Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 22

BELLA POV.

—¿Estás segura de esto, Bells? Sabes que ni a Alec ni a mí nos molesta que se queden y...

—Lo sé —dije, interrumpiendo lo que seguramente sería un largo discurso por parte de Tanya, sobre las mil y una razones por las que no debía dejar su casa y mudarme con mis hijas al piso que recién había rentado unas horas atrás—, pero en verdad quiero hacerlo.

—Eres tan testaruda. Si se quedan aquí yo puedo ayudarte a cuidar a Maggie, además... no me gusta nada que te vayas a ese departamento sola con las niñas.

—Tanya, ya lo he decidido. Y como bien sabes, no me harás cambiar de opinión —soltó un bufido por lo bajo y suspiró con resignación.

Terminé de meter mis cosas en mi maleta y después hice lo mismo con las de Maggie, unos minutos después Tia entró a la habitación y se sentó en la cama junto a Tanya, comenzó a hacerle caras graciosas a su hermana y ésta le respondía con divertidas risas.

—Ya he terminado de empacar mis cosas —comentó tomando a Maggie en sus brazos.

—Yo también he terminado, ¿nos llevas o tendré que llamar a un taxi? —pregunté dirigiéndome a mi amiga.

Tanya abrió y cerró la boca como pez fuera del agua varias veces, de seguro buscando qué decir para tratar de convencerme, pero al final terminó por rendirse y asintió poniéndose en pie.

El departamento estaba ubicado en un edificio bastante decente con vista a Central Park, completamente amueblado, aunque desde luego tendría que comprar una cuna para Maggie; contaba con dos amplias habitaciones cada una con baño propio, una cocina, el comedor, una espaciosa sala, un baño extra, un cuarto de lavado y por último un pequeño estudio.

De camino al que sería nuestro nuevo hogar, de manera provisional hasta que regresáramos a Houston, tuve que pedirle a mi amiga que hiciera una parada en el supermercado, necesitaba surtir la despensa así como la nevera.

Cuando Tanya aparcó la camioneta fuera del edificio, me percaté de que dos personas nos esperaban: Victoria y James, los cuales nos ayudaron con el equipaje y las bolsas de la compra, mientras Tanya insistió en llevar a Maggie, alegando que ya no podría pasar tanto tiempo con su sobrina como le gustaría.

Las chicas me ayudaron a desempacar y acomodar la ropa en sus respectivos armarios, en lo que James y Tia se hicieron cargo de acomodar la compra. Unos minutos después de que terminamos llegó Alec, que traía comida china para cenar; mientras cenábamos pasamos un rato agradable hablando de diversos temas, contando viejas y divertidas anécdotas pasadas, que en más de una ocasión lograron sacarme un par de sinceras carcajadas.

—Voy a llevarla a la habitación —susurré para no despertar a Maggie que, presa del cansancio, había caído profundamente dormida a pesar del escándalo a su alrededor.

—Yo la llevo, también estoy cansada y me voy a dormir —Tia se puso en pie y se acercó a mí para tomar a Maggie.

—La cuna la compraremos mañana, así que...

—Tengo que poner las almohadas a su alrededor para que no se caiga, sí, ya lo sé —no pude evitar sonreír, claro que lo sabía, ella había sido más una madre que una hermana mayor—. Buenas noches a todos.

—¿Estás bien? —preguntó Vic una vez Tia se marchó.

—Sí, ¿por qué no había de estarlo? —Tanya se removió en su lugar un tanto nerviosa, eso soló podía significar una cosa—. Se los dijiste.

—Sí, lo hice, les dije que te encontraste con tu familia en el hospital, también les dije que esa... Alice te abofeteó —dijo en voz baja y agaché la mirada.

Recordar lo que pasó el día anterior dolía, y dolía más de lo que nadie podía siquiera imaginar. Las palabras de Alice aún resonaban en mi cabeza, se repetían una y otra vez torturándome, recordándome que el odio que ella sentía hacia mí era inmenso, tan inmenso, que incluso deseaba que yo estuviera muerta.

Les conté a mis amigos todo lo que había pasado, bueno, la parte que Tanya no había presenciado, e incluso la parte de que Edward había ido tras de mí.

Suspiré con pesadez, volver a sentirlo cerca mío había despertado esas emociones que nunca creí volver a sentir, cuando su mano tomó la mía ese conocido y anhelado cosquilleo recorrió mi cuerpo entero, tuve que hacer un inmenso esfuerzo para poder soltarme de su agarre y no lanzarme a sus brazos, tal y como mi corazón me lo pedía.

—No puedo creer que Alice haya dicho eso —gruñó James apretando el puente de su nariz.

