N/T: Hola a todos, bueno acá otro capítulo. Gracias por agregar a favoritos, pero saben, no hay nada mejor que un review. Saludos.


Capítulo Siete: La Prueba


Después de regresar del nido, la primera cosa en la mente de Hiccup fue encontrar a Ruffnut. Sus pensamientos eran un torbellino de confusión a la luz de lo que la visita había revelado. Era tan increíble, que el hecho de que él, Astrid, y Toothless casi fueran devorados vivos allí, no parecía importante en absoluto. O tal vez él seguía apartado de todo lo que pasó, ya que su mente estaba reprimiendo inconscientemente la cercana experiencia con la muerte muy profundamente para que no se desmayara en ese mismo momento. Se apresuró a despedirse de Astrid y Toothless rápidamente. No quedaba mucho más tiempo para que amaneciera y este descubrimiento, no podía esperar hasta después de la prueba. De hecho, podría probablemente cambiarse todo en función de cómo Ruffnut utilizaría la información. Ella tendría que hacer algo al respecto, sabía que lo haría.

A medida que se escabulló en silencio a través del pueblo, rogó que su padre que no se hubiera molestado en comprobar que estuviera en su cama esta noche. Aunque su padre había sido realmente amable, aunque un poco incómodo, en las últimas fechas, respetando su independencia recién adquirida, su padre se había convertido en un negociador al tratar de tener una pequeña charla acerca del entrenamiento y las propuestas de matrimonio. Hiccup había concluido que él no podía soportar estar alrededor de su padre, por diferentes razones. De cualquier manera, sólo esperaba que su padre no hubiera salido a la buscarlo ni nada. Y esperaba que nadie lo detuviera en su camino hacia Ruffnut. Después de varios minutos, pareció como si los dioses estuvieran de su parte. Llegó con Ruffnut sin ningún incidente. Entrando por la puerta trasera, se coló más allá a dónde estaba su habitación. En su camino, estaba seguro de que tropezó con un casco, o un arma o dos antes de que finalmente lo consiguiera.

Ella estaba tumbada en su cama durmiendo, enterrada bajo un montón de pieles. Su cuerpo se apartó de él y se acurrucó contra la pared. La había visto antes de dormir, pero esto era diferente. En la cueva con Toothless, se quedaba dormida en la hierba, en el calor del sol, con la cabeza apoyada en su dragón. Ruffnut tendría sus brazos puestos en jarras, roncando suavemente en satisfacción, y muerta para el mundo. Verla dormir aquí parecía muy extraño. Ésta era su casa, su habitación, su cama, pero nada de ello parecía muy colorido. Parecía tan frío y fuera de lugar en esta habitación que no decía nada acerca de ella. Todo era demasiado pulcro y le faltaba eso que dijera que era donde ella vivía, donde ella dormía, donde estaba tendida ahora. Era tan diferente a su propia habitación, que tenía dibujos pegados en a cada pulgada de la pared y cosas al azar tiradas por ahí en el suelo.

Incómodo con la forma en su cuarto le hizo sentir, avanzó hacia ella y la sacudió a través de la enorme masa de pieles.

—Vete, Tuffnut —la oyó decir somnolienta—. 'Toy bien. No pesadillas. Vete a cama,

—Ruff —dijo en voz baja mientras archivó sus murmullos inconscientes para su consideración más adelante—. Vamos, despierta.

Poco a poco, su cabeza emergió por completo, y estiró el cuello hacia atrás para mirar a la persona que perturbó su sueño. Ella regresó a la conciencia inmediatamente.

—¡Hiccup! —exclamó, aunque no en volumen alto. Se incorporó dejando que las pieles cayeran hasta su cintura—. ¿Qué haces aquí? —sus ojos se entrecerraron—. ¿Qué pasó? Astrid, ¿ella…?

—Ella no va a decirle a nadie —se apresuró a asegurarle. Se tardó en pensar un segundo—. ¿Tuffnut?

—Tampoco lo hará —ella sonrió un poco—. Está amenazando con chantajearnos si no consigue dar un paseo en Toothless, aunque estoy segura que no lo haría de todos modos.

—Eso es bueno.

—Entonces, ¿qué hay de nuevo? —preguntó Ruffnut, cruzando las piernas debajo de las sábanas y tirando una de éstas sobre sus hombros. Le ofreció una a Hiccup pero éste se negó. Estaba bastante acalorada por la carrera que había hecho desde donde estaba Toothless hasta aquí.

—Astrid y yo descubrimos algo cuando estábamos con Toothless.

Los ojos de Ruffnut estrecharon ligeramente.

