Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 8
BELLA POV.
Edward tenía varios días actuando de una manera muy rara, lo notaba distraído y pensativo todo el tiempo; eso sin mencionar que venía con Jasper y María a diario, para ayudarme con las terapias que había iniciado, y se iba de casa hasta entrada la noche. No es que me molestara pasar tiempo con él, pero su actitud me era muy confusa, más porque Jasper lo veía siempre con una expresión de diversión en su rostro, lo cual fastidiaba sobre manera a Edward.
Además, en una ocasión escuché a María murmurar un: espero que no se vayan a pelear como el otro día; idiotas, casi me matan de un susto, sus palabras me dejaron más confundida de lo que ya estaba, pero cuando intenté preguntarle a Edward al respecto, se encogió de hombros y evadió el tema con un: no fue nada, Jasper y yo sólo estábamos jugando. Su respuesta no me dejó para nada satisfecha, pero era claro que no quería hablar conmigo sobre eso, así que no insistí más.
—Mañana es mi cumpleaños, mi mamá está organizando una cena para celebrarlo e irán algunos amigos; me gustaría que fueras —la voz de Edward me sacó de mis pensamientos y levanté la mirada para verlo.
—Me gustaría ir pero no puedo, lo siento —sus ojos fueron opacados por una sombra de tristeza ante mi negativa.
—¿Por qué? —me moría por decirle que no quería ver cómo sus "amigas" estaban tras de él todo el tiempo, porque lo más seguro es que entre sus amistades haya alguna mujer interesada en él, un claro ejemplo sería Chelsea; nada más recordar a ésa mujer me causaba urticaria.
—Bueno... mi hermano me va a llamar para contarme sobre los preparativos para su boda, y como la familia no se tomó muy bien la noticia... no quiero que piense que también yo estoy en su contra, ¿me entiendes, cierto? —él suspiró y asintió, no era del todo mentira ya que Emmett sí me llamaba a diario, pero no precisamente para hablarme de su boda.
—Es tarde, me tengo que ir —se levantó y se acercó a mí besando mi mejilla como despedida.
—Supongo que mañana no te veré, así que... ¡Feliz cumpleaños! Espero que te guste, mi tía lo escogió —le entregué la cajita envuelta en papel azul metálico con un moño blanco, rasgó el papel y abrió la caja dejando ver el lindo reloj que tía Renée compró hace unos días para él.
—Gracias, y dile a Renée que me encantó. ¡Ah por cierto! Te guardaré un trozo de torta, será de chocolate —me dio una de sus sonrisas de lado que tanto me encantan y mi corazón se saltó un latido.
—¡Genial! Es mi favorita, espero no lo vayas a olvidar —Edward negó y me guiñó un ojo antes de irse.
Esa noche mi tía y yo cenamos en mi habitación; me sentía agotada y no tarde mucho en quedarme dormida, no sin antes pensar en que mañana sería un día muy largo sin ver a Edward, y sin duda, me sentiría realmente sola sin su compañía.
Al día siguiente no salí de la habitación, María había tenido que salir de Jacksonville por un par de días y no vendría para mis terapias hasta la próxima semana; suspiré con pesadez el recordar las terapias, sabía que con eso no volvería a caminar, pues desde un principio María me explicó y me dejó muy en claro, que sólo serían para que yo me sintiera mejor y los músculos de mis piernas no se dañaran por la falta de movimiento. Pero a pesar de saberlo y aceptarlo, no terminaba por conformarme del todo, supongo que es cuestión de tiempo y al final me resignaré a mi nueva vida.
Tía Renée me acompañó todo el día, jugamos cartas, o al menos trató de enseñarme a jugar pero después de media hora se rindió, así que nos dedicamos a ver películas de comedia y románticas; con estas últimas, ambas terminamos llorando a mares con el final feliz y envidiando a la protagonista, por haber tenido la suerte de quedarse con el guapo de la película.
—Tía, ¿por qué nunca te casaste? —se levantó de la cama, y con nerviosismo, comenzó a recoger el recipiente de las palomitas y los vasos de los refrescos vacíos.
—Yo... Supongo que nunca llegó el hombre indicado para mí, no todas las mujeres tenemos la suerte de encontrarlo —respondió evitando verme, pero eso no evitó que notara cierta amargura en sus palabras.
—Pero todavía puede llegar, ¿no? Aún eres joven —negó un par de veces y se sentó junto a mí.
—¿Joven? Tengo cuarenta y dos cariño, el tren del amor se fue hace un par de años para mí —hizo el intento a levantarse, pero antes de que lo hiciera, no pude evitar hacer la siguiente pregunta.
