Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 16
—Alice, Edward, tengo algo muy importante que decirles...
Ocho palabras fueron las que abandonaron los labios de Heidi, ocho palabras que cambiarían la vida de todos, ocho palabras que Heidi estuvo a punto de no pronunciar, pero si quería ser feliz junto al hombre que amaba tenía que hacerlo.
Alice al ver la cara desencajada de Heidi temió lo peor, temió que algo le hubiese pasado a Alistair y por eso la razón de su retraso, ante ese pensamiento su corazón dio un vuelco y se sostuvo de Rosalie para no caerse pues sus piernas de pronto se sintieron como gelatina. En cambio Edward esperaba ansioso que Heidi terminara de una vez para ir en busca de Bella, después de todo ¿qué pudiera decir esa mujer que le importara a él?
—Habla de una vez, ¿qué eso tan importante que tienes que decir? —la apresuró Rosalie dándole una mirada desafiante, ella sospechaba que no era nada bueno lo que esa mujer tenía que decir y sólo rogaba al cielo que no tuviera que ver con Emmett, que no estuviera allí porque quisiera volver de nuevo con él.
Heidi se quedó callada y bajó la mirada, debatiéndose entre seguir con la mentira o decir la verdad, después de todo ¿cómo podía ella construir su felicidad sobre la desdicha de los demás? Ese sin duda era un precio muy alto a pagar para obtener su felicidad, pero ¿tenía ella la sangre tan fría como para pagar el precio requerido? La desesperación de Edward aumentó con el silencio de Heidi, retrocedió unos cuantos pasos dispuesto a irse pero entonces, tras tomar un largo respiro, con voz temblorosa Heidi soltó las seis palabras que harían estallar todo.
—Bella y Alistair... se fugarán... juntos —los ojos le Alice se llenaron de lágrimas y comenzó a negar de forma frenética, Rosalie la sujetó con fuerza al notar que su cuñada estaba a punto de caer, pero no pudo sostenerla y ambas terminaron arrodilladas en el piso. Edward furioso se plantó frente a Heidi, no podía creer que fuera capaz de decir una mentira como esa. ¿Cómo se atrevía a calumniar de esa forma a su ángel?
—Eso es mentira, ¡una vil mentira! —gritó lleno de cólera sujetando a Heidi con fuerza por los brazos, llegando incluso a lastimarla.
El resto de los Cullen y de los Swan, así como Marco, alertados por los gritos de Edward se acercaron, al ver la escena Carlisle se acercó a su hijo y logró que soltara a Heidi, mientras tanto Esme, Renée y Sulpicia confundidas se arrodillaron junto a Alice que lloraba desconsolada; Marco al ver a su hijastra allí supo que algo no estaba bien.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó Charlie y una temblorosa Alice se puso en pie con ayuda de Rosalie.
Respiró profundo obligándose a calmarse, ¡vamos Alice! ¿No te das cuenta? Todo esto no es más que un invento para arruinar tu día, no le des el gusto de verte caer en su teatro; se repetía una y otra vez a sí misma, pero a pesar de querer creerlo no podía y las lágrimas seguían rodando sin control por su mejillas.
—Esta zorra vino a decirnos que Alistair y Bella van a fugarse juntos. Pero no es cierto, no puede ser cierto ¿verdad papá? —María apretó su agarre en el brazo de Jasper cuando este quiso acercarse para consolar a Alice, impidiéndole moverse de donde estaba.
Él confundido volteó a verla y trató de soltarse, a lo que ella negó murmurando un: "No es conveniente en este momento"
—Por supuesto que no es verdad —respondió Marco mirando con furia a Heidi—. Mi hijo te ama Alice, no sería capaz de dejarte plantada el día de su boda —y mucho menos sería capaz de desobedecerme, terminó Marco para sus adentros.
—Ellos dejaron algo para ustedes —murmuró Heidi capturando la atención de todos, sacó el sobre que estaba dentro de su bolso y al tocarlo sintió como si le quemara la mano.
Emmett fue el primero en reaccionar y de dos zancadas llegó hasta Heidi, tomó el sobre y con impaciencia lo rasgó. Desdobló la hoja y en voz alta comenzó a leer...
—Sabemos que esta no es la mejor forma para hacer las cosas, pero no tuvimos otra opción. Tanto Bella como yo en vano luchamos contra este sentimiento, no queríamos dañar a nadie y tratamos de enterrar lo que comenzaba a nacer entre nosotros... —Emmett detuvo por un momento la lectura para asimilar lo que acabada de leer, Heidi sonrió con ironía pues Alistair escribió en esa nota: "No queríamos dañar a nadie" sin embargo estaban dañando a muchas personas.
