N/A―Uff, al final lo publique antes del mes ¡Y mi compu fue reparada antes de tiempo!

―Esta historia va dedicada a Sarah.

―Miranda More―casi 14 años.


Capitulo 6


Cuando pienses que tu aventura se acaba, solo recuerda que otra cosa esta por iniciar—Miranda More.


Quizá lo que menos se esperaba Miranda que pudiera pasar en esa isla llamada Thommy ―nombrada así desde aproximadamente diez años pues un niño había roto el récord mundial de comer donas― fuera que en instantes como esos, se encontrara de frente a un ―auto nominado por sí mismo― "Rival".

Miranda volvió a fruncir el ceño, se encogió de hombros, dio media vuelta y empezó a ignorar al chico de unos diez años que se quedo con la mandíbula por el suelo al ver que la chica ―o "su rival"― lo estaba ignorando ―olímpica y― descaradamente. Luego, con el orgullo de cualquier niño de su edad, fue corriendo y se puso frente a Miranda elevando a los lados sus brazos, para "evitar" que ella pasara por sus costados. Una idea bastante inocente a decir verdad, porque Miranda, quien estaba con la mirada aburrida mientras veía la "pose" del chico raro ése, se volvió a encoger de hombros y a pasar a un lado de él como si no le importara nada de lo que hiciera éste.

Porque sí, incluso ella tenía una paciencia de los mil demonios. Y más cuando tenía hambre. Oh yeah.

―¡Oye, espera! ¡Tú tienes que pelear conmigo! ¡Eres mi rival! ―le gritó el chico a sus espaldas.

Su paciencia duraba más poco de lo que cualquiera pensaría. Ella se giro hacia él, se cruzó de brazos y lo examinó de arriba a abajo con mirada analítica. Luego sonrió inocente, y por unos instantes el niño pensó que quizá su "rival" por fin le prestaría la atención que era debida para con él.

Pero no fue así.

La sonrisa se desvaneció y una rodada de ojos fue lo que mostró luego.

―Chiquillo idiota, el día que te conviertas en mi rival será el día en el que te pueda ver con otros ojos. ¡Yo ya tengo mi rival de vida, y no eres tú! ¡Tú eres un niño flacucho...

―¡...Y tú también!

―¡Pero es diferente! ¡Soy una adolescente en pleno desarrollo! ¡Y no me distraigas pequeño mocoso! ―le gritó de regreso con el ceño más fruncido de lo habitual. «Niños...».― Como sea. El punto es que, sinceramente, ni siquiera me interesa lo que digas o vayas a decir ―Miranda se cruzó de brazos y lo miró seria. El niño la miró con un puchero― Si incluso peleara contigo ahora, lo único que llegarías a hacerme, seria nada. Tienes que saber la diferencia de mi arte con el tuyo ―explicó―. De mi forma de pelear comparada con la tuya ―aclaró al ver que el niño no parecía entender esto último dicho.

―¡Pero...!

Miranda se volteo y se alejó caminando.

―¡Detesto los peros de los niños! ―le gritó e infantilmente se tapó los oídos y empezó a tararear a todo pulmón una canción sin sentido que parecían puros "Lalalas", ignorando a la vez, todo lo que el niño le gritaba y reclamaba.

No, ella lo que menos quería era pelear con personas débiles.

Ella quería hacerse fuerte.

No tenia tiempo para desperdiciarlo con enanos menores que ella. Después de todo ese era su objetivo por estar en la tripulación de Roger, si todos lo tenían ¿por qué ella no?

Miranda era una chica, que aunque no lo pareciera, tenía en cuenta a los demás.

―x―

Fueron dos días los que pasaron desde aquel suceso ―el niño ya parecía que no la estaba buscando más, o quizá no sabía el cómo encontrarla― y se encontraban marchándose de la isla. Miranda, sin embargo, sabía y presentía que Garp aparecería pronto en frente ―o atrás― de ellos y se formaría una nueva batalla.

