Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 23

BELLA POV.

Sin duda alguna, estaba en medio de la situación más incomoda que he vivido en mi vida. Asistir a esta dichosa reunión fue un completo y rotundo error de mi parte, por un lado los murmullos a mi alrededor no disminuían, los vellos de todo mi cuerpo estaban completamente erizados a causa de las miradas de odio que me eran lanzadas de forma constante, cortesía de Alice, Rosalie y alguno que otro invitado, a los cuales en mayoría ni conocía.

Jacob mantenía una entusiasmada charlaba con Alec y James, pero eso no le impedía de vez en vez tomar mi mano, rodear mis hombros con su brazo, besar mi mejilla, acariciar mi brazo o abrazarme por la cintura, cosa que me causaba una gran incomodidad he de agregar; mis hijas habían sido acaparadas por Charlie y Renée, los cuales parecían más que encantados charlando con Tia y haciendo mimos a Maggie. Victoria y Tanya también charlaban sobre sólo Dios sabe qué cosas, no era capaz de prestar atención a su conversación, lo único que quería era irme ya de ese lugar.

—Ahora vuelvo, necesito alejarme de aquí un momento o voy a volverme loca —las chicas asintieron y Jacob presuroso se acercó a mí.

—¿Quieres que te acompañe? —preguntó tomando mi mano, la cual me apresure a soltar.

—No, gracias. Prefiero ir sola —asintió y sin darme tiempo a nada me besó muy cerca de los labios.

Molesta por la forma de actuar de Jacob, me alejé a paso rápido del jardín y me adentré en la casa, nada más poner un pie dentro, suspiré con pesadez y mis ojos se humedecieron, eran tantos los recuerdos que este lugar albergaba.

Recuerdos felices de mi niñez y parte de mi adolescencia, así como también recuerdos desagradables y tristes, en los cuales siempre estaban Alice, Emmett y... Renée. Pero sobre todo, este lugar guardaba muchos secretos y mentiras.

Casi sin darme cuenta llegué a la cocina, recorrí el lugar con la mirada y fue como si me trasportara en el tiempo, varios años atrás, cuando yo apenas tenía no más de tres años.

No hagan ruido, si tía Renée nos descubre robando sus galletas se va a enfadar con nosotros —Alice y yo dejamos de reír y continuamos gateando por el piso, siguiendo a Emmett que iba al frente.

Ella no se enfadaría, nunca se enfada con nosotros como lo hace mamá —murmuré y Alice asintió dándome la razón.

Tía Renée era muy buena con nosotros, a mí siempre me leía cuentos antes de dormir, me acompañaba cuando me daba miedo en las noches de tormenta o tenía sueños feos, y siempre me daba doble porción de sus deliciosas galletas con chispas de chocolate.

Emmett, tú tomas las galletas y me las das para meterlas en mi bolso —Alice agitó frente a ella su bolso color rosa con cuentas blancas.

Con el bolso de Alice rebosante de galletas nos dirigimos a la salida de la cocina, pero en la puerta nos encontramos con alguien.

¿Qué hacen ustedes tres fuera de sus camas a esta hora? —tía Renée encendió la luz, nos veía con sus manos apoyadas en las caderas y golpeaba el piso con su pie.

Emmett soltó un suspiro derrotado y le dijo que habíamos bajado por unas galletas, ya que estábamos acampando en la habitación de Alice, y una acampada sin galletas no era acampada.

Bien, regresen a la habitación de Alice. Yo los alcanzaré en un momento, llevaré más galletas y leche, claro, si es que me permiten unirme a esa acampada —los tres asentimos rápidamente y salimos corriendo de la cocina.

Ahora comprendía el por qué ella siempre se portó así conmigo, tal vez y después de todo, sentía remordimientos por haberme abandonado como lo hizo y esa era su forma de lidiar con sus culpas.

Mis pies se movieron por si solos y me llevaron hasta la sala, un nuevo recuerdo llegó a mi cabeza, pero ese no era uno lo que se puede decir agradable, sino más bien todo lo contrario.

Entré a casa con una enorme sonrisa pintada en mi rostro, por fin James se me había declarado y ya eramos novios. Por instinto toqué mis labios con las puntas de mis dedos y suspiré, recordando el beso que hace unos minutos atrás me había dado.

¡Dime que no es cierto, Bella! ¡Dime que no cometiste esa estupidez! —gritó furioso Emmett bajando las escaleras seguido por Alice.

