Disclaimer: One piece no me pertenece. Ya lo sabe. Y esta historia le pertenece en parte a Sarah. También la imagen de portada le pertenece a Arzuko-san :D

-Esta historia está dedicada a Sarah.

Miranda More— 13, 14 (primer año), 15 (segundo año) y 16 (tercer año).

Makino—11, 12 (primer año), 13 (segundo año), 14 (tercer año).

Ace— dos meses (tercer año).


Capitulo 9.


Primer año.

Mes de Julio.

Parte I.


Cuando Miranda contempló a lo lejos —desde la sima de la montaña— la villa Foosha. Una vena había palpitado peligrosamente en su sien al darse cuenta que la villa estaba más que cerca y que, ella misma, sin darse cuenta, ¡había hecho el viaje por el camino más largo! Casi se quiso tirar por la montaña y rodar de forma patética al suelo. Por dios, ¡eso le pasaba por no haber explorado antes la isla! ¡Esto no hubiera pasado si no fuera por su idiotez!

Suspiro.

—¡Desgraciada isla!

De todas formas nadie la escucharía. Tampoco es como si importara de todas formas que alguien la escuchara.

Arrastró consigo el gran oso por el camino que más o menos tenía ya memorizado hacia la casa de los bandidos de las montañas.

Llevaba cerca de más de tres meses rondando la montaña, trabajando en la cabaña-casa, y trayendo la comida a la misma. Cocinando, lavando, limpiando...

Al menos podía dejar de fingir una actitud sumisa y linda...

Chasqueo la lengua.

Lo único que extrañaría de la villa Foosha seria a Makino y su familia. Por lo demás, estaba más que tranquila. Quizá había surgido alguna que otra complicación debido a que en realidad Mirando no estaba exactamente acostumbrada a la vida de verdad en un bosque, pero se integró rápido. Y el hecho de que pudiera estar in fraganti todo el tiempo ayudaba.

Culmino su camino mientras tarareaba sake no binks a su estilo.


Parte II.


Hacer de comer para bandidos, o cerdos —porque se comportaban como tal—, era de verdad lo que la hacia querer matar a cada hombre del lugar. Pero se contenía. O, dios santo, se contenía de verdad.

Debería ponerlos a entrenar o algo, así al menos estaría satisfecha con cocinarles. ¡Y no hacerles de comer a unos verdaderos vagos! Tenía ganas de gritarle eso a la Jefa Dadan, pero no debía, no por ahora, al menos. Estaba en una fase de prueba. Podría aguantarse simplemente golpeándolos y ya. Después de todo, al final, Dadan no le diría nada por darles una paliza.

Y luego, cuando ponía la comida en aquel gran plato —mayormente era carne, porque Miranda no... no era exactamente muy buena con las demás cosas. ¿Pasable, quizás?— y lo llevaba para que las bestias humanas se pelearan como caníbales por el último pedazo de carne humana —o algo por el estilo—, era el momento favorito de Miranda porque este hecho le hacia recordar a su capitán. A su ex tripulación. A veces, en medio de la pelea por un pedazo de carne, Miranda se encontraba recordando los viejos tiempos. No sólo en aquel barco, sino con sus mamás. Había perdido tanto, pero había logrado seguir adelante. Cada una de las decisiones que tomó, o que no tomó, la habían hecho estar en esta casa, trabajando, teniendo un techo para dormir y personas a las que... uh, ¿cuidar?

Su futuro parecía tan incierto. Ya nada podía saber qué sucedería en su vida. Cualquier cosa podría pasar. Miranda estaba segura de ello. Sin embargo, seguiría adelante, lo había hecho desde que nació, desde que perdió muchas cosas en el camino en el que estaba ahora metida.

Podía decirse que de cierta forma se arrepentía de algunas decisiones, pero, no del camino que había elegido tomar.

Entonces miró el último pedazo de carne ignorado en aquel plato. Fue en ese momento que estiró su mano, cuando supo que lo iba a alcanzar pero, como la vida es una bastarda, ahí estaba la mano escabullida de su jefa Dadan para robarle la felicidad y, con ella, aquel delicioso pedazo de carne.

Casi se vio llorando. Y lo peor de todo, ¡no había comido nada en todo el día y se descuido completamente en la cena al actuar tan pasiva!

