N/T: Éste es uno de mis capítulos favoritos. En serio, es muy bueno y amé traducirlo. Sin más que agregar, espero no haberlos y haberlas hecho esperar mucho tiempo.


Capítulo Cuatro: Volar.


Después del fracaso al volar, Ruffnut había decidido dejar todo el trabajo de hacer-volar-a-Toothless a Hiccup. La sensación de despegar hacia el cielo había sido muy emocionante, pero la caída había puesto un freno a su deseo de volar de nuevo a corto plazo. Por lo tanto, ella esperaría hasta que Hiccup hubiera perfeccionado el arte y método de volar, para considerar darle otra oportunidad. Por la forma en que las cosas progresaban en el último par de semanas, probablemente no pasaría mucho tiempo hasta que él lo tuviera resuelto.

Ella y Hiccup habían pasado casi todos los días con Toothless. Cada día, aprendían algo nuevo e interesante acerca de su amigo dragón. Era difícil creer que alguna vez podría haber hecho daño a una mosca con la manera en que rodaba alrededor de la hierba de dragón, o sucumbía en la dicha excitante cuando le rascaban justo detrás de la oreja. Tanto ella como Hiccup habían llorado hasta las lágrimas de risa al verlo. Por supuesto, el dragón se negó a ser el blanco de una broma y los persiguió al minuto en que se recuperó. A veces era muy difícil irse, al final del día y volver al mundo real. Todo lo que estaba allí era Berk. Ella casi se había quedado un momento más cuando Toothless había capturado su chaleco con la boca y trató de hacerla volver a ella y a Hiccup.

Desde su primera encuentro, hubo un pacto tácito entre los dos humanos de nunca hacer daño al dragón. Lastimar a otro dragón sería un error, era como tratar de herir a otra persona, alguien de quien lo único que sabían podía ser un compañero de Toothless. Así que los dos idearon formas no violentas para cumplir con el Entrenamiento de Dragón. Hiccup había descubierto una manera después del primer intento fallido de volar con Toothless. Recordaba a cuando habían alimentado al dragón antes, y la reacción de Toothless hacia la anguila. Curioso, había decidido poner a prueba su teoría acerca de eso en la clase del día siguiente. Incluso Ruffnut se había sorprendido por el nivel de eficacia de la anguila, actuando como repelente para el Zippleback. El dragón había saltado lejos de Hiccup literalmente, cuando olió que había una anguila sobre él y siseó de forma segura en su escondite.

Decir que los otros se habían quedado con la boca abierta era un eufemismo. Hiccup, de repente muy avergonzado de su éxito, había salida ante de que alguien pudiera hacerle preguntas. Eso dejó a Ruffnut con lo que podía ser comparado con una manada de lobos hambrientos, acercándose a ella para obtener información y detalles.

—¿Cómo hizo eso?

—¡Eso fue increíble!

—¿Es algún tipo de técnica?

—¿Sabes cómo hacer eso también?

Con la esperanza de encubrir a Hiccup, que obviamente estaba incómodo con la atención que había recibido de los demás, Ruffnut afirmó que Hiccup no se había duchado lo suficiente y probablemente asustó al dragón con su horrible olor. Tuffnut, Snotlout y Fishlegs aceptaron esta excusa con un asentimiento. Se imaginó que como hombres, sabían una o dos cosas acerca de los malos olores y su efecto repelente. Astrid parecía un poco más difícil de engañar. Había clavado en Ruffnut una mirada que gritaba: "Yo no te creo, ¡estás mintiendo, mintiendo, mintiendo!", aunque no dijo nada. Sus ojos sólo continuaron siguiéndola con un brillo claramente irritante. Cuando Ruffnut logró someter al Gronckle con hierba de dragón un par de días más tarde, la atención sólo se hizo más intensa. Hizo que Ruffnut se pusiera bastante paranoica para no unirse a Hiccup ese día en la cala, como ella había planeado.

Eso resultó ser una buena decisión cuando vio a Astrid, literalmente, acechando tras un par de casas en todo el pueblo. La muchacha había estado esperando que Ruffnut la llevara al lugar secreto de entrenamiento que ella y Hiccup compartían, y espiar las técnicas que estaban desarrollando para vencer a los dragones. Los aldeanos que pululaban por ahí, se habían reunido para ver a Ruffnut decirle ruidosamente a la otra chica que dejará de comportarse como una entrometida. Su hermano gritó: "¡Pelea de gatas!", sólo encendiendo más su ira, aunque la confrontación nunca llegó a darse. Ruffnut no era completamente estúpida. En una lucha justa, Astrid probablemente ganaría. La única forma en que ella conseguiría la ventaja era si jugaba sucio, y el orgullo de la chica Thorston nunca la dejaría rebajarse a este tipo de medios en contra de nadie que no fuera su molesto gemelo.

