONES

Después de la completa locura que ha sido todo, tener a Booster de vuelta en el equipo es lo único que parece tener sentido. Honestamente, Ted había planeado seguir enfadado con él, guardarle ese bien merecido rencor durante al menos un poco más de tiempo. Pero entonces habían estado en el Bicho, con Booster esforzándose de veras y prometiendo cualquier cosa con tal de tener otra oportunidad, y Ted… Ted nunca había sido capaz de negarle nada.

Así que allí están, cuando el resto de la Liga finalmente ha empezado a dirigirse a sus respectivos dormitorios, y nadie alza siquiera una ceja cuando ambos se encaminan a la habitación de Ted.

Pero algo va mal.

Ted tiene sujeto a Booster contra la puerta del dormitorio, intentando besarle hasta robarle el sentido, y normalmente habría esperado que Booster estuviera disfrutando cada instante. Pero esta noche está distante, respondiendo (cuando lo hace) como si tuviera puesto el piloto automático, hasta finalmente Ted suelta un bufido y se aparta.

—Vale, en serio, háblame. ¿Qué está pasando? Pensaba… —Y duda, preguntándose si ha malinterpretado algo.

Sería imposible a estas alturas, piensa; después de todas sus discusiones, él y Booster se conocen el uno al otro mejor que nadie. Booster ha pasado la mayor parte de la noche bromeando sin parar, sonriéndole, enviándole todas las señales que indican que ya es hora de seguir donde lo habían dejado, en el idioma de Booster y Ted. Sólo que ahora, cuando Ted intenta realmente hacer algo, se ha vuelto distante. Por un segundo, Ted ve en sus ojos el mismo vacío que vio hace unas semanas, cuando Booster apenas parecía conocer su propio nombre, por no hablar de lo que quería.

Es algo fugaz, pero es suficiente. Ted deja de sostenerse sobre la punta de los pies, coge a Booster de la mano y lo guía hacia la cama. Al principio, Booster se queda helado; luego lo mira con expresión culpable y lo sigue, sentándose junto a él.

—Booster —prueba de nuevo, tomando su rostro entre las manos, intentando obligarlo a mantener un poco de contacto visual para anclarlo al presente—. Vamos, camarada. Háblame. Por favor. Sé que ha pasado tiempo, pero…

—Quiero hacerlo—lo interrumpe Booster. Suena casi desesperado. Es un tono tan impropio de él que Ted experimenta un escalofrío—. Te juro que quiero hacerlo, Ted.

—Vale —dice Ted sin alzar la voz, intentando encontrar respuestas en los ojos de Booster—. Yo también, pero no estás conmigo en estos momentos, ¿verdad?

Como era de esperar, la mirada de Booster comienza a nublarse, y Ted le da unas palmaditas en la mejilla, intentando traerle de vuelta.

—Eh. Booster. Mírame.

Booster parece estar luchando; parece intentar realmente seguir las palabras de Ted, y hay una arruga en su frente que lo demuestra, pero no parece estar ganando la batalla. Ted prueba una táctica diferente.

—Dime en qué estás pensando.

Booster sacude la cabeza.

—No… no lo .

Tendrá tanta paciencia con Booster como sea necesaria, pero esto no está yendo a ninguna parte; Ted respira hondo y le aparta con aire ausente el pelo de la frente, echándoselo a un lado. Es la interrupción en la respiración de Booster lo que llama su atención, y cuando lo mira, Booster lo está contemplando con una expresión indescriptible, una mezcla de dolor, ansiedad y pura confusión que oprime el pecho de Ted.

—¿Qué? ¿Qué pasa? —lo apremia, escrutando el rostro de Booster mientras lo sujeta por los hombros—. ¿Booster?

Booster se estremece con violencia y sacude la cabeza.

—Es que no puedo…

Aparta bruscamente la mirada y Ted puede ver cómo intenta reunir fuerzas, recuperar el control. El inesperado beso de Booster, torpe y demasiado vehemente, lo pilla desprevenido. Ted lo deja hacer por un momento, manteniendo los labios relajados mientras le acaricia el pelo. Pero no se sorprende cuando Booster finalmente se queda helado y aparta la cabeza.

—Joder —susurra.

Ted hace lo que puede para tranquilizarlo, aunque resulta complicado sin saber qué es lo que está intentando superar. Es reacio a preguntar, pero al final va a tener que hacerlo.

