Disclaimer: One piece le pertenece a Eiichiro Oda. No a mí.

Advertencia: Faltas de ortografía y quizás incoherencias narrativas.

—Historia dedicada a Sarah.

Miranda More —13, 14 (primer año), 15 (segundo año) y 16 años (tercer año) sucesivamente.

Makino11, 12 (primer año), 13 (segundo año), 14 años (tercer año) sucesivamente y aproximadamente.

Primera parte, de dos partes del cap.


Capitulo 8.

La mano que mece la cuna domina el mundo.


El rojo era el color pasional de las personas, pero sobretodo de las adolescentes en sus días de enamoradas. De todas formas, era un color llamativo hasta la medula, tanto así que captaba la visión ya sea de hombres o mujeres por distintas o mismas razones simplemente con verlo.

A Miranda le gustaba ese color desde que lo vio por primera vez. No, no me malentiendas, ella no lo vio en mujeres ni hombres puesto que nunca había tocado tierra en ese entonces y siempre anduvo en un barco lleno de piratas idiotas que querían venderla a ella y a sus madres. Por lo que en realidad, al verlo por primera vez en una prenda de vestir de uno de los piratas del barco, ella se enamoró.

Hasta entonces había usado vestidos viejos y prácticamente no muy lindos —aunque no era que ella hubiese visto algo lindo además de las hermosas aletas de sus madres, sus hermosas voces y el mar bajo el barco en el que podía nadar a veces unos metros alejada de los asquerosos piratas con los que "navegaba" (o más bien escapaban de los marines u otros piratas enemigos)— para el gusto de una mujer, adolescente, u hombres pedófilos —claro, nos estamos refiriendo al vestuario de una niña de cinco años, nada menos— al igual que descolorados por el tiempo y su vejez. Por lo que también, al ser una niña, los colores llamativos eran su día a día al no tener los llamados "amigos".

Claro está decir que las aletas de sus madres eran muy llamativas —una la tenía con escamas naranjas, otra azules y la otra amarillas—, y el cielo y el mar tenían también colores llamativos pero, el color rojo, le había llamado la atención casi como si hubiera sido amor a primera vista.

Por eso, el día en que uno de los piratas del barco le echó en cara prendas viejas para que vistiera, y entre ellas estaba el vestido —aunque desgastado— rojo, simplemente sonrió de alegría ante su suerte.

Y para rememorar todo, el día de su sexto cumpleaños recibió las tres escamas de sus madres, las cuales apreció desde el fondo de su corazón. Y decir que eran llamativas es poco.

Era verdad, quizá nunca hubiera tocado tierra desde que nació, quizá —como su mente infantil lo veía— no lo haría nunca, pero mientras tuviera ese vestido rojo y a sus madres cerca, ella había pensado que todo estaría bien.

Por eso había decidido que lo que faltaba era hacerse fuerte para ganar la libertad que ellas merecían. Aunque ya lo era. Bastante fuerte para una niña de su edad.

Miranda y el color rojo eran bastante parecidos en tema de personalidad.

Incluso cuando los peores momentos pasaron ella no se rindió. Ella siguió adelante. Su fuerza nunca se fue, su deseo de ser más fuerte se hizo más "fuerte" aún. Su libertad estaba a flor de piel.

Aunque a veces hay cosas que debilitan al más fuerte. El segundo golpe puede ser mortal.

Aunque tomen en cuenta que, Miranda, incluso si parece que se rindió, nunca lo hará.

Ella y su personalidad llamaran la atención de cualquiera tanto como el color rojo llama a las miradas de todos.

Sí, los dos están encendidos como el fuego mismo y al parecer no están destinados a apagarse por muchos golpes que les des. Podrán mostrar sus momentos de debilidad, pero luego se harán más fuertes. Las llamas rojas cobraran más fuerza y Miranda seguirá mirando hacia adelante.

O lo que sea.


::o::


Primer año.

Mes de Enero.

Parte: I.

Comienzo del primer año lejos del Oro Jackson—

Miranda apretó sus escamas antes de suspirar y mirar al cielo como lo hacia desde hacia varios días.

Sintió su gruñir a su estomago provocando a la vez un gran dolor en el mismo completamente vacío. Se lo froto antes de mirar hacia la mochila donde se encontraba la fruta del diablo con forma de fresa de color azul y bordados de flores —bastante extraña a decir verdad—, para luego negar varias veces con la cabeza. ¿De qué le serviría rebajarse a comérsela si no le sacaría el hambre y lo único que haría seria empeorarle el viaje?

Además, ella ya había impuesto ante todo no comérsela. Quizá luego la vendería como hizo con la Gomu gomu para obtener algo de dinero en cuanto llegara a una isla.

Si es que llegaba, claro está.