Cuando la noche había caído ese día, ella y Hiccup se reunieron para poder averiguar qué hacer para mantener a Astrid lejos de sus huellas. La única manera en que pudieron mantener a los dragones de ser heridos en la clase, fue incapacitarlos suavemente ellos mismos. Por desgracia, fue atraer a Astrid a ellos como una polilla a una llama. Ambos conocían el temperamento de la testaruda chica, como para saber que no iba a dejarlos en paz. Todos los planes de Ruffnut terminaban en una posible pelea entre ellos y la molesta asesina de dragones, por lo que Hiccup los planeaba. No querían herir a la otra chica (o terminar heridos ellos mismos). Pensó un rato antes de explicar su propia idea.


—Bien, Ruffnut, es obvio que Astrid se centra en ti —comenzó Hiccup.

—La alegría de todas las alegrías —se quejó Ruffnut—. Gracias por recordármelo.

—¿Te importaría mantener la atención en ti? —le preguntó serio.

Retuvo el impulso de rechazar de inmediato la solicitud, por lo que optó en su lugar por preguntar por qué y cómo.

—Quiero seguir trabajando en el vuelo de Toothless. Estoy muy cerca de hacer las cosas bien. Creo que sólo necesito un par de días, a lo sumo una semana, antes de que pueda volar perfectamente sin ningún problema. Es un momento peligroso si Astrid está tras nosotros. Así que lo que estoy proponiendo es que de ahora en adelante, tú sobresalgas en el Entrenamiento de Dragón, y que te siga a toda partes mientras me dirijo a la cala. Podrías hacerla caer en un desliz en una búsqueda inútil y reunirte conmigo y Toothless —explicó, haciendo una pausa para reírse entre dientes—, ¡tengo que asegurarme de enseñarte a volar, también!

Ella lo congeló con una mirada.

—Es, uhm… —tartamudeó—. No fue tan malo la última vez. Y, quizá esta vez a ti… ¿te guste?

La mirada cambió a una de incredulidad.

—Está bien, bueno, tendremos que esperar y verlo entonces.

Gobber llegó interrumpiendo la conversación.


Después de esa clase, Ruffnut hizo todo el trabajo en el Entrenamiento de Dragón. Eso la hizo familiarizarse con algunos de los dragones, que amaban ser consentidos por la chica. También desarrolló un sentido inquietantemente preciso para saber cuándo Astrid estaba alrededor (Hiccup le gustaba decirle que sólo era paranoia). Como si no hubiera pasado el tiempo suficiente en torno a la chica antes de ir con Toothless, la cantidad de tiempo invertido escapando del acoso después de la clase, la estaba volviendo loca. Cada día tenía que pensar en una nueva y diferente forma de distraer a Astrid para que pudiera escapar de manera segura hacia la cala. En este punto, conocía cada rincón, cada grieta y escondite en Berk debido a su necesidad de despistar a la muchacha guerrera lejos de su pista.

Uno de sus lugares favoritos para ir a esperar a que Astrid se presentara, era una de las cuevas que conservaban a los dragones. Astrid nunca pensó el por qué un vikingo en su sano juicio (a excepción de ella y tal vez Hiccup) se pondría a sí mismo en un espacio cerrado con un dragón. Al principio, cuando se había tropezado con este escondite, había estado asustada al descubrir que se metió en una cueva con un dragón. De espalda a la puerta, ella y el Gronckle habían tenido un contacto de miradas largo, donde no sabían que hacer realmente con la otra. El Gronckle estaba aturdido al verla como ella a él. Ruffnut había estado tan asustada, que se olvidó de mantener un oído atento por Astrid y dejarla con una rabieta por no encontrar lo que había estado buscando. Con el tiempo, se dio cuenta de que la costa estaba clara y se apuró para decirle a Hiccup, sin darle la espalda al dragón mientras salía.

Fue con el estímulo y consejos de Hiccup que ella regresó al día siguiente y el día después de hablar con todos los dragones y conocerlos y a sus hábitos. Resultó que todos eran animales inofensivos cuando no los provocaban. Sus favoritos eran el Gronckle, que era una criatura amigable, y el Terrible Terror, que le gustaba subir a sus hombros y masticar su cabello. Los otros dragones desconfiaban aún de sus intenciones, aunque fueron más receptivos después de que decidió tomar una página del libro de Hiccup y sobornarlos con ofrendas de comida.