Ella sonrió. Recordó entonces aquella apuesta que hizo con él y el por qué no había agregado a ella un "...y también no molestaras nuestro camino cuando nos marchemos", lo que menos buscaba Miranda ―y su capitán, al igual que otros nakama (la mayoría, exceptuando a Narizotas)― eran días pacíficos mientras estuvieran en el Grand Line. Tanto ella como los demás estaban en una etapa de no soportar más de una semana sin pelear contra marines, piratas o demás enemigos que pasaran por el frente de ellos. ¡Incluso no habían batallado contra los piratas del "gigante con barbablanca" en la isla de los cerezos!

En fin.

Como era de esperarse ―al menos de parte de Miranda―, unas horas después de haberse ido de la isla Thommy, fueron encontrados e interceptados por el mismísimo vice-almirante Garp, quien saludo de una forma bastante cómica hacia ellos.

―¡Holas bastardos! ¡No lamentare hundirles el barco! ¡Que tengan mala suerte en escapar! ¡Gyahahahaha!

¿Quién lo entiende? Una gotita resbalo por las nucas de todos los presentes con oídos chismosos.

Sin embargo, como era de esperarse ―Uff― el capitán "Gold Roger" ―parecía que se habían equivocado al escribir el nombre en los carteles de recompensa (según Miranda)― le respondió igual de sonriente su saludo.

―¡Igualmente!

Rápidamente el vice-almirante Garp empezó a lanzar balas de cañón de todos los tamaños posibles, Miranda, al ver esto, formo una sonrisa en sus labios y desenfundo sus espadas gemelas para empezar a cortar algunas de las balas que estuvieran más cerca a ella. Sí, ella podía y sabía cortar con las espadas, pero en cuanto a movimientos de expertos espadachines, Miranda no tenía ni idea de nada ―Maldito Shanks (así se justificaba).

Las ganas de subirse a uno de los mástiles y derribar las balas que pasaban volando rápidamente paso varias veces por su mente ―¿o su instinto? ¡Bah!―, sin embargo, para su mala suerte ―pero no para la de sus demás nakama y el mismísimo Oro Jackson― allí arriba se encontraba el maestro Rayleigh haciendo su parte del día. Le frunció el ceño enfadada y, por unos instantes, pensó en intentar subir al mástil igualmente, pero al ver que Rayleigh hacia tan buen trabajo que ayuda era lo que menos necesitaba, cortó y cortó balas de cañón sin importarle dónde terminaran las mitades ya cortadas de éstas―a ella no le interesaba saber cuánto tendría que limpiar en momentos como aquellos―, tratando de no ver y tentarse con la idea del mástil.

Para suerte de Miranda, Akagami y Narizotas no estaban a la vista.

«Al menos eso es agradable».

―¡Cuidado con la que viene! ―había gritado un nakama de por ahí. Si le preguntaran a Miranda su nombre, estaba segura que no tendría ni la más remota idea. Para Miranda, los únicos que conocía más en su mayoría eran a Crocus, el maestro Rayleigh, su capitán Roger, Akagami (Shanks), Narizotas (Buggy), y alguno que otro por ahí.

Quizá no era demasiado habladora para con los demás.

¿Y eso qué importaba? ¡Como si fuera necesario aprenderse los nombres de todos! ¿¡Y para qué tenían nombres después de todo si al final nadie los recordaría!?

Miranda estaba confundida. Y lo peor fue que era por algo bastante simple de pensar.

Olvidándose ―para ella era simple este hecho cuando quería (después de todo seguía en las mismas con Akagami, y ese rencor ella no lo quería olvidar. Al menos, no por ahora o hasta que se hiciera más fuerte que él ¡Él era su rival de vida hasta ese entonces!)― de todo lo anterior, Miranda elevo la vista hacia el barco de marine comandado por Garp, y abrió los ojos. Más que sorprendida por lo que veía, se encontraba completamente emocionada.

