Segundo susto.

Entonces el paseo siguió hasta haber terminado de recorrer el barrio. Mirando las casas, edificios con departamentos, pequeñas tiendas o incluso los vecinos que los saludaban amistosamente dándoles la bienvenida. Animales había, Feliciano no se aburriría porque amigos ya había hecho en menos de dos horas. El problema sólo eran los canes, y ambos hermanos se las arreglaron para evitar toparse con alguno —Es decir, Feliciano maullaba al divisar alguno cerca y vaya que lo hizo muchas veces—. ¿Y por qué no? Darle la vuelta entera a la cuadra hasta llegar a su casa sólo para evitar tres lindos e indefensos perros que tomaban el sol.

Felicia no quería dejar que ese hombre notara que le tenía miedo a los canes. ¡Jamás! Primero se devolvía a Italia antes que él lo descubriera. Lovino la apoyaba.

Pero ese mismo día, ya por la tarde, otra visita en su casa se sumó a las anteriores bienvenidas en todo el día. Su madre y padre se encontraban acomodando muchas cosas todavía porque con el nuevo trabajo no podían estar todo el día en la casa y sus hijos no sabían dónde poner los artículos matrimoniales y demás. Mientras tanto Lovino preparaba la cena, así que ella fue recibir a los vecinos.

La sorpresa le llenó las mejillas con tonalidades rojizas y el estómago como si tuviera los animales de una reserva africana dentro. Resultaba ser el vecino de los tres perros.

—Bu-Buenas… —Felicia vaciló, entonces se aclaró la garganta y siguió—: Buenas tardes, ¿Qué haces por aquí?

—Buenas tardes, —respondió él tranquilamente con una expresión ilegible—. Soy Ludwig, tu vecino. No nos presentamos antes.

Y Felicia quiso golpearse por ser tan descortés con el hombre. Después de todo hace unas horas incluso trató de ayudarla y ahora estaba frente a su puerta como un buen vecino dando la bienvenida.

—Disculpa mis malos modales —dijo sonriendo nerviosamente— estoy un poco distraída. Puedes pasar. —Decía haciéndose a un lado—. Soy Felicia, es un placer.

Ludwig, o bien era poco simpático o no estaba pensando bien, porque hasta él se sorprendió por negar la propuesta. Se sentía nervioso y sólo quería irse antes de decir o hacer una estupidez ante la muchacha o su familia.

—Lo siento, gracias pero no puedo quedarme. Sólo vine a dejarles un presente como bienvenida. —Hizo una pausa, dudando y luchando por no sonar avergonzado o nervioso—. Y de paso para disculparme por haberte asustado a ti y a tu hermano.

Felicia se enrojeció, llena de vergüenza. Hizo un sobreesfuerzo por no delatarse y rió como si Ludwig hubiera hecho algún chiste.

—No tenías que traer nada. Además no me asustaste, —rió sacando su lengua de forma infantil y traviesa—. Sólo que tu perro se acercó mucho y mi hermano pensó que me atacaría. No fue nada, sólo un malentendido jajaja.

—De acuerdo, —Ludwig la miró, no muy convencido y algo extrañado por la actitud de la chica—. Mis perros no muerden y casi no salen de la casa, así que no te preocupes por eso y tu hermano puede estar tranquilo. Debo irme, dale mis saludos a tus padres.

—Claro, gracias —dijo aceptando un tazón de vidrio cubierto de aluminio y el cual despedía un aroma a embutido con salsa... Sabroso.

Ludwig asintió dando las buenas tardes y se fue. Felicia suspiró pesadamente apenas cerró la puerta. ¡Rayos! ¡¿Por qué es tan difícil fingir ante ese alemán tan guapo?! No, espera, ¿guapo? ¿Acaso pensó en esa palabra para referirse a su vecino? De acuerdo, el cambio de horarios y el clima debían estarla afectando si un tipo como él le elevaba los nervios de forma extraordinaria.

—¿Quién era, Felicia? —Se escuchó de Lovino, muy cerca de ella.

Se volteó para verlo con el ceño fruncido y cruzado de brazos. No, su hermano no estaba feliz. Pero no podía perder el control, puso su mejor sonrisa y se auto-convenció que su actitud anterior se debía a la vergüenza y no por otra cosa que no deseaba ni mencionar. ¡Ejém! ¿Segura que no? ¡No! Esta vez su subconsciente no lograría molestarla. No pensaría en cosas como esas, sólo conocía a Ludwig desde hace unas horas y además…

—Estoy esperando, —arrastró las palabras Lovino, sacándola de sus pensamientos contradictorios.

—¡Oh, sí! —Se aclaró la garganta y alejó de su mente de cosas sin sentido—. ¿Recuerdas al vecino que tiene tres grandes… —control, mucho control— perros?

—¿Ajá…? —Su expresión no cambiaba.

—Pues resulta que nos acaba de traer la cena, —dijo feliz mientras alzaba el tazón frente a su hermano—. Ya no tienes que trabajar por hoy.

Y Lovino suspiró. Él tampoco quería perder el control. Sin demostrar agradecimiento o desprecio preguntó que si sólo era por eso. Felicia le respondió que quería darles una bienvenida y una disculpa por lo que pasó en la mañana. Si Lovino sintió algo con respecto a eso no lo demostró, simplemente bufó antes de anunciar que la comida estaba lista pero que él no comería.

Felicia no insistió, su hermano era tan quisquilloso y hasta malhumorado que cualquier palabra sólo lo haría enojar. Sus padres se mostraron agradecidos con tal presente y le pidieron a su hija que invitara a Ludwig al día siguiente para un almuerzo que harían con otros vecinos. Sin conocerlo y ya les caía bien por lo que querían saludarlo y convivir en persona; Felicia les había contado lo sucedido, claro, evitando cómo se había sentido por él… Lovino no quiso mostrarse maleducado y tuvo que aceptar a regañadientes la idea de sus muy amables y simpáticos padres.

Pero entonces Felicia se sintió a morir. ¿Por qué? Bueno es simple. Sus padres le dijeron que invitara a Ludwig a un almuerzo. Ella tendría que ir no sólo a dejarle el tazón ya limpio, tendría que hablarle por más tiempo. Su hermano no podía ayudarla, él tenía que ayudar a sus padres y estaría casi toda la mañana afuera. Felicia tendría que acercase a la casa con tres grandes canes los cuales no podía ni ver… Tenía que hablarle al vecino que miraba atractivo y el cual posee tres bonitas y temibles mascotas. Oh sí, eso sería un poco complicado.


¡Buenas! Lamento la tardanza, no sé por qué la inspiración no me daba para poder avanzar con el fic aunque ya tenía la idea de lo que quería. Ehm, como sea, espero les guste el capítulo y esperen el próximo con ánimo.

No sé si en Alemania tienen esa costumbre de dar regalos a los nuevos vecinos como en las series estadounidenses, pero de todas formas tiene un propósito y se va a explicar pronto.

Muchas gracias por leer, nos leemos. (: