N/T: Por las barbas de Bálder, ya casi alcanzamos el final :D
Capítulo Diez: Mirando hacia el mañana
Fuego en todas partes. A veces Ruffnut se hartaba de ver fuego por doquier. Y esta vez, iba a ponerse feo. Peor que nunca.
«No importa».
Ella aguantó el dolor. No podía depender que el Monstruos Nightmare la protegiera del fuego en esta ocasión. Una cosa era estar cómoda sentada en el interior de su boca mientras afuera se vivía el infierno. Esta vez, no podía esconderse allí. No cuando había que pilotar el maldito dragón. Ruffnut tenía un niño idiota y un lagarto idiota que salvar.
De verdad, tan listos como los dos se enorgullecían de ser, les gustaba realizar hazañas estúpidas más imprudentes de que las ella hizo. Eso la hizo resoplar. Y Hiccup le decía que era la imprudente de ellos.
Volviendo a la tarea en cuestión.
Su objetivo: salvar a Hiccup y a Toothless. No morir mientras lo hacía, de preferencia.
Sería muy ingrato que consiguiera que la mataran cuando Hiccup había luchado tan duro para rescatarla, después de todo. Aun así, no iba a ser fácil, ya que sus crecientes quemaduras se lo demostraban. Había sabido que esos dos estaban en problemas en el momento en que descendían de entre las nubes con la Reina persiguiéndolos. Humo se desprendía de la cola de Toothless, es decir, la aleta debía haberse incendiado. Una vez que la aleta se hubiese desprendido, caerían del cielo. Hiccup podría tener pérdida de memoria a corto plazo en relación con la primera vez que intentaron volar, pero Ruffnut seguramente no. Si Toothless caía esta vez, no habría ningún lago para recibirlos de forma segura. O bien caerían a su muerte o los arrancarían del cielo por las mordazas de la Reina.
Ninguna opción era aceptable. Ruffnut Thorston no permitiría que éste fuera el final de sus mejores amigos. Incluso si moría, iba sacarlos de ésta.
Una vez más, no como si morir fuera parte del plan A o nada. Sólo necesitaba asegurarse de que el plan A funcionara así no necesitarían recurrir a cualquier otra cosa.
Dio un último suspiro, haciendo una mueca al irritársele la garganta un poco, y envió al Monstruos Nightmare a una inmersión aún más profunda. Ahora estaban persiguiendo a la Reina y a Toothless cuando caían en picada hacia el suelo. El Monstruos Nightmare estaba haciendo todo lo posible para mantenerse alejado de las llamas y el humo, pero no había mucho que pudiera hacer para proteger a Ruffnut. Entrecerrando los ojos para poder ver más claramente a través del humo, Ruffnut siguió las maniobras de Hiccup y Toothless. No muy lejos de la tierra, Toothless echó sus alas como un paracaídas, haciendo que los dos detuvieran la caída abrupta. Viendo que parecía que iban a superarlo por sí mismos, Ruffnut se dispuso a retirarse.
Sin embargo, la aleta les falló en el mismo momento en que trataban de retirarse. Inmediatamente, Ruffnut estuvo empujando al Monstruos Nightmare a ir más rápido. No lo suficientemente rápido, sin embargo. Hiccup era el mejor piloteando ya que tenía más experiencia, pero su experiencia no ayudaría ni un poco en una situación peligrosa con una desventaja. Sus opciones y la maniobrabilidad se redujeron severamente en el instante en que se perdió la aleta. Ellos trataron desesperadamente de evitar la enorme masa del dragón desplomándose sobre ellos, pero fueron sorprendidos por su cola. Ruffnut gritó mientras los observaba recibir un golpe. Hiccup se desprendió de Toothless, y ambos, dragón y jinete, comenzaron a caer en el infierno viniendo hacia ellos desde el suelo.
—¡Hiccup! —gritó mientras no perdía de vista a Toothless tratando de agarrar al chico, percatándose con creciente pánico, que estaba inconsciente.
Ella y el Monstruos Nightmare estaban tan cerca ahora. Un par de pulsaciones más con las alas y llegarían con Toothless que parecía casi tener Hiccup.
—Vamos, vamos, ya casi estamos allí —instó yendo hacia delante—. Vamos a salvarlos. Tenemos que hacerlo.
Un latido.
Otro aleteo.
—¡Toothless! —gritó al dragón.
Sus ojos se abrieron de golpe y levantó la vista hacia ella, acunando a Hiccup en sus patas delanteras. Él la miró y luego a Hiccup.
—Sí, vamos a sacarlo de aquí, Toothless —le gritó por encima de los ruidos del viento y el fuego.
