Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 4

BELLA POV.

Edward Cullen sin duda era un chico... cómo decirlo ¿irritable? No, creo que lo adecuado sería decir: ¡Malditamente desquiciante! Se pasó dos horas hablándome de él y de su familia, ¡dos horas!

Me contó que tiene dos hermanos mayores, que estudia leyes y está a un par de meses de cumplir veinte años, le gusta leer y la música clásica, la encanta ir a la playa cuando quiere estar solo y pensar, le fascina la comida italiana y, por raro que parezca, sabe cocinar... ¡Ah si! Y no tiene novia. No es que me interesara su vida, pero por más que traté de ignorarlo simplemente no pude; cómo hacerlo, si se la pasó hablando como un endemoniado loro todo el tiempo.

Al día siguiente no salí de mi habitación, estaba cien por ciento segura que se le ocurriría volver y no me equivoqué, ya que tía Renée me dijo que Edward había estado esperándome en el jardín por más de una hora. Los siguientes dos días hizo lo mismo, por más que mi tía me insistió para que hablara con él no pudo convencerme, y por lo visto él parecía no entender que no quiero verlo ni mucho menos ser su amiga; pero al final terminó por entenderlo y no volvió a venir, al menos hacía tres días que no se aparecía por mi casa. Por lo tanto ahora me encontraba leyendo Romeo y Julieta tranquilamente en el jardín, aprovechando que hacía una tarde maravillosa.

—Hola —susurró una voz, que para mi desgracia, me era demasiado familiar.

No respondí nada y seguí leyendo, Edward soltó unas risitas, dejó caer su mochila y se sentó en el césped frente a mí. Pasaron unos minutos en silencio y... ¡lo admito! La curiosidad fue más fuerte que yo, así que le di una mirada de reojo para ver qué estaba haciendo; estada de lo más entretenido leyendo un libro y sacando notas, de pronto levantó la mirada y me pilló observándolo, me sonrió y sonrojada desvié la mirada.

—¿Sabes? Romeo y Julieta es una de mis obras favoritas, soy un romántico incurable —me dijo y suspiró sonoramente volviendo a fijar la mirada en su libro—. No pierdo la esperanza de algún día encontrar a mi Julieta.

—¿Tu Julieta? —pregunté sin darme cuenta.

—Sí, mi Julieta. Esa chica que despierte en mí la necesidad de tenerla cerca, de protegerla y amarla sobre todas las cosas, incluso más allá de la muerte —sus ojos se encontraron con los míos al tiempo que decía esas palabras, y no sé por qué me sentí... ¿nerviosa?

—¿Por qué insistes en venir Edward? Si es por lo que dijiste en el parque no...

—Eso no fue muy amable de mi parte, y te pido disculpas por ello, pero si estoy aquí es porque verdaderamente quiero ser tu amigo, Bella —sus palabras eran sinceras, lo podía ver en sus ojos; pero yo me había alejado de mis amigos y de mi familia para no hacerlos participes de mi amargura, ¿podría aceptar la amistad que me ofrecía Edward? La respuesta era sencilla: no.

—No quiero ser tu amiga, ya te lo había dicho —susurré y no sé si lo dije para convencerme a mí misma o a él.

—¿Por qué? —me preguntó dejando su libro y su cuaderno a un lado.

—Porque... pues... porque no y ya —frunció el ceño y negó.

—Esa no es una respuesta concreta y lo sabes —estaba molesto por mi respuesta, lo notaba en como su tono de voz había cambiado, y a mí me molesto su insistencia. ¿Por qué no simplemente se iba y me dejaba en paz?

Volví a fijar la mirada en mi libro, leí un par de lineas pero poco a poco mi vista se nublaba por las lágrimas que se acumulaban y luchaban por salir, lágrimas que no sabía si eran de rabia, impotencia, o tal vez una mezcla de ambas.

