Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 2

ALICE POV.

Cuatro días. Ya habían pasado cuatro días desde el accidente y Bella aún seguía inconsciente, el doctor nos ha dicho que en cualquier momento podría reaccionar y que sólo nos queda esperar, pero... ¿cuánto más debemos esperar?

Seguí mi camino hasta la habitación de Bella, donde está mi tía Renée, es increíble como ella es quién no se ha separado de mi hermana en ningún momento y, nuestra madre, sólo viene a preguntar como sigue. Y en ocasiones ni siquiera se aparece por acá, llama por teléfono.

—¿Qué haces aquí? —James estaba por abrir la puerta de la habitación de Bella y al escuchar mi voz se sobresaltó.

—Sólo quiero verla Alice, por favor —respondió con voz afligida y suspiré pesadamente.

—Dale gracias a Dios, que fui yo quien te vio y no Emmett. Entra, pero sólo unos minutos —me sonrió agradecido y ambos entramos a la habitación.

Al vernos entrar tía Renée se levantó de la silla que estaba junto a la cama de Bella y James tomó su lugar, acarició con ternura la mejilla de mi hermana y besó su frente susurrándole una y otra vez que lo perdonara y cuanto la amaba. Verlo así, me hizo darme cuenta de que tal vez Emmett y yo estábamos equivocados y que él de verdad quiere a Bella, mi tía y yo permanecimos en silencio y alejadas en un rincón de la habitación, dándole un poco de privacidad, pero mi hermano no tardaba en volver y si veía a James aquí armaría todo un problema.

—James, Emmett está por volver y no le hará gracia verte aquí. Lo mejor es que te marches —suspiró y asintió.

—Gracias por dejarme verla, Alice —dejó un casto beso en los labios de mi hermana y salió de la habitación con los ojos aguados.

—Ese chico realmente quiere a tu hermana —susurró tía Renée y yo suspiré.

—Sí, y es una pena que haya tenido que ocurrir esto para que me diera cuenta —susurré con tristeza y tía Renée me abrazó para reconfortarme—. ¿Hasta cuándo va a estar así? ¿Cuándo va a despertar? Quiero a mi hermanita de vuelta.

—Confiemos en que pronto despierte cariño y... —tía Renée se quedo callada y ambas centramos nuestra atención en Bella que se comenzó a mover inquieta—. Voy a llamar al doctor.

Me apresuré a acercarme hasta la cama y tomé la mano de Bella entre las mías, poco a poco fue abriendo los ojos y parpadeó unas veces acostumbrándose a la luz, cuando ella abrió los ojos me sentí la persona más feliz de la tierra y un par de lágrimas rodaron por mis mejillas; llevó torpemente su mano hasta la manguerilla del oxigeno, la cual trató de quitarse, pero yo la detuve.

—No lo hagas, el doctor ya viene... ¡ay Bella despertaste! —ella me miró confundida y yo acaricié su cabello.

—¿Q-qué me p-pasó? —me preguntó con voz ronca recorriendo con la mirada el lugar.

—James y tú tuvieron un accidente.

—¿Cómo está James? ¿Él está bien? —me preguntó alterada y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Tranquila Bells, él está bien, de hecho se acaba de ir hace unos minutos. Sólo tiene algunos golpes y moretones pero no es nada grave —la tranquilicé y suspiró aliviada por mis palabras.

—Señorita Swan salga por favor —me pidió el doctor entrando a la habitación seguido de una enfermera.

Le di un apretón a la mano de mi hermana y salí como el doctor me lo pidió. Fui hasta la sala de espera donde me encontré con tía Renée que caminaba de un lado a otro nerviosamente, le expliqué que el doctor me había sacado y nos fuimos a sentar. Unos minutos después Emmett y Charlie llegaron al hospital y, en cuanto los vi, corrí hasta ellos para darles la buena noticia.

—¡Bella despertó! —medio grité con una sonrisa en mis labios.

—Gracias Dios —murmuró Charlie aliviado.

Les expliqué que el doctor estaba con ella y que por ahora no la podíamos ver, casi quince minutos después el doctor nos dijo que Bella estaba bien, sólo un poco confundida y desorientada por los días que estuvo inconsciente y que podíamos pasar a verla, pero que tratáramos de no alterarla. Entramos los cuatro a la habitación, Emmett le riñó por habernos asustado como lo hizo, pero cuando Bella se disculpó, Charlie le dijo que ella no tenía la culpa de nada y que lo importante era que ella estuviera bien.

—¿Cuándo podré irme de aquí? Odio los hospitales, además, ¿quién le va a ganar a Emmett en la X-box? —dijo en tono bromista, pues tanto ella como yo eramos un desastre en ese tema.

—No sabemos, pero hablaré con el doctor —le dijo Charlie con una sonrisa y ella suspiró.