En ese momento, ella estaba jugando con el Zippleback. El dragón de dos cabezas se había sentido un poco juguetón y le robó su casco. Ahora estaba jugando con ella y su caco, ella en medio tratando de conseguirlo de vuelta, mientras que lo pasaban de ida y vuelta entre uno y otro. No es que le importara ni nada. Éste era la primera vez que había visto al Zippleback de un humor tan tonto. Cada vez que lo había visitado hasta ahora, había estado interesado sólo en la comida y se asustaba cada vez que intentaba acercarse. Comenzaba a preguntarse si todos los dragones tenían una obsesión con las cosas brillantes, teniendo en cuenta como las dos cabeza estaban peleando actualmente sobre quién podía mirar durante más tiempo su reflejo en el casco. Con diversión, miraba como empezaban a luchar fervientemente uno contra el otro, sin darse cuenta que habían dejado caer el casco de nuevo en sus brazos.

Con un poco de cariño, recordó lo mucho que ella y su hermano gemelo actuaban así el uno con el otro, se preguntó qué había sido de Tuffnut este último par de semanas. Ella no se quedaba mucho en estos días, así que no lo veía fuera del Entrenamiento de Dragón. ¿Qué tipo de travesuras estaría haciendo junto a Snotlout para pasar el rato con y sin nadie alrededor para ser la voz de la razón cuando las cosas podrían salirse de las manos? Ruffnut, a pesar de que las últimas dos semanas habían sido las más divertidas que había tenido nunca o imaginado, extrañaba un poco al idiota que se perdió de estar divirtiéndose ahí con ella. Desafortunadamente, no esperaba que él entendiera o compartiera el amor por los dragones que sólo podía compartir en secreto con Hiccup. Sabía cómo mantener secretos de su hermano gemelo, pero éste era el secreto que ella nunca quiso.

—¿Ruffnut?

Ahí estaba Hiccup, de pie en la entrada de la cueva. Su cabello estaba desordenado y había una enorme sonrisa boba en su cara que sólo usaba cuando estaban ellos dos. Era lindo. Un rubor calentó sus pálidas mejillas cuando se dio cuenta que le gustaba verlo así.

—Hola, Haddock —lo saludó, colocando su casco de nuevo en su cabeza.

Las cabezas del Zippleback habían decidido hacer una tregua en ese momento para volver a robar su casco. Ignorando felizmente su irritada mirada, fijaron el casco en una roca más alta de lo que podía alcanzar y procedieron a mirar en eso.

—Serpientes estúpidas —murmuró, vergonzosamente ruborizada.

Una de las colas del Zippleback golpeó su trasero. Ella aulló de dolor causando que Hiccup riera.

—Oh, cállate —gruñó Ruffnut, golpeando al chico en el hombro.

Tratando de calmar su risa, se las arregló para jadear un "¡Está bien, lo siento!", antes de sucumbir a la tentación de reír una vez más. Con sus brazos en señal de frustración, ella se precipitó fuera de la cueva sin despedirse del dragón narcisista o tomarse la molestia de reclamar su casco. Eso era una causa perdida en este momento. Iba a encontrar una manera de recuperarlo más tarde.

—¡Oye, espera, Ruffnut! —Hiccup gritó tras ellas.

Fingió no escucharlo.

—¡Oh, vamos! —se quejó una vez que la había alcanzado. Se puso frente a ella—, ¡te dije que lo sentía!

—Y luego comenzaste a reírte de mí otra vez. Eso no era sentirlo mucho, Haddock.

—Tienes que admitir que fue muy gracioso —dijo riendo entre dientes, a pesar de que paró cuando ella afiló la mirada—. Bien, está bien, no fue divertido en lo absoluto. ¿Qué tal si decimos que esto nunca ocurrió?

—Podría vivir con eso —respondió Ruffnut.

El muchacho dejó escapar un suspiro de alivio y volvió a caminar a su lado…

Y entonces, de repente la agarró por la muñeca y la arrastró lo más rápido posible en la dirección del boque.

—¿Qué demonios, Haddock? —chilló mientras tiraba de ella.

—¡Acabo de recordarlo! ¡Vine a buscarte porque tengo algo muy importante que mostrarte!

—¡Espera, espera! ¡Alto!

