—Historia dedicada a Sarah.
Disclaimer: One piece no me pertenece.
—Miranda More—13 años.
Capitulo 5
«¿Qué no me acaban de decir que los cerezos son parte importante de sus vidas y de la isla?»—. Miranda More en la aldea.
Cuando Rayleigh regreso unas horas después de dejarlos, se encontró con la imagen de Miranda jadeando en el suelo y Shanks sentado frente a ella.
—¡Otra vez! —gritó Miranda levantándose, y estaba a punto de lanzarse de nuevo con su espada en mano, cuando fue detenida por su maestro.
—Creo que ya a sido suficiente —ordenó Rayleigh, para luego mirar al tranquilo y sentado Shanks— ¿Cómo a ido? —le pregunto a éste.
Shanks lo miró serio.
—Posiblemente pueda manejar mejor la técnica con dos espadas, pero como le diste una... Debe ser porque ella pelea cuerpo a cuerpo utilizando sus dos puños —se encogió de hombros mientras Rayleigh asentía.
—¡Ya te dije que no me rebajaré a dos espadas cuando tú utilizas una! —le frunció el ceño Miranda a Shanks cruzada de brazos.
—Con ese comentario ya veo cómo han marchado todos tus intentos por decirle —Rayleigh negó con la cabeza algo cansado. Miró alrededor— ¿Dónde está Buggy?
Los dos menores se encogieron de hombros.
—Ni idea —dijeron al unisona.
Una gotita resbalo por la cien del maestro Rayleigh.
—Quizá fue a la aldea de la isla —mencionó Shanks.
Miranda lo miró entrecerrando los ojos para luego rascarse la nuca.
—Con razón hay cocodrilos —murmuró por lo bajo.
—Es lo más probable, ya que he estado en el barco desde que me fui de aquí y no lo sentí ni vi allí —agregó Rayleigh.
Miranda miró a su alrededor como si intentara averiguar dónde diablos estaba la aldea. Olvidándose que incluso estaba llena de heridas que sangraban, y también de su cansado cuerpo físicamente —pero no mental, porque incluso la curiosidad podía hacerle olvidar todo esto último como si se tratara de una pequeña e insignificante bacteria a la cual se debía eliminar—.
—¡¿Puedo ir?! —preguntó Miranda entusiasta luego de mirar a su alrededor.
Los dos; hombre y adolescente, no pudieron reprimir las gotitas que se formaron en sus respectivas nucas.
«Está loca... Todos están locos...». Los dos suspiraron. Debían darse la tarea de alejar a Miranda de la influencia que daba su capitán. A este paso esa niña terminaría convirtiéndose en una chica completamente impulsiva, tonta y egoísta. Mientras más pronto se alejara de su capitán, mejor.
—¡Entonces, vamos!
—x—
Miranda se había olvidado a penas dar un paso hacia la aldea, el motivo por el cual habían ido —Buggy—.
Miró curiosa, y se dio cuenta de que al igual que toda la isla, la aldea estaba cubierta de árboles de cerezos, casas junto a éstos y un ambiente hermosa y asquerosamente rosa.
Frunció las cejas viendo las tiendas.
Pasteles de cerezo. Helados colores rosa. ¿¡Dónde estaba la carne a todo esto!? ¿¡Y por qué rayos incluso la ropa superior e interior eran color rosa!?
Su imaginación salió a flote en esos instantes y se imaginó a Rayleigh con sólo calzoncillos rosas. Una carcajada para nada reprimida salió por su boca y se sostuvo el estomago del dolor. ¡Dios! Esa había sido buena. ¿Y si probaba comprándole unos? Sin embargo, cuando Miranda vio en su bolsillo por dinero para su "regalo" (broma) a Rayleigh, se dio cuenta de que estaba vacío y que sólo habían rastros de pelusa. Era verdad. El del dinero era Rayleigh, quien le iba a comprar sus dos malditas espadas. ¿Pero desde cuándo ella era espadachín? ¡Ella era cuerpo a cuerpo! ¿A qué venían las espadas? ¡Y dos todavía!
Miranda sabía algo en instantes como esos, y eso era que no entendía tales cosas como "técnica de dos espadas blah blah... acostumbrada a cuerpo a cuerpo blah blah...", sí, eso había sido lo único que había entendido de la conversación que mantuvieron tanto el JODIDO Akagami, como su JODIDO maestro Rayleigh. O mejor llamado "Barba geométricamente cortada".
Volvió a fruncir las cejas y se cruzo de brazos, las personas la habían dejado de ver apenas y se había dejado de reír —lo que era extraño, ya que estaba llena de pequeñas heridas que (recientemente) habían parado de sangrar, y tendrían que mostrar una imagen perturbadora viniendo de una niña-adolescente de trece (casi catorce) años—. Siguió caminando y explorando hasta que algo llamo su atención.
