Tú fuiste el fundamento; nunca será otro.

Yo te seguí, tan atrapada, tan condicionada, nunca me podría marchar.

Después el dolor y la enfermedad cuando perdiste la cabeza conmigo.

8

Milo vs Vasili.

Milo pensaba que cualquiera que conociera el dolor de las Agujas Escarlatas procuraría jamás realizar el tipo de acciones carente de todo sentido común que la llevaba a utilizar esa técnica en los demás, pero cuando sintió a Camus de Acuario acercándose a su templo y buscándola con su cosmos, se convenció de que el onceavo guardián no tenía una remota idea de lo que significaba el sentido común. O quizás lo sabía pero lo ignoraba adrede. De todas maneras, ella alzó su cosmos respondiendo porque a pesar de ser buena juzgando la carencia de sentido de su compañero, no podía hacer lo mismo consigo misma.

Una vez que se hubo revestido con el oro de Escorpio y sintiéndose segura, salió al pasillo principal por el que todos transitaban y no tuvo que esperar demasiado para ver acercarse al guardián del onceavo templo. A igual que ella, Camus iba cubierto con su armadura, el oro reluciendo con destellos de blanco y azul representando la frialdad característica de su signo, su expresión seria y neutra y el cabello bamboleándose con gracia a su alrededor. Una semana atrás Milo podría haber pensado en alguna estupidez monumental para soltar justo cuando se acercara pero en esta ocasión todo lo quería era gritarle que se fuera a la mierda y nunca regresara. También sentía curiosidad por saber el motivo de su visita, que por el aspecto duro de su cara y la tensión de sus hombros, no parecía que fuera porque deseaba pasar tiempo de calidad con ella.

Tal vez había ido a decirle que la odiaba por la manera horriblemente injusta en que lo atacó la última vez cuando ni siquiera podía estar de pie. Existía una buena posibilidad de que hubiese ido en busca de una revancha.

Cualquiera de esas dos últimas opciones estaba bien para Milo.

Todavía tenía algo de frustración encima por las idioteces de Altair, quien seguía en su cuarto disculpándose de rodillas junto a la cama. Milo ya lo había perdonado, pero era divertido ver su cara de desesperación, por muy mal, triste, injusto, abusivo y presuntuoso que sonara. Pero por otra parte, todavía no se le quitaba el horror de haber sentido que el cosmos de su hermano desaparecía por completo a la vez que una fuerte sensación de hormigueo en todo el cuerpo la consumió antes que se desplomara en el suelo de su cuarto de baño, con el corazón convertido en una roca y la respiración estancada en alguna parte entre sus pulmones y su camino hacia el cerebro.

El paro cardiorrespiratorio no fue lo peor, sino que fue el darse cuenta que estaba en modo fantasma junto a su hermano, también convertido en un ente semitransparente y eso sin contar el hecho de que había visto su cadáver; esa pequeña sabandija olvidada en el suelo, sin vida.

Milo hubiese preferido verse a sí misma en ese estado antes que a su hermano.

Su hermanito estaba totalmente fuera de discusión.

Mika era intocable y lo había demostrado castigando a un Pilar de la Creación, a uno de esos poderosos hombres que la protegían.

Camus se detuvo a una buena distancia de ella, sosteniendo en su mano derecha un libro viejo y grueso con cobertura de cuero que parecía sacado de una cripta. Por alguna razón en la que no quiso indagar demasiado, ese libro le daba mala espina. Muy mala espina. Y si existía alguien que sabía mucho sobre espinas, esa era ella.

— ¿A qué has venido? —preguntó tras notar que él no planeaba hacer nada más que quedársela viendo por los próximos minutos.

—Meagan de Escorpio— respondió él, su voz sonando calmada y con la misma fluidez a la que estaba acostumbrada, pero con un borde ansioso que seguramente se le pasó por alto.

Milo tragó saliva como si de piedras se tratasen y procuró que ningún músculo de su rostro la traicionara, lo cual al final ocurrió cuando su ceño se frunció contra su voluntad. Sus manos, sus piernas, hombros, estómago, todo se tensó por completo más allá de su control.

—No se encuentra en este momento. —contestó al final. Cruzada de brazos y con la cabeza ligeramente entornada— ¿Quieres que le de algún mensaje de tu parte?