Eso le pasaba por ser una vieja recordona. ¡Sólo le faltaban tener muchos gatos!

Aunque lo único que conseguiría en el Monte Colubo serian tigres gigantes, leones hambrientos, y monos que golpeaban de forma fastidiosa y se robaban las frutas que lograba conseguir de suerte en algún árbol o arbusto, en aquellos días —como hoy— donde no comía ni una migaja —o hueso— de carne.

«Maldito karma. Malditos monos».


Primer año.

Mes de Agosto.

Parte I.


Miranda se encontraba viendo el horizonte por aquel gran árbol mientras comía una manzana verde que había sacado de un árbol de por ahí.

Allí, donde el mar parecía eterno, donde el atardecer parecía formarse y ser inalcanzable. Donde el cielo se teñía de colores cálidos.

Mordió, masticó y tragó otro pedazo de manzana de forma distraída.

—Qué fastidio —rodó los ojos. Allí iba ella y se ponía poética con una amanecer. Volvía a estar en aquel mismo lugar, en aquella pequeña sima donde estaba aquel árbol que daba una brillante visión de la isla casi por completo. O eso se había dado cuenta al ver hacia otra dirección y encontrarse a lo lejos con la villa Foosha. Pero no fue por eso que al principio le había fascinado el lugar, más bien fue la visión del idiota mar la que le hizo que le gustara.

Desde allí podía ver cada barco que venía; Cada pájaro que volaba; cada nube que se aproximaba. Eso, y mucho más.

Volvió a rodar los ojos. Debía alejarse de todos aquellos cuentos de hadas que le contaba Makino en aquellos cortos tiempos en los que estuvo con ella. Le habían perturbado la mente de una forma perturbadora. Peor que la más horrible paliza que pudo haber recibido en su corta vida.

Volvió a masticar la manzana. Eso era lo que hacia últimamente, y no me refiero a comer manzana, sino más bien a comer frutas porque de alguna extraña manera su estomago no quería consumir carne. Al principio pensó que debía ser algún atentado de su estomago contra su persona, pero con el paso del tiempo, pudo notar que su gusto por la carne iba disminuyendo. Incluso, cada vez que veía un trozo, se veía deprimiéndose por alguna razón desconocida.

Pero ella amaba la carne, por lo que se confundía al verse comiendo pura frutas. Puaj. ¿En serio? ¿Frutas? ¿Cuando tenía a esa deliciosa carne rondando toda la montaña en forma de animales peligrosos a los cuales perseguir y a la vez poder entrenar?

¿Cuántas veces iba ya que le venían las mismas preguntas a la cabeza?

Simplemente estaba algo cansada. De algo. De todo. Ya ni sabía.

Una parte de ella tenia una pequeña idea que quizá fuera una verdad innegable.

Estaba...

...Estaba...

¡Estaba preocupada, ¿okay?!

Habían pasado, ¿qué? ¿ocho meses desde que fue "expulsada" del Oro Jackson? ¡Ni siquiera había tenido noticias del barco! Bueno, tampoco es como si allí, donde ella estaba ahora, llegara el diario muy a menudo, pero eso no tenía nada que ver. No, no, y no. Estaban hablando del rey de los piratas, del barco del rey de los piratas, y de los nakama del rey de los piratas. Y si le sumamos a que el rey de los piratas, Gold Roger, estaba con una enfermedad mortal de la cual seguro no le quedaban ni dos meses de vida, y fuera fervientemente buscado por un loco maniaco, suicida y obsesionado Garp... ¡Eso ya era suficiente noticia para llegar a todas partes sin importar el lugar...!

Quizás estaba demasiado preocupada. No, no, preocupada no seria la palabra... Posiblemente la más cercana seria ansiosa.

Ansiosa por ver qué sucedió desde que se fue. De poder encontrar o escuchar alguna noticia de su ex tripulación. ¡De la única tripulación que no la dejo en puertos y vendió a otros barcos!

No era gran cosa. A decir verdad, ciertamente, en su interior, muy en su interior, pensaba que seria mejor no enterarse de nada. ¡Qué se fueran todos sus ex nakama a la mierda por siquiera intentar tratar de encontrarse con ella y decirle lo que sucedió!

