Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 19
BELLA POV.
Suspiré con resignación y cerré mi maleta con desgana, por más que traté e inventé excusas no pude zafarme del bendito viaje a Miami, Jacob había sabido muy bien con quienes aliarse y tanto Victoria como James no dudaron en ponerse de su lado, los muy traidores.
—¿Puedo pasar? —preguntó Victoria asomando la cabeza por la puerta—. Vengo en son de paz, lo juro.
Asentí como respuesta y bajé la maleta al piso, con pesadez me dejé caer a la cama de espaldas y Victoria me imitó. No pude evitar soltar una sonora carcajada cuando mi amiga me extendió un pañuelo blanco, el cual sin dejar de reír tomé.
—No te rías, es una ofrenda de paz —comentó sin poder ocultar una sonrisa.
Por un par de minutos estuvimos sumergidas en un cómodo silencio, con la mirada perdida en el techo de mi habitación, hasta que me vi en la obligación de romperlo, antes de irme tenía que tener la seguridad de que James y ella harían lo que les pedí.
—Vic, no olvidaron lo que les dije ¿verdad?
—Descuida, estaremos muy pendientes de ese asunto —respondió dejándome un poco más tranquila, pero sólo un poco—. Bella, si es cierto lo que sospechas... ¿qué es lo que harás?
—Sinceramente no lo sé. Lo único que tengo muy en claro es que, si mis sospechas se confirman, haré lo que sea necesario para sacar a Tia de ese lugar —asintió dándome la razón y de nuevo nos quedamos en silencio.
Un par de días atrás me había encontrado con Tia en un pequeño parque al cual suelo ir a caminar y despejarme un poco, estaba sentada en una banca apartada, se veía nerviosa y asustada, tenía los ojos rojos e hinchados, una clara señal de que había estado llorado. Me acerqué a ella y con suavidad posé mi mano sobre su espalda, apenas si llegué a tocarla, antes de que soltara un jadeo de dolor y clavó su mirada llena de pánico en mí.
Sin vacilar levanté su blusa y lo que vi me dejó completamente horrorizada, tenía la espalda llena de moretones, algunos eran de un color amarillento y estaban por desaparecer, pero también había varios recientes que apenas se comenzaban a formar. La interrogué sobre qué le había pasado, pero la única respuesta que obtuve de su parte fue un nervioso: Me caí, y apresurada se había echado a correr.
Por supuesto que no le creí eso de la supuesta "caída", así que busqué su dirección en su hoja de registro de curso y fui a su casa; su madre se portó de forma nerviosa ante mi presencia, evitaba verme a la cara, llevaba el cabello suelto cubriéndole una buena parte del rostro y apenas pude cruzar un par de palabras con ella, pues cuando minutos después el padre de Tia llegó, la señora me sacó casi a rastras de su hogar.
Después de darle vuelta una y otra vez al asunto e investigar un poco acá y allá, llegué a una conclusión que para nada era alentadora: tanto Tia como su mamá, evidentemente eran victimas de violencia familiar.
—Bells, hay algo que tengo que decirte antes de que te vayas —la voz de Victoria me sacó de mis pensamientos, hice un movimiento con mi mano para que continuara y soltó un sonoro suspiro—. Estoy embarazada.
—Creo que no escuché bien. ¿Podrías repetirlo de nuevo? —su voz había sido apenas un suave murmullo, por lo tanto tenía que cerciorarme que le había escuchado bien.
—Estoy embarazada —repitió con voz fuerte y clara.
Con una sonrisa giré el rostro en su dirección y no me esperaba verla como la vi, no se veía para nada contenta con la noticia; es más, se veía triste y demasiado pensativa, parecía que en cualquier momento se echaría a llorar.
—¿Qué te pasa, Vic? Deberías estar radiante y feliz con la noticia. ¡Por Dios, vas a ser mamá! —no respondió, se limitó a incorporarse quedando sentada en el borde de la cama y comenzó a llorar desconsolada.
Estuvo llorando por varios minutos y yo confundida, al no saber el por qué se había puesto así, frotaba su espalda a la vez que le decía palabras tranquilizadoras intentado calmarla.
—Tengo mi-miedo... ¿y si James no qui-quiere al be-bebé? —susurró entre sollozos.