Tomó consciencia de la situación. Estaban peligrosamente a punto golpear el suelo a toda velocidad. No había manera de que Toothless pudiera salir con seguridad de ésta por su cuenta, sobre todo al estar tratando de aferrarse a Hiccup. Ruffnut miró hacia el dragón en el que viajaba. El Monstruos Nightmare era grande y fuerte. Si lo intentaba, podría llevarse a Toothless fuera de esto.
—Oye —lo llamó, tocando en su cuello para llamar su atención. Sus pupilas oscuras giraron en sus grandes ojos amarillos para fijaras en ella, —Oye, ¿crees poder llevarlo —señaló a Toothless— con nosotros?
El Monstruos Nightmare miró a Toothless y luego se empinó hacia él, sabiendo lo que Ruffnut quería. Cruzaron la distancia en un segundo y el dragón se detuvo un poco, por lo que la parte inferior de su cuerpo estuvo al nivel del Night Fury. Hubo una sacudida y luego un grito agudo de algo que viene de abajo, provocando una mueca de Ruffnut. Había previsto que intentar asir a Toothless y a Hiccup no sería tan fácil. Si alguna vez existió un dragón no destinado a llevar cosas con cuidado, era el Monstruos Nightmare. A juzgar por el grito, que sonó claramente dragón, Toothless estaba experimentándolo de primera mano con esas filosas garras.
—¡Lo siento, amigo! —le dijo de una manera que esperaba que fuera reconfortante—. ¡Tienes que soportarlo por ahora! ¡Vamos a sacarlos a ti y a Hiccup de aquí lo más rápido posible!
Apenas escuchó la gemida respuesta y se armó de valor, sabiendo que no había nada más que pudiera hacer por Toothless a excepción de que su propio dragón dejara de hacer su trabajo.
Su Monstruos Nightmare estaba trabajando el doble para sacarlos del humo y las llamas. Aunque Toothless era un dragón bastante pequeño, no era tan pequeño, siendo algo voluminoso a pesar de su tamaño. Eso y que llevaban a otro ser humano. También acababan de estar en una larga y prolongada batalla. Ruffnut se sorprendió de que el Monstruos Nightmare no estuviera cayendo ya de agotamiento. A pesar de su preocupación y con todo en contra, el Monstruos Nightmare los sacó de allí. Realmente le hizo preguntarse si toda la vulnerabilidad y el miedo que había mostrado en el viaje en barco a la isla habían sido sólo su imaginación. Montaba una criatura con determinación que se levantaría del peligro a través de pura voluntad indomable.
Ruffnut ni siquiera se había dado cuenta que habían escapado del fuego hasta que sintió los vientos fríos y húmedos procedentes del océano golpeando su cara y su cabello. Podía haber llorado de lo bien que se sentía contra su quemada piel. Un momento de liviandad se instaló en ella cuando el Monstruos Nightmare ralentizó su movimiento y comenzó a deslizarse en una perezosa curva hacia el suelo. Dejándose caer sobre el Monstruos Nightmare, permitió que controlara la conducción.
Echando un vistazo, vio figuras de tamaño de hormigas comenzaron a materializarse en la orilla de la playa. A la cabeza del grupo estaba Stoick definitivamente, su gran forma y brillante barba roja lo apartaban notoriamente del resto. Y entonces vio a Astrid y Tuffnut. Y a Phlegma y Gobber. Hel, incluso vio a Fishlegs y Snotlout y estaba realmente contenta por este hecho, ¿Podría haber algo mejor? Todo el mundo parecía haber logrado salir bien.
Volando bajo, el Monstruos Nightmare se detuvo un poco sobre la costa rocosa antes de soltar suavemente a Toothless de sus garras. Agitó sus enormes alas un par de veces más para tomar distancia y luego aterrizó a unos cuantos pies. Ruffnut dio un masaje agradecido lo largo de su cuello y espinas antes de bajarse de su lomo y yendo en dirección a Toothless. Stoick ya estaba allí, sosteniendo a Hiccup en su pecho y tratando de sacudirlo para despertarlo. Habría querido ir a unirse a él si no fuera por los cuerpos que se amontonaron en torno a ella. No fue de extrañar que la mitad de su rostro fuera cubierto por el pelo rubio de Tuffnut mientras él lloraba como un niño perdido sobre su hombro. Ella siempre supo que era un poco infantil, pero era su hermano así que no se burló de él por estar contento de que estuviera viva.
Fue sorprendente, no obstante, tener a las mujeres Hofferson, tanto adulta como joven, allí también, regocijándose verla a salvo.
En realidad, no habría de negarse de ser amable con Astrid ahora, ¿no es así? No ahora que se supone eran una especie de amigas y camaradas de armas.
