N/A—¡Espero les guste!

Esta historia está dedicada a Sarah.

Disclaimer: One piece no me pertenece.


Capitulo 2.


—"¡Jódete, Akagami!"—Miranda More [Ooc].


Su cabello atado en una coleta alta; su vestido rojo recién comprado hace unos días; sus brazaletes de oro en las muñecas; y por supuesto, y no menos importante, el collar con las escamas en su cuello. Si recordaba bien, aquel día había utilizado aquellas sandalias de tacón alto...

—¡Mi primera recompensa! —gritó Miranda a los cuatro vientos con una gran sonrisa en su rostro. La foto la mostraba de cintura para arriba. ¿Cuándo se la habrían sacado?

—De seguro es de un misero berri —se burlo Shanks apareciendo misteriosamente tras ella y mirando el cartel de recompensa interesado. Miranda le encajo un fuerte codazo en su estomago dejándolo adolorido en el suelo.

—Si te rebajas a mis pies por un simple golpe de seguro la tuya es menor que la mía —se burlo Miranda sonriendo maniaticamente.

—T-tiempo f-fuera...—dijo Shanks a duras penas.

—Para que sepas que sobrepasa los quince millones —alzó el cartel orgullosamente hasta donde podía llegar la mirada de Shanks. Si fuera por ella lo hubiera dejado en un punto de vista difícil para él, pero en esos momentos estaba de buen humor.

Muy buen humor.

—¡Narizotas, tú también mira que he sobrepasado la tuya! —le gritó a Buggy quien se encontraba "escondido" en uno de los barriles del barco al presenciar el codazo fatal que recibió su "nakama-completamente-involuntario Shanks".

—¿¡A quién le dices narizotas!? —gritó Buggy desde alguna parte —un barril de por ahí.

Miranda sonrió con los dientes y fue prácticamente corriendo hasta la enfermería.

—¡Crocus, Crocus! ¡Mira esto! ¡Mi recompensa! ¡Incluso me pusieron un apodo! ¡"Fresachul"! ¿¡No es cool!?

Crocus, ya acostumbrado a las entradas escandalosas de la adolescente, simplemente se giro hacía ella y la miro por varios segundos.

—No, no es cool.

Miranda cayó al suelo y se fue a un rincón formando un ambiente depresivo a su alrededor.

—Lo siento.—se disculpo.

—¡¿Por qué te disculpas?! —le gritó de regreso.

—¡Pero no importa! ¡He sobrepasado la recompensa de Buggy!

Una gotita resbalo desde la nuca de Crocus.

—Cualquiera puede sobrepasar esa recompensa.

—Tienes razón

El ambiente de repente se torno a lastima por Buggy, negando los dos a la vez al pensar en aquel "Narizotas".

—¡En fin! ¿Qué tal? —Miranda se paró y le alcanzo el cartel.

Crocus lo miró asintiendo lentamente.

—Es una buena recompensa para ser la primera. Treinta millones de berris.

—Yo nunca antes había tenido una recompensa porque pasaba de barco en barco y siempre era abandonada antes de comenzar una aventura, ¡pero ahora que la tengo, me emociono de sólo verla! ¡Es tan genial! Si sigo así, incluso que Shanks despertara aquel haki antes que yo dejará de importarme tanto porque tendré mayor recompensa que él. ¿Eh? ¿Eh? ¡¿No crees que es genial Crocus-sensei?!

Otra gota resbalo por la nuca de Crocus. Miranda, después de todo, desde que Shanks había despertado el haki más poderosos del mundo (y que sólo uno entre un millón podría despertar), ella le había odiado. No sólo por presenciar este hecho, sino que porque lo más posible es que ella no lo pudiera despertar. Y el hecho de que Shanks tuviera una voluntad más grande que la de ella la hacía querer tirarle un cuchillo por la cabeza a Shanks.

Pero esta era una de las dos razones del por qué lo odiaba. La otra, según sabía Crocus, tenía que ver con el sombrero de paja del capitán que ahora era poseído por Shanks.

—Claro que sí, Miranda —respondió luego de que aquellos pensamientos asaltaran su mente.

Miranda sonrió más ampliamente.