—Meagan de Escorpio eres tú, ¿no es así?

—Podría ser, o podría no ser. ¿Quién sabe? —replicó Milo, encogiéndose de hombros y haciéndose la tonta.

Camus odiaba eso y lo demostró frunciendo levemente el ceño, Milo se preparó por si acaso él hacía algo típico como podría ser, por ejemplo, tirar de ella en alguna dirección camino a Acuario, al interior de Escorpio o más allá del recinto de los doce templos, o atacarla con una versión vergonzosamente débil de su legendario Polvo de Diamantes, o solo suspirar y retirarse. Pero en lugar de todo eso, Camus levantó el libro y luego lo aventó en su dirección, haciéndolo girar dos veces en el aire antes que ella lo atrapara con firmeza y sin tener que moverse de su lugar. Sin embargo, tan solo un momento después, lo dejó caer en el suelo y se dio seis pasos atrás.

Las palmas de sus manos reconocieron de inmediato la textura del cuero descolorido, el aroma de las hojas le era familiar y cotidiano, y su peso excesivo resultó ser una especie de recordatorio de las valiosas palabras que llevaba escrito en cada página que ella se encargó de mantener…

No. ella nunca había visto esa cosa en esta vida. Pero seguro como el infierno que sí lo hizo en su primera vida. Los recuerdos de Meagan, dando vueltas en el fondo de su mente, emergieron como un volcán en ebullición y por escasos segundos se vio a sí misma sentada en alguna parte cerca del mar, con ese libro abierto sobre su regazo, riendo con nostalgia por el amor increíblemente inocente que él le profesó hasta el último de sus suspiros.

— ¿Qué...es...esa...cosa? —susurró. Su voz ahogada traicionó la conmoción de la que su corazón se vio preso cuando ese instante de la vida de Meagan emergió sin control. No era un mal tipo de conmoción, era más bien como… como si echara de menos algo que perdió.

—El diario de Vasili de Acuario, el primer santo dorado de Acuario de la historia—respondió Camus, quien no desvió la vista de ella en ningún momento. —Estaba unido en matrimonio a Meagan de Escorpio.

Milo no respondió. Miró una vez más el libro, decidiendo que el color del cuero se había deshecho con el paso del tiempo, las hojas se habían tornado de un amarillo tenue y algunos pequeños puntitos marrones se podían apreciar en los bordes que escapaban de la protección de la cubierta. Sin tener idea de por qué, sabía que en ese libro, o diario, había una buena cantidad de historias innecesarias que él escribió, también sabía que muchas de las páginas finales fueron agregadas por ella luego de la muerte de él.

Pero él y ella eran… ¿Qué?

No quería descubrirlo.

Le tomó menos de un segundo entender que no quería leer nada de lo que había escrito en esa cosa sin importar a quién le perteneciera o qué tipo de información tuviese guardada. Así que impulsó una de sus piernas hacia atrás y luego hacia adelante, pero antes que su pie conectara con el libro, una gruesa capa de hielo se formó alrededor de sus dos piernas, cubriéndola hasta las rodillas. Usando un mínimo de su cosmos y algo de fuerza, se deshizo de su prisión y dio algunos pasos más atrás, alejándose de los trocitos de hielo esparcidos por todas partes.

—Esa costumbre tuya de congelarle las piernas a las personas no es buena y tiene que acabarse.

—Te agradecería que no patearas ese diario.

—Bastaba con pedirlo.

—Lo dudo. —el sarcasmo en la voz de Camus fue lo que determinó el final de ese encuentro.

Milo caminó hacia donde él estaba, tomando esa cosa en su camino y procurando tocarlo lo menos posible hasta que llegó a su altura y se detuvo, extendiendo su mano y esperando a que Camus lo tomara. Él, sin embargo, se limitó a voltearse y comenzar a caminar por el lugar por el que llegó, enviando un mensaje silencioso que ella comprendía a la perfección.

Incapaz de creerlo, Milo lo observó caminar sin siquiera voltearse a verla, estando totalmente seguro de que lo seguiría sin decir nada, y refunfuñando por hacer lo que él esperaba, lo siguió escaleras arriba.