—¡Dios mío! Victoria, James te ama y te aseguro que se pondrá eufórico cuando le des la noticia de que serán padres —¿cómo podía si quiera creer que él no querría a su bebé? Eso era algo totalmente imposible.
—Bella, Jacob te está esperando y... ¿Por qué lloras cielo? —hablando del rey de Roma, James irrumpió en mi habitación sin siquiera llamar.
—No es nada, anda, lleva la maleta de Bella que nosotras bajamos en un momento —respondió limpiando sus lágrimas.
James no dijo nada más y tomando mi maleta salió de la habitación, Victoria respiró profundo varias veces antes de ponerse en pie, cosa que yo imité pero antes de salir la detuve.
—¿Se lo dirás, cierto? —pregunté y tras suspirar asintió—. Bien, podrías hacer algo especial y no sé... tal vez aprovechar que estarán solos por unos días —dije de forma pícara y se sonrojó hasta las orejas.
—¡Bella! —chilló y no pude evitar reír—. Deja de decir esas cosas, y mejor bajemos que se les hará tarde.
—No me importaría perder el vuelo —murmuré tan bajo que no me escuchó.
Cuando bajamos Jacob ya estaba subiendo mi maleta al taxi que nos esperaba fuera de la casa, me despedí de mis amigos y sin mucho ánimo me monté en el coche. El recorrido hasta el aeropuerto lo hicimos sumergidos en un tenso silencio, digamos que mi relación con Jake se había fracturado un poco, desde que me besara aquel día en mi oficina, sin duda tenía por delante unos días demasiado largos.
El vuelo se me hizo eterno, Jacob y yo apenas si habíamos cruzamos un par de palabras sobre temas triviales. Por eso cuando llegamos al hotel, me sentí gratamente aliviada.
—En una hora vendré por ti para ir a comer con mi familia —me dijo una vez frente a la puerta de mi habitación.
—Bien, ¿comeremos aquí, en el restaurante del hotel? —pregunté entrando a la habitación.
—No, iremos a un restaurante en el centro —sin más se fue y cerré la puerta.
La cena fue tranquila, Jacob mantuvo una aminada charla con su padre y su cuñado; por fortuna yo había congeniado de maravilla, tanto con Rachel como con Rebecca, y estuvimos charlando durante toda la cena sobre la boda que se celebraría en dos días.
Al volver al hotel Jacob me acompañó hasta mi habitación, en un momento durante el trayecto sacó a flote el tema del beso que me dio en mi oficina, pero con rapidez lo evadí, diciéndole que todo estaba bien y que lo mejor era que ambos lo olvidáramos por el bien de nuestra amistad. Mis palabras no le hicieron mucha gracias, pues dio media vuelta y se fue más que molesto.
Extrañamente, y por primera vez en mucho tiempo, había logrado dormir varias horas seguidas sin tener una sola pesadilla, pero a pesar de eso, cuando me desperté todavía no amanecía. Salí de la cama y cambié mi pijama por unos shorts de mezclilla y una blusa de mangas cortas, recogí mi cabello en una desordenada coleta y me calcé unas sandalias de playa, tomé la pequeña tarjeta que abría mi puerta y, tras meterla en el bolsillo trasero de mis shorts, dejé la habitación.
Por largo rato estuve caminado por la orilla del mar permitiendo que de vez en cuando el agua mojara mis pies, una solitaria lágrima rodó por mi mejilla ante el recuerdo de aquella primera vez que salí con Edward, y como después de dejar la casa de Kate y Garrett, me llevara a dar un paseo por la playa. Me senté en la arena y abracé mis piernas pegándolas a mi pecho, los primero rayos del sol comenzaron a iluminar el horizonte y con nostalgia contemplé la escena.
—Es algo realmente hermoso como para contemplarlo sin compañía, ¿no crees? —mi cuerpo entero comenzó a temblar cuando reconocí la voz de la persona que se sentó a mi lado.
—¿Tanya? —murmuré girando el rostro para verla.
—¿Por qué desapareciste así sin más? ¿Qué pasó para que lo hicieras? ¿Sabes el daño que le causaste a todos con tu partida, Bella? —agaché la mirada avergonzada y tras suspirar me abrazó, no pude contener más mis lágrimas y, en brazos de mi amiga, lloré hasta que no pude más.
