Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 26

BELLA POV.

Me removí enterrando mi cara en la almohada, aspiré profundo embriagándome con el olor que desprendía y me sorprendí al notar que olía como él, como Edward. Quise abrir los ojos pero no pude, sentía como si mis parpados pesaran toneladas y... un momento, ¿la almohada estaba respirando?

—¿Sigue dormida? —se escuchó de pronto la voz Alice.

—Sí, pasó la noche muy intranquila —al escuchar la voz de Edward traté de obligarme a abrir los ojos y alejarme de él, pero mi cuerpo no me obedecía. Ahora sabía el por qué mi almohada respiraba.

—Por lo que veo tú no dormiste nada ¿verdad?

—Me pasé la mayor parte de la noche vigilando que no le subiera la fiebre de nuevo —eso quiere decir que, ¿pasó toda la noche aquí, conmigo y cuidándome?

—Deberías bajar a desayunar algo —murmuró Alice y al oír como la puerta se cerraba supe que se había marchado de la habitación.

Sentí como Edward se removía con cuidado para no despertarme, besó dulcemente mi frente y hasta que no escuché el ruido de la puerta, abrí los ojos. ¿Cómo fue que llegué aquí? Me pregunté al ver que me encontraba en mi antigua habitación, en casa de Charlie; recuerdo vagamente que llovía cuando salí de aquí la noche pasada, llegué al parque, me senté en una banca y después... nada.

Suspiré y salí de la cama, mi ceño se frunció al ver el pijama que tenía puesto y en definitivo no era mío, el pantalón me quedaba un poco alto y era demasiado ajustado, al igual que la blusa que dejaba parte de mi abdomen al descubierto.

—Veo que has despertado, te traje ropa para que te cambies. ¿Te sientes mejor? —Renée entró a la habitación, dejo la ropa sobre la cama y suspiró pesadamente al ver que no le respondía—. Alice fue de compras, su ropa es algo pequeña para ti —murmuró señalando el pijama.

—Gracias —musité con voz baja y ronca.

—Hij... Bella, tenemos que hablar —abrí la boca para negarme pero levantó su mano—. Sólo te pido un par de horas, no más. Si después de escucharme no quieres saber nada de mí, respetare tu decisión.

Suspiré rendida y asentí, total, después de todo se merecía una oportunidad para explicarse ¿no?

—Tendrás el tiempo que pides —murmuré y me dio una triste sonrisa.

—Bien, te esperaré en el garaje. Quiero que conozcas un lugar.

—¿Vas a desperdiciar tu tiempo llevándome de paseo? —no pude evitar que mi voz reflejara despreció, ella sólo asintió y se marchó de manera apresurada.

Me sentía aturdida y un poco mareada, respiré profundo y con pasos lentos me dirigí al baño, necesitaba tomar una larga ducha con agua caliente para relajarme un poco, todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo se encontraban demasiado tensos. Me vestí con la ropa que Renée dejó para mí, eran unos ajustados jeans y una blusa de mangas largas, lencería de encaje y unos zapatos negros de tacón que no usaría; no cabe la menor duda de que Alice lo había escogido. Desenredé mi cabello y tras calzarme unos cómodos y viejos Converse, que encontré tras rebuscar en mi antiguo armario, salí de la habitación.

Todo estaba en completo silencio, estuve tentada a irme sin que nadie me viera pero de pronto escuché el llanto de... ¿Maggie? Que provenía de una de las habitaciones de la planta alta, a prisa subí las escaleras y al abrir la puerta me quedé congelada en el umbral, Edward sostenía en sus brazos a mi hija y trataba de calmarla arrullándola con suavidad.

Me quedé por varios segundos observándolo, veía a mi niña con dulzura y un brillo en sus ojos que no supe descifrar, o tal vez no quería hacerlo; al notar mi presencia me dio una de sus sonrisas torcidas, la cual por desgracia seguía teniendo el mismo efecto en mí y mi corazón comenzó a latir desbocado.

