Título: Crossed lovers (Amantes cruzados)
Resumen: John se ve obligado a acompañar a Harry a un bar gay para que ella no vuelva a excederse con el alcohol, esto no será tan malo como el piensa, no después de conocer a Sherlock Holmes.
Advertencias: Algunos personajes femeninos son cambiados a masculinos, para que lo tengan en cuenta. También como dice el título las parejas van a estar cruzadas, esta era mi idea principal así que no se si les guste o cambia un poco la esencia de la historia, me gustaría que comenten para aclararme esas dudas. Una escena sexual algo fuerte también.
Notas: Los personajes no son míos, espero que se entretengan leyendo. Perdón por actualizar tan tarde, es que espero que llegue la imaginación y a veces se demora xD
John Watson: Un misterio que los hermanos Holmes deben resolver
— Entonces, ¿Que mierda paso en esa fiesta?
— No pasó nada, Greg, quizás la próxima vez deberías venir, no es tan malo como creía. — con una sonrisa sutil en los labios anunció.
— Oh, alto, espera, ¿Quién eres y que hiciste con John Watson?
— ¿No pudiste usar una frase aún más conocida? — con una sonrisa divertida dijo el rubio cenizo.
—Mira que soy policía.
—Aún no.
—Estudio para eso, y si estas en el cuerpo de mi amigo, lo descubriré.
— Haz un favor y deja de hablar tonteras. — una sonora carcajada se escuchó del rubio, haciendo el que moreno empezará a sospechar aún más.
— Hoy estas de excesivo buen humor. ¿Sabes? Así que algo tiene que haber pasado en esa fiesta.
— No tiene importancia. — contestaba con una sonrisa de oreja a oreja, que Gregory, a pesar de estar detrás del teléfono pudo sentir.
— Escuchó tu sonrisa.
— Las sonrisas no se escuchan.
Siguieron conversando por un rato más, hasta que John decidió salir un rato, y fue.
No se dio cuenta de que esperaba encontrarse justo con Sherlock hasta que se sintió desilusionado cuando no fue así.
Las cosas en la fiesta en realidad no salieron ni bien ni mal.
Sus instintos le ordenaron dominar esa boca, lanzarse como un animal salvaje a su presa y devorar ahí mismo sus labios en forma de corazón, jugar con su lengua de una manera que Sherlock nunca olvidara que lo hiciera temblar y que sus piernas tiemblen al sentirlo. Su contacto habría sido rechazado. Por lo mismo aparecía hoy a su medido consumo del alcohol.
A pesar de estar desanimado por no encontrarse con el detective consultor, cuando se encontró con Mike Stamfrod sus ojos brillaron y se llenó de ilusión, estaba más cerca de Sherlock. Ya empezaba a preocuparse por su obsesión con el genio loco, lo imaginaba a cada rato y la mitad de la veces era en situaciones sexuales, alejó esos indecorosos pensamientos de su mente y se concentró en su amigo.
— Mike, ¿cómo estas, amigo?
— Muy bien, John, ¿qué tal?
— Conocí a Sherlock Holmes.
— ¡Oh! — exclamó. — ¿Y qué te pareció? — preguntó, acomodando los anteojos sobre su nariz.
— Es alguien maravilloso.
Mike se sorprendió bastante, más, ni corto ni perezoso sonrió con sincera alegría y exclamó.
— ¡Es genial que te haya caído bien! ¿Y quedaron para verse algún otro día?
— De hecho, no tengo ni su número de teléfono. — dijo, avergonzado.
— Bueno, si lo quieres...
— Por favor. — ya no le importaba sonar desesperado.
Mike escribió en un papel el número y la dirección de Sherlock, John estaba más que agradecido, abrazo fuerte a su rechoncho amigo, el bueno de Mike siempre lo salvaba, se guardó en el bolsillo el papel, hasta el fondo para que no se cayera y perdiera toda posibilidad de ver de nuevo a Sherlock Holmes.
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— ¿Este chico te tiene de verdad atrapado, no?
— ¿Qué? ¡No! Para nada, ¿de dónde sacas esas cosas, Greg? No soy gay.
Pero el brillo en sus ojos no mentía.
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John no sabía cómo es que su amigo podía leerlo tan bien, ni como supo que había sido un chico, pero lo supo. Watson salió de casa de Gregory e inmediatamente, y sin llamar, por los nervios, tomó coraje y le pidió al taxi que lo llevará hasta la casa de Sherlock Holmes.