—N-no tienes de i-idea de cuanto lo la-lamento —cerré los ojos y respiré profundo para calmarme y poder hablar con claridad—. Sé que no es escusa, pero la rabia me cegó y no pensé en nadie más que en mí y el dolor que me consumía en ese momento.
—No entiendo, Bella. ¿De qué hablas?
Le conté todo lo que había descubierto esa maldita noche, desde el motivo por el cual Alistair estaba con Alice, hasta la conversación de Sulpicia, Renée y Edward en el despacho, terminando con el cómo Alistair y yo planeamos eso de que "huiríamos" juntos. Tanya me escuchó sin interrumpirme y, al final de mi relato, se quedó muda por un momento.
—Es increíble, simplemente no puedo creerlo... ¿Renée es tu mamá? —murmuró llena de escepcionismo y asentí—. Bueno, eso explica muchas cosas. Y no es que apoye lo que hiciste, pero hasta cierto punto yo... te entiendo. Debió ser demasiado duro para ti enterarte de eso.
—Oh sí que lo fue, y más, enterarme de que Edward también lo sabía. Tanya, si él hubiese sido sincero conmigo tal vez... ahora todo sería diferente —de nuevo abracé mis piernas y apoyé la barbilla sobre mis rodillas.
—Bella, ¿has pensado en volver y enfrentar a todos? ¿Decirles la verdad? —claro que lo había pensado, pero no era más que una cobarde y no tenía el valor suficiente para enfrentar mis malditos errores. Al ver que no respondía, masculló algo que no entendí y cambió de tema—. Hace un año me casé con Alec.
—Vaya, Felicidades. Si te soy sincera, cuando terminaron creí que no había esperanzas para una reconciliación —sonrió y se encogió de hombros.
—Vamos a tomar algo, aún hay mucho que debes contarme. Espero que haya alguna cafetería abierta a esta hora —me calcé mis sandalias y ambas nos pusimos en pie.
Durante el camino le conté a Tanya que estaba viviendo en Huston con James y Victoria, algo que para nada le sorprendió, pues según me dijo, desde que supo que casualmente ellos también habían desaparecido lo sospechó; también le hablé sobre la academia y eso la entusiasmo bastante.
Llegamos a un lugar donde al parecer se llevaría acabo un evento o algo parecido, Tanya se puso nerviosa y volteaba a todos lados como buscando a alguien, me tomó de la mano y prácticamente me arrastró hasta una pequeña cafetería que estaba cerca. Me solté de su agarre y moví mi dolorido brazo, y es que es su prisa, mi amiga casi me lo había arrancado.
—Tanya, ¿por qué...? —no fui capaz de terminar la pregunta, ya que al ver a las personas que estaban sentadas en una de las mesas del local, me quedé sin habla.
Hay, a pocos metros de distancia, se encontraban Alice y Edward. Tanya maldijo por lo bajo cuando una chica que se me hacia vagamente conocida se acercó a la mesa, se sentó en el regazo de Edward y lo besó de forma nada casta. Con los ojos aguados y el corazón encogido, di media vuelta y corriendo salí del lugar.
—¡Bella, espera! —gritaba Tanya tras de mí pero no me detuve—. ¡Joder, no huyas de nuevo!
Sus palabras me frenaron de golpe. Huir de nuevo, eso era lo que estaba haciendo, simplemente huir, evadir los problemas como una cobarde.
Mis piernas no me pudieron sostener más, caí de rodillas en la acera y mis lágrimas rodaban por mis mejillas sin control. Ya no quería ser más esa cobarde que siempre huye, ya era hora de que me enfrentara a la realidad y tratara de enmendar mis errores. Una jadeante Tanya llegó a mi lado, se arrodilló frente a mí y me envolvió con sus brazos.
—Lo lamento Bells, te juro que yo no sabía que ellos estarían allí —se disculpó.
Respiré profundamente un par de veces y me solté de su abrazo.
—¿Quién es ella? —la pregunta salió de mis labios de forma temblorosa y Tanya bufó.
—Una zorra de primera, su nombre es Chelsea y... —en cuanto ese nombre salió de sus labios dejé de escucharla, pues un recuerdo nada agradable llegó a mi cabeza...