Bella se trató de mover buscando una mejor posición y de pronto su ceño se frunció, fijó la mirada en sus piernas y comenzó a respirar agitadamente, volteé a ver a mi padre con los ojos llenos de lágrimas, ya se había dado cuenta.

—Mis piernas... no siento mis piernas. ¡No las siento y no puedo moverlas! —gritó y de sus ojos comenzaron a caer incontrolables lágrimas.

—Bella, hermanita tranquilizate, te vas a lastimar —Emmett la sujetó con delicadeza al ver que comenzaba a retorcerse en la cama sin dejar de gritar y llorar.

Yo me quedé en shock, no sabía cómo reaccionar o qué hacer, solamente veía como mi tía y Emmett trataban de tranquilizar a Bella, y Charlie había salido en busca del doctor. No fui consciente de cuánto tiempo pasó, sólo sé que de pronto el doctor entró rápidamente y le dijo a una enfermera que suministrara algo en la vía del suero de Bella.

Emmett se acercó a mí y me llevó fuera de la habitación, no pude contenerme más y me derrumbé en brazos de mi hermano que trataba, inútilmente, de consolarme; mientras en mi cabeza se repetía una y otra vez una sola pregunta: ¿por qué ella?

.

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BELLA POV.

¿Cómo es que mi vida había dado este giro? Aún no logro aceptar que no podré cumplir todos mis sueños, que no volveré a estar en una competencia, que no podré siquiera salir a dar un simple paseo por el parque, como en tantas ocasiones lo hice con James; no más largas y cansadas horas de compras con Alice y Tanya... ahora estaría atada a una maldita cama o a una silla de ruedas.

—Ya está —la voz de Alice me sacó de mis pensamientos.

Hoy podría volver a casa y tanto Alice como tía Renée me ayudaron a vestirme, otra cosa que no podría hacer de nuevo yo sola. Después de unos minutos entraron a la habitación Emmett y Charlie con una enfermera que empujaba una silla de ruedas, al verla inmediatamente mis ojos se llenaron de lágrimas y la histeria se apoderó de mí, yo no quiero usar una silla de ruedas, no quiero y no puedo.

—No quiero usar esa silla de ruedas... por favor... no me hagan usarla —les supliqué con voz ahogada por el llanto.

—Señorita pero...

—Llévese la silla —interrumpió Emmett a la enfermera y se acercó a mí—. Tranquila pequeña, sino quieres usarla está bien, nadie te va a obligar ¿ok? —acomodó un mechón de mi cabello tras de mi oreja y yo asentí.

—Quiero irme de aquí Emm —susurré bajito y él asintió.

Me tomó en sus brazos cargándome al estilo novia, yo escondí mi rostro en el hueco de su cuello y me sacó del hospital, me llevó hasta su Jeep y me dejó con delicadeza en el asiento del copiloto, me puso el cinturón de seguridad y besó mi frente. El camino hasta casa fue en completo silencio, al llegar mi hermano me llevó en brazos hasta mi habitación y le pedí a mi familia que me dejaran sola, ellos aunque no muy convencidos terminaron saliendo de la habitación.

Estiré mi mano hasta tomar una de las fotografías que estaban sobre mi mesita de noche, en ella aparecíamos James y yo abrazados, la fotografía la tomó Tanya en una de las tantas escapadas que nos dábamos al Central Park: ella para ver a Alec y yo a James; acaricié la imagen con nostalgia y un par de lágrimas rodaron por mis mejillas.

Me quedé contemplando la fotografía por no sé cuánto, levanté la mirada y mis ojos se toparon con el estante donde estaban los trofeos y medallas que gané a lo largo de los años que tenía como gimnasta. No aparté la mirada del estante, por largo tiempo recorrí con la mirada todos y cada una de los trofeos que ahí se encontraban sin dejar de llorar; grabándolos en mi memoria, viéndolos por última vez, fue hasta que resonaron unos suaves golpes en la puerta que aparté la mirada y me apresuré a limpiar mis lágrimas.

—Adelante —dije y mi tía entró a la habitación con una charola en sus manos.

—Te traigo algo para que comas cariño, es tarde y no has comido nada.

—No tengo hambre tía —susurré y tras suspirar dejó la charola sobre la mesita de noche y se sentó junto a mí.

—Bella tienes que comer algo, te preparé tu plato favorito —negué un par de veces y no insistió más.

Besó el tope de mi cabeza y se levantó de la cama, tomó la charola y caminó hasta la puerta, pero antes de que saliera la detuve.

—Tía, ¿podrías decirle a alguien del servicio que suba? Quiero que saquen unas cosas de aquí —ella asintió y sin decir nada más salió de la habitación.

