N/T: ¡Hola a todos! Gracias por dejar review, y por aquellos que agregaron a favoritos. Acá el siguiente capítulo. Debo admitir que me costó un poco de trabajo traducirlo… pero bueno, como siempre, me ha encantado. Hasta me dieron ganas de hacer este fic en una especie de doujinshi, pero temo que mi habilidad de dibujo todavía no está tan desarrollada, así que nada más he hecho un dibujo sobre el fic, que espero pasarle a la autora en cuanto tenga tiempo, y que subiré a mi Deviantart.
Capítulo seis: Astrid
Alrededor de la arena, muchos de los aldeanos se habían precipitado para ver el penúltimo enfrentamiento más importante de la temporada de entrenamiento dragón. No eran nada en comparación con la prueba final del campeón, pero había un buen número de personas que vienen a ver un evento.
Ruffnut frunció el ceño.
Hoy era el día en que escogerían al campeón. Los dos mejores estudiantes de la clase del entrenamiento de dragón se colocarían en la arena con un dragón y la competencia cesaría una vez que el dragón fuese derribado por uno de los concursantes. Entonces Gothi podría intervenir y decidir cuál de los aspirantes a campeones lo merecía más. Ese pensamiento hizo que el ceño de Ruffnut se profundizara más en su rostro. Toda esa incertidumbre que sentía, la odiaba. Ella la odiaba mucho.
Era fácil culpar de todo a Hiccup. Hiccup fue el que pensó que sería una buena idea aprender a cómo incapacitar dragones para que pudieran usarlo en clase. Hiccup fue el que tuvo la brillante idea de que ella fuera la encargada de hacerlo. Hiccup fue el que decidió que tenía mejor madera de campeón que él. Ruffnut no tenía la misma fe en sí misma. El sonido de la multitud excitada esperando afuera no hizo nada para aliviar su desconfianza. Todos estaban allí para verla ganar e ir a matar al dragón como la buena futura cazadora de dragones que todos esperaban que se convirtiera. Todo lo que ella era, era una niña vendiendo unos trucos para el derribo inmediato de un dragón. Le gustaba la idea de no herir a sus dragones. Para ellos, todos los días que ella salía a la arena, era un nuevo juego divertido y llegaban a jugar con ella. Ni siquiera se daban cuenta de que estaban siendo utilizados para entrenar a más vikingos para matar a los de su especie.
Sólo el Monstruos Nightmare se mantenía cauteloso. Todos los demás eran viejos, dragones de entrenamiento reusados, cómodamente alimentados y liberados de vez en cuando para convivir con los humanos. Se habían convertido en unos dragones casi domesticados. Los Monstruos Nightmare eran los únicos dragones nuevos cada año, y eso era porque siempre necesitaban uno nuevo para reemplazar al que moría en el juicio del campeón.
Tal vez estaba pensando demasiado sobre esto, siendo muy negativa, pero es que no le gustaba. La responsabilidad de todo había sido puesta sobre sus hombros. Al principio, ella lo estaba haciendo por su amigo, haciéndolo por Toothless, haciéndolo para sacar a Astrid fuera de su camino. Y eso estaba bien. Pero Ruffnut se encontró con que no había pensado en lo que el resultado de acatar el plan loco de Hiccup conllevaría. Ahora se hallaba con la carga de tener que ser campeón. Por supuesto que era fácil para Hiccup decir que no tenía por qué ser el campeón. Incluso si ella no era la antorcha más brillante en la taberna, sabía que lanzar la toalla y dejar la victoria a Astrid sería una idea terrible. La chica tenía una afición por derramar sangre de dragón. Si Astrid ganaba la competencia y obtenía el favor de la anciana, estaría alegremente en camino a matar al Monstruos Nightmare.
Al mismo tiempo, que Ruffnut ganara la contienda significaba que sería nombrada campeona y la pondrían en contra del Monstruos Nightmare en su lugar. Esta era una situación sin salida. De cualquier forma, Astrid tendría que matar al dragón o ella misma lo tendría que hacer. Ella realmente se había comprometido con esto. Ella estaba siendo empujada a la deriva y se veía obligada a tomar una decisión importante públicamente. Hiccup sabía que odiaba este tipo de atención. Claro, ella hacía el ridículo consigo sí misma en el pasado, al lado su tonto hermano y Snotlout delante de la gente, pero esto era diferente. Cada vez, ella sólo era parte de la multitud, que formaba parte de un grupo haciendo algo estúpido. En esto, Ruffnut estaba sola. Ella no tenía a su hermano. Ella no tenía a Hiccup.