Y no era por nada más ni nada menos que aquella GIGANTESCA bala de cañón ante los ojos desorbitados de los miedosos, los de Miranda, y sus demás nakama, siendo sostenida por el mismísimo vice-almirante Garp como si fuera una simple pluma ―Miranda sabía que era fuerte pero no pensó que tanto... o quizá sí―.

Se mordió el labio inferior y paró la última bala que había sido lanzada por el anteriormente mencionado, cortándola por la mitad.

Se quedo con los brazos flojos escuchando las risas de psicópata ―incluso si era la misma risa que ella mandaba todo el tiempo― de Garp. Escuchaba varios reclamos de los marines sobre su comportamiento y juraría ―JURARÍA― haber escuchado suspiros de resignación de otros que se retiraban seguramente pensando lo que era seguro que estarían pensando ―"Está loco. Los dos lo están"―.

―¡Comete esta Roger! ¡Gyahahahah!―le gritó Garp al capitán ya a punto de lanzar hacia ellos la enorme bala de cañón.

―¡Eso no nos detendrá! ―le gritó de regreso el capitán riendo escandalosamente.

Miranda no los escuchaba, es más, estaba en el sexto mundo de su imaginación. Miraba con sus ojos brillando de emoción, esperando expectante el momento en que aquella bala fuera lanzada. Y cuando Garp por fin la "empujo" hacia ellos, Miranda empuño sus dos espadas gemelas y apretó con fuerza descomunal los mangos ―...rosas― de éstas.

Si lo conseguía, si conseguía cortar aquella enorme bala sentía que podría superar cualquier obstáculo que se interpusiera en su camino a superar a Akagami. Si lo lograba quizá por fin podría ser aún más y más fuerte.

Superaría cualquier cosa. ¡Y quizá incluso obtendría aquel Haki de los reyes!

Trago saliva.

La bala se acercaba cada vez más, daba una sombra inmensa. Miranda se sintió por momentos ensimismada. Y casi sintió que sus espadas estaban siendo tentadas a caer de sus manos.

Pero antes de que siquiera pudiera hacer un "corte" fue ―tal y como paso en la isla de los cerezos― absorbida y alejada de su linea de tiempo.

«¡Malditas seas quién quiera que seas el que me arruina momentos como estos!».

―x―

Miranda cayó a tierra firme de trasero fuertemente ―incluso hizo un pequeño hoyo―. Se paró y se lo sobo fastidiada con la vida. Luego agarro sus espadas de la tierra y las volvió a poner en sus fundas. Miró alrededor y suspiro, para luego patear una roca cercana a sus pies y mandarla a volar lejos.

Estaba enojada.

Volvió a mirar alrededor: árboles, más árboles. ¿Dónde se encontraba ahora? No recordaba mucho de su viaje anterior pero podía suponer que estaba en algún futuro o algo así. Sino ¿cómo explicarían al Rayleigh más viejo que antes ―pero con su barba siguiendo siendo igual― quien le había revelado algo tan importante que ya suponía que sucedería pronto?

Miranda no había pensado mucho en ello. A decir verdad no le interesaba lo que pudiera pasar en el futuro o su futuro. Podía suponer cosas que seguro pasarían como "aquello", pero lo demás no le daba la suficiente curiosidad.

Volvió a mirar a su alrededor y empezó a caminar en linea recta por el camino libre que estaba ante sus ojos. Luego de un rato largo ―menos de un minuto a decir verdad― Miranda dejo de caminar.

―Es inútil ―se resigno como si nada. Y estuvo tentada a sentarse en algún árbol cercano cuando oyó ―casi imprescriptibles― sonidos de lejos. Pero no, no eran sonidos producidos por animales salvajes ―qué pena, ella tenía hambre―, parecían ¿golpes? ¿saltos? Miranda caminó hacia donde supuso se estaban formando. Pasó entre los árboles oyendo cada vez más fuertes aquellos sonidos.