A regañadientes, para escuchar lo que tenía que decir.

—¿Qué hay sobre Astrid? Nos podría seguir —bajó la voz— con Toothless.

Él le dirigió una sonrisa tranquilizadora.

—No te preocupes por eso. Me topé con ella de camino hasta aquí y le dije que podríamos estar entrenando cerca de los muelles. No nos va a atrapar.

—Ohhhhh. Eres bueno.

Ella le dio una mirada de aprobación, aplaudiendo su brillante excusa. Él agachó tímidamente la cabeza, disfrutando de la sensación de ser alabado por ella. Poniendo su brazo sobre él, ella le dio un codazo para empezar a caminar juntos en la dirección hacia la cala.

—Muy bien, escúpelo. ¿Qué es lo que tienes que mostrarme?

—Vamos a prisa. Entenderás cuando lleguemos allí.


—De ninguna manera —exclamó.

De pie frente a ella, estaban Hiccup y Toothless, jinete y dragón equipados con su traje de montar completo. Hiccup llevaba su peto de cuero y Toothless la silla con el pedal de pie, que manipulaba la solapa de su cola. En las manos de Hiccup, estaba otro peto de cuero que parecía muy cercano de su tamaño.

—¿Es para mí?

Hiccup asintió.

—¿Se supone que debo usarlo?

—Sí.

—¿Ahora?

—Sí, Ruffnut, ahora —contestó pacientemente.

—Entonces, eso significa que por fin lo estamos haciendo ahora. Volar, quiero decir.

Él se echó a reír.

—Más o menos.

—Me te atrevas a reírte de mí —le dijo seria, como ella dio un paso adelante para tomar el peto.

—¿Por qué? —preguntó, parpadeando por la sorpresa de lo que dijo.

—Sólo estoy, no lo sé. ¿Estás seguro que es seguro? —preguntó, finalmente, con nerviosismo.

Ella tenía miedo de caer.

—Es seguro, Ruff. Volé yo mismo para estar seguro. No dejaré que te caigas esta vez —respondió Hiccup, su voz suave, pero la promesa estaba ahí.

Era todo lo que necesitaba oír. Se sacó su chaleco de piel, colocando el peto sobre ella. Hiccup había sido bastante bueno con adivinar la medida que necesitaba. Er aun poco grande, pero le gustaba tener un poco de margen de maniobra. Una vez que terminó, avanzó para unirse a Hiccup junto a Toothless, Toothless la pellizcó un poco haciéndole saber que estaba feliz de verla y emocionado. El muchacho subió en el paciente dragón y tendió una mano hacia ella. Sólo lo dudó un segundo, Ruffnut extendió su mano y la tomó. Él suavemente la jaló y esperó a que ella se asentara. La silla era un poco incómoda, aunque se imaginaba que probablemente sería más incómodo sin ella. Hasta ese momento de su vida, nunca había tenido una experiencia como ésta. La gente de Berk no tenían muchos caballos, simplemente no veían la necesidad de tenerlo. Si querían ir a algún lugar, caminaban o navegaban.

Nerviosa una vez más, trató de ocultar su ansiedad. Esto no trataba de demostrar que no era una cobarde. Quería que Hiccup supiera que confiaba en él para hacer esto. Confiaba en él para llevarlos a volar y no dejar que saliera lastimada. Quería confiar en su amigo con su vida. Cerró los ojos y se inclinó hacia Hiccup, enterrando la cara en su espalda y envolviendo sus brazos alrededor de su cintura. Hiccup tomó esto como la señal de que estaba lista. Acariciando a Toothless en el cuello, llamó al dragón.

—¡Vamos, Toothless!

Su estómago se sintió pesado el minuto que sintió el impulso hacia arriba. Cerrar sus ojos no había sido la elección más sabia. No ser capaz de ver y saber que iba a pasar sólo lo estaba empeorando. Volviendo la cara lejos de la espalda de Hiccup, ella abrió los ojos lo mínimo. La luz la cegó, y durante un tiempo lo único que podía ver era blanco. Mirando la espalda frente a ella, apenas podía distinguir el contorno borroso de la figura de Hiccup a la que se sostenía firmemente. Era como si estuvieran atrapados en una especie de niebla. No podía ver nada, excepto a Hiccup enfrente de ella y a Toothless debajo.

Entonces, todo se llenó de color.