Cuando llegó, una mujer mayor pero hermosa lo atendió, pálida, pómulos altos, y pelo negro, mirada dulce, pero no eran los mismos ojos que Sherlock, estos eran hermosos, pero sin dudas no eran igual de atrapantes, por suerte la señora sólo lo hizo pasar, y cuando escuchó que buscaba al detective consultor, ella le dijo donde estaba su habitación, él paso, atrayendo al pasar, miradas, una mirada azul de un pecoso pelirrojo con un poco de sobrepeso, esa mirada era tan intensa como la que Sherlock le había dado al deducir completamente su vida, o parte de ella por lo menos.
Tocó la puerta de su habitación, por poco olvidaba sus buenos modales y entraba empujando con arrebatadora fuerza la puerta.
Sin embargo, cuando entro, no podía creer lo que veía, estaba tan sorprendido que casi sentía que se le caía la mandíbula.
Sherlock, desnudo, completamente, debajo del mismo hombre que había visto en la fiesta, un hombre de pelo negro y ojos esmeralda, ese hombre tenía la camisa abierta y sólo tenía puestos la ropa interior, estaba metiendo unos dedos en la entrada de Sherlock, mientras el abría las piernas y gemía: "— Ah, Víctor, ah..."
No se hubiesen percatado de su presencia si él no hubiese soltado una exclamación de sorpresa, y cuando ambos se giraron a verlo, y especialmente cuando Sherlock clavo sus ojos sobre él, no pudo soportarlo, su piel perdió el color, y literalmente sonrió que su alma cayó a sus pies, prácticamente salió corriendo, fue tan rápido que no sintió la mirada del pelirrojo clavarse nuevamente en su espalda. Justamente, cuando salió de la casa, tropezó con un hombre, alto, levantó la mirada y observó a un hombre, muy parecido a Sherlock, un poco más grande que él, apostaría a que era un poco mayor al pelirrojo, veintisiete años quizás. Tenía anteojos, pero podía apreciar detrás de sus lentes unos lindos y enormes ojos, ojos grises, parecidos a los de Sherlock, más no iguales, su cabello era ondulado, brilloso y oscuro, sensual, John sintió un cosquilleo recorrer su columna vertebral, algo muy parecido a lo que sintió al ver al chico de la otra noche en la fiesta.
Recordó en ese instante a Sherlock, a Sherlock debajo de ese tal Víctor, siendo violado por dos dedos intrusos, odio esa imagen, odio esa imagen porque él quería ser quien estuviera sobre el cuerpo del pálido genio loco, o "detective consultor" como le gustaba decirse a el mismo Sherlock.
—Disculpe.
Sin abrir la boca más para más que decir eso John salió corriendo, sin detenerse por ningún motivo, hasta su casa. Aunque en realidad quería correr hasta desaparecer.
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— No me digas que corto el rollo.
Se quejó Víctor con Sherlock, mientras este se incorporaba en la cama y tomaba asiento, mientras se ponía la remera, estaba tranquilo, pero Víctor lo conocía bien, sabía que su cabeza estaba funcionando a mil por hora.
— ¿Quién era ese hombre?
— John Watson. — dijo sin mirarlo, clavando los ojos en exactamente un punto indefinido de la habitación.
Un gruñido gutural salió de Trevor, mientras que el detective consultor sólo se quedaba pensando en el.
Casi inmediatamente sus dos hermanos entraron juntos a su cuarto, Sherlock estaba tan pensativo que se olvidó de gritarles por haber interrumpido en su cuarto y sin su permiso.
—¿Quién era ese hombre?
Preguntaron, a la vez, y Víctor los miró, sintió un déjà vu y miro a Sherlock esperando a que conteste la pregunta.
— ¿Que les importa, par de metiches? — contestó casi con enojo el más joven de los Holmes.
Mycroft arqueó una ceja, curioso y lo miro, analizándolo, esta misma acción la realizó su hermano segundos antes. Ambos se retiraron, no sin antes compartir una mirada.
— ¿Viste lo mismo que yo, Sherrinford?
El asintió pensativo, mirando a su hermano menor hasta que afirmó:
— Es una persona importante, no cualquiera consigue que Sherlock deje de realizar sus... actividades y que después no sea capaz de retomarlas.
Después de ese comentario marchó, dejando a Mycroft de lo más confundido, temiendo un poco, quizás, por los sentimientos de su hermano.
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— ¿Porque tan triste?
— Tampoco pareces de buen humor.
— Bueno, estoy algo enojado, James Moriarty...
— ¿El chico que te acosa constantemente en tu universidad?
— El mismo.
— ¿Otra vez?
— Y esta vez fue peor, me siguió hasta mi casa.