¡Estúpidos bastardos, imbéciles desgraciados, jodidos nakamas...! ¡JODIDO SHANKS! ¡Oh, yeah! De seguro el muy bastardo la estaba pasando mejor que ella metido en ese barco...

...Si es que todavía seguía en el barco. ¡BAH! No es que le importara.

Pero lo que Miranda no sabía es que noticias obtendría, lamentablemente, algo inesperadas para el momento.

...Y así ocurrió.


Primer año.

Mes de Octubre.

Parte I.


Cuando Miranda por fin se decidió a darle una visita a la villa luego de largos meses de duro trabajo, y de, sobretodo, no comer carne, fue un mes siguiente a su recibirte descubrimiento de ansiedad por obtener noticias sobre sus anteriores nakama. Pero sobretodo, su capitán.

Las bajadas del monte Colubo no eran del estilo de Miranda, por lo que siempre al final, terminaba tropezando con piedras resbaladizas que la hacían patinar, caer y rodar de forma inesperadamente frustrante, lo que la hacia patalear furiosa y de forma cómica en el suelo. Casi como un niño haciendo berrinche, levantándose luego con un repetido "¡MALDITAS BASTARDAS ROCAS!" que hacia a los pájaros descansando en sus ramas por el duro día, volar lejos. Casi como si hubieran pronosticado un terremoto. O cualquier otro fenómeno menos el grito de una chica demente en el medio del bosque de una montaña, y en bajada todavía.

De todas formas, se las arregló para bajar en el mejor estado posible. Los tropiezos no habían terminado luego de éste último, así que lo que más sobraba en su cuerpo, era el barro y las hojas a su alrededor. Sobretodo en su trenzado cabello azul.

Al menos había traído un cambio de ropa en su mochila. El cual se puso entre unos arbustos cercanos —hay que ser precavidos, es le dijo alguien alguna vez—, cuando salió de entre ellos un poco más arreglada, se colocó la mochila y corrió en dirección a la villa por el camino que sabía no tardaría ni una hora en hacerla llegar.

[...]

Makino, al verla entre la gente, fue directo hacia ella —corriendo cual leopardo persiguiendo a su presa. Sí, "ansiosa" seria la palabra clave— para abrazarla de una forma tan repentina que las hizo caer a ambas al suelo. Provocando a su vez la risa tímida y feliz de la pequeña niña, y el bufido de la adolescente de estatura promedio.

—¡Miranda! —chilló feliz Makino.

La mencionada rodó sus ojos mientras rodeaba el cuerpo de Makino con sus brazos y se incorporaba levemente del suelo, para luego soltarla y sobar su espalda baja.

«Eso ha dolido».

—Ya volví. Estoy de vuelta —suspiró Miranda.

Makino rió feliz de la vida.

[...]

—¡Vamos, vamos! ¡Ya te lo tengo que enseñar!

Miranda no sabía, ni tenía idea, cómo había terminado siendo arrastrada por la niña hacia algún punto desconocido, que estaba más que claro que no era hacia su casa. No, Miranda había estado lejos por meses, pero había permanecido en esta parte de la isla por un par de meses también, lo que conllevaba conocer y recordar varias cosas, por muy confusas y borrosas que puedan llegar a ser algunas de ellas.

Algunos de los isleños la miraron al pasar a paso apresurado mientras era arrastrada por su brazo por la niña, reconociéndola y a veces saludándola —porque las otras veces ni llegaba a ver un posible saludo por parte de ellos de tan rápido que iban caminando (corriendo)—.

Por fin —para la alegría de Miranda More ya que dejaría de ser arrastrada— llegaron hasta un bar.

Las cosas habían cambiado en cierto sentido cuando miraba a la pequeña Makino. Ya sea su cabello que ahora estaba atado con un pañuelo, y más largo de lo que recordaba. Su altura. Sus facciones. En unos cuantos meses había cambiado varias cosas de la niña y Miranda se sintió envejecer.

«Así debe sentirse una abuela», pensó asqueada.