—¿Por qué no quieres ser mi amiga? Anda, respóndeme y no me evadas fingiendo que me ignoras, porque sé muy bien que no lo estás haciendo. ¡Por Dios Bella! Deja de comportarte como una niña de cinco años caprichosa y mima...

—¡No puedo ser tu amiga! —grité, el libro resbaló de mis manos hasta caer al césped y no pude contener más mis lágrimas—. No puedo.

Cubrí mi rostro con mis manos, no quería que me viera llorar, quise gritarle que se largara pero no pude articular palabra alguna, ya que de mis labios sólo escapaban lastimosos y patéticos sollozos.

De pronto sus manos quitaron las mías de mi rostro con delicadeza y sus brazos me envolvieron con cautela, esperando que en cualquier momento lo apartara de mí, pero no lo hice; al contrario, me aferré con fuerza a su camisa y escondí mi rostro en el hueco de su cuello. Edward acariciaba suavemente mi cabello y frotaba mi espalada para que me tranquilizara, un par de minutos después mi llanto cesó pero no me alejé de él, su abrazo por alguna extraña razón me hacía sentir segura, en paz y tranquila; pero no podía quedarme toda la vida entre sus brazos, así que lentamente me separé de él.

No sé por qué voy a decirle lo que le diré, solamente sé que sentía la necesidad de hacerlo, de darle una explicación de mi comportamiento.

—Antes del accidente era otra, divertida, alegre, y a pesar de que no todo en mi vida era color de rosa, era feliz. La gimnasia era mi vida, con cada salto, giro, o cualquier simple movimiento, me sentía libre y... lo más importante: podía ser yo misma —un suspiro de melancolía escapó de mis labios ante el recuerdo de esos días, días maravillosos que por desgracia nunca regresarán—. Pero ahora no soy más que la sombra de lo que fui, aquella Bella murió el día del accidente junto con mis sueños e ilusiones; dejando en su lugar esto, una Bella miserable, llena de amargura y... sin nada por qué vivir.

—No digas eso, tienes toda una vida por delante. Bella, tienes muchas cosas por las cuales vivir —me dijo y acarició con ternura mi mejilla. Ante su toque, algo dentro de mi estomago dio un vuelco, algo como... ¿mariposas?

¡Dios! ¿Qué me pasa? A duras penas he visto a Edward un par de veces y me tiene completamente descolocada y sobre todo muy, pero muy confundida.

Mis ojos se posaron en los suyos, perdiéndome en el verde profundo de su mirada, mi mano se movió por si sola y con las yemas de mis dedos acaricié su mejilla, a penas y un ligero roce, pero fue suficiente para que un suave cosquilleó subiera por mi mano y se extendiera por todo mi cuerpo.

—Aléjate de mí, Edward —susurré apartando mi mano de manera brusca—. No quiero dañarte, como he dañado a las personas que están a mi alrededor.

A mi cabeza llegaron los recuerdos de como mis palabras lastimaron a Alice, la forma en que me alejé de Jame,s sin siquiera despedirme de él sacándolo de mi vida de forma definitiva, la manera en que traté a mi tía Renée cuando recién se mudó a Jacksonville, la forma cortante en que trataba a mi familia y a Tanya cuando me llamaban por teléfono.

—Tomaré el riesgo —me dijo con seguridad y se encogió de hombros.

—Eso quiere decir que seguirás insistiendo ¿o me equivoco? —asintió con una sonrisa de lado, la cual me deslumbró por un momento y provocó que se me acelerara el pulso.

—¿Por qué no nos ahorramos todo esto y aceptas ser mi amiga de una buena vez? —solté un suspiro de pura frustración, ¿por qué me pone todo tan difícil?—. ¿Y bien? ¿Amigos? —me tendió su mano esperando a que la estrechara.

—No te rendirás tan fácil, ¿cierto? —no necesité que me respondiera nada, su mirada lo decía todo, y la respuesta era un rotundo no.

