Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 29

BELLA POV.

Mi cuerpo entero temblaba mientras me movía nerviosamente de un lado a otro por la habitación de Tia, lanzando ropa, zapatos y de más cosas en las maletas, sin siquiera detenerme a hacerlo de forma ordenada. Mi corazón saltaba con furia dentro de mi pecho amenazando con salírseme por la boca de un momento a otro, sentía que en cualquier momento me derrumbaría y eso era algo que no podía permitirme; nadie debía percatarse del estado en que me encontraba pues no sabría qué decir para justificarme.

Y es que hace unas horas atrás recibí una llamada de Jasper, sus palabras se repetían como una grabación torturadora una y otra vez en mi cabeza: "Riley está en la ciudad, ha sido visto rondando por tu edificio y se ha escapado cuando han tratado de apresarlo"

Jasper me dijo que ya no era seguro que siguiera viviendo sola con las niñas en el departamento, así que llegué a la conclusión de mudarme a casa de mis padres, la mansión Swan contaba con un eficaz sistema de seguridad y era lo más seguro que podía encontrar en ese momento. Charlie y Renée se mostraron más que sorprendidos por mi decisión, pero sobre todo, estaban encantados con la idea de tenernos a las niñas y a mí en casa.

—Tus cosas y las de Maggie ya están empacadas —la suave voz de Rosalie me sacó de mis pensamientos, entre ella y yo las cosas aún estaban algo tensas, no me perdonaría tan fácil el daño que le causé a Edward con mi huida.

—Gracias —murmuré y me dispuse a tratar de cerrar una de las tres maletas que reposaban sobre la cama—, yo... casi termino aquí.

Rosalie suspiró al ver la encarnizada batalla en la que me encontraba, ya que la maleta estaba repleta de cosas mal acomodadas y no era nada sencillo cerrarla, pero justo cuando estaba por rendirme y mandar al diablo la dichosa maleta, ella se acercó a ayudarme. Alice, Emmett y Rosalie se habían ofrecido para ayudarme con la mudanza.

—Emmett llevo las maletas al Jeep, ¿ya has terminado aquí? —preguntó Alice entrando a la habitación con una risueña Maggie en sus brazos.

—Sí, sólo voy a revisar que no se me olvide nada —musité, después de comprobar que no había olvidado empacar nada, Rosalie me ayudó a sacar las maletas de la habitación.

—Hola amor —saludó Edward entrando al apartamento seguido por mi hermano, se acercó a mí y besó de manera casta mis labios.

—¿Podrían adelantarse a la casa y llevarse a Maggie? Edward y yo iremos después —tenía que hablar con Edward, sé que le prometí a Jasper que no le diría nada de lo que estaba ocurriendo a nadie, pero a él no podía seguir ocultándoselo.

—Claro, sólo no demoren demasiado par de tórtolos —comentó Emmett con una sonrisa pícara en su rostro, tomó las maletas y salió con Alice y Rosalie pisando sus talones.

—Necesito hablar contigo, Edd —tomé su mano y lo guié hasta la sala, nos sentamos y respiré profundo antes de comenzar—. Hay algo que te he ocultado, me vi obligada a hacerlo pero ya no puedo más y... —me quedé callada sin saber muy bien cómo continuar.

—Bella me estás asustando, ¿qué es eso que me has ocultado? —una solitaria lágrima rodó por mi mejilla, respiré un par de veces dándome valor para hablar y tratar de mantener mis ganas de llorar al margen.

—Riley Biers, el padre de Tia y Maggie...

Le conté con lujo de detalles todo lo que, a su vez, Jasper me contara a mí días atrás; lo sucedido con la madre de las chicas, Gianna, que al parecer Riley está relacionado con algo ilícito, que por no sé qué motivo está buscando a Tia y terminé murmurando con voz temblorosa que él estaba en la cuidad.

—¿Cómo... cómo lo supiste? —preguntó con voz tensa apretando el puente de su nariz.

—Los mismos agentes de FBI se pusieron en contacto conmigo —mentí a medias, no podía decirle que Jasper y los Blackwell eran esos agentes, eso es algo que debía seguir ocultando pues no me corresponde revelarlo—, lamento no haberte dicho nada antes, pero me dijeron que no lo hiciera y... yo... tengo tanto miedo de lo que pueda pasar, Edward.

—Todo estará bien —murmuró abrazándome con fuerza, escondí mi rostro en el hueco de su cuello y dejé que mis lágrimas corrieran libres por mis mejillas—. Te prometo que todo estará bien, estamos juntos en esto y no voy a permitir que nada les pase, ni a ti, ni a nuestras niñas.

