EPÍLOGO.

El aire, que había quedado cargado de estática luego de que el poder de Caos actuara como una fuerza aplastante y destructora, de pronto se volvió ligero, fresco, casi primaveral. La oscuridad retrocedió paulatinamente, a medida que el lugar en el que la grieta abierta entre el cielo y la Tierra un diminuto punto de luz blanca destellaba como una chispa antes de crecer, hasta que su brillo fue capaz de convertir la noche en el más brillante mediodía. Con la llegada inesperada y abrupta del nuevo día, las estructuras que conformaban el Santuario quedaron expuestas: sus edificios y monumentos, sus arenas de entrenamientos, el coliseo, el templo principal y los doce restantes, incluso las columnas que se mantenían en pie antes del terremoto. Todo estaba como nuevo, como si nada hubiese pasado. Los rastros del desastre no estaban por ningún lado, Star Hill otra vez se alzaba tenue y transparente contra la parte más lejana en el fondo, el oleaje del mar contra las costas y los cantos de las aves conformaron una eufonía agradable y distendida, como si ese día nada extraño, triste o malo hubiese ocurrido.

Aioros se levantó, todavía aturdido y tembloroso, sus hombros estaban tan tensos que dolían y sus huesos se sentían como gelatina. Mirando alrededor, notó que todos sus compañeros se encontraban bien. O al menos técnicamente bien. Aioria, Mu y Shura se quedaron en el suelo, cansados y agobiados por haber utilizado la Exclamación de Athena, técnica que habían ejecutado con la intensión de detener el descenso de Caos sobre Milo, y que había fallado no de manera deprimente, sino vergonzosa.

La imagen de Caos emergiendo de la tormenta, indemne y majestuosa, vistiendo esa armadura cuyos colores no estaba totalmente seguro de haber captado bien, con ese vestido dorado y sus alas hechas de luz, como si cada pluma fuera una pequeña chispa de fuego y electricidad. Ella había sostenido la Exclamación de Athena en su mano derecha y la había llevado llevado consigo como si se tratara de una simple linterna, incluso, utilizándola para atacar a Apolo.

— ¿Saori? Saori, despierta. ¡Despierta, Saori! —murmuraba Seiya, sacudiendo ligeramente uno de los hombros de la diosa. Athena no despertó luego que Caos les dirigiera a todos ellos una simple mirada y le preocupaba que pudiera haberle hecho algo que ellos no eran capaces de ver—. ¡Vamos, Saori! ¿Por qué no despiertas? ¡¿Por qué no despierta?! —demandó con desesperación, mirando a todos ellos.

—Es probable que solo esté inconsciente. No parece que esté herida, pero deberíamos asegurarnos —respondió el Patriarca, acercándose. Tras examinarla con detenimiento, se volteó hacia Saga—. Utiliza tu técnica para trasladarnos al templo principal.

Saga asintió a la vez que todos se acercaban a él. Mu ayudó a Shura a levantarse y a su vez, Shura ayudó a Aioria, quien estaba agarrándose un lado de la cabeza mientras silenciosas y pequeñas lágrimas descendían de sus ojos. Él no había querido realizar la técnica contra Milo pensando que destruiría lo poco que quedaba de ella, pero lo había hecho de todos modos pensando en el bienestar de Athena y el mundo. Aioros se ofreció a tomar su lugar, pero tan obstinado como era, su hermano menor prefirió enfrentarse a aquello que no deseaba hacer.

Aioros pensó que, en ciertos aspectos, las vidas de los santos eran algo injustas. No existía familia o amigos cuando se trataba de cumplir con el deber. Podría sonar duro y despiadado pero estaba seguro que en el futuro Athena recompensaría su sacrificio.

—Yo lo haré. Saga no está en condiciones —intervino Kanon. El mutismo de Saga no hablaba de qué tan indispuesto se encontraba pero el que su hermano menor se ofreciera por él sí dejó en claro la unión que se forjó entre ambos después de las guerras.

—Eso no es cierto.

— ¡¿Quién hará qué cosa?! —exclamó Aioria, abriendo mucho los ojos.

— ¡Otra Dimensión! —exclamó Kanon.

Y al momento siguiente todos estaban detrás del templo principal, cuyas puertas estaban abiertas. Aioros notó que no todo había vuelto a la normalidad después del descenso de Caos, pues sólo la cabeza de la estatua de Athena y una de las alas de Nike estaban en el suelo, una junto a la otra. Eso se le antojó de mal augurio y pensó que debían repararla cuanto antes, pero la prioridad por ese momento era Athena. Seiya se la llevó siguiendo el camino que llevaba a su recámara privada, rompiendo así todos los protocolos y poniendo de los nervios al Patriarca.

Todos se dirigieron al interior y atravesaron el largo pasillo que llevaba a la sala del trono, notando también que otro símbolo importante no había sido devuelto a su estado original: el trono en el que la diosa se sentaba estaba roto, partido al medio, y una de las mitades yacía en el suelo. Parecía haber sido cortado limpiamente con una filosa espada.

— ¿Qué se supone que haremos ahora? —preguntó Afrodita, recostándose contra una columna interna y cruzando sus brazos.

—Esperaremos a que nos digan qué ocurre con Athena —respondió Dohko, mirando hacia el pasillo medio oculto tras las gruesas cortinas rojas.

DeathMask lanzó una exclamación ahogada y tras poner cara de sorpresa se retiró del salón, saliendo casi como si corriera para alcanzar algo. Aioros quiso detenerlo recordándole que lo importante en ese momento era permanecer juntos, pero recordó también que antes de marcharse Caos había hablado, casi como que le ordenara. Y la manera en que lo hizo consiguió dejar mudo al santo de Cáncer.

Aioros no esperaba que le hiciera caso.

Dejó ir en paz a su compañero y se quedó donde estaba, esperando. Un cómodo pero tenso silencio se estableció entre los presentes y el día avanzó como si nada. Cuando el atardecer llegó, DeathMask no se apareció por ahí y el sol blanco que se había alzado como un rey en su ceremonia de coronación se ocultó en la línea del horizonte, y su luz le dio un extraño pero hermoso tono al mundo. Sin embargo, ni siquiera eso hizo que Aioros dejara de preocuparse por saber qué estaba sucediendo con Athena, y cuando la luna se alzó como si nada desde un extremo y las estrellas brillaron tan intensas y hermosas como siempre, decidió que la espera tenía que acabarse en algún momento, y se encaminó hacia el pasillo que llevaba a la recámara de Athena. Sin embargo, cuando cruzó las pesadas cortinas se detuvo por la reciente llegada de un cosmos desconocido. Volviendo sobre sus pasos, descubrió que se trataba del general marino Isaac, quien al marcharse con su dios, se ofreció a llevar al dios guerrero Frodi con él para trasportarlo de nuevo a Asgard desde el portal que estaba en la Atlántida. Camus se acercó a su antiguo alumno y tras un pequeño intercambio de palabras que no oyó, el general se acercó a Aioros.

—Quiero ver a la diosa Athena —exigió, su voz dura y su postura tensa no le sentaron bien a Aioros.

—Ella no se encuentra…

—No puedes reunirte con Athena, general marino —la voz del Patriarca sonó directamente detrás de Aioros, y él se ubicó en su lugar junto a sus compañeros, deseoso de saber qué le sucedía a la diosa.

— ¿Cómo se encuentra Athena?

—Yo puedo decirles cómo se encuentra —respondió el general, interrumpiendo de forma irrespetuosa—. Poseidón forjó una barrera para proteger el mundo marino del poder de Caos pero no funcionó. Todo se destruyó frente a nuestras narices sin que pudiéramos hacer nada y no sólo eso, sino que nuestro dios abandonó el cuerpo de Julián Solo. Ahora, tenemos allá abajo un mundo reconstruido a medias y un adolescente multimillonario con amnesia. Apuesto a que sucede lo mismo con Athena.

Las expresiones de espanto que los santos le dirigieron al general marino se centraron en el Patriarca, quien escuchó en silencio lo acontecido en el fondo del océano. Luego de un momento, él habló.

—Efectivamente. Después de algunas horas logré constatar que Athena no se encuentra aquí, en el Santuario —respondió, un suspiro escapó de sus labios y cuando alzó su barbilla, la poca luz hizo que sus ojeras se intensificaran.

— ¿Qué quiere decir exactamente con eso? —preguntó Shura, acercándose unos pasos.

—Quiere decir que el cosmos y alma de Athena han abandonado este lugar —contestó Shaka, adelantándose también—. Ahora, Saori Kido no es más que una joven común y corriente. ¿No es así, su Santidad?

—También ha perdido la memoria —dijo el Patriarca, asintiendo a las palabras del santo de Virgo—. No recuerda nada, ni siquiera sabe dónde está.

— ¿Eso quiere decir que fue sellada? —preguntó Aioros, sintiendo cómo un escalofrío escalaba por su espalda para instalarse en la base de su cuello.

—No. No fue sellada. —Nuevamente el general intervino y todas las miradas fueron de nuevo hacia él—. Poseidón no está sellado.

— ¿Entonces qué? —exigió Aioria.

—Creemos que Caos se los llevó —contestó, inmutable.

— ¿Eso es posible, Patriarca? —preguntó Dohko, dándole a su antiguo compañero y superior una mirada que expresaba miedo.

—Lo es —contestó el Patriarca, mirando al santo de Libra—. Caos desea castigar a los dioses, no a los humanos. Su lucha no es con nosotros así que es normal que quitara a los dioses de sus recipientes.

Aioros no dijo nada y el resto de ellos prefirió guardar silencio. Un clima cargado de ansiedad y nervios se instaló entre todos. Si Caos había secuestrado el alma de Athena, dejando atrás el frágil cuerpo de Saori Kido, no había nada que ellos pudieran hacer.

*.*.*.*.*

Caos se volteó hacia él en aquel momento y le habló directamente, no utilizando su voz pero sí su cosmos, y el mensaje fue claro. Tenía que ir al cuarto templo cuanto antes y DeathMask no perdió tiempo en hacer lo que le pidió, aunque no estaba seguro de por qué. Sin embargo, cuando llegó a su templo se encontró con la espantosa sensación de vacío al descubrir que la entrada al Inframundo estaba cerrada, y no podía acceder a las colinas de Yumotsu. Entonces, se dio a la larga y abrumadora tarea de abrir un nuevo camino hacia el otro mundo, proceso para el que usó gran parte de su cosmos. Le tomó horas, no estaba seguro de cuántas, pero cuando acabó y fue capaz de ir y venir sin dificultades entre un mundo y otro, la noche cubría ese lado del mundo, la luna volvía a darle a la tierra ese tono plateado y azulado que echaba de menos y las estrellas se marcaban contra el oscuro del cielo. DeathMask ya no tuvo ganas de volver al templo principal y prefirió informarse preguntándole a Afrodita qué estaba sucediendo. Un rato antes el general marino Isaac de Kraken había pasado por su templo pidiendo permiso y tan ocupado como estaba, DeathMask sólo lo había dejado ir sin cuestionarlo.

Sentado en las escaleras del frente, la respuesta de su amigo llegó con su cosmos, diciéndole que Athena había fue arrancada del cuerpo de la señorita Saori Kido. Suponían que Caos fue la responsable, pero no estaban seguros y por el momento nadie sabía qué hacer, así que esperarían.

Suspirando, pensó que no había un solo motivo para estar contentos por el descenso de Caos, o por la reconstrucción del Santuario que se había llevado a cabo en menos de cinco minutos. Casi una hora después, sus compañeros de los templos inferiores pasaron para dirigirse a los suyos y DeathMask pensó que quizás Caos, en su extrema bondad, también había restaurado la comida que estaba en su refrigerador. Se dispuso a entrar a la zona privada, pero se detuvo cerca de la puerta disimulada en la pared cuando la puerta al Inframundo palpitó como si estuviese siendo empujada desde el otro lado. Tenso, se acercó al punto exacto en que se cruzaba y sintió una vez más la palpitación proveniente de la línea en que se cruzaba. Algo extrañado por lo que estaba pasando, decidió no darle vueltas al asunto y extendió su brazo y lo metió de lleno en el portal, moviéndolo de un lado a otro, buscando a lo que pudiera estar causando esa presión, pero no encontró nada. Sin embargo, cuando iba a sacarlo, al último minuto, algo se aferró a su antebrazo y de la impresión, DeathMask retrajo su brazo hacia sí mismo, trayendo también lo que sea que lo había agarrado.

