Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría
CHAPTER 3
BELLA POV.
Mudarme a Jacksonville sin duda había sido un acierto, y aunque a mi familia no le cayó muy bien la noticia en un principio, terminaron por entenderlo y apoyarme. Alice y Emmett habían insistido hasta el cansancio para convencerme de que los dejara venir conmigo, pero no lograron hacerme cambiar de opinión, quería irme sola, necesitaba estar sola.
Los primeros dos días todo estuvo de maravilla, Sam y Emily entendieron que no deseaba que estuvieran todo el día pegados a mí al pendiente de lo que pudiera necesitar, y que si necesitaba algo, yo se los haría saber; pero al tercer día llegó alguien que tenía todas las intenciones de quedarse a pesar de mis protestas: mi tía Renée. Traté de convencerla para que volviera a Nueva York pero obvio no tuve éxito, ella estaba decidida a quedarse conmigo, aún a pesar de que por un par de semanas ni siquiera le dirigí la palabra.
—Bella, hoy hace un día maravilloso. ¿Qué te parece si vamos un rato al parque? —preguntó tía Renée de forma casual; estaba sentada junto a la ventana bordando y apartó la mirada de su bordado para verme.
—¿Al parque?
—Sí, no está muy lejos de aquí. Además, te haría bien un poco de sol y aire fresco —¿salir de la casa? ¿Sería una buena idea?
Después de unos minutos suspiré y terminé asintiendo, total, si no me sentía cómoda o algo podíamos volver ¿no? Tía Renée sonrió entusiasmada y se apresuró a salir en busca de Sam, temiendo que me fuese a arrepentir. Sam me sacó de la casa hasta la camioneta en brazos, pues aún no me sentía preparada para usar una silla de ruedas; no tardamos más de diez minutos en llegar al parque, el cual por fortuna no estaba muy concurrido, le pedí que me dejara bajo la sombra de un gran árbol, y tanto él como Emily y tía Renée, se alejaron y se sentaron en una banca no muy lejos de mí.
El aire soplaba suave, meciendo ligeramente las copas de los árboles, y cerré los ojos disfrutando de la sensación que este causaba al chocar contra mi rostro. Recorrí con la mirada todo el parque, observé las flores, los árboles, las aves, los niños que corrían jugando de un lado a otro... en fin, todo; después de un mes de encierro en mi habitación hasta la más pequeña e insignificante hebra de césped me parecía fascinante.
Después de un momento saqué del bolso, que tía Renée había llevado, el ejemplar de "Cumbres Borrascosas" que mi madre me había regalado antes de que me mudara, aún me resultaba alucinante su cambio de actitud, me llamaba por teléfono todos los días y hasta la notaba más cariñosa; Alice y Emmett también habían notado su cambio y en más de una ocasión me lo habían dicho cuando hablaba con ellos.
Abrí el libro y comencé a leer, pero no pude avanzar más de un par de páginas, antes de que un pequeño cachorrito saltara a mi regazo. Dejé el libro a un lado y tomé al animalito en mis manos, parecía una bola de algodón, su pelaje era espeso y grifo de un pulcro color blanco, tenía unos lindos ojos azules y en pocas palabras era una lindura, le eché un vistazo a su placa y su nombre era Venus, así que era una cachorrita o al menos eso creo.
—¡Venus, ¿dónde estás?! —gritó alguien, cuya voz denotaba un poco de desesperación, unos pasos detrás de donde yo estaba.
—Parece que te están buscando ¿eh? —dije y solté unas risitas cuando la cachorrita comenzó a lamer mi rostro, parece que le agradé.
—¡Venus deja de hacer eso! —tan sólo unos segundos después de esas palabras la perrita desapareció de mis manos.
Fijé la mirada en la persona que estaba hincada en el césped frente a mí, era un chico de piel pálida, demasiado para vivir en un clima soleado como el de aquí, cabello despeinado y de color cobrizo, ojos de un hermoso color verde esmeralda y era bien parecido... bueno, era mucho más que eso, parecía un jodido modelo de revista.
—Lamento mucho que Venus te haya molestado, pero parece que no le agrada mi compañía y se me escapó —y para darle más veracidad a sus palabras, la pequeña Venus se retorcía en sus brazos y gruñía tratando de liberarse de su captor.
