Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 12

BELLA POV.

El tiempo corre demasiado rápido cuando eres feliz, y yo afortunadamente lo era. A penas puedo creer los cambios que mi vida a tenido desde el accidente, pero sobre todo aún me parece increíble que Edward esté conmigo y me ame, tanto como yo a él. En estos meses han pasado muchas cosas, Emmett regresó a Nueva York unos días después de que Heidi se marchara, sinceramente yo creía que su rompimiento sería como los muchos anteriores y volverían en un par de días, pero no, para sorpresa de todos esta vez sí fue definitivo.

Mi hermano venía a visitarnos frecuentemente y en sus ultimas visitas siempre estaba buscando un pretexto para estar cerca de Rosalie, además han salido un par de veces a cenar, al cine o simplemente a caminar por la playa, estoy casi segura que entre esos dos pasa algo y muy pronto nos darán la buena noticia de que están saliendo. Alice por su parte decidió quedarse por una temporada en Jacksonville, abrió una pequeña boutique y sus diseños se venden muy bien, y cómo no si ese pequeño duende tiene un gran talento; hace unos meses conoció a Alistair Fiorelli, nada más y nada menos que el hermanastro de Heidi y comenzaron a salir, mi hermana está realmente entusiasmada con esa relación y aunque parece un buen chico hay algo en él que no termina por convencerme, la forma en que ve a mi hermana no es la de alguien enamorado. Sólo espero que no vaya a romperle el corazón.

Mis padres vinieron por mi cumpleaños, fue una celebración intima, solamente estuvo presente la familia y por supuesto los Cullen. He de admitir que esa reunión me tenía un poco, o mejor dicho, muy nerviosa, temía la reacción de Charlie al conocer a mi novio, pero por fortuna todo fue perfecto y mis padres adoraron a Edward. Aunque noté a mi madre, a tía Renée y a Esme algo raras... como nerviosas, pareciera que escondieran algún secreto de vida o muerte y temiesen que por un descuido fuese revelado, pero debió ser sólo mi imaginación.

Por otra parte hacía unas semanas recibí una inesperada visita, después de meses sin saber de ella, precisamente desde aquella discusión telefónica que tuvimos, Tanya estuvo en Jacksonville.

Flash Back

Edward y yo estábamos sentados bajo la sombra de un frondoso árbol en el jardín de mi casa, él jugaba con los dedos de mi mano mientras charlábamos y reíamos. Un tímido carraspeo tras nosotros rompió nuestra burbuja y al levantar la mirada me encontré con Tanya.

Hola. Lamento interrumpir... eh... yo...

Hola Tanya, es un placer conocerte al fin, Bella me ha hablado mucho de ti —Edward se puso en pie y saludó a mi amiga con un beso en la mejilla.

El placer es mío, Bella también me ha hablado mucho de ti —soltó un sonoro suspiro y se lanzó a los brazos de Edward rodeándolo con fuerza—. Gracias, muchas gracias por devolvernos a la Bells de antes, y realmente espero que la hagas feliz, o de lo contrario, ya te las verás conmigo. Te aseguro que no quieres tenerme como enemiga, conozco gente, que conoce gente, que puede hacerte desaparecer sin dejar la más mínima huella.

No debes preocuparte por eso, confía en mí. Las dejaré solas para que hablen —se despidió de mí con un casto beso en los labios y de Tanya con un beso en la mejilla.

Te traje un obsequio —Tanya se sentó en el césped frente a mí y me tendió una pequeña cajita envuelta en papel rosa con un moño blanco.

No tenías que traerme nada, mi cumpleaños ya pasó al igual que navidad —ella soltó un sonoro suspiro de frustración por mis palabras.

Sólo toma la bendita caja, Bella.

Tomé la dichosa caja y rasgué el papel, antes de abrirla volteé a ver a Tanya que estaba de lo más entretenida jugando de forma nerviosa con las hebras de césped, abrí la caja y un jadeo de sorpresa salió de mis labios al ver lo que contenía.