Era una persona.

Alguien se aferró a él desde el otro mundo y cayó de rodillas y se inclinó en el suelo, pero una mano blanca y femenina, pequeña y de apariencia frágil seguía aferrada a él. DeathMask solo vio el blanco del vestido esparcido por todas partes, y después, le prestó atención al cabello castaño oscuro que caía de forma modesta sobre los hombros, sin llegar más allá. Tragando con dificultad, tiró un poco de su brazo y el agarre se soltó. La chica cayó de lleno en el suelo, removiéndose como si se levantara después de un largo sueño.

—No es cierto —murmuró para sí, observándola.

— ¿Dónde… estoy? —susurró ella, sentándose y echando su cabello detrás de sus orejas. Los ojos verdes recorrieron todo el lugar antes de posarse en él—. ¡Es usted! —exclamó, sorprendida.

DeathMask sintió que se ahogaba, sintió que su corazón se salía de su cuerpo, sintió las lágrimas cayendo de sus ojos como cascadas furiosas.

—Helena —susurró.

Ella asintió y luego sonrió.


Nota final: La verdad es que decir algo más acá, después del último CHAN se siente mal e incorrecto, pero cero flojera de poner otra página. Así que comenzaré diciendo que no puedo creer que haya llegado al final. Sé que es la segunda parte y falta la última pero en muchos momentos, cuando me faltaban horas para publicar y sabía que no iba a poder entregar el documento a tiempo, pensaba: ya fue, no escribo más. Más de una vez me atacó la duda, no supe cómo seguir o cómo atar cabos sueltos. De alguna manera lo conseguí, y mis pobres amigos que no me escuchaban hablar de otra cosa que no fuera "mañana tengo que publicar" saben de lo que estoy hablando. Me sentí muy presionada y muchos de los capítulos que entregué me siguen sin gustar, todavía siento que son de baja calidad, que son relleno, que podría haber salido mejor. Pero ya, ya se terminó. Me siento tan libre de la presión que estuve sintiendo que ahora no sé qué hacer con mi tiempo xD pero sí hay algo que creo que todo debemos hacer con humildad y con alegría y eso es dar las gracias. Primero que todo, a Anaski, que se tomaba la molestia de corregir los capítulos, tirándome recomendaciones de cómo quedaría mejor hasta que le dije: viola al maldito documento. Gracias Ana, por tu esfuerzo no publiqué tanta fumada incanónica con errores de ortografía y fallas gramaticales. Agradezco también a Misao por sus tremendos duraznos de inspiración que me salvaron la vida en más de una oportunidad, agradezco los comentarios que se tomaron el tiempo de escribirme después de leer los capítulo, y agradezco que permanecieran hasta el último capítulo. Dios me dio lectores fieles para compensar mi esfuerzo y le estoy agradecida también a Él.

Aaaah que les suena muy a despedida ¿No? Pues no. Ni siquiera es una despedida temporal. He aquí el itinerario para los próximos meses (?


LOS AGENTES DE LA PAZ

(Milo del Caos 0.5)

Esto originalmente iba a ser un especial de cinco oneshot en celebración del día del amigo. pero no me dio el tiempo de escribirlos todos, así que, manteniendo la temática de 5 oneshot, publicaré los cinco a modo de precuela del fic original. Ya saben que entre el prólogo de Milo del Caos y el primer capítulo hay un lapso de tiempo de cuatro meses, así que sabrán lo que pasó con los dorados y bronceados durante ese tiempo antes que llegara Mika y comenzara el desmadre.

Su fecha de publicación será el: 25/08/16.


LA SENTENCIA DE CAOS.

(Milo del Caos 3)

La tercera y última parte del long fic que vienen siguiendo desde el año pasado, donde sabremos cómo acabará todo (bueno, ustedes lo sabrán. Yo ya lo sé) tendrá más o menos la misma cantidad que esta parte y contará con uno o dos especiales.

Fecha de Publicación: 19/09/16.

Hasta entonces, les pido que se cuiden y que disfruten de este último pedacito de lectura hasta dentro de algunos días. Sí, hace un rato publiqué en Facebook que no iba a escribir nada más por al menos dos semanas.

JAJAJAJAJA