No entiendo de qué hablas —murmuré un tanto intimidada, nunca había visto a mi hermano así de molesto y, sinceramente, me daba un poco de miedo.

Bella, alguien le dijo a Emmett que te vieron besándote con James, ¿es verdad? ¿Son novios? —pude sentir como mis mejillas se sonrojaban, mordí mi labio inferior con nerviosismo y terminé por asentir en respuesta a la pregunta de mi hermana.

Voy a matar a ese infeliz, no voy a tolerar que se burle de ti —gruñó Emmett encaminándose hacia la puerta.

¡Escúchame por favor, Emm! Él no quiere burlarse de mí, me ama; nunca me lastimaría, lo sé —de un par de zancadas se situó frente a mí y me sujetó por los brazos, su agarre era fuerte, tanto que llegaba incluso a lastimarme.

No eres más que una chiquilla tonta e ingenua, él no te ama, solamente quiere pasar el rato y después te va a botar ¡entiéndelo! —espetó con voz afilada, mis lágrimas no tardaron en aparecer y descendían libres por mis mejillas.

Pero... ¿Qué está pasando aquí? Suelta a tu hermana, Emmett, la estás lastimando —mi hermano hizo lo que dijo tía Renée, me dio una fría mirada y se fue furioso.

Cerró la puerta tras de sí con un fuerte portazo que resonó por toda la casa, llorando con desconsuelo me lancé a los brazos de mi tía, que me recibieron con calidez, ella pacientemente me consoló hasta que me tranquilicé y pude contarle lo ocurrido.

Sé que a ella tampoco le agradaba James, pero sin embargo ese día me apoyó y respetó mi decisión, comportándose como, vaya ironía, una madre comprensiva lo haría. Sacudí un par de veces la cabeza, como si con eso los recuerdos fueran a desaparecer; no quería seguir recordando, quería que todos y cada uno de mis recuerdos fueran borrados de mi memoria y poder dejar el pasado atrás, pero ese era algo simplemente imposible.

Caminé por el largo pasillo que llevaba hacia el despacho, quizás soy demasiado masoquista, pero no pude evitar llegar hasta allí.

Tomé una profunda inspiración y acerqué mi mano temblorosa al pomo de la puerta, antes de abrirla apoyé mi frente en ella; aún podía escuchar claramente las voces dentro del lugar como si lo estuviera viviendo de nuevo, traté de obligarme a no recordar ese maldito día, pero al final terminé perdiéndome en ese recuerdo.

Yo creo que, en parte, Renée tiene razón. Bella no puede enterarse, al menos no por ahora —¿qué es eso de lo que no puedo enterarme? Con sigilo me acerqué lo más posible para poder ver a las personas dentro del despacho.

No puedo seguir ocultando esto, han sido más de dieciocho años de mentir, no es justo ni para ella ni para Charlie —tía Renée sollozó con fuerza y se acercó a mi mamá que no dejaba de llorar.

Sulpicia, ya hemos hablado anteriormente de esto. Por favor deja todo tal y como está. ¿Qué ganas con remover el pasado ahora? —mi mamá negó frenéticamente y tía Renée desesperada se arrodilló frente a ella—. De rodillas te lo suplico, no le destruyas la vida a mi hija, no le digas a Bella que... que yo soy su verdadera madre.

Golpeé la puerta con mis manos, desesperada por mitigar el dolor que ese recuerdo me provocaba. Retrocedí unos pasos y mi espalda chocó contra la pared, me deslicé hasta llegar al piso y abracé mis piernas pegándolas a mi pecho; no sé cuánto tiempo estuve así, con la mirada fija en la puerta y mis lágrimas cayendo por mis mejillas sin control, sólo sé que debió ser bastante, ya que sentía los músculos de mi cuerpo agarrotados y ligeramente entumecidos.

Me puse en pie y limpié con el dorso de mi mano los restos de mis lágrimas, comencé a caminar hacia el jardín, dispuesta a tomar a mis hijas y marcharme de ese maldito lugar lo antes posible.

Pero no pude evitar hacer una última parada.

Abrí la puerta frente a mí y entré a la habitación, mi habitación, esa que fuera testigo del dolor y las lágrimas que derramé esa noche, encendí la luz y recorrí el lugar con la mirada. Todo seguía exactamente igual a como yo lo había dejado, nada había sido movido de su lugar, me acerqué a la ventana y cerré los ojos perdiéndome en otro recuerdo, ese que sin duda fue el que terminó por destruirme y llevarme a cometer el error más grande de mi vida.

