N/T: Bueno, acá está la continuación. Recuerden, yo no escribí esto, sólo lo traduje. Cualquier opinión o comentario que tengan, escríbanlo para CompYes, que es el propietario del fic. Yo le pasaré su mensaje. ¿Vale?


N/A: Gracias por la retroalimentación positiva, chicos. Fui a ver HTTYD una vez más sólo para que pudiera refrescarme en la historia. Como una advertencia, este capítulo será un poco tenso, porque estoy tratando de adaptar una gran cantidad de escenas de transición a la vez. Además, me di cuenta que podía ser propensa a atacar a Astrid algunas veces. Quiero mantener mi narración libre de eso como sea posible, así que por favor, chéquenlo. Así que, sin ninguna interrupción más, les doy el siguiente capitulo.

Disclaimer: Una vez más para estar seguros, no me pertenece How To Train Your Dragon.


Capitulo Dos: Amistad.


Cuando Hiccup se presentó al entrenamiento de dragones al día siguiente, Ruffnut se sorprendió, pero secretamente estaba contenta de verlo. Nadie había esperado que el muchacho apareciera en la formación de dragón, teniendo en cuenta lo propenso que era a causar más daños a sí mismo y a los demás cuando intentaba de ayudar. Todos habían pensado que Stoick lo había dado por una causa perdida y le dejaría perseguir un rol no-combativo en el pueblo, como ser un vikingo panadero o algo por el estilo. Alimentar a la aldea era productivo, después de todo. ¿Qué tan malo podría ser con eso? Bueno, en realidad nadie quería pensar en la respuesta a esa pregunta. Aun así, Hiccup en la formación de dragón era algo que los otros jóvenes vieron como una oportunidad para burlarse de él.

Excepto que Ruffnut no lo veía de esa forma, en lo absoluto. A la vista de todo lo sucedido ayer, pensó que no sería capaz de tratar a Hiccup de la misma manera, como si nada hubiera cambiado. Todo había cambiado. Hiccup no era más un perdedor. Había derribado un Furia Nocturna, usando uno de sus extravagantes inventos y nadie más que ella lo sabía. Entonces, hizo un juramento con ella para mantener en secreto lo que paso con el dragón, de sus padres y de todos los demás, incluso a costa de ser aclamado un héroe por su pueblo debido a su logro. Ella manifestó un recién descubierto respeto por el muchacho al que todos veían inferior. Claro, era demasiado débil para blandir un hacha y torpe como un Gronckle desorientado, pero él le probó a ella que algunas cosas podrían ser más importantes que la simple fuerza bruta vikinga. Que la superación de las debilidades era una fuerza en sí misma.

En el momento en que escuchó a Tuffnut y a Snotlout hablando pestes sobre Hiccup, les dio un golpe a los dos en la cabeza. Esto le valió la impresionada, pero agradecida mirada de Hiccup, y la mirada indignada de su hermano. Snotlout le podría importar menos, de hecho, estaba segura que por dentro celebraba el hecho de que una chica lo había tocado.

Qué escalofriante.

Al ver cómo la mayoría de ellos estaban distraídos por el discurso de Gobber, tomó la oportunidad de acercarse furtivamente junto a Hiccup y tocarlo en el hombro. Él saltó un poco, pero se calmó de inmediato cuando ella dirigió una mirada de un extremo a otro, que le hizo entender que no quería que los demás los vieran. Asintiendo, él se inclinó para escuchar lo que tuviera que decir.

—¿Quieres ir a echarle un vistazo al grandote una vez que terminé la formación? —ante su mirada en blanco, ella dio un suspiro de frustración, y explicó—. Ya sabes, el —hizo una pausa para mirar alrededor antes continuar en un susurro— dragón.

—Oh, um, sí.

No tuvieron más tiempo para discutir sobre sus planes porque mientras hablaban, Gobber liberó un Gronckle a los incautos adolescentes. Hiccup se movió hacia la izquierda mientras que Ruffnut se desplazó a la derecha, justo cuando el Gronckle disparó en medio del área en la que habían estado ellos dos de pie. Ruffnut se apresuró a ir al lado de Tuffnut, como una acostumbre, mientras Hiccup encontró un conveniente escondite detrás de la pared montada de armas, establecida fuera del camino. Para su disgusto, ella fue uno de los primeros en ser descalificados cuando Tuffnut, tratando de iniciar una pelea con ella, la distrajo. No era la primera vez que su idiota hermano había jodido algo. Malhumorada, salió de la arena con Tuffnut, y pronto, Fishlegs se unió a ellos. El resto de la pelea contra el Gronckle fue muy predecible.

Sólo había tres personas después de que Ruffnut, Tuffnut y Fishlegs fracasaron. Astrid seguía ahí, por supuesto, porque era una experta en esto. Snotlout, como el imbécil romántico que era, también seguía, pasando la mayor parte del tiempo tratando de conseguir una cita con la otra chica sin éxito alguno. Ruffnut supuso que si el chico se centraba más en los dragones en lugar de las chicas, sería un buen cazador de dragones. Un posible rival para Astrid. Pero conseguir que Snotlout prestara atención a algo más que salir con una chica era imposible. Ella se compadeció de Astrid, por ser el objetivo principal de sus atenciones. Por último, estaba Hiccup, que seguía porque era más fácil para él esquivar al dragón, que estaba más interesado en perseguir a los demás. También fue lo suficientemente inteligente como para no distraerse discutiendo, balbuceando estadísticas, o alardeando de sus (inexistentes) triunfos.

Snotlout fue golpeado cuando intentaba parecer valiente y competente frente a Astrid. Y falló muy bien en ello. Hiccup se veía bien hasta que se atontó y se detuvo a tener una pequeña plática con Astrid. Astrid ya estaba moviéndose en el momento en que el Gronckle centró su atención en ellos. Ruffnut jadeó en el minuto justo, cuando una bola de fuego se precipitó hacia Hiccup. Afortunadamente, él puso su escudo a tiempo para bloquear el golpe. Por desgracia, el escudo salió volando de su brazo y se fue a otra dirección. Frenético, desvió la vista sobre el dragón mientras perseguía a su escudo. Nerviosa, ella vio como el Gronckle se abalanzó sobre el muchacho y lo tenía aprisionado contra la pared de la arena. Por un segundo, esperaba que lo que había sucedido ayer con el Furia Nocturna pudiera no haber sido una casualidad y tal vez este dragón no dañaría a Hiccup.

Sus esperanzas se desvanecieron cuando vio que la criatura se preparaba para lanzar su último tiro en la cabeza de Hiccup. Lo único que la detuvo de asesinar a su nuevo amigo (¿amigo?) fue la intervención de último minuto de Gobber, manteniendo distante al uno del otro.

—Un dragón siempre dispara a matar.

Eso es lo que Gobber había dicho en el cierre de la lección. Los dragones siempre matan. Los ojos de ella se habían topado con Hiccup cuando dijo eso y compartieron una mirada de conflicto. Sabían que esa declaración no era del todo cierta. La prueba estaba en el encuentro de ayer con el Furia Nocturna. Habían estado justo frente las fauces rugientes del dragón más temido sólo para salir indemnes. Así que ¿por qué lo no hizo? ¿Por qué no los atacó para dejarlos en el olvido? ¿Por qué no despedazarlos miembro por miembro? ¿Por qué no se habían convertido en las más recientes víctimas del ataque de un dragón?

Tanto ella como su hermano habían escuchado hablar a los demás sin cuestionarlos, que lo más importante en la vida era que los dragones debían ser asesinados para que sus compañeros vikingos sobrevivieran. Entrenabas, matabas y no dudabas, por si lo hacías, estabas muerto. Nada más importaba. Recordaba como de pequeña, la primera vez que vio a un dragón fue después de vagar sola por el bosque. Había sido un Terrible Terror. En el momento, le pareció un reptil inofensivo. Ni siquiera había tratado de hacerle daño, sólo la observó con curiosidad. La única razón por la que había cambiado de opinión fue cuando su madre había salido a buscarla y vio al dragón. Su madre la abrazó como su padre lo mató ahí mismo. Esa noche, mientras se dirigía a la cama, su madre le dijo a ella y a su hermano que los dragones eran una amenaza y no debían tomarlos a la ligera, no importa qué.

¿Sus padres tenían razón? ¿Eran los dragones en verdad asesinos sin corazón?


—Me pregunto si es sólo una característica del Furia Nocturna —dijo Hiccup pensativo, mientras observaban en silencio al dragón debajo de ellos.

Ninguno de los dos había tenido problemas para salir de la aldea desapercibidos. Los padres de ambos habían partido esa mañana para la búsqueda del nido de dragones. Ruffnut pensó por un momento que Tuffnut intentaría llevarla fuera para disfrutar de algunas travesuras que Snotlout había pensado, pero estuvo tan contenta de descubrir que no estaba de humor para casi nada, sólo para quedarse en casa y curar las quemaduras que había recibido en la formación de dragón. Así que ella se aseguró de notificarle que se iría durante un tiempo y que lo vería más tarde en la cena de esa noche. Se reunió con Hiccup en su casa, para salir a buscar al dragón. Les había llevado algo de tiempo buscarlo, ya no estaba donde lo habían visto por última vez. Hiccup había logrado averiguar donde había ido con base en un mapa que llevaba de la isla. Ruffnut se maravilló de su ingenio, sabiendo que ella nunca habría pensado en traer un mapa o saber cómo rastrear al dragón caído,

Ahora estaban sentados en la entrada de una cueva en un lugar oculto del barrancoso sendero. En la parte inferior había un pequeño lago, así como el Furia Nocturna, haciendo intentos frustrados por subir por las paredes.

—No lo sé, quizás —respondió distraídamente, con los ojos puestos en el dragón que usaba sus garras para escalar en la pared. Funcionó por un tiempo hasta que perdió su agarre y cayó al suelo de nuevo. A su lado, Hiccup estaba dibujando al dragón en un cuaderno usando un pedazo de carbón.

—¿Por qué no sólo vuelva fuera de aquí? —una expresión de desconcierto se formó en el rostro del muchacho.

—Tal vez no puede —dijo ella, ahogando una risa ante el dragón que parecía increíblemente disgustado con sus constantes fracasos, tanto volando como tratando de agarrar peces. Dando la vuelta, se acercó más al lado de Hiccup para obtener una mejor vista de sus dibujos—. Oye, eres realmente bueno en esto.

—Ah, gracias —dijo Hiccup ruborizado, rascándose la parte posterior de la cabeza con la mano que sostenía el carbón.

Como en cámara lenta, vio como el carbón cayó de su mano hacia el lado de la pendiente y deslizarse hacia abajo. Hizo un notable sonido al impactar contra el suelo. En este punto, Hiccup notó su descuido y esperando con ansiedad, tanto él como ella, la respuesta del dragón. Por desgracia, él había escuchado el sonido del objeto al caer y de inmediato buscó la causa del ruido. Al igual que la última ocasión con el Furia Nocturna, se vieron atrapados en su profunda mirada. Él los miró con la misma cautelosa curiosidad que tenía la última vez, no se movió de su posición de cuclillas al lado del agua. Ambas partes esperaban que la otra hiciera algo.

Y esperaron.


—De acuerdo, creo que hemos probado que Gobber está equivocado y hay al menos un dragón que no nos va a matar —dijo Hiccup cuando los dos se dirigían de vuelta a la aldea.

—¿O tal vez no nos mató porque somos precisamente increíbles? —sugirió Ruffnut. Ella fingió no ver que Hiccup rodaba los ojos.

—Entonces, ¿cómo quieres hacer esto? —preguntó él, mirando un poco ausente la puesta del sol a la distancia.

—¿Hacer qué?

—Bueno, ya sabes, lo de la cena. Porque todo el mundo estará comiendo juntos. Y bien, probablemente no quieres ser vista conmigo, así que… ¿quieres ir primero y yo te sigo después o quizá voy primero y me sigues después o…?

Ruffnut suspiró

—¿Sabes qué quiero?

—¿Qué?

—Que dejes de actuar como una niña y te muevas ya —gritó, chocando contra su hombro mientras pasaba campante—. Y será mejor que estés de pie junto a mí cuando entremos, ¿lo captas?

—S-Sí.