Había visto muchas puestas de sol antes. Algunas desde su ventana del dormitorio. Algunas en la costa, al borde del agua. Algunas con Hiccup en la cala, con su cuerpo apoyado contra su dragón. Peor nunca antes había visto un atardecer como éste. Nunca tan especial. El sol brillaba como una enorme naranja dorada. Su cálida aura se extendía por el cielo, naranja decolorándose en rosa y luego en purpura con matices azules en los bordes más alejados. Y eso fue sólo el cielo. Debajo de ellos, todo lo que se podía ver en todas las direcciones era el mar y las nuevas, reflejando suavemente los colores.

Próximamente a su derecha, había una gran nube tenue. Poco a poco, ella zafó su brazo derecho desde su agarre de Hiccup y lo levantó para poder tocarla. Ruffnut se estremeció cuando los vientos fríos la tocaron. Cuando la mano se puso en contacto con la nube, se escapó entre los dedos el aire alrededor. Incapaz de contener su deleite, finalmente dio un grito de emoción.

—Veo que lo estás disfrutando —Hiccup la llamó de vuelto.

—Esto es muy divertido —se rió de sí misma, sin importarle si sonaba más tonta de lo habitual.

—Me alegro que pienses así —después de una larga pausa, volvió a hablar—. Antes de que oscurezca, quiero mostrarte algo más genial que esto.

—¿Cómo puede algo ser más genial que esto? —preguntó ella, como si lo desafiara a demostrar que estaba equivocada.

—Muy bien, algo más genial, ¡enseguida! —animó, girando a Toothless en la dirección correcta.


—Así que, ¿dónde está, Haddock? —Ruffnut giró la cabeza para ver lo que traía—. ¿Qué es?

—Aquí —dijo metiendo la mano en la bolsa que había puesto al lado de Toothless y sacando un pescado. Se lo puso en la mano—. Necesitarás esto.

—¿Qué? —Toothless vio el pescado en la mano y trató de atraparlo. Ella lo apartó con la mano libre—. No, no es para ti, amigo. Creo que Haddock tiene algo más en mente para esto.

Alejándose del dragón, ella volvió a tratar de descubrir por qué Hiccup le había traído a esta pequeña y extraña isla de la costa para ver. El lugar era muy pequeño (de varios lugares, que pudo ver a la distancia) y con suelo rocoso. Estaba deshabitado, con la excepción de un pequeño lagarto que parecía estar hurgando por comida. Y ese otro de allá. Y otro más allá y su amigo que acababa de arrastrarse fuera de un agujero en alguna parte. Con los ojos como platos, por fin se dio cuenta de lo que Hiccup había querido decirle.

No era lagartos. Eran Terribles Terrores. No sólo uno o dos, ahora eran cinco y había más que salían para investigar a los recién llegados. Uno o dos de ellos rodearon a Hiccup y Toothless, pero el resto de ellos se agolparon alrededor de Ruffnut, mirándola con ojos gigantes desorbitados con avidez. Los ojos fluctuaban de ida y vuelta entre su cara y el pescado, suplicando. Mirando a Hiccup por alguna indicación, él se rió entre dientes de ella y le indicó que les diera el pescado. Ella se agachó a su nivel, ofreciéndolo y en un segundo desapareció, desgarrado brutalmente en varios pedazos y tragado por los dragones diminutos. Se maravilló de la gran cantidad que había. Tenían que ser al menos quince de ellos ahora, todos acudiendo a ella, Hiccup y Toothless.

—Todo un foso del Terror —susurró con asombro.

—Lo sé, ¿verdad= —dijo Hiccup, como dos revoloteaban y se posaban uno en cada hombro para apoyarse—. Han estado viviendo aquí todo este tiempo en paz. ¿Imagínate si la gente en el pueblo nunca se enterara de ellos? No son una amenaza. Todo lo que sabíamos sobre ellos es una mentira. Incluso en estos números, no hacen daño a nadie.

Mirando a los pequeños diablillos pellizcando alrededor de sus tobillos, tirando de su ropa y cabello, lamiendo su mano como si por arte de magia aparecieran más golosinas para ellos. Eran adorables. Al estar sentada, ella dejó que uno descansara sobre su regazo y vio el resto mientras jugaba. Los dragones eran realmente increíbles. Hoy, ella voló en un Furia Nocturna, su casco fue robado por un Zippleback y jugó con Terribles Terrores. Había tanto que todos los demás se estaban perdiendo. Claro, a veces llegaban a ser aterradores, robaban la comida de los vikingos y destrozaban la aldea. Tenían el mismo derecho a alimentarse como lo tenían los vikingos; robaron comida para sobrevivir.