La puerta de la habitación se abrió con suavidad, unos pasos se acercaron a mí e inmediatamente un olor demasiado familiar lleno mis fosas nasales, era él, Edward.

¿Dónde estabas Edward? —le pregunté, mi voz se escuchaba ronca por mis gritos y el llanto.

Salí a caminar un poco —respondió un tanto titubeante—. ¿Estás bien? —preguntó arrodillándose a mi lado pero no volteé a verle.

Recuerdas que un día me dijiste: "Nunca te voy a ocultar nada" ¿cierto? —dije ignorando su pregunta, suspiré y giré el rostro para verlo a la cara—. ¿Alguna vez me has ocultado algo, Edward?

No, nunca te he ocultado nada amor —claramente pude escuchar como mi corazón se rompió ante su respuesta, y tuve que morderme la lengua para no gritarle a la cara: ¡Maldito mentiroso!

Estoy cansada y quiero dormir, dormir para no pensar en nada. Además, mañana será un día largo.

Me ayudó a acostarme en la cama e inmediatamente me abracé a una de las almohadas, se alejó y escuché como rebuscaba algo en el armario, regresó con una pijama y no puse resistencia a que me ayudara a cambiarme, se sentó a mí lado y no mostré emoción alguna, con la esperanza de que se marchara y me dejara sola.

Le diré a tu tía que venga por si necesitas...

¡No! ¡No quiero nada, sólo dormir! —chillé de manera histérica abrazando con más fuerza la almohada.

Está bien, descansa amor —tomó mi rostro entre sus manos y me besó, quise apartalo y gritarle mil cosas pero no tenía fuerzas para hacerlo, así que solamente no respondí a su beso esperando a que se apartara—. Mañana vendré por ti para irnos juntos a la iglesia.

No, mejor nos vemos allá, me iré con... con tía... Renée —pronuncié su nombre con todo el odio y desprecio que era capaz de sentir.

Besó mi frente y suspiró con pesadez antes de dejar la habitación. Mañana estaría muy lejos de toda esta mierda, mañana dejaría atrás todo y el dolor desaparecería, tenía que desaparecer o de lo contrario terminaría matándome.

Que estúpida e ingenua fui al pensar que con huir el dolor iba a desaparecer, que mientras más lejos me encontrara podría olvidarme de esa verdad que me estaba matando de forma lenta y dolorosa, pero había sido todo lo contrario, el dolor se multiplicó, y hubiese terminado por matarme, de no ser que James y Victoria cuidaron de mí y no me dejaron sola en ningún momento.

—Sinceramente, no creí que tuvieras el valor de presentarte hoy. Es más, podía apostar a que ya habías huido de nuevo, tal y como acostumbras hacer —al escuchar esa sarcástica voz a mis espaldas, con un movimiento brusco limpié mis lágrimas e hice lo imposible porque mi voz sonara fuerte y clara.

—Pues ya vez que no, y ten por seguro, que esta vez no pienso huir —me giré quedando de frente a Edward, sus ojos se clavaron en los míos y un escalofrió recorrió mi cuerpo.

—Estuviste llorando —afirmó, y algo en su voz me hizo creer que estaba preocupado, pero debí de haberlo imaginado. ¿Por qué él se preocuparía por mí después de todo?

—Es que, ¿acaso te importa? —murmuré con sarcasmo, inmediatamente pude notar como se tensaba y de nuevo la frialdad se apoderaba de sus facciones.

—No, no me importa en lo más mínimo —asentí y di un par de pasos pasando a su lado para salir, pero su mano sujetó mi brazo impidiendo que me marchara.

—¿Qué es lo que quieres, Edward? —pregunté con voz cansada y el agarre en mi brazo se volvió más fuerte—. ¡Suéltame, me estás lastimando!

—¿Dónde está Alistair? —gruñó soltándome, sus manos se cerraron en puños a su costado y sus ojos mostraban furia contenida—. Déjame adivinar: te aburriste de él y ahora el perro ese que no deja de mirarte como si fueras un maldito trozo de carne, es tu nuevo juguetito.

—No tengo por qué darte explicaciones sobre mi vida personal —dije, rezando porque no notara el dolor que sus palabras me causaron.