Con manos temblorosas y lágrimas en los ojos saqué la medalla de la caja, me había negado a saber cualquier cosa que estuviera relacionada con Tanya y las olimpiadas por lo cual desconocía completamente si había ganado o no, levanté la mirada encontrándome con la de Tanya y abrí la boca para decir algo, pero el nudo en mi garganta me impedía hablar, al ver el estado en el que me encontraba ella rompió el silencio que nos envolvía.

No me vayas a decir que no la puedes aceptar, esa medalla de oro tenía tu nombre escrito desde que ganaste el pase a los olímpicos y...

Se quedó callada y bajó el rostro para que no la viera llorar, algo típico de Tanya Denali, odiaba mostrarse débil y llorar frente a los demás, según ella era una muestra de debilidad en las personas. Alargué mi mano hasta tomar la suya y segundos después ambas llorábamos abrazadas como todas unas Magdalenas.

Te agradezco que quieras dármela, aunque sigo pensando que fue una estupidez que te arriesgaras, pero eres tú quién debe tenerla —limpió sus lágrimas y negó sonriendo tristemente.

Es tuya y no me discutas, tú eres terca y yo lo soy mucho más. Quería traértela para tu cumpleaños, pero mis terapias me lo impidieron —al notar la confusión en mi rostro continuó hablando—. Una lesión en mi hombro, nada grave pero... aún así dejaré la gimnasia.

Si dejarás la gimnasia entonces í fue algo serio —se encogió de hombros restándole importancia al tema.

Bella, vi lo que esas chicas hacen y te aseguro que son realmente buenas, una rutina simple ya no me sería de ayuda y si hubiese sido más precavida en aquella ocasión yo... —dejó la frase inconclusa y suspiró.

Lo sé, podrías realizar una rutina más compleja. Pero Tanya debes dejar de sentirte culpable, todo pasa por una razón y te lo digo yo, que tantas veces renegué de mi suerte cuando me enteré que no podría volver a caminar.

Cambiemos de tema, no quiero que ambas terminemos deprimidas, mejor cuéntame, ¿qué has hecho en estos meses? ¿Qué tal tu relación con Edward?

Con una sonrisa tonta de enamorada en mi rostro procedí a contarle todo con lujo de detalles.

End The Flash Back

—Tu maleta está lista —la voz de Alice me sacó de mis pensamientos.

—Muchas gracias por ayudarme con eso, Allie —le agradecí con una sonrisa que me devolvió, aunque estoy segura de que al ver lo que empacó la querré matar.

Edward y yo cumplíamos ocho meses de noviazgo, y para celebrar, pasaríamos el fin de semana en una casa que tienen los Cullen en una playa privada que se encuentra a unas horas de aquí, e iríamos solos.

—Alistair irá mañana a tomar algunas fotografías y me pidió que lo acompañe —oh si, había olvidado que Alistair es fotógrafo—, después iremos a comer y... ¡presiento que me pedirá matrimonio!

—Alice, hace apenas un par de meses desde que comenzaron a salir ¿no crees que te estás adelantando demasiado? —esa sonrisa soñadora típica en toda mujer enamorada iluminó su rostro y negó con la cabeza.

—Lo amo y él a mí, no tiene caso esperar más. Además no he dicho que sea algo seguro, sólo es un presentimiento —se escuchó el sonido del timbre y mi corazón dio un salto nervioso—. De seguro es tu Romeo. ¿Le avisaste a María de tu fin de semana romántico?

—Jasper le avisó que no podría tomar las terapias hasta la próxima semana, y no es un fin de semana romántico —esto último lo dije en un susurro y mi hermana negó con diversión.

Unos suaves golpes en la puerta resonaron antes de que esta se abriera, permitiéndome ver a Edward.

—¿Estás lista? —preguntó con una sonrisa ladeada, provocando que me olvidara hasta de respirar por unos segundos.

—Sí —respondí no muy segura, las manos me temblaban y sudaban, estaba hecha un manojo de nervios.

