—Historia dedicada a Sarah.
Disclaimer: One piece no me pertenece.
Capitulo 4.
—Sabía que este día llegaría —Miranda More.
Despertó desorientada, sin saber dónde ni en qué tiempo estaba. Miro a su alrededor y lo único que distinguió fue rojo y una masa marrón claro borrosa. Parpadeo varias veces y poco a poco su vista se fue mejorando, dándose cuenta casi al instante que se encontraba en su habitación pero, ¿qué había sucedido?
¿Qué había pasado? Lo último que recordaba era haber entrado en aquella selva y... Nada más.
Miranda miró al techo tratando de recordar algo que hubiese sucedido luego, pero nada. Nada pasaba por su mente que en esos instantes estaba en blanco en cuanto a lo que sucedió después de haber entrado en aquella selva.
¿Le había pasado algo al entrar allí y por eso estaba ahora en su cuarto? ¿Habían regresado los demás, entonces? Pero sus preguntas se disiparon y se extraño al ver aparatos en sus brazos y cuerpo. Se inclino en la cama y vio a su alrededor, encontrándose con una maquina extraña que emitía un extraño ruido al compás de sus latidos. Se saco todo de encima velozmente, perturbada por lo que le hubiese llegado a pasar en el tiempo en el que estuvo dormida. Se levantó apresuradamente, pero no llego a mucho más antes de tropezar apenas pisar el suelo gracias a sus débiles e inutilizadas piernas.
Se quejo, lo que posiblemente haya sido lo que llamó la atención de sus demás nakamas para que se escucharan pasos apresurados en dirección a su habitación. Cuando Crocus entro a cuarto, se encontró con la imagen de Miranda More en el suelo, quejándose por cosas que él no llegaba a entender. Sin embargo, se apresuro a ayudarla a levantarse y dejarla en la cama nuevamente.
Miranda al verlo se le iluminaron los ojos, y en cuanto estuvo nuevamente en la cama no dudo i un segundo en hablar.
—¡Crocus! ¿Qué a pasado? ¿Por qué tenía esos cañitos pegados a mi cuerpo? ¿Dónde están los demás? —esas y más preguntas salían descoordinadas de la boca de Miranda.
Crocus suspiro. ¿Por dónde empezar? Más o menos sabía cómo reaccionaría Miranda al contarle lo sucedido. Se apresuro a cerrar la puerta antes de que otra persona llegara siquiera a intentar entrar.
Miranda lo miró extrañada. Crocus se volvió a sentar en la alfombra mirando hacia Miranda.
—¿Por dónde debería comenzar...? —se preguntó esta vez en voz alta— Mmm... Primero que nada, Miranda, has estado en coma cerca de un mes. Si descontamos el tiempo en el que pdeciste fiebres intensas, claro está.
Fueron segundos para que ella procesara todo lo que él había dicho.
La mandíbula de ella cayó al suelo.
—¿¡Ehhhh!? —Crocus elevó su mano abierta en señal de que no gritara más.
—Es gracias a que tuviste muy mala suerte en aquella isla pasada, pues te pico un insecto que te dejo con varios días de fiebre hasta luego llegar al punto del coma.
Esta vez, Miranda simplemente lo miró sin palabras ni exclamaciones, más en shock que sorprendida.
—Y lo segundo...—Crocus dudo. Vaya que lo hizo. Miranda al salir del shock se impaciento con la horrible espera, se puso nerviosa al pensar que podría ser una mala noticia para ella como que podría morir en poco tiempo o un efecto secundario que dejaba aquel insecto. Por las dudas miro sus cabellos por si no habían cambiado de color o algo por el estilo y se alivio al verlo tan oscuro como siempre. Crocus por fin hablo.
Los ojos de Miranda se abrieron, su mandíbula volvió a caer y un gritó resonó por todo el barco.
—x—
Si alguien la viera en ese estado quizá se asustaría y saldría corriendo, pero ella simplemente estaba sola en ese mar, nadando hacia la isla llena de cerezos frente a ella. Respiraba entrecortada por el agua que a veces tragaba en su nado hacia el frente.
Por unos segundos se volteo al barco y lo vio empezando a dirigirse hacia ella, y al ver esto, Miranda apresuro su nado lo más que pudo.
