Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 7

BELLA POV.

—¡Hola Bella! Te extrañé —me dijo Edward con una sonrisa, se acercó a mí rodeándome de forma cálida y delicada con sus brazos.

—Yo también te extrañé —susurré y aspiré con fuerza llenándome de su esencia, con lo cual las mariposas comenzaron a revolotear sin cesar dentro de mi estomago.

—Una semana sin ver a mi mejor amiga es mucho tiempo —y con esas palabras las mariposas en mi estomago desaparecieron, murieron como si las hubiesen rociado con insecticida, dando lugar a una opresión demasiado dolorosa en mi pecho; pero esa era la dura y cruel realidad, yo sólo soy una amiga para él aunque lo yo lo ame con todo mi corazón.

—Hola Edward —lo saludó mi tía con un beso en la mejilla—. Bueno, lo mejor es que nos vayamos, estamos agotadas por el viaje. ¿No es así cariño? —asentí y fuimos hasta el aparcamiento.

Edward insistió en que me fuera con él en su Volvo y terminé por aceptar, no quería terminar iniciando una discusión con él por eso. Me preguntó el por qué de mi repentino viaje a Nueva York, y le expliqué que no había planeado asistir a la fiesta de aniversario de la empresa de Charlie, pero que al final mi tía había terminado por convencerme; no sé si fue mi imaginación, pero podría jurar que cuando mencioné la palabra fiesta, Edward gruñó y sus manos apretaron con fuerza el volante, tanto, que sus nudillos se pusieron blancos. Pero no le di mucha importancia, yo por mi parte lo cuestioné por qué no había ido a verme después del día del juego de Garrett, a lo que se disculpó diciendo que había estado ocupado con unos trabajos de la universidad, no sé por qué, pero no le creí ni una sola palabra.

Llegamos a la casa y Edward me sacó del coche, abrí la boca para protestar cuando comenzó a caminar dentro de la casa conmigo en sus brazos, pero al final no dije nada, prefería mil veces estar en sus brazos que en la silla de ruedas. Apoyé mi cabeza sobre su pecho, y para mi sorpresa Edward besó mi coronilla, ese pequeño gesto logró que mi pulso se acelerara y las benditas mariposas volvieran a la vida de nuevo; una vez dentro, Edward me dejó con cuidado en uno de los sofás en la sala y se sentó a mi lado.

—Bueno, yo los dejo para que platiquen y aprovecho para llamar a tus padres cariño —tía Renée salió de la sala dejándonos solos, no sin antes sonreír como si supiera algo que nosotros no.

—¿Y qué has hecho en los últimos días? —pregunté en un intento por comenzar una charla.

—No mucho en realidad, ir a la universidad, salir con algunos amigos —se encogió de hombros restándole importancia al asunto—. De hecho hoy voy a salir con una amiga, iremos al cine.

—¿Una... amiga? —la pregunta salió de mis labios con voz ahogada.

—Sí, se llama Chelsea y es una chica realmente agradable, estoy seguro que te caerá bien —me limité a asentir de forma distraída y sonreír, o al menos lo intenté.

¡Oh, pero claro que me va a caer la mar de bien! Nótese el sarcasmo, está bien que no la conozco, pero de seguro es una de las tantas zorra que están detrás de Edward, y eso me molesta, me molesta saber que hay una fila de mujeres que quieren estar con él; pero sobre todo, me molesta saber que algún día va a llegar esa chica de la que se enamore y con la que quiera pasar el resto de su vida, chica que por desgracia no seré yo.

—¡Bella! ¿Me estás escuchando? —Edward agitó su mano frente a mis ojos sacándome de mis pensamientos.

—¿Eh?... lo siento, estaba distraída —me disculpé y frunció el ceño.

—Eso ya lo noté. Te decía que mi familia quiere conocerte, mi madre está organizando una parrillada y quiere que tú y tu tía nos acompañen.

—Claro, ¿por qué no? Me encantaría conocer a tu familia, sobre todo a tu mamá, mi tía me ha hablado mucho de ella —según lo que me a dicho mi tía, Esme Cullen es una mujer encantadora, agradable y la aprecia demasiado porque la ayudó mucho hace años con un problema que tuvo, problema del cual no quiso hablar conmigo y se puso muy nerviosa cuando le pregunté qué le había pasado.

—Ya veras que... —no pudo seguir hablando porque su celular comenzó a sonar—. Discúlpame, tengo que atender —se levantó y se alejó un poco de mí, pero no lo suficiente para que yo alcanzara a escuchar un: hola Chelsea, que provocó que mi boca se volviera amarga por la bilis.