Así que los dos entraron juntos en la sala de reunión. Todo el mundo ya estaba ahí, y Gobber había iniciado una discusión recapitulando lo que él o ella habían hecho durante el entregamiento dragón de ese día. En el minuto en que Hiccup y Ruffnut entraron, toda habladuría cesó para observar a quienes acababan de llegar. Astrid les dedicó una mirada rápida y luego la retiró, decidiendo que no valía la pena su tiempo. Fishlegs parecía un poco confundido de saber por qué habían llegado tan tarde, antes de volver a su comida. Las únicas personas que parecían realmente molestas por su entrada eran Gobber, Snotlout y Tuffnut. Gobber lo estaba simplemente porque habían interrumpido su conferencia. Snotlout miraba a Hiccup por Odín sabía qué, mientras Tuffnut la miraba mal. Mofándose, ella empujó a Hiccup hacia la mesa en el otro extremo como los otros regresaron lentamente a hablar de la clase. Estaban revisando lo que habían hecho mal en el enfrentamiento cara a cara contra el Gronckle. Ella prestó poca atención a lo que se decía, simplemente apilaba comida en su plato mientras Hiccup copiaba torpemente sus acciones.

Los dos continuaron comiendo en silencio, ignorados en su mayoría por el resto de la clase, hasta que Gobber puso fin a la discusión, colocando un libro sobre la mesa. Hiccup se animó cuando se dio cuenta de que era el Manual del Dragón. Ruffnut por otro lado, se quejó por la sugerencia de Gobber de echarle un vistazo. ¿En serio? ¿Quería que lo leyera? ¿A propósito? Ruffnut podía contar con una mano la cantidad de libros que había leído, y ninguno de ellos fue con el propósito de fomentar su conocimiento. La mención de revisar el libro había prácticamente expulsados a todos los demás. Snotlout y Tuffnut estaban disgustados con la perspectiva literaria tanto como ella. Astrid y Fishlegs ya habían leído el manual de dragón y no sentían la necesidad de volver a leerlo. Eso dejó a ella y a Hiccup a solas con el libro y el fuego que se apagaba lentamente.

—Entonces, ¿quieres compartir? —le preguntó Hiccup, sacándola de su ensimismamiento con el plato de comida en el que había estado.

—¿Quieres decir que realmente quieres leerlo? —preguntó de vuelta, con incredulidad—. Espera, no respondas. Por supuesto que sí, por el grandote. Si no te conociera, diría que vas por el camino de nerd como el torpe de Fishlegs.

—¿Así que eso es un sí? —preguntó Hiccup, tratando de echar un vistazo a su cara, que actualmente estaba recargada en la mesa.

—Eso es un no —respondió, causando que los hombros de él decayeran un poco—. Pero no me importaría si lo lees en voz alta.

—Oh —dijo él—. Está bien.

Se quedaron hasta altas horas de la noche, Hiccup leyendo y Ruffnut aligerando el mórbido humor del libro con chistes sobre los dragones.


Era su segundo día de entrenamiento de dragón. Si ayer, el Gronckle había sido malo, el Nadder Mortal era peor. Era violento, rápido y podía lanzar espinas punzantes con una rapidez y precisión de locura. Ella se quedó atrapada con su hermano de nuevo, y por los gritos en el aire que venían del otro lado del laberinto, Hiccup estaba atrapado con la señorita Yo-Demando-Perfección y el imbécil. Lo que recordaba de la información que Hiccup le había leído anoche sobre el Nadder Mortal, era que tenía un punto ciego en su hocico donde no podía ver más allá de su cuerno. Durante un tiempo, ella y Tuffnut habían logrado ocultarse con éxito en el punto ciego de la criatura, ella había estado a punto de agacharse y rodar y atacar en la parte inferior cuando Tuffnut decidió atacarlo por el frente. Él impactó su hacha en el cuerno sólo para que rebotara. Enfurecido, el Nadder avanzó hacia ellos interrumpiendo cualquier plan que Ruffnut tenía para tratar de hacer algo útil.