Se acerco a la multitud que lanzaba alaridos de terror, y exclamaban cosas que ella no podía ni conseguía entender. Cruzó como pudo entre las personas, hacia el frente, curiosa por ver qué era lo que los tenía así. Entonces, al llegar, simplemente se rasco la nuca mirando el enorme árbol (incluso el más grande que había visto hasta ahora) de cerezo que al parecer se estaba derrumbando.
—No entiendo por qué tanto drama —incluso se fijo que no había ninguna casa en el ángulo en el que caería. Un hombre de por ahí, al oírla, la miró mal.
—Los extranjeros como tú no lo entenderían.
—¡Verdad! —había exclamado otro por ahí que había oído al hombre hablar.
Una vena apareció en la cien de Miranda.
—¡Pues claro que no lo entendería, jodido bastardo! ¡Si desde mi maldito punto de vista sólo veo un árbol que se está por derrumbar por cosas de la jodida naturaleza! ¿¡Qué diablos tiene de malo eso!? ¿Eh? ¡Nada!
El hombre que le había hablado primero se alejó unos pasos asustado ante los cambios de humor de la joven de tranquila a salvaje. Luego, al estar en una distancia prudente, él le frunció el ceño.
—¡Es un árbol sagrado! —las demás personas parecían haber guardado silencio— ¡Si él se derrumba, entonces todos los demás cerezos caerán en unos pocos días! ¡Y la isla perdería su cultura y con lo que ha vivido hasta ahora, mocosa!
Miranda, entendiendo poco de lo dicho, le frunció el ceño de vuelta.
—¿¡Por qué me gritas!?
—¿¡Por qué me gritas tú!?
—¿¡Y qué se supone que deben hacer ahora!? ¡Deberían dejar de quejarse y saber que sus destinos con los cerezos terminaran ahora y eso es porque el árbol ya no resiste más! ¿Qué? ¿Acaso tiene una solución para que el árbol deje de derrumbarse y vuelva a la normalidad como si fuera magia?
Todos la miraron dudosos.
—Bueno... a decir verdad... Sí la hay.
Miranda abrió los ojos y éstos a la vez brillaron con estrellitas rodeando su rostro.
—¿¡De verdad!? —exclamó alegremente.
—Pero...—una persona habló por ahí, con su mirada triste hacia el suelo—...Nosotros no lo podremos hacer.
—Es parte de nuestra cultura el no poder cantar. A dejado de serlo desde que nuestro anterior alcalde muriera de un atragantamiento vocal cuando cantaba.
—¿¡Y qué diablos es eso!? —Miranda se empezó a marear, ¿cómo diablos alguien podía morir cantando? Rodó los ojos. Esto era demasiado estúpido, incluso más que ella.
—Y desde entonces se prohibió volver a hacerlo —terminó de decir la misma persona, ignorando las exclamaciones de la adolescente extranjera.
—Sólo se recuperara si alguien canta la canción que esta escrita en su corteza. Pero como cantar en la isla está recientemente prohibido, no podremos hacerlo. Al igual que no sabemos hacerlo.
—Qué falta de voluntad —murmuró Miranda frunciendo las cejas.
«¿Qué no me acaban de decir que los cerezos son parte importante de sus vidas y de la isla?». Incluso ella podía entender LA IMPORTANCIA DE UN OBJETO O PERSONA PRECIADA. cASI AL INSTANTE DE PENSAR EN ELLO, TOCO SUS ESCAMAS.
Miranda entonces se acercó al árbol inclinado hacia la izquierda y lo rodeo caminando tranquilamente, buscando aquella canción que dijeron que había escrita en él.
La encontró a la mitad de camino, escrita con letra mediana que abarcaba menos de un metro del árbol como si fuera un cuadrado.
—¿Y alguien al menos sabe cómo se canta esta canción? —preguntó entre gritos. Después de todo, el beneficio de ser criada por sirenas era que desde pequeña había aprendido a cantar canciones que sus madres inventaban o sabían de cuando vivían en la isla Gyojin. Antes de ser capturadas.
Un anciano se acerco a su posición y le dio una hoja en la que ponía la letra de la canción, con palabras separadas en algunos casos y, cuando Miranda la leyó, casi al instante se dio cuenta de cómo iba ésta.
—Espero sirva —había dicho el mismo anciano, para luego alejarse. Miranda miró una vez más la letra y luego fue y se paró frente a las demás personas con una media sonrisa de superioridad.
—¡Pues bien, idiotas sin voluntad! ¡La cantaré yo! Pero, por ello, espero me paguen el favor.
—¡Sí, muchas gracias!
—¡Cualquier cosa!
—¡Contamos contigo, niña idiota!