Estaba enojada, de eso no cabía duda. Pero no con ellos, sino con ella misma.
Al oír de Crocus que el capitán ya había conquistado el Nuevo Mundo, o el mundo en general, ella simplemente se sorprendió; pero al oír que se tuvieron que ir de Raftel por sus fiebres altas —y por el hecho de que la isla en sí estuviera desierta de vegetación y sólo hubieran ruinas de casas del pasado—, se sintió primeramente culpable, luego agradecida por no haber sido abandonada, y al final simplemente concluyo con el sentimiento de ser una carga para todos en ese tiempo de fiebre y coma.
Y luego sintió desilusión por no haber podido llegar a ver Raftel por primera vez junto con los demás. Su sueño de hace pocos meses al final se había perdido. ¿Qué tenía ahora?
Y había sido una carga para todos por no ser lo suficiente fuerte y perceptiva para que un insecto la dejara en ese estado.
Por eso había escapado ante los llamados de Crocus a su persona. Se había tirado al mar y había comenzado a nadar hacia la isla que rápidamente había captado su vista —lo que en sí no seria de mucha ayuda ya que era muy probable que (incluso si no la alcanzaban mientras nadaba) la atraparan en la isla.
En su tiempo actual podía escuchar los llamados de todos sus nakamas, pero ella se sentía frustrada, avergonzada; y por eso siguió adelante. Sin embargo, sus ojos se abrieron al captar que había un barco bastante conocido "estacionado" en la isla de cerezos.
«El del gigante de barba blanca. Creo que su apodo era Barbablanca, o algo así...».
Le quito importancia y siguió nadando apresuradamente hasta por fin haber pisado tierra (o en este caso arena cubierta de cerezos). Empezó a adentrarse entre la manta de árboles de cerezos, incluso subiendo hasta lo más alto de cada pequeña montaña que encontraba a su paso. Por unos instantes se volteo nuevamente hacia atrás para mirar si alguien la seguía y pensó que seguramente el Oro Jackson ya había llegado a la isla. Después de todo era un barco rápido.
Frunció las cejas y siguió corriendo, hasta que de repente tropezó con una raíz que no había visto y se dio de lleno contra la tierra llena de viejos pétalos de cerezos.
—Auch...—gimió sin ganas y respiró apresuradamente en busca del aire que recientemente había notado que le faltaba.
Debía ser un monstruo para haber salido de ese barco luego de un coma, haber nadado hasta esta extraña isla y luego haber corrido hasta tropezar sin parar ni un segundo más que para mirar atrás por si alguien la seguía.
Apoyó la espalda en un árbol de cerezo (como si hubiera de otro tipo en esa isla) y se desparramo los miembros por todas partes.
Y luego volvió a pensar en su fiebre y coma provocados por aquel extraño insecto que Crocus no pudo identificar y que ella había sido, ni más, ni menos, la única víctima entre todos. Enrojeció de vergüenza. ¿Qué diablos le pasaba?
Tenía ganas de golpear algo, y pensó en derribar los cerezos en flor, pero simplemente al mirarlos se dio cuenta que eran demasiado bellos para destruirlos. Después de todo ellos no tenían la culpa de su extraña frustración. La culpa recaía en ella. Y en nadie más. Ella tenía que tranquilizarse y luego volver y disculparse con la tripulación. Esperaba que no se hubieran enojado con ella por su inmadura actitud de no haber asumido las cosas de cara y...
...Haber huido.
Se golpeo la frente varias veces.
—¡Deja de pensar en eso, idiota! ¿Qué ibas a hacer? ¿Enfrentarlos mientras estabas en ese estado sentimental? No podrías, porque sabes que terminarías huyendo de igual manera —se dijo a sí misma—. Tan idiota...
—Si sigues así terminaras como ese extraño payaso de tu tripulación.
Miranda se asusto ante la voz masculina y se giró rápidamente frunciendo el ceño al ver a ese extraño tipo rubio apoyado en el tronco del árbol en el que ella estaba apoyada.
Se paro rápidamente y retrocedió unos pasos.
—¿¡Tú quién eres, bastardo!?
El tipo con el cabello rubio y peinado de piña simplemente sonrió flojamente.
—Qué vocabulario tienen las niñas de ahora —se burló guiñándole un ojo. Por alguna extraña razón Miranda enrojeció.