—¿Sí? No me dejes con la duda.

—Empezó a hacerse de noche y estábamos a punto de volver a casa cuando Toothless nos guió a través de un poco de niebla espesa y volamos junto a una manada de dragones.

Los parpados entrecerrados se abrieron ampliamente.

—¿Te atacaron? —preguntó—. ¿Estás bien? —lo miró de arriba abajo a prisa—. Te ves bien —entonces ella entró en pánico—. Oh dioses, ¿Toothless se encuentra bien? —hizo una pausa—. ¿Astrid está bien? —preguntó como si después de mencionarla se hubiera preocupado por el bienestar de la otra chica.

—Están bien, Ruff, todos estamos bien.

—Entonces, ¿qué es? —frunció el ceño—. No es que no esté contenta de ver que volviste vivo y entero, pero dudo seriamente que vinieras sólo para decirme eso.

—Hemos encontrado el nido de dragón.

—¿Tú qué? —chilló.

—¡Shh! —dijo entre dientes—. ¿Quieres que tu padre o tu hermano entren aquí en este momento?

—No especialmente —arrastró las palabras, tirando otra piel alrededor de sí misma.

—Bien, ¡pues cálmate!

—¿Cómo esperas que esté calmada cuando has encontrado el nido del dragón? —preguntó en voz baja—.Eso es una noticia descomunal. ¿Cómo se ve?

—Como nada que hayamos podido imaginar —admitió. Y entonces recordó qué había en el nido del dragón por lo que él había venido a hablar con ella—. Ruff, tienen una reina."

—¿Una reina? —preguntó Ruffnut, sin entender lo que quería decir.

—Hay un dragón allí, más grande que cualquier cosa que los vikingos hayan visto nunca antes —le dijo Hiccup, recordando en alarmante detalle lo poco que vio de la terrible criatura que casi se lo había comido—. Todos los otros dragones le tienen miedo a ella. Cuando atacan pueblos y roban la comida, sólo la llevan para a esa... esa cosa —se encogió al recordar más detalles de la noche—. Si ellos no llevan suficiente comida, se los come.

Se sentaron durante varios minutos en silencio contemplativo.

—Por lo tanto, es algo así como el gran jefe malo, y tienen que hacer lo que dice o se los come —hizo un movimiento de corte en su cuello—, ¿cierto?

—Así es. Imagínate lo que el resto de la villa haría si lo supieran.

—No lo sé —frunció el ceño—. No veo que vaya acabar bien.

—Tienes que hacer algo, Ruff —dijo antes de que pudiera detenerse.

—¿Por qué yo? —preguntó, su expresión era de negación.

—Quiero decir... —el chico trató de hilar sus pensamientos—. Tú eres la campeona. Tienes influenciar en el pueblo ahora. Todo el mundo se reunirá para verte matar al último dragón. Ésa es tu mejor oportunidad para decirles. Hacerles comprender lo que sabemos.

—Hiccup... —su voz sonaba exasperada—. Hemos hablado de esto.

—No estoy bromeando, Ruff. Esto es todo. No vamos a tener una oportunidad como ésta nunca más. Y, además, no es como si vayas a matar a ese dragón. Estarás bien con decirles por qué no lo harás —la chica envuelta en pieles le dio una mirada incierta—. Por favor, sólo piensa en esto.

—Trataré —dijo finalmente, consiguiendo él sonriera— Ya es bastante malo que no tenga la intención de luchar, Hiccup. Espero que entiendas lo que me estás pidiendo que haga.

—Si pasa algo, te salvaré —dijo, muy serio—. Voy por Toothless, te rescato, y nos vamos de la villa para siempre —se inclinó hacia delante y tomó una de sus manos y lo apretó, con las palmas juntas y enganchando los pulgares—. Lo prometo.

Hubo asombro y gratitud en su expresión pasmada. Su cara se quedó trabada así durante un par de minutos, minutos que parecieron una eternidad, antes de que finalmente pudo calmarse y dejar que una sonrisa sinuosa curveara los bordes de sus labios.

—¿Huir juntos, eh? —arqueó las cejas—. Es un poco escandaloso, ¿no te parece?

Él se ruborizó de vergüenza.

—¿Te imaginas los rumores que volaran alrededor de nosotros después de nuestra partida?

—¡No me importa! —exclamó.

—Mira quien está siendo ruidoso ahora —bromeó Ruffnut, y podía sentir el calor arrastrándose por su cuello y el latido de su corazón latiendo en sus oídos. Ella le dio otra sonrisa antes de caer sobre su espalda y estirándose más de su posición original antes de que hubiera venido a hablar con ella—. Ve a casa, Haddock. Es tarde y quiero dormir un poco antes de mi gran día mañana —giró la cabeza para poder verlo a sus ojos—. Te veo en la mañana.