—Tiene hambre, Rose fue por su mamila —dijo, su mirada permanecía sobre mí y mi cuerpo entero se estremeció.

Me acerqué y con cuidado tomé a Maggie en mis brazos, clavé la mirada en él y me percaté de un par de golpes y moretones que adornaban su rostro, tenía el labio partido al igual que una de sus cejas, pareciera que hubiese estado involucrado en una riña. Mi estomago dio un vuelco ante eso último, me moría por preguntarle qué le había pasado y saber si estaba bien, pero no me atreví a hacerlo.

—Aquí está la... —Rosalie se calló al verme y se removió incomoda—. Buenos días, me alegra ver que estás mejor. Tanya y Victoria acaban de llegar, están en la sala.

Asentí y murmuré un apenas audible gracias tomando la mamila que Rosalie me tendía, antes de dejar la habitación. En la sala se encontraban mis amigas, Tia y Alice, puse en brazos de Tanya a Maggie, Renée me esperaba y lo mejor era terminar con todo eso de una vez por todas.

—Lleven a la chicas al apartamento, yo iré después. Voy a hablar con Renée —mis amigas me sonrieron dándome ánimo y asintieron.

—¿No desayunarás nada? —preguntó Alice, con algo de timidez.

—No tengo apetito, gracias —me despedí y me dirigí hasta el garaje.

Renée me esperaba apoyada en su coche, sin decir nada me metí en éste y pocos segundo después ella hizo lo mismo.

Durante el trayecto ninguna de las dos dijo nada y el silencio que nos rodeaba era demasiado tenso e incomodo, yo mantenía la mirada fija en la ventanilla mientras ella veía fijamente el camino. Poco más de media hora después paró frente a una casa pequeña, de una planta y de color blanco, bajé del coche y la seguí hasta la puerta, sacó una llave de su bolso y abrió.

—¿Qué hacemos aquí? —pregunté recorriendo el lugar con la mirada, era más que obvio que nadie vivía en ese lugar.

—En esta casa viví los momentos más felices y los más desdichados de mi vida, acompáñame —me guió hasta una habitación, respiró profundo y abrió la puerta.

Con pasos titubeantes entré al lugar, las paredes estaban pintadas de color blanco decoradas con arcoiris, flores de todos colores y mariposas, había repisas llenas de peluches y muñecas, junto a la ventana se encontraba una mecedora de madera color blanco a juego con la cuna que estaba en una esquina de la habitación. Dentro de la cuna había un oso de peluche color marrón, con un pequeño corbatín de moño azul; algo dentro de mí se removió al verlo y lo tomé entre mis manos.

—Era tu favorito, desde la primera vez que lo viste no quisiste separarte de él —murmuró Renée sentándose en la mecedora.

—Sin embargo lo hice —respondí con acritud y dejé el peluche de nuevo en su lugar.

Seguí recorriendo la habitación, sobre una cómoda encontré un álbum y lo tomé; en la primer página había fotos de Renée cuando estaba embarazada, se veía radiante y sobre todo feliz, en las siguientes páginas había fotos mías de bebé, pero una en especial llamó mi atención. En esa fotografía Renée me sostenía en sus brazos y me veía como si fuera lo más preciado de su vida, su mayor tesoro.

—Cuando conocí a Charlie, yo no sabía que estaba casado, y mucho menos que era el esposo de mi hermana —cerré de golpe el álbum y limpié una lágrima que rodó por mi mejilla—. Estuve por varios años fuera de Nueva York y no estuve presente en la boda de Sulpicia, después cuando regrese por meses no tuvimos contacto, ella me veía como la responsable de su desdicha.

—¿Por qué te culpaba?

—Tu abuelo arregló su matrimonio con Charlie y, obviamente, ella no estaba de acuerdo con eso. Sulpicia estaba enamorada de Aro, su actual esposo, pero nuestros padres no aprobaban la relación y ella no tuvo el valor suficiente como para llevarles la contra. Así que hizo lo que le pareció más acertado: hacerme a mí responsable de la decisión de nuestro padre, me culpó por haberme marchado en busca de mi sueño —suspiró y se puso en pie, se acercó a la cuna y tomó el oso de peluche—. El día que descubrí la verdad, ya era tarde, me había enamorado de tu padre.