Asentí acurrucándome lo más posible entre sus brazos, Edward besó el tope de mi cabeza y deseé con todo mi corazón que sus palabras fueran verdad, que fueran una garantía de que nada malo pasaría.

Dos semanas después...

Tomé mi bolso y salí de la habitación, bajé las escaleras con calma y me encaminé hacia el jardín; durante un par de días, después de dejar el apartamento, no podía estar tranquila ni de día ni de noche, tenía miedo de que Tia saliera de la casa y Riley pudiera hacerle algo, incluso estuve a punto de sacarla de la escuela, pero Kebi me hizo ver que con eso lo único que lograría era asustarla, además Benjamín estaría con ella todo el tiempo y ya era hora de darle algo de crédito al chico, si estaba aquí es porque sabía lo que hacía.

Una amplia sonrisa se estampó en mi rostro al ver a Alice y Renée sentadas en la mesa del jardín, mi hermana sostenía a Maggie en sus brazos y ambas le hacían mimos a la pequeña que estaba encantada, con la atención que recibía.

—¿Vas a salir? —preguntó Renée al notar mi presencia.

—Sí, voy a reunirme con Tanya y Victoria, le vamos a ayudar a Vic con los últimos detalles para la boda —Maggie comenzó a removerse inquieta en los brazos de Alice al tiempo que estiraba sus manitas en mi dirección.

—Ma... ma... ma... ¡ma-má! —chillé emocionada y solté el bolso que cayó sobre el pasto, me apresuré a tomar a Maggie en mis brazos y besé sus regordetas mejillas. Era la primera vez que mi pequeña me llamaba así y se sentía simplemente maravilloso.

—Anda cariño, dilo de nuevo, ma-má. Vamos hazlo una vez más, ma-má —Maggie agarró entre sus manitas un mechón de mi cabello y comenzó a jugar con el soltando una suave risita.

—Creo que no lo hará de nuevo, al menos no por ahora —comentó divertida Alice y suspiré rendida.

—Sí, tal parece que tienes razón. Bueno, ésta señorita y yo nos vamos, ya se me está haciendo tarde.

—Hija, puedes dejar a Maggie, ustedes irán de un lado a otro y no será cómodo para ella tanto revuelo —aún me resulta extraño que me llamase así, ciertamente lo hacía desde que yo era una niña, pero desde que se descubrió la verdad se siente... diferente.

—Yo no voy a trabajar hoy, así que puedo ayudarle a tía Renée a cuidarla —agregó una entusiasmada Alice.

Terminé por aceptar, me despedí de las tres y tomé mi bolso que aún seguía tirado en el pasto. Me monté en mi nueva camioneta, la cual había comprado unos días atrás, y me puse en marcha rumbo a la cafetería donde quedamos nos reuniríamos con mis amigas.

En algún momento durante el camino me pareció que un coche negro me seguía, pero debí haberlo imaginado, ya que al volver a ver por el retrovisor el coche no estaba, no le di mucha importancia al hecho, después de todo seguía algo nerviosa y paranoica. Llegué a la pequeña cafetería y estacioné la camioneta, bajé y distraídamente comencé a caminar por la acera hacia el establecimiento mientras respondía un texto de Edward que recién había recibido, me invitaba a cenar esa noche con él y respondí con un: "Te espero a las 8:00 en punto"

Estaba a unos pasos de llegar cuando de pronto alguien me abordó por la espalda, un pañuelo con alguna sustancia fuerte y de olor desagradable cubrió mi nariz y boca, forcejé tratando de soltarme del agarre de mi atacante pero mi cuerpo comenzó a pesar toneladas, mi cabeza daba vueltas y lo último que escuché antes de que la oscuridad me absorbiera, fueron los gritos de las personas que estaban en la calle pidiendo ayuda.

TIA POV.

Aunque Bella no me dijera nada yo sabía que algo estaba pasando, y algo realmente malo, esa apresurada decisión de que nos mudáramos a casa de sus padres no me daba buena espina, he tratado de hablar con ella sobre lo que pasa pero siempre que sacó el tema a relucir, ella encontraba la forma de evadirme y cambiar el rumbo de la conversación.

Su silencio lo único que había logrado era que en mi cabeza surgieran todo tipo de teorías, incluso varias de ellas están relacionadas con mi... padre, y ruego a Dios que sea lo que sea él no esté involucrado.

—Señorita Swan, si mi clase le parece tan aburrida como para prestar atención, le sugiero que salga del salón —la voz un tanto chillona de la profesora Smith, una mujer de unos cincuenta y tantos, regordeta y con gafas, me sacó de mis pensamientos.

—Disculpe profesora, yo no...