Ese idiota...
—¡Cállate! ¡No necesito que un desconocido me diga esas cosas! —le frunció el ceño—. ¡Te patearé el trasero si no me dices ahora quién diablos eres, señor peinado extraño! —le gritó. Se recrimino el no haber sentido su haki, seguramente por su desgastado cuerpo recién salido del coma se, dijo para sí misma.
El tipo rubio dejo de apoyarse en el árbol y se paro por completo para quedar frente a Miranda, quien no sabía si salir corriendo como una gallina o pelear contra ese hombre.
Sin embargo, antes de siquiera dar un paso hacia su "libertad", el "señor peinado extraño" le sonrió y extendió la mano hacia su altura.
—Soy Marco —se presentó todavía con la sonrisa en su rostro—...Marco "El Fenix".
La mandíbula de Miranda cayó al suelo. Recordó entonces las charlas de información que le daba a veces tanto Crocus como su maestro Rayleigh sobre piratas que quizá vería en el Nuevo Mundo. Pero este nombre lo había escuchado de Crocus cuando le contaba sobre Barbablanca. Marco "El Fenix", era nada más ni nada menos que uno de los más poderosos del barco de aquel gigante con barba blanca.
Recordó entonces que el Moby Dick se encontraba también en la isla por lo que había visto.
—...No... puede... ser... —Miranda se quedó estática, luego sus ojos brillaron y parecía que floto cuando se tiro de lleno contra Marco dándole un abrazo que lo dejo tirado en el suelo, mientras Miranda lo veía con una sonrisa marcada en su rostro—. ¡Tú eres un tipo poderoso! ¡Por favor, pelea conmigo!
Marco la miró sorprendido —a decir verdad su cara no mostraba emoción alguna... era perturbador—.
—¿Y por qué lo haría, extraña que se hace llamar idiota a sí misma?
Miranda le frunció el ceño cuando notó su largo apodo puesto por el tal Marco.
—¡No he peleado en más de un mes y tú eres poderoso! —le explicó entre gritos, como si lo que dijo fuera la mejor excusa para pelear contra el fénix— Si yo peleara contigo, ¡entonces me haría más fuerte y podría volver al barco sin sentirme una carga! —volvió a gritar más para sí misma que para Marco. Sus ojos brillaban ante la idea de quitarse ese extraño sentimiento de vergüenza del corazón. O cuerpo.
—Eres de la tripulación de Roger, ¿verdad, niña extraña? —le pregunto. Miranda asintió entusiasmada y ya excitada por una posible —al menos para ella— nueva pelea—. Entonces me temo que no. Eres demasiado pequeña. No peleo con niños. Y si lo hiciera, no lo haría con una niña que viene de ese barco, tu capitán me mataría a golpes —le explicó Marco tranquilamente mientras Miranda hacía un puchero.
—¡No lo hará! ¡Y si lo hace, entonces le diré que yo te pedí pelear conmigo!
—No.
—¿¡Pero por qué!? ¡Una pequeña pelea me bastaría! ¡Por favor, señor Marco! —lloró Miranda.
—No.
Ella le frunció los labios y le echó la lengua cruzada de brazos, para luego mirar hacia otra parte.
—Eres un machista.
—¿¡A qué viene eso!?
—No te lo diré —sin más, Miranda salió corriendo. Pues bien, si no quería pelear con ella entonces ella buscaría a otro de los piratas de Barbablanca que quisiera luchar contra ella. Sonrió ante la idea mientras asentía repetidas veces.
Sin embargo, luego de minutos de correr, caminar rápido y al final simplemente caminar, Miranda se cansó y terminó volviendo a tirarse de espaldas contra un árbol de cerezo.
—Es inútil. Estoy perdida —lloriqueo. Luego de unos segundos miró hacia el despejado cielo—. Me pregunto si me estarán buscando ahora.
Frunció las cejas.
—Si es así, entonces espero que ninguno de los dos idiotas me encuentre. ¡De seguro se burlaran de mí! Esos malditos... Sobretodo Buggy. Estoy más que segura de ello.
Asintió para sí misma mientras agarraba una rama y se ponía a hacer garabatos en el pedasito de tierra que no estaba cubierta por pétalos de cerezos. Minutos después se cansó de simplemente no hacer nada.