Podía sentir a su estomago empezar a comerse a sí mismo por no obtener alimento alguno por parte de ella. Ya llevaba cerca de tres días sin ingerir ningún maldito alimento. Incluso los peces y bestias marinas parecían estar en su contra al ni siquiera aparecerse para nadar a un lado de su barquito, o atacarla para intentar comérsela —respectivamente—. Al menos así ella podría intentar cazarlo y comerlo.

Incluso la sed la estaba matando. Era horrible. Peor que la última vez que la dejaron sola en el mundo.

¿Cuánto más aguantaría? ¿De verdad podría llegar a una isla?

Su rostro estaba prácticamente demacrado y sus mejillas habían dejado de estar infladas como antes. Sus labios resecos, su mirada cansina... Era una imagen que prácticamente decía "estoy en mal estado".

Nada bueno había pasado desde que desafió a su capitán. Ni luego de ello.

Miranda suspiro, se acostó en el barquito sin saber qué hacer. Se sentía cada vez sin energías.

¿Seria el karma? No le sorprendería. No es como si ella fuera la mejor persona del mundo.

Miró a un ave volando a lo lejos. ¿Una gaviota? Una sonrisa surco sus labios sin darse cuenta. Si sólo hubiera tenido sus espadas gemelas con ella quizás habría intentado lanzarle una a esa gaviota para intentar matarla y por fin poder comer algo. Pero no era así. La mochila en la que pensó había guardado ropa y comida, al igual que la nota de la persona que la había dejado a su suerte de pequeña, sólo se encontraba el libro y la fruta del diablo y lo único que había prevalecido de lo que había guardado había sido ese pedazo de papel viejo que llevaba a todas partes que iba.

Los párpados cansinos de Miranda se fueron cerrando poco a poco mientras seguía contemplando al ave.

Si simplemente en su cabeza no hubiera estado pensando comer, quizá hubiera notado el hecho de que a veces, las gaviotas vuelan cerca de las islas que utilizan como hogar. Quizá si antes de que la chica hubiera quedado completamente dormida, hubiera notado a lo lejos una elevación de una gran montaña que sólo significaba una cosa.

Por fin tierra firme.

Pero no había sido así y simplemente cerró sus párpados y cayó en los brazos de Morfeo.

Lo que le deparaba ahora era un misterio.


::o::


Parte II.

Conociendo a Makino—

Cuánto tiempo había dormido para ella era un misterio que no quería resolver. A decir verdad, ni siquiera tenía ganas de despertar. Estaba bastante cómoda en esos momentos. ¿Para qué hacerlo?

Sin embargo, era inevitable no abrir los ojos. Sintió un dejá vù al ver una pared de madera encima de ella y algo borrosa. ¿Habría dormido boca abajo? Pero no era así. Se incorporo cuando estuvo más consciente de sí misma y miró a los alrededores. Fue entonces que se dio cuenta de que no había agua a su alrededor, ni un cielo azul cubriendo su visión. Más bien parecía un cuarto bastante humilde y pequeño.

¿Habría muerto? ¿Esto era el cielo? Pues el cielo parecía ser una mierda. Miranda rodó los ojos y luego noto que se encontraba acostada en una cama y vestida de otra manera. Además de sentirse más limpia.

Era lógico saber que se encontraba en la habitación de alguien.

Abrió sus ojos al notar este hecho y sintió un extraño alivio al ver que al parecer había llegado por fin a alguna parte.

Suspiro y estiró sus brazos de forma perezosa. Su estomago gruño de repente y se dio cuenta que seguía en su mismo estado de hambre. Miró hacia la puerta en la esquina de la pared frente a ella y frunció las cejas.

¿Dónde demonios estaba? ¿Qué pasaría si salía de aquel cuarto?

La pregunta no fue contestada ya que Miranda simplemente corrió las sabanas que la cubrían cómodamente en la cama y apoyo sus pies en el duro suelo de concreto. Quizá, si todo estaba bien, podría agradecerle a la persona que la acobijo en su hogar. En todo caso, si no era así, ella todavía tenía las suficientes fuerzas para dar algunos golpes y escapar.

Cuando se paro bajo la mirada a la mochila que se encontraba a un costado de la cama. La reconoció como la suya propia e instintivamente la agarro y la abrió fijándose que nada hubiera desaparecido. Asintió en aprobación al ver que todo se encontraba donde tenía que estar. Debía ser una buena persona el que la haya metido en su hogar.

Se paro con su mochila en mano y fue a paso lento y cansino hacia la puerta para abrirla, pero no notando que una persona de menor estatura a ella estaba a punto de entrar con una bandeja llena de comida. Por suerte pudieron para las dos al mismo tiempo antes de haber podido provocar un no muy lindo posible desastre en el que se involucraba un baso de jugo y un plato de sopa al igual que un pedazo de torta de fresa.

