CAP 18

"La noche dorada"

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Los ojos verdes de la hembra intentaban ver a través de toda aquella destrucción hacia el pueblo mientras que los hombres de su padre gritaban, daban órdenes y luchaban contra aquellos sujetos de la armada que habían caído sobre el barco que aguardaba en puerto según las órdenes del capitán

No debían de partir sin importar que y estaban obligados a luchar incluso con todas las galeras de la armada real encima

Solaris movió las orejas y trató de distinguir entre las sombras y figuras que se movían en el humo y el anaranjado de las llamas a cualquiera de los dos que aguardaba… hasta que finalmente una hizo aparición

-Donde está Jim?

Su cabeza se movió para tratar de enfocar algo, cualquier cosa que le indicase que el joven soldado de la armada seguía al viejo pirata de pelaje rojizo que corría con la fuerza y velocidad de sus piernas aferrando algo envuelto en una cobija entre los brazos y con expresión de ira y verdadero dolor y que finalmente subió corriendo la tabla que le habían colocado para llegar al barco, antes de patearla hacia un lado

La chica emitió un grito de pánico ante aquel acto antes de aferrar con fuerza el brazo de su padre que respiraba cansado y sudaba aún entre las heridas y quemaduras de una batalla

-DONDE ESTÁ JIM, PAPÁ!?

El capitán pirata le gruñó a su propia hija antes de colocarle aquel bulto en brazos y sacar su espada de batalla

-Llévatela al fondo de tu camarote y cierra con llave!

Ordenó aun con la mirada de terror de la hembra que no podía creer aquello que escuchaba

-Lo abandonaste…

-Maldita sea chiquilla insolente! Haz lo que te ordené! Si las capturan o las matan de nada va a valer el sacrificio del chico para hacer tiempo!

Soltó en un grito atronador antes de girarse a tiempo para cortar en un largo tajo horizontal los vientres de dos soldados de la armada, logrando que la zorro de ojos verdes abriese estos antes de abrazar con mas fuerza aquello en sus brazos y correr tal cuál le habían ordenado hacia la zona de los camarotes; tuvo que sacar su revolver de energía solar y disparar en al menos tres ocasiones a las cabezas de aquellos sujetos que habían ingresado en ese pasillo luchando e intentando capturarla pero finalmente logró llegar a su habitación la cuál atrincheró completamente

Respiraba de manera agitada y sudaba ahora como el resto, apretando aún mas su arma y dejando salir un par de lagrimas entendiendo el significado de aquello

Especialmente cuando el Royal Fortune finalmente comenzó a moverse para alejarse a gran velocidad de aquel puerto de Montressor para no volver

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Thomas Hamilton observaba con calma el color rojizo que el cielo tomaba debido a las llamas que se elevaban como manos celebrando su golpe maestro oculto por el velo de un ataque que le haría ver como un héroe completo a los ojos del gobierno dominante de aquel reino y a la mirada impresionada de sus compañeros de rango que seguramente estarían alabándole tanto como el tiempo por venir por su gallardura y valerosidad

Y él mismo por supuesto hubiera estado alzando el pecho por una pelea bien llevada…

Si aquella batalla fuese real

Pero eso no le restaba la sensación de orgullo y satisfacción al ver como sus planeas magistrales encajaban perfectamente como piezas perfectas una tras otra hasta dar lugar a algo que tenía esperando por años para que todo en su momento se convirtiese en una obra total y maestra que ni a los ojos mas astutos o avispados del universo podría ser descubierta o sospechada en ningún grado de conocimiento

Sonrió muy brevemente de lado antes de percibir un rugido cerca suyo de un pirata que no había llegado a escapar pero que se lanzaba a por él, apenas cambiando de lugar la posición de la espada para atravesar el corazón del infeliz sin necesidad de dejar de darle la espalda

La alimaña espacial cayó muerta antes de que pudiese emitir cualquier otro sonido y la sangre que cubría la espada ahora goteaba sobre la tierra, siendo absorbida por esta

-No es un escenario hermoso, digno de mi nobleza?