—Estoy tan sola. ¿Cuándo vendrán por mí? ¿O quieren que yo vaya con ellos? ¡Ni siquiera sé dónde estoy! —frustrada, golpeo el suelo provocando un temblor y una corriente de aire que mando a volar varias captas de pétalos a su alrededor—. Creo que me quedaré aquí y no me moveré. Así me encontraran más rápido.
Asintió nuevamente para sí misma.
Las horas pasaron. Vagamente oía los ruidos de gritos y musica. Mordió su labio inferior. ¿Estarían haciendo una fiesta? ¿En serio? ¿Con los piratas de Barbablanca aquí? Bah, seguramente eran enemigos, pero a la vez amigos. Después de todo el pirata Marco no quiso pelear con ella. Y sabía que no era por ser una niña, o por pertenecer a la tripulación del recientemente Rey de los piratas, sino más bien por un respeto que vio en la mirada del hombre al mencionar el nombre de Roger.
Pataleo las hojas mientras poco a poco el ambiente a su alrededor se iba enfriando y oscureciendo. La noche estaba cayendo y ella seguía allí sentada con un calambre que seguro aparecería cuando se levantara. Sin embargo, no se levantó, y sin darse cuenta, se durmió sentada allí.
Lo irónico era que se había dormido, luego de un mes de hacerlo todos los días completos.
—x—
Se despertó con algo cálido tapando su cuerpo. Miró de reojo a su alrededor, y noto casi al instante al hombre de antes sentado con los brazos cruzados en su nuca en uno de los árboles frente a ella. Miró entonces la larga manta clara que la tapaba y suspiro. Al parecer no la habían encontrado todavía. O quizá no habían ni intentado buscarla.
¿La habían abandonado entonces?
Su corazón se comprimió. Tuvo ganas de llorar pero se contuvo. No, ella no lloraba desde que se despidió de sus madres. No lo haría ahora luego de tanto tiempo.
—Oh, ya estas despierta —bostezo Marco.
—No me digas —murmuró Miranda con sarcasmo.
—E oído por un pajarito de por ahí que te has despertado luego de un largo mes de coma.
Miranda rodó los ojos y se acurruco más en las mantas.
—Entonces, ¿cuál es el problema, niña extraña? ¿Has huido?
Por unos minutos Miranda se quedo en silencio sin saber si contestarle o no hacerlo. Se resigno a hablar luego de unos minutos. Después de todo ¿qué saldría mal en decirle a la persona frente a ella sus problemas? A veces necesitaba los concejos de las demás personas para poder remediar sus errores.
—Algo así —termino contestando—. Ya debes haber oído que mi capitán se convirtió en el "Rey de los piratas" —hizo comillas—. Además de saber que me acabo de despertar de una laaaarga siesta. La causa fue por no haber prevenido la picadura de aquel extraño insecto. Y así, haberles dificultado y arruinado, seguramente, la mayor parte del tramo final a Raftel por cuidar de mí en un mal estado —terminó de decir, mientras juntaba sus rodillas con sus brazos y las abrazaba.
—¿Entonces te sientes culpable por algo que no pudiste prevenir, y por lo que te culpas a ti misma?
Miranda asintió.
—No es que me culpe tanto por la picadura, sino porque no la pude prevenir. ¿Y qué tal si hubiera muerto? Creo haber tenido suerte, pero la próxima quizá no la tengo. Si fuera más fuerte, entonces la próxima vez que pase algo similar, lo podré prevenir y no tendrán que cuidar de mí. Por eso... —de repente, Miranda se paro con mantas y todo, y señaló a Marco— ¡si peleo contigo, entonces me haré un poco más fuerte que antes! No me importa perder. ¡Y si eso pasa, juro que la próxima vez no lo haré!
—Oye, oye. Ya dije que no quiero pelear contigo, niña —la calmó Marco, al verla explotar de repente de emociones. Miranda se volvió a sentar frustrada y haciendo pucheros. De todas formas, ella sabía que él se negaría.
—¿Y qué haces aquí, entonces? —le preguntó curiosa.
Marco sonrió.
—Luego de que aquel pajarito me dijera de tu estado, me compadecí de ti y te busque por el camino en el que corriste.