—¿No te hubiese gustado tener hijos? —sus ojos brillaron con anhelo y se llenaron de lágrimas, me sentí como una tonta y me arrepentí al instante de haber hecho precisamente esa pregunta.
—Sí, por supuesto que me hubiese gustado, pero no me fue posible tenerlos. Aunque no me puedo quejar, ya que te tengo a ti... y a tus hermanos —limpió una lágrima que rodó por su mejilla y se levantó—. Voy a llevar esto abajo, ¿necesitas algo? —tomó los trastos sucios y negué.
Salió rápidamente de la habitación y solté un sonoro suspiro, había sido un gran error de mi parte iniciar esa conversación, no fue mi intención pero aún así había terminado lastimando a mi tía.
Tomé uno de los libros que me prestó Jasper, que se encontraba sobre mi mesita de noche, y me puse a leer; pero por más que traté no me pude concentrar. No debí de haberle preguntado a mi tía sobre su vida personal, se nota que es un tema que la lastima mucho, ¿nunca habrá tenido algún novio? Tal vez sí, y la hizo sufrir mucho por eso es que no le gusta hablar sobre ese tema, o tal vez... el sonido del teléfono cortó el hilo de mis pensamientos.
—¿Diga?
—¡Hola Bells! ¿Cómo está la hermanita más linda del mundo mundial? —por el eufórico tono en su voz, puedo jurar que algo bueno le pasó. Ojalá me diga que, por fin, se decidió y terminó con la pesada de Heidi.
—Por tu bien, espero que Alice no te esté escuchando —dije y ambos reímos—. Estoy bien, ¿y tú? ¿Qué tal los preparativos para la boda? —mi hermano suspiró pesadamente al otro lado de la línea.
—Entre Heidi, Alice y mamá, terminaran por volverme loco. En serio Bells, ya me veo en medio de una habitación blanca y acolchada.
—¿Alice y mamá? —pregunté con el ceño fruncido.
—¡Oh sí! Hablaron conmigo, y al ver que estoy decidido a casarme, accedieron a ayudar con lo preparativos —¿qué estarán planeando? Después de cómo reaccionaron al enterarse, no creo que acepten la idea así de buenas a primeras.
—Me alegro por ti, Emm —dije aunque no era cierto, Heidi no lo hará feliz estoy segura.
—Por cierto, pronto iremos a visitarte —ese iremos no me dio buena espina, si viene con Heidi no la voy a poder soportar ni por un par de minutos, mucho menos por días.
—¿Quiénes? —pregunté rogándole a Dios que no me diga que viene su flamante novia.
—Alice y yo —suspiré aliviada ante su respuesta—. Bueno, te tengo que dejar, voy a salir con Heidi a cenar y ya sabes que no le gusta que la hagan esperar.
—Te quiero oso, adiós —me despedí.
—Yo también te quiero enana, te comunicó a Alice que quiere hablar contigo —escuché como mi hermana le decía algo sobre la ropa que estaba usando, y que mejor cambiara su camisa por una azul, antes de que me gritara un: ¡hola Bella! Que casi me deja sorda.
No dejó de parlotear sobre cosas sin sentido, me preguntó por el clima, por el color de la ropa que usé hoy y un montón de tonterías más, escuché el ruido de una puerta cerrarse y Alice suspiró frustrada.
—¿Qué te ocurre Allie?
—Espera y te cuento —permaneció por unos minutos en silencio antes de volver a hablar—. Ahora sí, ya no hay pájaros en el alambre —con eso supongo que se refiere a que Emmett no está cerca.
—Supongo que quieres decirme algo sobre la boda de Emm, ¿o me equivoco?
—No, no te equivocas. Mamá y yo pensamos que, si le seguimos la corriente con la boda, Emmett va a recapacitar y terminara con este circo; algo así como cuando papá quería que estudiara administración y él quería estudiar medicina por llevarle la contra, al final papá accedió a que estudiara lo que quisiera y Emmett terminó estudiando administración y... y... y...
—¡Tranquila Alice! —ya me la imaginaba: caminando por la habitación de un lado a otro y apunto de un colapso nervioso—. Tal vez tengan razón en eso, pero no se hagan muchas ilusiones porque puede fallar esta vez.
—Bueno, dejemos ese tema de lado. Emmett te dijo que iremos a visitarte, ¿cierto?
—Sí, por un momento creí que me iba a decir que venía con Heidi —de tan sólo pensarlo, un escalofrío me recorrió el cuerpo.