Cuando libero unas ramas por último contempló sorprendida al chico que, según recordaba, vio con aquel sombrero de paja que estaba segura era el mismo que poseía Akagami ―no hay dos iguales, ella sabía de eso desde siempre―.

El chico sin nombre y con la cicatrizar bajo el ojo saltaba y estiraba sus brazos para golpear la tierra de forma firme.

...Esperen un minuto. Miranda abrió sus ojos sorprendida, ¿estiraba su brazo? ¿Él había acaso comido la fruta Gomu Gomu? ¿La que ella haba encontrado y vendido antes? Luego notó también que ahora el chico no tenía el sombrero de paja por ninguna parte. ¿Había sido una ilusión causada por aquella cosa que la había absorbido, o por el hecho de que en aquel entonces había despertado de un coma? Miranda no sabía nada pero el hecho de ver que el chico parecía estar aprendiendo a usar haki ―pues veía la armadura que se formaba de forma lamentable en los puños del mismo y que desaparecía antes de golpear la tierra (aunque igualmente causaba hoyos en la misma)― y que también se estiraba con normalidad (¡Al igual de que estaba segura que usaba el haki de los reyes!), por momentos se sintió algo inferior, pero luego reafirmo sus pensamientos. ¿Un chico que había comido una fruta del diablo? ¡Ja! ¡Ella no había comido ninguna y ya era alguien "reconocida" y con una gran recompensa además de fuerza!

Pero él tenía el haki que pocos poseían.

Miranda se golpe con la palma de su mano su frente.

«¡Es porque es un hombre! ¡Y porque este mundo es machista!» pensó para sí.

El chico se sentó en la tierra de repente, haciendo un mohín demasiado exagerado y cruzado de brazos ―casi parecía un berrinche cuando empezó a patalear sus piernas y pies contra la tierra. Miranda confirmo con este hecho que el extraño chico no había notado su presencia ―por lo que a la vez posiblemente no controlara todavía el haki de "observación"―, por lo que sigilosamente ―lo mejor que pudo― se acerco hasta él observando al mismo con ojo analítico, confirmando así también que él no poseía el sombrero de paja en aquellos momentos. ¿Dónde estaba entonces? Esa pregunta había asaltado la mente de Miranda antes de lanzarse al chico sin guardia frente a ella ágilmente cual gato ―y ella amaba los gatos, y más los negros― haciendo que a la vez el chico soltara un gritó de sorpresa. Miranda, luego de dejarlo de espaldas al suelo, apreso los brazos del mismo contra la tierra mientras éste forcejeaba y se quejaba. Por las dudas Miranda hizo la mejor armadura de haki que pudo en sus manos ya que quizá éstas podrían evitar que el chico se estirase ―ella no sabía mucho sobre el haki más que afectaba a usuarios de fruta del diablo del tipo logia (¿qué eran las tipo logia? Eso ella todavía no lo sabía)― y le intentara sacar de encima de él con algún tipo de truco que tuviera con su habilidad ―¿precavida quizás?―.

Igualmente el chico siguió forcejeando sin verla siquiera y Miranda ya harta de todo y con la paciencia ya rota hace más de cinco forcejeos atrás, no pudo más.

―¡YA CALLATE! ―le gritó Miranda potentemente. El chico paró de forcejear y entonces la miró. La miró como si después de haberlo atacado no lo hubiera hecho. Y entonces abrió su boca, y la cerro, y la abrió y la cerro, la abrió y cerro cual pez sin palabras ―como si los mismos hablaran ¡Ja!―.

Miranda sonrió triunfante. Se paró y lo soltó en el momento. Se alejó unos pasos mientras el chico se inclinaba noventa grados en dirección hacia ella y la miraba medio en shock, medio sin saber qué hacer.

Ella simplemente se cruzó de brazos y lo miró con superioridad.

Cuando el chico se calmó ―fueron quince segundos después de que ella se levantara de encima de él―, la miró tragando saliva y elevando un dedo hacia ella.