—Debiste haber respetado que era casado, debiste respetar a tu hermana y a ti misma. Pero sin embargo, te convertiste en su amante —le reproché y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Nunca hubo nada entre Charlie y yo después de que descubriera la verdad, nunca —volvió a sentarse en la mecedora y apretó fuerte entre sus brazos el peluche—. Poco después me enteré que estaba embarazada y... Bella, tú eres lo mejor que me pasó en la vida.

—Si es verdad, ¿por qué me dejaste? —pregunté apoyando mi espalda en la pared y deslizándome hasta llegar al piso.

—No tenía la intención de hacerlo, eras mi pequeño milagro y nada podría separarme de ti, pero ese día las palabras de Sulpicia me hicieron dudar. ¿Quién era yo para negarte el derecho a tener una familia? —se levantó y arrodilló frente a mí, limpió mis lágrimas con suavidad, ni siquiera me di cuenta en que momento había comenzado a llorar—. A Carlisle lo transfirieron a Jacksonville y Esme me ofreció ir con ellos, pero no pude aceptar. Ya había perdido el derecho a ser tu madre, no quería perder el derecho a verte crecer y estar a tu lado, aunque fuera como tu tía.

Sin dejar de llorar la abracé, abrazo que ella correspondió y por varios minutos permanecimos así, abrazadas y llorando. Renée acariciaba mi cabello como cuando era niña, sabía que eso me ayudaba a tranquilizarme.

—Perdóname, perdóname mi niña —¿tenía algún derecho de juzgarla por sus errores, cuándo yo misma he dañado a los demás con los míos? ¿Cuándo yo he cometido error tras error? ¿Cuándo ella era una victima más en todo esto?

—Necesito tiempo para asimilar todo esto, para poder perdonar pero sobre todo, perdonarme a mí misma. Voy a regresar a Houston y volveré cuando esté lista, lista para olvidar el pasado y poder vivir el presente —asintió y limpió sus lágrimas.

—Prométeme que al menos llamarás para saber que estás bien, no quiero vivir la misma angustia que pasé por cinco largos años, al no saber nada de ti.

—Lo haré, lo prometo —dije dándole un ligero apretón a su mano, sonrió y me volvió a abrazar.

Renée me llevó a mi apartamento, nada más entrar mis amigas me abordaron con cientos de preguntas y les conté todo, he de admitir que ahora me sentía un poco más tranquila y en paz. En cambio ellas me contaron lo que pasó después de que deje la casa de Charlie la noche pasada, me sorprendió enterarme de que fueron precisamente Alice y Edward los que me encontraron en el parque; también me contaron que Edward y Jacob habían tenido cierto altercado, que los llevo incluso hasta los golpes, ya me quedaba claro el por qué de los moretones y golpes en el rostro de Edward.

Después de comer las chicas insistieron en que necesitaba descansar, Tanya se ofreció a llevarse a las niñas a su casa y Tia apoyó la idea, pareciera que ese par tramaba algo, pero no le di mucha importancia. Me dejé caer en mi cama y en pocos minutos el cansancio, no tanto físico sino emocional, me hizo caer rendida a los brazos de Morfeo.

El insistente sonido del timbre me despertó, la habitación estaba completamente en penumbras, ¿tanto tiempo había dormido? Encendí la lampara y le di un vistazo al reloj, eran casi las nueve de la noche, con pereza me puse en pie y fui a abrir la puerta.

—Hola Bella, ¿puedo pasar? —sorprendida por mi visitante me hice a un lado para que entrara.

—¿Qué haces aquí, Jasper? Creí que vivías en Texas —pregunté después de sentarnos en la sala.