En el exterior, todo el pueblo estaba esperando, observando.
Fuera de allí, su padre estaba esperando para ver si ella honraba el apellido.
Aturdidores aplausos provinieron de la multitud cuando la puerta se alzó, y Ruffnut, Astrid, y Gobber entraron en la apertura. Astrid tenía su habitual hacha apretada en sus dedos. Ruffnut había decidido renunciar a un arma, en su lugar, tomó solamente un escudo con ella. En la arena, barricadas habían sido proporcionadas para que los concursantes se agacharan detrás durante la contienda. Se veían raquíticas, y probablemente sólo soportarían un solo disparo de fuego antes de ser destruidos.
—No te metas en mi camino, Thorston —Astrid gruñó a su derecha—. Voy a ganar esto.
Ruffnut habría dicho algo ingenioso y ofensivo sobre la chica y donde pudiera empujar su hacha, pero ella era consciente que si se trataba de hablar, o incluso abrir su boca, probablemente el estrés la haría todo sobre la otra chica. Optó por dar Astrid una mirada feroz con los ojos entrecerrados. La otra rubia devolvió la mirada con un nivel similar de desprecio. Gobber, ajeno a la tensión entre las dos chicas, sólo se enfocó en dirigirse a la audiencia y establecer las reglas básicas. En algún lugar, mientras miraba a Astrid y escuchaba Gobber, escudriñó a la multitud, deteniéndose una vez o dos veces. Ahí estaba Tuffnut, sonriendo como un maníaco y mostrándole un pulgar hacia arriba. Vio a su padre, pero rápidamente trasladó sus ojos más allá de él, sin querer pensar sobre su presencia en su contienda. Sólo la ponía más nervioso. La persona que realmente estaba buscando era a Hiccup. Para su decepción, ella no lo vio. Ella había esperado que estuviera allí. Comprendía un poco que necesitara estar con Toothless, o si es que se sentía incómodo por estar a su alrededor después de su última y extraña conversación. Las cosas no habían sido exactamente lo mismo desde entonces, aunque los dos estaban haciendo un trabajo admirable pretendiendo que sí.
Antes de que tuviera tiempo de pensar más en Hiccup, y cosas triviales como su posible futuro como novio y novia, Gobber tenía la mano y la prótesis en la manivela para liberar al dragón.
Hora del show.
El dragón que enfrentarían ese día era un Gronkle. Astrid se lanzó hacia una de las barricadas en el momento en el pestillo fue abierto y el dragón estaba fuera. Siguiendo el ejemplo, Ruffnut se puso a cubierto en la dirección opuesta, asomándose de lado para ver al dragón. El Gronkle salió y comenzó a volar en perezosos círculos alrededor de la arena en busca de los humanos que, por lo general, esperaban cuando lo dejaban salir. Una vez que vio a Astrid, disparó fuera una bola de fuego en su dirección. Con una maldición, Ruffnut corrió a la luz pública para llamar su atención. Tenía que conseguir que dejara a Astrid y inmovilizarlo pronto. El Gronkle dio la vuelta para enfrentarse a ella y el reconocimiento inmediato floreció en los ojos del dragón. Su expresión se volvió juguetona, o lo que pensó parecía lúdico. Con un rugido de placer, hizo un giro de ciento ochenta grados en el aire y movió la cola burlonamente a ella antes de volar lejos en la dirección opuesta.
Si la situación podría haberlo permitido, habría sentido la necesidad de estallar en risas o lágrimas. Obviamente, el Gronkle pensó que era hora de jugar un juego de modales. Esto era posiblemente el peor de los casos que se podría haber imaginado. No sólo el Gronkle hacia caso omiso de ella, sino también en sus intentos para atraerlo a ella, estaba volando directo a Astrid.
Astrid, que había levantado su hacha para esgrimirla hacia él.
