Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 32

BELLA POV.

Solté un sonoro suspiro al ver la imagen que se desarrollaba en medio de la sala, Tia charlaba forma animada con Benjamín y de vez en cuanto éste tomaba la mano de mi hija o besaba su mejilla; mientras juntos ponían los adornos al árbol de navidad. Cuando hace poco más de tres meses atrás ése par me dijeron que eran novios no me sentó muy bien la noticia, pero al ver la felicidad que Tia irradiaba, no tuve más elección que tragarme mi molestia, sonreír y darles mi apoyo.

Aunque claro, Edward no les puso las cosas fáciles y tuvo una seria charla a solas con Benjamín, no sé qué le habrá dicho al pobre chico, pero salió más pálido que un fantasma del estudio y, desde aquel día, no se acerca a Tia a menos de medio metro de distancia en presencia de Edward.

—¿Ma', encontraste los adornos que faltan? —me preguntó Tia sin dejar de sonreír al notar mi presencia.

—Sí, aquí están —dejé la caja junto al árbol y me arrodillé para comenzar a sacar las pequeñas y distintas figuras de cristal.

Maggie se encontraba sentada en el piso jugando con un par de peluches, aunque en ocasiones, se olvidaba de ellos y nos observaba atentamente mientras colgábamos los adornos. A su año y dos meses era una niña muy activa, pero hoy se encontraba raramente tranquila, aunque ya la veía el próximo año correteando por toda la casa queriendo ayudar.

—Familia, estoy en casa —Benjamín con rapidez se alejó unos pasos de Tia que bufó con frustración.

—¡Papi! —chilló Maggie en cuanto vio a Edward y quiso ponerse en pie, con algo de dificultad lo logró y Edward la tomó en brazos antes de que cayera al piso cuando dio un par de pasitos en su dirección.

Edward saludó a Tia con un beso en la mejilla para después acercarse a mí y dejar un casto beso en mis labios.

—Señor Cullen —murmuró Benjamín a modo de saludo, aún me costaba creer que el chico se mostrara tan intimidado por la presencia de Edward, era un agente de FBI que le temía al papá de su novia; aunque no me molestaba en lo más mínimo que fuera así.

—Puedes llamarme Edward, Benjamín —Tia le dio una amplia sonrisa, sonrisa que desapareció cuando las siguientes palabras fueron pronunciadas—: Pero eso no quiere decir que puedas olvidarte de lo que hablamos.

No pude acallar mi risa y Edward sonrió, Tia nos dio una fría mirada a ambos para después darse media vuelta y continuar adornando el árbol ayudada por Benjamín.

—Alice llamó y me dijo que llegaran a tiempo para pasar navidad con nosotros —mi hermana y Jasper hacía dos semanas se habían marchado de viaje, era algo así como una pre-luna de miel, pues tenían planes para casarse en unos meses más.

—Espero que este viaje sirva para que mi cuñada se tranquilice, últimamente ha estado demasiado histérica con los preparativos de su boda —Edward se sentó en uno de los sofás y sentó a Maggie, que de inmediato comenzó a jugar con su corbata, en su regazo.

Al verlo compartir estos momentos con Maggie, o las charlas con Tia mientras le ayuda con sus tareas de la escuela, o las tardes de películas y risas en familia, hace que me enamore un poco más de él si es que era posible. Sin duda es un padre maravilloso y el mejor esposo que pudiese haber deseado.

Edward y yo teníamos ya casi cinco meses de feliz matrimonio, nos casamos un mes después de que el juicio contra Jacob y Riley terminara, fue una ceremonia sencilla e íntima, a la cual soló nos habían acompañado nuestras familias y amigos más cercanos. Todo mundo esperaba que nuestra boda fuera el evento del año, pero para nosotros eso no era lo importante, lo que realmente nos importaba era unir nuestras vidas en una sola y compartir el resto de nuestros días juntos.

Tanto Jacob como Riley ya no serían más una amenaza para nosotros, fueron juzgados y sentenciados, pasarían años tras las rejas y nosotros podremos tener tranquilidad al fin. El juicio no fue un proceso para nada fácil, Tia y yo tuvimos que presentarnos como testigos a declarar, sabía bien que Riley no fue un ejemplo a seguir como padre, pero eso no quitaba el hecho de que para mi niña haya sido difícil declarar en su contra.

Los siguientes días pasaron con rapidez, antes de que me diera cuenta estábamos en casa de mis padres con toda la familia reunida, incluidos Amun, Kebi y Benjamín, celebrando la noche buena. Después de cenar nos reunimos todos en la sala, charlas y risas inundaban el lugar pero yo no prestaba mucha atención a lo que se decía, sobre todo cuando vi a Edward caminar rumbo a la terraza.

Maggie desde hacía un buen rato se había quedado dormida en mis brazos, con algo de dificultad me puse en pie y la subí a la habitación que esta noche ocuparía, le puse su pijama, la metí a la cama y acomodé algunas almohadas a su alrededor para que no se fuera a caer, antes de salir de la habitación dejé un beso en su frente y me cercioré que estuviera bien arropada.

Bajé a buscar mi abrigo y me lo puse, salí a la terraza y me encontré con mi esposo apoyado en la barandilla.