Aioros estaba de pie en la entrada cuando caminó tras Camus a una distancia de seis escalones, negándose a ir a su lado y evitando mirar a cualquiera de los dos. Su plan era entregarle ese libro que cargaba básicamente apretándolo contra su pecho con sus antebrazos, no dispuesta a tocarlo demasiado, no obstante su aroma como a frío y madera le recordaba tanto a la persona que iba delante de ella que deseaba arrojarlo por las escaleras.

Aioros se cruzó de brazos en cuanto Camus llegó a la entrada de Sagitario y tras un breve intercambio de palabras, le indicó con un gesto de su cabeza que podía pasar. Milo no quería entablar una conversación con él, pero tampoco podía darse el lujo de ignorarlo. Al igual que con Mu, no tenía motivos para estar enojada con el décimo guardián del zodiaco y no podía hacer nada en contra de eso. Tomando ese punto como referencia, en realidad no tenía motivos para estar enojada con nadie.

— ¿Vas de visita al templo de Acuario? —preguntó el arquero cuando ella se quedó a dos escalones de distancia de él.

—Haré que ese presumido de mierda comprenda que no soy su perrito faldero y luego volveré—contestó y esperó en silencio la respuesta de su compañero y superior, pero Aioros solo se le quedó viendo con ojos grandes y brillantes, con la boca un poco abierta y las cejas casi tocando la línea del comienzo la cinta roja que cubría su frente. Cuando comprendió que él no iba a responderle a eso, prosiguió diciendo: —Necesito permiso para pasar por tu templo.

Él asintió y ella cruzó, sintiéndose ligeramente mejor consigo misma por dejar en claro que no estaba en buenas condiciones con Acuario. Shura no se encontraba en su templo y ambos pasaron rápidamente por ahí, porque Camus se había detenido a mitad del pasillo de Sagitario hasta que Milo comenzó a seguirlo otra vez. La verdad es que no sabía por qué estaba yendo detrás de él, podría simplemente arrojarle el libro a la cabeza y volver a su templo, donde estaba cómoda y feliz lejos de todos ellos, pero de alguna manera estaba descubriendo por sí misma que no era completamente capaz de alejarse de él por demasiado tiempo. Una semana entera sin verlo se sentía como un mes ahora que lo veía.

En el templo de Acuario estaba repleto del cosmos indignado de su hermano, que estaba lejos de la entrada acompañado por su adorable amigo Zeth. Apenas Camus atravesó el umbral y sin notar que ella estaba ahí, avanzó hacia el acuariano con paso firme y decidido y se plantó frente a él antes de decirle, con valentía excesivamente forzada:

—Necesito que me devuelvas el diario de Vasili.

— ¿Por qué lo quieres? —preguntó Milo, dejándose ver y disfrutando de la cara de espanto que puso su hermano al verla.

—Tengo que continuar traduciéndolo.

—¿Tú puedes leerlo?—exclamó Milo, sabiendo gracias a los recuerdos de Meagan que ese diario no estaba redactado con ninguna lengua que se hablara en la tierra.

— ¿Y tú puedes? —replicó Mika.

Milo de inmediato dejó de lado su recién nacido rechazo hacia el diario para abrirlo en una página al azar más allá de la mitad, donde las letras manuscritas curvadas y elegantes del polémico Vasili expresaban su asombro ante… algo que quizás no era apto para los niños.

— ¿Puedo hablar contigo a solas? —pidió a Camus, deseando más que arrojar esa cosa por las escaleras, ponerlo en alguna parte donde su hermano no lo encontrara jamás.

—Mmm... hermana… realmente necesito… —continuó Mika, pero Milo le cortó el habla con una mirada asesina y encendiendo su cosmos. El niño enmudeció por completo y sus hombros frágiles se desplomaron en un dramático acto de rendición.

Milo avanzó por delante de su compañero, guiándolo hacia la biblioteca donde usualmente solía pasar más tiempo cuando no estaba entrenando. El lugar estaba repleto de libros y mapas y todas esas cosas que hacían que el corazón de Camus latiera como si estuviese enamorado. Se acercó a la primera mesa que encontró, donde algunos lápices estaban esparcidos junto a una goma de borrar y unas hojas sueltas y lanzó el libro abierto en la página al azar que había leído brevemente. Carraspeando, leyó para su amigo citando las palabras:

— "...ella caminó hasta detenerse frente a la chimenea, casi no podía ver nada además de su contorno que se apreciaba con claridad debido a la luz de la luna que ingresaba por el ventanal y las llamas que iluminaban brevemente el suelo y la alfombra. Cuando hablaba sobre hijos no creí que se estuviera refiriendo a tenerlos conmigo, pero ella estaba ahí, quitándose la ropa y esperándome." —cerró el diario y tras cruzarse de brazos, miró al idiota delante de ella y continuó—Comprendo que es probable que no puedas leer esta cosa, pero si descubro que permitiste que mi hermano leyera esto una vez más, me aseguraré de que nadie esté esperándote frente a una chimenea para hacer bebés.