Desde que había llegado a aquel barco —ya hace dos meses, un nuevo récord—, lo único que había hecho era limpiarlo, incluso lavo la ropa sucia voluntariamente pues ya no soportaba el olor que desprendía ésta. Pero hace unos días, habían desembarcado en una isla comercial, había por fin mostrado sus habilidades al capitán pateándole el trasero a un gigante pirata, y había conseguido ropa nueva. Se sentía más que bien al ver que por una vez en su vida mostraba su fuerza.

Es verdad, había pasado de barco en barco y en cada uno pudo aprender una cosa o dos nueva que quizá le serviría para el futuro pero, nunca pudo demostrarle a las demás tripulaciones que ella no era simplemente una niña, sino que también tenía una fuerza y ganas de pelea mortales.

Si había algo que en aquella pelea había demostrado no era nada más que sus ganas contenidas por patearle el trasero a alguien. Y sí, por supuesto que había disfrutado liberando tensiones con sus puños.

—Me pregunto si volveré a patearle el trasero a alguien más.

Crocus rió por lo bajo.

—Con un capitán como Roger, y en este tramo final del nuevo mundo de seguro que lo harás —mencionó Crocus negando vagamente con la cabeza.

Miranda lo miró, luego sonrió y asintió.

—Tienes razón. Los capitanes idiotas siempre terminan en una batalla nueva cada día.

Un sueño que se había creado Miranda al saber a dónde se dirigían los piratas de Roger, era ver aquella isla llamada Raftel. Había visto los llamados Poneglyph. Y podía asumir instintivamente que éstos tenían que ver con lo que habría en aquella última isla.

Esperaba llegar pronto.

O

Si la batalla venía hacía ellos conducida por un desquiciado vice-almirante Garp, entonces Roger no escaparía. Nunca lo hacía. Si había algo que poseía la personalidad de este tipo era que nunca huía de la batalla. La esperaba con los brazos abiertos ante todo.

Miranda luchaba contra varios marines que parecían intentar derribarlos.

Ja, sí como no. ¿A ellos? ¿A ella? ¡Lo máximo que conseguiría sería hacerle un rasguño al idiota de Buggy!

Miranda sonrió cuando mandó a un marine al mar de una simple patada. ¿Así que estos tipos eran los que siempre perseguían al barco de su —reciente— tripulación? Por más que los odiara por no haber hecho nada cuando sus madres y ella estuvieron en aquel barco de traficantes —incluso si el barco era perseguido—, siendo incluso maltratadas, no pudo evitar sentirse satisfecha al saber por algún nakama de por ahí que aquel tipo Garp era un luchador justo y al nivel de Roger. Y que a la vez Garp traía consigo a muchos marines con los que luchar y no aburrir sus puños —incluso si éstos fueran fáciles de derrotar.

Rió como sólo ella podía hacer cuando agarro a un marine de la camisa y giro con él golpeando en el camino a varios marines que se habían acercado a ella. Podía sentir las miradas sorprendidas de algunos de sus nakamas y eso había subido un poco su ego, pero tampoco es como si buscara atención de parte de éstos.

Los fulmino con la mirada.

—¡Esto no es un espectáculo! ¡Dejen de mirar mi batalla, cabrones, y sigan con la de ustedes! —les grito.

—¡Sí, señora!

Miranda rodó los ojos.

—Hombres. Tan fastidiosos como siempre.

Algunos marines cerca al oír a la adolescente que literariamente les estaba pateado el trasero, decir aquellas palabras, les salieron gotitas en la nuca.

«Lo dice la que nos está mandando a volar a todos», fue el pensamiento a unisona de los marines.

De la nada, alguien se estrello en el barco como si se tratara de una bala. Todos vieron incrédulos como de ésta empezaba a salir el vice-almirante Garp riendo estruendosamente y volviendo a lanzarse a su barco.

Miranda vio esto con brillitos por todas parte.

—¡Increíble! ¡El capitán mando a volar a un vice-almirante!

—En realidad —comenzó a decir el marine que estaba bajo la llave de Kung-fu de Miranda— El gobierno mundial le a pedido que fuera almirante pero él siempre se niega. Así que realmente tiene el poder de un almirante de la marina. O más.

—Eso lo hace peor todavía —murmuraron los demás piratas y marines a la vez— Es como si le estuvieran dando crédito a Roger que es capaz de mandar a volar a un almirante.

Todos los marines se sumieron en su mundo depresivo mientras los demás piratas hicieron complot para palmearles la espalda.

—¡¿Qué diablos?! —gritó Miranda exageradamente al ver esto mientras se chocaba la palma de su mano en la frente.