Pero lo que nunca se hubiera esperado, es que aquel bar, el llamado "Partys bar", fuera el futuro bar de Makino. Según los padres de la misma, que decidieron comprar aquel lugar deshabitado con sus ahorros para poder, en un futuro bastante cercano según la niña, regalárselo a su única hija. Se sintió impresionada por esos extraños padres que eran capases de todo por hacer feliz a su pequeña amiga. A pesar de su estado "económico" —una palabra extraña que había escuchado o leído por ahí.

Mientras entraban y sentían el barullo de las personas hablando o chocando sus botellas, vasos o lo que sea, Miranda escucho vagamente lo que le contaba Makino de forma alegre. Entre todo el griterío pudo distinguir palabras como "dos meses atrás" "La semana pasada fue la inauguraron" "muchas personas están felices". Miranda asentía y asentí, mientras contemplaba su alrededor medio fascinada.

Era una pena que los bandidos de las montañas fueran "mal vistos" por los de la villa, ya que éstos, para los isleños, eran como piratas en algún sentido. Si no fuera así, quizás hubiera podido traer a los demás para que bebieran.

«Seria divertido. Incluso Makino estaría feliz...», pensó, asintiendo, aunque luego prosiguió «aunque si fuera por Makino, todos los días estaría feliz. ¿Cómo le hace?». Decidió que era mucho para pensar así que fue hasta la barra, donde el padre y madre de Makino atendían con sonrisas a todos, y pidió jugo —porque por ahora era menor, según los mismos padres de la niña—.

La saludaron a penas verla y reconocerla. Y le sirvieron su jugo, el cual tomó de un trago cual bebedor experimentado. Algunos de los clientes cercanos a ellas se la quedaron viendo en silencio antes de echarse unas risitas.

—¡Brindemos por nuestra futura compañera de copas! —Miranda no entendió para nada a aquel tipo. Simplemente se encogió de hombros. Makino rió ante esto, sentándose a un lado de ella, a pesar de que, por lo que la adolescente More veía, estaba ansiosa por ir con sus padres y ayudarlos a servir.

Pensó, cursimente, que el sueño de Makino se cumpliría al final.

«Tendrás tu preciado bar».

Tres días después, volvió al Monte Colubo, recibiendo quejas por parte de Dadan y preguntas por parte de los demás bandidos. Miranda contó algunas cosas y otras se las reservo. Su jefa simplemente la escuchó en una esquina del cuarto con los demás, mientras conservaba su cara de "odio al mundo" de forma graciosa.

Allí pertenecía.

[...]

Cuando todos por fin dejaron de preguntarle cosas y se fueron a dormir —Dadan también—, Miranda se permitió revisar en su mochila en busca de aquel tan preciado diario que había podido conseguir. Extrañamente, había sentido a la villa más animada que de costumbre, y no habría podido preguntarle a alguien el por qué. Había escuchado cosas en el bar, más bien brindis a los que no les vio el sentido, sobre un "alguien". ¿Quién sería ese alguien? No tenía idea, nadie había dicho su nombre. Sólo decían cosas como "¡Viva por el Rey!" Pero ¿quién rayos era el rey?

No obstante, al menos tenia el diario para informarse sobre el paradero de su capitán, o si le había pasado algo.

Al abrirlo obtuvo que, para su sorpresa, la noticia principal se trataba sobre su capitán.

Su boca se abrió. El diario era del día anterior. Pero la noticia proclamaba algo sucedido el día en el que llego a la villa. El día que todos estaban demasiado animados en el bar, brindando por un sujeto sin nombre y con un apodo. "El rey".

Gol. D. Roger. El rey. El rey de los piratas.

Había muerto. Había sido ejecutado justo en aquel momento en el que ella felizmente bebía jugo y comía la comida preparada por las hábiles manos de la madre de Makino.

Había sido tan obvio que, simplemente, no pudo evitar negarlo todo. ¿Cómo era posible que hubiera muerto? ¿Y su enfermedad? ¡¿Qué rayos había hecho su capitán para ir y entregarse en sus últimos días de vida?! ¡No lo entendía!

«¡No lo entiendo!».

¡Era mentira...! ¡Si capitán no podía haber muerto ejecutado! ¡Era el rey de los piratas! ¡Y los marines mentían! ¡Todos mentían! ¡Ni siquiera Garp había sido capaz de capturarlo...!