―¡Yo...―su dedo temblaba indeciso mientras señalaba a Miranda y ponía una expresión de nerviosismo―...me dijeron que no hablara contigo!

Una vena palpito en la cien de la chica mientras hacia una mueca exagera.

Se descruzó de brazos y puso uno es su cadera señalándolo con un dedo de la otra mano.

―¡Ya lo estas haciendo, idiota! ¡¿Y qué me importa a mí lo que te digan los demás?! ¡Ni siquiera sé quién eres! ―Miranda lo dejó de señalar y le frunció el ceño respirando agitada ―demasiadas cosas estaban pasando muy rápido―.

―¡Yo...! ―los ojos del chico se llenaron de lágrimas de repente y Miranda lo miró en shock.

«¿Qué demonios?».

―¡Me conoces! ―le replicó el chico tapando sus lágrimas ―y gran parte de su rostro― con sus manos― Tú eres mi madre ―sollozó y soltó aún más lágrimas que antes.

Miranda esta vez de verdad ya no sabía ni qué decir. Sus labios entreabiertos lo decían todo: estaba sin palabras.

¿Madre? ¿Ella? ¡Por favor! ¡Ella nunca iba a tener un hijo! ¡Ella iba a ser una gran pirata! ¡La más fuerte! ¡No iba a tener tiempo para niños en esos futuros momentos!

―No lo soy ―le lanzó Miranda en un murmullo― ¡No soy tú madre! ¡Yo nunca tendré hijos! ¡Y si los tuviera no serían llorones! ―le replicó esta vez ella mientras señalaba al chico.

―¡Sí lo eres, MiraMa! ¡Eres nuestra madre!

―¡¿No era que no podías hablar conmigo?!

De repente todo rastro de drama se quedo silencioso. El chico despego las manos de su rojo rostro y la miró neutral.

―...Lo olvide.

―¡Vete a la mierda! ―le gritó Miranda enojada golpeando potentemente el suelo provocando a la vez movimientos no muy "sanos" por parte de la tierra.

El chico soltó una risita y Miranda casi ―CASI― se sintió aliviada de que hubiese dejado de llorar para por lo menos empezar a reír.

―Sí lo eres shishishi... ¡Definitivamente sí que lo eres!

Miranda hizo una mueca.

―¡No lo soy!

―¡Sí lo eres, shishishi!

―¡Qué no!

―¡Qué sí!

―¡Qué no!

―¡Qué sí!

―¡QUE !

―¡QUE NO!

Miranda sonrió triunfante. El chico tenía una buena parte de igualdad a la personalidad de su capitán Roger por lo que siempre iban a perder en juegos como estos.

―¡Gyahahah! ¡HE GANADO! ¡NO LO SOY! ―y para exagerar más su felicidad por haber ganado en la "batalla", Miranda le echó la lengua al enfurruñado chico frente a ella.

―¡SÍ QUE LO ERES! ―el chico le hizo un mohín mientras se cruzaba de brazos ―todavía en su posición sentada en la tierra―.

―Ya te he dicho que no. Además, has dicho que tu madre se llama "MiraMa" ¿no? Mi nombre es Miranda, no MiraMa.

―¡Pero si eres ella!

―¡Ya te he dicho que no, maldición! ―Miranda le golpeó la cabeza fuertemente ―y con haki― al chico, clavando la cabeza del mismo contra la tierra logrando que el cuello de éste quedara estirado de forma graciosa mientras éste forcejeaba por quitar la cabeza del suelo en el que recién lo habían clavado ―literalmente.