Eventualmente, esquivaron al Nadder, que encontró en Fishlegs un objetivo mejor por un rato hasta que Hiccup tropezó en su línea de visión. Siempre la heroína, Astrid distrajo al Nadder, lo que lo enfureció al punto de estrellarse en las paredes del laberinto como un borracho en su furiosa persecución, derribando todo al pasar. Mientras ella y Tuffnut se apresuraban a encontrar una salida del laberinto colapsado, Hiccup tuvo otro momento torpe, tropezando al momento en que Astrid salía volando en su dirección. La situación empeoró cuando después de que aterrizó directamente encima de él, el hacha de la aguerrida chica se clavó firmemente en el escudo de Hiccup, que estaba, por supuesto, asegurado con fuerza a su brazo. No importó lo fuerte que Astrid tiró, el hacha se negó a separarse del escudo mientras que éste se negaba a separase del lastimado brazo de Hiccup.

—¡Oh, amor en el campo de batalla! —abucheó Tuffnut desde donde estaban de pie, observando el procedimiento.

Al igual que el último par de días, Ruffnut no se unió a su hermano en su antiguo pasatiempo favorito. Incluso si era burlona, no se sentía así.

Con un tirón final, Astrid logró jalar el hacha y el escudo unidos, fuera de Hiccup justo a tiempo para golpear al Nadder. Blandiéndola, ella golpeó al dragón por el lado derecho de su hocico, la fuerza del impacto causó que el escudo de Hiccup se rompiera en mil pedazos de madera rota. Adolorido y significativamente intimidado, el dragón gimió y se escondió lejos de la aterradora chica con el hacha. Gobber eligió ese momento para terminar la clase hasta la junta al atardecer. En el momento en que se perdió de vista, Astrid se volvió hacia Hiccup y le recalcó de nuevo sus constantes meteduras de pata en la clase. La mayor parte de lo que dijo la chica entró por una de las orejas de Ruffnut y salió por la otra. No era como si no hubiera escuchado esa perorata un millón de veces de sus propios padres. Una pinta de muchacha aguerrida no iba hacer que ella cambiara sus indiferentes maneras. Si quería luchar contra los dragones, lucharía (y ella no quería en realidad). Pero no porque adultos farisaicos o Astrid le dijeran que era su "deber sagrado", ni nada.

La otra chica se fue dando pisotones, aún molesta con Hiccup, y todos los demás, excepto por él, la siguieron. Hiccup se quedó ahí, tirado en el suelo, donde Astrid había caído sobre él. Lucía derrotado. Cualquier cosa que Astrid hubiera dicho la había importado en realidad. Tensando la mandíbula, Ruffnut se acercó al abatido muchacho y le dio una patada en el costado.

—¡Ow! ¡Patear a alguien cuando está caído, por qué no! ¿Qué, en el nombre del ojo perdido de Odín, fue eso? —exclamó Hiccup, mientras ella se sentaba cautelosamente a su lado.

—¿Qué? ¿Quieres que bese tus heridas y te haga sentir mejor? —arrulló Ruffnut condescendiente hacia él.

Su cara se puso roja de ira y vergüenza.

—Teniendo en cuenta de que eres tú quien lo haría, ¡preferiría que no!

—Oh, ten un poco de orgullo, Haddock —dijo ella, finalmente cansada de su actitud—. Lo que sea que dijera Astrid, olvídalo ya. Ella exagera con la cosa de la "guerra de nuestros padres". ¿Qué no eres un guerrero? Gran cosa. No es como si nuestro pueblo no vaya a sobrevivir sin otro guerrero, especialmente uno tan torpe como tú —él dejó escapar un chillido de protesta—. ¿Y realmente podrías ir a matar un dragón de todos modos? Después de lo sucedido en el bosque, te aseguro que no podrías ni escupirle.

—Entonces, ¿qué hay de ti? Si no lucharás contra los dragones, ¿Qué harías? —preguntó.

—No lo sé. Pero sólo sería algo que yo quiero hacer. Nadie va a obligarme a hacer algo que no quiero hacer. Si lo intentan, van a tener un problema en sus manos —pronunció con orgullo, señalándose así misma con su pulgar—. Ahora vámonos, vayamos a visitar a nuestro dragón.

—¿Qué lo hace nuestro dragón? —Hiccup dejó escapar una sonrisa—. Es decir, en todo caso, ¿no es mío?

Ruffnut entrecerró los ojos hacia él.

—¿Cómo es eso?

—Yo fui quien lo derribó, después de todo. Así que soy su propietario.