—¿¡Quién dijo eso!? —casi al instante que Miranda pregunto eso, todos guardaron silencio y algunas personas de por ahí tosieron discretamente. Miranda sonrió al ver esto. Si todo salía bien, podría no sólo saber qué suceso "mágico" haría la canción con el árbol, sino también que le deberían de traer futura carne salada por el favor que le deberían. Ella quería carne de cocodrilo.
Nunca antes la había probado y esta podría ser su oportunidad.
Miranda se volteo y miró al inclinado árbol de frente. Su mirada se elevo a la sima y luego bajo mirando hasta sus raíces sobresalientes de la superficie del suelo. Apretó el papel y luego lo miro y leyó la letra nuevamente. Todos atrás suyo guardaban silencio expectante y curiosos por conocer su voz.
Algo tímida, Miranda comenzó a leer y cantar en voz lenta y baja los primeros versos de la canción en sus manos. Todo sea por la carne, se dijo.
Haru ni saku hana
natsu hirogaru sora yo
kokoro no naka ni
kizamarete kirameku...
Todos los aldeanos se inclinaron noventa grados tratando de oírla mejor. Miranda siguió.
Asa ni furu ame
mado wo tosasu hi ni mo
mune ni afureru hikari wa
kumo no ue...
Miranda trago saliva e inhalo todo el aire que pudo y luego, alzó la voz, la canción salió de forma alta y su voz resonó por todos los oídos expectantes de una forma que los dejó perturbados. Si la hubieran oído los demás de sus nakamas, hubieran pensado que su voz era dulce. Más dulce de lo que en verdad ella era.
Yorokobi kanashimi
subete idaite aruiteiru
watashi no te eo
kimi no te wo
tsuyoku tsunagu mono...
Guardo silencio por unos instantes mientras un viento intenso asaltaba el lugar, todos miraron sorprendidos a la chica y luego a su alrededor. El ambiente se había tornado extraño... raro.
El árbol se movía de forma sospechosa, y luego de unos segundos, Miranda continuo cantando.
Aki wa mizube ni
fuyu kozue ni hisomu
sekai no oku no
kagirinai yasashisa...
El árbol siguió moviéndose de forma extraña mientras el viento le iba en contra y parecía como si lo estuviera... ¿levantando? Miranda contemplo este hecho sorprendida mientras seguía cantando.
Yoru ga kuru tabi
inori wo sasageyou
ashita kuru hi wo
shizuka ni mukaeyou...
Miranda volvió a contemplar sorprendida cómo el árbol volvía a estar recto pero con su herida todavía en él. Siguió leyendo y cantando la letra.
Watashi wo michibiku
tooi tooi yobigoe yo
hohoemu you ni
utau you ni
hibiku kaze no oto...
Todos los aldeanos estaban con la mandíbula por el suelo al ver todo lo que había pasado luego de que Miranda comenzara a cantar.
Yorokobi kanashimi
subete idaite aruiteiru
watashi no te to
kimi no te wo
tsuyoku tsunagu mono...
Miranda paro de cantar y cuando volvió a alzar la vista del papel, sus ojos brillaron.
—¡Funcionó! —gritó con los puños alzados (junto con el papel) dando saltitos por todas partes. Los aldeano al salir de su repentino shock, festejaron al igual que Miranda, algunos incluso se abrazaban a otros y lloraban de felicidad...
...Eso era demasiado.
Miranda al recordar que le debían un favor y que al parecer tenían que cumplir ya que ella pudo reparar el árbol, los señaló con una gran sonrisa.
—¡Entonces el favor se cumplirá con carne de cocodrilo...! —todos guardaron silencio.
—Pero el cocodrilo también es sagrado. ¡Es nuestro Dios!
Miranda se golpeo la palma de su mano contra su frente.
—¡Váyanse a la mierda con sus sagradas y jodidas cosas! —gritó cabreada hasta los huesos para luego marcharse del lugar con fuertes pisadas que hicieron temblar la aldea.
Un rato de caminar de esa manera después, Miranda se encontró con Rayleigh.
—Conque ahí estabas —le había dicho extendiéndole una cosa misteriosa y larga envuelta con una tela. Miranda la agarro y la miró curiosa.
—Es que este lugar está lleno de locos... ¿y Akagami? —al liberar el sobrenombre, Miranda frunció la boca asqueada.
—En el barco. Nos vemos. Entrena duro —se despidió rápidamente Rayleigh. Miranda lo miró mal y luego desenvolvió la tela encontrándose con dos espadas iguales que desprendían un extraña aura. Claro que no superaron al aura demoniaca que se había formado en Miranda al momento de verlas.
—...Rosa... Sus mangos son... rosas...—algunas personas que tenían la mala suerte de pasar en aquellos instantes cerca de ella, sintieron desagradables escalofríos—. ¡Por eso huiste, maldito maestro Rayeligh!