—Sí —dijo.

Vacilantemente, él puso una mano sobre el bulto de pieles, donde decidió subirla a su hombro y dejar que reposara allí. No se levantó y salió de inmediato, optando en cambio por quedarse y esperar hasta que se durmiera de nuevo. No tomó mucho tiempo, y con cierto grado de placer, se dio cuenta de que había se permitió relajarse en una posición más cómoda. La posición fetal no se ajustaba a ella. Asegurándose de que se había dormido por última vez, se inclinó cerca de donde estaba su cabeza.

—Dulces sueños —le susurró y finalmente se marchó.


Al siguiente día brillante y madrugador, Hiccup estaba agotado y sentado en el borde de la jaula del competidor a la espera de Ruffnut apareciera. Su padre ya había comenzado su discurso desde donde se encontraba, muy por encima de la fosa. Hiccup trató de escucharlo, pero realmente sentirse cómodo, incluso si era su padre cantando alabanzas sobre su mejor amiga. Era agradable escuchar a Ruffnut ser alabada, pero no del todo. Todos pensaban que Ruffnut era la cazadora de dragones más hábil y despiadada. Ella no lo era. Hoy en día, iba a plantarse allí y a desacreditarlos. Trataría de cambiar su cómodo mundo en blanco y negro donde los dragones eran el enemigo y los vikingos tenían que luchar contra ellos. Rezó para que ellos la escucharan.

Echando un vistazo a su derecha, vio a Astrid y Tuffnut apoyados contra la pared junto a él. Inesperadamente habían decidido esperar con él y darle su apoyo a Ruffnut también. Era increíble pensar que en un principio, habían sido sólo él y Ruffnut y ahora también había Astrid y Tuffnut estaban en esto también. Honestamente no sabía qué pensar de eso. Por un lado, más aliados era siempre una cosa buena. Y le daba esperanza de que otros pudieran ser convencidos como ellos lo habían hecho. Astrid había sido tan resistente al principio, y ahora, se quedó charlando con indulgencia con un Tuffnut demasiado entusiasta acerca de qué dragón montaría si tuvieran que elegir.

Luego estaba la otra parte de él que no le gustaba que supieran. Era egoísta e infantil. No era tanto por Astrid, sin embargo, lo era por Tuffnut. Dioses, estaba celoso de su hermano. Cuando eran sólo él y ella, su secreto era lo que los mantenía unidos. En el fondo, tenía miedo de que ahora que Tuffnut sabía, Ruffnut empezara a salir más con él. Miedo de que ahora que ellos no eran los únicos con el secreto, Ruffnut pudiera considerar que él vale más su tiempo. Tuffnut era su gemelo, después de todo.

Mirando más allá de Tuffnut y Astrid, suspiró en disgusto. Ruffnut siempre le estaba diciendo que superara sus inseguridades y aquí estaba dejando que interfiriera la integración de Tuffnut a su grupo. Le hacía dudar de Ruffnut cuando él no lo hacía. Ella había tenido tiempo y el tiempo volvió a demostrar que estaba con él hasta el final. Desde el primer día, se había quedado a su lado, dado la cara por él en contra de Astrid, Snotlout y Tuffnut, y se convirtió en su amiga. A los vikingos les gustaba hablar mucho acerca de honor, pero rara vez se mostraba interesado en la charla. Nunca había dado mucha importancia en el valor del honor. Ruffnut lo hizo, sin embargo. Si ella decía que iba a hacerlo, lo hacía con todo. Era esta cualidad la que hizo que la admirara tanto.

—Oye, Haddock.

Se volvió hacia Tuffnut, mentalmente pensando que había estado pensando en el rubio y su hermana no hace más de dos segundos.

—No te preocupes, hombre —dijo el chico más alto—. Ella estará aquí pronto. Sólo está haciéndose la perezosa —se rió—. Ella me tiró su casco cuando traté de meterle prisa. Podría haber sido debido a la cubeta de agua que vertí en ella para despertarla.

Esto le consiguió un zape justo la cabeza por parte de Astrid.

—No precipites a las chicas cuando se están preparando para grandes eventos —le regañó—: Además, se nos permite elegantemente tarde.

—Pero eso es estúpido —se quejó Tuffnut.

Él consiguió un zape de nuevo.

Por extraño que pareciera a sus ojos que Astrid y Tuffnut se llevaran bien, bueno, algo así, Hiccup estaba tremendamente contento de que la vikinga no lo golpeara a él. Ya tenía a una para golpearlo cuando era necesario. Tener otra sería el epítome del masoquismo.