Miranda contempló a la niña frente a ella casi como en impactada. O más bien inmovilizada y sin saber qué rayos hacer. Su mente fue volando hasta el punto de imaginarse que había desembarcado y sido salvada por enanos que parecían niños o algo por el estilo y por eso la "niña" frente a ella podía ser uno de ellos. Quién sabía lo que podría haber en el East Blue, después de todo era un lugar desconocido para Miranda.

Incluso se había encontrado con un "caníbal" —obre de Rye si escuchara esto de su amada— así que todo podía pasar. Si en este mundo existían minks*, gigantes y frutas del diablo entonces Miranda no debía siquiera sorprenderse por enanos parecidos a niños.

—¡Ya despertaste! —las palabras liberadas por la "niña" frente a ella la sobresaltaron, pero no pudo evitar asentir mecánicamente. ¿Cómo debía comportarse con personas "normales" que la habían salvado de morir hambrienta y desamparada? Quizá estaba exagerando, pero ella se sentía muy agradecida. ¿Qué pensaría la "niña" frente a ella si supiera que era una pirata, o ex-pirata? Miranda decidió en ese momento que, a como diera lugar, nunca revelaría su procedencia a ninguno del lugar en el que se encontraba ya que, como bien había dicho su capitán, este tendría que ser su nuevo hogar a partir de ahora. Miranda bajo la mirada hacia la niña que poseía en esos momentos una sonrisa amable y sin darse cuenta ella también sonrió.

Se inclino levemente.

—Muchas gracias —agradeció. Desde ahora no sabía qué le depararía.

La niña sonrió más amable y levanto levemente la bandeja con comida.

—No hay de qué. Pero creo que seria mejor que comieras. No creo que lo hayas hecho en días. ¡Eres sorprendente por sólo pararte!

Miranda se sintió alagada, y luego un sentimiento de afirmativo le vino al sentir su estomago gruñir con el nombramiento de comida.

Sin saber qué más hace, retrocedió unos pasos y, todavía con la mochila agarrada en una de sus manos, se dirigió nuevamente en dirección a la cama, siendo a la vez seguida por la niña con la bandeja.

—Por cierto... —había comenzado a decir cuando Miranda se había acostado nuevamente, pero inclinada para poder sostener mejor la bandeja en su regazo. Alzó la mirada al oírla y la encontró rectamente parada frente a ella y con las manos unidas de forma inocente—... mi nombre es Makino ¿cuál es el tuyo?

Miranda pensó por un momento si debía decirle su verdadero nombre. ¿Y si sabía quién era con la mención de él? Negó en si interior.

—Soy... Miranda.

Makino asintió con una sonrisa.

—Mucho gusto Miranda. ¡Espero que nos llevemos bien!

Eso seria algo así como el inicio de una amistad duradera.

¿Es verdad?

Oh, ¿es verdad?

¿Es aquí a donde pertenezco?*


::o::


Parte III.

¿Ropa nueva?, ¿vida nueva? ¡Bah!—

Al parecer la predicción de Miranda no fue correcta en cuanto a la isla de los enanos parecidos a niños pequeños. De todas formas, podía confirmar que el alcalde gruñón sí que parecía uno con su pequeño tamaño. Pero eso Miranda no lo diría por respeto a su pequeña amiga.

Había podido averiguar que el lugar donde se encontraba era en una isla llamada "Dawn", pero su localización era la Villa Foosha. Una bonita villa rural con pequeños molinos y deliciosas vacas en su camino —Miranda babeo al verlas y quiso ir a cazar una pero Makino la detuvo con una expresión divertida en su rostro a lo cual ella había hecho un puchero resignado (y es que Makino tenía una extraña habilidad que la hacía obedecerla).

Debido a que ella no poseía ropa, mientras comía tranquilamente en aquella cama luego de haber despertado, Makino había ido a buscarle unas prendas que dijo eran de su madre y que quizá le servirían —ella se encontraba con una cómoda blusa abotonada de color rosa claro y unos pantalones—, cuando Makino había vuelto, Miranda se encontró pensando en lo cómoda que era la camisa que llevaba

«Ah, pero si esta camisa es muy...».

—¿Me dejarías seguir usando esto? —había señalado la camisa apenas ver a Makino llegare—. Es que es muy cómoda —terminó diciendo mientras asentía varias veces para afirmar aún más lo dicho. Makino sonrió en ese entonces como sólo ella sabía hacer y simplemente dejo la falda larga en la cama mientras seguía sosteniendo la otra prenda que estaba a punto de darle. La niña había alzado la mirada para confirmar que, sí, parecía que la blusa le venía bien además de, según Miranda, ser muy cómoda.

—Claro, toma esto. Pensé en que estabas más acostumbrada a los vestidos porque llevabas uno cuando te encontramos —Miranda asintió y agarro la extraña y larga prenda examinándola con la mirada— Es una falda —la adolescente se ruborizo algo avergonzada. Pero no pudo evitar pensar que ella no conocía prendas más que pantalones tanto cortos como normales y sus vestidos.

