Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer sólo la trama es mía.


CHAPTER 25: OUTTAKE RENÉE

RENÉE POV.

Toda mi vida había estado bajo la sombra de mi hermana, ella era la popular, la chica hermosa que todos los chicos perseguían y de la cual las chicas querían ser su mejor amiga, la consentida de nuestros padres; pero eso nunca me importó mucho en realidad. Yo era más reservada y disfrutaba pasar desapercibida, nunca me gustó ser el centro de atención y los pocos amigo que tenía, podía decir que eran verdaderos.

Después de terminar el instituto supe que quería estudiar el bello arte de las letras, al comunicar mi decisión a mis padres, se pusieron como locos y se negaron rotundamente, pero nada me haría cambiar de opinión; así que un día metí todo lo necesario en una pequeña maleta, me despedí de las únicas personas que me echarían de menos, mis mejores amigos: Esme Platt y Carlisle Cullen, tomé el primer vuelo en el que encontré cupo y así fue como terminé en Los Ángeles.

Unos cuantos meses después de mi partida supe por Esme que mi hermana se iba a casar, al parecer nuestro padre arregló su matrimonio con el hijo de un amigo suyo y, a pesar de que ella no estada de acuerdo con eso, la boda se llevaría acabo en un par de semanas. En ese momento me sentí mal por ella, Sulpicia no se merecía atarse a un hombre que no amaba sólo por seguir las ordenes de nuestro padre; un hombre al que no podría amar pues su corazón tenía dueño: Aro Vulturi.

Pasaron cerca de cinco años antes de que decidiera regresar a Nueva York, con mi familia no tenía contacto y lo poco que sabía sobre ellos era por Esme. Mis padres nunca me perdonaron que me marchara persiguiendo mi sueño, Sulpicia me veía como la culpable de su desdicha, creía que si yo no me hubiese marchado, nuestros padres me habrían obligado a casarme a mí y no a ella.

—¡Esme, Carlisle! —grité llamando su atención y corriendo me acerqué a ellos.

—Renée, me alegra tanto que hayas vuelto —Esme me saludó con un afectuoso abrazo, al igual que Carlisle.

—¿Estos son sus hijos? —pregunté centrando mi atención en la niña y el niño que sostenían de la mano a Carlisle y el pequeño que Esme tenía en sus brazos.

—Sí, ella es la mayor Rosalie, le sigue Jasper y el más pequeño es Edward —me dijo Carlisle con una sonrisa de padre orgulloso en su rostro.

—Estoy segura que estás cansada por el viaje, así que lo mejor es que nos vayamos.

Asentí y los seguí hasta su coche. Casi una hora después estaba frente a mi nuevo hogar, una pequeña y acogedora casita que Esme había conseguido para mí, muy cerca de la suya.

Conseguí trabajo como editora en una pequeña editorial, hacía ya más de dos meses desde que había llegado y no había visto a mi familia, mis padres se negaron a recibirme al igual que Sulpicia cuando fui a buscarles, así que no insistí más. Me hubiese gustado conocer a mis sobrinos: Emmett y Alice, sabía por Esme que eran unos niños hermosos y encantadores, ella tuvo la oportunidad de verlos un par de veces en el parque.

Un día salí tarde de la editorial, había estado lloviendo por horas y no había podido marcharme hasta que la tormenta pasara, me acerqué al borde de la acera para ver si se acercaba un taxi, cuando de pronto un coche pasó y me empapó de pies a cabeza.

—¡Dios! Perdón, te juro que no fue mi intención —levanté la mirada para encontrarme con el dueño de esa voz, dispuesta a gritarle un par de cosas, pero las palabras se quedaron atoradas en mi garganta al verlo.

Era un hombre alto, de tez clara, cabello oscuro y rizado, pero lo que más me llamo la atención, fueron sus ojos; esos ojos color chocolate me atraparon por completo nada más verlos.

—Descuida, por un poco de agua no me pasará nada —dije tratando de secar mi rostro con la manga de mi abrigo.

—Toma, usa esto —con una sonrisa tomé el pañuelo que el desconocido me tendía—. Déjame llevarte a dónde sea que vayas, es lo mínimo que puedo hacer por ti.

—No es necesario, puedo tomar un taxi.

—Insisto, déjame llevarte —asentí y me sonrió complacido—. Por cierto, soy Charlie.

—Renée —respondí estrechando la mano que me ofrecía.