Un parte de mí me decía que aceptara ser su amiga, pero la otra, mi parte racional, me decía todo lo contrario. Me sentía entre la espada y la pared, quería ser su amiga, no lo puedo negar, pero lo que no quería era lastimarlo y que terminara por alejarse de mí; alejarse de mí, no sé por qué ese pensamiento hizo que mi corazón se apretujara dentro de mi pecho, acaso no era precisamente eso lo que quería, que se alejara y me dejara en paz. Suspiré, al parecer no, vacilante y con un movimiento lento, estreché su mano.

—Amigos —susurré y una apareció en su rostro. ¿Qué he hecho?

La siguiente hora estuvimos hablando de cualquier cosa, Edward me pidió que le hablara acerca de mí y le dije lo básico, le conté un poco sobre mis padres, de mis hermanos y hasta de Tanya. Su mirada se posó en su reloj y su ceño se frunció, comenzó a recoger sus cosas y colgó la mochila de su hombro.

—Me tengo que ir, Esme debe estar preguntándose dónde estoy —se acercó a mí y besó mi mejilla—. Nos vemos mañana.

—Adiós —susurré viendo como se alejaba, sintiendo aún el cosquilleo que su beso provocó en mi mejilla.

A mi tía Renée le encantó saber que Edward y yo por fin eramos amigos, ella me había insistido demasiado para que aceptara la amistad de Edward ya que, según ella, el tener compañía de alguien de mi edad me haría bien. Lo cual me hace sospechar algo, que ella le avisó que hoy yo había salido al jardín, ¡claro! Cómo no sé me ocurrió antes, tía Renée y Esme, la mamá de Edward, son amigas lo que le da más fundamentos a mi sospecha.

Por la noche recibí una llamada de Alice, mi hermana se sorprendió gratamente al notarme más "alegre", pero sin duda la sorpresa fue para mí al percatarme de que era verdad; bueno, tal vez el termino adecuado no sería "alegre", pero al menos no estaba siendo borde con ella como siempre.

Dime algo Bella, ¿qué ocurrió para que cambiara tu estado de animo?

—No es nada Allie, bueno, tal vez sea por mi nuevo amigo —Alice comenzó a chillar y hasta podía imaginármela dando de saltos por su habitación.

Un nuevo amigo ¿eh?... déjame adivinar, es alto, guapo, piel pálida, ojos verdes, cabello cobrizo y se llama Edward Cullen —me quedé muda por la descripción de Alice, ¿cómo lo supo?—. Tía Renée me ha hablado de él —agregó antes de soltar una suave risita.

—¡Oh vaya! Por un momento creí que tu don de vidente había vuelto —bromeé recordando cuando eramos pequeñas, ella decía que tenía visiones y podía ver el futuro.

Ojala pudiera saber lo que va a ocurrir —susurró con tristeza y cambié el tema rápidamente.

—¿Y Emmett? Hace días que no hablo con él —suspiró y soltó una risita burlona.

Emmy terminó con la zorra de Heidi, ¡al fin! —suspiré con alivio ante eso, Heidi no era mujer para mi hermano.

—¿Qué pasó para que Emm se decidiera a dejarla?

Hace dos días papá tuvo una reunión con unos inversionistas, ya sabes cómo son esas reuniones, trajes y vestidos elegantes... por cierto, ¿puedes creer que mamá me pidió ayuda para elegir su vestido? —su voz destilaba emoción ante ese pequeño detalle para muchos, pero para ella, era lo mejor de la vida; y no sólo porque la moda es su vida, si no porque se trataba de que nuestra madre le haya pedido su opinión—. Pero bueno ese es otro tema, el caso es que Emmett obviamente fue con Heidi, deberías haberla visto, con su cara de aburrimiento y viendo a todo el mundo como si fuera la mismísima reina de Inglaterra.

—Puedo imaginármela, siempre creyéndose superior a los demás —ese era uno de los mayores defectos de Heidi, era soberbia como nadie en este planeta.