Sus parpados cansados se cerraron por un momento, sumergiéndose en la sensación de estar en brazos de personas que le importaban, abrazándola. El olor de Tuffnut no pareció tan ofensivo en ese momento, sino familiar. El agarre de Astrid era tranquilizador y genuino, todavía extraño, pero ya no aversivo. Y los brazos de Phlegma los rodeaban a todos, lo que punzó el corazón de Ruffnut de manera agradable cuando recordó que la última vez que una mujer abrazó a ella y a su hermano a su pecho había sido hace mucho tiempo.
La realidad regresó con el ardor de sus quemaduras y el recordatorio de que ella estaba olvidando algo muy importante.
—Hiccup... —dijo con voz áspera, su garganta muy irritada por la inhalación de humo caliente y llamas durante la batalla.
Los brazos de Phlegma los soltaron un momento soltándola, pero ella tropezó. Tuffnut y Astrid pasaron cada uno de sus brazos sobre sus hombros y la llevaron con Hiccup y Stoick. Hiccup parecía pequeño y frágil en los brazos del hombre grande. La enorme figura de Stoick se enroscó alrededor de su hijo, su cuerpo entero temblando por sus sollozos. Ruffnut sintió que la garganta se le cerraba ante lo que veía.
—¿Hiccup...?
No podía ser. Los dioses no podrían haber sido tan crueles considerando necesario que ella debía vivir mientras Hiccup tenía que morir aquí y ahora. No cuando su sueño de ver a vikingos y dragones unidos en paz estaba a punto de cumplirse. No cuando había luchado tan duro para sacarlo del fuego. Ella se abrió paso lejos de los brazos que la sostenían y prácticamente empujó al resto fuera de su camino hacia el lugar donde estaban Stoick y Hiccup.
—¿Él está…?
Stoick parpadeó, con los ojos húmedos mientras la miró sin comprenderla, antes de reírse.
—No agobies tu cabeza, muchacha —dijo después de terminar de reír y dándose cuenta de su mirada contrariada—. Está vivo. Mi hijo vive —sus ojos se suavizaron cuando la miraba—. Gracias a ti. A ti y a tus dragones.
—Oh, gracias a los dioses —resolló Ruffnut—. Me asusté, por los benditos dioses. Pensé que él…
—Yo también lo creí —suspiró—. Lo siento. Lo siento por...
—Está bien —alivio mezclado con agotamiento, confundiendo aún más sus sentidos. Usando las pocas energías y fuerzas que le quedaban, se adelantó y delicadamente sacudió un poco de pelo de la cara ensangrentada y lastimada de Hiccup—. Está bien porque está vivo.
—La mayor parte —intervino Gobber sobre el hombro de Stoick, sorprendiéndola—. No te ves muy bien tampoco, muchacha.
—Estoy cansada —murmuró hacia él. Miró a Stoick de nuevo—. ¿Acamparemos aquí toda la noche?
—Vamos a tener que hacerlo —respondió, un poco confundido por la pregunta—: Los barcos fueron destruidos. Podríamos esperar a que un equipo de rescate venga a recogernos…
—Lo que es poco probable que suceda, ya que la regla establecida es que si se pierde una flota, son considerados una causa perdida —interrumpió Gobber, limpiándose los dientes con la mano con el gancho, nadie había visto cuando lo intercambió por el martillo.
—O intentemos construir algunos barcos nuevos de lo que quede para poder navegar de vuelta a casa —continuó Stoick, mirando a Gobber mientras lo hacía.
—Es bueno que acampemos esta noche —dijo Ruffnut, meneando la cabeza vagamente—. Necesito una siesta. Y atención médica. Pero quiero dormir más —bostezó—. Pero una vez que despierte, tengo un mejor plan sobre cómo nos iremos todos de la isla.
Ella ignoró las preguntas Stoick y de Gobber, dejándose caer donde Toothless. Toothless, por su parte, fue muy cooperativo y no se tensó o molesto en absoluto por tomarse libertades con su espacio personal. Él sólo utilizó su pata delantera para acomodarse más plácidamente contra su estómago y procedió a enroscarse alrededor de ella. Si se hubiera quedado despierta un poco más, lo habría pillado mirando torvamente a cualquier persona que intentara alejarla de él. O notado poniéndole pomada para quemaduras en la piel bajo los ojos vigilantes del dragón. Y si hubiera estado menos cansada y más atenta, habría despertado cuando Stoick trajo a un vendado Hiccup, acostándolo a su lado y del dragón.
El día siguiente resultó estar muy ocupado desde el momento en que sus ojos se abrieron al instante en que se cerraron una vez más.