Sin embargo, aquella cómoda falda había sido amor a primera vista —o más bien a primera probada. Se había sentido ligera y podía moverse libremente con ella. Incluso se había atado el cabello en una trenza baja, viéndose así más estilo campesina. Daba cierta gracia de sólo pensarlo.

El único mundo que siempre conocí,

nunca fue cálido como este.

Nunca conocí la vida tal como era.*


::o::


Parte IV.

Villa Foosha—

Makino le había contado algunas cosas sobre la isla apenas saber que Miranda planeaba quedarse. Claro está que la pobre adolescente no sabía todavía qué haría y cómo viviría en aquella isla a partir de ahora.

Se interesó un poco al escuchar sobre los bandidos de las montañas. Se había quedado pensando sobre ellos y una extraña idea había surgido en su cabeza que por ahora no pondría en marcha. Enero era un mes bastante cálido en la villa y al mes siguiente seria su cumpleaños número catorce —y doce para Makino. Era sorprendente que la niña cumpliera en el mismo mes trece días después del suyo, a lo cual la misma le había dicho que hicieran una fiesta conjunto, pero Miranda se había negado al no conocer a nadie y no saber qué diablos era una fiesta de cumpleaños—.

De todas formas, por ahora se había establecido hasta encontrar trabajo en la pequeña casa donde residía su actual y primer amiga de vida. La madre de ésta no tuvo problema alguno en agregarla a la familia temporalmente hasta que se acostumbrara al lugar y pudiera independizarse y poder dejar el nido.

«Ni que fuera un pájaro.»

Lo bueno era que nadie parecía conocer que anteriormente —¿o actualmente? De seguro todavía nadie sabía que ella ya no era parte de los piratas de Roger— era una pirata con una gran recompensa. Lo que era un poco deprimente, y si no fuera porque tenía que guardar algunas apariencias, Miranda hubiera lanzado un insulto a cada persona que le hablaba y ni siquiera sabía que era la famosísima Fresachul.

No, ella no era una pirata ahora. Además de que no quería causar revuelo en aquella tranquila isla que tenía pinta de ser más pacifica que otra cosa. Todavía no sabía mucho sobre el lugar pero tampoco tenía que apresurarse e intentar explorarla instintivamente por completo. No, no, ahora ella tenía que marchar más lento que antes puesto que estaría en aquel lugar por un buen tiempo.

«Aunque no es exactamente mi ritmo todo lo que sea "lento", maldición. ¿Dónde diablos me fui a meter?».

Quizá por eso le llamo la atención la mención de los bandidos de la montaña. Sentía que encontraría su lugar ahí donde no tendría que actuar como un buen ciudadano, sino que liberaría todo lo de adentro de ella de forma más honesta.

A decir verdad le agradaban los ciudadanos, tenían actitudes de buenas personas, y más Makino. En varias ocasiones de las semanas que iban pasando se le había ocurrido sincerarse con la niña y decirle su verdadera procedencia, pero decidió que todavía no era el momento adecuado. Quizá nunca lo seria si iba al caso.

Hablando de Makino, según tenía entendido, su sueño era abrir un bar en el cual pudieran convivir cualquier persona sin necesidad de violencia y sólo amistad. Quién sabía lo que había en esa mente inocente. Sin embargo, Miranda había sonreído y le había dicho palabras desinteresadas.

—Si quieres conocer bien a alguien, ve cuál es el tipo de licor que bebe con sus amigos. Eso me lo han dicho. Creo que estaría bien que abrieras un bar, quizá las personas de esta isla puedan convivir mucho mejor con él. Incluso con los piratas. ¿Te lo imaginas? —Miranda amplió su sonrisa, ahora que se daba cuenta, el bar sí que seria una buena idea— Suerte con tu sueño, Makino.

La niña había sonreído ante las palabras de la adolescente.

No había mucho que contar sobre el mes de enero, a decir verdad.


::o::


Primer año.

Mes de Febrero.

Parte: I.

La adolescente More se limpió la frente con el dorso de su mano mientras suspiraba, el calor podía llegar a ser peor que el más peligroso pirata del mundo. Sentía que se derretía con cada subida de temperatura.

De todas formas, siguió trapeando los suelos de aquel pequeño mercado donde trabajaba. No era mucho, pero al menos podía poner algo de dinero para la comida en la mesa de la familia de Makino. Aunque, si fuera pirata, con sólo llegar a una isla y obtener un tesoro, aquella familia no tendría siquiera que trabajar por un buen tiempo.

Miranda sacudió la cabeza.