—¡No! —Ruffnut lloró como inútilmente trató de correr hacia la colisión inminente.
Ni siquiera estaba mirando hacia dónde se dirigía. No vi Astrid allí. El Gronkle dio un grito de dolor cuando Astrid lo atacó, incrustando su hacha en la pata delantera del Gronkle, por fortuna superficialmente debido a su dura piel. Soltó un grito de dolor, ya que trató de volar, y disparó otra bola de fuego a Astrid para cubrir su retirada. La chica apenas lo esquivó, siendo una coincidencia afortunada que ella se lanzara hacia atrás mientras el dragón se retiraba y Ruffnut había utilizado el impulso para continuar rodando detrás de otra barricada.
—¡Astrid! —Ruffnut exclamó, preocupada por la chica.
Sin respuesta a su llamada, salió de detrás de la barricada. El único sonido en la arena eran los ruidos lastimeros del Gronkle por su lesión. El público ya estaba demasiado embelesado por el espectáculo para hacer incluso un pío. Ruffnut decidió que la siguiente era su mejor oportunidad. Las cosas ya iban desastrosamente, Astrid había logrado herir al dragón. Ella necesitaba terminar la odisea antes de que cualquier daño pudiera hacerse de cualquier lado. Con el Gronkle todavía distraído y volando a baja altura, se agazapó, con la esperanza de que poder ir directamente a acariciar el punto de presión como lo había hecho con la Nadder el otro día. Si sólo lo hubiera pensado más y traído consigo un poco de hierba de dragón. Eso hubiera hecho toda esta competencia mucho más fácil para empezar.
Por desgracia, los dioses siguieron estando en su contra. Ruffnut estaba a sólo unos metros cuando Astrid se dirigió hacia la bestia, el curso en que se movía fue lo que la hizo chocar contra Ruffnut en el momento más inoportuno. Ambas chicas terminaron cayendo al suelo, Ruffnut haciendo una mueca cuando sintió que su brazo fue mellado desde su bíceps hasta su hombro en el hacha de Astrid. Su espalda se reunió con el suelo duro y golpeó todo el aire de sus pulmones. Por un segundo, ella yacía allí tratando de respirar de nuevo.
—¡Ruffnut ! —llegó un grito desde arriba.
Ni siquiera se dio cuenta de lo que estaba pasando hasta que ella estaba rodando hacia un lado y otro cuerpo estaba encima del suyo. Un escaldado brazo pasó a través de todo su lado derecho. Y entonces ella estaba siendo levantada y echada en una pared. La cabeza todavía le daba vueltas por el movimiento rápido. A medida que las cosas empezaron a dejar de girar, ella salió del estupor y oyó, vio, sintió, a Astrid pegada a la pared de la barricada a su lado y gritando:
—¡No me hagas salvarte el pellejo de nuevo, Thorston! ¡Si te metes en mi camino otra vez, voy a dejar que el dragón te agarre!
Y entonces Astrid se había ido de nuevo, corriendo y rodando fuera de su vista hacia la izquierda. Rugidos furiosos vinieron del cielo. El Gronkle estaba rabiosamente al límite sobre la parte más alta de la jaula. No había nada amigable en su actitud. Había sido herido y enloquecido de rabia y quería hacer daño de nuevo. Arrojó dos bolas de fuego hacia abajo, aunque en ninguna parte cerca de la ubicación de Ruffnut. Iba más probable tras Astrid. La chica simplemente no descansaría ni un segundo, tratando de dar lo mejor de sí misma y matar al dragón. Ruffnut todavía tenía su escudo sobre ella. A pesar de que no tenía un arma para vencer, con un poco de improvisación ella batió el escudo en el suelo. El sonido producido era suficientemente fuerte como para sacudir la sensibilidad auditiva del dragón. Se balanceaba inestablemente en el aire un rato. Al batir el escudo más fuerte y rápido, el dragón finalmente sucumbió a su desorientación. Fue en la espiral de abajo y golpeó el centro del piso de la arena dura.
Moviéndose tan rápido como le fue posible, sabiendo que no tenía mucho tiempo antes de que Astrid atacara de nuevo o que el dragón se recuperara, corrió hacia el dragón, levantando sus manos y alcanzando el punto detrás de su oreja y justo por debajo de su barbilla y aplicando presión. El dragón se sacudió, sufrió espasmos y luego se relajó.