Si fuera el tipo de respingar con cada pequeña cosa, y cualquier cosas menos Hiccup, Ruffnut probablemente pegaría el grito al cielo al despertar y al verse acostada contra él. Afortunadamente, todo lo que hizo fue quedarse en mute e impresionada antes de alejarse un poco de él y Toothless. Cabe decir que el dragón se movió irritado por un minuto antes de acomodarse de nuevo. Cuando Hiccup no reaccionó por ser molestado, tomó la oportunidad avanzar hacia él y verificar las lesiones. Su estómago trató de vaciarse cuando llegó a sus pies y luego se dio cuenta de que era sólo un pie.
Incapaz de mirarlo durante mucho más tiempo, volvió su atención de nuevo a la cara de Hiccup. Un destello de culpabilidad brotó cuando pensó acerca de qué habría pasado al quedarse en el pueblo y no venir a salvarla, pudiendo evitar esto. No obstante, se apresuró a borrar esa línea de pensamiento. Ruffnut sabía que había tenido que venir. No sólo por ella, sino por su padre y el resto de los guerreros. Todos ellos habían necesitado de un héroe. Luchando contra las lágrimas, optó por centrarse en cosas más importantes. Estaban vivos. La puerta al futuro había sido abierta de par en par para ellos y ahora tenían que centrarse cruzar ese umbral y llevar a los demás con ellos.
Incapaz de contenerse, Ruffnut permitió que la cálida sensación tomara control de sus sentidos y se inclinó para darle un rápido beso como un rayo en la mejilla pecosa de Hiccup. Un momento después, sacudió la cabeza riéndose de cómo ella estaba actuando. Se puso de pie y con una última mirada fugaz a sus mejores amigos, se alejó. Ruffnut no sabía muy bien qué era lo que estaba haciendo o buscando hasta que vio una fogata y varias figuras familiares sentadas alrededor de ésta. Sus ojos, como de costumbre, se sintieron atraídos por Stoick en primer lugar, antes de recorrer el círculo. Phlegma estaba a su lado, y estaban atrapados en una fuerte discusión. Sentada en su otro costado estaba Astrid, que parecía contenta allí sentada con su madre. Luego estaba Spitelout, el padre de Snotlout, escuchando en silencio a Stoick y Phlegma hablar, sólo interviniendo de vez en cuando. Snotlout era el último allí, sentado al otro lado de su padre, con el codo en la rodilla, la barbilla en la mano y con los ojos cerrados.
Se le hizo una escena interesante. Casi podía imaginar a Hiccup al costado de Stoick si hubiera estado despierto, y así, completar el cuadro. Su padre siempre había querido ser parte del círculo interno más íntimo de Stoick, que sólo había extendido hacia el hombre y la mujer sentados con él, así como Gobber. Ser tan confiable era un honor en su pueblo, y había irritado a su padre que a pesar de que era uno de los mejores del pueblo, nunca fue incluido. Ruffnut y Tuffnut habían aprendido a desconectarse de sus diatribas sobre el tema hace mucho tiempo.
Ella parpadeó sorprendida cuando se dio cuenta de que la habían visto. Lo que la dejó bien y verdaderamente aturdida fue cuando ambos, Phlegma y Stoick, le hicieron señas. Aunque nerviosa, esbozó una sonrisa y se dirigió con toda la confianza que en realidad no tenía. Astrid sonrió dándole la bienvenida y ella sintió por primera vez en su vida que podía soportar el contacto físico prolongado con la chica (que no implicara violencia) para darle un abrazo agradecido. Luego, fue a reclamar el puesto restante. El único entre Snotlout y Stoick.
Estupendo.
Eso iba a ser cómodo.
Lo único que faltaba era que Snotlout quisiera flirtear con ella. Volvió a mirar a Astrid, quien le lanzó una mirada de simpatía, comprendiendo su problema al instante.
Seriamente. ¿Por qué le había desagradado esta chica?
—¿Qué necesitan, chicos? —preguntó Ruffnut.
—Dijiste que tenías un plan para irnos de la isla, muchacha —declaró Stoick, toda su atención se centró en ella—. Nos gustaría oírlo.
—¿Plan? —Ruffnut repitió, atormentando su cerebro para recordar cuando ella había dicho algo por el estilo. Vino a ella después de un par de segundos—. Oh, sí, un plan sobre la forma de salir de esta estúpida roca. Sí. Tengo uno.
Los adultos la miraban como si con el poder de sus miradas combinadas obtendrían que sus labios se aflojaran. Mentalmente, ella roló los ojos. Eran bastante intimidantes, pero esto era ciertamente muy divertido.
—Deja de ser ridícula, Thorston —dijo Astrid, seria—. Enfócate en ello.