—Hace unos años que me mudé a Chicago, ni siquiera mi familia sabe sobre eso —respondió frotando su cuello—. En fin, no me gusta ir con rodeos así que iré directo al grano, estoy aquí para asegurarme de que tú y tus hijas estén a salvo —un escalofrío recorrió mi cuerpo al escuchar eso.

—¿A salvo? No entiendo de qué estás hablando, Jasper —murmuré más que confundida.

—Bella, ¿has escuchado el nombre de Riley Biers?

—Sí, así se llama el padre de Tia y Maggie —respondí con el ceño fruncido.

—Exacto. Hace una semana fue encontrada Gianna, la esposa de Riley, herida de gravedad y lamentablemente murió; ella tenía pruebas que lo inculpaban de estar involucrado en negocios... ilícitos, si ella entregaba esas pruebas a la policía él estaba hundido, así que decidió matarla —¡Dios mío! La madre de mis niñas estaba muerta y su padre es un delincuente y un asesino—. Ahora está buscando a sus hijas.

—¡¿Qué?! ¡No, eso no puede ser cierto! —chillé histérica, ¿es qué acaso nunca se terminarían los problemas?

—No sabemos por qué las está buscando, Gianna sólo dijo antes de morir que tenemos que proteger a sus hijas, que él no puede encontrarlas. Hemos estado tras de él desde hace meses, pero es demasiado astuto y siempre encuentra la forma de escabullirse. Hace un par de días atrás fue visto rondando cerca de tu casa en Houston, y ayer, tu casa fue incendiada.

—Fue él quien lo hizo —Jasper asintió como respuesta, aunque no había sido una pregunta—. Jasper, ¿cómo es que sabes todo esto? ¿Qué tienes tú que ver en este asunto?

—Soy agente del FBI y estoy a cargo de protegerte a ti y las niñas —¡por todo lo sagrado! ¿Agente del FBI? Pero si él estudió psicología—. Es una larga historia, que ya te contaré. Por ahora no pueden regresar a Houston, es más seguro que se queden aquí.

—Me parece increíble que esto esté pasándome, ¿acaso es qué no puedo tener un poco de tranquilidad? —espeté y Jasper tomó mi mano.

—Bella, no vamos a permitir que nada les pase, puedes estar segura de eso —suspiré y aún sin entender muy bien lo que estaba pasando, asentí—. Mañana llegaran tres agentes encubiertos más, es muy importante que nadie sepa nada de esto, absolutamente nadie Bella.

—De acuerdo, yo... no se lo diré a nadie.

—Bien, ahora dejando de lado al agente Cullen, hay algo que quiero preguntarte como amigo —hice un movimiento con mi cabeza para que continuara y antes de hacerlo respiró profundo—. ¿Por qué mierda te fuiste con Alistair?

—Ah, es eso. ¿Te parece si te invito una copa y te cuento? Claro, si tienes tiempo ahora. Es una historia demasiado larga —asintió y fui a la cocina a en busca de una botella de vino.

Estuvimos hablando por casi dos horas, Jasper me escuchó con atención y me interrumpió de vez en cuando para hacer alguna pregunta, al final la botella estaba prácticamente vaciá y yo un poco ebria, digamos que no es buena idea tomar cuando no has comido casi nada durante el día.

El timbre comenzó a sonar y Jasper se ofreció para ir a abrir, lo cual agradecí, pues no estaba segura de poder llegar hasta la puerta sin caerme. Un par de minutos después escuché los pasos de Jasper acercarse, levanté la mirada pero no era precisamente él quien estaba frente a mí.

—Edward —murmuré perdiéndome en esos orbes esmeraldas que, para mi desgracia, seguía amando tanto o más que antes.

EDWARD POV.

Me dejé caer en el sofá y eché mi cabeza hacia atrás, después de recibir la llamada de Tanya había estado a punto de ir a buscar a Bella, pero al final no pude hacerlo. Lo mejor era esperar a que estuviera más tranquila para así poder hablar con ella, para que acepte escucharme y no me cierre la puerta de su casa en la cara. Sí, era lo correcto y lo que tenía que hacer.