Amenazante se acercó a mí, como una fiera en plena caza me acorraló entre su cuerpo y la pared, mi corazón comenzó a latir de prisa al sentir su nariz recorrer mi cuello y su cuerpo amoldarse al mío, su mano se movió lentamente por mi costado bajando hasta mis caderas y mis piernas se volvieron de gelatina.

Su aliento chocaba sobre mis labios, los cuales picaban por probar los suyos y me exigían que eliminara la escasa distancia que los separaban. Edward fue quien terminó por hacerlo, atrapó mis labios de forma posesiva y demandante, le devolví el beso con la misma fiereza con que lo recibía y mis manos subieron hasta su nuca acercándolo más a mí.

En algún momento sentí como me impulsaba hacia arriba y, en un acto reflejo, enredé mis piernas en torno a sus caderas; cuando la falta de oxigeno se hizo presente sus labios liberaron los míos, bajando a mi cuello y mis dedos se perdieron entre sus cabellos tirando de ellos suavemente. Sus manos bagaban por mi cuerpo, una de ellas se coló por debajo de la falda de mi vestido recorriendo con una suave caricia mi muslo, subiendo hasta llegar a mi trasero y elevando mi excitación a un alto nivel.

—Edward —su nombre salió de mis labios acompañado por un ronco gemido.

Nuestros labios volvieron a encontrarse de forma desesperada, como dos sedientos en busca de un poco de agua, me moví buscando un poco de fricción y ante el roce de nuestros sexos ambos gemimos en la boca del otro. Edward rompió con el beso de manera brusca, me hizo liberarlo de la prisión de mis piernas y se alejó dándome la espalda.

—¿Alguno de los hombres que han calentado tu cama, logró despertar en ti lo mismo que yo? ¿A ellos también les respondes como acabas de hacerlo conmigo? —sabía que con mis actos él y todos podrían pensar que era una zorra, pero escucharlo de sus labios, fue como una puñalada directa al corazón.

—Piensa lo que te venga en gana —respondí con voz rota y salí corriendo de la habitación.

Se acabo, simple y sencillamente ya no pensaba tolerar una humillación más, el momento de decir la verdad había llegado. Mi visión era completamente borrosa por las lágrimas que luchaban por salir, tanto que no me di cuenta de que había alguien frente a mí, fue hasta que sentí el impacto y unos familiares brazos me sujetaron para evitar que cayera al piso.

—¿Estás bien, Bells? ¿Dónde estabas? —pestañeé varias veces para alejar mis lágrimas y me encontré con el rostro preocupado de Emmett.

—Estoy bien —mentí y él se dio cuenta pero no preguntó más—, ¿puedo pedirte un favor?

—Claro, lo que sea.

—Reúne a todos mañana, no les digas que yo te lo pedí. Inventa cualquier escusa... lo que sea, pero asegurate de que nadie falte, mañana les diré el por qué me fui —me dio una sonrisa y le dio un suave apretón a mi mano en señal de apoyo.

—Aquí, mañana a las seis de la tarde, te aseguro que todos estarán presentes así tenga que traerles atados y amordazados —asentí y me despedí de él con un abrazo.

Volví al jardín y busqué con la mirada a mis hijas, seguían con Charlie y Renée, pero con ellos también estaban Carlisle y Esme, los cuales no se notaban muy cómodos con la presencia de mis niñas y las veían con hostilidad. Tanya y Victoria me preguntaron con la mirada si estaba bien, negué y con premura me acerqué adonde estaban mis hijas.

—Nosotros tenemos que irnos, Tia, despídete —asintió, se despidió propiamente de las cuatro personas y no me pasó desapercibido el, mal disimulado, rechazo por parte de los Cullen.

—Hija, pero si aún es temprano y... —comenzó a decir Charlie pero lo corté negando y tomé a Maggie de brazos de Renée.

—Nos vemos después —murmuré y le alejé de ellos seguida de cerca por Tia.

Sentía que en cualquier momento me iba a derrumbar, se me dificultaba respirar y mis piernas amenazaban con no sostenerme por mucho más. Los chicos se acercaron a mí con rapidez, Tanya al notar mi estado tomó a Maggie, Jacob me sujetó por la cintura y prácticamente tuvo que cargarme para evitar que cayera al piso. Teníamos que salir por la casa y, por desgracia, nos encontramos con Edward y Emmett que al parecer discutían.

—Mamá, estás muy pálida. ¿Te sientes bien? —me preguntó Tia y todos centraron su atención en mí. Todo a mi alrededor giraba, cerré los ojos y abrí la boca tratando de tomar una bocanada de aire, pero el mareo no pasaba, al contrario, iba en aumento.