Después de ese día Charlie y yo volvimos a coincidir un par de veces, quedábamos para salir a comer, a tomar un café o una copa; ese tiempo que pasábamos juntos hablábamos por largas horas y pronto me vi esperando con ansias nuestro siguiente encuentro. Me agradaba pasar tiempo con él, y con el pasó de los días, el hombre de ojos chocolates se fue metiendo poco a poco en mi corazón; lugar de donde me sería imposible sacarlo pues me estaba enamorado de él como una colegiala.

—Creo que tú me estás ocultando algo, desde hace días esa sonrisa no abandona tu rostro —le di un sorbo a mi café y asentí a las palabras de Esme.

—Hace un par de meses conocí a alguien y hemos estado saliendo. Ayer cenamos aquí, en la casa y... pasamos la noche juntos. ¡Oh Esme! Me he enamorado —confesé suspirando soñadora al recordar a Charlie.

—Me alegra tanto escuchar eso. Y dime, ¿es guapo? ¿Cómo se llama? ¿Dónde se conocieron? —preguntó emocionada y negué divertida.

—Sí, es guapo, muy guapo. Nos conocimos hace dos meses, cuando yo salía de la editorial, y su nombre es Charlie —le expresión de mi amiga cambio, su sonrisa se desvaneció y su ceño se frunció.

—¿Charlie? —confundida por su reacción, asentí—. Que coincidencia, el esposo de tu hermana también se llama Charlie.

Abrí la boca para decir algo, después de todo el nombre de Charlie era de lo más común, pero el teléfono comenzó a sonar interrumpiéndome, me levanté del sofá y al tercer timbre contesté.

Renée, nuestro padre quiere verte. Está muy mal, él... se está muriendo —no esperé a que mi hermana dijera más, corté la llamada y me apresuré a salir de la casa.

Al llegar a casa de mis padres fue Sulpicia quien me abrió la puerta, me dijo que el doctor estaba revisando a nuestro padre y la seguí hasta la sala; la pequeña Alice jugaba sentada en un sofá con sus muñecas, mientras Emmett se encontraba tirado en el suelo sobre su estomago dibujando, mi hermana los llamó y me presentó con ellos. Por minutos estuvimos hablando, se disculpó conmigo por la forma en que había actuado cuando fui a buscarla, me confesó que en realidad no estaba molesta conmigo, sino con ella misma por no haber tenido las agallas de enfrentarse a nuestro padre, como yo lo hubiera hecho.

El doctor se marchó, subí a la habitación y al verme mi padre palmeó el lugar vació en la cama para que me sentara, así lo hice y tomó mi mano.

—Mi Renée, mi terca e impulsiva Renée.

—Tan igual a ti —agregué y asintió haciendo un esfuerzo por sonreír.

—Sí, tan igual a mí. Debí saber que no podría doblegar ese carácter tuyo, siempre fuiste tan diferente a Sulpicia, ella fue más dócil y...

—Por eso fue tu consentida —le interrumpí con una sonrisa, sin reproche alguno en mi voz pues no lo había.

—Perdóname por mis equivocaciones, por todas las veces que fallé contigo, que te defraudé.

—Te perdono, papá —musité besando su frente y me regaló una sincera sonrisa, sonrisa que se quedaría grabada en mi memoria para toda mi vida.

—Gracias cariño, dile a Sulpicia que me traiga a mis nietos, quiero verlos una última vez. Me hubiese gustado tanto conocer a los nietos que pudieras haberme dado, ruego a Dios para que no hereden tu carácter.

Sonreí y le di un apretón a su mano, el nudo en mi garganta me impedía hablar, salí de la habitación y hasta entonces dejé que mis lágrimas corrieran libres por mis mejillas; tardé varios minutos en poder tranquilizarme un poco y regresar a la sala, un hombre que me daba la espalda jugaba con mis sobrinos en el piso, el cual supuse era el marido de mi hermana.

—Sulpicia, nuestro padre quiere que le lleves a los niños —al escuchar mi voz, el hombre se giró y yo sentí como mi mundo se venia abajo, tal como lo haría un castillo de naipes.

—Claro, ya los llevo. Él es mi esposo, Charlie.

—Mucho gusto —murmuré con voz temblorosa—. Tengo que irme, pero cualquier cosa llámame ¿si? —Sulpicia asintió y me apresuré a salir.

Nada más salir de la casa me eché a correr sin dejar de llorar, corrí hasta que estuve lo suficientemente lejos. No lo podía creer, simplemente me perecía algo increíble que eso me estuviera pasando, que me hubiese enamorado del esposo de mi hermana, ¡mi hermana!