—Wow. Parece que tengo mi propio grupo de fans.

Las cabezas se volvieron a medida que fueron a ver quién había hablado. Ahí estaba Ruffnut, caminando por la rampa de la arena del competidor. Se apartó de la pared al igual que lo hicieron Tuffnut y Astrid y se encaminaron hacia ella.

—Hola —saludó Hiccup, de repente se sintió nervioso aunque no podía discernir la razón exacta—. Estábamos esperando por ti.

—Puedo verlo —comentó ella, mirando a los tres antes de que sus ojos se detuvieron en Astrid—.Así que, ¿tú estás bien con nuestro pequeño club de abrazos de dragón, eh? —Ruffnut le dio una mirada sospechosa—. Hiccup dice que estás dentro, pero no estoy totalmente convencida.

Astrid roló sus ojos hacia Ruffnut.

—Sí, por el amor de Odín. No veo que le des el mismo trato a Tuffnut.

—Él sabe que no debe contradecirme —Tuffnut se rió, ganándose una mirada feroz de su gemela callándolo y manteniéndolo quieto en un segundo—, generalmente.

Un momento de tenso silencio se instaló entre las chicas. Hiccup y Tuffnut trataron torpemente de ser lo más discretos posible, a fin de no llamar la ira de cualquiera fémina. Por su parte, Tuffnut estaba haciendo un trabajo admirable fusionándose de nuevo con la pared. Todo lo que Hiccup realmente podía hacer era quedarse quieto y contener la respiración y esperar que esto acabara antes de que necesitara aire. Pero cuando él estaba a punto de sucumbir a la necesidad de respirar, el concurso de miradas fue terminado por el sonido de alguien que se acercaba, ya que emitía un fuerte paso, con sonido metálico, paso, con sonido metálico. Allí estaba Gobber, con una mueca de impaciencia en su rostro. Su peso se desplazó sobre su clavija y él estaba golpeando su pie con irritación.

—Hay una prueba a hacer y ustedes, niños, están aquí teniendo un poco de tiempo social —gruñó. Miró a Ruffnut—. Es mejor que vayas allá, perezosa.

Por el rabillo del ojo, Hiccup la vio dar al herrero una inclinación de cabeza. Ella se adelantó con confianza (o al menos lo que parecía confianza para Hiccup), sólo se detuvo ante la puerta. Girando repentinamente sobre sus talones, marchó de vuelta hacia Hiccup. Él abrió la boca para preguntar si había algo malo, algo que necesitara. Eso fue lo más lejos que llegó. Su línea de pensamiento se vio frustrada cuando ella estiró su brazo, curvando su mano alrededor de la nuca de su cuello y tiró del cabello que estaba allí.

Todas las funciones cerebrales cesaron cuando se encontró a sí mismo en un tirón que lo llevó a un beso agresivo.

Sus labios se encontraron con los suyos con una fuerza brusca. Su boca, ya abierta, fue completamente vulnerable a su asalto. No hubo intentos por detener el saqueo. A decir verdad, él definitivamente no quería detenerla. Sus brazos, que habían subido en un intento de protección ya habían caído de nuevo a sus lados, sin fuerzas y sin resistencia. Justo cuando estaba a punto de reponerse y regresarle el beso, ella ya se alejaba. Lo dejó aturdido, confundido, y sintiéndose un poco engañado. Se pasó la lengua por los contornos de su boca para tratar de averiguar todas las sensaciones de vértigo que había dejado atrás en ella. La vio comenzar a retroceder, y miró a sus ojos, centelleando con malicia, con los suyos.

—Para la suerte —explicó cuando vio la mirada que le estaba dando, con una sonrisa amplia e impenitente.

Luego se dio la vuelta y se dirigió rápidamente en la dirección opuesta.

—¡Oi! —oyó gritar indignadamente a Tuffnut detrás de él—. ¡Besaste a mi hermana!

—¿Viste siquiera el mismo beso que yo? Porque parecía que su hermana acabara de violar a Hiccup —rezongó Astrid.

Y el violado Hiccup se sentía, sólo... ido en sus fantasías.

—Adolescentes —Gobber murmuró en voz baja—. Todos vayan a sus asientos para que puedan ver la pelea.

—Um... —Hiccup en realidad no quería irse, sin embargo. Si las cosas se pusieran feas, quería estar cerca.

—Estamos bien aquí, Gobber —Astrid terminó diciendo por él—. Éste es un lugar tan bueno como cualquier otro para ver.