—¡No sigas! —ordenó Edward al ver que Emmett seguiría leyendo—. ¿Dónde están? ¡¿Dónde mierda están?! —gritó lleno de cólera y Heidi asustada retrocedió unos cuantos pasos.
—En este momento... d-deben estar llegando... al a-aeropuerto —balbuceó intimidada por la fiera mirada de Edward.
En cuanto las palabras abandonaron la boca de Heidi, Edward se echó a correr hacia donde estaba el descapotable de Rosalie, y Alice, corrió tras él limpiando sus lágrimas con movimientos bruscos. Un revuelo se armó entre los Cullen y los Swan, todos querían encontrar una respuesta a lo que estaba pasando, pues todos se negaban rotundamente a creer que fuera verdad.
Marco aprovechando la distracción de todos se acercó a Heidi, la tomó de forma brusca del brazo y a paso rápido se alejó llevando a la joven a cuestas.
—¡Suéltame! —chillaba Heidi tratando de zafarse del agarré de Marco.
Una vez lo suficientemente lejos para que no los escucharan, la soltó haciéndola caer al suelo; Heidi se levantó y le dio una mirada desafiante.
—Explícame ¿qué basura es esta? —gruñó, Marco no se tragaba el cuento de que su hijo de la noche a la mañana haya descubierto estar enamorado de una lisiada como Bella, eso sin duda era una mentira.
—No hay nada que explicar, todo es tan simple como que Alistair dejó de ser una pieza más en tu tablero de juego. A partir de hoy, estás completamente solo Marco Fiorelli.
Heidi dio media vuelta y se alejó rumbo al taxi que la esperaba para llevarla al aeropuerto, sintiendo que a pesar de todo el daño causado, algo bueno resultaría de esto. Marco en cambio, mientras veía a la joven alejarse sintió el peso de las palabras de Heidi caer sobre él y comprendió que su ambición, su amor a algo tan efímero como lo es el dinero lo llevó a perder lo único de valor que poseía: su hijo.
—¡Edward espera! —gritó Alice al ver que este estaba por subirse al coche, corrió más a prisa y se subió al coche justo cuando Edward lo encendía.
—Baja del jodido coche, Alice —gruñó pero ella lo ignoró.
Edward golpeó el volante y tras maldecir arrancó provocando un estridente chirrido de los neumáticos sobre el pavimento. Las calles de Nueva York, por suerte o desgracia, estaban completamente desiertas, algo raro e inusual en la ciudad que nunca duerme, así que tan sólo unos minutos fue lo que tardaron en llegar al aeropuerto.
Edward aparcó el coche sin importarle que en ese espacio estaba prohibido, bajó y se apresuró a entrar seguido de cerca por Alice. Al entrar fueron recibidos por un mar de personas que caminaban en todas direcciones, ambos giraban sus cabezas con frenesí en busca de Bella y Alistair a la par que se abrían paso entre la multitud, pasados un minutos, fue Alice quien los vio a punto de cruzar la puerta de abordaje.
—Edward, por allá —murmuró y el cobrizo al ver en la dirección que Alice señalaba sintió que su corazón se rompía en mil pedazos, pues irónicamente, aún albergaba la esperanza de que todo fuera una calumnia.
Ambos se echaron a correr para tratar de detenerlos, necesitaban una explicación por parte de ellos más allá de una simple y estúpida nota.
—Disculpen, pero necesito ver sus billetes para dejarlos pasar —Edward tiró de su cabello exasperado cuando el guardia les impidió el paso.
—No vamos a subir a ningún maldito avión, sólo queremos detener a dos personas —dijo Alice tratando de contener las lágrimas que, de nueva cuenta, amenazaban con brotar de sus ojos.
—Lo siento mucho señorita, pero no puedo dejarles pasar —Edward gritó frustrado y trató de pasar por sobre el guardia, que de inmediato pidió refuerzos.
Fueron minutos los que Edward luchó en vano, al ver que no conseguiría pasar, se dejó caer de rodillas y con rabia estrelló sus puños contra el piso una y otra vez para sacar el dolor que lo estaba matando. Alice se apoyó en la pared más cercana y se deslizó hasta llegar al suelo, dejó correr las lágrimas que había estado reteniendo mientras se preguntaba una y otra vez ¿por qué el amor de su vida y su hermana le causaban ese inmenso daño?