Preguntó con suavidad moviendo la espada hacia un lado para que su hoja quedase acostada en el aire conforme aquel alien de cabeza halcona se acercaba a su líder y sacaba un pequeño pañuelo de seda, limpiando cuidadosamente aquel objeto que pertenecía a su dirigente en cuyos ojos se reflejaba aún el rojo y dorado del teatro dantesco que de poco a poco iba calmándose a su alrededor a pesar de todo

-Por supuesto señor

Respondió finalmente aquel soldado después de dejar la hoja plateada tan brillante como las luces del cielo, observando como su superior giraba el arma y la enfundaba nuevamente en su protección adecuada que colgaba de la cintura

-Escucho lamentos y llantos…- comentó con voz suave el almirante componiendo una expresión seria pero suave- sin embargo algunos sacrificios siempre son necesarios para llevar a cabo cualquier limpieza o cuidado de lo que deseamos… nunca olvide eso, señor Russo

-Si señor…

El almirante respiró profundamente antes de sacar su propio pañuelo bordado y presionarlo unos segundos sobre la nariz para después, volverlo al bolsillo sobre su pecho

-Y que me dice… de nuestro invitado especial? Se encuentra cómodo?

-Ha luchado y ocasionado numerosos daños y algunas bajas… evidentemente es un excelente luchador y por eso fue reconocido por nuestra majestad

Admitió aquel soldado moviendo la cabeza con algo de respeto y apretando mas los brazos en su espalda

-Pero finalmente pude reducirlo personalmente y enviarlo a uno de los calabozos para aguardar lo que usted decida con él, mi señor…

Aquel humano parpadeó un par de veces antes de tomar un platito y una taza de té que otro soldado le entregaba acercándose con la cabeza agachada, levantando la porcelana con delicadeza entre sus dedos

-Calabozos? Por todos los cielos Russo, no, no debería estar en un lugar tan falto de higiene y no adecuado para… quien aceptará mi propuesta. Debe de ir inmediatamente y corregir su error, darle un baño correcto para poder presentarlo ante mi y dejarle en mi habitación aguardando mi regreso

Indicó con su mirada aún puesta en la ciudad ardiente antes de dar un sorbo al líquido ambarino de su taza

-Señor…- interrumpió su subalterno observándole con mayor seriedad- está seguro… de que aceptara?

El almirante esta vez sonrió ampliamente y dejó salir una suave risa que brotó cual brisa por encima de aquel espectáculo infernal

-Como decir no?

Inquirió antes de darle un nuevo sorbo a su taza de té

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Apretó sus parpados durante algunos segundos antes de abrir los ojos lentamente y dejar salir un leve sonido de dolor e incomodidad conforme los músculos de sus hombros por la posición en lacuál se encontraba

Movió un poco el cuello y lo escuchó tronar antes de levantar la mirada por el sonido de los pasos que se acercaban… y que inmediatamente después indicaban que el sujeto en cuestión volvía a retirarse, haciéndole suspirar de alivio; dónde se suponía que estaba? Volteó a los alrededores intentando identificar las estructuras de piedra y la puerta de metal sólido para luego, buscar con sus ojos azules alguna ventana por donde asomarse

Intentó ponerse de pie y cayó hacia delante sin tocar el suelo, emitiendo un pequeño grito de dolor al quedar colgando por el frente con los brazos torcidos de forma antinatural hacia atrás. Le costó un nuevo esfuerzo regresar a su posición sentada sobre los talones y aguantar con firmeza los latidos rapidos en los músculos de los brazos antes de voltear hacia atrás y darse cuenta de que tanto sus muñecas como los tobillos estaban atrapados por grilletes pesados y clavados directamente a la pared detrás suyo

Dejó caer un poco la cabeza hacia delante tratando de recordar

Recordaba…

Toda aquella tarde y noche había sentido que los observaba, que les vigilaban.

La sensación era terrible y se había pasado aquellas largas horas asomándose una y otra vez a través de la ventana de la posada, pensando que en cualquier momento iba a ver algo… cualquier cosa acercándose con actitud agresiva.