—Booster —dice, esperando a que vuelva a establecer contacto visual—. ¿Sigues sin recordar nada de lo que ocurrió?

Ha pasado un tiempo, pero no necesita ser concreto; Booster sacude la cabeza y aparta la mirada.

—Sigo intentándolo, es sólo que… es como si hubiera un muro en mi cabeza y no puedo…

Un muro.

Ted siente ganas de abofetearse por no haberlo comprendido antes.

Debería haber sido obvio; no tendría que haber hecho falta que Booster lo dijera con tanta claridad. No después de lo que ya habían vivido. De lo que Ted vivió. Respira hondo.

—Booster, ¿recuerdas Bialya?

—¿Bialya? —Booster frunce el ceño, confundido. Luego, la comprensión se abre paso y todo el color abandona su rostro—. Oh, Dios, no creerás que…

Parece estar al borde del pánico. Ted apoya una mano en su espalda y continúa acariciándole el pelo con la otra.

—Creo que alguien no quiere que sepas qué ocurrió, eso es todo.

Booster le había contado más tarde, a su manera demoledoramente franca, lo aterrador que había sido: ver a Ted completamente trastornado y preguntarse constantemente si habría vuelto a ser él mismo o seguiría llevando la misma silenciosa bomba de relojería en alguna parte de su cabeza.

—Deberíamos hablar con el Doctor Destino o… Kent, Nabu, o como se llame ahora, él puede…

—No.

—¿Qué?

No —repite Booster. Se siente tan tenso que podría romperse—. No quiero.

—Vamos —insiste Ted—, necesitamos saber…

—Más tarde.

Ted escruta su rostro. No habla en serio; Booster no tiene intención de hacerlo más tarde, no más de lo que planea hacerlo ahora. Y eso es una pésima idea, un riesgo tremendo; la última vez que alguien empleó esta treta con ellos, Ted estuvo a punto de matar a Max antes de que se dieran cuenta de que algo iba mal. No puede soportar la idea de volver a pasar por eso; la idea de que Booster pase por eso.

Por supuesto, Ted aún recuerda lo que vino después. Recuerda alejarse de todo; acabar perdido en el laberinto de su propia mente. Incluso cree recordar la voz de Booster, en alguna parte, diciéndole que siguiera luchando. Lo que más recuerda es el dolor y el inconfundible terror de sentirse fuera de control, y en este momento Booster parece a punto de salir corriendo por la puerta, con los puños tan prietamente cerrados sobre las rodillas que tiene los nudillos blancos.

—Vale —dice con voz queda, y siente cómo se aligera la tensión en la espalda de Booster—. Vale. Más tarde.

Booster asiente, musitando un "gracias". Aún parece estar a un millón de millas de allí, y Ted se siente atenazado por la necesidad de hacerlo mejor, de llevarle a casa y ayudarle a superarlo. Pero no sabe cómo, hasta que Booster se remueve inquieto y dice:

—Te echaba de menos.

Ted está bastante seguro de que eso significa que no quiere seguir hablando del tema, y no puede reprochárselo. Rodea los hombros de Booster con un brazo y lo atrae hacia sí, y Booster se inclina sobre él como si estuviera exhausto.

—Yo también te echaba de menos, colega.

Ted no dice que aún extraña a Booster, que el guiñapo tembloroso que tiene entre sus brazos apenas le recuerda a su mejor amigo. Quizá pueda hacer algo al respecto, piensa, y desliza el pulgar sobre el pómulo de Booster.

—¿Sabes que no he tenido a nadie con quien discutir en todo este tiempo?

Booster desvía la mirada y luego vuelve a mirar a Ted, mordiéndose los labios para reprimir una sonrisa.

—No iba a decir nada.

—Oh, por favor. Sí que ibas.

Eso hace aparecer la sonrisa de Booster, y, aunque resulta vacilante, es tan, tan bueno verla...

—Bueno, más de donde agarrar, ¿vale? —bromea.