Todo el estadio quedó en silencio durante unos diez segundos antes de que estallara en aplausos.
Todo se movió muy rápido después de eso. Toda la adrenalina de tratar de no ser asesinada y detener el dragón, desapareció, y su brazo ardía, le dolía la espalda y su casco se perdió... otra vez. Ah, y su muñeca, entre otras cosas, fue chamuscada. Eso dolía demasiado. Apenas reconoció a la anciana nombrarla campeona, o Astrid gritando como loca, maldiciendo su nombre cuando el resto del pueblo la alababa. Su hermano fue el primero y le dio un fuerte abrazo y una palmada en la parte posterior. Entonces su propio padre corrió hacia ella, levantándola sobre sus hombros. Incluso en la bruma apática del dolor y la fatiga, estaba impresionada por el alegre y orgullosa mirada en la cara de su padre como él la levantó en lo alto y le dijo una sola palabra de felicitaciones en su brusco y sesgado tono.
Y entonces vio un destello rojo y verde en la periferia de la multitud. Hiccup.
Él había venido.
Sus ojos se encontraron con los de ella. Hubo alivio, gratitud, y una pizca de tristeza mientras su mirada se entumía. Ella lo siguió y tragó saliva. El Gronkle. Gobber estaba arrastrándolo, con el gancho en sus fauces gigantes, de vuelta a su jaula. Él le dio una última mirada y desapareció. Ella sabía a dónde iba. Lo vería pronto. Una vez que se escapara de sus fans.
—¡Hiccup! —Ruffnut lo llamó como ella lo entró a la caverna—. ¡Toothless! ¡Estoy aquí!
En un segundo, se encontró inundada en un enredo de extremidades. Ruborizándose, se dio cuenta que Hiccup la sujetaba con fuerza, sus brazos alrededor de ella. En la parte posterior de su cuello sentía una respiración caliente que soplaba sobre ella, haciéndole saber que Toothless también estaba allí.
—Hola —dijo ella con un nudo en la voz, tratando de sofocar su entusiasmo por el abrazo—, ¿contento de verme?
—Más que contento —susurró Hiccup—. Tenía mucho miedo. El Gronkle casi te tenía. Pudiste haber muerto. Una vez más. Y yo no habría sido capaz de ayudarte. Otra vez.
Con un suspiro, ella finalmente le devolvió el abrazo, frotando círculos suaves en su espalda.
—De ninguna manera me voy a ninguna parte, hombre. Tengo que quedarme y cuidar de ti y Toothless, ¿verdad? Así que no te preocupes por mí.
—No puedo evitarlo. Es mi culpa que estuvieras allí afuera en primer lugar.
Exasperada, ella lo empujó, a la vez que lo miraba.
—Hiccup, soy una chica grande y puedo manejarlo. Todos somos vikingos aquí, y hacer frente los dragones peligrosos es un riesgo laboral.
—¡Pero tú no deberías tener que luchar contra los dragones! —Hiccup exclamó—: Son tus amigos, ¿no es así?
—Tú y yo sabíamos que tenía que hacerlo —dijo Ruffnut con el ceño fruncido—. Si Astrid hubiera…
—Eso no es lo que quise decir —Hiccup dio una patada al suelo frustrado—. No deberíamos tener que luchar contra los dragones. No son malos.
Toothless se acercó a su lado y le acarició la cabeza antes de lamer su hombro sangrante. Era una sensación interesante, cálida, áspera, y daba un poco de cosquillas. Su ceño se relajó un poco ante la preocupación del dragón.
—Pero ellos son peligrosos, Hiccup —respondió Ruffnut, levantando su brazo derecho para que él mira el daño hecho durante la pelea. Todas sus quemaduras no tratadas las mostró para que lo viera.
—Entonces, ¿qué? ¿Nuestro pueblo está bien sacrificando a ellos?"
—¡No! Yo, estás torciendo mis palabras. Está mal que no nos tomemos el tiempo para entenderlos, como tú y yo hicimos con Toothless. Pero no todos los dragones son lo mismo que con Toothless. O los otros que hemos conocido. Los que atacan a nuestro pueblo causan estragos. Nos asesinan, pero ellos obtienen lo que dan. Mi madre murió en una incursión. ¿Y tú? ¿Qué hay de tu madre?