—¡Dios nos libre! —chilló y ambas nos reímos—. ¿Sabes? Me muero por conocer a mi futuro cuñado.
—Alice, por favor, no empieces con lo mismo. Edward sólo es mi amigo... y así segura siendo —terminé con un murmullo, mi hermana bufó y murmuró un: siempre tan cabezota.
Después de eso seguimos hablando sobre su viaje, me dijo que aún no sabían cuándo vendrían pero no le creí, lo que quieren es llegar de sorpresa. Hablé con mi hermana por casi una hora, estaba muy contenta porque al fin había terminado sus estudios, ahora ya era toda una diseñadora recién graduada y ya estaba planeando todo para abrir su boutique lo antes posible.
Tía Renée estuvo muy cayada durante la cena, le conté sobre la llamada de mis hermanos y sus planes para venir a visitarnos, a lo que ella apenas respondía con escasos monosílabos; el remordimiento y la culpa se apoderaron de mí al ver sus ojos rojos e hinchados por el llanto, no debí haberle preguntado sobre su vida personal eso es algo que sólo a ella le incumbe.
—Buenas noches cielo —mi tía besó mi frente y tomó la charola con los trastos de la cena—. ¿Quieres que cierre la ventana?
—No, la noche está un poco calurosa y con la ventana abierta entra un poco de aire fresco. Descansa tía —me dio una sonrisa triste y apagó las luces antes de salir.
Apagué el televisor y dejé el mando sobre la mesita de noche, cerré los ojos y no tarde mucho en dejarme llevar por Morfeo.
Unos ruidos en la ventana me despertaron, no les di mucha importancia y volví a cerrar los ojos dispuesta a dormirme otra vez, pero de pronto se escuchó como algo, o alguien mejor dicho, chocaba con una silla, seguido por un fuerte golpe en el suelo acompañado con un jadeo de dolor; eso sí que me asustó y el pánico se apoderó de mí.
Con un movimiento casi imperceptible me tapé con la manta hasta la cabeza, me mordí la lengua para no gritar con la estúpida esperanza de, que fuera quién fuera, no se diera cuenta de mi presencia, pero no pude acallar el grito que salió de mis labios, cuando ese alguien jaló la manta para descubrir mi cabeza.
—Shhhh... Bella no grites, soy yo, Edward —me estiré hasta alcanzar la mesita de noche y encender la lampara, y efectivamente, Edward estaba parado a un lado de mi cama. ¿Qué diablos hacía aquí a las once y media de la noche?
—¿Qué haces aquí a esta hora? Casi me matas del susto —me enderecé hasta quedar sentada y él se sentó a mi lado.
—Lo lamento, yo vine a traerte esto —sacó de la mochila, que traía colgada en su espalda, un recipiente de plástico, en el cual había un buen trozo de torta.
—¿Por eso entraste como un ladrón a mi casa? ¿No podías haber esperado hasta mañana? —pregunté sonriendo con diverción y él se encogió de hombros.
—De hecho, no sólo vine por eso Bella, yo... yo... —pasó su mano por sus cabellos nerviosamente y se levantó, caminó por un momento de un lado a otro murmurando cosas que no pude entender, antes de volver a sentarse a mi lado y tomar mis manos entre las suyas—. Planeé cientos de veces lo que te diría, pero ahora... sé que tienes novio, y que tal vez lo que voy a decirte cambiara las cosas entre tú y yo, pero ya no puedo ocultarlo más. Te amo Bella, te amo con todo mi ser.
Sus palabras me dejaron en shock, no podía creer que esto fuera real, debo de estar soñando, sí, esto es solamente un sueño, uno maravilloso pero al fin de cuentas un sueño. Cerré los ojos esperando que al abrirlos de nuevo volviera a la realidad, pero al abrirlos me encontré con la mirada preocupada de Edward.
—Dime algo Bella, insúltame, gritáme, pídeme que me vaya... pero por favor habla.
—No tengo novio —murmuré después de un momento, él quiso hablar pero lo impedí poniendo mi dedo indice sobre sus labios—. Déjame hablar ¿si?, esto definitivamente va a cambiar las cosas entre nosotros, después de esto que me has dicho yo no puedo seguir siendo tu amiga porque... yo también te amo.
Edward sonrió ampliamente, tomó mi rostro entre sus manos y poco a poco se fue acercando hasta rozar mis labios con los suyos, dándome a elegir si me alejaba o no, y obvio que no me alejé, sino todo lo contrario, enredé mis brazos en su cuello profundizando así nuestro beso.