Edward me tomó en brazos y salimos de la habitación seguidos por Alice que traía en sus manos mi maleta, una vez fuera de la casa, Edward me dejó con cuidado en el asiento del copiloto del coche y después metió mi maleta en la parte trasera del Volvo, mientras Sam metía en la cajuela mi silla. Mi hermana se despidió de nosotros y después fue el turno de tía Renée, que recién venía llegando con Emily de hacer la compra.

—Cuídala mucho Edward y diviértanse —tía Renée me dio un beso en la mejilla como despedida y cerró la puerta del coche.

Edward puso el coche en marcha y solté un sonoro suspiro para tratar, inútilmente, de calmar mis nervios; no entiendo por qué estaba tan nerviosa, después de todo no tenía porque estarlo, claro, obviando el hecho de que estaré sola con Edward por tres días.

Nos sumergimos en un cómodo silencio, aunque Edward tenía la mirada clavada en el carretera y se notaba un tanto distraído y pensativo. Casi una hora después me aventuré a preguntar...

—¿Ocurre algo? —volteó a verme y me sonrió.

—No, sólo que Jasper me dijo algo y me dejó un tanto intranquilo —nos volvimos a quedar en silencio pero yo necesitaba saber qué le pasaba a Jasper, tal vez yo pudiera ayudarlo en algo.

—¿Él está bien? —pregunté con la esperanza de que me dijera algo más.

—Físicamente sí, pero anímicamente está devastado. Se enamoró de una chica que sólo lo ve como su mejor amigo —pero qué chica tan tonta Jasper es un gran chico, pobre debe de estarlo pasándolo muy mal.

—Pues qué tonta, Jazz es un chico apuesto y cualquiera daría lo que fuera por llamar su atención —Edward me miró con los ojos entrecerrados, no cambia duda, aún sentía celos de Jasper, ¿le es tan difícil entender que él es sólo un gran amigo? Es más, lo veo como si fuera mi hermano.

—Haré de cuenta que no has dicho nada —su comentario me molestó demasiado, definitivamente sí le es muy difícil de entender.

—Oh no, no ignores mis palabras. Tal vez esté sopesando la posibilidad de cambiarte por Jasper —apretó el volante con fuerza y gruñó.

Durante el resto del camino ninguno volvió a decir nada, y a diferencia de un rato atrás, ahora el silencio que nos rodeaba era tenso, demasiado tenso. En ningún momento dejé de ver por la ventanilla, cosa que mi cuello resintió ¡genial! Ahora tendré tortícolis.

Edward detuvo el coche frente a una hermosa casa con grandes ventanales y de dos plantas, bajó del coche y lo rodeó para ayudarme a salir. Una vez frente a la puerta, sin emitir palabra alguna y con algo de trabajo, me dio las llaves para que abriera y así lo hice.

—¿Aún sigues molesto conmigo? —pregunté cuando me dejó sobre uno de los sofás.

—No estoy molesto contigo, Bella, te amo tanto que no puedo siquiera imaginar que no estés a mi lado —a mí me pasa exactamente igual, pero aún así sigo esperando que un día se dé cuenta de que no soy lo suficientemente buena para él y me deje.

—También te amo y mientras me quieras a tu lado aquí estaré.

—Entonces estaremos juntos por el resto de nuestras vidas, ya que no permitiré que te alejes de mí, nunca —una sonrisa enorme se plantó en mi rostro por sus palabras, la idea de pasar el resto de mi vida con Edward no me desagradaba en lo más mínimo y deseo con todo mi corazón que sea una realidad.

Acarició mi mejilla y besó castamente mis labios antes de salir por nuestras cosas al coche, las subió a nuestras habitaciones y después pasamos el resto del día en la playa comiendo sándwiches y jugando cuanto juego de mesa encontró Edward en la casa.

Edward insistió en que nos quedáramos un rato más en la playa para ver el atardecer, así que ahora estábamos sentados en la arena, yo entre sus piernas y con mi espalda apoyada en su pecho mientras sus brazos me rodeaban por la cintura y su barbilla descansaba en mi hombro, esperando a que el sol comenzara a caer.