La caverna estuvo en un silencio mortal. Hiccup se apartó de ella.
—Hiccup, espera, lo siento. No debí haber mencionado a tu madre en esto.
—¿Entonces crees que tú y yo deberíamos matar dragones? ¿Por nuestras madres? ¿Por venganza? Matan a algunos de los nuestros por lo que matamos a algunos de los suyos. Todo lo que hacemos causa más muertes. ¿Cuándo terminará?
—Te estás perdiendo mi punto, Hiccup —gritó Ruffnut, pateando con rabia en el suelo—. No puedes obligar a la gente a aceptar a los dragones de la manera que nosotros lo hicimos. Hemos superado la muerte de nuestras madres, pero no todo el mundo puede hacerlo al perder a alguien así como así. Por favor, sólo trata de entender lo que estoy intentando de decir. ¿Esa paz que siempre hemos deseado exista entre nuestra gente y los dragones? Tal vez algún día podríamos conseguir que suceda. Pero ahora es demasiado pronto. ¿Por qué otra cosa crees que hemos estado escondiendo a Toothless?
Ella no esperaba que le respondiera. Ambos sabían por qué. Y por la caída de los hombros de Hiccup, Hiccup sabía que ella tenía razón. Lentamente, se dio la vuelta, mirándola fijamente a los ojos.
—Nunca superé la muerte de mi madre —dijo bruscamente.
—Lo lamento tan...
Él levantó una mano para que dejara de tratar de disculparse de nuevo.
—Siempre la he echado de menos, sólo traté no mostrarlo por lo que mi padre nunca se dio cuenta. Las cosas entre yo y mi padre nunca fueron las mismas después de su muerte. Me propuse convertirme en el mejor cazador de dragones porque sentía que era la única forma de poder volver las cosas a cómo eran antes. Pero nunca funcionó. Y entonces encontramos a Toothless, y... —hizo una pausa, para tomar una respiración profunda—, no puedo soportar que todos estos años estuviéramos tan equivocados. Mi madre murió por nada. Por una guerra estúpida que nunca tuvo que pasar si sólo hubiéramos estado en paz con los dragones.
Había lágrimas en sus ojos.
—Oh, hombre.
Entonces, se movió hacia adelante y tiró de él en un abrazo. Toothless se trasladó con ella, y trató de empujar la cabeza para unirse al abrazo de grupo, lloriqueando porque los humanos no le estaban prestando atención a él. Ruffnut y Hiccup se apartaron el uno del otro y miraron la expresión en puchero de Toothless antes de estallar en risas. En ese momento, Ruffnut sabía que n bien de nuevo. Ella y Hiccup discutieron antes, pero esta vez fue la pelea más intensa que hayan tenido, y en la duración de la misma, se había sentido como que podría haber sido el final de su amistad. Pero ella nunca podría estar enojado con Hiccup cuando él la miraba de esa manera y hablando sobre haber perdido a su madre. Y se alegró de que no estaba enojado con ella por sacar a su madre en su riña. Había sido su error. Sus ojos se perdieron en el rostro de Hiccup, en los ojos cerrados y las mejillas encendidas por la risa. Estaba bien. Lo atrajo de nuevo en un abrazo, esta vez incluyendo su contrariado dragón.
—¿Qué, en el nombre de Hel, es esto?
Presa del pánico, la cabeza de Ruffnut se dio la vuelta para ver donde la voz no esperada había venido. Su azul brillante se petrificó en el horror. Allí, de pie a sólo un par de pies de distancia estaba...
Astrid.
Astrid le había seguido.
Moviéndose más rápido de lo que lo había hecho en toda su vida, Ruffnut liberó a Hiccup y a Toothless y abordó a la chica antes de que pensara en hacer cualquier cosa. No. No, no, no, no, no, no. Astrid no podía descubrirlo. Se suponía que iban a mantener oculta a Toothless y cómo ella lo había visto su seguridad se vio comprometida. Estaba hecho. Terminado. Ellos iban a perder a Toothless. La chica trató de zafarse y luchar a su manera para salir de debajo de ella. Ruffnut usó todo su peso, sujetándola.