— ¿Qué? — esto casi consigue que John se ría fuerte.
— No es divertido. El chico es un psicópata. Algo anda mal en el...
— Deberías darle una oportunidad, Greg, parece un cachorro que quiere que lo adoptes.
— No. De ninguna manera. Él está loco.
— Sí. Loco de amor por ti.
— Hablando de locos por amor, ¿qué tal tu romance con el chico misterioso?
— No hay ningún chico que me guste así, ya te lo había dicho.
— Y yo ya te había dicho que no te creo nada.
John gruñó.
— Tengo que colgar Greg. Y dale una oportunidad a James...
— Si lo conocieras no dirías lo mismo.
— Deja de enojarte, y déjate querer. — canturreo burlón John, y colgó antes de recibir una respuesta probablemente ofensiva por parte de su amigo.
Trataba de no pensar en esa escena que sus ojos presenciaron, ni en lo que en Sherlock podría estar haciendo en ese momento.
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— ¿Qué pasa, Mikey, porque tan preocupado? — dijo mientras le daba un masaje.
— Necesito un favor.
— El que quieras. — su sonrisa siempre traviesa y dispuesta a lo que sea es lo que Mycroft enloqueció.
— Quiero que averigües algo. Sobre John Watson.
Ian Adler lo miro con curiosidad. Ian, durante mucho tiempo estuvo más que enganchado con los Holmes, especialmente con Sherlock, pero al darse cuenta que Mycroft estaba casi babeando por el (algo que el pelirrojo nunca admitiría claro) decidió dejar por la paz el tema se Sherlock y empezó a salir con su hermano mayor.
— ¿John Watson?
— Apareció en casa, así sin más, y entró en la habitación de Sherlock. Lo encontró con Víctor en la cama y al final, Sherlock no pudo continuar teniendo relaciones, quedó muy pensativo.
— Así que este chico parece ser muy interesante.— dijo Ian humedeciendo sus labios. — Estaré encantado de buscar algo sobre él.
— Sherlock no tiene que enterarse, probablemente se queje de que haya metido mis narices.
Ian hizo un saludo militar y se acercó a Mycroft para plantarle un fogoso beso en los labios, y lo volcó en la cama para sentarse sobre él.
— Y ahora, a divertirnos.
Dijo mientras lo miraba a los ojos, ojos grises y preciosos que brillaban por el deseo y la lujuria, y empezaba a besar y morder su cuello, y Myc suelta un gemido.
— ¡No hagan cosas cochinas, que asco!
— ¡Yo soportó tus putos gemidos todos los días de mi vida, Sherlock, es sorprendente que no tenga un trauma! — grito Mycroft, con la cara encendida ardiendo de la vergüenza y el enojo.
Ian Adler se rió con fuerza de la situación, nunca se cansaría de los hermanos Holmes.
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Cuando Ian Adler llegó a la residencia de John Watson pensó primero en tocar la puerta, pero un llamado de «su bizcochito» lo impidió, ese apodo venía de tiempos antiguos, hace unos siete meses, cuando Mycroft tenía algo de sobrepeso, ahora tiene el que debería tener según su estatura.
Llamada entrante de «Mi Bizcochito»
Contestó y se movió un poco de la entrada de la casa, para contestar.
— ¿Ian? ¿Ya encontraste algo?
— ¿Por quién me tomas?
— No te hagas el ofendido.
— ¿Delante de la puerta de quien crees que estoy?
— Excelente, Ian, ¿puedes ver algo por la ventana?
— Espera.
Cuando Ian se giró para ver la puerta, palideció, el mismísimo Sherrinford Holmes estaba en la entrada, tocando la puerta de la residencia de los Watson, tal parecía que John Watson era un misterio para los dos hermanos de Sherlock, y ninguno se quedaría de brazos cruzados ante esto.
— Parece que alguien nos ganó, Myc.
— ¿De qué hablas?
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El timbre sonó, y la primera en contestar fue Harriet Watson, quien lo miro primero con una extensa sonrisa en el rostro y después, al verlo bien susurró: «Así que no eres Clara» y repentinamente su rostro cambio a uno de completo aburrimiento.
Sherrinford se puso todavía más recto de lo que estaba.
— ¿Se encuentra John Watson en esta casa?
— ¡John! ¡Johnny-boy, te viene a buscar un tipo! ¿y sabes? ¡Es muy guapo!
— ¡Voy!
Contestó con la voz fuerte, ronca, y pensó de forma automática e inmediatamente en Sherlock, negó con la cabeza, era imposible que fuera él.
Cuando bajo, Dios, su sorpresa era grande y su respiración se cortó.