Sin embargo, luego de unos segundos, Miranda notó al instante un extraño cinturón con dos estuches a los lados que supuso eran para poner y sostener las espadas. Se lo coloco en la cintura, ajustándoselo a su medida, y luego puso las dos espadas en los estuches a sus costados tratando de no ver los mangos rosas a duras penas.
«Era algo inevitable viniendo de esta isla», rodó sus ojos al pensar en ello y trató de volver al lugar donde anteriormente había entrenado con Akagami.
—x—
Cuando Mirada viajó al futuro, no fue luego de haber comido una Akuma no mi, o que alguien la hubiera mandado por pura maldad a él, no, fue cuando había llegado al lugar donde había recibido una paliza... ejem, "entrenamiento intensivo del idiota de Akagami jodido Shanks", luego de haberse largado de aquella aldea de locos junto con sus dos espadas con mangos...
Ni siquiera quería recordar de qué color eran los mangos de sus espadas gemelas.
El lugar donde había estado antes junto a su maestro, Buggy y el jodido Akagami, era el único lugar casi por completo con una superficie rocosa. Al igual que habían algunas que otras elevaciones rocosas con formas de cilindros —de las cuales Shanks había cortado y destruido una como demostración de su maldita y jodida habilidad con la espada—.
Se había sentado enfadada y con ganas inmensas de por fin comer por primera vez en su vida carne de cocodrilo.
—Estúpidos aldeanos. ¿De qué les sirve tener de dioses a seres que son comestibles? —Miranda frunció las cejas y, agarrando una roca cercana a ella, la lanzó flojamente a una de las elevaciones cilíndricas de rocas. La roca impacto y se rompió casi al instante. Miró sus dos espadas tratando de evitar ver los mangos rosas y sólo ver los estuches.
Saco las espadas mientras se paraba y se puso en posición de batalla, luego se miró a ella misma y se dio cuenta de que se veía de lejos que esa no era forma de pelear con espadas. ¿Cómo era que le había dicho Shanks? ¿Dejar una espada elevada al frente y otra atrás? O...
Miranda apretó los dientes y sacudió la cabeza. ¿Por qué tendría que estar pensando en lo que le había dicho Shanks si era su rival?
Luego de unos minutos tratando de encontrar posiciones para usar sus espadas que no fueron dichas por Shanks, Miranda las volvió a guardar resignada.
—¡No sirvo para esto! —gritó pateando una roca, sin embargo, esta vez no pudo ver dónde impacto, ya que de alguna extraña manera, se vio siendo absorbida de alguna extraña forma, y luego cayendo de cabeza al suelo duro, clavando su cabeza en éste mismo de forma patética. Pasaron segundos antes de que, enfurecida, no sólo hubiera sacado su cabeza, sino que al hacerlo, hubiera provocado que más de diez metros de radio del hoyo provocado por su cabeza, se hicieran pedazos. Y la superficie rocosa, terminara hecha rocas sin sentido aparente.
Miranda miro algo mareada y sangrante a su alrededor, frotándose los ojos.
—¿¡Pero qué demo...!?
Cuando Miranda alzó la vista hasta el punto donde percibió aquella voz, miró extrañada a un chico con pecas y otro con cara de idiota mirándola con la boca abierta y señalando en su dirección. Miranda se señalo a ella misma mirando a sus lados sin entender si la miraban a ella de esa forma u a otra persona. Pero al no ver a nadie, simplemente se encogió de hombros.
—¿Cómo diablos se pudieron crear los hombres si al final terminaron siendo tan idiotas? —murmuró para sí. Se miró a ella misma y noto alguna que otra herida, pero nada que fuera lo suficientemente sorprendente para que la miraran de esa forma. Se cruzó de brazos.
El chico de pecas parecía que había reaccionado de alguna extraña manera ya que había subido su mandíbula y dejado de señalarla. Miranda siguió estática en su lugar entrecerrando los ojos por si era algún tipo de enemigo, sentía de alguna extraña forma, aquella conocida fuerza de voluntad que sólo tenían Rayleigh, su capitán y Shanks en el barco.
Al notar esto, Miranda señaló al chico sorprendida.
—¡Tú! ¡El chico de las pecas y que tiene la misma cara que mi capitán si fuera joven! —le gritó abriendo los ojos de forma exagerada, haciendo que el chico de pecas la mirara con una ceja alzada— ¡Tienes el maldito Haoshoku Haki! ¿¡Verdad!? —y luego de gritar eso, dejo de señalarlo y puso una mano en su mentón y otra en su cadera— ¿Por qué sólo los imbéciles hombres terminan teniendo ese haki? —se preguntó más para sí misma que para esos dos chicos raros— Debería exterminarlos. Sí, así se solucionaría este problemita —una sádica sonrisa surco sus labios y empezó a caminar en dirección contraría a aquellos chicos— Si estudio para ser algún tipo de científica de seguro lograre hacer una maquina para poder deshacerme de cada uno —paro de caminar y señaló al cielo— ¡Los destruiré! ¡Gyahahahaha!