—¡Lo sabía! —Astrid gritó—, yo sabía que había algo contigo y Haddock. No hay manera de que alguien podría haber noqueado a un dragón de la manera que ustedes dos podían. Trucos baratos. ¡Asociarse con dragones!
De repente, Ruffnut fue tomada fuera de la otra chica.
—¡Tuffnut! —oyó a Astrid vociferar.
Toda lucha cesó como Ruffnut miraba a la persona a su espalda. Era su gemelo, que le devolvía la mirada con emociones indescifrables jugando en su rostro. Oh dioses, Tuffnut conocía demasiado. Frente a ellos, Astrid estaba alejándose de ellos.
—¡Ustedes dos —siseó entre dientes—, van a estar en un gran problema una vez que llevar esto al jefe y a Gothi!
Y entonces Astrid estaba corriendo a la salida de la cava.
—¡Hiccup! —gritó Ruffnut. El niño estaba mirando hacia atrás y adelante entre ella y Tuffnut y la fugitiva Astrid, dividido sobre lo que debía hacer—. ¡Voy a estar bien! ¡Ve tras ella! ¡Toma a Toothless y ve tras ella!
Dudando un momento, le dirigió un movimiento de cabeza, montado con rapidez a Toothless y yendo en la dirección Astrid tomó. La dejó a solas con Tuffnut. Su agarre sobre ella ya se había vuelto débil. Ella lo quitó de encima y puso algo de distancia entre los dos antes de girar hacia él. Lo que daría en este momento para leer la mente de su gemelo. Era malo que Astrid supiera. Ahora Tuffnut también. Era impredecible cómo se estaría sintiendo acerca de todo esto. Tuffnut no era ni de cerca el fanático asesino de dragones que Astrid se obligó a ser, pero Tuffnut siempre había estado bajo la presión de su padre para ser el asesino perfecto. Así que, ¿qué pensaba él sobre esto? ¿Qué pensaba de ella?
—Tuffnut, puedo explicarlo.
—Guárdatelo, Ruff —dijo Tuffnut interrumpiéndola—. Así que, ¿esto es lo que tú y Haddock han estado haciendo cuando desaparecen? —hizo un gesto a su alrededor hacia la caverna.
—Sí —respondió Ruffnut, avergonzada.
—Ya sabes, al principio pensaba que sólo era que estabas con el chico. No iba a meterme en tus cosas. No soy quien para decirte con quien te juntas. Aunque siempre pensé que ibas a terminar con Snotlout algún día.
Ruffnut no pudo evitar hacer una mueca.
—¡Ew! Dioses Tuffnut. ¿Snotlout, de verdad?
—Bueno, ¿quién más podría haber sido? —argumentó Tuffnut—. Tú odias, bien, odiabas a Haddock. ¿Y Fishlegs? Ni tengo que decirlo. Realmente, ¿qué otra cosa podía haber pensado?
—¿Qué tal si dejas de pensar? ¡Tu cerebro pequeño, obviamente, no debería estar trabajando de más! —replicó Ruffnut.
—¡Como si pudieras hablar de cerebros! ¡Tú eres la única loca corriendo tras los dragones y de Haddock!
—¡No me llames loca, tonto!
—Aw, ¿herí tus locos sentimientos?
—¡Cómo si pudieras! —exclamó Ruffnut, tomando un par de pasos hacia delante, levantando su puño para darle una paliza a su hermano.
Y luego se detuvo y bajó la mirada hacia su puño torpemente. Había estado tan atrapada en la vieja rutina de luchar contra Tuffnut, que se había olvidado de que Tuffnut los había visto a ella, Hiccup y Toothless. Mirando atrás hacia Tuffnut, vio que había estado pensando la misma cosa. Ambos habían se habían descubierto.
—¿No vas a decir nada al respecto de Toothless?
—¿Toothless? —él negó con la cabeza por el nombre— ¿Debería?
Su mirada le dijo que no estaba satisfecha con su respuesta.