—No hay problema —respondí restándole importancia al asunto, tomé mi libro de nuevo y me dispuse a retomar mi lectura.
Unos minutos después me comencé a sentir incomoda, el chico de ojos verdes seguía sentado a escaso medio metro de distancia y podía sentir su mirada clavada en mi persona. Dejé pasar unos minutos con la esperanza de que se fuera, pero nada; cerré de golpe mi libro y levanté la mirada encarandolo.
—Quiero estar sola, ¿podrías irte? —pregunté de mal humor y hasta un poco grosera.
—Este es un lugar público, así que si quiero estar aquí, no necesito tu permiso ni el de nadie —respondió con una sonrisa en su perfecto rostro, lo cuál sólo logró irritarme más.
—Pues yo llegué primero —rebatí cruzando mis brazos a la altura de mi pecho.
—¿Y eso qué? Si no te gusta, puedes levantarte y marcharte —dijo encogiéndose de hombros.
Ante sus palabras mi molestia desapareció y mis ojos se llenaron de lágrimas, levantarme y marcharme, ojala pudiera hacerlo; pero no me iba a permitir soltar una sola de mis lágrimas en su presencia, respiré profundamente un par de veces y volteé hacia donde estaba Sam, que gracias a Dios estaba viendo en mi dirección, le hice una señal para que se acercara y se levantó de la banca donde estaba sentado.
—¿Qué pasa Bella? —preguntó al llegar hasta mí y le dio una mirada al cobrizo.
—Quiero irme a casa —él asintió y unos segundos después me vi en sus brazos camino a la camioneta.
No sé qué me llevó a hacerlo, pero volteé a ver al cobrizo, un grave error pues al ver su rostro lleno de arrepentimiento y sobre todo lleno de lastima, mis manos se cerraron en apretados puños, tanto que mis uñas se clavaron en mis palmas llegando incluso a lastimarme.
Al llegar a casa y una vez sola en mi habitación, permití que las lágrimas, que había estado conteniendo, corrieran libres por mis mejillas; no debí haber aceptado salir de mi habitación y mucho menos de la casa, lo último que quería era causar lastima en los demás.
…
EDWARD POV.
Me levanté temprano como siempre a pesar de que era sábado, me duché y vestí. Bajé las escaleras de dos en dos y fui directo a la cocina que, como era de esperarse, estaba completamente desierta; saqué y corté unas naranjas para preparar zumo, también preparé café y algunas tostadas.
—Buenos días cariño —saludó Esme entrando a la cocina.
—Buen día mamá —respondí con una sonrisa y besé sonoramente su mejilla.
Entre los dos terminamos el desayuno y llevamos todo a la mesa, unos minutos después se nos unieron Rosalie, Jasper y Carlisle en el comedor y nos sentamos a desayunar.
Desayunamos entre risas y una amena charla; definitivamente adoraba a mi familia, Carlisle y Esme son los mejores padres, amorosos, comprensivos y siempre tenían un consejo para darnos cuando lo necesitábamos. Qué puedo decir de mis hermanos, los tres somos muy unidos, y tanto Jasper como yo, siempre estábamos vigilando que ningún idiota lastime a nuestra hermana, a pesar de ella es mayor que nosotros siempre la estábamos cuidando... sí, en definitivo no podía haber deseado una familia mejor.
—Voy a salir con Royce y necesito que me hagan un favor. ¿Alguno de ustedes podría cuidad de Venus? —Venus es la perrita de Zafrina, una de las mejores amigas de Rosalie, y la cual ella se había comprometido a cuidar por todo el fin de semana.
—Lo siento Rose, pero yo tengo cosas que hacer —se apresuró a decir Jasper.
—Nosotros vamos a salir y no podemos —dijo Carlisle y Esme asintió.
Abrí la boca para excusarme, digamos que no soy del agrado de la pequeña bola de pelos, pero mi hermana no me dio tiempo ni a decir "pío".
—Edward por favor, sólo tienes que llevarla al parque y darle de comer —me miró con ojos de cordero de degollado, suspiré rendido y asentí. ¡Mujeres! ¿Cómo es que siempre logran lo que quieren con tan sólo una mirada? Pero bueno, después de todo no tenía mucho que hacer.
Terminamos de desayunar y Rosalie salió corriendo a su habitación para arreglarse, estaba muy emocionada por su salida con el idiota de Royce, ella estaba más que segura de que hoy le pediría que fueran novios.
A medio día todos se fueron dejándome solo, bueno con Venus, que estaba de los más entretenida gruñendome y mordiendo mi pantalón. Tuve que perseguirla por casi media hora para poder ponerle la maldita correa y salir de casa; al llegar al parque, no sé cómo fregados la correa se rompió, y Venus se hecho a correr desapareciendo de mi vista en un pestañeo.
—¡Venus, ¿dónde estás?! —grité desesperado mientras la buscaba por todo el parque, si la pierdo, Rosalie me matará y Zafrina me revivirá... sólo para después matarme ella lenta y dolorosamente.
Seguí buscándola por un par de minutos hasta que la vi, estaba de lo más contenta lamiendo el rostro de una chica, a la cual no podía ver bien, pues su rostro era tapado por Venus.
—¡Venus deja de hacer eso! —dije a modo de regaño hincándome en el césped y la alejé de la chica.
Levanté la mirada para disculparme, pero al verla, las palabras se quedaron atoradas en mi garganta; frente a mí no estaba una chica, estaba un ángel caído del mismo cielo. Su piel era como de porcelana blanca y cremosa, su cabello castaño estaba recogido en una coleta con unos mechones sueltos al frente enmarcando su rostro, sus ojos de un color chocolate profundo que te invitaban a perderte en ellos, pero que eran opacados por una gran tristeza, me pregunto ¿por qué será? Un ángel como ella no debería estar triste.
—Lamento mucho que Venus te haya molestado, pero parece que no le agrada mi compañía y se me escapó —Venus, para corroborar mis palabras se retorcía y me gruñía queriéndose escapar de mí.
—No hay problema —respondió y me quedé maravillado con su voz, era suave, melodiosa y hechizaba como el canto de una sirena.
Tomó el libro que estaba a su lado y fijó su mirada en el, yo en cambio no pude evitar quedarme como un idiota sin apartar mi mirada de ella, como quisiera saber a qué se debe la tristeza que sus ojos reflejan y poder hacer hasta lo imposible por desaparecerla.
—Quiero estar sola, ¿podrías irte? —preguntó de mal humor y hasta un poco grosera, lo cual no me gusto, no tenía porque ser grosera conmigo.
—Este es un lugar público, así que si quiero estar aquí, no necesito tu permiso ni el de nadie —respondí con una sonrisa.
—Pues yo llegué primero —refutó cruzándose de brazos.
—¿Y eso qué? Si no te gusta, puedes levantarte y marcharte —me encogí de hombros.
Al ver como sus ojos se volvían cristalinos me sentí como un idiota, abrí la boca para disculparme pero Sam apareció de la nada.
—¿Qué pasa Bella? —preguntó y su mirada se clavó en mí.
—Quiero irme a casa —él la tomó en sus brazos y se la llevó.
¿Por qué Sam se la llevó en brazos? Acaso es que ella...
—Hola Edward, tiempo sin verte —levanté la mirada y me encontré con Emily, la conocí hace unos años, un día que cuidaba la librería de Esme.
—Hola, y bueno desde que Esme contrató quien cuidara la librería no me pasó mucho por allá —me sonrió y se sentó a lo tipo indio frente a mí; Venus ni tardía ni perezosa se libró de mí y se fue con Emily, la cual la tomó en sus brazos y comenzó a hacerle mimos—. Por cierto, vi que Sam se iba con una chica hace un momento —comenté y ella suspiró.
—Sí, su nombre es Isabella Swan.
—¿Swan? ¿La hija de tus jefes? No sabía que ellos estuvieran aquí —Sam y Emily estaban a cargo de la casa de los Swan desde hace un par de años, ellos no venían muy a menudo; es más, creo que hace muchos años que nadie de la familia Swan se aparecía por acá.
—Sólo están aquí Isabella y su tía. La pobre chica tuvo un accidente y... quedó paralitica. Es una historia tan triste la suya —¿paralitica? ¡Dios bendito! Eres un reverendo idiota Edward, la chica no puede caminar y tú vas y le dices que si le molesta tu presencia se levante y se vaya, ahora entiendo el por qué de su tristeza.