—Esto pasa todo el tiempo —le menciono el marine bajo ella.

Miranda lo miró y se encogió de hombros.

—¿A quién le importa? —Miranda sonrió sadicamente y siguió mandando a volar marines al mar.

Cerca de entre diez y veinte minutos después lanzando marines que luego volvían como perros mojados, otra vez alguien se estrello contra el barco, esta vez fue Miranda la que les hablo.

—Es Roger —Miranda negó con su cabeza.

Hombres: no sirven para nada.

O

Se tiró a descansar en su camarote personal luego de aquella larga e interminable batalla. Según sabía por lo que dijo el navegante, la próxima isla sería la penúltima antes de llegar a lo que seria Raftel.

Sonrió: esperaba llegar allí con muchas ansias.

Su recompensa había crecido de forma rápida, tanto que incluso ella misma se había sorprendido. Habían cruzado por tantas islas y tantos enemigos que parecía que a ella, el gobierno mundial, ya la tenía catalogada como una de las más fuertes —medianamente— del barco de los piratas de Roger.

Ya llevaba más de cuatro meses en aquel barco y parecía que no sería abandonada y que además, era un miembro importante y reconocido —por ser la única chica allí— entre la tripulación. ¡Incluso tenia un cuarto personal! Pero, como el mundo es machista, se podía decir que su objetivo de vencer a Akagami Shanks estaba muy lejos de ser concebido.

«Él y su estúpido Haki y recompensa». No, no era que no pudiera controlar los demás Hakis —poco a poco y gracias a Rayleigh aprendía...—, sino que el que él tenía era el que ella más quería tener.

«Pero sólo uno en un millón lo tiene... Y es porque sus voluntades son fuertes, más que la de una persona normal. El capitán Roger, Rayleigh, Shanks... ¿quién más? Esta tripulación por simplemente tener a tres usuarios con ese tipo de Haki ya lo hace más poderoso que el resto.» se rió al pensar en la ironía de que fueran dos "Rs" y luego una "S", como si fuera algún tipo de orden alfabético.

Un nakama toco a su puerta y le aviso que estaban celebrando otra de las cientas de victorias de la tripulación. Rápidamente, y prácticamente olvidando todos los pensamientos que la habían asaltado, se paró y fue corriendo con los demás.

Amaba las celebraciones. Allí podía comer toda la carne salada que su estomago pudiera. E incluso tomar sake... Pero eso nadie lo sabía.

¡Y sobre todo cantar el Binks no sake a su manera!

Cuando entro a la gran cocina, habían mesas llenas de manjares cortesía del cocinero de abordo. Miranda se relamió los labios al ver su preciada carne hasta que sus oídos captaron algo familiar sonrió.

Binkusu no sake wo todoke ni yuku yo
Umikaze kimakase namimakase
Shio no mukou de yuuhi mo sawagu
Sora nya wa wo kaku tori no uta
Sayonara minato tsumugi no sato yo
Don to icchou utao funade no uta
Kinpa-ginpa mo shibuki ni kaete
Oretachya yuku zo umi no kagiri
.

Los músicos tocaban como si se les fuese la vida en ello mientras sus demás nakama aplaudían y cantaban con todas sus fuerzas. Miranda, como todos, empezó a cantar mientras aplaudía a todo lo que daba. Su capitán mientras tanto, comía y de alguna extraña manera cantaba la canción con su boca llena de comida.

Miranda rió al ver esto.

Binkusu no sake wo todoke ni yuku yo
Warera kaizoku umi watteku
Nami wo makura ni negura wa fune yo
Ho ni hata ni ketateru wa dokuro
Arashi ga kita zo senri no sora ni
Nami ga odoru yo doramu narase
Okubyoukaze ni fukakerya saigo
Asu no asahi ga nai ja nashi.

Todos comenzaron a bailar mientras aplaudían y cantaban a la vez. Miranda, sin darse cuenta ya se encontraba girando por todas partes gracias a que sus nakama la habían agarrado desprevenida. Unos segundos después, ya estaba encima de una mesa vacía junto a los músicos, mientras agarraba una escoba y entre medio de gritos, Miranda comenzó a cantar la última estrofa de Binks no Sake... al revés...