—Bueno, sé que debería. Somos vikingos después de todo. Convivir con los dragones no es realmente nuestro hobby —se rió de su propia broma, aunque ella no lo hizo—. Pero no creo que quiera. Vi a Haddock allí, montando el dragón. Nunca pensé que vería el día en que un vikingo podría montar un dragón. Fue una mirada bastante impresionante, sin embargo. Si yo... Si yo no digo nada, ¿ustedes, chicos, podrían enseñarme cómo montar uno también?
Sorprendido por sus palabras, Ruffnut dejó caer la mandíbula.
—¿Quieres montar a Toothless?
—¿Qué? —Tuffnut espetó—. Podría ser grandioso.
—Eso es... —dijo Ruffnut finalmente—, volar, quiero decir. Así que, ¿realmente no vas a decir nada?
—Sí —su expresión se volvió seria otra vez— ¿Astrid va a estar bien? ¿Con Haddock y su dragón?
—Hiccup no le haría daño. Y él no le dejaría hacerle daño a Toothless —le aseguró—: Es probable que esté por ahí tratando de convencerla de que los dragones no son tan malos, dándole un tour sobre Toothless. Espero que funcione.
—¿Qué? —Tuffnut exclamó—: ¿Ella consigue un paseo primero y yo no?
—Bueno, a fin de cuentas, estás tomando con tranquilidad que Hiccup y yo tengamos un dragón y que no son todos malos. A ella tenemos que darle un curso acelerado.
—No es justo… —hizo un puchero.
—La vida rara vez lo es, hermano mío —bromeó ella, empujándolo con fuerza suficiente para hacerle caer al suelo y aterrizar en su trasero. Él la miró.
—¡Estás muerta!
—Sí, seguro.
Ella roló los ojos, pero volvió a correr. No fue lo suficientemente rápido porque la mano de Tuffnut serpenteó y la agarró por el tobillo. Ruffnut cayó de bruces y se encontró comiendo tierra. Maravilloso. Ella levantó la cabeza y escupió, tratando de quitar el sabor de su boca. Gruñendo, le enseñó los dientes amenazadoramente. No consiguió el efecto deseado. Tuffnut se burló de ella.
—¡Tus dientes! ¡Tus dientes son de color negro!
Cerrando la boca, trató desesperadamente de deslizar su lengua por sus dientes para limpiar la suciedad. Tenían un sabor horrible.
—¡Dientes negros, dientes negros!
—¡Cállate! —gruñó a su hermano, fulminándolo.
Él continuó riendo, con tanta fuerza que pronto estaba llorando. Cada vez que abría los ojos para mirarla, su risa comenzó de nuevo. Refunfuñando para sí misma, ella fue al agua y comenzó a echar porciones de agua en su boca para tratar de hacer buches. Después de un par de repeticiones, comprobó su reflejo y se conformó con ver sus dientes sin suciedad. Con el ceño fruncido hacia Tuffnut, vio su estómago convulsionándose y jadeando, intentado recuperar el aliento de tanto reír. Con el vistazo concluido, ella le dio una patada en la pierna, disfrutando del grito que dio. Su pierna volvió a dar otra patada, pero Tuffnut alejándose y poniendo sus manos en señal de rendición.
—¡Vamos! Para ya. ¡Tú ganas!
—Por supuesto que gane. Siempre lo hago.
—Echaba de menos salir contigo —admitió Tuffnut después de un segundo.
—Yo también.
—¿Por qué no me dijiste sobre Toothless?
—No estaba segura de cómo reaccionarías.
—¿Oh, enserio? —resopló—. Tal vez querías mantener el dragón, todo para ti misma —luego sonrió—. ¿O tal vez sólo querías a Haddock, todo para ti?
La tregua se terminó y Ruffnut le estaba pateando una y otra vez.
—¡Ay, ay, detente! ¡Oh, estoy herido! ¡Estoy muy lastimado!
Era el turno de Ruffnut de burlarse ante la estupidez de su gemelo. Una vez que se calmó, le tendió una mano a Tuffnut.
—Vamos a casa.
—¿No deberíamos ah, esperar a Haddock y, uh, Astrid?
—¿De verdad quieres esperar? Van a llegar a casa cuando tengan que llegar. Lo prometo, Astrid va a estar bien —lo miró—. Lo único que quieres es esperar para ver a Toothless, ¿verdad?