—Sí, sí. Ahora, desde su punto de vista, mi plan, probablemente, va a parecerles una locura. Y sé que no soy exactamente la fuente más fiable, teniendo en cuenta mi estatus como exiliada y supuesta bruja —Stoick parecía como si quisiera interceder, pero ella lo interrumpió, sin querer escucharlo—. Se necesita al menos tener una mente abierta. Es la opción más rápida que tenemos, y sin ánimo de ofender, pero todos los otros planes tomarían una eternidad para sacarnos de esta isla. Tenemos personas que están heridas y necesitan ser llevadas con las sanadoras del pueblo lo más rápido posible.
Ella lanzó una mirada significativa a Stoick, que consiguió un gesto sombrío del hombre. Fue una jugada sucia, teniendo en cuenta que sabía que no había nada más para Stoick que el bienestar de Hiccup. Una pequeña manipulación en el largo camino.
—Bien, da igual. Mi plan. Es bastante simple a pesar de ser un poco loco —sonrió—. Montaremos dragones hacia nuestro hogar.
—¿Qué? —exclamó Spitelout.
Stoick y Phlegma fueron un poco más reservados. Snotlout respingó; de repente despierto con el grito fuerte que su padre había dado y mirándolo. Astrid se veía completamente sorprendida.
—Es bastante fácil —Ruffnut trató de explicar—. Una vez que puedan manejarlos, por supuesto. Yo lo he hecho. Astrid y Snotlout también lo hicieron.
La joven guerrera asintió cuando los adultos la miraron. Snotlout hizo lo mismo, aunque la atención le hizo encogerse.
—Tenías razón cuando dijiste que tu plan era una locura, muchacha —dijo Spitelout entre dientes, moviendo la cabeza—. ¿Cómo se supone que vamos a montar esas malditas cosas si lo primero que hacen cuando nos ven es tratar de prendernos fuego?
La chica Thorston frunció el ceño, mirándolo muy en serio.
—Antes de responderte, dime algo. Cuando ves a un dragón, ¿qué es lo primero que harías? —hizo una mueca—. Sacar un hacha, ¿verdad?
—Sí.
Su mueca se hizo más pronunciada.
—Entonces, ¿por qué esperas que reaccionen con menos violencia? Esto es exactamente de lo que Hiccup y yo hemos estado hablando —por el rabillo del ojo, vio a Stoick poniéndose un poco más cerca, pareciendo más atento de lo que ya estaba—. Tenemos miedo. Creemos que están afuera para matarnos, y pensamos que existimos para matarlos, y todos pensamos que la única manera correcta de resolver cualquier cosa es matar primero o que te maten en su lugar. Es como si eso fuera lo único que comprendiéramos. Pero no tiene que ser así. Hiccup y yo creemos que puede haber paz entre nuestro pueblo y los dragones. La reina está muerta y eso significa que los dragones en esta isla no tienen que atacarnos para darle de comer más. Ésta es nuestra oportunidad para poner fin a la guerra contra los dragones y hacerlos nuestros amigos en lugar de enemigos. Sólo tenemos que dar el primer paso para demostrarles a ellos que eso es lo que queremos —hizo una pausa y respiró—. Estoy cansada de luchar y perder personas que son importantes para mí. ¿No están cansados de luchar también?
Si alguien fuera del pueblo iba a preguntarle eso a un miembro de los Hairy Hooligans, la respuesta hubiera sido un rotundo "¡nunca!". Tenían una reputación de ser temibles guerreros poderosos, que no se cansaban de las batallas sólo cuando encontraran su fin en el campo de batalla. Sin embargo, eso era todo. Reputación. En realidad, a ninguno le gustaba ser despertado de su cama antes de que el sol hubiera salido incluso con el sonido de gritos y el olor de casas que se convierten en ceniza. No obstante, tenían que aguantarlo de todos modos. Lo único bueno que tenía su reputación era que se hacía desconfiar a los otros de atacarlos.
Para Ruffnut y Hiccup, sus reputaciones nunca habían sido lo suficientemente buenas. Nunca lo fue para las personas que perdieron cosas en la guerra con los dragones. Padres, madres, hermanos, amigos. Hubo un instante en que la frase "cayeron en la batalla, con una muerte digna" resbaló de los oídos de los seres queridos. ¿Cómo podía ser cualquier muerte digna? Ruffnut hubiera preferido no tener que pasar por la experiencia de ver el barco que sostuvo el cuerpo de su madre puesto en el mar. Era fácil perdonar a los dragones, así como admitir los errores de su propio pueblo en aras de la paz. Paz para los niños que nunca tendrían que crecer de la forma en que ella lo hizo. En el miedo y el dolor y la tristeza.