Gobber les dio a todos una insufrible mirada larga antes de cojear su camino de vuelta. En el momento en que se había ido, los tres preadolescentes se pegaron contra la puerta de entrada de la arena. En el centro exacto, Ruffnut se paró en posición firme, dándole la espalda y frente al padre de Hiccup que estaba sentado en su trono de piedra, mirándola con un sombrío respeto. Por un lado estaba la anciana del pueblo, agarrando su gran cayado y mirando hacia abajo con expectación. En otro lado, reconoció Tuffnut Sr. que estaba teniendo un momento difícil tratando de parecer indiferente porque era expuesto por el brillo excitado en los ojos y la forma en que sus manos y cerraba. Hiccup podía imaginar que si el hombre tuviera menos control de sí mismo, probablemente estaría gritando y gritando como algunos de los otros aldeanos exuberantes que habían llegado para el espectáculo.

—¡Ruffnut! ¡Ruffnut! ¡Ruffnut! ¡Ruffnut!

Los aplausos se oían estruendosos y veloces en ese momento. Simplemente se intensificaron cuando se trasladó a la tarima de armas. Cuando ella tomó solamente un escudo, los aplausos fueron reemplazados de inmediato a susurros de que no comprendían. Levantando un brazo y agitándolo, dio luz verde al vikingo a cargo de la manivela, que estaba lista para el dragón. Por el par de minutos más duraderos, el vikingo no hizo lo que ella quería. ¿Estaba loca? Frente a un dragón con nada más que un escudo, era temerario con un poco de imprudencia suicida. Era el tipo de cosa que podría suceder en su primer día de entrenamiento del dragó. Lo que se ocultaba detrás de esa puerta esperaba ser liberado...

No iba a ser pequeño.

De ningún modo.

Mirando a Stoick, lo que obtuvo el vikingo fue un movimiento de cabeza. Así que empezó a accionar la palanca, sacudiendo la cabeza y con la esperanza de que la chica en la arena tuviera un plan. Quedaba menos de un minuto. Antes de que el pestillo de restricción fuese totalmente levantado, las puertas se abrieron con una ráfaga de fuego líquido y un destello de escamas.

El aliento se le congeló a Hiccup, y se detuvo su corazón.

De todas las razas de dragones que había encontrado, el monstruo que había visto la noche anterior, los Monstruos Nightmare habían sido siempre el dragón que lo aterrorizaba más. Fuera de las innumerables veces que casi había sido asesinado por un dragón, por lo general era un Monstruos Nightmare que lo buscaba mientras corría y gritaba como una niña pequeña. Con todos sus dientes afilados y garras, su desagradable indisposición, oh, ¿y su hábito de encender fuego en sí mismos? Había nada poco amigable o abrazable en un Monstruos Nightmare.

Se escabulló de su prisión, arrastrándose a través de las paredes, dando vueltas, mirando curiosamente, tanto como un depredador en busca de presas y como un animal acorralado en busca de escape. Escupiendo fuego viscoso y rugiendo de rabia, no encontró ningún punto débil en su jaula, se dejó caer de nuevo a la tierra quedando cara a cara con Ruffnut, que no se había movido ni una vez desde el punto donde había estado de pie. Ella se mantuvo firme como el Monstruos Nightmare fue hacia ella lentamente, amenazante.

Por un momento, Hiccup se olvidó Toothless, se olvidó de que no todos los dragones eran malos, y que la guerra no tenía sentido. Ésa era su mejor amiga, una amiga que podía admitir en la intimidad de su mente le importaba como algo más que amigos, sin armas en la arena con un Monstruos Nightmare a punto de atacarla. Si esto se tornaba malo, y había una alta probabilidad de que así sería, ese dragón podría aplastarla antes de que alguien siquiera movió un dedo para ayudarla. Quería llamarla y decirle que volviera, que renunciara y que había sido estúpido por pedirle siquiera que lo hiciera. Con una sensación de desmoronamiento, sabía que aunque lo intentara, no lo haría. Ella estaba demasiado lejos en este momento.

Cuando el dragón se detuvo solamente a un brazo de distancia de la chica, toda la multitud se quedó en silencio a la espera de lo que sucedería a continuación. Todos ellos pudieron sentir como si estuvieran dejando descubierto al testigo de algo grande, algo que cambiaría la vida. En trance, al igual que Hiccup, Tuffnut y Astrid, vieron con asombro como Ruffnut extendió la mano y la puso en la boca del dragón. La gran bestia exhaló con vacilación, recelo, a la mano de ella. Algunas de las mujeres chillaron desde arriba cuando el hocico se movió por su brazo, y abrió sus fauces, creyendo que se estaba preparando para comérsela. Incluso Tuffnut y Astrid se pusieron tensos junto a Hiccup, sus manos mostrando sus nudillos apretados fuertemente a las barras en frente de ellos.