—¡Renée espera! —caminé más aprisa con la esperanza de que no me alcanzara, pero no tuve esa suerte y se plantó frente a mí—. Tenemos que hablar, por favor.

—Todo está más que claro, tú estás casado, casado con mi hermana y yo sólo fui una diversión en tu vida —cerré las manos en apretados puños, como quisiera regresar el tiempo atrás y no haberlo conocido—. ¿Por qué lo hiciste? —lo cuestioné y bajó la mirada.

—Yo no lo planeé, fue el destino quién nos unió. Te juro que daría lo que fuera porque las cosas se hubiesen dado de forma distinta —acuñó mi rostro entre sus manos y me besó suavemente, beso que por más que deseé no corresponder, terminé haciéndolo—. Te amo.

—El destino nos unió, y ahora, el mismo se encarga de separarnos. No quiero ser la causante de que un matrimonio se rompa, no podría vivir en paz conmigo misma al saber que mis sobrinos serán quienes paguen las consecuencias de esto. Adiós Charlie.

La última vez que lo vi fue en el entierro de papá, evitaba a toda costa ir a casa de mi hermana cuando sabía que él estaría allí, y en cambio, Sulpicia venía a visitarme de vez en cuando con mis sobrinos.

El tiempo siguió su curso como era natural, pero el dolor que me embargaba no se iba por más que éste pasara. Pero un día todo cambio.

—Renée, ya es hora —solté el aire que había estado conteniendo y me puse en pie.

—No puedo Esme, no puedo hacerlo —desde hace días tenía nauseas por las mañanas, mareos y mi periodo se había retrasado una semana.

—¿Quieres que lo haga yo? —asentí y me senté de nuevo en el borde de la cama.

Esme fue hasta el baño para ver el resultado del test de embarazo, un par de minutos después regreso y al ver su cara lo supe: el resultado era positivo.

Tenía miedo no lo iba a negar, pero ése bebé llegaba para darle luz y felicidad a mi vida, además Esme y Carlisle estarían a mi lado para apoyarme en todo momento. Unos días después me enteré de que me Sulpicia también estaba embarazada, su embarazo era de alto riego y tendría que pasar la mayoría del tiempo en total reposo.

A pesar de todo, los siguientes meses fueron los más felices de mi vida, fue hasta en mi séptimo mes que supe el sexo de mi bebé y era una niña; Esme me acompañó a comprar todo lo necesario para la habitación de mi pequeña, ella y Carlisle me ayudaron a pintar y decorar para que todo quedara perfecto. Las últimas dos semanas de mi embarazo las pasé en casa de mis amigos, no quería estar sola cuando el momento llegara.

La noche de ese trece de septiembre fui la mujer más feliz del mundo, cuando la enfermera puso en mis brazos a mi pequeño angelito. Era la niña más hermosa que haya visto en mi vida, su piel era tan pálida como la mía, el poco cabello que cubría su cabesita era de color castaño, y por lo que había podido ver, sus ojos serían chocolates como los de su padre.

—Es tan hermosa, ¿cómo la llamarás? —acaricié con ternura el rostro de mi hija y con una sonrisa respondí a la pregunta de Esme.

—Isabella, Isabella Marie Dwyer.

Los primeros días no fueron para nada fáciles, no sabía si mi hija lloraba porque tenía hambre, frío, estaba mojada o le dolía algo; era tan desesperante para mí, que la mayoría de las veces terminaba llorando yo también. Pero como a toda madre primeriza le pasa, con el tiempo fui identificando cuál era el motivo de su llanto.

El timbre comenzó a sonar, me apresuré a abrir antes de que se fuera a despertar mi pequeña y me quedé congelada, al ver a mi hermana frente a mí.

—¿Puedo pasar?

—Claro —me hice a un lado para que entrara y nos sentamos en la sala—. ¿Quieres algo de tomar?

—No, estoy bien. Hace meses desde la última vez que te vi.

—Supe lo de tu embarazo, lamento no haber ido a verte pero no quise agobiarte —esa era la verdad a medias, aunque también fue porque no quería que supiera de mi embarazo.

Nos sumergimos en un incomodo silencio, la escena me parecía de lo más bizarro, ella era le esposa de Charlie y yo fui su amante. El silencio de pronto fue rotó por los llantos de mi bebé, Sulpicia clavó si mirada interrogante en mí y sin decir nada fui a la habitación de mi hija.

—Tranquila cariño —dije tomándola en mis brazos, con su manita se aferró a mi blusa y poco a poco su llanto se fue calmando.