Ya había ocurrido una vez cuando su aventura y el tesoro de Flint pero tenía la desagradable impresión de que en aquella ocasión las cosas no giraban esta vez en torno a un grupo de piratas malandrines tratando de hacerse con algo que no les pertenecía; Edward Roberts les visitaba muy seguido y el propio Jim estaba comenzando a sentir agradable su compañía, aliviando e parte la profunda herida que sentía al fondo de su corazón especialmente al ver lo bien que se llevaba y trataba a su pequeña. Incluso a veces le parecía detectar un comportamiento bastante paternal para con esta y aunque él se había prometido no volver a ver a nadie como lo había hecho con el cyborg…

De alguna forma le gustaba aquella sensación de alguien viendo por ellos

Pero entonces…

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-Porqué me miras de esa manera?

El almirante llevaba una nueva taza de té en las manos y le daba unas cuantas vueltas al líquido con una fina cucharilla de plata, parado de lado sin observar la elegante cama con toques ingleses donde ahora se encontraba sentado aquel joven de ojos azules que le observaba con auténtico odio reflejado y las manos apretadas aún dentro de los grilletes que no le habían retirado cuando le llevasen de golpe a aquella habitación

-Yo no indiqué que te llevaran al calabozo, eso fue cosa de mis inútiles ayudantes que no respetan nada…

Agregó el almirante tomando un poco de aquel té a lo que Jim tan solo continuó en silencio

Entonces…

Si, ya recordaba mejor. Le habían llamado al servicio porque los piratas estaban atacando uno de los pocos puertos que había en Montressor y lo requerían con urgencia para hacerse cargo de estos, como siempre lo hacía; sin embargo, sus alarmas habían saltado así como su sexto sentido. Montressor estaba tapizado de bases militares por lo que la necesidad de levantarle de madrugada para que saliera corriendo de su hogar, tenía tanto sentido como el que de repente los piratas decidieran enrolarse en la academia militar

Especialmente cuando uno de los que le llamaban de urgencia era de los empleados de aquel tipo…

Tenía los minutos contados y lo sabía.

Tenía que ir para que no sospecharan pero al mismo tiempo, deseaba alejarse porque si aquello iba según lo creía, entonces ese sujeto no se detendría ante nada para hacerle ir a donde se encontraba.

Su madre estaba a salvo, en aquellos momentos había decidido descansar la noche y pasarla en la casa de una muy querida amiga de ella así que por ese lado no tenía que preocuparse; pero su hija, su pequeña niña si estaba en casa y si él salía sin esta seguramente entrarían y se la llevarían de forma que pudiesen amenazarlo con ello para obligarle a obedecer sin tener oportunidad de quejarse o de defenderse.

Estaba con las manos atadas

Se pasó una mano por el rostro antes de abrir un poco los ojos y recordar. Había una salida pero tenía que hacerlo rápido porque cada segundo contaba y cualquier movimiento en vano o que llamase la atención solo sería un paso mas en que se alejaría de un buen resultado… o algo menos aterrador. Su sentencia estaba dictada pero si había algo que podía hacer… cualquier cosa…

-Morph!

La pequeña criatura rosada pareció despertar de un pequeño platito hondo el cuál utilizaba para dormir, y bostezando se acercó con aquel joven con el que había sido dejado

Jim Hawkins sonrió un poco y pasó uno de sus dedos por la cabeza de aquel ser que dejó salir un ruidito alegre, antes de ensombrecer la mirada

-Necesito que envíes un mensaje de mi parte- dijo con seriedad a lo que el pequeño alien asintió varias veces con gesto preocupado- al Royal Fortune. Y tiene que ser rápido

Dijo antes de acercarse a una mesa y sacar pluma y papel para garabatear algo pequeño y consiso para acto seguido, dárselo a aquella criaturita que absorbió la nota aún observando al jvoen que se removía en un mar de nervios

-Ve… y no dejes que te atrapen

Ordenó a lo que el pequeño Morph dejó salir un nuevo ruidito de congoja para luego, partir por un hueco de la ventana y desaparecer en la oscuridad de la noche

Los ojos azules de aquel chico permanecieron clavados en aquel sitio durante unos cuantos segundos antes de subir rápidamente por las escaleras, escuchando el pasar de los segundos en el reloj de la estancia principal que con su tic tac parecían estar contando el momento en que todo terminaría para él

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