Yo yuku ni todoke wo sake no Binkusu

Yume no yoi to ka asu ka kyou

Yo aenai mou ni kage furu wo te

Tsukuyo mo asu kuyokuyo wo nani

Yo yuku ni todoke wo sake no binkusu

Uta no unaba utao icchou to Don

Yo hone wa itsuka demo dare douse

Waraibanashi atenashi, hatenashi.

Todos comenzaron a reír, Roger mientras tanto, escupió toda la comida que tenía en su boca por la risa y la canción que en realidad ahora parecía una mezcla de palabras extrañas entre sí para lo que en verdad era para los marineros. Miranda también se rió mientras bajaba de arriba de la mesa bajo los atentos aplausos de los músicos.

Sí, la manera en la que cantaba Binks no sake, su manera, era hacerlo al revés.

Le dio la escoba a otro de sus nakama quien se subió a la mesa y se dirigió a la comida, más específicamente a donde estaban las carnes —las cuales dominaban la mayoría de las mesas. Y aprovechando que su capitán todavía no llegaba a devorar ésta, se puso a devorar todo lo que podía a una velocidad envidiable.

—Una dama no comería de esa manera —se burlo una voz a sus espaldas.

Miranda fulmino con la mirada al que se atrevió a insultar su forma de comer.

—Muérete Akagami —le gritó con la boca llena de carne.

Aunque a éste ni le afecto y se ajusto el sombrero de paja, casi como dándole una indirecta sobre éste.

—Qué carácter mujer. O adolescente. Lo que seas.

Miranda levanto el dedo del medio hacía él y sonrió limpiándose la boca con el dorso de su mano, sin importarle una mierda ensuciarse a sí mismas.

—¡Una dama no haría eso!

—Pero un pirata HOMBRE sí lo haría —Shanks sonrió guiñándole un ojo mientras Miranda le lanzaba una tarta de insultos desconocidos para la humanidad —y para ella misma—.

—¿¡A quién le dices hombre, bastardo!? —le gritó luego de lanzar más de cien insultos a la velocidad de la luz —o más rápido todavía.

—No sé, al que está frente a mí quizás...—poco a poco Shanks fue retrocediendo. Un aura oscura rodeo a Miranda al oír aquellas palabras y se trono los dedos. Decidio, de muy mala manera, abandonar su comida del alma y pararse de forma tan lenta que incluso Shanks tuvo que suprimir un grito al ver que el cabello obscuro de Miranda tapaba su mirada, su piel blanca parecía estar pálida y con la lentura de sus movimientos y el aura a su alrededor casi parecía...

—...un demonio —quien dijo eso, que resultaba ser el capitán con un pedazo de carne en su boca, y dos en cada una de sus manos, miraba interesado a su nakama.

—A-K-A-G-A-M-I —de repente parecía que todo se había tornado en silencio mientras el aura oscura de Miranda seguía creciendo. Mientras tanto, Roger seguía comiendo sin importarle un comino que uno de sus nakamas pudiera dejar de vivir esa misma noche. No por una paliza segura de su única nakama mujer, sino que por un paro cardiaco del miedo que producía del solo ver la perturbadora imagen de Miranda enojada.

Todos los observadores tragaron saliva.

—¡TE MATARÉ!

Y así, la persecución que duraría horas comenzó.

O

Trecientos millones de berris.

Miranda abrió los ojos al ver su imagen y aquel cartel. Ok, todo esto había empezado a asustarla. Sí, verdad que le gustaba tener su propio cartel de recompensa, pero, ¿¡cómo diablos era que en menos de cinco meses hubiera llegado a tanto por simplemente patearles el traseros a varios tipos y tipas!?

Abrió su boca y miró para todas partes de la calle. Suspiro aliviada. Nadie la reconocía y hoy no estaba de humor para pelear.

Miró la bolsa que le había robado a aquel extraño tipo rubio con lentes sin que éste se hubiera dado cuenta y sonrió.

Se sentó en una pared de la calle y abrió la bolsa. Había visto al tipo y parecía tener mucho dinero, así que de seguro había algo caro metido ahí. Pero su sonrisa se desvaneció al ver una fruta esférica de color violeta, rodeada de espirales.

—Una fruta del diablo —murmuró rodando sus ojos.

Sabía por su experiencia con piratas que una fruta del diablo te ofrecía un tipo de poder, pero que no podrías volver a nadar nunca más en el mar pues te hundirías cual piedra. También, que el Kairoseki te dejaba debilitado si comías una. Al igual que no se podían comer dos de éstas pues morirías desintegrado.