Edward estuvo hablando por unos minutos, y por lo poco que logré entender. le dio mi dirección, ¿para qué diablos quiere esa mujer mi dirección? Regresó con una sonrisa en sus labios y se volvió a sentar a mi lado.

—Era Chelsea, me llamó para decirme que la recogiera un poco más tarde pues no está en su casa, pero está cerca de aquí, así que nos veremos acá —me removí demasiado incomoda, no me gustaba verlo sonreír porque iba a salir con esa mujer.

—¿Ella te gusta? —pregunté sin siquiera darme cuenta que las palabras abandonaban mis labios.

—Bueno, es una mujer muy hermosa —me respondió un poco tenso y no pregunté nada más al respecto, supongo que él no se siente cómodo hablando de ella conmigo, y yo no quería que me dijera más sobre ella.

Después de unos minutos en silencio retomamos nuestra charla, dejando de lado el tema de su cita, claro. Pasaron veinte minutos antes de que el timbre comenzara a sonar de manera insistente, y poco después, Emily ingresó a la sala seguida de una chica que por desgracia era muy hermosa, alta, cabello lacio y largo hasta la cintura de color rubio oscuro, sus ojos eran color miel y tenía un cuerpo digno de una modelo de pasarela.

Edward se puso de pie y la saludó con un beso en la mejilla que ella correspondió de igual manera, aunque mejor dicho sería que ella lo besó en la comisura de los labios, menuda zorra.

—Chelsea, te presento a Bella —ella me dedicó una sonrisa completamente falsa y llena de hipocresía.

—Mucho gusto Bella —dijo con tono de fastidio y se abrazó a Edward por la cintura, tuve que respirar un par de veces para calmar la ira que iba despertando dentro de mí y no gritarle que se largara de mi casa.

—El gusto es mío Christina —Edward sonrió y Chelsea me lanzaba dagas con la mirada.

—Mi nombre es Chelsea —prácticamente gruñó.

—Me da igual —murmuré, pero estoy segura de que ambos me escucharon perfectamente.

—Bella, cariño, te llama James —me avisó tía Renée entrando a la sala y Edward hizo una mueca que no pude descifrar.

—Nosotros nos vamos, hasta luego Bella —su voz sonó más fría que un tempano de hielo, se deshizo del abrazó de Chelsea de forma brusca y prácticamente la arrastró fuera de la casa.

—¿Qué le pasó? —preguntó tía Renée con desconcierto y yo me encogí de hombros, suspiré con pesadez y tomé el teléfono.

Hablé por más de media hora con James, me contó que por fin se armó de valor e invitó a Victoria a salir y que ella aceptó, lo cual tenía muy feliz a mi amigo y me alegraba escucharlo así; con su alegría logró que me olvidara del mal momento que pasé con Edward y su amiga.

El día de la parrillada en casa de los Cullen llegó con rapidez, Sam nos llevó y me ayudó a que pudiera entrar a la casa con mi silla. Esme era tal como mi tía la describió, era una mujer muy hermosa, cabello color caramelo, sus ojos eran verdes como los de Edward y desprendía ternura por cada poro de su piel, al verme me sonrío ampliamente y me abrazó de manera efusiva.

—¡Estás hermosa Bella! Y ya eres toda una mujer, la última vez que te vi fue cuando naciste.

—¿Usted me conoció cuando nací? ¿Entonces, también es amiga de mi mamá? —Esme se tensó y la sonrisa se borró de su rostro, miró a mi tía de una forma demasiado extraña y tras aclararse la garganta me respondió.

—La conocí pero no eramos muy cercanas, mi esposo y yo vivimos en Nueva York un tiempo, nos mudamos poco después de que tú nacieras —sus palabras no sonaron del todo sinceras, pero no tenía por qué mentirme ¿o si?

La tensión que rodeaba a Esme y mi tía era palpable, pero después de un momento se recompusieron y salimos las tres al jardín. Un hombre muy apuesto de cabellos rubios, y que supuse era Carlisle, estaba encendiendo la parrilla, mientras un chico alto y rubio jugaba fútbol con una chica, igual rubia, y con un cuerpo de infarto. Esme los llamó y a los poco minutos estaban los tres frente a mí.

—Familia, les presento a Bella. Bella, ellos son mi esposo Carlisle, mis hijos Rosalie y Jasper —nos presentó Esme.

—Mucho gusto Bella —dijo Carlisle ofreciéndome su mano, la cual estreché con cierta timidez.