Ted no puede contener un gemido, y eso hace reír a Booster, que lo agarra por los costados. En cualquier otro momento Ted le habría dicho que lo dejara, porque es bastante consciente de su sobrepeso, pero Booster por fin vuelve a estar ahí. Lo soportará. Con una gran sonrisa se lanza hacia Booster y lo tumba de espaldas sobre la cama, y Booster lanza un grito de sorpresa que Ted ahoga rápidamente con un beso. Al principio va bien. Luego siente cómo la tensión empieza a apoderarse nuevamente de Booster, el modo en que sus manos titubean cuando intentan elevarse para abrazar a Ted. Él actúa de inmediato, invirtiendo sus posiciones, y parece que eso ayuda. Cuando Booster lo había besado antes, se trataba de una descarada distracción o un intento de demostrar algo. Ahora está besando a Ted en serio, y Ted se arquea y desliza las manos por su pelo. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lo hicieron, e incluso cuando estaba realmente enfadado con él (y lo estuvo, estuvo furioso durante un tiempo), Ted nunca dejó de añorarlo.

Booster lo hace mejor ahora que está al mando, así que Ted le deja llevar las riendas; deja que Booster le quite la camisa y bese su cuello. No puede evitar que sus caderas comiencen a oscilar lentamente contra las de Booster (en serio, ha pasado demasiado tiempo), pero a éste no parece importarle en lo más mínimo; sólo sigue frotándose contra Ted, jadeando su nombre contra su piel. Cuando Booster mete un muslo entre los suyos y se restriega contra él, Ted tiene que obligarse a recordar que hay gente durmiendo en las otras habitaciones, y se muerde los labios con fuerza para reprimir sus gemidos. Araña inútilmente las costuras del traje de Booster, y éste ríe; Ted puede sentirle alargar los brazos para quitarse la parte de arriba. Luego vuelve a inclinarse para besar a Ted…

…y de pronto se queda rígido y se retira bruscamente.

Desconcertado, Ted abre los ojos y Booster… Boster tiene nuevamente esa expresión, aterrorizada y confusa. Se lame los labios despacio y Ted comprende que se estaba mordiendo los suyos con demasiada fuerza; hay una mancha de sangre en la boca de Booster, y Ted nota su sabor allí donde los dientes abrieron la piel. Booster se estremece.

—Está bien —se apresura a decir Ted, limpiándose la boca y recorriendo con las manos el pelo de Booster. No quiere volver a perderlo, no ahora, no cuando parecía que todo había vuelto a la normalidad—. Está bien, Booster, sigue conmigo, vamos.

—Lo intento —dice Booster con los dientes apretados.

Ted, desesperado por mantenerle entero, se arquea para frotar la nariz contra su cuello, plantando firmes besos por debajo de su oreja y deslizando sus manos por la espalda de Booster mientras sigue susurrando "Está bien, está bien", hasta que Booster finalmente empieza a relajarse otra vez. Se tensa por un segundo cuando Ted intenta quitarle el resto de la ropa, así que éste desiste y deja que Booster vuelva a marcar el ritmo, esperando su momento antes de despojarse solícitamente de sus mallas y de los calzoncillos que lleva debajo con un contoneo. Con sobrepeso o sin él, siempre se siente cómodo con Booster, incluso desnudo; sólo desea que Booster también vuelva a sentirse igual. Sigue habiendo un fino barniz de tensión subrayando cada uno de sus movimientos, así que Ted murmura palabras tranquilizadoras contra su garganta y se mece contra él, envolviendo sus hombros con los brazos. Cuando la mano de Booster se introduce entre ambos, es él quien emite un suave gemido ahogado y deja caer la cabeza.

—Ted —suplica, y Ted lucha por concentrarse en el calor de la mano de Booster, grande y demasiado suave en torno a él—. Ted… Háblame…

—¿Hablarte? —repite Ted, reteniendo la respiración con un jadeo al animarse bajo el contacto—. ¿De qué, Booster?

—De lo que sea. —Booster entierra la cara en el hombro de Ted y lame el sudor de su piel—. De lo que sea, sólo…

—Vale —jadea Ted—. Vale. Hum. T-te extrañaba de veras —empieza, porque eso es lo único que se le ocurre en ese momento. Booster se acerca más; eso parece una buena señal, así que Ted deja caer la cabeza y continúa—. A… al principio estaba… estaba muy enfadado, era como si nos hubieras dado la espalda a todos…

—Lo siento —susurra Booster, y hace algo con el pulgar que hace que Ted ponga los ojos en blanco.