En ese momento llegaron Rosalie, Emmett, Jasper y María. Jasper al ver a Alice corrió hasta ella y la estrechó con fuerza entre sus brazos, susurrándole palabras de aliento que, poco a nada, ayudaban a la pelinegra a calmarse, ella se aferró con sus manos a su camisa buscando consuelo en su amigo y María clavó la mirada lejos de ellos, sintiendo su corazón punzar dolorosamente. Rosalie se acercó a su hermano mientras silenciosas lágrimas rodaban por sus mejillas, con cautela lo envolvió con sus brazos y él la abrazó con fuerza, llorando como nunca antes lo había hecho.
Pero ellos no eran los únicos que sufrían, abordo del avión que despegaba una castaña se deshacía en amargas lágrimas. Bella lloraba por lo que dejaba atrás, por el daño causado a Alice, por el engaño en el que vivió por toda su vida, y sobre todo, por la confianza rota que ciegamente deposito en Edward.
—Ven aquí cariño —Bella giró su rostro para ver a la persona a su lado y sin pensar se refugió en sus brazos—. Aún estás a tiempo de recapacitar. Huir no es la solución Bells, enfrenta a Renée, a Edward, a todos; pero no huyas de los problemas.
—No puedo, no puedo hacerlo James —susurró con voz débil para después sumergirse en un profundo silencio el resto del vuelo.
James acariciaba el cabello de Bella para que se tranquilizara, sabía que eso la ayudaría y no sé equivocó, unos minutos después la castaña cayó en un intranquilo sueño plagado de pesadillas.
—Le costará salir de esto, ¿cierto? —preguntó la pelirroja en susurros para no despertar a Bella.
—Sí, se siente traicionada por las dos personas más importantes de su vida —James suspiró y tomó la mano de Victoria entre la suya—. Gracias amor, por comprender que ella me necesita y por venir con nosotros.
—No tienes nada que agradecerme, sé que ella es muy especial para ti —respondió con una sonrisa y le dio un apretón a la mano de James.
Ciertamente otra mujer en su lugar estaría muerta de celos al ver la preocupación de su novio por su ex, pero Victoria no. Ella era más que consciente de que la relación de ellos era puramente fraternal, sabía del inmenso amor que Bella profesaba por Edward y nunca dudaría del amor de James hacia ella. Además, en el poco tiempo que tenía de conocer a Bella, había llegado a tomarle aprecio y deseaba ayudarle a salir del bache que estaba atravesando.
…
Dos semanas después...
—Bella, tienes que comer algo —rogó por milésima vez Victoria.
Bella no despegó la mirada de la ventana, tal y como lo venía haciendo durante los últimos días, estaba sumergida en una profunda depresión, poco o nada era lo que comía durante el día y ni siquiera era consiente de qué o quiénes la rodeaban; la pelirroja exasperada y cansada de ver como poco a poco su amiga se consumía como la mecha de una vela al fuego, se levantó de la cama y salió de la habitación.
—¡Tenemos que hacer algo, no podemos dejarla morir! —chilló entrando a la cocina donde estaba James comiendo.
James salió disparado a la habitación de Bella, la situación lo estaba sobrepasando y nada más entrar comenzó a hablarle e incluso le gritó mientras la sacudía por los hombros, pero ella ni siquiera parpadeó.
En un acto de desesperación la tomó en sus brazos y la llevó al baño, se metió en la ducha y abrió el grifo del agua fría dejando que el agua los mojara a ambos con la esperanza de hacerla reaccionar. Pasaron unos largos minutos antes de que Bella poco a poco enfocara su mirada en James, su cuerpo comenzó a tiritar y sus dientes a castañear.
—Ja-James ¿qué p-pasa? —susurró temblorosa y el rubio sonrió y dejó un casto beso en la frente de su amiga, había logrado sacar a Bella del limbo en el que se encontraba.
En la mansión Swan, Alice se encontraba encerrada en su habitación, acostada en su cama contemplando con aire ausente el vestido de novia que se encontraba tirado en el piso. Una solitaria lágrima resbaló por su mejilla y como impulsada por un resorte se puso en pie, buscó unas tijeras y con rabia hizo jirones el hermoso vestido que un par semanas atrás uso el día que pensó sería el más feliz de su vida, pero sin embargo, se convirtió en el inicio de una terrible e interminable pesadilla.
—Esta es la última vez que derramo una lágrima por ustedes, juro que nunca mientras viva, volveré a llorar por ese par de malnacidos. ¡Lo juro! —gritó tirando tiras de tela por toda la habitación para después hacerse ovillo sobre el suelo.