—Bien, si es así como vas a jugar —gruñó Ruffnut—. Entonces, yo debería ser la propietaria. Lo encontré después de que le diste. Privilegio del descubridor. Ahí lo tienes.

—Ya sabes, no es justo reclamarlo como propiedad. La única forma justa en la que podemos resolver esto es dejar que él elija —sugirió Hiccup.

—Bien. Porque, por supuesto, él va a elegirme.

—¿Por qué?

—Porque le gusto más.

La sonrisa que se extendió en el rostro de Hiccup la inquietó.

—Ya veremos.


—¡No es justo! —gritó Ruffnut desde donde estaba sentada en un roca, haciendo pucheros.

Hiccup había ganado la apuesta. El tramposo había atraído al dragón —que él nombró Toothless— con soborno de alimento en peces. Ahora estaba persuadiendo al Furia Nocturna para que le dejara acariciarlo. Ruffnut palideció de envidia cuando el dragón se acercó más al chico, que estaba impresionando a Toothless con sus habilidades de dibujo. Mostrándoselo. Había estado segura de que ganaría. Pensó que Toothless recordaría quien fue que lo liberó y que haría amistad con ella en su lugar. Hiccup, siendo el sabelotodo que era, recordó que el dragón estaba muerto de hambre debido a su dificultad para coger comida y había usado eso como una ventaja. Si no fuera por el hecho de que había perdido su primera oportunidad con el dragón, habría aplaudido a su ingenio retorcido. Con las cosas así, ella lo aceptó y lo miró. Cada vez que él le daba esa descarada sonrisa de "ja, ja, yo gané", ella se retorcía mostrándole la lengua.

Ella salió fuera de sus maldiciones internas cuando se dio cuenta de que Toothless hacia algo raro con una rama de árbol. Hiccup parecía tan desconcertado como ella cuando el dragón se movió a su alrededor, arrastrando la gran rama por el suelo, dejando largas franjas en la tierra. De repente, ella se dio cuenta de lo que estaba haciendo y se movió para tener una mejor vista de lo que Toothless estaba dibujando. Tomó algo de tiempo descifrarlo, al principio parecía un enorme garabato para ella. Pero entrecerrando los ojos y sacando conjeturas sobre lo que era, se dio cuenta que era Hiccup lo que el dragón había dibujado. Para tener que hacerlo con una rama de árbol en la boca, no era una mala imagen. Había algo encantador en la nariz bulbosa de Hiccup.

—Creo que es más talentoso que tú, Haddock —comentó Ruffnut con una carcajada, cuando Hiccup trató de salir del centro del dibujo para obtener una mejor vista de él.

Su risa aumentó cuando el dragón gruñó al chico por pisar su obra de arte. Por supuesto, el Furia Nocturna no quería que su obra fuera pisoteada. Hiccup empezó a salir de la masa de líneas, teniendo cuidado de no pisar ninguna. Había una expresión genuinamente conmovida en su rostro mientras miraba el dibujo que el dragón había hecho de él. Estaba tan absorto en su tarea, que no se dio cuenta de que el dragón estaba cerca de él hasta que se detuvo, sintiendo el aliento del enorme reptil en su hombro. Volviendo hacia él, levantó lentamente una mano hacia el dragón para tocarlo. Toothless parecía casi aceptarlo antes de rehuir de la mano, sacudiendo su enorme cabeza. Sin inmutarse, Hiccup miró hacia otro lado antes de levantar su mano de nuevo hacia el dragón.

La chica miró con asombro como el dragón finalmente cedió y se recargaba en la mano de Hiccup.

Tan pronto como sucedió, todo había terminado. Toothless deambuló lejos de los dos aturdidos adolescentes.

—Eso fue… —respiró Hiccup.

—¡Asombroso! —fritó Ruffnut, sacando a Hiccup fuera de su ensoñación.

—Lo fue.

—Está bien, incluso si ganaste hoy, ¡conseguiré gustarle también! —anunció ella, poniendo las manos en sus caderas—. Por el momento, he terminado, ¡pronto me dejará frotarle su panza!

—Sí, claro —murmuró Hiccup en voz baja, aunque su expresión le hizo gracia—. ¿Quieres apostar?

—¡Claro que sí!


Capítulo Dos: Amistad – Fin.


N/T: Bueno, eso es todo por el momento.