—¿Tienes un hijo? —preguntó Sulpicia parada en el umbral de la puerta.

—Es una niña, se llama Isabella —se acercó a mí para poder ver a la niña.

—Se parece a Charlie, él me contó lo que pasó entre ustedes —me aclaró al notar mi confusión—. ¿Por qué no se lo dijiste?

—No tenía caso hacerlo, él está casado contigo y...

—Te ama a ti —me interrumpió y suspiró sonoramente—. Mi bebé murió, murió unas horas después de nacer, no pude tenerlo en mis brazos ni una sola vez.

—Lo siento mucho —susurré acuñando a mi hija contra mi pecho, no sé qué hubiera hecho yo si... no, no quería ni siquiera pensarlo.

—Renée, entrégame a tu hija.

—¿Qué? ¿Es qué acaso te volviste loca? No voy a entregarte a mi hija, ¡no lo voy a hacer!

—Tan sólo piénsalo, si lo haces ella tendrá una familia. Crecerá a lado de su padre y sus hermanos —negué una y otra vez, no iba a separarme de mi hija así Sulpicia tuviera la razón—. Tú podrás estar a su lado, verla crecer y...

—¿A qué precio? ¿Al de ser nada más que una tía para ella? Pues no estoy dispuesta a pagarlo, así que no insistas más y vete.

—Charlie está fuera de la ciudad y no sabe que nuestro hijo murió, no tuve el valor de decírselo. Si aceptas le evitaras un gran dolor a él, e Isabella tendrá todo lo que tú no podrás darle.

—Tal vez no pueda darle la presencia de un padre, pero me tendrá a mí y nunca le faltara amor —Sulpicia frotó su rostro con frustración y suplicante clavó su mirada en mí.

—Por una sola vez en tu vida, deja de lado tu terquedad y piensa en tu hija. ¿Qué le dirás cuando sea mayor y pregunte por su papá? ¿Qué explicación le darás, cuando ella no tenga a quién darle ese regalo que hará en el colegio por el día del padre? No pienses en lo que es mejor para ti, sino en lo que es mejor para ella.

En la vida se toman muchas decisiones, algunas serán las correctas y otras no, pero sin duda la decisión que estaba por tomar, sería una de la cual me arrepentiría por el resto de mi vida.

Clavé mis humedecidos ojos en mi hija, que me sonrió y agitó sus manitas al aire tratando de atrapar un mechón de mi cabello; froté mi mejilla contra la de ella y soltó una pequeña carcajada. Besé suavemente la frente de mi pequeño ángel y se la entregué a mi hermana, sintiendo como mi pecho se oprimía a causa del dolor.

—Vete, vete antes de que la cordura regrese a mí y me arrepienta —murmuré dándole la espalda y aferré con fuerza mis manos a la cuna, al escuchar el gimoteo de mi hija.

—Has tomado la mejor decisión —me dijo antes de marcharse, llevándose con ella un pedazo de mi vida.

Esme trató de hacerme cambiar de opinión, de convencerme que fuera por mi hija, pero ya era demasiado tarde; Charlie había regresado a la cuidad y no podía presentarme en su casa reclamando a mi hija, no sin tener que decirle la verdad.

—Estás segura de esto —asentí y continúe metiendo mi ropa en la maleta—. A Carlisle lo van a transferir a Jacksonville, ven con nosotros.

—Te agradezco el ofrecimiento Esme, pero esta es la única manera de estar cerca de ella. De verla crecer, presenciar sus primeros pasos, su primer palabra, quiero estar con ella cuando tenga miedo por las noches y leerle un cuento para que pueda dormir. Quiero poder aconsejarla cuando tenga un problema, así ella me vea únicamente como a su tía.

Ese mismo día me mudé a casa de mi hermana, vi a mi hija crecer y convertirse en toda una mujer, la vi reír y llorar, alcanzar sus metas y sueños, siempre anhelando que en lugar de decirme tía, me llamara mamá.

Continuará...


¡Hola! ¡Sorpresa! Les dejo este Outtake y ojalá que les haya gustado, creo que era necesario conocer un poquito sobre la historia de Renée, sobre todo ya que para el próximo capítulo, viene la charla madre-hija entre Bella y Renée. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, donde estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, así como también noticias sobre futuros proyectos y si gustan unirse encontraran el link en mi perfil.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's.

¿Algún review? =)

Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír.

Martes: Juegos del Destino.

Miércoles: Siempre te Amaré (últimos capítulos)