Miranda recupero lentamente el aire —recientemente agitado por las acciones de momentos pasados— y se sobo la nuca con sus dos manos de manera exasperante. Luego las volvió a dejar a los lados mirando algo entretenida cómo el chico trataba con todas sus fuerzas —o la mayoría por lo menos según ella— de quitar la cabeza de la tierra —bien dice el dicho que hay que tener los pies sobre la tierra, ¿la cabeza? quizá sobre los árboles; pero sólo eran palabras de gente aburrida de la vida que inventaba dichos sin darse siquiera cuenta ellos mismos; y luego, convenientemente, un chusma de por ahí lo habría escuchado y lo habrá utilizado en ciertas momentos de su vida, allí otra persona se lo habrá quedado en la memoria... Y así sucesivamente, hasta (claro está) haber llegado a oídos de la mismísima Miranda More—, se sentó en el pasto unos metros alejada —por precaución— y luego miró nuevamente al chico aburrida, y sus intentos de liberar su cabeza de la tierra —provocando completamente que el cuello del mismo se estirara, lo que hacían frustrantes los intentos del chico por librarse—, para instantes después abrir los ojos al recordar algo.

—Maestro Rayleigh.

¿Dónde estaba él y aquel otro chico extraño de aquella vez, ahora que lo pensaba?

Sólo había encontrado al chico que había visto con el sombrero de paja de Shanks entrenando solo ¿pero y los demás? Miranda miró al cielo pensativa y con el ceño fruncido, luego volvió a mirar al chico —y sus intentos por librar su cabeza— y una sádica sonrisa surco sus labios.

Se paró de su posición sentada en el pasto, trono sus dedos y luego puso una capa negra de Haki en sus dos manos. Se acercó al chico, y de un rápido movimiento, agarro el cuello del mismo y sin un segundo más de expectación, lo apretó y lo empujo hacia arriba de forma prácticamente dolorosa para cualquiera que lo viera —debió ser doloroso recuperar el dolor de ser estirado (literalmente) como si fuera el cuello de una persona "normal" luego de haber pasado mucho tiempo siendo de goma, pero lo que menos le importaba a Miranda era la vida de este chico, y más cuando la acuso de ser su madre (sí, como no)—. Tanta fue la sorpresa y rapidez del momento que el chico en cuestión soltó tal grito tanto de sorpresa como de dolor que taladraron los tímpanos de Miranda y la hicieron soltar el cuello del mismo casi al instante de escucharlo —tapándose los oídos en el proceso—.

Luego de tal grito —y alguno que otro insulto no muy saludable de parte de Miranda hacia el que lo provoco—, Miranda More tenía ganas de utilizar sus puños y darle una buena paliza al chico.

Pero, para su salud mental-física-química-biológica —se hacían llamar "agentes patógenos" (según el doctor Crocus-sensei), pero Miranda no les veía nada que tuviera que ver con patos—, ella se contuvo —que dios y todos los santos festejen ese momento de gloria... o al menos que lo escriban en alguna parte como un recordatorio de esa pequeño logro, Dios debería estar orgulloso—, y decidió hacer algo más "productivo" de momento, antes de matarlo —el día de festejo de los Dioses se ha acabado.

Espero a que el chico en cuestión dejara de toser —ya que si le pedía una dirección en concreto no quería recibir respuestas basadas en toses y babas salidas de su boca con cada una— y por fin soltó la bomba atómica —ni tanto.

—A todo esto, ¿dónde está el maestro Rayeligh?

—¿R-Rayeligh? —una tos salió desprevenida de parte del chico Miranda se apartó por suerte —y ágilmente— de la dirección a la que se dirigía la saliva de ésta —que hubiera sido una de sus mejillas si vamos al caso—, y luego le encajó un puñetazo al chico en la cabeza —claro que estaba vez sin Haki, y no tan poderosos como el anterior; debía evitar clavar la cabeza del chico en la tierra—.

—¡No me tosas! —y como si remarcara las palabras dichas, se había sobado la mejilla que casi pudo haber sido afectada por la saliva de él.

—¡Ay! —se quejó el chico— ¡Eso duele!

—¡Mentiroso! ¡Eres de goma!

—¡Shishishi...! Me quitarse las palabras de la boca —exclamó el chico animadamente.

—De todas formas, ¿dónde se encuentra?

—¿Dónde se encuentra quién? —una vena apareció en la cien de Miranda al escuchar la pregunta.