—Sáquenme... de... aquí —murmuré aferrándome con fuerza a los brazos de Jacob.

—¡Bella! —gritaron varias voces al unisono y fue lo ultimo que escuché antes de que la oscuridad me consumiera.

Abrí los ojos y la luz del sol que se colaba por la ventana me hizo cerrarlos de nuevo, después de un momento volví a abrirlos y vi la hora en el reloj sobre la mesita de noche, era poco más de medio día.

Anoche cuando llegamos a mi departamento Tanya y Victoria insistieron en quedarse, se asustaron demasiado después de mi desvanecimiento y no quisieron dejarme sola, me cuestionaron sobre lo ocurrido y les dije que sólo eran nervios, pues el día de hoy iba a revelar toda la verdad. No quise comentar nada de lo ocurrido con Edward, no quise revivir ese doloroso momento.

La puerta de mi habitación se abrió, dejándome ver a Tia con Maggie en sus brazos y al verme despierta me sonrió tristemente, me incorporé sentándome en la cama, con un movimiento de mi mano le indiqué que pasara y se sentó a mi lado.

—Las tías Vic y Tanya se fueron hace rato, no quisieron despertarte —asentí, tomé a Maggie que inmediatamente me sonrió y besé su frente.

—¿Qué te parece si, nosotras tres, vamos al parque y después comemos en algún lugar agradable? —pregunté viendo a Tia.

—Me parece un plan estupendo, duchate y te esperamos en la sala.

Pasamos unas horas geniales, olvidé todo lo que me esperaba el día de hoy y me relajé lo más posible. A las 5:30 de la tarde caminábamos tranquilamente de regreso al departamento, yo empujaba el cochesito de Maggie y Tía caminaba a mi lado mientras charlábamos de la posibilidad de comprar un cachorro, cuando volviéramos a Huston.

Fuera del edificio nos esperaba un pequeña multitud de personas, mis amigos acompañados de dos personas más que estaban de espaldas a mí; Jacob fue el primero en vernos y le dijo o los demás. Las dos personas desconocidas se giraron y mi ceño se frunció, ¿qué diablos hacían Alistair y Heidi aquí? Una Heidi embarazada por cierto.

—Hola Bella, James nos avisó lo que piensas hacer y estamos aquí para afrontar nuestra parte de culpa —fueron las palabras de Alistair nada más llegué hasta ellos.

—No creo que sea lo más conveniente, al menos, no para Heidi. Te aseguro que no será nada agradable y, en su estado, puede ser perjudicial —Heidi negó y tomó la mano de su... ¿Pareja? ¿Esposo? En fin, lo que sea que fuera.

—Créeme que lo sé y estoy dispuesta a afrontarlo, todo estará bien.

—Bien, es hora de irnos —dijo Alec viendo lo hora en su reloj.

—¿También iras? —le pregunté confundida, él sólo sonrió y asintió.

—Olvidé comentarte un pequeño detalle, ahora somos familia. Tu ma... Sulpicia se casó con mi padre hace un par de años.

—No pues vaya que es un pequeño detalle —murmuré con sarcasmo.

—Ya váyanse, y no te preocupes por mis sobrinas. Nosotros nos quedaremos aquí con ellas y las cuidaremos muy bien —dijo Tanya; James, Victoria y Jacob asintieron apoyando a mi rubia amiga.

Suspiré y tras despedirme subí al coche de Alec, Alistair y Heidi nos seguían en su propio coche. El recorrido hasta la mansión Swan fue en total silencio, Alec me conocía lo bastante bien como para saber que silencio era lo que necesitaba en ese momento. Emmett nos esperaba fuera de la casa, lucía nervioso, pero al verme bajar del coche su nerviosismo se disipó, de seguro estaba pensando que no vendría.

Me saludó con un beso en la mejilla y me abrazó fuerte, su mirada se desvió hacia la pareja que nos acompañaba a Alec y a mí y se tensó. Su mirada interrogante buscó la mía y suspiré.

—Ya lo sabrás —murmuré como respuesta y entramos a la casa.

Todos estaban reunidos en la sala, charlaban e incluso reían de lo más tranquilos y relajados, pero al vernos llegar todo quedó en completo silencio, al extremo de que se podría escuchar un alfiler caer al piso.

—¿Qué significa esto, Emmett Swan? —siseó Alice fulminándonos con la mirada.