Sintió repentinamente como alguien la alzaba y la mantenía en el aire, cuando ella se giró contemplo sorprendida a aquel tipo similar a...
—¡Barba geométricamente cortada!
A lo lejos se oyeron risas mientras Miranda señalaba sorprendida al tipo que se parecía a Rayleigh.
—¡Te pareces a mi maestro Rayleigh! —le comentó con una mano pensativa en su mentón— Aunque él es rubio y tú tienes canas —se burló descaradamente, riendo de forma escandalosa, sin mostrar miedo alguno por el agarre.
—Ah, niña, deberías dejar de decir cosas que son la realidad —le frunció el ceño el tipo parecido a su maestro.
Miranda dejó de reír y le frunció el ceño.
—¡No me importa! A todo esto... ¿dónde estoy?
—¡Shishishi! MiraMa está más pequeña —Miranda se volteo con una ceja alzada hacia el chico de la cicatriz bajo el ojo junto al chico de las pecas que se encontraba contemplándola callado mientras inconscientemente se tocaba el estomago.
—Así que todavía no sucede —oyó murmurar al que la sostenía.
—¿Qué no sucede? ¿y dónde estoy? —le preguntó Miranda curiosa.
—Estas...—el tipo parecido a Rayleigh sonrió misterioso. Miranda al verlo supo al instante que algo pasaba allí, y era algo importante. Y suponía que tenía que ver con aquella cosa extraña que la había absorbido.
Entrecerró los ojos.
—¿Qué diablos está pasando aquí? —su tono cambio repentinamente. Sabía que algo serio pasaba allí, algo que ese tipo ocultaba con su sonrisa misteriosa, al igual que sabía que pasaba algo instintivamente. Su aura se torno oscura y estuvo a punto de asestarle un golpe al tipo parecido a su maestro cuando éste la soltó y ella al caer se alejó unos pasos de él.
Lo había sentido, el chico de la cicatriz, el chico de las pecas y el viejo que la había sostenido. Los tres tenían el Haoshoku Haki. Tenían grandes voluntades pero sobretodo, la de este último, su haki le sonó tan familiar que supo al instante de quién se trataba.
—Eres Rayleigh versión vieja —lo señaló— Pero sí que eres Rayleigh, él dijo que dos personas no podían tener la misma presencia —asintió para sí misma, mirando sucesivamente a las tres personas presentes.
—¿Donde jodidas estoy metida?
El viejo que definitivamente era Rayleigh sonrió.
—Entonces todavía no sucede ¿verdad, niña? —volvió a preguntar y Miranda se extraño por la pregunta. Ya iban dos veces que decía lo mismo, pero en esta última parecía que le estaba pregunta a ella.
Por alguna extraña razón Miranda negó extrañada.
—Entonces está a punto de suceder... quizá un mes o menos.
—¿¡De qué diablos estas hablando!? —cuando Miranda miró a los dos chicos que miraban hacia el suelo callados y con expresiones indescifrables, ella simplemente no lo entendió.
—El día en que te marcharas de la tripulación.
Miranda tuvo unos segundos para abrir los ojos desmesuradamente.
Ese viejo, definitivamente, era Rayleigh pero, ¿de qué estaba hablando? ¿Y quiénes eran esos chicos?
No tuvo tiempo de preguntar, Miranda volvió a ser absorbida, pero sin embargo, lanzó una última mirada a aquellos dos chicos y entonces abrió los ojos al percatarse de aquel sombrero de paja... el mismo que llevaba Shanks y antes su capitán...
Regresó al mismo lugar que anteriormente había estado parada y contempló perdida cómo la roca que había pateado antes impactaba contra el suelo y se rompía en incontables pedazos.
Parpadeo varias veces y decidió que tenía que regresar al barco.
Ese día, no comió. Y todos sus demás nakamas se preocuparon. Sin embargo, ella no habló de lo sucedido.
El día se le había arruinado por completo.
—x—
Habían pasado varios días desde que habían salido de la isla de los cerezos. Miranda ya había olvidado lo que había ocurrido en esta. O al menos eso intentaba.
A veces no podía evitar desviar la mirada al sombrero de paja que le había dado su capitán Roger a Shanks y pensar en ese chico de la cicatriz en el ojo y el otro de pecas, al igual que en la versión vieja de Rayleigh y sus últimas palabras antes de irse.