Los vikingos de Berk vivían gordos y felices en comparación con los dragones. Y cuando no estaban en casa comiendo y bebiendo, estaba fuera para asaltar, cazar y matar a los dragones por ejercitarse. Una cosa las últimas dos semanas le habían enseñado sobre dragones, que era que no venían a buscar pelea. Sólo atacaban a los seres humanos cuando se ven amenazados a sí mismos. Siempre eran los vikingos quienes iniciaban las batallas. Con todo lo que los dragones podían hacer, era ridículo pensar que los vikingos podrían nunca tener la oportunidad contra ellos si realmente quisieran acabarlos. La guerra autoimpuesta de los vikingos contra los dragones era tan unilateral, que Ruffnut no sabía si reírse de la inutilidad de la misma o sentirse horrible que muchos de sus familiares y dragones murieron a causa de ésta.

Ella deseaba un montón de cosas. Que su gente se diera cuenta de la masacre que estaba haciendo y que se volcasen a actividades que valieran la pena, más honorables. Que los dragones dejaran de ser asesinados por culpa de su simple naturaleza. Sentada aquí con su mejor amigo y los dragones, deseaba que hubiera algo que pudiera hacer para detener todo por sí misma. Si todo podría ser de la forma en que estaba con ella y Hiccup, tal vez no sería tan horrible para todos los demás.

—Tenías razón, Hiccup.

Su atención se desvió hacia ella, lejos del Terror que se había acurrucado como su mascota.

—Esto es más genial que volar.

Hiccup se rió.

—Volar podría ser más genial, sin embargo. Podría haberte mostrado todos los trucos que Toothless puede lograr. Eso sí que es realmente volar —se detuvo cuando volvió a mirarla—. Simplemente no quiero asustarte ni nada. Después de la última vez, bueno, la seguridad es más importante que los trucos.

Conmovida, se puso de pie de nuevo, llevando al Terrible Terror con ella, y se sentó a su lado.

—No te preocupes tanto por mí —reprendió suavemente, dándole un ligero empujón con el hombro—, puedo hacer las cosas difíciles a pesar de lo que crees. Te impresionaría, eso es seguro.

—Sé que puedes —admitió—, pero en el aire —hizo un gesto con las manos—, eso es un juego completamente distinto allí. Ambos casi morimos tratando de volar una vez. Allá arriba, tenemos que ver el uno por el otro.

—Ah, vamos —exclamó, pasando un brazo alrededor de los hombros de Hiccup—. Ése es el trabajo de Toothless. No puede dejar que sus humanos mueran. Nos necesita para darle de comer.

Detrás de los dos adolescentes, el dragón soltó un bufido de indignación, divirtiéndolos. Cuando llegó la hora de irse, se despidieron de sus pequeños amigos dragones y subieron a la espalda de Toothless. Con un despegue simple, Toothless voló en el cielo, ahora oscuro, llevándolos a casa.


Capítulo Cuatro: Volar – Fin.


N/A: Sólo para que todos sepan, he impuesto un nuevo límite para mí. Tengo un mes para actualizar. Voy a tratar de ir más rápido, pero todavía estoy pasando por algunos asuntos difíciles en este momento, eso reduce mi tiempo en Fanfiction. Sé que todos deben estar cansados de mi constante retraso, pero sean pacientes. Y gracias por ser mi ángel guardián, MarioDS01, mi siempre vigilante lector.


N/T: Y así, malditos productores de DreamWorks, es como se escribe un guión que combine una bella amistad con un naciente romance. En serio, insisto y siempre insistiré que el amor Hiccstrid es el más interesado y hueco del mundo (y miren ustedes que conozco el Naruhina ¬¬). Mis apreciaciones en este capítulo es que las personas no son, se hacen, es decir, una excusa que dicen a menudo es que Hiccup nunca podría congeniar con Ruffnut ¡Qué gran mentira! Si fuera cierto que no nos juntamos para nada con quien es contrario o diferente a nosotros, no tendríamos ningún amigo. Segundo, la escena del vuelo fue realmente hermosa, y pronto haré dibujos de este fic en especial (en cuanto consiga mi tableta gráfica, dibujar y pintar con el mousse es una joda ._.) y los colocaré en mi Deviantart (y claro, si el autor me da permiso de hacerlo). Tercero, ¿a qué amaron por completo la escena de Ruff, Tooth y Hiccup viendo el atardecer en la Isla de los Terribles Terrores? Porque a mí me encantó.

Sinceramente, Abel Lacie Kiryû.