—¿Quién fue el que te dijo de mi estado? —Miranda entrecerró los ojos— Y gracias... supongo.
—No hay de qué. Y no te lo diré. Pero él estaba preocupado por ti. Y todos los demás. Deberías volver allí.
Miranda desvió la mirada.
—Siento que no los podré mirar a la cara en mucho tiempo —se sonrojó de frustración y apretó los dientes.
—El orgullo de una dama es indomable. Deberías ir. Ellos seguro te "perdonan", aunque no hay nada que perdonar. Si quieres demostrar que quieres volverte más fuerte para que el incidente no vuelva a pasar otra vez, entonces ve y demuéstrales tus avances viajando y peleando junto a ellos. Piratas como Roger, el reciente Rey de los piratas, siempre se meterán en problemas.
Miranda lo miró sorprendida. Marco se paró y sacudió los pétalos de cerezos.
—Mi trabajo aquí concluyo.
Y Miranda no supo si seguir las palabras dichas por el fénix, o quedare allí hasta que su orgullo se calmara y pudiera volver a ver la cara de los demás.
Su estomago gruño y esa fue la decisión final.
—x—
Había tardado un montón, y el hecho de haber estado perdida no había ayudado nada, pero al final había llegado al Oro Jackson junto con un suspiro de alivio. Estaba cansada, pero el esfuerzo valió la pena.
Se subió al barco y se dirigió directo a la enfermería, entrando a ésta y recostándose en la cama. Seguramente, cuando despertase, Crocus vendría aquí y la encontraría durmiendo.
¿A quién le importaba? Ella simplemente se tenía que disculpar por su huida.
—x—
—Lo siento por haber escapado de esa forma en mi estado —Miranda se arrodillo completamente ante su capitán.
Hubieran minutos de silencio antes de escucharse risas.
—¿¡Pero de qué hablas niña!? No hiciste nada malo —comentó un nakama de por ahí entre risas. Miranda no se contuvo de mirarlo y fruncirle el ceño mientras inflaba sus mofletes de forma infantil.
—¡Por supuesto que sí! ¡E incluso se tuvieron que encargar de mí por no haber podido evitar una maldita picadura! —le gritó Miranda de vuelta.
—Ah, pero si eso fue fácil —le quitó importancia el capitán con un gesto de mano.
—¡Tú no ayudaste ni hiciste nada! —le gritaron todos de vuelta. Miranda se los quedo viendo sorprendida. Y luego se alivió y sonrió ampliamente.
Un peso menos en su corazón se había ido.
—¡De todas formas...! —empezó a decir Roger mirando hacia Miranda.
—¡No nos ignores!
—Si alguien tiene la culpa de ese suceso, ese alguien seria yo. Por ser el capitán y por tener el deber de proteger a todos mis nakama ¿no lo crees, Miranda-chan?
Todos guardaron silencio hasta el punto en el que Miranda se pregunto si esos malditos eran como las viejitas chusmas que quieren enterarse de todo. Los fulminó con la mirada.
—¡No! —se paró, sorprendiendo a todos con un susto de muerte. Miranda señaló a Roger y luego a ella misma—. ¡La culpa es mía!
Roger le frunció el ceño y se señaló a sí mismo con sus dos manos.
—¡No! ¡Es mía!
Miranda frunció las cejas.
—¡Es mía!
—¡Es más mía que tuya!
—¡Es más, y más mía que tuya! —replico Miranda.
—¡Yo soy el capitán, yo debí haber evitado esa picadura! ¡La culpa es mía!
—¡Es más mía! Si no fuera porque no soy lo suficiente fuerte para no poder evitarla, ¡entonces la podría haber evitado!
—¡No es así! ¡Yo tenía que hacerla evitado antes de que siquiera se te acercara! ¡La culpa es SÚPER mía!
—¡Pues entonces mi culpa es más EXTREMA que la tuya!
—¡El SÚPER le gana al EXTREMO!
—¡No! ¡El EXTREMO siempre le ganará al SÚPER!
—¡No es así!
—¡Sí lo es!
—¡Qué no!
—¡Qué sí!
—¡Qué no!
—¡Qué sí, hombre!
Mientras tanto sus demás nakama los miraban a cada uno sucesivamente hasta el punto de sentir sus cuellos adoloridos.