—Dios, Booster, ya está bien —murmura—. Sólo… me alegro de que hayas vuelto. —Y lanza un gemido cuando Booster vuelve a hacerlo—. F-fóllame, Booster, fóllame.

Booster contiene la respiración; por un segundo Ted se pregunta si ha encontrado otro punto sensible, algo que no puede tocar hasta que esté arreglado. Pero entonces Booster lo besa intensamente, y se despoja de la parte inferior de su traje. Ted no deja de mirarlo todo el tiempo, luchando por recuperar el aliento mientras ve a Booster coger el lubricante y aplicárselo. Quiere agarrarlo y tocarlo por todas partes, pero Booster parece tan frágil en estos momentos que tiene miedo de intentarlo. Así que se limita a aferrar las sábanas incluso cuando Booster lo prepara gentilmente, introduciendo los dedos de uno en uno, hasta que no puede aguantarse más y aferra su hombro.

Por favor.

No se había dado cuenta de lo mucho que había deseado este regreso hasta que Booster empieza a mecerlo contra la cama, con fuerza y sin pausa. Todo lo que Ted puede hacer es aferrarse a él, arqueándose con cada embestida, y disfrutar con el sonido de la respiración jadeante de Booster. Es demasiado para mantener los ojos abiertos, pero se las arregla el tiempo suficiente para ver a Booster contemplando su rostro con algo intenso y real en su expresión.

—Pensaba… —susurra Booster; Ted se esfuerza por seguir su voz sin que la acalle el placer que lo inunda—. Pensaba que tú… seguiste adelante. Que dejaste de pensar en mí... después de que me fuera.

Ted lo mira incrédulo, hasta que una de las embestidas de Booster llega hasta el fondo y hace que sus ojos se cierren con un aleteo.

—O-oh, Dios. No. Booster, nunca, nunca, ¿por qué pensaste eso? —jadea.

El ritmo de Booster vacila.

—Yo… —Y Ted piensa "Oh, no, por favor, ahora no"—. Creo que… alguien me lo dijo —logra decir con expresión perpleja.

Ted no puede imaginar quién. Y, en estos momentos, no le importa. Sólo se acerca más a él, atrapando el rostro de Booster con las manos y juntando sus frentes.

—Pues alguien mintió.

Booster sonríe y vuelve a alcanzar a Ted, y unas cuantas embestidas después éste se está corriendo, con el nombre de Booster en sus labios como un mantra. Aún se siente volar cuando Booster se estremece hasta detenerse, jadea y finalmente se derrumba sobre él.

Yacen así durante largo rato, hasta que el peso de Booster comienza a producir calambres en las piernas de Ted, pero éste no se atreve a soltarlo, no se atreve a dejar de acariciar su pelo o frotar su espalda. Booster sigue aferrado a él, y Ted deposita besos pausados en su cabeza.

—Eh.

—¿Sí?

—¿Estás bien?

Booster asiente contra su hombro.

XXX

A la mañana siguiente, Booster es más él mismo de lo que Ted ha visto en semanas. Gimotea por tener que levantarse y golpea a Ted con la almohada cuando éste intenta obligarle a salir de la cama, y sólo accede cuando lo soborna con la promesa de una ducha juntos (de la clase que acaba con Ted luchando por permanecer de pie mientras Booster se relame y mira hacia arriba con una sonrisa). Intercambian chistes malos durante el desayuno, sonríen a las cámaras…

Todo parece tan perfecto, tan tremendamente normal, que Ted no tiene valor para sacar a colación nada de lo que ha ido mal. No lo ha olvidado; probablemente nunca olvide el modo en que Booster lo miró en aquel apartamento. Pero el día transcurre sin incidentes, y así, otro, y pronto esas pequeñas dudas que Booster se lleva a la cama disminuyen hasta desaparecer. Pronto, las únicas veces en las que Ted piensa en el misterioso episodio de Booster se convierten en momentos fugaces, momentos que se van difuminando en el cómodo patrón de su vieja rutina. A veces acude a su cabeza, como cuando está pensando en lo bueno que es tener a Booster de regreso… y no sólo de regreso, sino feliz de perder una mañana entera en la cama con él, tonteando indolentemente como un par de críos.

Pero todo parece haber ocurrido hace mucho tiempo. Besa a Booster una vez más antes de dirigirse a la embajada, y él sonríe.

Hace un día precioso, piensa.

FIN