Ni siquiera ella había sido capaz de vencerlo. ¡Y nadie más! ¡ni el supuesto pirata más fuerte! ¡Ni el otro fulano que daba batalla! Su capitán era el mejor. Su capitán era el más fuerte...

...Todo era mentira...

Todo...

Reviso el diario nuevamente. Pudo capturar en su mente cosas como "capturado durante una semana" y en dónde había sido su captura.

A veces Miranda pensaba que el mundo era un verdadero bastardo. Llevándose a las personas que debían vivir aún más, y dejando a puras y odiosas personas que no merecían ni un gramo de la vida que poseían. Estaban los Tenryuubitos. Estaban los marines. Estaban los traficantes. Los nobles, los idiotas, los estúpidos, los malnacidos... Incluso ella.

¿Y por qué tuvo que ser su capitán? Aquel que siempre conservaba una gran sonrisa en su rostro. El que hacia competencia con ella sobre quién comía más carne. Aquel que reía y decía idioteces, a pesar de que esas idioteces no fueran verdaderas idioteces sino cosas serias en cierto sentido.

Decidió salir de la casa con el diario todavía junto a ella, negándose a soltarlo y aceptar lo que era un hecho.

Corrió entre la oscuridad hasta bajar de la montaña, resbalando y levantándose en ocasiones. Siguió corriendo por minutos —muchos de ellos— hasta contemplar los molinos y las vacas durmiendo pacíficamente. Siguió corriendo y corriendo rectamente hasta llegar al muelle de la villa Foosha. Sólo entonces, sólo entonces paró de correr y respiró agitada.

¿Qué había hecho que volviera de esa forma a la villa? ¿Justo en el lugar donde había sido encontrada según Makino?

Fácil.

Cuando recobró el aliento, se sentó en el suelo de madera y respiró hondo mientras cerraba sus ojos para tranquilizarse. El diario estaba más arrugado, y Miranda se sintió más sudada que de costumbre. Había corrido lo más rápido que alguna vez pudo.

Era fácil el decir el por qué. Si miraba al frente, podía sentir que en algún momento el oro Jackson aparecería en su campo de visión. Sentía que, su tomara un bote y se pusiera a remar hacia el frente podía encontrar a su ex tripulación y ver a su capitán y así, a su vez, comprobar que los marines son unos mentirosos y que el rey de los piratas seguía vivo, y seguiría vivo hasta el fin del mundo.

Pero no vio nada. Estuvo sentada, esperando, por muchos minutos. No veía ningún barco en el oscuro horizonte. Todo estaba tranquilo mientras las primeras gotas comenzaban a caer de su rostro.

Corriendo por sus mejillas pausadamente, saliendo sin que Miranda pudiera sentir aquella tristeza que debería estar sintiendo. Lágrimas que quizá tendrían que tener sentimientos, no los poseían en ese momento.

«¿Qué estoy haciendo?»

Las gotas siguieron cayendo de su rostro.

«Todo esto es... todo...», negó con la cabeza, «¡es mentira! ¡Mentira! Él no puede... no, sólo pensarlo es tonto. Son puros inventos de la Marina... porque si él muere por ellos... entonces... entonces... el Capitán...»

Se quedo ahí hasta que una ráfaga de viento le seco las lágrimas y la hizo levantarse para regresar a casa. Entonces, parando antes de siquiera dar más de tres pasos, Miranda volvió a ver el periódico y rió irónica.

«Soy una idiota... está claro que no era mentira... Está claro que esa sonrisa es de él».

En la portada del diario se encontraba la fotografía de Gold Roger antes de morir, ya con las espadas que acabaron con su vida frente a él. Y aquella sonrisa que, si un poeta la viera, escribiría algo como que era capaz de romper cualquier cosa.

Y Miranda pensó entonces que, en alguna parte del East blue, sus ex nakama seguían llorando por la muerte de su capitán. Y sus últimas palabras.

Tembló un poco. Su duelo interno había terminado.

Se dio la vuelta y comprobó el calmado mar nuevamente.

Sus lágrimas volvieron a caer, sólo que esta vez, lo hicieron con más sentimientos que antes. Lo hicieron con tristeza, con enojo, con frustración. No pudo hacer nada por su capitán.