Su público había caído en un largo silencio contemplativo después de su discurso. Tenían mucho que pensar. Sif la ayudara, había tenido mucho que pensar acerca de sí misma. No podía evitar desear que Hiccup hubiera estado allí en vez de ella. Habría podido decir todo mejor. Tal vez los habrían convencido más fácilmente. Phlegma y Spitelout todavía se veían en conflicto, pero al menos parecían que estaban realmente pensando en lo que había dicho en lugar de descartarlo. Luego estaba Stoick. El jefe, el padre de su mejor amigo, el hombre a su lado, permanecía tranquilo, pero él la miró como si sus ojos pudieran decirle millones de cosas diferentes. La intensidad era irritante pero no inmanejable. No dispuesta a dar marcha atrás o parecer cobarde, se encontró con la cabeza en alto, casi desafiándolo a romper el contacto por primera vez.
Y para su eterna sorpresa, lo hizo.
Levantando la mirada una vez más, se encontró con algo nuevo allí. Determinación. No sólo en sus ojos, también en la inclinación de las cejas y el conjunto de su boca. Había decidido en aquel momento.
Ruffnut esperó a que se les contara exactamente que era esa decisión.
—Lo haremos.
Todo el aire en sus pulmones la dejó en un gran pitido de un suspiro. Tanto Astrid y Snotlout vitorearon por el veredicto.
—¿Estás seguro, Stoick? —preguntó Spitelout, con el rostro todavía tenso por la incertidumbre.
—Como se ha dicho muchas veces, el plan puede ser una locura, pero tanto a corto plazo como a largo plazo para el pueblo, es lo que hay que hacer. La muchacha tiene razón sobre llevar a los heridos a casa lo más pronto posible. Más que eso, ella tiene razón en nuestra guerra —Stoick apartó la mirada, en el fuego—. Si hay una manera en que podamos detener la lucha, entonces deberíamos hacerlo. Por el bien del pueblo y nuestros hijos, estoy dispuesto a olvidar el pasado para trabajar por un futuro mejor para todos nosotros —miró a su consejo de nuevo—. Lo siento si alguno de los dos no está de acuerdo conmigo. Voy a escuchar lo que tengan que decir, pero hay que entender que mi mente se ha hecho en esta materia y no es como si fuera a cambiar.
Phlegma sonrió mientras se ponía un brazo alrededor de los hombros de Astrid y tiró de ella cerca de su lado.
—No te preocupes por mí. Confío en ti y confío en mi hija para tomar la decisión correcta.
El jefe miró a Spitelout cuya expresión traicionada dudaba persistente.
—No estoy convencido por completo en este negocio de ser amigos de los dragones —anunció con voz ronca—, no me fío de ellos.
—Sé que es difícil de creer, papá —dijo Snotlout, llamando la atención de su padre para sí—: Tenía mucho miedo de montar un dragón cuando Hiccup dijo que teníamos que hacerlo. Pensamos que era suicida caminar hasta un dragón sin nada para protegerme a mí mismo y espero que me dejara montarlo. Pero ésa es la cosa. Una vez me presenté al dragón que yo no quería hacerle daño, fue asombroso. El dragón que monté pareció que yo le agradé una vez demostré que no lo lastimaría. Y cuando tuvimos que luchar contra ese enorme dragón, confié en él para mantenernos a mí y a Tuffnut a salvo —se detuvo, con el ceño fruncido y pareciendo muy difícil pensar antes de asentir a sí mismo—. Creo que me gustan los dragones más que cuando los odiaba. Son sólo... son bastante geniales.
Aunque Spitelout todavía parecía receloso del plan incluso después del balbuceo de Snotlout a favor de los dragones, se limitó a sacudir la cabeza y se giró de Snotlout a Stoick.
—Haz lo que quieras.
Eso fue probablemente lo mejor que iban a conseguir. Ruffnut sin duda lo aprovecharía. Stoick parecía molesto por el voto abstenido de Spitelout, pero también se dio cuenta de que en última instancia, significaba su decisión estaba sin oposición. Asintiendo con la cabeza, como para sí mismo, se volvió hacia Ruffnut.
—Ha sido decidido, entonces. Montaremos en los dragones.
Ella contuvo su reacción con una sonrisa cuando lo que realmente quería hacer era gritar y saltar de alegría. El primer paso. Eso era todo lo que necesitaba para hacer del sueño de Hiccup, una realidad.
Resultó que la parte más difícil no había sido obtener la aprobación de Stoick. En retrospectiva, había sido la parte más livianamente fácil y no entendía cómo ella nunca pensó que sería difícil. Con Stoick y Phlegma de su lado, Spitelout indiferente y Gobber ausente (aunque probablemente habría votado a su manera también), si se hubiera funcionado nunca habría estado en cuestión. La parte difícil era todo lo demás.