Su sonrisa descarada fue toda la respuesta que necesitaba.
—Típico. Tendrás tu oportunidad a su tiempo.
—Bien —se quejó, tomándola de su mano—. ¿Qué raza de dragón es Toothless? Yo no lo reconozco. Apuesto a que el empollón de Fishlegs probablemente lo haría...
—Night Fury,
—¡No es posible! —Tuffnut exclamó mientras caminaban—. ¿En serio? ¿Ustedes han montado un Night Fury?
—Sip.
—Tengo que montar ese dragón. Tengo que.
—Oye, así que ¿qué hacías apareciéndote con Astrid, vinieron juntos?
—Uh...
—¡No me digas que...!
—¡No! ¡Fue sólo una coincidencia!
—Tengo la certeza de que...
—Cállate, Ruff.
—Estás sonrojándote...
—Te estoy ignorando, Ruff.
—Tú sabes, yo podría llevarme bien con ella. En serio, ve y pídele una cita.
—¡Pero la odias! Espera, ni siquiera estoy escuchándote hablar en este momento. Pensamientos felices... Voy a volar en un Night Fury. Voy a volar en un Night Fury. ¡La, la, la, la, la, la!
Pronto, la cueva estaba vacía, y los sonidos de las travesuras hermanos comenzaron a morir a la distancia. El sol se puso, y pasarían horas antes de que un muchacho, una chica y un dragón regresaran.
Capítulo seis: Astrid - Fin
N/A: Lo siento mucho, llego tarde. Es decir, más de una semana. Pueden apedrearme a la muerte. Están totalmente en su derecho. Uf. He estado distraída por otros proyectos. Pero creo que esto podría ser el mejor capítulo hasta el momento. Me siento muy bien al respecto. Tenía la película en tirabuzón y estaba escuchando "Happy Days Are Here Again/ Get Happy", mientras lo escribía. Puse un poco de acción aquí, un poco de riñas y cariñitos Ruffcup, un poco del dulce Toothless, algo de Astrid, ¡e incluso algo de Tuffnut!
N/T: Bueno… debo admitir que el Tuffstrid no me gusta, pero me dio risa, en serio. Ruffnut molestando a su hermano respecto a eso, es como que Tuff se burlara de ella por la misma razón. Asimismo, la escena de la batalla me encanto. En mi head-canon, esto hubiera sucedido en verdad si la película hubiera tomado este camino (incluso admito que si hubiera sido Astrid, en lugar de Ruffnut, habría buenas razones para que yo no hubiera tenido nada contra el hiccstrid –que, obviamente, no superaría para nada al Toothcup), pero bueno, supongo que si a algunos les gustó que se diera el "romance" hiccstrid así, nada se puede hacer. En lo personal, habría querido que Astrid fuera más que el simple interés amoroso de Hiccup, o como el trofeo a ganar *se encoge de hombros*, digo, quería algo más para el supuesto reemplazo de Camicazi.
Como sea, voy al ruffcup y al toothcup (que esta autora no me pone a Toothless sólo como un shipeador más). Me encanta, rete fascina, gusta, y amo, al trío. En serio, ciertamente, hay una química que me atrae, que convence. Y luego vemos la relación entre los Thorston, que es bonita, que plasma bien la reacción de Tuffnut, y te hace preguntarte: ¿en verdad todos habrían matado a Toothless, si lo hubieran encontrado en lugar de Hiccup, como Astrid afirmó? No sé los demás, pero para mí, los gemelos Thorston son la excepción. No sé porque se empeñan en empatar a Astrid con Hiccup, poniendo lo parecidos que son, cuando en realidad tiene más en común con los Thorston (y con Snotlout, pero eso no viene al caso), que con Astrid; y no, quien decida comentar en contra de lo que digo, no se me vaya por la excusa de que los Thorston son estúpidos, y por tanto, no se parecen a Hiccup, porque si nos vamos a eso, el único que sería amigo de Hiccup sería Fishlegs (como en los libros, por si tampoco lo sabían).
¡Pff! Sí que me explayé, ni la autora original escribió tanto XD. Como sea, éste es mi review en este capítulo. Espero que comenten.
Próxima entrega
Capítulo Siete: La Prueba