—Ella está dolida por lo que pasó, es lo menos que esperaba de ella.

—No la justifiques Bells, decirte que prefería hubieses muerto en ese accidente... —James no terminó la oración, escondió su rostro entre sus manos y su respiración se tornó irregular.

Él seguía sintiéndose culpable por ese accidente, a pesar del paso de los años y las veces que le he dicho que no fue su culpa, ni la de nadie, seguía empañado en seguir cargando con la culpa sobre sus hombros.

—James, por milésima vez te lo diré. No fue tu culpa —se puso en pie y tiró de sus cabellos con frustración.

—¡Sí lo fue! Si yo no te hubiese invitado a salir esa noche... o si te hubiese escuchado y hubiéramos salido del club cuando me dijiste que ya querías irte... nada habría ocurrido.

—En todo caso Alec y yo también somos culpables —espetó Tanya plantándose frente a nuestro amigo—, nosotros planeamos la salida para festejar, que tanto Bella como yo, habíamos obtenido nuestro pase a los Olímpicos.

—Amor, fue un desafortunado accidente, del que nadie tuvo la culpa —Victoria se acercó a él y lo abrazó para tratar de calmarlo.

Unos minutos después los chicos se marcharon, no sin antes hacerme prometer, que si necesitaba cualquier cosa por mínima que fuera, les llamaría de inmediato. Negué con diversión mientras apagaba las luces, se comportaban de una manera hasta cierto punto irracional, no es como si una banda de asaltantes fueran a irrumpir en el edificio, o como si no supiera que hacer si Maggie se pone a llorar porque tiene cólicos.

Al entrar a mi habitación una pequeña sonrisa se formó en mi rostro al ver a mis dos pequeños angelitos dormidas en mi cama, de seguro Tia no quiso dejar sola a Maggie y terminó quedándose dormida también. Sin hacer mucho ruido me puse el pijama y con cuidado, para no despertarlas me metí bajo las sábanas, la cama era lo bastante amplia como para que sin problemas pudiéramos dormir las tres.

Por un rato estuve contemplándoles dormir, ellas sin duda se habían convertido en lo más importante para mí, en ellas había encontrado la fuerza necesaria para poder, al fin, enfrentar mis errores pasados y tratar de enmendarlos. Cerré los ojos dejándome envolver por esa sensación de paz y tranquilidad que sólo mis pequeñas eran capaces de hacerme sentir, alejé mis problemas y angustias por esta noche y a los pocos minutos me quedé profundamente dormida.

Por la mañana me desperté temprano, cuidando de no despertar a mis acompañantes me levanté y de puntillas para no hacer ruido caminé hasta el baño; tomé una rápida ducha y me vestí con unos short de mezclilla color negro, una simple blusa de color amarillo claro y me calcé unas Converse negras. Estaba por terminar de preparar el desayuno cuando Tia entró a la cocina con Maggie en sus brazos; después de desayunar, Tia fue a su habitación a ducharse mientras yo duchaba y cambiaba a Maggie.

Tanya vendría a buscarnos para ir a comprar la cuna de mi bebé, por lo que cuando el timbre sonó, deduje que se trataba de ella.

—Tu tía siempre tan puntual —le dije a Maggie a la vez que le ponía sus pequeños zapatitos, una vez terminé la tomé en mis brazos y salí de la habitación.

El timbre volvió a sonar, pero esta vez con más insistencia, rodé los ojos y me apresuré a llegar hasta la puerta antes de que mi amiga fundiera el timbre o llamara a la policía, pensando lo peor por mi tardanza en abrir.

—¡Por Dios mujer! Que impaciente te has... —no fui capaz de terminar la frase, pues no era precisamente Tanya quien estaba frente mío.

—¿Puedo pasar? —preguntó con una nerviosa sonrisa en sus rostro, un tanto vacilante me hice a un lado y asentí—. Soborné a Tanya para que me dijera donde encontrarte, me dijo que iban a salir de compras y me ofrecí a tomar su lugar.

—Necesito comprar una cuna, pero... ¿Qué haces aquí, Emmett? —pregunté clavando la mirada en el niño que se aferraba a su mano. El pequeño era una copia exacta de él, con la excepción del cabello rubio de Rosalie.

—Éste en mi pequeño campeón, Henry —comentó ignorando mi pregunta—, campeón ella es tu tía, Bella.

—Hola, eres mucho más guapa que en las fotos que papi me enseñó —dijo con una sonrisa en su rostro, sonrisa que marcaba esos hoyuelos que sin duda había heredado de su padre.