Frunció las cejas.

—¿Dejar de nadar por comer esta fruta? Prefiero dársela a otra persona.

Pero sus ojos se abrieron al recordar que las frutas como ésta valían millones de berris en el mercado.

Miró un poco mejor en la bolsa y encontró un libro sin titulo con una página marcada. Lo abrió en aquella página y se dio cuenta que se mostraba una imagen idéntica a la fruta e información sobre ésta.

—"Akuma no mi: Gomu gomu no. Habilidades: te convierte en goma. Puedes estirarte todo lo que tu cuerpo soporte. Precio de compra: tres millones de berris." —había un poco más de información pero no la quiso leer. Sus ojos habían brillado a penas ver el precio de ésta.

Se dirigió al primer banco —con ayuda de personas a su alrededor— y la vendió sin arrepentimiento alguno. Salió de aquel lugar con una bolsa llena de dinero y una sonrisa en sus labios.

—Gyahahaha... ropa, carne, todo lo que pueda comprar con este dinero —se dijo para sí misma de forma animada, olvidándose incluso de que anteriormente había visto aquella enorme cifra en su recompensa.

Pero antes de siquiera entrar a una tienda a comprar su preciada carne, un ruido en la costa la alerto y e instintivamente corrió hacía su barco, abriendo los ojos sorprendida al ver que un barco enorme con forma de ballena estaba detrás del Oro Jackson. Miranda corrió hasta allí al ver que eran atacados y que su capitán luchaba hombro a hombro contra un tipo enorme con barba graciosa (parecía la sonrisa de una carita feliz, pensó). Dejó la bolsa con dinero oculta entre los arbustos —cerciorándose de que nadie la estuviera mirando al hacerlo— y se tiró de lleno al barco para meterse en la pelea.

Sin embargo, parecía que todos estaban tan ensimismados con sus batallas que a lo mínimo que le prestaban atención era a ella quien estaba parada con pose de batalla (la cual fue disminuyendo y volviendo a su porte natural al ver que nadie le prestaba atención).

Miranda apretó lo puños. Le hubiera gustado haber traído ese cartel para que al menos uno o dos de los piratas del tipo con barba blanca (ironías de la vida) le prestasen atención y lucharan con ella.

Pero no. Machistas hasta el final. Frunció las cejas al percatarse de que incluso Buggy (¡Buggy, por dios!) estaba peleando con sus cuchillos al igual que Shanks con su espada (lo extraño era que no utilizara todavía su haki).

Luego se vengaría. Miró hacía el barco enemigo, donde su capitan y el enorme tipo peleaban de forma "equilibrada" y una sonrisa claramente problematica surco sus labios.

Pues bien, si la batalla no iba a ella, ella iba a ir a la batalla.

De un saltó demasiado sorprendente y que una persona normal ni siquiera podría hacer, Mirada aterrizo en el piso de madera del barco vecino-enemigo.

—Rayos, hubiera echo una pirueta para quedar más cool o...—por unos segundos, sin importarle la batalla, Miranda se quedo pensando en cosas que pudo haber hecho para una aterrizaje más genial. Hasta el punto de llamar la atención del hombre más alto entre los dos barcos. Quien, sorprendentemente, se la quedo mirando cuando casi cayó encima de ella por un golpe de su rival-hasta-la-muerte Roger.

—No me digas que ahora tienes una guardería —se burlo el gigante con barba blanca (mote puesto recientemente por Miranda, quien lo miraba con cara de "¡Un gigante frente a mis ojos y a mi lado, increíble!"). La mandíbula de miranda cayó al no poder liberar palabras por tantas emociones surcando su mente y cuerpo.

Su instinto animal le decía que si ese hombre —al igual que Garp el boxeador (otro mote puesto por ella)— tenía casi o la misma fuerza que la de su cool capitán, entonces de seguro ella caería de un sólo golpe. Y no, no quería ser derribada de forma tan humillante.

Igualmente, si su instinto animal decía aquello, su mente decía todo menos escapar —lo más extraño es que en su mente deberían haber pensamientos de cómo escapar, y no en su instinto—.

Roger se rió —como si no estuviera en batalla y en cambio estuviera con un amigo de toda la vida.

—Pero si es mi recientemente más grande descubrimiento, ¡esta niña será algún día una gran pirata que te superará!