—¡Dónde se encuentra Rayleigh! ¡Duh! —gritó agitando sus brazos a sus lados rápidamente como si fuera una gallina intentando "volar".

—Ah... —parecía que el chico lo pensaba por un momento, ya que había puesto la mano en su mentón y mirado hacía abajo de forma pensativa, pero luego alzó la mirada hacia Miranda con neutralidad— No sé.

Miranda cayó cómicamente de cabeza al suelo al oír la respuesta del chico.

—¿Qué eres: ¡Un idiota!?

—Ahora que recuerdo, ¡eso me lo dice todo el mundo! Shishishishishi...—gritó el chico con acento inocente mientras la mandíbula de Miranda cayó al suelo al escuchar aquello.

«N-no... puede... ser...: Es un completo idiota, pero de los de verdad, como mi capitán, o Narizotas, o el mismísimo Shanks». —remarquemos que para Miranda, cualquier insulto que exista en el mundo y que ella conozca, en cada uno de ellos SIEMPRE estará incluido Shanks (incluso aunque no se refieran a él, y no tengan nada que ver con él, y etc.)—.

Miranda se encontraba frustrada, hasta el punto de llevarse una mano a la cien y frotarla de forma bastante exagerada mientras lanzaba insultos incomprensibles por lo bajo. Un tiempo después —pocos segundos a decir verdad—, lanzó un pequeño suspiro de resignación.

—Está bien. Si no lo sabes tú, entonces los tendré que ir a buscar sola.

«Mejor así, ya no soporto a tantos hombres idiotas rondando cerca de mí, y más cuando se trata de los del futuro».

—¡¿Eh?! ¿Por qué?

Miranda se alejó caminando ante las preguntas extrañadas del chico que no entendía nada y que le empezaba a seguir el paso cual perrito faldero. Ella no le presto atención. Intentaba por todos los medios no prestársela...

—x—

—¡Ya cállate maldición!

Diez minutos con treinta segundos.

Ese había sido un nuevo récord para la poca paciencia de Miranda More.

Y sí, había sido por la misma persona inocente de la vida que la había seguido desde que se marchó en busca de su viejo maestro Rayleigh.

El golpe que había dado frustrada contra la tierra ante la perdida de paciencia había sido tan letal que había destruido más de cinco metros a la redonda de bosque —árboles que iban cayendo, tierra sobresaliendo de su lugar, arbustos con formas no muy "arbusteras"—. Miranda inhalaba y exhalaba como si le faltara el aire desde hacia horas, pero no era así, mas bien se veía en su mirada su bestia interior que estaba a punto de salir y lanzarse contra el chico frente a ella.

Estaba harta.

Muy cansada.

Demasiado frustrada.

¡Quería volver a su presente y darle una buena patada a esa bala gigantesca que había lanzado el vice-almirante Garp de una buena y maldita vez!

—¿Por qué? —fue la pregunta inocente (y muy esperada) del mismo chico y culpable de su estado actual.

«Dios, ¿qué te he hecho para merecer esto?».

—¡Ya cierra la boca! —una vena palpito peligrosamente en la cien de Miranda mientras ésta apretaba sus puños y se giraba por completo al chico a sus espaldas.

El chico idiota ladeo la cabeza sin lograr comprender lo que pasaba (o lo que había provocado a decir verdad). Se cruzó de brazos y llevo una mano a su mentón intentando deducir lo que pasaba, pero pocos segundos después su cara se torno de un rojo intenso, se mareo, y cayó de espaldas al suelo ante la mirada enojada de Miranda.

—N-no p-puedo más...

Miranda rodó los ojos.

—Idiotas.

—...Los árboles están aumentando. ¡Son muchos más de los que había! ¡Es genial! Shishishishi...—el chico comenzó a rodar por la tierra despreocupadamente mientras reía de forma escandalosa.

—Oi...—.