Sin embargo, ya podía comportarse con normalidad y entrenaba duramente con sus dos espadas, y sus puños, contra Shanks o Rayleigh. Se dirigían rumbo a East Blue. Eso era lo único que sabía. El por qué de ello, no tenía idea, pero ella no había salido del Grand Line en toda su vida, así que se sentía un poco aliviada de ver nuevos mares por los que viajar.
Cuando paso una semana de haberse ido de la isla de los cerezos, lograron desembarcar en otra de las islas normales del lugar. Según sabía Miranda, cuando ella estuvo en coma por un mes habían pasado ya por la Red Line y cruzado al principio del Grand Line antes del llamado Nuevo Mundo —remando por el Calm Belt una vez en total. Posiblemente se encontraran en una de las islas cercanas a Arabasta y seguramente luego de esta isla en la que recientemente habían desembarcado, volverían a ir nuevamente a cruzar por el Calm Belt para llegar por fin al East Blue.
Lugar de nacimiento de su capitán.
El nombre de la isla era "Thommy", bastante extraño a decir verdad, pero Miranda no era quién para criticar nombres. La isla era de lo más particular, al estar cerca de Arabasta se podría decir que era una isla de verano y primavera. Arena y árboles eran los que la cubrían de forma especial.
Miranda estaba fascinada por el tamaño de los árboles del lugar. Era verdad ya que había visto —y salvado— un árbol de cerezo bastante largo y grande, pero estos eran diferentes, de todos tipos, tamaños y variedades.
También, para si alivio, los isleños parecían llevar ropas de colores variados y no de un sólo color —sintió un escalofrió al recordar el... rosa...—. Las mujeres faldas largas y los hombres pantalones cortos o normales.
Miranda recorrió el lugar con los ojos brillando de la emoción. Dando saltitos y mirando de aquí para allá como siempre pasaba cuando llegaba a una nueva isla. Sonrió para sí al ver que nadie le prestaba atención por su gran recompensa. Al parecer nadie lo hacia. Nadie notaba que ella tenía un gran valor para el gobierno Mundial, la marina y etc. Eso era aliviador en momentos como estos. Sin embargo, también estaba el hecho de que pertenecía al barco del rey de los piratas —por suerte habían desembarcado lejos del puerto y las personas para no causar alborotos innecesarios—y eso de por sí ya era lo suficiente problemático. Pero si la pelea venía a ella o ella llegaba a la pelea, entonces pelearía con todo lo que pudiera y no huiría a menos que de verdad supiera que perdería.
Miranda se paro en un puesto donde preparaban comida —carne— en el momento y reviso su bolso de lana para agarrar algunos cientos de berris y comprar varios de estos Takoyakis que se veían bastante deliciosos. ¿Cuándo fue la última vez que había comido uno? Debió ser en la isla Gyojin hace vario meses.
Se fue caminando luego de recibir su pedido y empezó a comer uno a uno de una forma veloz e impresionante para los demás —al parecer siempre que pisaba la isla, siempre terminaba llamando la atención de las personas por una u otra cosa, pero la mayoría de las veces por su comportamiento, apariencia y forma de comer.
Miranda entonces captó en su mirada una estatua de una dona gigante hecha de piedra en medio de los árboles de pinos. Se acercó saltando y curiosa y leyó una de las escrituraras que había puestas frente a la dona de piedra.
—"En conmemoración a Thommy, el niño que supero el comer tres mil donas en un día entero. Pero que murió de un infarto una semana después por tanta azúcar en su corazón".
Miranda alzó una ceja. ¿Por qué diablos en cada isla que tocaba había muerto alguien antes? ¡De viejo alcalde, a niño con un récord mundial! ¡Simplemente genial!
Miranda carcajeó y varios isleños la miraron mal. Entonces ella notó otro papel más colorido a un lado de las escrituras donde hablaba de una feria en conmemoración a los diez años de la muerte de Thommy. Allí habrían varias actividades y juegos.
«Con razón se llama así la isla».
Pensó entonces en avisarle a su capitán al ver que la feria se haría en menos de una hora según había visto, pero notó enseguida cómo una mano se posaba en su hombro. A lo que volteo casi al instante y abrió sus ojos al contemplar al Vice-almirante Garp corriéndola de su lugar mientras veía el cartel interesado. A Miranda se le cayó la mandíbula al verlo tan tranquilo, como si no la reconociera de nada, ¡y eso que tenía más de trecientos millones de recompensa y pertenecía a la tripulación del pirata al que perseguía intensamente!
Pero entonces frunció el ceño.
—¡¿Por qué me has corrido?! —le gritó señalándolo acusativamente.
Garp ni siquiera se inmuto al verla, lo que la hizo enojarse.
—Mocosa, tu cara me suena conocida —mencionó.
Una vena palpito en la cien de Miranda mientras ésta se agarraba de los cabellos exasperada.
—¡¿Sólo eso me dirás?! —se quejó— ¡Soy una pirata súper famosísima! —lloró en una esquina.