«Esta conversación perdió el sentido hace varias palabras», pensaron todos al unisona.
—¡Problemas! —gritó el cocinero del barco. Todos lo miraron con los cuellos adoloridos.
—¿Ahora qué? —murmuraron todos.
—¡La despensa está vacía!
—¿¡QUÉEEEEEEEEEEEE!? —y rápidamente, las miradas de todos se dirigieron a su capitán, el cual, sorprendentemente percibiendo que estaba en peligro, miró hacia sus "queridos" nakamas—. ¡CAPITÁN!
Roger en esos instantes parecía todo menos el rey de los piratas. Se había encogido ante las miradas maniáticas de todos.
—¿Ahora qué hice? —se pregunto para sí mismo y para ellos.
—¡TE COMISTE TODA NUESTRA COMIDA, MALDITO! —no, si se preguntan, el que gritó eso no fueron los demás, esa fue Miranda y su estomago que había gruñido ante la palabra comida. ¡Por dios! ¡Si había despertado más escuálida de lo que ya estaba! ¡Y ahora le venían a decir que su capitán se había comido toda la comida!— ¡TE MATARÉ! ¡Y SACARÉ TODA LA COMIDA QUE TE COMISTE DE TU INMENSO ESTOMAGO, Y LUEGO ME LA COMERÉ FRENTE A TUS OJOS! ¡GYAHAHAHAHA...!
Todos dieron un paso hacia atrás —incluso el capitán Roger, pero no, no era porque tuviera miedo ni nada por el estilo... ¿o sí?—, y Shanks, que recién había salido y regresado junto a Buggy, miró a todos sin entender, para luego notar rápidamente —por experiencia, claro está— el aura de su única nakama mujer. Sintió un escalofrío cuando ella volteo lentamente hacia ellos dos como si hubiera notado sus presencias casi al instante que habían tocado nuevamente el barco.
«¿Por qué siempre llego en momentos como estos?», se preguntó Shanks con varias gotitas en la nuca.
—¡Rayos, AKAGAMI! ¡SIEMPRE LLEGAS EN LOS PEORES MOMENTOS! Debe ser el jodido karma —rápidamente la apariencia de Miranda cambió y señaló con el dedo a Shanks, mientras éste se señalaba a sí mismo como si no hubiera podido creer que se hubiera librado de otra de las supremas palizas de Miranda More (los demás sólo suspiraron aliviados)— ¡Te reto a una pelea! Quiero ver si te has vuelto fuerte, o te has convertido en un debilucho! ¡Gyahaha!
Las caras cómicas de Buggy no se hicieron esperar mientras éste señalaba hacía Miranda.
—¿¡Qué no estaba muerta!? —todos lo miraron mal, y miranda formo una sádica sonrisa en su rostro. Buggy trago saliva al ver que ella lo estaba mirando de una muy, pero muy, perturbadora y extraña manera. Volvió a tragar saliva. Él y su bocota. La pregunta era: ¿cómo diablos seguía vivo?
—¿Qué... dijiste... Narizotas...?
Muy en su interior Shanks suspiro aliviado al ver que su atención fue redirigida a Buggy en vez de a él. Pero por fuera sonreía tranquilo. Su nakama había vuelto a ser la misma de antes.
Una loca sin causa completamente obsesionada por volverse cada vez más y más fuerte.
Incluso alguien como él, muy en su interior, presentía que ella tenía una gran voluntad que algún día despertaría. Y cuando ese día llegara, entonces ella lo superaría. Se sintió por un momento desilusionado. Si ella perdía el interés en pelear con él por querer volverse más fuerte entonces ya quizá no le volvería a hablar como antes lo hacía. El hecho de que fuera la única mujer en el barco ya decía mucho de que a él le llamara la atención, la consideraba su hermana pequeña.
Y los demás, sin contar a Buggy y él, la querían como una hija aunque no se notara. Era la menor. No se podía evitar.
Todos la querían.
—x—
Barbablanca siguió su rumbo sin que Miranda siquiera pudiera ir a visitarlo. ¿Qué acaso estaba escapando de ella?