Se sentía "afortunada" de que sus habilidades de limpieza sirvieran para algo. Meses de lavar ropa sucia de piratas sucios, trapear los suelos de madera de un barco enorme, y demás, habían capacitado a Miranda para cualquier tarea domestica.

«Dios, a este punto sólo me falta conseguirme esposo, un perro y una casa...», pensó frunciendo el ceño para luego sacudir la cabeza con un chasquido asqueado. «¡Eso nunca!».

No le gustaba que se diga trabajar en ese lugar. Se sentía extraña al hacer trabajos "honestos", pero la amabilidad de la familia de Makino, y de la misma, hacían que extrañamente se moviera algo dentro de su frío corazón de adolescente. Todavía no se acostumbraba al ritmo lento de la isla, las personas parecían vivir en una pacifica burbuja rosa donde nadie más existía que todos ellos juntos y trabajando día a día tranquilamente.

A veces Miranda se llegaba a preguntar si algún pirata habría llegado alguna vez a pisar esta isla, puesto que todos parecían tranquilos para todo lo que Miranda había visto en su vida.

«El East blue es raro ¿Acaso todo el mundo aquí es así de extraño y tranquilo?».

Quizá se sentía algo intranquila por todos los isleños. Después de todo, y aunque Miranda no lo admitiera en su mayoría, ella había vivido cosas peores que todos ellos juntos. Cosas que ellos quizá nunca fueran a experimentar. Sobretodo Makino (y Miranda deseaba que ella nunca experimentara lo llamado "soledad").

Ya cuando se dio cuenta su catorceavo cumpleaños había llegado, recibió por parte de la familia de Makino, algo de ropa y un peine —después de todo, no siempre podría utilizar el de Makino para hacer sus, recientemente, clásicas trenzas—. Creo que por ello estuvo el resto de ese día con el extraño sentimiento de vergüenza y confusión, aunque ella no sabría decir el por qué.

No era como si Miranda estuviera acostumbrada a los regalos de una familia estable y feliz.

Ese misma noche de su cumpleaños, pensó en su anterior y última tripulación; cómo y dónde estarían; si ya habían empezado a dejar nakamas por el resto del East blue, e incluso si todavía la recordarían. También recordó su cuarto en el barco y qué diablos habrían hecho con sus demás cosas que había dejado atrás. Se había sonrojado con el recuerdo de aquel libro que había tratado de leer sobre sexualidad. «Esos pervertidos de seguro debieron haber mirado las imágenes de chicas desnudas que habían en él... Jodidos desgraciados». También, por una milésima de segundo, recordó al caníbal de la isla en la que estuvo antes de irse del Oro Jackson.

Quizá por eso no pudo dormir.

Y un sentimiento de nostalgia la había embargado por completo hasta el punto de sentir picar su nariz con las ganas de llorar. Aunque no lo hizo.

Porque todavía no era el momento para hacerlo.


::o::


Primer año.

Mes de Abril.

Parte: I.

Al fin, ¡Voy a llegar a ustedes, Bandidos de las montañas!—

Cuando se dio cuenta, cerca de tres meses habían pasado desde que la encontraron en esa isla.

No había pasado mucho desde entonces, y por eso las ganas de ir a ver a aquellos llamados "bandidos de las montañas" se hacían cada vez más grandes. De cierta forma le había dado una oportunidad a esa pequeña parte de la isla Down, la Villa Foosha. Pero no lo soportaba más. Se había dado cuenta de que nunca podría convivir con ellos de la forma que ellos lo hacían entre sí. La ponía medianamente enojada que fueran personas que no tuvieran peligros no esfuerzos en su vida.

¡A ella le encantaba el lado difícil de las cosas! Una vida sin esfuerzo, sin pelea —tanto literal como figurativamente— ¡era una vida que Miranda sabía que apestaba más que la ropa sucia!

Varias veces se pregunto qué harían los bandidos de las montañas para sobrevivir día a día.

«De seguro robar o cazar ¡o encontrar tesoros escondidos!». Y su sed de aventura crecía. Si Miranda planeaba vivir por lo que restara de su vida en ese lugar, por lo menos lo haría en un ambiente que fuera ideal para su personalidad y su fuerza de voluntad.

Por ello se había embarcado en un viaje hasta la montaña luego de avisarle a la pequeña Makino —de ya doce añitos— que no volvería en un largo tiempo, pero que seguiría en la isla a pesar de todo. La pequeña y reciente adolescente sólo le había sonreído inocente y le había deseado lo mejor. Según tenía entendido, el padre de Makino estaba pensando en comprar un pequeño local que había quedado abandonado luego de la muerte del dueño, y allí, de alguna suertuda manera para la pequeña adolescente, pondrían un bar. Se prometió a sí misma y a la pequeña, que cuando ya estuviera el bar puesto, ella iría a tomar algo.