Sus labios se movían con una suavidad infinita sobre los míos, como si estuvieran hechos de cristal y temiese romperlos ante cualquier brusco movimiento; hubiese querido que el momento no terminara, pero la falta de oxigeno nos obligó a separarnos.
—No tienes una idea de cuánto te amo, Bella —susurró pegando su frente a la mía—. ¿Quieres ser mi novia? —no contesté nada, sólo me limité a unir nuestros labios de nuevo.
—Por sino te quedó claro, sí, quiero ser tu novia Edward —dije con una sonrisa cuando nos separamos.
—Gracias por darme el mejor regalo de cumpleaños, amor —murmuró sobre mis labios antes de besarme de nuevo—. Lo mejor es que me vaya, es tarde y tienes que descansar.
—Después del susto que me has dado, no creo que pueda volver a conciliar el sueño tan fácil —dije asiendo un infantil puchero que provocó que se riera.
—Te propongo algo, ¿qué te parece si me quedó hasta que te duermas de nuevo? —asentí con una sonrisa y Edward se acostó a mi lado.
Me abrazó atrayéndome hacia él y apoyé mi cabeza sobre su pecho, besó mis cabellos y susurró un: duerme, que yo velaré tus sueños, antes de comenzar a tararear una suave y dulce melodía, que me llevó de vuelta a los brazos de Morfeo más pronto de lo que me hubiese gustado.
Estiré mi mano tanteando sobre la cama, esperando encontrar a Edward a mi lado pero no estaba, abrí los ojos de golpe y la decepción me invadió, todo había sido producto de mi imaginación. La puerta se abrió de golpe y mi tía entró a la habitación, me sonrió al ver que ya estaba despierta y abrió las cortinas, dejando que la luz del sol se colara por las ventanas cegándome por un momento.
—Buenos días cielo, ¿dormiste bien? —asentí y su ceño se frunció—. ¿Eso es torta de chocolate?
Me giré bruscamente hacia la mesita de noche y una sonrisa tonta se formó en mis labios, al ver el recipiente de plástico en el que Edward me trajo la torta, después de todo, parece ser que lo de anoche no fue producto de mi imaginación.
—Sí, Edward la trajo anoche —respondí y ella sonrió de forma pícara.
—¿Y, cómo fue que entró a tu habitación? —preguntó sin borrar la sonrisa de su rostro.
—Por la ventana —me encogí de hombros y ambas reímos.
Mientras desayunábamos en el jardín, le conté a mi tía lo que pasó anoche, que Edward me pidió que fuera su novia y yo acepté, me felicitó y aseguró que él era un buen chico y me haría feliz; después de eso nos sumergimos en una tranquila charla, me sentía feliz como hacía mucho no me sentía y sonreír me era algo tan natural como respirar.
—Mira quién viene allá, tu Romeo —susurró mi tía señalando al frente con su cabeza, volteé y mi pulso se acelero al ver a Edward—. Tengo cosas que hacer, voy a dentro.
Se levantó y me dio un beso en la mejilla, saludó a Edward y se fue.
—Hola —le saludé y me sonrió.
—Hola amor —besó suavemente mis labios y se sentó junto a mí—. Mis hermanos nos invitan a que vayamos con ellos a la playa, ¿quieres ir?
—Contigo, voy hasta el fin del mundo —respondí y lo besé.
El beso pasó de algo dulce a algo más intenso, su lengua acarició mi labio inferior y entre abrí mis labios dejando que entrara. Un carraspeo reventó nuestra burbuja y nos separamos.
—¿Emmett, qué haces aquí? —mi hermano nos veía con el ceño fruncido y los brazos cruzados, ciertamente sabía que vendrían, pero no creí que tan pronto.
Detrás de él salió una muy enfadada Alice que, al vernos a Edward y a mí, sonrió borrando todo rastro de enfado de su rostro; junto a mi hermano se paró Heidi con una expresión de aburrimiento y... un momento, ¿qué diablos hacía ella aquí?
Continuará...
¡Hola! Aquí estoy cumpliendo con la actualización (uno de mis propósitos de año nuevo) y les dejo un nuevo capítulo, espero que les gustara.
Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...
Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's
¿Algún review? =)
Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:
Lunes: Volver a Sonreír.
Martes: Juegos del Destino.
Miércoles: Odio o... ¿Amor?
Jueves: Siempre te Amaré.
Viernes: Caminos Cruzados (a este Fic le quedan pocos capítulos, y una vez termine, continuaré con la secuela)