Sin embargo, rápidamente las clases con el maestro Rayleigh volvieron a darse. Aprendió algunas lecciones de cómo mejorar más el control del Haki mediante ejercicios y mejorando la mente. Y luego, como último, otra de las extrañas lecciones de tener que golpearlo.
Casi lo logra, pero el Rey oscuro tenía muchos más años y experiencia que ellos. Y no era que se estuviera excusando ni nada por el estilo, es sólo que el maestro era poderoso de naturaleza y bajo intensos entrenamientos. No por nada había llegado a lo que es ahora. ¡Quizá algún día llegaría a su nivel!
O en el peor y más depresivos de los casos, quizás no lo haría.
Sin embargo, ella siguió adelante y se lanzó sin parar hacía su maestro. Se dijo que iba a mejorar, que iba a ser más fuerte.
Esta vez cumpliría esa promesa para ella misma.
Cada golpe más y más rápido, extrañamente se sentía menos pesada que antes. Sonreía con cada intento y cuando fallaba. ¿Qué le estaba pasando? No lo sabía, pero aquel sentimiento de satisfacción no se quitaría de su corazón en mucho tiempo, o eso parecía.
Al final ninguno logró un golpe, pero Miranda, a pesar de todo, estaba más que satisfecha con sus pocos logros de ese día.
Después de todo, uno no se hace fuerte de un día para otro ¿verdad?
¿Cierto?
—Pues bien, hoy tendremos un entrenamiento nuevo. Uno de cuerpo a cuerpo entre ustedes.
Buggy se encontraba desarmado y exhausto en el suelo, Miranda lo picaba con un palito mientras escuchaba hablar a su maestro.
—¡Deja de picarme! —le gritó Buggy a duras penas y entre exhalaciones e inhalaciones.
Miranda sonrió satisfecha por su trabajo (fastidio). Y luego rió apenas.
—Idiota —murmuró antes de pararse y acercarse a su maestro— ¿Cuerpo a cuerpo? —los ojos de Miranda brillaron— ¿¡Entonces podré pelear contigo yo sola!? ¡Genial!
El maestro Rayleigh negó tanto con una de sus manos como con la cabeza.
—No, no. Entre ustedes —aclaró nuevamente mientras Miranda hacia un puchero ofendido.
—Ah, ¿entonces tendré que pelear con Miranda? —agregó Shanks con una media sonrisa en su rostro. De repente, al oírlo, a Miranda le brillaron los ojos con desafío y miró a Shanks con una sádica sonrisa.
«¡Al final podré pelear con él! Jeje...», pensó.
Lo señaló.
—¡Te patearé el trasero, Akagami!
—Sólo inténtalo, niña.
Miranda le iba a encajar un puñetazo en la cara cuando fue detenida casi al instante por Rayleigh.
—Tan impulsiva como siempre —Miranda hizo un puchero y se cruzo de brazos— Shanks, como tú esas más acostumbrado a la espada y Miranda al cuerpo a cuerpo, esta vez tendrás que enseñarle a cómo manejar la espada para que ella pueda pelear contigo.
Fueron segundos antes de que los dos reaccionaran, uno exaltado y la otra más que sorprendida, ofendida, y con ganas de aprender algo nuevo de repente.
—¿¡Qué!? —gritaron los dos al unisona con diferentes intensiones.
Rayleigh sonrió como sólo él podía hacer. Su plan desde el principio era unir a todos. Los volvería nakamas y amigos por competo. Shanks, Miranda y Buggy eran los más pequeños del barco y los que tendrían que salir al mar más jóvenes por el hecho de que pronto el capitán Roger diría su última orden a todos.
—Así es —mencionó sonriente, sacando una espada de vaya-a-saber-uno-de-dónde, y entregándosela a Miranda.
Ella la agarro examinándola, pero al darse cuenta que era de lo más normal, se encogió de hombros.
—Está bien —murmuró resignada.
Su maestro le palmeo la cabeza satisfecho.
—Pues, bien, los dejo matarse, o enseñarse. Luego volveré a ver cómo has avanzado Miranda.
Si se preguntan, eso sí que fue una clara indirecta a Shanks de que si escapaba lo dejaría con los cocodrilos (que extrañamente habían en esa isla de cerezos) hasta el día siguiente.
Miranda se giró cuando Rayleigh desapareció y miró a Shanks con el ceño fruncido.