Con cuidado, ya que sostenía a Maggie en mis brazos, me agaché hasta quedar a su altura, besé su mejilla y mis ojos picaron a causa de las lágrimas que luchan por salir. ¿Cuanto me había perdido por mis estúpidos errores?

—¿Ella es tu hija? —para tener casi tres años hablaba como un niño mayor, perfectamente claro y sin enredarse con las palabras.

—Sí, es mi pequeña Maggie —el pequeño se acercó y con curiosidad la observó con detenimiento.

—Es muy bonita —comentó acariciando con suavidad la regordeta mejilla de mi bebé, que le sonrió en respuesta.

—Estoy lista para... irnos —dijo Tia apareciendo por el pasillo, pero al ver a Emmett se quedó callada.

Hice las presentaciones correspondientes y le pedí a Tia que fuera a la sala con Henry y Maggie, mientras Emmett y yo nos dirigimos a la cocina para poder hablar. Preparé café para ambos y nos sentamos el uno frente al otro, por un momento estuvimos sumergidos en un incomodo silencio, silencio que me vi obligada a romper.

—Estoy segura que no le agradará a Rosalie saber que están aquí —murmuré y él sólo se encogió de hombros, restándole importancia al asunto.

—Papá me contó que las niñas no son tus hijas, es admirable de tu parte que te hicieras cargo de ellas, cualquier otra persona en tu lugar hubiese buscado una salida fácil.

—Lo sé, pero para mí no era una opción dejarlas en un orfanato —tal vez mis palabras salieron con más dureza de la que pretendía, ya que de nuevo un tenso silencio nos envolvió.

Le di un pequeño sorno a mi café, no sabía qué decir para retomar de nuevo la conversación y Emmett parecía estar igual que yo. Pasados unos minutos Emmett se puso en pie y arrodillándose a mi lado me abrazó, no pude evitar soltar un par de lágrimas, él al percatarse de eso se separó de mí y las limpió con sus pulgares.

—Me dicen que debo guardarte rencor —esa sin duda había sido Rosalie—, odiarte por lo que pasó; pero no puedo. Eres mi hermanita pequeña, ¿sabes? Recuerdo como si fuera ayer el día que mamá llegó contigo a casa, yo tenía cinco años y tú apenas eras un poco más grande que las muñecas de Alice, te veías tan frágil y ese día me prometí que siempre te cuidaría —soltó un sonoro suspiro y sonrió con tristeza—. Creo que no cumplí con esa promesa tal y como debía.

—Sí lo hiciste, siempre me protegiste. Fuiste el mejor hermano mayor que pude haber deseado —de haber tenido un hermano, sin duda me hubiese gustado que fueran como Emmett. Lo cual me llevaba a preguntarme: ¿Tendría hermanos? ¿Será que, quién quiera que fuera mi padre, tenía otros hijos?

—Basta de lágrimas —dijo limpiando el rastro de una traicionera lágrima que rodó por su mejilla—, tenemos que ir de compras, ¿recuerda?

—¿No vas a interrogarme? ¿No me cuestionaras por lo que...?

—No, sé que nos dirás qué pasó cuando estés preparada para ello, no antes —asentí y le sonreí, realmente le agradecida por eso, por darme espacio y no presionarme.

Al llegar al centro comercial, lo primero que hice fue comprar un cochesito, sería de mucha utilidad para cuando saliéramos. Quise meter a Maggie en el, pero Emmett no me lo permitió, me arrebató a la bebé de los brazos y comenzó a caminar haciéndole mimos y caras.

Ir de compras con Emmett era toda una experiencia, a cada cuna que yo elegía él le encontraba algún defecto alegando que tenía más experiencia que yo en ese tema, así que al final terminé comprando una a su gusto y elección. Con el ceño fruncido seguí a Emm hasta una tienda de ropa, pero no era cualquier tienda de ropa, era una de vestidos de fiesta.

—Mañana por la noche habrá una reunión por el aniversario de bodas de papá y tía Renée, necesitaras un vestido.

—¿Y a ti quién te ha dicho que voy a ir? —se encogió de hombros y sonrió.

—Oh, créeme que iras. No puedes defraudar a papá, él espera tu presencia —ese sin duda había sido un golpe bajo de su parte, suspiré con resignación y no tuve más elección que asentir.

Emmett se fue con Henry y Maggie a comer helados, mientras Tia y yo nos quedamos comprando vestidos para ambas. Tardamos casi una hora antes de encontrar algo que nos gustara, Tia eligió un sencillo pero hermoso vestido en tono lila, mientras yo me decidí por uno en tono azul oscuro, largo hasta un poco abajo de las rodillas, de tipo halter, ceñido hasta la cintura y falda amplia.