Cuando Alice se canso de llorar se puso en pie, entró al baño y tomó una larga ducha, se vistió con unos jeans ajustados color blanco y una blusa con un solo hombro color azul fuerte, se maquilló y peinó su cabello como usualmente lo hacía, se calzó unos zapatos negros de tacón y tras tomar su bolso salió de la habitación.
—¿Alice? ¿A dónde vas cariño? —preguntó Sulpicia al ver a su hija bajar las escaleras.
—Tengo que buscar un lugar para montar mi boutique, después de todo mi vida no se va a terminar, porque la zorra de mi hermana se metió con mi novio y se fugaron juntos el día de mi boda —respondió destilando veneno en cada palabra y, al salir, cerró la puerta con fuerza.
Sulpicia sintió como su cuerpo se estremecía ante la frialdad en la mirada de su hija, no quedaba nada de la joven alegre e hiperactiva que hasta hace unos días, alegraba la casa con sus risas y los ponía a todos nerviosos al no quedarse quieta por un momento, suspiró y con tristeza se preguntó si algún día volvería a ver a esa Alice.
En Jacksonville, Esme suspiró con tristeza al ver a su hijo llegar de la universidad y subir a su habitación sin decir palabra alguna, el cobrizo se pasaba el día encerrado perdido en sus recuerdos. Era masoquista y se atormentaba recordando todos y cada uno de los momentos vividos a lado de Bella, cada beso, caricia, palabra de la noche que hicieron el amor estaban grabados a fuego en su memoria, recuerdos hermosos y que a la vez hacían crecer su odio hacia Bella.
—Voy a olvidarme de ti Isabella Swan, será como si nunca hubieses existido. Haré lo que sea para lograrlo —prometió a la nada levantándose de la cama, tomó las llaves de su Volvo y salió.
Condujo como loco por las calles de Jacksonville hasta que llegó a su destino, bajó del Volvo y a prisa caminó hasta la casa frente a él, llamó con insistencia y unos minutos después la puerta fue abierta, la chica de ojos color miel y cabello rubio sonrió al ver a Edward que sin emitir palabra alguna estampó sus labios furiosamente sobre los de ella.
Chelsea cerró la puerta y guió a Edward hasta su habitación, lo tiró sobre la cama y se sacó el ligero vestido que llevaba puesto quedando en ropa interior. Es una suerte que mis padres no estén en casa, pensó mientras se sentaba a horcajadas sobre Edward y lo besaba.
Victoria se despidió de James y Bella, salió de la casa apurada pues ya iba tarde a la universidad, después de unos días ella y James habían logrado organizarse para continuar sus estudios y no dejar a Bella sola. Victoria estudiaba medicina, y justo tenía que hacersele tarde precisamente el día que un importante doctor, especialista en columna, daría una conferencia en su facultad; llegó cuando la conferencia recién empezaba, escuchó con atención y fascinación cada palabra, la conferencia terminó y ella se acercó al doctor Aro Vulturi.
—Doctor Vulturi, me gustaría hacerle una pregunta. Si tiene un minuto, claro.
—Por supuesto señorita...
—Spencer, Victoria Spencer.
—Bien señorita Spencer, ¿qué pregunta es esa?
Victoria le contó sobre el caso de Bella, le intrigaba saber si existía una posibilidad de que su amiga volviera a caminar, el doctor Vulturi escuchó con atención a la joven y al terminar de hablar ella, tomó una profunda respiración antes de responder.
—No puedo darte un diagnostico basándome en lo que escuché, tu amiga tendría que realizarse algunas pruebas para que pueda evaluar el daño que su columna sufrió tras el accidente. Mira, yo estaré aquí en Houston por un par de semanas, habla con ella y si quiere realizarse las pruebas, avísame —Victoria tomó la tarjeta que el doctor Vulturi le daba, tal parecía que una nueva esperanza comenzaba a nacer para Bella.
Continuará...
¡Hola! Les dejo el capítulo de esta semana y espero que, a pesar de todo, haya sido de su agrado. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, donde estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, así como también noticias sobre futuros proyectos y si gustan unirse encontraran el link en mi perfil.
Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...
Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's
¿Algún review? =)
Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:
Lunes: Volver a Sonreír.
Martes: Juegos del Destino.
Miércoles: Odio o... ¿Amor?
Jueves: Siempre te Amaré.
Viernes: Caminos Cruzados... ¿De Nuevo?