La mayoría de los guerreros eran de la opinión que Spitelout había tenido durante la reunión. Estaban preocupados sobre la seguridad de hacer las paces con los dragones. Sus preocupaciones eran racionales también, porque los dragones de la isla eran un poco más salvaje que los que ella y los demás estaban acostumbrados. Un dragón chamuscaría a cada alma valiente que se atreviera a tratar de acercársele. Sorprendentemente, los problemas se resolvieron cuando Toothless y los otros dragones de casa comenzaron a ayudar en el control de dragón. Los dragones salvajes respondieron mejor a ser cooperativos inducidos por los de su propia especie. Con que la mitad de la formación resuelta por los dragones, fue cuestión de que Ruffnut y el resto de los adolescentes dieran el entrenamiento real.
En lo personal, Ruffnut se preocupaba más por Hiccup y Toothless. Hiccup no despertó en absoluto durante los dos días pasados durante el entrenamiento. Se calmó recordándose que al menos el constante aumento y caída de su pecho significaba que aún estaba en la tierra de los vivos. Ayudaba un poco. Si bien la situación Hiccup era algo en lo que no podía hacer mucho al respecto, era Toothless quien exigía una solución más inmediata. A Toothless le faltaba su aleta y no podía volar sin ayuda. Mientras que su Monstruos Nightmare era capaz de cargarlo durante un tiempo, ella no pensó que su Monstruos Nightmare sería capaz de llevar al Night Fury todo el trayecto. Con esa idea tachada, Ruffnut no sabía qué hacer.
Por suerte, Gobber tenía más ideas que ella. Y también tenía una buena habilidad para la reparación. Hiccup había sido su aprendiz, después de todo. Había quitado los restos quemados y rotos de la silla de montar y la aleta de Toothless y se había enfocado en trabajar reparándolos aun si apenas pudo con sus limitados recursos. Los resultados habían arrojado algo parecido, pero en última instancia funcional y cumplido con los estándares necesarios para conseguir que Toothless ascendiera en el aire. Una vez que la aleta se colocó, Ruffnut se propuso a sí misma la tarea de aprender a volar con Toothless.
Ruffnut probablemente batalló mucho tanto para aprender a usar el pedal y la aleta como los guerreros lo hicieron para aprender a volar por primera vez.
Estaba bastante segura de que había creado al menos una docena de nuevas malas palabras durante todo el lamentable asunto.
Y escandalizado a Phlegma la única vez que había venido a darle algunas raciones de comida.
A pesar de los problemas y el estrés de la instrucción de vuelo, todo parecía ir bien. Ella, su hermano y sus amigos les enseñaron a los adultos cómo volar. Aprendiendo a volar, aprendieron a entender y trabajar con los dragones. No fue una cura instantánea para muchas generaciones de animosidad y enemistad, pero sin duda ayudó en su trabajo hacia la reciente tolerancia, sino confianza, de los dragones. Los dragones, por otra parte, aceptan más fácilmente. Sin la amenaza de la reina cerniéndose sobre sus cabezas, tomaron ser tratados como animales domésticos con poca queja.
Supuso que ser mimados con comida y afecto superó el ser maltratados y comidos por esa monstruosidad de dragón cualquier día en sus libros.
Pronto, llegó el día en que consideró a un número aceptable de guerreros suficientemente competentes para volar a casa. Todo había sido cuidadosamente planeado y organizado, sobre quien tomaría tal dragón y tales pasajeros. Ruffnut obviamente había elegido a Toothless, y con un poco de quejas por parte de Stoick, había llegado a tener Hiccup como su acompañante. Stoick, obviamente, había querido llevar a su hijo, pero ella y Toothless había sido inflexibles en sus demandas de tenerlo. Stoick había permitido a regañadientes con amenazas no-verbales de daño corporal si no se llevaban a Hiccup a casa sano y salvo. Como señal de buena fe, le asignó a Stoick su confiable Monstruos Nightmare, que resopló y acechó al hombre con desconfianza por un tiempo antes de darle su permiso.
Cuando llegó el momento, el despegue había sido surrealista.
Allí estaban todos, los humanos sobre las espaldas de los dragones, tomando el cielo. Si miraba hacia el frente, eran sólo ella, Hiccup y Toothless, mirando hacia el mar que tenían que cruzar. Cuando regresó a mirar atrás, toda la flota estaba detrás de ella, siguiéndola en cada movimiento. Era un poco deprimente, sabiendo que todos ellos, jinetes y dragones dragón por igual, veían a ella y a Toothless como su guía. Por alguna razón no se percatado hasta ahora que toda esta responsabilidad había estado descansando sobre sus hombros todo el tiempo. Las cosas todavía podrían salir mal y sería culpa de ella.