En lugar de tomar un bocado de ella, su larga lengua bífida se deslizó hacia fuera de la boca terriblemente abismal y pasó recorriendo todo el camino de su cuello, hasta el lado de su cara.

—¡Ew! —la chica escupió, retrocediendo un par de pasos.

El dragón parecía desconcertado por su asco, estableciéndose sobre sus patas traseras y cuidadosamente torciendo su boca.

Su comportamiento no desconcertó a Hiccup que estaba acostumbrado a las payasadas su propio extraño dragón.

—¿Qué haces perdiendo el tiempo así, muchacha? —llegó un grito enojado desde arriba enojado—. ¡Está distraído! ¡Mátalo!

Esto pareció enfurecer al dragón, ya que pasó de ser dócil a gruñir furiosamente en dirección donde el grito había venido.

—¡No! —Ruffnut gritó, yendo al lado del dragón. Ella colocó ambas manos sobre la pata delantera—. No quiso decir eso. No voy a matarte, voy a ayudarte —aclaró.

Como el dragón parecía estar escuchándola, dispuesto a retirarse, una lluvia de piedras cayó. Algunas golpearon al dragón, enfureciéndolo. Una piedra golpeó a Ruffnut en la parte posterior de la cabeza, lo que la hizo caer delante sobre el Monstruos Nightmare. Hiccup y Tuffnut gritaron al unísono cuando la vieron desplomarse. Hiccup apenas registró a Astrid agarrando un hacha de la pared y acuñándola en los límites de la puerta en un intento de abrirla y salvarla. De vuelta en la arena, el Monstruos Nightmare dio un rugido monstruoso a la vista de la derriba a sus patas agarrándose la cabeza. Se movió hacia adelante hasta quedar sobre ella, casi de manera protectora, y comenzó a vomitar fuego hacia los demás vikingos a la vista.

Eso obligó a los tres adolescentes que habían estado tratando de entrar a tener que abandonar su esfuerzo de rescate cuando la puerta estaba bañada en llamas.

—No —dijo Hiccup—. ¡No, no, no, no, no!

Ya no podía ver el interior de la arena. Ver si Ruffnut estaba herida, viva, en peligro. Se dio la vuelta y corrió hacia la otra salida, con la esperanza de que tal vez llegaría si daba la vuelta hasta los niveles más altos. Si tuviera que hacerlo, había que saltar desde el nivel de la audiencia para llegar a ella. Tuffnut y Astrid estaban a su espalda, siguiendo a su paso. Cuando llegaron a la multitud y se abrieron paso al frente de ellos, miró hacia abajo con alivio inicial para ver que el dragón había sido restringido, con al menos un vikingo en cada apéndice. Sus ojos seguían barriendo la escena.

¿Dónde estaba Ruffnut?

Y entonces vio a su amiga rubia.

El alivio comenzó a escapársele de las manos mientras miraba más intensamente lo que estaba en frente.

Ruffnut estaba siendo sujetada por su padre, que tenía sus dos brazos atrapados en una llave en su espalda. Ella estaba maldiciendo a los vikingos que mantenían aprisionado al dragón.

—¡Suéltame! —gritó con voz aguda, pateando violentamente.

El corazón de Hiccup se desplomó cuando vio a su propio padre caminar hacia ella, su postura intimidante de toda figura de autoridad. Miró hacia abajo a la chica con una expresión de disgusto.

—Bruja —afirmó con veneno.

—¡No soy bruja! —Ruffnut siseó.

—Entonces, ¿cómo explicas que este demonio estaba haciendo lo que querías?

—¡Ellos no son demonios!

Su expresión se volvió más tormentosa. Miró a Tuffnut Sr., y se permitió cierto rencor y pérdida de simpatía en sus ojos. El hombre se encontró su mirada pétrea.

—Llévala a la sala de reuniones —ordenó Stoick—. Enciérrenla. Voy a estar ahí para encargarme de ella.

Recibió un asentimiento de cabeza.

—E inmovilícenla —añadió—. De otro modo podría tratar de hechizarte.

Ruffnut chilló indignada como su propio padre obedientemente hizo lo que su jefe ordenó. Pronto fue silenciada por la correa de cuero atada alrededor de la parte inferior de su cara. Hiccup observó impotente cómo se la llevaban por un minuto antes de empujar su camino de regreso de la multitud.