—Él casi tiene trece años. Por lo que sabes, podría tener una novia en Milos que lo esté esperando. Y es seguro que sabe de dónde vienen los bebés.

— ¡No tiene novia! —exclamó, pateando el piso con tanta fuerza que el suelo crujió cuando las baldosas se modificaron para marcar el contorno de su pie.

—Quizás no ahora, pero se interesará por alguien en pocos años. —continuó Camus. Él estaba tratando de sacarla de quicio, y vaya que estaba haciendo un trabajo excelente. Milo sentía sus mejillas arder y su ojo derecho picando, probablemente tornándose rojo.

— ¡¿Y eso qué?! ¡Soy el amor de su vida y lo seré hasta el día en que muera! —gruñó Milo, notando vagamente el viento que comenzaba a arremolinarse a su alrededor, revolviendo su cabello y haciendo que los papeles en la mesa se esparcieran.

—Siempre supe que tenías un problema con los celos, pero esto es ridículo—murmuró Camus, cerrando los ojos en un gesto resignado.

Milo tuvo que recordarse que si no se calmaba, la mitad del templo se vendría abajo.

Pero no era su templo así que…

despejando su mente de ideas buenas pero potencialmente estúpidas, decidió que su visita estaba acabada. No podía culpar a Camus por no saber qué contenía exactamente el diario de su antecesor pero la advertencia ya estaba hecha, y en realidad no deseaba ver a quien en algún momento fue su mejor amigo. A su mente le costaba asimilar la palabra compañero en lugar de amigo pero si iba a estar molesta con él, tendría que acostumbrarse.

Eso, y que su corazón había estado dando saltitos incómodos desde que él alzó su cosmos buscándola. Saltitos que hacían que le costara respirar y que traían de vuelta los recuerdos del momento doloroso, el momento en que le dijo que la había herido y aún así él se marchó.

—Ya te tenido suficiente de idioteces por un día, me voy.

Ese era su plan hasta que la entrada doble de la biblioteca se bloqueó con un gran ataúd de hielo que lo cubrió de una punta a la otra. Milo se volteó a ver al artífice de esa innecesaria maldad y casi sintió deseos de estrangularlo.

Le gustaba estrangular personas.

—El diario de Vasili contiene información esencial sobre Caos. Esta no es la primera vez que esta diosa viene a la tierra, ¿no te gustaría saber qué sucedió la última vez?

En teoría, Milo podría decir que ya sabia cómo acababa la historia, pero eso sería una mentira. Los recuerdos que tenía de Meagan se remontaban a su vida antes de que Caos descendiera sobre ella, el tiempo que pasó en el Santuario recientemente construido, su amistad con ese tal Vasili, la relación de hermanas que tenía con la primera encarnación de Athena, pero nada más allá de eso. Ni siquiera sabía ciertas cosas que en teoría se supone que debía saber, como por qué bebió la sangre de los dioses, por qué aún seguía en el Santuario, por qué se quemaba cada vez que sangraba, por qué todos creían que era un recipiente cuando en realidad no lo era, no sabía por qué Mika, según Altair, llevaba su corazón y suponiendo que era tal como él lo decía, entonces ¿el corazón que Milo tenía en su cuerpo caducaría en algún momento?

—Solo quieres saber si los protagonistas se acostaron, admítelo—dijo al final.

Camus se sentó en una de las sillas y tomó uno de los lápices para escribir en una libreta oculta al final del diario que no había advertido antes. Milo se sentó frente a él, al otro lado de la mesa y abrió el diario en la primera hoja.

El que aceptase quedarse no significaba para nada que se amigaría con él otra vez.

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Ambos están en Acuario, no han salido de ahí. Les informaré si algo más sucede, cambio. —fue la respuesta de Aioros a las constantes preguntas.