Le pedí que me contara todo y ella aceptó, escuché atentamente cada una de sus palabras, me contó que Isabella o Bella, como prefería que la llamaran, era una de las mejores gimnastas de Estados Unidos, que su última competencia fue por el pase a los Juegos Olímpicos y la ganó, pero esa misma noche había tenido el accidente que la dejo paralitica.
—Por lo que me ha contado la señora Renée, Bella era una chica vivaz y alegre pero después de su accidente la alegría desapareció. Ahora siempre está esa sombra de tristeza en su rostro, y en un mes que tiene viviendo aquí, nunca la he visto ni siquiera sonreír un poco —Emily bajó la mirada a Venus y la acarició para después dármela—. Ya me tengo que ir, fue bueno verte otra vez.
—Adiós —le dije a modo de despedida.
Regresé a casa y en ningún momento pude dejar de pensar en Bella, no me gustaba verla triste y ya encontraría una manera de ayudarla a que esa tristeza desapareciera.
A los pocos minutos de que llegué a casa llegó Rosalie, resulta que Royce la invitó a salir para decirle que se va a mudar a Los Ángeles, pues le ofrecen un buen trabajo y es una oportunidad que no puede rechazar, por lo que mi querida hermana tuvo un genio de los mil demonios el resto del día.
Al día siguiente me levanté tarde, algo raro en mí, pero no había podido dormir muy bien. A medio día fui a la casa de los Swan, caminé frente a esta por no sé cuánto tiempo pero no me atreví a tocar el timbre. ¿Qué iba a decir? ¿Qué quería hablar con Bella para pedirle disculpas por ser tan bruto y haber dicho lo que dije en el parque? No, definitivamente tenía que encontrar otra forma de hablar con ella.
Una semana después me encontraba de nuevo frente a la casa Swan, estaba por tocar el timbre cuando por entre la reja la vi, estaba leyendo sentada en una banca del jardín. Una loca idea se cruzó por mi cabeza y no pude evitar llevarla acabo, con ayuda de una enredadera trepé por la pared y me adentré el la propiedad como todo un ladrón, ella no se percató de mi presencia hasta que...
—Hola —dije sentándome a su lado y ella pegó un bote del susto.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste? —me preguntó no muy contenta por mi visita.
—Trepé por la barda. Y contestando a tu primer pregunta, he venido a verte.
—Sabes que estás invadiendo una propiedad privada y que eso es delito ¿cierto? —asentí encogiéndome de hombros y ella bufó—. Entonces, también sabes que puedo denunciarte.
—¿Quién éste joven Bella? —preguntó una mujer, la cual supuse era su tía, acercándose y traía dos vasos con limonada.
—Soy Edward Cullen, un amigo de Bella, mucho gusto —me presenté levantándome y le ofrecí mi mano como saludo.
—No eres mi amigo —rebatió Bella y su tía sonrió.
—Renée Dwyer —respondió estrechando mi mano—. Tus padres son Carlisle y Esme Cullen, ¿cierto?
—Sí, ¿usted los conoce?
—¡Por supuesto! A ti y a tus hermanos también los conocí, pero eran unos niños la última vez que los vi —vaya que es pequeño el mundo.
—Tía, llama a la policía. Él ha entrado a la casa como un delin...
—Vamos cariño, dudo que Edward sea un delincuente. Mejor yo los dejo para que charlen y les dejo la limonada —Renée me sonrió y me guiñó un ojo antes de darse la vuelta e irse—. Por ciento Edward, me gustaría hablar con Esme, así que antes de que te marches buscame por favor.
Asentí y se fue dejándome con Bella, la cual sólo me dio una fría mirada y volvió a centrar su atención en el libro que tenía en sus manos, pero dudo que haya podido leer una sola palabra; al menos claro, que ella acostumbre a leer con el libro al revés.
—Creo que leerías más fácil si... le dieras la vuelta —dije señalando el libro y ella se sonrojó.
Giró el libro y se dedicó a ignorarme rotundamente, pero yo no me doy por vencido tan fácil, Bella y yo terminaríamos siendo buenos amigos, de eso estoy totalmente seguro.
Continuará...
Hola! Acá está el nuevo capi, espero que les haya gustado... Las actualizaciones serán semanales, al igual que con los otros Fic's (solamente con "Utopía" no podré publicar cada semana, pero haré lo posible para subir capítulo cada 15 días)
Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...
Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's
¿Algún review? =)