—¡Oh, al diablo la espera! Ya esperé por cinco malditos años, no puedo ni quiero esperar más —me puse en pie y tomé las llaves de mi Volvo.

Antes de salir de mi casa el teléfono comenzó a sonar, pero lo ignoré y me apresuré a salir. Aparqué fuera del edificio de Bella y bajé del coche, decidí ir por las escaleras en vez de tomar el ascensor, estaba ansioso, nervioso y eso me ayudaría a calmarme.

Estuve por varios minutos frente a la puerta del departamento, debatiéndome entre llamar o marcharme, ya era tarde y lo más probable es que estuviera dormida. Tiré de mis cabellos con frustración y apreté el puente de mi nariz, debí de haber venido en cuanto recibí la llamada de Tanya, y hablando de ella, mi móvil comenzó a sonar.

¿Qué pasó? ¿Hablaste con ella? ¿Ya arreglaron las cosas? ¿Están juntos de nuevo? Por favor dime que sí, ¡me muero por ver la cara del sarnoso cuando lo sepa! —me abordó con preguntas nada más atender la llamada.

—Soy patético, ¿sabes? No he hablado con ella y he estado por casi media hora parado frente a su puerta —Tanya resopló al otro lado y murmuró un: idiota lo suficiente alto para que la escuchara.

Edward, sino te aplicas el sarnoso de Jacob terminará conquistando a Bella y no queremos eso ¿cierto? —no pude acallar el gruñido asesino que salió desde lo más profundo de mi pecho, al escuchar el nombre de ese perro—. No tienes idea de lo que han tenido que hacer Alec y James para impedir que fuera a verla, está como poseído. No le hizo mucha gracia el que estuvieras con Bella cuando llegó ayer a casa de Charlie.

—Me tiene sin cuidado si le agradó o no, y lo siento mucho Tanya, pero voy a hablar con Bella —corté la llamada, no sin antes, escuchar las risas de la rubia. Había mencionado al imbécil ese para molestarme y me decidiera a hablar con Bella, muy astuto de su parte.

Respiré profundo y toqué el timbre un par de veces, tuve que esperar por unos minutos antes de que la puerta se abriera, y no fue precisamente Bella quien me abrió. ¿Qué mierda hacía Jasper en el departamento de Bella?

—Antes de que saques conclusiones apresuradas y erróneas, te aclaro que si estoy aquí es como amigo de Bella. Me ha contado todo lo que pasó y déjame decirte hermano, que eres un redomado imbécil, ¿cómo pudiste callarte algo así? Debiste decirle en cuanto te enteraste, o al menos, no alentar a Renée para que siguiera callando. Y ella también tiene su parte de culpa, no debió irse como lo hizo, sin decirle nada a nadie y haciéndonos creer que se había fugado con Alistair. Pasa, Bella está en la sala —mi hermano se fue sin darme oportunidad ni de respirar.

Parpadeé un par de veces para salir de mi estupor, entré al apartamento y cerré la puerta tras de mí. Bella estaba sentada en uno de los sofás dándome la espalda, con nerviosismo caminé acercándome y me situé frente a ella.

—Edward —murmuró levantando la mirada y clavando sus ojos en los míos.

—Necesitamos hablar, Bella —dije, sentándome a su lado.

—No creo que sea el mejor momento, yo... —cerró los ojos con fuerza y respiró profundo—. Por favor, vete.

—No lo haré, al menos no hasta que hablemos.

—¿Y de qué quieres hablar? ¿De cómo me ocultaste que Renée es mi madre? ¡Ah ya sé! Qué te parece si mejor hablamos de cómo te metiste con la primer zorra que se te cruzó por enfrente, después de que me marché. ¿Te parece un buen tema sobre el cual hablar?—en definitivo, eso sería más difícil de lo que pude siquiera imaginar.