—¿Qué haces acá afuera amor? —al escuchar mi voz se giró, me dio una de esas sonrisas torcidas que me hacen temblar las rodillas y me ofreció su mano para que me acercara.

—Sólo quería respirar un poco de aire fresco —me abrazó y apoyé mi cabeza en su pecho.

Estuvimos así, abrazados y en silencio por unos minutos, hasta que recordé que tenía algo que decirle.

—¿Sabes? Nunca te he agradecido lo que hiciste por mí, así como tampoco te pedí perdón por el daño que te hice —levanté el rostro lo justo para perderme en el verde de sus ojos.

—Bella, eso es parte de nuestro pasado, no hay nada que perdonar o agradecer.

—Sí lo hay, gracias a ti es que estoy aquí. Me ayudaste a encontrar un rayito de esperanza cuando creía que todo estaba perdido para mí, me amaste y me enseñaste lo que es en verdad el amor, me demostraste que a pesar de todo podía ser feliz y volver a sonreír. Me devolviste las ganas de vivir y yo te pagué marcha... —no pude terminar la frase pues sus labios se posaron sobre los míos callándome con un suave beso.

—No recordemos eso amor, es algo que quiero dejar donde está, en el pasado —acarició mi mejilla y cerré los ojos ante el contacto.

Sus labios de nuevo atraparon los míos pero esta vez en un beso más exigente, más pasional. Sus manos me sujetaron firme por las caderas pegándome más a su cuerpo, mientras mis brazos subieron hasta enredarse en su cuello, nos separamos cuando los gritos de nuestra familia deseándose una feliz navidad resonaron desde dentro de la casa.

—Feliz navidad mi hermosa Bella —susurró rozando con sus labios el lóbulo de mi oreja, mandando una ola de sensaciones por todo mi hormonal cuerpo.

—Feliz navidad... —me separé un poco de él y tomé sus manos poniéndolas sobre mi vientre—... futuro papá.

—¿Estás...? ¿Vamos a...? —asentí y poco a poco una sonrisa se fue extendiendo por su rostro.

En un pestañeo me vi envuelta entre sus brazos y unos centímetros por sobre el piso, no pude evitar soltar un par de risitas mientras Edward nos hacía girar sin dejar de murmurar: te amo y gracias por este maravilloso regalo, una y otra vez.

—Tengo siete semanas, lo supe hace unos días pero... creí que este sería el momento indicado para decírtelo —dije una vez mis pies tocaron de nuevo el piso.

—Te amo señora Cullen. Tú, nuestras hijas y este bebé —dijo poniendo su mano sobre mi vientre—, son lo mejor que me ha pasado en la vida.

—¿A pesar de todos los malos momentos vividos?

—Si tuviera la oportunidad de volver el tiempo atrás no cambiaría nada, absolutamente nada, con tal de tener el mismo resultado: tú y yo juntos. Así que sí, a pesar de los malos momentos vividos —busqué sus labios y lo besé.

Puse en ese beso todo el amor que sentía por él, quería demostrarle de esa forma mi amor pues con palabras no podría. Una de sus manos se coló bajo mi abrigo y acarició mis espalda haciéndome estremecer, nos separamos cuando la falta de oxigeno se hizo presente y Edward me sonrió de forma pícara.

—Creo que estás muy cansada amor, ¿por qué no vamos a despedirnos y subimos a nuestra habitación? —susurró besando mi cuello y me fue imposible acallar un gemido.

—Estoy segura que nuestra familia ni siquiera se dará cuenta de nuestra desaparición —a penas la última palabra salió de mis labios, Edward me cargó al estilo novia llevándome dentro de la casa.

Después de mi accidente y de saber que estaría atada a una silla de ruedas, una densa oscuridad cubrió por completo mi vida, no sentía deseos de seguir adelante, creé una muralla difícil de penetrar a mi alrededor y me encerré en una burbuja llena de amargura. Creía que ya no había una esperanza para mí de ser feliz, pero un buen día todo cambió.

Un ángel de ojos verdes y cabello cobrizo irrumpió en mi vida poniéndola de cabeza, poco a poco bajó mis defensas hasta eliminarlas por completo y me robó el corazón. Pasó de ser mi mejor amigo a convertirse en el amor de mi vida, no todo fue color rosa en nuestra relación pues ambos tomamos decisiones equivocadas que nos llevaron a lastimarnos mutuamente, pero aún así nuestro amor fue más fuerte.

Edward Anthony Cullen, ese era el nombre de mi ángel personal que alguien de allá arriba mandó para que llenara mi vida de luz, me devolviera la ilusión de vivir y las ganas de Volver a Sonreír.

FIN


¡Hola! Pues con esto termino este Fic, no habrá un epílogo pues siento que no hay nada más que agregar sobre esta historia, espero no haberles decepcionado y que les gustara.

Muchas gracias a quienes a lo largo de estos treinta y dos capítulos (tanto ahora como la primera vez que fue publicado el Fic) me acompañaron leyéndome en cada actualización, a quienes agregaron la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes me dejaron sus maravillosos review's; en serio que no tengo palabras para agradecer el apoyo.

Por último les recuerdo que tengo grupo en Facebook, donde estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, así como también noticias sobre futuros proyectos y si gustan unirse encontraran el link en mi perfil.

¿Algún último review? =)