Garp, luego de procesar lo dicho (gritado) por la joven adolescente, reacciono señalándola también.
—¿¡Eres pirata!?
Miranda le lanzó la primera roca en medio de la arena que encontró, la cual le dio en la frente a Garp y lo hizo caer de espaldas contra la arena.
Miranda se paró del rincón al que había ido a llorar, y se señaló a sí misma mirando hacía el todavía tirado de espaldas, Garp.
—¡Soy una gran pirata! ¿¡Por qué diablos nadie me reconoce!? ¡Malditos marines idiotas! ¡Deberían por lo menos reconocer a personas con tantas cifras y tal edad en una recompensa! —lo acusó esta vez señalando a Garp, quien seguía todavía en el suelo. Luego de unos segundos, Miranda se cansó de esperar una respuesta y al ver que Garp no se movía, lo miró extrañada mientras se rascaba el mentón— ¿Lo habré matado? —se preguntó para sí mientras se acercaba al inmóvil Garp, sólo entonces notó que estaba con los ojos cerrados, lo que hizo a Miranda entrar en pánico y mirar para todos lados— Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda...—maldecía sucesivamente. Pero entonces un ronquido la saco de sus planes de huir lejos de su recientemente y primer asesinato, Miranda miró hacia Garp y notó que un globo de moco se estaba empezando a formar en su nariz mientras los ronquidos salían de forma ruidosa y el estomago le subía y bajaba como si fuera un globo inflándose y desinflándose. Una vena palpito en la cien de Miranda mientras ésta apretaba sus puños...—Y yo preocupada... Debería matarte de verdad —le murmuró con un puño alzado frente a ella. Su mirada se torno oscura y vengativa.
Pero entonces recordó la verdadera fuerza de Garp, y luego la feria que se estaría formando en poco tiempo en la isla, y simplemente, se fue caminando en la dirección en la que iban varias personas juntas. Olvidando por completo cualquier cosa que hubiera hecho antes, y sólo pensando en...
Donas.
Sí, posiblemente hubieran donas en aquella feria. Y ella encantada las comería.
Lo que era de esperarse, pero que ella no había ni intentado pensar, es que hubieran varios marines rondando la zona. Después de todo el Vice-almirante Garp estaba en esta isla, y con él su barco y los marines a su servicio. Miranda se encogió de hombros. Los hombres eran idiotas, eso lo tenía muy en claro, pero más los marines, pues ella pasaba junto a ellos como si nada y ni notaban que ella era ¡Fresachul! ¡La adolescente novata de los trecientos millones!, bueno, quizá estaba pensando mucho en su recompensa, se dijo para sí.
La feria hizo que sus ojos se iluminaban y que sus sospechas fueran ciertas. La entrada estaba decorada con adornos de donas de diferentes tamaños, y dentro de ella habían varios puestos de juegos y de comida donde habían donas de todo tipo. Babeo al pasar por cada uno. Su estomago rugió con ganas.
Miranda reviso en su bolso de tela cuánto dinero tenía, y suspiro resignada al ver menos de cincuenta mil berris en él. ¿Dónde había quedado lo demás? Ah, sí, las dos espadas valieron más caro de lo que pensaba, y ella había sido la que le había dado el dinero a su maestro Rayeligh. El dinero que ahora poseía no era nada más ni nada menos el del aumento de su mesada por cada isla en la que pisaban.
—Debo conseguir y vender rápido una fruta del diablo —se dijo para sí.
Paso un par de puestos más hasta que sus curiosos ojos captaron un puesto de juegos en el que si ganabas, te salía gratis, pero si perdías, tendrías que pagar por tus gastos. Miranda volvió a mirar su bolso y luego el puesto, y así sucesivamente, hasta que pasaron cinco minutos y las personas la veían raro.
—Bueno... ¿qué perderé si lo hago? —cuando se fue acercando al hombre del puesto del juego de las donas, alguien se apresuro a llegar antes que ella. Miranda se apresuró a colocarse a un lado del tipo que le robo el lugar.
—Vaya, vaya. Dos clientes —mencionó con una gran sonrisa el puestero, mirando de Miranda, hasta que su mirada reposo en el otro tipo— Usted debe ser el vice-almirante Garp ¿verdad? ¿Ha tenido buen día en la isla?
—Gyahahaha —Miranda abrió sus ojos y se dio cuenta entonces de la capa de vice-almirante de la marina que reposaba en los hombros del tipo que había llegado antes que ella al puesto. Trago saliva algo nerviosa, esperando a que aquella piedra que le había lanzado a la cabeza le hubiera quitado la memoria— Ah, a estado bien —terminó con una gran sonrisa, mientras se despeinaba los cabellos. Garp miró a Miranda desde abajo, y ella se sintió algo intimidada.