—Chelsea, te presento a Bella —ella me dedicó una sonrisa completamente falsa y llena de hipocresía.
—Mucho gusto Bella —dijo con tono de fastidio y se abrazó a Edward por la cintura, tuve que respirar un par de veces para calmar la ira que iba despertando dentro de mí y no gritarle que se largara de mi casa.
—El gusto es mío Christina —Edward sonrió y Chelsea me lanzaba dagas con la mirada.
—Mi nombre es Chelsea —prácticamente gruñó.
—Me da igual —murmuré, pero estoy segura de que ambos me escucharon perfectamente.
Lo peor de todo era que no tenía el más mínimo derecho a sentir celos de esa mujer y mucho menos rabia en su contra, al fin de cuentas yo había dejado a Edward y tarde o temprano tenía que encontrar a alguien más, aunque eso me destrozara por completo.
—Bella, ¿me estás escuchando?
—Voy a volver a Nueva York —murmuré ignorando su pregunta—. Es tiempo de que enfrente a Renée, de que Alice y Edward sepan la verdad, y aunque no lo merezco espero que puedan perdonarme.
—Ya era tiempo de que recapacitaras —comentó con una amplia sonrisa en sus labios.
Media hora después estaba de vuelta en mi habitación, fui directo al baño donde tomé una larga y relajante ducha, me vestí y cuando estaba desenredando mi cabello mi móvil comenzó a sonar, lo tomé de la mesita de noche y vi que era un mensaje de Victoria.
"Llámame en cuanto veas este mensaje, es urgente"
—¿Qué pasa Vic? —pregunté en cuanto atendió la llamada.
—Tienes que volver a Houston, Bella, se trata de Tia.
No necesité que me digiera más, en cuanto escuché el nombre de Tia corté la llamada y lo más rápido que pude comencé a empacar mis cosas. Llamé a recepción para que me pidieran un taxi y, justo cuando estaba por cerrar la maleta, resonaron unos suaves golpes en la puerta. No necesitaba ser adivina para saber que se trataba de Jacob.
—¿Estás lista para ir a desayunar? —preguntó nada más le abrí.
—Jake, surgió algo importante y tengo que volver a Houston —su expresión se tornó seria y sus manos se cerraron en apretados puños.
—Siempre hay algo más importante que yo, no han pasado ni veinticuatro horas desde que llegamos, y ya te tienes que ir —me reclamó y su tono no me gustó para nada, él no tenía ningún derecho a reclamarme absolutamente nada.
—En primer lugar Jacob, tú y yo somos amigos así que no tienes por qué reclamarme nada y...
—¡Tengo todo el derecho de reclamar! Derecho que me da el estar enamorado de ti desde el jodido momento en que te conocí —gritó fuera de sí y sujetó mis brazos con fuerza.
—Jacob, suéltame que me lastimas —le pedí con voz temblorosa, nunca lo había visto así. Aflojó su agarre pero no llegó a soltarme del todo.
—Sólo una oportunidad es lo que te pido, sólo una maldita oportunidad.
No me dio tiempo a decir nada y antes de que si quiera pudiera reaccionar, acortó la distancia que separaba nuestros labios y me besó de forma ruda, apreté con fuerza los labios mientras luchaba por soltarme de su agarre, no sé cómo lo logré pero lo alejé de mí y le solté una bofetada.
—Nunca, nunca vuelvas a besarme sin mi consentimiento, ¿te queda claro? —gruñí y tomé mi maleta para irme.
Con premura me metí en el ascensor, Tanya iría a buscarme al hotel así que le dejé una nota en la recepción, explicándole de forma vaga que debía irme y le dejaba también mis datos, me monté en el taxi que me esperaba y me fui.
Continuará...
¡Hola! Les dejo el siguiente capítulo de este Fic y ojalá que les haya gustado. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, donde estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, así como también noticias sobre futuros proyectos y si gustan unirse encontraran el link en mi perfil.
Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...
Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's
¿Algún review? =)
Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:
Lunes: Volver a Sonreír.
Martes: Juegos del Destino.
Jueves: Siempre te Amaré.
Viernes: Caminos Cruzados... ¿De Nuevo?