Salimos de la tienda, y no habíamos caminado ni dos metros, cuando algo frente a nosotras me hizo parar en seco, Emmett discutía con tres mujeres, Rosalie, Alice y Chelsea para ser precisa. Ellas se percataron de mi presencia y me dirigieron miradas para nada amables, un par de minutos después se marcharon llevándose a Henry con ellas.

—Lamento que hayas tendido problemas con Rosalie —me disculpé de camino al departamento.

—¡Bah! Ya se le pasará —dijo y de pronto esbozó una enorme sonrisa—, además me enteré de algo que me alegra mucho. La bruja del Este no ira a la reunión de mañana, tal parece tiene que salir fuera de la cuidad unos días por trabajo.

—¿Quién es la bruja del Este? —preguntó Tia con curiosidad.

—Chelsea, quien más. Tanya y yo le dimos ese apodo, le viene como anillo al dedo, ¿no lo crees? —no respondí nada, pero sin embargo, no pude evitar sonreír.

Las manos me sudaban a la par que mis piernas temblaban cual gelatina a causa de los nervios. ¿La razón? Muy sencillo, estaba esperando a que Tanya y Alec llegaran por mí y las niñas para ir a la dichosa reunión, sólo a Charlie se le ocurría hacer una fiesta a dos días de haber dejado el hospital.

El timbre sonó y mi corazón comenzó a latir a prisa, Tia al notar que no me movía para ir a abrir la puerta, suspiró sonoramente y fue ella. Me dejé caer sobre el sofá más cercano a mí, de manera muy poco elegante, y respiré profundo tratando de calmar mis nervios.

—Pero mirate, estás hermosa cariño —halagó Tanya a mi hija.

—Gracias, pero mamá está muy nerviosa. ¿Y, si nos quedamos aquí y no vamos a la reunión? —Tanya clavó la mirada en mí de manera interrogante.

No del todo convencida me puse en pie, tomé mi bolso, respiré profundamente una vez más, tomé a Maggie en mis brazos y vacilante me dirigí a la puerta.

—No tienes que hacerlo, puedes llamar a Charlie y decirle que estás indispuesta. Sé que él lo entenderá —dijo Tanya antes de salir del departamento.

—Está bien, sólo iré un momento y después nos marcharemos, todo irá bien —o al menos eso espero, pensé.

—Victoria y James nos alcanzarán allá, dijeron que tenían una sorpresa para ti y debían ir a recogerla —me dijo Alec sonriendo de forma cómplice a su esposa, ¿qué estarían tramando esos dos? ¿De qué sorpresa se trataría?

El recorrido a mi antiguo hogar me pareció demasiado corto para mi gusto, fuimos recibidos por una muchacha del servicio que nos informó la reunión se llevaba a cabo en el jardín; todas las miradas se posaron en mí nada más entrar en su campo de visión, la mayoría de los invitados comenzaron a murmurar entre ellos mientras, Alice y Rosalie, se notaban más que furiosas por mi presencia.

Por otra parte Edward, que charlaba con Emmett, se mantenía completamente inexpresivo ante mi presencia, Charlie y Renée sonrieron acercándose a nosotros e inmediatamente me tensé, Tanya al notarlo quitó a Maggie de mis brazos.

—Nos alegra mucho que te hayas decidido a venir —murmuró Charlie en mi oído abrazándome cariñosamente.

Renée también me abrazó, con lo cual mi tensión aumentó de forma considerable, Charlie se encargó de presentar a mis hijas con su esposa y... de pronto unas manos se posaron sobre mis ojos.

—Adivina quién soy —murmuró una voz cerca de mi oído, oh no, no, no, no, que no sea él, rogaba para mis adentros de manera desesperada.

Con lentitud me giré y al verlo sentí mis piernas fallar, como sino tuviera demasiados cosas de que preocuparme, ahora se agregaba una más a la ecuación. Jacob se encontraba parado frente a mí, sonriéndome como si fuera su persona favorita en el mundo y yo no podía más que desear que estuviera en medio de una pesadilla, y es que no sé por qué, pero estaba segura de que su presencia aquí me traería problemas, y muchos.

Continuará...


¡Hola! Les dejo el siguiente capítulo de este Fic y ojalá que les haya gustado. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, donde estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, así como también noticias sobre futuros proyectos y si gustan unirse encontraran el link en mi perfil.

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Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír.

Martes: Juegos del Destino.

Jueves: Siempre te Amaré (últimos capítulos)

Viernes: Caminos Cruzados... ¿De Nuevo? (últimos capítulos)