«Ese tipo es más inteligente de lo que aparenta de idiota», pensó para sí. Su capitán y él tenían casi la misma aura y actitud. Era de esperarse de el rival de su capitán.
Miranda alzó la mirada y la fijó en él como si no le hubiera pasado nada.
—Usted otra vez —lo fulminó con la mirada, tanto a él como a la gran sonrisa que se le estaba formando en sus labios al oírla.
—¡Gyahahaha! ¡Ya te recuerdo! ¡Aquella niña que mandó a volar a varios de mis camaradas al mar! —le dio varias y dolorosas palmaditas en la espalda que casi la hacen escupir sangre y caer de rodillas. Pero de repente, el ambiente se torno serio mientras Miranda fulminaba con la mirada a Garp— Y también la nakama de Roger —afirmó y Miranda asintió mientras que el hombre del puesto frente a ellos los miraba del uno al otro sin entender de lo que hablaban.
Miranda sonrió de medio lado mientras señalaba al puesto frente a ellos.
—Te reto a comer las cinco mil donas en menos de un día —una sonrisa se asomó en sus labios— Si lo haces, te revelaré el escondite de Roger en este instante y me entregaré a la marina. Y si pierdes, me pagaras todas las donas que compre ¿qué dices? —Miranda sabía que decir cosas como esas era peligroso, pero también sabía que el marine no lo lograría. Incluso la persona con más estomago en el mundo (Big Mom quizá) quedaría demasiado empalagada con tanto dulce. Garp la miró interesado y alzando una ceja, para luego reír.
—¡Acepto tu reto, mocosa! —le palmeo la espalda de forma dolorosa otra vez y Miranda no dudo en fruncirle el ceño. Se estrecharon las manos mientras Garp hablaba con el hombre del puesto y Miranda contemplaba cómo el hombre del puesto miraba incrédulo al vice-almirante, y sonrió levemente.
«El por qué de creer que el mar es idiota desde pequeña es simple: me agradan los idiotas. Eso está más que seguro...».
Pasaron varios minutos cuando Garp ya se había comido cerca de cien donas y había salido corriendo ante lo que creía seria la dirección del baño más cercano ante la atenta mirada de Miranda. Ésta sonrió con suficiencia. Más pronto de lo que podría haber deseado. Incluso se había sentado viendo el espectáculo que hacia Garp embutiéndose una a una las donas en su boca. Sin embargo, la sonrisa se le fue al darse cuenta de que su apetito se había marchado al contemplar la escena de Garp huyendo luego de comer cien donas.
Frunció las cejas.
«Rayos, se me han quitado las ganas. ¡Y eso que quería comer una por lo menos, maldito Garp!».
El mencionado en sus pensamientos, regresó justo en el momento en el que tenía pensado marcharse y la señalo.
—¡He perdido, pero la próxima vez no lo haré! ¡Llegaré a las cinco mil donas en menos de un día algún día! ¡Es una promesa! —una gotita apareció en la cien de Miranda.
«Y me dicen idiota, loca e inmadura. Mírenlo a él... y a mi capitán...», asintió para sí misma mientras se marchaba de la feria a pasos apresurados. Dejando atrás a Garp y sus delirios, que eran prácticamente parte de su naturaleza.
Le dolía la espalda a horrores.
«Maldito vice-almirante Garp». Miranda se frotó la espalda.
«Malditas donas, maldito rosa, malditas palabras, maldito sombrero... Estoy confundida».
Lección de ese día: No había que subestimar a las donas. Ellas tenían un poder capaz de destruir el mundo y el estomago más fuerte.
Continuará...
—La canción que canta Miranda se llama "Ashita Kuro hi", canción de Kobato. ¡Escúchenla! Verán que es tierna y hermosa.
Y no, esto no es un fic mezclado con song-fic xD. Sólo es que Miranda puede cantar y se me dio la gana de que cantara otra canción además de Binks no sake ;D.
También estoy editando un mapa del recorrido que hizo Miranda consciente e inconsciente con los Piratas de Roger.
Sarah: ¡Mira la imagen que ha hecho Atzu-san! La puse como portada *·* ¿Ya has visto el review que a mandado la nueva lectora? Estuve tentada a seguir la idea de volver a Luffy su hijo de verdad (ella lo tendría como a los diecinueve o dieciocho), pero luego decidí que esta no era la historia. Por cierto, como has leído, hay partes que no tienen nada que ver con lo que anotaste, sino con mi final. Ya he decidido cuál será gracias a que puse este viaje en el tiempo. Posiblemente "ese" suceso, pase en el siguiente cap. Quizá tarde para hacerlo, debido a la despedida y demás.
Sin más, ¡gracias por sus reviews, favoritos, followers, y demás!
Hasta el próximo cap.