—El gusto es mío señor Cullen —contesté y me sonrió de forma muy similar a como Edward sonreía, ahora sé de quién heredó esa sonrisa que te quita hasta el aliento.

—Por favor llámame Carlisle, señor Cullen me hace sentir viejo —todos nos reímos por su comentario.

—¡Hola Bella! Ya tenía ganas de conocerte. He oído hablar mucho de ti —dijo Rosalie saludándome con dos besos, uno en cada mejilla—. Y por cierto, llámame Rose —agregó con una sonrisa que no dude en devolverle, se notaba que era una chica por de más simpática.

—Es un gusto conocerte al fin, Bella —Jasper me saludó de igual forma que su hermana y no pude evitar sonrojarme como un tomate.

Después de que las presentaciones terminaran, mi tía y Esme se alejaron un poco y se sumergieron en su propia charla, Carlisle volvió a su tarea con la parrilla, Rose fue por unas bebidas a la casa y Jasper se quedó charlando conmigo. Jasper era realmente apuesto, sus ojos azules eran casi transparentes, alto y por lo que se notaba podía decir que tenía un cuerpo con músculos bien definidos, no era un fortachón como mi hermano Emmett, pero tenía lo suyo.

Descubrimos que teníamos gustos similares, en literatura, música y me prometió que me prestaría un par de libros que me interesaba mucho leer y no había podido conseguir hasta el momento.

—Jasper, no abrumes a Bella con tus aburridos libros —dijo Rosalie acercándose a nosotros y le entregó un vaso con limonada.

—No me abruma, al contrario, es un gusto que ambos compartimos —ella sonrió divertida y también me entregó un vaso de limonada.

—No cabe duda de que ustedes dos se llevaran de maravilla —comentó y los tres reímos.

Nos enfrascamos en una agradable charla, Rosalie me contó que está por terminar su carrera en mecánica automotriz, con lo cual me dejó, literalmente, con la boca abierta por el asombro; a simple vista Rosalie parece ser una de esas mujeres vanidosas y que siempre están pensando qué se van a poner y cómo lo van a combinar, no que le guste estar entre coches y toda llena de grasa, no cabe duda que las apariencias engañan.

Jasper por su parte estaba también por terminar su carrera, pero él en psicología, cuando les pregunté si eran mellizos me explicaron que no, de hecho Rosalie es la mayor de los tres hermanos, pero cuando tenía seis años tuvo en accidente, estaba trepando un árbol y se cayó, se fracturó una mano y un pie, por lo que perdió el año escolar terminando así en el mismo grado que Jasper.

Edward no aparecía por ningún lado, según lo que me dijo Rosalie se había quedado a terminar un trabajo con unos compañeros de la universidad. Fue hasta que estábamos por comenzar a comer que sentí la presencia de alguien tras de mí, y no necesitaba ser adivina para saber de quién se trataba, pero si tenía alguna duda, se esfumó cuando sus labios se posaron sobre mi mejilla mandando pequeñas descargas eléctricas por todo mi cuerpo.

—Hola, lamentó la tardanza —susurró cerca de mi oído causándome escalofríos.

—Hola —murmuré avergonzada por la forma en que Esme nos miraba.

Edward saludó a los demás y se sentó a mi lado, la comida pasó de forma agradable aunque estuve a punto de volverme loca, ya que por un lado Edward charlaba conmigo y por el otro Jasper también, cosa que no le agradó mucho al primero, en cambio a Jasper le hizo gracia la cara de fastidio de su hermano.

—Voy a llamar a Sam para que venga a recogernos —comentó tía Renée poniéndose en pie, pero dos voces la detuvieron.

—Yo puedo llevarlas —dijeron Edward y Jasper al unísono.

—No queremos causar molestias —me apresure a decir y ellos negaron, pero antes de que pudieran decir algo Carlisle se adelanto.

—No será molestia, de hecho, yo tengo que ir al hospital y las puedo dejar de camino —Edward bufó y Jasper sonrió con diversión.

Mi tía y yo nos despedimos, con la promesa de que pronto volveríamos, y Jasper me prometió que mañana mismo me llevaría los libros que me iba a prestar a mi casa; Edward me ayudó a entrar al Mercedes de Carlisle y besó mi frente antes de cerrar la puerta, ¿por qué me tuve que enamorar precisamente de Edward?

Al día siguiente a medio día salí al jardín, y poco después llegó Jasper que me traía los libros que me iba a prestar, pero no venía solo, una chica de estatura media, cabello largo color negro y rasgos latinos lo acompañaba.