Emprendió su viaje con la vieja mochila que conservaba la fruta del diablo, el libro con la información de ésta —y de muchas mas—, algo de comida, pocas mudas de ropa, al igual que su peine.

Cruzó los molinos, las deliciosas vacas, caminó por el camino de tierra en soledad con el viento en contra y el sol dándole de lleno en la cara por no haber un sólo árbol a su alrededor.

Si lo pensamos bien, una adolescente de recientes catorce años, caminando sola hasta la "boca del lobo" era una imagen demasiado irreal. Irónico la verdad, puesto que ella misma sabia que su naturaleza era la que la había llevado a hacer ese viaje completamente sola. Sin un bastardo guía. ¡Ahora que lo pensaba, ni siquiera sabía dónde diablos estaba esa montaña!

Habían pasado horas desde la salida de la villa y por fin pudo divisar a lo lejos una elevación bastante notoria. Ya para ese entonces sudaba y tenia una sed y hambre de muerte. Sus ojos entrecerrados y sus cejas fruncidas daban la imagen de una chica aparentemente enfadada, lo que en parte era de cierta forma verdad, pero no era por nada más ni nada menos que el estúpido sol que parecía no querer irse ni moverse.

Bien, estaba enfadada. Tenia hambre. Quería comer y beber algo. Pero Miranda sabía que debía guardar provisiones por las dudas. Ciertamente no faltaría mucho para que el atardecer viniera y el Sol por fin se ocultara, allí podría por fin absorber todo el frío de la noche como si fuera comida y recuperaría las energías que el maldito y demoniaco Sol le había quitado en todo el día.

«Nota mental: Si voy a hacer un viaje largo, en un lugar soleado la mayor parte del tiempo, ¡no dudar en salir en el atardecer para así no tener que comerme un sol de muerte, demonios!». Esta enseñanza no se le olvidaría por un largo, largo tiempo.

Ya de noche, el sol se había ocultado y una brisa había por fin dado contra la cara de Miranda de una forma casi aliviante. Se permitió descansar en uno de los árboles que ahora pudo encontrar. Faltaban poco menos de un kilometro para por fin llegar a la montaña y ella ya no podía más. ¿Cuánto tiempo había caminado, seis, siete, ocho horas? ¡Y sin descanso y con un sol bastardo! Ni que hubiera nacido en una isla con clima veraniego, por Dios.

Claro que, cuando se permitió su descanso, se durmió casi al instante sin darse siquiera cuenta de este hecho. Durmió cual tronco viejo en el pasto, y despertó a la mañana siguiente toda despeinada y con hojas por toda su cara, pelo y ropa, dándole un aspecto bastante cómico, aunque Miranda estaba demasiado cansada para reparar en su estado físico y simplemente retomo su marcha, no sin antes abrir su mochila y sacar "poca" comida para alimentarle. Lo cual trajo más hambre y ella sin siquiera darse cuenta, comió todo lo que había traído —que resultaba se muy poco para su estomago.

En sus últimas décimas de metros hasta llegar a la montaña, Miranda suspiraba y sentía a su estomago retorcerse de hambre como si tuviera vida propia. Ella se lo sobaba frunciendo el ceño y pensando que debería buscar algún animal para cazarlo, asarlo y comerlo en cuanto entrara a la masa espesa de color verde que daba inicio a su búsqueda de los bandidos de las montañas. Al haber concluido con todo este pensamiento, Miranda por fin se abrió paso entre ramas y árboles y fue subiendo por el relieve que se extendía muchos kilómetros hacia arriba.

Se hizo alguna que otra herida pequeña mientras emprendía el camino. Su sed de hambre la hacían babear, y más con el pensamiento de por fin poder cazar algo «No como esas estúpidas vacas que están allí en Foosha tranquilamente comiendo su jodido pasto, y que Makino y el resto del mundo no me deja comer».

El clima era húmedo, la tierra no era exactamente fresca, sino un lodo resbaloso que daba más peligro del que aparentaba. Y las filosas piedras en el camino no ayudaban mucho que se diga.

Cuando ya hubo llegado a una superficie plana y con tierra dura y fresca, Miranda por fin se permitió descansar, tirándose de lleno de espaldas al tronco de un árbol de forma brusca y para nada femenina. Ya para ese punto, ella se encontraba con la apariencia de una chica bastante desastrosa. Las hojas por todas partes de su cuerpo, el lodo en su piel y ropa, más las pequeñas heridas que se había hecho producto de la subida, no daban a relucir una imagen exactamente bonita de la chica More. Más bien, de una loca desquiciada que le ruge el estomago del hambre. Ja.

De todas formas, y sacando de encima el tema de la belleza exterior (si, como no), Miranda se encontró con los brazos cruzados y apoyados tanto en su nuca, como en el tronco del árbol, descansando y mirando de reojo a su alrededor con aura amenazante y hambrienta.

«Tengo hambre».