«Está mal de la cabeza», esa fue la fácil deducción que hizo Miranda al verlo. Se giró y empezó a caminar al frente, pero paró al sentir la presencia de alguien acercándose a ellos. Se giro hacia el chico y lo observo nuevamente revolcándose en la tierra y delirando. Luego miró a los alrededores cruzada de brazos pero alerta.

Aquella persona se acercaba rápido.

La presencia no se hizo esperar ver, y segundos después una persona aterrizo como si nada del mundo frente al chico idiota.

Miranda miró interesada pero manteniendo su distancia.

La presencia extraña pateo al chico delirante en la tierra.

—¡Oi, Luffy! ¡¿Dónde te habías metido?!

—¡Ace! ¡Eso dolió!

«¡Eres de goma, imbécil! A menos que... ¿haya usado Haki? Bah, quizá ese tal "Ace" lo sepa usar mejor que el chico idiota que al parecer se llama Luffy... En fin, no me interesa».

Miranda se volteo desinteresada al ver que el espectáculo que armaban aquellos dos chicos no era lo suficiente entretenido. Pero luego paro de caminar —había comenzado a hacerlo luego de voltearse— y se giro con los ojos abiertos de par en par hacia los chicos.

—Es verdad... Si ese chico (Ace) buscaba al chico idiota (Luffy), eso significa que también me puede llevar con el viejo maestro Rayleigh...—murmuro mientras una sádica sonrisa surcaba sus labios ante lo dicho.

Dio un gran y largo paso al frente, y tosió discretamente para llamar la atención de "Ace" —aunque la verdad siempre seria "el chico" para ella—. Sin embargo, éste no fue el primero en voltear y notar su presencia, más bien fue "Luffy" —alias, "el chico idiota"— el que volteo primero en su dirección, y entre las garras de "Ace" la señaló con una gran sonrisa.

—¡MiraMa! ¡Sigues aquí!

«Al menos logre mi objetivo», pensó Miranda rodando los ojos ante las obvias palabras del tal "Luffy". «Debería golpearlo y dejar su cabeza por el resto de su vida clavada en la tierra. Sí, eso haré en cuanto ese chico —parecido al capitán si no tuviera barba y fuera más joven— lo suelte», pensó Miranda refiriéndose al chico idiota.

—¿Pero qué dices Luffy? ¿A quién estas llamando MiraM...?

El chico "Ace" había parado de hablar apenas voltear su mirada hacia Miranda por completo. Parecía bastante en shock de repente al verla, para luego pasar a una mirada bastante sorprendida.

—¿..M-mamá? —al pronunciar la pregunta parecía casi como poseído.

Miranda se quedo mirando al chico llamado Ace sin expresión alguna, procesando lo dicho por éste.

...Hasta que explotó la bomba.


Continuará...


—Sarah: Puse una de las frases porque las otras las utilizaré para el siguiente cap. Luego mátame por ser tan malvada y no haber escrito lo demás, es que me cansé de no publicar nada.

Cuando empecé a escribir el cap me di cuenta que iba a quedar muy largo si agregaba lo que faltaba. Y no quería matarlos leyendo como diez mil palabras de una, los dejaría muy mal de la mente.

El capitulo me salió MUY diferente al que había casi terminado de escribir antes de que se me rompiera la compu, así que realmente si me quedo algo flojo es culpa mía por tratar de acordarme de todo lo que había escrito en el anterior. Frustración del momento. Y más cuando me he agarrado una fiebre horrible.

En fin, espero que les haya gustado por más flojo que haya salido.

También les quería invitar al Facebook que he creado para fanfiction y lo pueden encontrar en mi perfil. Allí hay una imagen que dibuje de Miranda semanas atrás y también un mapa editado del recorrido que hizo Miranda con la tripulación.

Bueno, ¡hasta la próxima! Agradezco grandemente sus reviews. Y esperen prontamente la segunda parte de este capitulo que será la última de esta saga. Ya está casi escrita. Sólo me falta "cierta" parte.

Bye, Bye.