—Significa que Bella, Heidi y yo tenemos muchas cosas que explicar —respondió Alistair adelantándose a lo que iba a decir Emmett.

—Yo me voy, no tengo nada que escuchar y mucho menos si viene de alguno de ustedes —espetó Alice poniéndose en pie.

—Tú no iras a ningún lado, siéntate Alice —iba a replicar pero la mirada de Sulpicia la hizo callar y sentarse—. Bien, qué es eso que tienen que decir.

Alistair y Heidi se sentaron en los dos únicos lugares libres, yo me quedé de pie, con la espalda apoyada en la pared y Emmett se situó a mi lado, tomó mi mano y al notar que estaba temblando, me abrazó por los hombros y apoyé la cabeza en su pecho. Alistair comenzó a relatar la primera parte de la historia, la forma en que Marco los manipuló a él y a Heidi para que le ayudaran con su plan de apoderarse de la fortuna Swan, lo que ambos se vieron obligados a hacer, y terminó relatando las razones que lo llevaron a aceptar el plan que juntos creamos.

—¿Nunca hubo nada entre tú y Bella? —preguntó Edward rompiendo el tenso silencio que se había formado después de que Alistair terminara de relato.

—No, Bella ni siquiera me toleraba. Todo fue un invento, parte de nuestro plan.

—Tú... tú nunca me amaste —murmuró Alice con la mirada perdida y sus ojos llenos de lágrimas.

—Lo lamento Alice, en verdad te juro que quisiera cambiar el pasado pero no puedo hacerlo —Alice clavó su mirada en mí y después en Alistair, se levantó y no hizo nada por retener las lágrimas.

—No, no puedes. Pero el daño ya está hecho, un lo lamento no cambiará las cosas, un lo lamento no dejará atrás el dolor y las lágrimas que derramé por culpa de ustedes. Y tú...¿Por qué diablos no me lo dijiste? Debiste decirme lo que pasaba la misma noche que lo descubriste —me reprochó.

—Y quise hacerlo, pero no pude. No sabía cómo decírtelo y... además temí que no me creyeses.

—¡Por Dios! ¡Eras mi hermana y claro que te hubiese creído, con un demonio! —gritó tirando de su cabellos.

—¡No, no lo hubiese hecho! Él era el hombre que amabas y desde luego que no hubiese puesto en tela de juicio sus palabras —bajó la mirada y no dijo más.

—No entiendo, si entre Alistair y tú nunca hubo nada, entonces ¿por qué juntos planearon hacernos creer que sí? ¿Por qué te fuiste, Bella? ¿Qué pasó para que tomaras la decisión de marcharte como lo hiciste? —preguntó Renée y no pude evitar sonreír con ironía.

—¿Qué pasó? ¿En verdad quieres saber qué pasó? —pregunté sintiendo como la ira bullía dentro de mí, tal y como lo haría la lava de un volcán que está a punto de hacer erupción—. Pues bien, pasó que esa noche no sólo descubrí que Alistair planeaba fugarse con Heidi, también descubrí que toda mi vida había vivido en un maldito engaño.

—¿Qué quieres decir con eso, Bells? —preguntó Emmett. Los ojos de Renée se abrieron con pánico cuando el entendimiento llegó a ella, se puso en pie con la intención de acercarse a mí, pero al notar mi rabia se detuvo; sin duda una muy acertada decisión de su parte.

—Bella, ¿podemos hablar en privado? Por favor —rogó viendo a todos los presentes, clavé la mirada en Edward que se veía confundido, clara señal de que aún no comprendía mis palabras.

—Por supuesto que no, lo que tenemos que hablar pueden escucharlo todos... mamá —se escucharon exclamaciones de sorpresa por todo el lugar, Renée se puso tan pálida como un fantasma y se dejó caer de nuevo en el sofá, donde minutos antes había estado sentada; Edward se puso en pie de un salto y me veía con arrepentimiento. Lastima que fuera demasiado tarde para arrepentirse.

Continuará...


¡Hola! ¡Actualización sorpresa! Les dejo el siguiente capítulo de este Fic y ojalá que les haya gustado. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, donde estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, así como también noticias sobre futuros proyectos y si gustan unirse encontraran el link en mi perfil.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's

¿Algún review? =)

Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír.

Martes: Juegos del Destino.

Jueves: Siempre te Amaré (últimos capítulos)

Viernes: Caminos Cruzados... ¿De Nuevo? (últimos capítulos)