¿Acaba de decir "cambio"? Aioria, tu hermano dijo "cambio"

Ya lo sé, Dohko. No es necesario que lo repitas.

¿Sucede algo más? El cosmos de Milo se alzó en alto por un momento— preguntó Mu.

¿Y eso qué? No veo explosiones ni escucho gritos, así que supongo que todo está bien—replicó DeathMask, haciendo un sonido que se sentía como un chasquido de frustración.

Como si fueras a hacer algo si alguna de esas cosas ocurriera—Afrodita replicó con cansancio.

¡Oh, dioses! ¡Eres tú! ¡Sigues con vida! —fue la respuesta del santo de Cáncer.

Cierra la boca, me duele la cabeza.

Me has extrañado y lo sabes.

¡Oigan! ¿Podríamos volver a los temas importantes, por favor? —replicó Aioria, interrumpiendo el intercambio de palabras entre Afrodita y DeathMask.

¿Qué? ¿Quieres saber si Milo y Camus se están reconciliando y planeando casarse y tener hijos? —la burla en la voz de Dohko de Libra era indiscutible—No te preocupes, estoy segurisimo que todavía tienes posibilidades con ella.

¿Posibilidades de… ¡Oye, qué estás insinuando! —la voz de Aioria destilaba indignación.

Que te mueres por ella, gatito. Igual que una preocupante cantidad de todos ustedes.

Mi corazón siempre le pertenecerá a Helena.

No hay belleza en este mundo que pueda cautivarme —fue la respuesta cortante de Afrodita.

¡No veo a Milo de esa manera!

¿Qué hay de ti, Kanon? —preguntó Dohko. Su cosmos era alegre y burlón, una clara señal de que disfrutaba torturando a los demás.

El cosmos de Kanon respondió con una leve alteración que a Saga no se le pasó por alto.

Dohko, creo que de verdad deberíamos preocuparnos por otras cosas. El orgullo de nuestra compañera no depende de cuántos hombres estén enamorados de ella. —fue la respuesta que llegó, pero no de Kanon, sino de Shaka de Virgo.

Es verdad, además, el motivo de esta conversación no les va a gustar—finalmente Kanon, quien había pedido una conversación grupal sin estar todos presentes, se dignó a hablar después que el tema se desviara cuando sintieron a Camus dirigiéndose hacia el octavo templo.

¿Los santos de Athena siempre son así? —preguntaba el dios guerrero de Asgard, Frodi, a quien Aioria había querido incluir en la conversación.

Si te refieres a que son como viejas chismosas, sí. Siempre son así— dijo Shura, con un tinte de evidente cansancio en su cosmos.

Poseidón quiere llevarse a Milo a la Atlántida con la excusa de que ahí estará a salvo de las consecuencias de los actos reverendamente estúpidos de Apolo y Artemisa. —dijo Kanon.

Saga, quien no había dicho nada en todo ese tiempo, sintió que un nudo se formaba en su garganta. Cada músculo en su cuerpo se tensó y sus ojos picaron. Él fue quien tuvo la primicia y por la manera casi peligrosa en que los cosmos de los demás se alteraron y alzaron, comprendió por qué su hermano no quería reunirlos en un mismo lugar para comunicarles esa noticia. Varias exclamaciones sonaron con protestas y maldiciones en los cosmos de sus compañeros y Saga decidió que la conversación se había acabado al menos para él.

Desde que su hermano lo increpó por ingresar al cuarto de Milo mientras ella se encontraba sola e indispuesta, un dolor de cabeza punzante y sordo se había apoderado de su cabeza, y luego y con la llegada de esa información solo había aumentado. Después, Milo demostró parte de su poder como diosa al darle una golpiza a uno de los Pilares de la Creación, que según Athena, junto con Caos eran los seres más poderosos del universo; prácticamente imposibles de derrotar.

Era demasiado para un lapso de cuarenta y ocho horas y comenzaba a creer que necesitaba un descanso.

Su hermano probablemente dio por terminada la conversación, pues comenzó a andar hacia la salida del templo. Él sabía que iría a darle la noticia a Athena en persona, pero también sabía que para llegar hasta la diosa, necesitaba pasar por el templo de Acuario, donde Milo seguía con Camus sin aparte intención de abandonar el lugar en la próxima hora. No le molestaba, sin embargo.