Era un poco tarde para preocuparse por eso. Ya estaban en el aire y fijado en el curso. Detenerse ahora no lograría nada si no hay una buena razón para los otros no fueran sus nervios. Para calmarlos un poco, buscó entre ella y el cuerpo de Hiccup. Antes de partir, había atado una cuerda que sujetó a Hiccup con ella y luego ella con Toothless. Incluso si las cosas se punían difíciles y uno de ellos caía, no podrían separarse. Había pensado en la forma en que casi había perdido a sus amigos una vez y todavía se estremecía ante eso. La sensación del cable entre ellos alivió su mente un poco.
Habían estado volando durante más de la mitad de un día desde que habían partido en la mañana cuando por fin oyó un gemido lo suficientemente alto como para que sobresaliera del sonido del viento que sopla.
Ella enganchó su barbilla sobre el hombro de su acompañante, poniendo su boca a la oreja.
—¿Hiccup?
—¿Ruff? —finalmente le oyó gemir de nuevo.
—Hola, perezoso —murmuró—. Durmiendo en el trabajo, mientras que todo el mundo tuvo que limpiar su desorden.
—¿He estado durmiendo? —él arrastró las palabras—: ¿Qué hay sobre la batalla? ¿Ganamos?
—Sí, ganamos —se rió entre dientes—. Te desmayaste justo al final.
—Lo siento... —murmuró, haciéndola reír de nuevo—. ¿Qué está pasando? ¿Por qué hay tanto viento?
—Vamos a casa, Hiccup —cabeceó afirmativamente—. Oye, no vuelvas a caer dormido en mí aún. Tengo algo que enseñarte. Probablemente lo más fabuloso que cualquier cosa que hayas visto nunca.
—¿Qué es?
Con cuidado, ella volvió la cabeza para poder mirar por encima de sus hombros detrás de ellos. Toda su familia, amigos y parientes estaban allí, cabalgando sobre los dragones. Sintió cómo Hiccup se quedaba boquiabierto.
—¿Cómo? —le preguntó, con inconfundible asombro.
—Te lo diré más adelante. Por ahora, simplemente disfruta de la vista.
Ella devolvió su propia atención al, manteniendo una oreja a cabo por cualquier cosa que Hiccup tuviera que decir. Se quedó en silencio por un largo tiempo. Justo cuando pensaba que él realmente se había vuelto a quedar dormido, habló:
—Éste tiene que ser el más bello atardecer que he visto nunca —susurró, un bostezo se deslizó en sus palabras tranquilas.
—Es bastante bonito, ¿verdad?
Él no respondió. Ruffnut no esperaba que lo hiciera. Ella sólo sonrió y lo abrazó un poco más cerca. Toothless sí lo hizo, aulló agradablemente aunque en realidad no podía verlo. Provocó que un suspiro divertido saliese más allá de sus labios y pasó una mano por las escamas de su cuello.
—Sí. Realmente lo es.
Capítulo Diez: Mirando hacia el mañana - Fin
N/A: Oh hombre. Quiero llorar. Éste es el último capítulo de Ángeles del Silencio. Todavía hay el epílogo, pero oh-mi-dios. Hay una razón por la que me he estado tomando tanto tiempo con este capítulo. Y RL es sólo la mitad de ello. Aquellos de han estado desde hace mucho tiempo y aquellos que son nuevos en la historia, incluso ahora, los amo a todos. Esta historia ha sido muy cercana y querida para mí que cualquier otra historia que haya escrito y será la primera historia con múltiples capítulos que he terminado. Gracias por estar ahí para mí y ser tan amables y alentadores mientras compartía esto con todos ustedes
Antes de publicar esto, un dato divertido que me desconcertó cuando escribía esto: El sol se pone en el oeste. Si pensamos en la ubicación de Berk en el mapa de la película, se encuentra al este a través del mar desde el nido del dragón. Así que cuando los guerreros y dragones están volando a casa, están volando hacia el este. Cuando Ruffnut gira la cabeza de Hiccup, lo hace para que él mire la puesta de sol en el oeste detrás de ellos.
N/T: Siempre me pregunté la manera en la que regresaron a Berk... ¡ahora lo sé! Fue hermoso, especialmente porque, por su valor, Ruffnut obtuvo un buen lugar en el consejo xD. Seguro su padre no está contento, o quizás sí. Eso no importa. Lo hermoso es el Ruffcup, que ya se ha vuelto una de mis OTP (que nunca le ganará al Toothcup). Esto ya acabó, pero sigue el epílogo que está tan bonito que lloré nada más al leerlo.
Capítulo siguiente:
Epílogo: Esperando Por Ti