Unos minutos después mi tía volvió con una de las muchachas y traían varias cajas, les pedí que guardaran los trofeos y medallas, así como todo el vestuario que usaba para las competencias, las fotografías que había en mi habitación... en fin, todo lo que me pudiera recordar lo que fue mi vida hasta antes del accidente. Antes de sacar las cajas mi tía me preguntó qué quería que hicieran con las cosas, le dije que se deshicieran de ellas, que podían regalarlas, tirarlas, quemárlas; lo que fuera, pero no quería volver a verlas.

Por la noche Alice vino a mi habitación, trajo un plato de galletas con chispas de chocolate y un vaso de leche para cada una, como cuando eramos niñas. Me estuvo contando de unos nuevos diseños en los que estaba trabajando, Alice estaba a unos meses de graduarse como diseñadora de modas y tenía planeado abrir su propia boutique después de graduarse. Me mostró un par de sus bocetos, pero no les puse mucha atención.

—Aún les faltan unos detalles, pero me gustaría saber qué opinas —me dijo entusiasmada.

—Son lindos —respondí sin mucho interés y suspiró con pesadez.

—No puedes seguir así, Bella, tienes que seguir adelante, afrontar esta prueba y...

—Para ti es muy fácil decirlo, tus ilusiones y sueños no se vinieron abajo de un día para otro, tú no sabes lo que siento en estos momentos Alice, no sabes lo que sentí cuando me dijeron que no podría caminar, no sabes lo que es que tu vida se reduzca... a nada —Alice recogió sus bocetos y se levantó de la cama.

—Sé que no es fácil Bella, nosotros también estamos sufriendo y créeme que aunque no sé como te sientes, puedo imaginármelo —caminó hasta la puerta y antes de salir se volvió hacia mí—. Daría cualquier cosa por ser yo quien estuviese en tu lugar —susurró y salió dando un portazo.

Durante los siguientes tres días Alice no volvió a venir a mi habitación, Emmett me dijo que estaba muy mal desde lo que le dije y eso me hizo sentir terriblemente culpable, ni ella ni nadie tenía la culpa de que me haya vuelto una amargada sin ganas de vivir.

Tanya venía todas las tardes, después de sus practicas, a visitarme. En su última visita me comentó que James estaba preocupado por mí, ya que no respondía sus llamadas y quería venir a verme, le pedí le dijera que por ningún motivo se le ocurriera aparecerse por mi casa y que si no contestaba sus llamadas, era porque simplemente no quería saber nada de él. Quiero mucho a James, pero no quería ser una maldita egoísta y atarlo a estar con alguien como yo, él se merecía alguien que lo hiciera feliz y lamentablemente yo no podía ser ése alguien.

Cerré el libro que había tratado de leer, no tenía ni ganas para eso, lo dejé a mi lado en la cama y suspiré sonoramente.

—¿Puedo pasar? —de todas las personas que pudieran venir a verme, mi madre era la última que esperaba.

—Claro, pasa —entró, caminó hasta mi cama y se sentó.

—Fui al centro comercial y pasé por la librería, te traje esto —me tendió una bolsa y confundida la tomé, mi madre no era conocida, precisamente, por sus muestras de afecto.

Saqué de la bolsa un libro, pero no era cualquier libro, era una edición especial de "Cumbres Borrascosas" mi libro favorito.

—Sé que es tu favorito —mi mirada se clavó en mi madre, no tenía idea de que ella supiera eso.

—Gracias —murmuré aún confundida.

—Hija, sé que no soy precisamente un ejemplo a seguir como madre, pero eso no significa que no los quiera, a ti y a tus hermanos. Es sólo que no sé cómo expresar mis sentimientos —bajó la mirada y sonrió tristemente.

—Lo sé mamá. He estado pensando en que me quiero ir de aquí, tal vez cambiar de aire me haga bien —esa idea ha estado en mi cabeza desde hace un par de días, tal vez si me alejó de todo lo que me recuerda mi vida anterior pueda sobrellevar mejor esto.

—¿Estás segura? —preguntó con el ceño fruncido y asentí como respuesta—. Si ya lo decidiste tienes todo mi apoyo cariño. Puedes irte a Jacksonville, a la casa que era de tus abuelos, ahora mismo llamaré a Emily para que ella y Sam tengan todo listo para tu llegada.

Y por si fuera poco, para terminar de sorprenderme, acarició mis cabellos y besó mi mejilla antes de levantarse y salir de la habitación. No sé si el irme a Jacksonville realmente me vaya a ayudar a disipar la nube obscura que ahora me ensombrece, pero al menos, mi familia no tendría que ser testigo de mi miseria.

Continuará...


Hola! Lamento enormemente la demora, pero he tenido una semana caótica... En el próximo capítulo se comenzará a desarrollar, en sí, la trama de la historia y nuestro Edward entrará a escena, he de decir que Edward tiene un papel muy importante en la trama y estará presente en casi todos los capítulos.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber.

Esta historia, al igual que varias más de las que he publicado, será editada; así que eliminé los capítulos y los iré publicando de nuevo conforme lo vaya revisando :)