Amar a Milo era totalmente diferente a desearla para él. Ella no era una mujer normal, no era el tipo de chica tras el cual cualquiera de ellos podía ir detrás y conquistar. Y además, era una diosa.

Ya había lidiado con el problema obvio de la condición de que los dioses y los humanos no pueden estar juntos, había aceptado también que en Milo nunca despertaría el mismo tipo de amor que él sentía, también había dado por hecho que si ella alguna vez decidía unirse a alguien, ese alguien era Camus.

Tras la aceptación de todas esas cosas, no le quedaron fuerzas para siquiera acompañar a su hermano hasta el templo principal, o para recibir a Aioros y a Shura, cada uno llegado desde una dirección diferente. Esperó por ellos en la casi vacía sala de estar de su templo y pronto sintió llegar al resto de sus compañeros, todos excepto Milo y Camus, a quienes no habían incluido. Aioria trajo consigo a al dios guerrero y, sorprendentemente, Dohko de Libra llegó acompañado del espectro de Hades, Kagaho de Bennu. Al parecer su templo se convirtió en la cede de una pequeña reunión y Saga no estaba seguro de si eso le gustaba o no. Solo por si acaso, instaló el Laberinto en el pasillo principal para que nadie más pasara, y aunque sabía que sentarse a discutirlo no resolvería nada, instó a sus acompañantes a sentirse como en sus casas mientras preguntas comenzaban a surgir mayormente de boca de Aioria. Saga tenía muchas preguntas también, pero todos tendrían que esperar para conseguir respuestas, sin embargo, dos de esas muchas cuestiones hacían que el dolor de cabeza persistiera.

¿Que haría Athena al respecto cuando Kanon le informara de los planes de Poseidón para alojar a Milo en la Atlántida?

¿Y qué haría Milo al respecto?

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—Así… Vasili de Acuario básicamente eres tú— dijo Milo. Tras eso, suspiró y cerró el diario. Habían estado en esa biblioteca por cuatro horas y nada de lo que leyó para su compañero le sirvió para saber qué rayos significaba el hecho de que Caos tuviera dos corazones—Y te casaste con Meagan, que según tu primera vida, soy yo. Y hacías equilibrio en el borde de la cama los días que estabas de suerte.

— ¿Podrías concentrarte en lo que es importante? —gruñó él tras terminar de escribir lo último que ella dictó, lo cual era la increíble aventura de Vasili aprendiendo a pescar con las manos en aguas abiertas.

—No es mi culpa que todo lo que se le ocurriera escribir a este tipo sea… —Milo volvió a abrir el diario casi al final, y cuando comenzó a leer, su ceño se frunció de tal manera que por puro recelo injustificado levantó el diario continuó leyendo las palabras escritas con una letra diferente a la del autor de la obra.

—Hay una frase hasta aquí que Vasili repite tres veces—decía Camus, pero su voz se oía lejana para ella—¿Milo? Vasili dijo tres veces la frase "cuando mil estrellas estén pasando" ¿Sabes a lo que podría estar refiriéndose?

— ¿Eh? —exclamó ella. Su propia voz se sentía distante. Sus dedos aferraban el borde del diario con tanta fuerza que se podía apreciar con facilidad la manera en que parecía temblar. Por supuesto, escuchó la frase que él había dicho, esa misma frase estaba escrita en la página al azar que eligió creyendo que tendría otra historia aburrida como la pesca con las manos, o un día de campo, pero lo que encontró ahí no estaba escrito por Vasili de Acuario, sino por Meagan de Escorpio. Lo sabía porque esa letra era igual a la suya.

Levantándose y dejando el diario abierto donde estaba, decidió que esta vez sí era hora de marcharse.

— ¿Qué sucede? — preguntó Camus, levantándose también.

—Me tengo que ir.

— ¿Qué encontraste en esa página?

—Nada importante.

—Milo…

—Solo otra historia estúpida de Vasili tratando de no caer trágicamente enamorado.

—Estás mintiendo—replicó él, acercándose a ella y tomando su mano y rodeando sus dedos.