—¿A dónde vas? —Astrid pidió, siguiéndolo.

El muchacho empujó las puertas de la sala de reunión abriéndolas lo más fuerte que podía. Le habría llevado una eternidad, pero gracias a Astrid, los guardias de la puerta finalmente se distrajeron. Eso le dio a él y a Tuffnut ir a la ventana para entrar en la sala de reuniones. En el interior, Ruffnut estaba sentada en una silla, mirando desafiante a su padre y Tuffnut Sr.

—¡Papá! —exclamó—. ¡Detente, ella no es una bruja!

Ruffnut se sentó un poco más erguida cuando lo vio.

—Hijo, todo está bien —su padre le dijo con calma—: Estás bajo su hechizo.

—¡Papá! No me estás escuchando, ¡Ruffnut no es una bruja!

—Lo vimos con nuestros propios ojos —Tuffnut Sr. dijo oscuramente—, cómo es que el dragón obedeció a su voluntad. Son las artes oscuras de seidr.

—Vamos —Tuffnut interrumpió—. ¡No puedes creer en serio que Ruffnut hace ese tipo de cosas!

—¡ Te callarás, muchacho! —el rubio tronó y todos los adolescentes presentes se encogieron ante el sonido.

—Lo que hizo en la arena frente a todo el pueblo es una prueba —dijo Stoick—. Fraternizar con el enemigo, es traición.

—¡Ellos no son el enemigo! —gritó Hiccup casi con frustración—. Papá, los dragones, ¡nos atacan porque tienen que hacerlo! Si no llevan suficiente comida de vuelta, van a ser devorados —sus cejas se levantaron—. Hay algo más en su isla. Es un dragón como...

—¿Su isla? —su padre lo interrumpió—. ¿Así que has estado en el nido?

Los ojos de Hiccup se abrieron—. ¿He dicho nido?

—¿Cómo lo encontraste? —el pelirrojo vikingo exigió, ya sin paciencia.

—¿Qué? No, no lo hice —Hiccup negó—. Sólo los dragones pueden encontrar la isla. Pero Ruffnut-…

Pero su padre no estaba escuchando nunca más, pasando junto a él y tirando de Ruffnut por el codo.

—¿Qué estás haciendo con mi hermana? —Tuffnut gritó, a punto de dar un paso adelante y defenderla.

Estoico volvió a mirar a Hiccup.

—¿Dijiste que sólo dragones pueden encontrar la isla? —Hiccup miró a los ojos de su padre y vio un destello allí que le recordaba demasiado de cuando él tenía un buen plan para la construcción de una nueva arma—. Entonces, vamos llevarnos a un dragón y vamos a traer a su bruja —la tiró a su lado de nuevo para dar énfasis—, para asegurarnos que cooperara.

—No puedes estar hablando en serio...

—Ésta es la mejor oportunidad que tenemos para atacar —dijo Stoick, poniendo una mano sobre el hombro de Hiccup—. Gracias hijo, sé que tu mente ha estado bajo su encanto, pero has hecho tu parte.

—¡No se puede hacer esto! —el chico explotó—. Tú no sabes a lo que te enfrentas. Esto no es nada que hayas visto antes.

El apretón en su hombro probablemente estaba destinado a ser un gesto reconfortante, pero no era nada de eso, su padre empezó a alejarse, Tuffnut Sr. fue con él. Miró a Ruffnut sin poder hacer nada. Sus ojos reflejaban lo que sentía.

—Papá, por favor. Te lo juro, ¡no puedes ganar esto! —Hiccup le gritó a la espalda de su padre—. ¡Terminarás muerto y arrastraras a todo el mundo contigo! Por favor, sólo, sólo no te lleves a Ruffnut. No le hagas daño —fue ignorado. Con rabia, corrió hacia adelante y trató de agarra a Ruffnut. Como si no fuese más que una miserable mosca, su padre le dio un manotazo. Se tropezó con Tuffnut—. Por una vez en su vida, ¿podrías escucharme?

Stoick se detuvo en la puerta y volvió a mirar a su hijo.

—La chica no se verá perjudicada —prometió a regañadientes—, pero después de que hayamos cumplido con la misión, será echada fuera y nunca se le permitirá regresar —se apartó de él de nuevo—. Es por tu propio bien. Ella no es la ideal para ti.

Y a continuación, ambos adultos desaparecieron con Ruffnut. Tanto él como Tuffnut podía los ecos lejanos de órdenes para preparar los barcos para la partida. Por primera vez en toda su vida, Hiccup sintió odio hacia su padre. Nunca lo había tomado en serio, nunca lo entendió, y nunca lo escuchó. Pero él siempre había sabido que a su padre le importaba y eso es lo que le ayudaba a superar la insuficiencia y falta que le hacía sentir. Esta vez, sin embargo, cuando realmente necesitó que su padre lo escuchara, no lo hizo.