«Rayleigh, si fuera otra persona seria más fácil pero... ¿¡POR QUÉ DEMONIOS CON EL MISMÍSIMO AKAGAMI!?».
Shanks tragó saliva al ver el aura que desprendía Miranda. Buggy sintió un escalofrió desde su posición boca abajo en el suelo.
—P-pues b-bien... ¿em-empezamos?
Shanks en instantes como esos pensaba que estar con los cocodrilos era mejor que estar junto con su Nakama.
«Y vuelvo a decirlo: ¿por qué siempre termina así?».
Sin embargo, el aura de Miranda se desvaneció de repente, y una mirada de desafío estaba puesta ahora.
—Más te vale enseñarme todo lo que sabes, jodido Akagami. Si aprendo todo eso, DEFINITIVAMENTE, te ganaré.
—¡En tus sueños!
—O más bien en los tuyos cuando Rayleigh te deje con los cocodrilos —sonrió diabólicamente.
Shanks tragó saliva.
—Como si me importara.
—Pues bien, le diré que no me querías enseñ...—mientras Miranda empezaba a decir aquello, se había empezad a voltear para regresar al barco, pero fue detenida casi al instante por Shanks.
—Bien, bien. ¿Por dónde quieres empezar?
Los ojos de Miranda brillaron.
—¡Cómo se agarra! ¡Luego quiero pelear! ¡Y luego cómo pasar el haki a...!
—Sí, sí. Cuánta emoción —sonrió Shanks ante los saltitos de alegría de su nakama (y hermanita) Miranda.
Y ahí estaba, la parte de ella que pocas veces mostraba al resto. La emocionada, la feliz.
Shanks entonces recordó la primera vez que la vio siendo sostenida por sus ropas por Rayleigh, quien le había dicho al capitán que ella seria su nueva (y obligada) aprendiz. Claro que el capitán Roger, como era de esperarse había aceptado, y rápidamente ella había sido lanzada a él mientras era presentada.
Sonrió. Incluso si había sido una nakama repentina, se había vuelto alguien importante para todos en la tripulación. Todos sabían que había tenido su historia (y que a los únicos que se las habrá contado serían posiblemente Crocus, el capitán, y Rayleigh), y que como la de los demás, no había sido muy buena.
Pero igual, sin importar su pasado, Shanks sabía que era su nakama, y que por muy terrorífica que fuera a veces (o la mayoría del tiempo) cuando él estaba cerca, podía confiar en ella.
—¡Empecemos, Akagami!
Estaba más que seguro de ello.
Continuará...
—La isla de los cerezos me base en un flashback de Shirohige hablando con Roger. ¿Alguien lo noto? Ahí le habla de que esta enfermo y...
—Sarah: Te quería preguntar si querías que Miranda tuviera un sueño en particular. O varios. Creo que seria mejor que los hicieras tú. Y bueno, al final apareció Marco, porque quería que Miranda se encontrara con él ¬¬. ¿Qué? Él es genial u.u. Lo amo~. Pero Miranda no xD. Y por lo de "ya sabes qué y quién", algunas cosas las he cambiado o no las puse debido a que no me parecían muy coherentes. Y por lo demás, me base en la historia mediante las edades que pusiste (como por ejemplo que llegaba cuando tenía trece años, y le entregaban a "ya sabes quién", cuando tenía quince -o casi dieciséis-. Por lo que en sí creo que estaría más o menos bien las lineas temporales de Miranda). Es complicado. Sí, yo también creo que estoy yendo un poco rápido, me acabo de dar cuenta de eso, pero bueno, ¿qué se le va a hacer? xD. ¡Dale las gracias de mi parte a Atzu-chan! xD. De ahora en más haré capítulos un poco más largos que antes para contar más cosas. En sí iba a hacer la historia desde que comenzó en el barco hasta el último cap final, pero sabía que si hacia eso no acabaría nunca con la historia. Me disculpo por eso *se inclina noventa grados*. Ah, también te comento que algunas eventos van a pasar, pero no ahora, sino después. Como eso de las donas y Garp xD. Entre otros.
Amo a Vegapunk, es mi personaje favorito por las cosas que oí sobre él u.u Me agrade el tipo xD.
¡Espero les haya gustado!
¡Gracias por los reviews!
¡Bye!