—Sí, te oculté que Renée es tu madre, pero fue porque no quería que regresara la Bella amargada y esquiva que tanto te costó dejar atrás. Además era algo sobre lo cual yo no podía hablarte, le correspondía a Renée decírtelo no...

—¡Por favor Edward! —gritó interrumpiéndome y tomando de un solo trago el contenido de una copa que tomó de la mesita de centro, ¿ella y Jasper habían estado tomando?—. ¿No pensaste que sería peor cuando me enterara que tú también me habías mentido? ¡No tienes ni idea de lo que fue para mí, enterarme de que la persona que más amaba en la vida, me había ocultado algo tan importante!

—¡Cometí un error y lo admito! Pero, qué hay de ti ¿uh? Te marchaste haciéndonos creer que tenías un maldito romance con Alistair, que eran amantes. ¿Puedes siquiera imaginar la rabia y el dolor que sentí? ¡Deseaba con todas mis fuerzas tenerlos frente a mí y matarlos a los dos! —grité poniéndome en pie y comenzando a caminar como fiera enjaulada por el lugar.

—¡Claro, si que debió dolerte mucho! ¡Te dolió tanto, que buscaste consuelo con la primer puta que se abrió de piernas para ti! —respiré profundo un par de veces para calmarme, esa conversación se nos estaba yendo de las manos y el resultado no sería para nada bueno.

—Estaba cegado por los celos, celos de pensarte en brazos de otro, de saber que tus besos y caricias no serían nunca más para mí...

—Yo también sentí celos, Edward. Pero nunca busqué consuelo en otros brazos, porque a pesar de todo te amaba —un par de lágrimas rodaron por sus mejillas y se apresuro a limpiarlas—. Deseé odiarte, odiarte como sabía tú me odiabas a mí, olvidarme de ti y enamorarme del primero que se cruzara por mi camino, pero no pude. ¡No pude!

Me arrodillé frente a ella y tomé su rostro entre mis manos, posé mis labios sobre los suyos con suavidad, pero se apartó de mí llorando.

—Vete Edward, por favor vete. Ya no hay oportunidad para un nosotros, tú estás con Chelsea y yo...

—Hablaré con ella cuando regrese de su viaje. Te amo Bella, te amo tanto que voy a hacer hasta lo imposible para que estemos juntos de nuevo —ella se quedó cayada por largos minutos, ante su silencio me puse en pie y comencé a caminar hacia la puerta para marcharme.

—Yo también te amo, Edward —me giré lentamente encontrándome con Bella a unos pasos de mí—. Pero ahora no sólo debo pensar en mí, hay dos personitas que dependen de mí y no voy a dejarlas a un lado, ni por ti, ni por nadie.

—Y no te estoy pidiendo que lo hagas. Bella, sé lo importantes que son Maggie y Tia para ti. Quiero que me des la oportunidad de formar una familia juntos, quiero que Maggie y Tia no sean solamente hijas tuyas, quiero que sean nuestras hijas.

Nuevas lágrimas rodaron por sus mejillas y asintió, eso fue todo lo que necesité para acabar con la distancia que nos separaba y la besé, beso que ella me correspondió con pasión y entrega; nos separamos cuando la molesta falta de oxigeno se hizo presente, acaricié su mejilla y cerró los ojos soltando un sonoro suspiro. Su puso de puntillas y rozó sus labios contra mi oreja, mandando una serie de escalofríos por todo mi cuerpo.

—Hazme el amor —susurró con sensualidad y... ¡Joder! Tuve que hacer mi mayor esfuerzo por contenerme y no tomarla ahí mismo.

Continuará...


¡Hola! Les dejo el siguiente capítulo y ojalá que les haya gustado, trataré de publicar el siguiente en esta semana, pero no prometo nada. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, donde estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, así como también noticias sobre futuros proyectos y si gustan unirse encontraran el link en mi perfil.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's.

¿Algún review? =)

Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír.

Martes: Juegos del Destino.

Miércoles: Siempre te Amaré (últimos capítulos)