Esta vez, no podía perdonar a su padre. No cuando la vida de Ruffnut estaba en peligro.

—¿Qué vamos a hacer? —Tuffnut exigió—. Si lo que dice es correcto, ¡Ruffnut va a morir! ¡Tenemos que salvarla!

—Y lo haremos —dijo Hiccup resueltamente, mientras se dirigía a las puertas—. Ve por Astrid y los otros y llévalos a la academia de entrenamiento.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Tengo un plan y vamos a necesitarlos.

—¿Qué pasa contigo? —Tuffnut preguntó inquisitivamente.

—Voy a ir por Toothless.


Capítulo Siete: La Prueba - Fin


N/A: Oh, hombre. Esto es muy tarde. Súper tarde. Sinceramente, no tengo excusa más allá de no saber muy bien cómo escribirlo. Tenía un plan, y luego lo deseché. Dos terceras partes de este capítulo fueron planeados en los dos últimos días y escritas hoy. Como sea. Pero siento que lo hice de la manera que quería. He estado tratando de hacer un esfuerzo para hacer esto diferente que un simple recuento de la película con un tiro en Ruffnut. Alguien me escribió un comentario sobre cómo su presencia más fuerte en esta historia debe crear diferencias en la trama original. Y estoy totalmente de acuerdo. Ruffnut siendo el campeón había sido escrito por un capricho. Ruffnut siendo tomada en lugar de Toothless es por lo mismo. En cierto modo, todavía se habían llevado a su mejor amigo. Sólo que no su dragón. Y…

Yo realmente disfruté escribiendo diferentes respuestas. Astrid, Tuffnut, Stoick y Tuffnut Sr. ¡Hay algo maravilloso sobre el desarrollo de los caracteres secundarios!

Ah, y por supuesto, un poco más en la cosa romance, más evidente y no sólo un tal vez... Así que espero que con todo eso, chicos, disfrutaran de este capítulo.

*Seidr: Desde mi entender, seidr es un tipo de magia nórdica. Por lo general, las mujeres lo practicaban, pero algunos hombres lo hicieron (incluso Odín, a pesar de que fue denunciado como "poco hombre", por Loki). Las cosas que se podían hacer con la práctica eran adivinación, el viaje del alma, al cambiar de forma, la nigromancia, y las maldiciones. A los efectos de esta historia, los Vikingos de Berk son conscientes, pero un poco desconfiados de seidr. Su disgusto por ello se ajusta a su credo de ser resistente a los cambios y la comprensión de las cosas nuevas. Además de ser viril. Imagino que la magia parecería cobarde para ellos.


N/T: Amé este capítulo. Mis motivos son: Uno, que se me hace lógico que Hiccup ponga en primer lugar el bienestar de sus amigos cercanos al del pueblo (vamos, gente, admitan que Hiccup no nació para ser jefe por mucho que DreamWorks y la mayoría del fandom lo crea. El Hiccup de las películas y la serie es muy diferente al de los libros, en verdad), así que haya propuesto irse con Toothless y Ruffnut es muy IC para mí; Dos, me encantó la relación entre Astrid y Ruffnut, porque, por Thor, no veo a las dos chicas llevándose bien a la primera, y eso denota que la autora sí hizo su tarea al momento de estudiar las personalidades de cada uno; Tres, que la prueba haya sido tomada por Ruffnut, fue genial. A mí me hubiera gustado que en la película real, Astrid hubiera sido nombrada campeona porque por su reputación de buena guerrera, habría tenido más oportunidad de hacer entender a los demás (digo, si se hubiera dado, pero debido a la propia trama de la película, creo que no se hubiera podido), que Ruffnut enfrentara a la Pesadilla Monstruosa me rete encantó por las obvias implicaciones que tiene; Cuatro, odié al Sr. Tuffnut y a Stoick, pero vamos, las reglas están para cumplirse en el mundo vikingo y Ruffntu mostró ser una "bruja" de temer, así que creo que fue la reacción esperada. Cinco: la determinación de Hiccup... por las barbas de Bálder, ¿habían visto semejante reacción más bonita? A mí no me cuadro en la película que se quedara con brazos cruzados al ver que se llevaban a Toothless, no señores, Hiccup ha demostrado en incontables ocasiones a los límites que podría llegar para mantener a los que ama a salvo, así que tache a eso.

Muy buen capítulo, he de decir.


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