—Bella, ella es mi amiga María, es fisioterapeuta y quisiera hablar contigo —asentí confundida y los invité a sentarse.

EDWARD POV.

Definitivamente invitar a Chelsea a salir fue una completa estupidez de mi parte, ahora se la pasaba todo el día tras de mí en la universidad y, cuando por desgracia nos encontrábamos, se pegaba a mí como una molesta garrapata; y la verdad estar huyendo de ella todo el tiempo me tenía de muy mal humor. Pero sin duda la gota que derramó el vaso, fue ver a Jasper tan interesado en Bella, en varias ocasiones tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no apartarlo de ella, ¡Dios, estaba celoso de mi propio hermano!

Al ver la casa de Bella a unos metros de distancia una sonrisa se formó en mis labios de manera inconsciente, sonrisa que se borró cuando vi el coche de Jasper aparcado frente a la casa; aparqué mi coche atrás del de mi hermano y bajé rápidamente, toqué el timbre con insistencia y Renée me abrió, me dijo que Bella estaba en el jardín y tras decirle un rápido: con permiso, corrí hasta allá. Al ver la escena que se desarrollaba frente a mí, en la alberca, la ira inundó mi cuerpo; Jasper sujetaba a Bella que estaba de espaldas apoyada en el pecho de mi hermano, mientras una chica realizaba una serie de ejercicios en sus piernas.

Por minutos me quedé allí, sin moverme, sólo observando como Bella se veía tranquila y le sonreía a Jasper; después de un momento los tres salieron de la alberca y se percataron de mi presencia. Mi hermano mantenía a Bella cargada en sus brazos y la chica, que ahora reconocí como María, pasaba una toalla sobre los hombros de mi ángel.

—Hola Edward —me saludó con una sonrisa deslumbrante.

—Hola Bella —respondí tragándome mi coraje e intentando de sonreírle.

—Voy a subir a Bella a su habitación, necesita secarse y cambiarse, ahora regreso —informó Jasper a Maria y besó la frente de Bella antes de desaparecer dentro de la casa.

María se disculpó para ir a cambiarse, yo no pude seguir allí y tuve que salir de la casa. Una vez afuera respiré profundamente varias veces para calmarme, o de lo contrario, volvería a entrar sólo para romperle la cara al imbécil de Jasper, y hablando del rey de Roma, él iba saliendo con María.

—¡¿Qué te traes con Bella?! —gruñí tomándolo por el cuello de su camisa y estampandole con brusquedad contra mi Volvo.

—¡Suéltame Edward! ¿Te volviste loco o qué mierda te pasa? —me empujó con fuerza logrando que lo soltara y trastabillara.

—No voy a permitir que lastimes a Bella, así que no te quiero cerca de ella —Jasper negó con diversión y estuve a punto de soltarle un puñetazo.

—Mira Edward, Bella es una chica encantadora y es una gran persona, yo nunca le haría daño. Pero no me voy a alejar de ella, voy a venir todos los días con María para ayudarla con la terapia que acaba de comenzar, y me importa muy poco lo que tú digas.

¡Vaya! El siempre calmado Jasper estaba enojado, caminó hasta su coche con una nerviosa y asustada María tras de él, abrió la puerta del copiloto y la ayudó a subir, pero antes de subir él, se giró hacia mí.

—Deberías dejar de ser un maldito cobarde y decirle de una vez por todas lo que sientes por ella, después puede ser demasiado tarde —subió al coche y se fue.

Me senté en la acera y escondí mi rostro entre mis manos, demasiado tarde, esas dos palabra se repetían en mi cabeza una y otra vez, torturándome. Después de mucho pensar tomé una decisión, en una semana será mi cumpleaños y ése día le diré a Bella lo que siento por ella, no voy a permitir que Jasper, James o cualquier otro imbécil me robe a mi princesa de ojos chocolates.

Continuará...


¡Hola! Primero que nada... ¡Feliz Año Nuevo! (algo retrasado) Mis mejores deseos para ustedes, de todo corazón.

Y bueno no, no me han secuestrado los extraterrestres ni nada por el estilo, les pido mil disculpas por el retraso con las actualizaciones pero ahora sí, ya estoy libre y voy a retomar los Fic's. Espero que les haya gustado el capítulo y me digan su opinión.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's

¿Algún review? =)

Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír.

Martes: Juegos del Destino.

Miércoles: Odio o... ¿Amor?

Jueves: Siempre te Amaré.

Viernes: Caminos Cruzados (a este Fic le quedan pocos capítulos, y una vez termine, continuaré con la secuela)