Ante las palabras Miranda le sonrió al capitán y se rió escandalosamente para sorpresa del "gigante con barba blanca".

—¡¿Qué dices capitán?! —negó con la cabeza todavía sonriente. Roger se acercó a ella como si nada y le revolvió los cabellos despeinándola completamente.

Miranda miró hacía arriba a la cara del gigante y lo señalo sin pudor alguno.

—Gigante de barba blanca —Roger se rió cuando dijo el mote, pero Miranda ni se inmuto— Su barco es genial.

Y como si fueran los mejores amigos de repente, Barbablanca se sentó y dejó su gran arma a un lado para revolverle los cabellos a Miranda.

—Los que aprecian mi barco merecen mi respeto, ¿quieres ser mi hija?

—¡Ah! ¡No te robes a mis nakamas! —saltó Roger apartando la gran mano como si fuera una pulga.

Los demás piratas de los dos bandos dejaron de pelear para ver curiosos a sus capitanes.

—¿Hija? —pregunto Miranda apoyando su cabeza en su hombro.

—¡No respondas! —lloró Roger arrodillándose ante la adolescente.

—Claro, me podrías llamar padre y todo —sonrió Barbablanca.

Miranda se quedo unos segundos mirando al suelo, como pensándolo, pero la verdad era que había sabido desde el principio que el gigante le estaba tomando el pelo a su capitán, y ella, como buena seguidora de las mentiras, no pudo evitar seguirle la corriente.

—¿Me darán dinero cada vez que lleguemos a una nueva isla? —Miranda sonrió mirando de reojo a su capitán, pero antes de que siquiera Barbablanca hablara, Roger lo hizo.

—¡Yo te lo daré!

—¿Remodelaran mi habitación?

—¡Sí!

—¿Me darás tus porciones de carne? —la sonrisa de Miranda se torno avariciosa.

—...—Roger no respondió y empezó a llorar.— ¡El diez por ciento! —sollozó.

—¡Trato hecho! —y como si hubieran terminado de dictar los términos de un negocio, se estrecharon las manos Roger y Miranda ante las risas de todos los demás —incluso la de Barbablanca.

Y, en la penúltima isla antes de por fin poder llegar a Raftel, Miranda obtuvo una remodelación de su cuarto, más dinero del que ya tenía en la bolsa, y el diez por ciento de las porciones de carne salada de su capitán.


Continuará...


Rebecca18: Me puedes dejar tu ficha aquí en este fic pues el otro ya ha sido borrado. Recuerda: nombre, apellido, apodo, isla natal, historia, recompensa, habilidades, armas —si quieres—, fruta del diablo —si quieres—, mascota —si quieres—, edad, físico, personalidad, vestimenta, y su sueño. Entre otros que no recuerdo. En cuanto termine de escribir esta historia vendrá el fic con tu personaje por ser la primera en haber hecho la ficha. Tomate tu tiempo para hacerla que mientras más metas mejor, y mientras más se te ocurra mejor. El lugar no se te quitará.

Sarah: Yo también espero que a los demás les guste tu personaje e idea pues a mí me encanto. La historia posiblemente tenga algunos cambios para hacerla más coherente... pero por lo demás, todo seguirá el curso que escribiste. ¡También he recibido tu mensaje y posiblemente en el cap siguiente aparezca Shiki -tendré que ver la película, pero no importa ;D-. Y por lo demás, todo será adaptado. Por cierto, ¿quieres que le meta alguna pareja además del enamoramiento —sin saberlo— hacía Roger? ¿Un nuevo enamoramiento que no dará más?

-Debo aclarar algo que quizá no entiendan, ¿alguien sabe por qué Mozart, antes de morir compuso tantos éxitos? Pues verán, a él le paso lo que llamaré exceso de creatividad. Pues desde pequeño a él le mandaban a hacer cosas que no tenían nada que ver con lo que en su mente creaba día a día, llegando hasta el punto de que cuando estaba llegando su vida al final, decidió romper barreras y crear todo lo que su mente mantuvo todo ese tiempo de una manera rápida. Lo que quiero decir es que Miranda siempre quiso pelear, y como no la dejaban, cuando por fin tuvo aquella oportunidad hizo que todo lo que contuvo en cuanto a peleas, se liberara. Derrotando a muchos y variados enemigos con fuertes recompensas.

¡Muchas gracias a todos por sus reviews, y a ti Sarah!