—Tome sus cosas y retírese, de inmediato —me interrumpió de mala manera y suspiré.

En silencio guardé mis cosas en mi bolso y salí del salón. Caminé por los desiertos pasillos con calma hasta salir de la escuela rumbo al campo de fútbol, me senté en lo más alto de las gradas, saqué uno de mis cuadernos y me puse a garabatear cosas sin sentido, con la intención de que el tiempo pasara más rápido y mi siguiente clase comenzara.

Casi sin darme cuenta me encontré escribiendo el nombre de cierto chico de cabello oscuro y ojos color caramelo, chico que al parecer ni me registraba, ya que desde el día en que nos presentaron en mi fiesta de cumpleaños, no me había dirigido una sola mirada.

—No me parece justo lo que hizo la profesora Smith —pegué un bote al escuchar esa voz a mi lado y, con mi corazón latiendo a mil por el susto, me apresuré a cerrar mi cuaderno.

—Benjamín, ¿qué haces aquí? —se encogió de hombros y se sentó a mi lado, su cercanía me puso un demasiado nerviosa y mi sonrojo no tardó en aparecer.

—¿Por qué estabas tan distraída en clases? —vaya, esa era la primera vez que se podría decir tenemos una charla de más de dos palabras.

—Sólo pensaba, han pasado cosas muy raras últimamente —me dio una fugaz mirada antes de posar sus ojos en algún punto del campo frente a nosotros.

Pasamos varios minutos sumergidos en un cómodo silencio, silencio que fue rotó por los gritos de algunos alumnos, que se encontraban fuera de sus respectivos salones, y el sonido de un disparo no muy lejos de donde nos encontrábamos. Por inercia giré la cabeza para ver que pasaba, mis ojos se abrieron como platos y un escalofrío recorrió mi cuerpo al reconocer a uno de los hombres, era él, era mi padre.

—¡Tia! —gritó, cuando uno de los hombres que lo acompañaban le indicó dónde estaba, comenzando a correr hacia mí.

El pánico paralizó mi cuerpo, mis oídos zumbaban y mi respiración se tornó irregular; me pareció que fueron horas las que estuve sumergida en ese estado catatónico, del cual salí, cuando Benjamín tomó mi mano y tiró de mí para que me pusiera en pie obligándome a correr.

—¡No podrás escapar de mí, Tia! —gritó furioso y se escuchó otro disparo, Benjamín maldijo por lo bajo y me cubrió con su cuerpo tirándome al piso.

—Vamos, tienes que correr y no parar aunque sientas que ya no puedes más, ¿de acuerdo? —me dijo ayudándome a poner de pie nuevamente.

Y así lo hice, corrí sin detenerme aunque me sentía desfallecer en cualquier momento; Benjamín me guió dentro de la escuela y corrimos por los pasillos esquivando a profesores y alumnos que iban de un lado a otro histéricos por el revuelo. Unos minutos después nos detuvimos frente a una puerta, la abrió y nos escondimos en el pequeño salón lleno de cosas en desuso. Al parecer ni mi padre ni sus hombres se percataron de que entramos al lugar, al escuchar las sirenas de las patrullas suspiré con alivió y me deslicé por la pared hasta llegar al piso.

—Maldita mocosa, se nos escapó. Vayámonos antes de que la policía nos agarre —después de eso, en el pasillo, sólo se escucharon los apresurados pasos mientras huían.

Fue hasta ese momento que me permití llorar, abracé mis piernas pegándolas a mi pecho y desahogué la tensión del momento. Benjamín se sentó a mi lado y, tras murmurar algo que no logré entender, me abrazó con un poco de recelo.

—Tranquila, ya pasó y mis padres juntos con Jasper vienen por nosotros —asentí y apoyé mi cabeza en su hombro—. Tia, ¿qué tienes que ver tú con Riley Biers?

—Él es mi padre, pero... ¿cómo sabes tú quién es él? —pregunté separándome lo justo para verlo a la cara.

—Sólo puedo decirte que lo sé, y por favor, no me preguntes más —respondió evitando verme a la cara.

—Benjamín, Tia, ya es seguro que salgan de ahí —al escuchar la voz de Jasper al otro lado de la puerta, Benjamín se puso en pie y me ofreció su mano para ayudarme.

—Tú y yo tenemos que hablar, no puedo creer que me hayas mentido, Jasper —fue lo primero que dijo Benjamín en cuanto abrió la puerta.

—Y hablaremos, pero ahora tenemos que llevar a Tia a su casa —Jasper clavó la mirada en nuestras manos que seguían unidas y su ceño se frunció.

Sin soltar mi mano Benjamín comenzó a caminar hacia la salida, afuera todo era un caos, alumnos y profesores histéricos por todos lados, policías que iban y venían de un lado a otro, y padres llegando a recoger a sus hijos que suspiraban aliviados al ver que se encontraban bien. Nos montamos al coche de Jasper, y éste después de hablar por un momento con Amun y Kebi, también lo hizo.

Al llegar a casa y ver varios coches estacionados frente a ésta, me apresuré a bajar del coche y corriendo entré, temiendo que algo le hubiese pasado a Maggie, que él haya intentado llevársela. En la sala estaban todos, los Swan, los Cullen, el tío James y la tía Victoria, la tía Tanya y el tío Alec; pero Bella y Maggie no estaba por ningún lado.

—¿Qué pasa? ¿Dónde están Maggie y mamá? —pregunté y todos voltearon a verme.

—Tia, cariño... Bella... ella... fue... —tía Tanya balbuceaba y comenzó a llorar, se acercó a mí y me abrazó fuerte—. La secuestraron, secuestraron a Bella.

Estaba totalmente segura de que él era responsable del secuestro de Bella, pero ¿por qué lo había hecho? ¿Acaso por dinero? No, esa opción estaba más que descartada pues él no necesita dinero, algo más debía haber oculto tras todo esto pero ¿qué era? Unos suaves golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos, limpié mis lágrimas y me senté en la cama.

—¿Puedo pasar? —preguntó tía Alice asomando la cabeza por la puerta, tenía los ojos rojos y su rostro denotaba tristeza, asentí y entró—. Te llaman por teléfono, dijo que era de la escuela, el profesor Bennett —me tendió el teléfono y con el ceño fruncido lo tomé, no recordaba que en la escuela hubiese un profesor que tuviera ese apellido.

—¿Diga?

¡Sorpresa querida! Apuesto a que no esperaban mi llamada ¿cierto? —no respondí nada y soltó una sonora carcajada—. Bien, no me gustan los rodeos así que seré directo. Tú tienes algo que me pertenece y lo quiero de vuelta.

—No sé d-de qué me ha-habla —tía Alice no me quitaba la mirada de encima, por lo cual mis nervios iban en aumento.

Hablo de los documentos que tu madre te entregó antes de desparecer.

Como si de un golpe se tratara un recuerdo llegó a mi cabeza, las últimas palabras de mamá antes de que nos dejara: "En esta maleta hay algo muy importante, pase lo que pase no te deshagas de ella. Tia, esto no puede caer en las manos equivocadas" ¿Será que en esa maleta están los documentos de los que él habla?

—Sí, ya lo recuerdo —me puse en pie y caminé hasta la ventana.

¡Que bien! Ahora, escucha con atención lo que vas a hacer. Serás una buena chica y vas a entregarle esos documentos a papá, a cambio yo dejaré libre a la hermosa y dulce Bella, tienes una hora para llegar a la dirección que voy a darte y ten mucho cuidado con decirle a alguien. No querrás poner en peligro a tu nueva mamita, ¿verdad?

Apreté con fuerza el teléfono y escuché con atención las instrucciones que mi... Riley me dio antes de cortar la llamada, tía Alice trató de interrogarme pero respondí con evasivas. Una vez me quedé sola saqué del armario la maleta y la puse sobre la cama, busqué los dichosos documentos por todos lados pero no había nada, con frustración la tiré al piso y fue cuando noté algo: una pequeña abertura en el forro de la maleta.

Con algo de esfuerzo logré despegar por completo el forro de un lado, un sobre color manila quedó a la vista y lo tomé, esos debían ser los documentos que él quería para dejar libre a Bella.

Abrí mi armario y tomé la primer chaqueta que encontré, ya era de noche y comenzaba a refrescar, metí en mi bolsillo un par de billetes para pagar un taxi ya que no conocía la ciudad lo suficiente como para arriesgarme a ir caminando, cerré la puerta de mi habitación por dentro y salí por la ventana, con la ayuda de la enredadera que cubría la pared logré bajar sin mayor inconveniente.

La dirección que Riley me dio estaba algo lejos de la casa por lo que me tomó más de una hora en llegar, era un callejón solitario y sin salida; me sobresalté al escuchar unos suaves pasos tras de mí y con lentitud me giré encontrándome con quien menos esperaba.

—Tío Jake —murmuré al reconocer la figura que estaba frente a mí.

Continuará...


¡Hola! Les dejo el siguiente capítulo y ojalá que les haya gustado. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, donde estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, así como también noticias sobre futuros proyectos y si gustan unirse encontraran el link en mi perfil.

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Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír (últimos capítulos)

Martes: Juegos del Destino (últimos capítulos)