Esa noche una pobre chica fue la que pagó los platos rotos, la chica llevaba una charola con copas y accidentalmente chocó con Heidi, la cual terminó empapada; ya te imaginaras el escándalo que armó. Emmett trató de tranquilizarla y cuando le iba a soltar una bofetada a la chica la detuvo, Heidi se enfureció porque Emm la defendió, discutieron y terminaron —Alice terminó su relato soltando un suspiro de alivio.

—Alice, yo no me confiaría demasiado, Heidi es muy astuta y estoy segura que algo hará para volver con Emm —ya habían tenido fuertes peleas anteriormente y siempre terminaban arreglando sus problemas, no me extrañaría que, desgraciadamente, ahora no fuera la excepción y volvieran.

No seas ave de mal agüero, veras que eso no pasará... —de pronto se escucharon murmullos y un: "suéltalo Emmett", antes de que...¡¿Cómo estás pequeña saltamontes?! —tuve que alejar el teléfono de mi oreja para no quedarme sorda por el grito de mi hermano.

—Hola oso, estoy bien. ¿Tú qué tal? Alice me contó lo de Heidi —al otro lado de la línea se escuchó la atronadora risa de Emmett y supe que algo no iba bien.

Bueno pequeña Belly... Heidi y yo hablamos, arreglamos nuestras diferencias y somos novios otra vez —oh no, esa no es una buena noticia—. Bella, te llamo después ¿ok? Ahora tengo que correr por mi vida, el duende maléfico que tenemos por hermana me quiere arrancar la cabeza —después de eso se escuchó como el teléfono caía al suelo, seguido por los apresurados pasos de mis hermanos y los histéricos gritos de Alice.

No pude evitar reír, esos dos parecían un par de críos. Corté la llamada y dejé el teléfono sobre la mesita de noche, cerré los ojos y por primera vez en muchas noches pude dormir tranquilamente. Sin pesadillas.

Los siguientes días pasaron rápidamente, Alice no le arrancó la cabeza a Emmett, sólo lo golpeó un poco dejándole un par de moretones y no le dirigía la palabra desde ese día. Por su parte Edward venía todos los días por las tardes, pasábamos horas platicando en el jardín o simplemente leía mientras él hacía sus deberes de la universidad; aunque esta última no era mi favorita, disfrutaba de su compañía claro, pero me gustaba más charlar con él.

Hoy era sábado, estaba terminando mi desayuno cuando unos suaves golpes en la puerta se escucharon, tragué el trozo de fruta que tenía en mi boca y dije un audible: pase, segundos después la puerta se abrió dejando en mi campo de visión a un sonriente Edward.

—Buenos días Bella, vengo por ti porque tú y yo iremos a dar un paseo.

—No pienso ir a ningún lado —le respondí tomando el último sorbo de mi jugo.

—Oh claro que irás, sí que irás —se acercó y quitó la charola de mi desayuno dejándola sobre el pequeño escritorio junto a la ventana.

Edward no escuchó mis protestas, me tomó en brazos y me sacó de la habitación, a pie de la escalera mi tía Renée estaba esperando con un bolso en sus manos, el cual le entregó a mi secuestrador y nos deseó un lindo día al salir de la casa, traidora.

Edward me metió con cuidado a su coche, un flamante Volvo plateado, y me puso el cinturón de seguridad como si fuera una niña chiquita, para después ocupar su lugar en el asiento del piloto. Durante el trayecto no le dirigí la palabra y me dediqué a ver por la ventanilla, pero cuando el coche se detuvo, no pude acallar el jadeo de sorpresa que salió de mis labios al ver a donde me había traído.

Continuará...


Hola! Aquí está un capítulo más, espero que fuera de su agrado. Quisiera pedirles un favor, mi Fic Juegos del Destino está siendo plagiado, por favor ayúdenme a denunciar a la chica ya que no quiso retirarlo por las buenas, su nick name es Carlie123 y publicó la historia bajo el nombre de Juego de gemelas. De ante mano, gracias.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's

¿Algún review? =)