Ella frunció el ceño.

Se incorporo y miró a los lados, olfateo el ambiente por si encontraba algún olor familiar. «Incluso fruta está bien».

Se paro y, con un suspiro de fastidio, siguió caminando "hacia arriba y más arriba", buscando, por supuesto, el escondite de los bandidos.

«¿Y si se ocultan en algún tipo de cueva secreta debajo de mis pies? ¿O tienen una súper casa del árbol?» los ojos de Miranda brillaron con estrellitas «¡eso definitivamente seria genial!».

O eso fue lo que pensó, hasta que luego de caminar por caminos de tierra que se volvieron de pasto y enredaderas por doquier, se encontró con una camino bastante marcado de tierra que se hundía y dejaba de lado al hermoso y suave pasto del bosque de la montaña. Había parado su caminata en ese momento, se había limpiado su frente sudada, y había elevado lentamente su mirada por ese camino hasta toparse una imagen que hizo que todas sus geniales ilusiones sobre cuál seria el hogar de aquellos bandidos, se fueran al demonio sin más y arruinaran la poca infancia que conservaba en su interior.

Por ello, su mandíbula había caído al suelo al contemplar a aquella casa hecha de madera, con algunos pocos árboles alrededor, que daban paso a lo que, ella estaba segura, seria el hogar de aquellos bandidos. Definitivamente, esta seria la última vez que se haría ilusiones con los hogares de los demás. Sin más, ya un poco estable mentalmente (porque físicamente tenía una gran vena palpitando en su sien), se dirigió a paso seguro hacia aquella casucha. Sin embargo, se detuvo al escuchar un sonido casi imperceptibles a los oídos de las personas normales. Claro, pero ella era todo menos malditamente normal. Oh, yeah.

Por ello, pudo esquivar a dos tipos —que ella supuso rápidamente que se trataban de ellos— que se le lanzaron como animales, y que terminaron de cabeza clavada en el suelo con todo y armas, cortesía de la patada y puñetazo que había lanzado Miranda por instinto.

Se emociono a pesar de que fueran enemigos débiles, al ver que muchos más de ellos, salían de sus escondites en los árboles e iban a su ataque al comprobar cómo habían quedado sus dos camaradas.

Una sádica sonrisa se clavo en los labios de la joven adolescente mientras sus ojos se iluminaban y tiraba su mochila a un lado al comprobar lo que harían los demás —atacarla.

«¡Genial! ¡Extraña esto!».

Pocos minutos después, miranda se encontraba mirando al cielo con una sonrisa de satisfacción mientras por debajo de ella una montaña de bandidos se hallaban completamente inconscientes y en blanco.

—Ah~.—Luego de ese suspiro, se bajo de la montaña, y agarro a uno de los que parecía que estaban a punto de despertar, lo sacudió varias veces hasta que este la miro y, luego de unos segundos de procesar todo, comenzó a temblar mientras sudaba frío— Disculpa~ —el tipo trago saliva al ver la sonrisa inocente de Miranda, mientras esta a su vez inclinaba su cabeza a un lado— ¿Dónde está tu jefe?

A pesar de que estaba más que cagado de miedo, y sin poder liberar ninguna palabra, el tipo pequeño señaló hacia la casa con mano temblorosa. Miranda se giro a ver y sonrió aún más amplio, mientras soltaba al tipo y se paraba de su estado agachado. Cuando llego hasta la puerta de enfrente, luego de haber agarrado su mochila y emprendido su camino a la casucha, ella toco la puerta de forma educada.

Pasos se oyeron de forma amenazante y Miranda volvió a ilusionarse al pensar que su lider seria alguien musculoso y genial, pero cuando la puerta se abrió, la mandíbula de Miranda volvió a caer por segunda vez en el día al contemplar a la amenazante mujer robusta que se encontraba contemplándola con los labios y ceño fruncidos.

—¿Ah? ¿Y tú quién eres?

Miranda levando su mandíbula del suelo y señalo silenciosa hacia la montaña de personas que se encontraba en el único camino de tierra a la casucha.

La mujer se inclino en el marco de la puerta y miró hacia aquella dirección mientras Miranda contemplada distraída dentro de la casa.

—¿Pero qué dem...?

La miranda de la chica volvió a mirar a la mujer robusta y su cara ahora se encontraba en blanco, mientras la mandíbula se le había desencajado. La adolescente sonrió inocente, inclino su cuerpo noventa grados como le había enseñado Makino cuando pido su primer empleo en aquel mercado al que había renunciado antes de irse hasta aquí, y dijo:

—¡Desde ahora seré uno de ustedes!

Más que palabras, más que una pregunta, más que cualquier cosa que se le dice al que tendrías que considerar como tu nuevo jefe, Miranda dio la orden implícita de que se quedaría, de ahí en más, en esa casucha.