Era como estar viendo una obra realizada por el mejor pintor de todos los tiempos, el cielo azul se comenzó a cubrir con distintos matices de naranja y amarillo a medida que el sol en tonalidades rojas descendía acercándose al horizonte, envolviéndonos en una sensación de paz y tranquilidad, anunciando la llegada de la noche ocultándose con lentitud como si el agua lo engullera poco a poco hasta hacerlo desaparecer por completo.

—Es tan hermoso y pacifico ¿no lo crees? —sólo pude asentir, pues estaba completamente absorta en la hermosa vista frente a nosotros.

Sus labios dejaron un beso húmedo en mi cuello mandando escalofríos por todo mi cuerpo, giré mi rostro quedando frente a frente y acorté la distancia que nos separaba, el beso que comenzó suave y calmado terminó volviéndose necesitado y apasionado, Edward se puso rígido de un momento a otro y terminó con el beso de manera un tanto brusca, dejándome totalmente desconcertada.

—Debes de estar cansada, mejor volvamos a la casa —dijo apresuradamente poniéndose en pie y tomándome en sus brazos.

Cuando me dejó en mi habitación le pedí que me acercara mi maleta y después de dejarla sobre la cama apenas murmuró un: "te dejaré para que te cambies" y salió casi corriendo de la habitación. ¿Acaso hice algo malo? Porque siendo sincera no entiendo qué diablos pasó para que Edward cambiara su actitud de forma tan radical, suspiré completamente frustrada, abrí la maleta y nada más ver lo que Alice metió en ella casi me provoca un infarto. Comencé a sacar las prendas una a una buscando un pijama decente, pero cada prenda que sacaba era más pequeña que la anterior.

Al final lo mejor que encontré fue un camisón de seda color azul con detalles de blanco encaje y con resignación me cambié; sí, ahora podía cambiarme de ropa sin necesitar ayuda, no me era una tarea fácil pero si muy satisfactoria. Unos minutos después Edward volvió a entrar a la habitación, quitó la maleta de la cama y al verme tragó en seco mientras me recorría de pies a cabeza con la mirada causando que me sonrojara.

Respiró profundo un par de veces antes de acercarse a la cama para ayudarme a meter bajo las sábanas y, no sé cómo pasó, sólo sé que de un momento a otro Edward se enredó con sus propios pies y cayó sobre mí, literalmente. Nuestros labios casi se rozaban y aunque me moría de ganas por acortar la distancia que nos separaba no lo hice, pero para mi sorpresa él sí lo hizo.

Sus labios se movían de forma fiera y demandante sobre los míos, mis manos se aferraban a sus cabellos acercándolo más a mí y una de sus manos comenzó a vagar de manera tímida por mi cuerpo, solté su cabello, acaricié su espalda hasta llegar al borde de su playera y en un repentino momento de valentía metí mi mano bajo la tela acariciando su piel, pero mi valentía se esfumó cuando Edward se apartó de mí sentándose en el borde la cama.

—Bella yo... no quiero que creas que si te traje aquí fue para... bueno para que pasara...

—Lo sé, pero yo quiero hacerlo —le dije interrumpiendo su nervioso discurso—. Y entiendo si tú no...

Sus labios volvieron a buscar los míos y cuando bajo lentamente el tirante derecho de mi camisón algo dentro de mi estomago se retorció, anticipando lo que pasaría después.

Continuará...


¡Hola! Pues aquí esta el capítulo de esta semana (de este Fic) y espero que haya sido de su agrado. Quiero comunicarles que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, si gustan unirse encontraran el link en mi perfil.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's

¿Algún review? =)

Las actualizaciones serán de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír.

Martes: Juegos del Destino.

Miércoles: Odio o... ¿Amor?

Jueves: Siempre te Amaré.

Viernes: Caminos Cruzados... ¿De Nuevo?