Una forma muy sutil de decirle que no se marcharía de ahí tan fácilmente. Pero Milo de verdad quería irse, quería alejarse de Camus, del diario, de Vasili y de las palabras que había leído. Palabras que se quedaron gravadas a fuego en su mente y que de repente hacían que algunas cosas incomprensibles tomaran finalmente sentido, como las maneras en las que Camus la había lastimado en el pasado, lo del fuego en su sangre, la razón por la que a través de los siglos Acuario y Escorpio murieron jóvenes y siempre uno detrás del otro o a la vez. Y por sobre todo, le dio motivos para temer a lo que seguía, al descenso de Caos.

—Te has puesto pálida. ¿Qué sucede? —él insistió y Milo lo miró directo a los ojos y sintió que lo odiaba de maneras en que no creía posible odiar a alguien.

Todo era su culpa, culpa de Camus, de cada Acuario anterior.

Todo lo que estaba pasando era culpa de Vasili de Acuario. No sabía por qué, pero esas palabras finales de Meagan decían que así era, que se debía a él.

—Quítame las manos de encima—dijo finalmente. Su corazón comenzó a doler otra vez y poco le importaba la manera en que Camus compuso una expresión de desconcierto seguido de dolor. Así que a él le dolía, perfecto. —Todo esto es tu culpa.

—¿Mi culpa? ¿Qué es mi culpa?—replicó él, sin molestarse en ocultar sus expresiones, lo cual solo lo hizo peor para ella.

Nunca debió seguirlo y aceptar quedarse a leer esa sarta de tonterías.

Quería golpearse la cabeza contra la pared.

—Esto es tu culpa, es… —comenzó a responder, pero una acuciante y vergonzosa sensación de querer romper a llorar como una chiquilla finalmente la convenció de que tenía que irse—Olvídalo, no lo entiendes.

Ella tampoco entendía, pero eso no importaba. Podía convencer a su hermano de robar ese libro y llevárselo hasta su templo. Se soltó del agarre de Camus y tras hacerlo a un lado empujándolo, utilizó su Aguja Escarlata para derribar el muro de hielo que estaba bloqueando la salida. Trozos de hielo volaron por todas partes y ella tuvo que sortear algunos para abandonar la biblioteca con él pisándole los talones. Milo tenía que volver a su templo, al templo de Caos y hacer que de alguna manera Meagan apareciera otra vez para preguntarle a qué se refería con que era debido a Vasili que todo eso estaba ocurriendo y qué quiso decir con… con lo de las estrellas y todo lo demás.

—¡Milo! —Camus le dio alcance y volvió a aprisionar su mano en un agarre fuerte y seguro. Sus ojos usualmente inexpresivos estaban expectantes por respuestas, sus cejas se habían alzado en un gesto lastimero que hizo que por un momento ella quisiera compartir las palabras que leyó—No tienes que irte, quédate y lo resolveremos. Sea lo que sea que Vasili haya hecho…

—Oh, no te preocupes por eso. Se resolverá—aseguró Milo, parafraseando a Meagan aunque sin utilizar ninguna de sus palabras—Pero yo me voy ahora.

— ¿Por qué? —exigió él, tirando de ella cuando dio un paso lejos.

—Porque me duele el corazón al estar cerca de ti— respondió, derramando las palabras que reflejaban todo lo que estaba sintiendo en ese momento.

Finalmente Camus la soltó y Milo se volteó sin más y se encaminó hacia su templo.

Su corazón dolía, era verdad. Pero todo el resto de ella temblaba de miedo.

Estaba asustada.

Estás tan asustada como él, susurró su voz; la voz de Meagan en su mente diciendo lo mismo que dijo cuando se vieron por única vez en el templo de Caos.

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Adelanto del próximo capítulo:

"— ¿Por qué no les preguntas a los Pilares? ¿Acaso no confías en ellos?—preguntó Camus, mirándola con tanta intensidad que resultaba molesto.

—Ni siquiera sé por qué estoy hablando contigo— contestó Milo..."

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Nota al margen: bueno, algo cortito por ahora. De acá en adelante es posible que todo el desmadre comience (? pero antes me debía un poquito de MiloxCamus relajado, así que los puse a estudiar a ver si aprenden algo. Me disculpo por tardar en subir el capítulo, es que no sabía cómo terminarlo, y como seguro ya vieron, fue bastante forzado pero lo conseguí (?

*Las estrofas utilizadas corresponden a la canción Lost in the Echo de Linkin Park.

Publicación del próximo capítulo: 25/05/16.