—¿Qué? ¡Espera un segundo mocosa! ¿Quién dijo que te podías quedar con nosotros luego de lo que acabas de hacer a todos ellos? —la mujer parecía haber vuelto a la realidad de repente, y al procesar lo dicho por la chica simplemente no pudo evitar quejarse.

—¿Ah? ¿Por qué no? ¡Yo fui una pirata antes! ¿Por qué no ser una bandido entonces? Incluso me puede dar cualquier trabajo aquí —Miranda le frunció el ceño enfadada, si en vez de haber sido mujer, fuera hombre la persona que le abrió la puerta, entonces ella le hubiera mandado a volar en ese momento. Pero de cierta manera sentía respeto por la extraña pelirroja que le había abierto la puerta, ¿cómo de dura podía ser para que pudiera ser la Jefa de todos esos bandidos?

—Tsk. ¿Y por qué lo tendría que hacer? ¡Me basta y me sobra con todos esos imbéciles que están desparramados por ahí! —incluso los señaló y alguno de por ahí se quejo ante este hecho— Y ya tengo suficiente con las amenazas del tipo ese como para agregar a una pirata y que por fin nos manden a buscar los marines.

Miranda apretó los puños.

«Como si alguien me conociera» pensó frustrada.

—Pues bien... ¡si le sirve de algo, soy buena peleando, incluso los vencí a todos ellos, y también sé limpiar y lavar, incluso puedo cocinar cualquier tipo de carne, al igual que cazar! —le gritó enojada, como si todo lo que hubiera dicho, o al menos algunas de las últimas cosas, no fueran exactamente cosas que le agradaran hacer. Sin embargo, fueron lo suficientemente buenas para que la mujer robusta y pelirroja se le quedara mirando pensativa.

—¡Déjela Jefa! —uno de los bandidos vestidos de gris y que parecía haber escuchado toda la conversación, dio su opinión.

—¡Sí! ¡Ahora podremos tener a alguien que nos traiga la comida, limpie la casa, cocine y lave toda nuestra ropa!

—¡Le daría su tan deseado descanso!

Todos los que parecían haber despertado y oído toda, o parte, de la conversación que tuvieron las dos, parecían estar del lado de Miranda, la cual sonrió con superioridad.

«Eso es imbéciles, sigan así» pensó de forma demoniaca.

Y para rematar más, ella misma asintió a todo lo que los demás decían. Fue entonces cuando por fin la mujer suspiro y se sobo la sien.

—¡Ya cállense cabrones! —rugió la Jefa, a lo que todos guardaron silencio y Miranda la miró con los ojos abiertos «Genial»— Bien. Desde ahora serás la sirvienta ¡Pero al mínimo error seré yo personalmente quien te eche a patadas, mocosa! ¡Tendrás que trabajar duro desde ahora!

—¡Claro!

Ese día supo que la mujer, ahora su jefa, se llamaba Dadan, y también supo que sentía admiración porque no cualquier mujer —al menos, no que hubiera visto en la villa Foosha— tendría el valor y la fuerza para someter a los hombres.

Fue en uno de esos días de abril, cuando por fin había llegado a la montaña, llamada "Monte Colubo", encontró a los bandidos de la montaña y, para su "sorpresa" —aunque ella misma lo había provocado— se volvió su sirvienta.

Sí, el mes de abril de su primer año en la isla fue genial.

Notese el sarcasmo.

Al menos podía decir que tenía el respeto de los bandidos —y el miedo—.


Continuará...


*—Fragmentos de la canción Lullaby blue de Itou Kanako. A petición de Sarah y Atzu-san.

*—Minks: La nueva raza que ya apareció en el manga de One piece. También en el anime si nos referimos a Bepo. Son humanos animales, o animales humanos que tienen la habilidad de hablar como las personas y etc.

Jaja xD Esa Miranda LOL.

Bien, este cap está dividido en dos debido a que sino seria muy tedioso para ustedes el leerlo. Créanme que el otro —gracias a Sarah xD— ya está casi completo. En esta semana lo subo. ¡En el siguiente, ya les digo, el tiempo transcurrirá un más rápido!

¿Y? ¿Les a gustado?

Quiero aclarar que el camino que hace Miranda hacia el Monte Colubo lo hice exagerado por gusto mio, pero la verdad es que no creo que sea un camino de más de dos horas desde la villa Foosha xDDD.

Oh, bien, también les spoileo que en el siguiente cap pasaran muchas cosas tanto tristes como felices :D.

¡Hasta la siguiente parte del capi!

PD— Para los lectores de Tiempo al Tiempo, les quiero dar una gran disculpa. A decir verdad, fue en un review que recibí hace pocos días, que me di cuenta que habían pasado meses desde que publique un capitulo en la historia o.O. ¡Trabajare duro para traerles el siguiente pronto!