Al mismo tiempo, en el South Blue, una mujer rubia lloraba por su perdida mientras acariciaba levemente su pansa algo abultada.

Ambas lloraban de dolor. Por la perdida del hombre que más querían ambas en el mundo.

Miranda se quedó en el muelle de la villa hasta el atardecer, cuando de repente Makino se le había acercado y tocado su hombro, no obteniendo ningún signo de susto. Sin embargo, Miranda había vuelto su cabeza un poco hacia ella, para decirle con la mirada que la había notado, para luego volver su vista hacia el atardecer nuevamente.

—¿Por que lloras Mi-nee? —preguntó, luego de minutos de silencio.

—Porque alguien a quien quería muchísimo se marcho.

— Y... ¿cuándo regresa?

Se tardó su tiempo en contestar:—...No lo sé. No creo que vuelva. Ya no lo veré otra vez y... tenia mucho por decirle.

—Uuummm. Entiendo, pero, sabes, tal como dice el alcalde, todo puede pasar en el mundo, y no importa si no lo vuelves a ver. Puedes... ¡puedes rezar por que este bien!

Miranda no se podía imaginar al gruñón alcalde decir eso.

—No creo en Dios. Tampoco creo ser una de sus personas favoritas.

—¡No a Dios! La persona que quieres ¿se marcho al mar?

—Sí.

—Entonces solo rézale al mar, que está siempre a nuestro alrededor, siempre presente a donde vayamos. El mar nos protege y nos atormenta, pero siempre está ahí para nosotros... ¡sólo junta tus manos, entrelaza tus dedos y pídele al mar que cuide a quién amas! —Makino sonrió extendiendo sus manos, con el atardecer enfrente. La inocencia de esa niña le devolvió a Miranda la voluntad de seguir adelante, aquella sonrisa, por alguna razón le recordó a cierto chico idiota que casi olvidaba. ¿Luffy?

—Sí... Gracias Makino.

Así, ambas se arrodillaron frente al borde del muelle y juntaron sus manos, entrelazando sus dedos, cerraron los ojos y le pidieron al mar que cuidara del alma de aquel hombre que tanto quería Miranda. En esos momentos de silencio, el viento llevó su rezo hasta los confines mas alejados del mar, donde llegó a cada uno de sus ex-nakamas.

Cuando Makino elevó su rostro, el viento le regalo una suave caricia, llevando la despedida que Gold Roger tenia preparada para cada uno de sus nakamas, por alguna razón, estas palabras resonaron en la mente de Miranda todo el camino de regreso:

"—Voluntad Heredada, la era del destino y los sueños de la gente. Siempre y cuando la gente siga persiguiendo el significado de la libertad, ¡esas cosas nunca dejaran de existir!"

Y mientras Miranda y Makino marchaban una de regreso a la montaña y otra a su villa, las olas pocas olas en el mar llevaban el diario lejos. Una pequeña imagen se vio entonces mientras el diario se iba despedazando lentamente por el agua: el Jolly Roger de los Piratas de Gol D. Roger. La calavera con una gran sonrisa, tan grande como la del hombre que puso el mundo de cabeza.

Cuando te miro a los ojos,

quizá nunca entenderás

lo que realmente significas para mí.

Ahora yo sé mi destino

Y la promesa está cumplida.

¿Puedes escuchar mi voz?

El solitario mundo...

Sólo miente.


El tiempo paso. Los días, meses, los años. No, no había pasado tanto tiempo como para decir, "¡Oh! Ya eres tan grande, Miranda", más bien se podría decir que había pasado cerca de un año y unos meses desde la muerte de su capitán. No había tenido ninguna noticia desde entonces sobre sus nakamas salvo algunos indicios de dónde podría estar Rayleigh por testigos que aseguraron verlo.

«Muy muy lejos. En ese estúpido archipiélago».

También había oído que el carpintero que había hecho el barco a su capitán había sido encontrado, pero no habían más noticias que dijeran si había sido ejecutado. Muchos aliados habían muerto, otros, seguramente se habían escondido bajo otros nombres o disfraces para no terminar en las manos de la marina.

No paso mucho antes de que las noticias sobre el paradero de los nakama del rey de los piratas se fueran extinguiendo y perdiendo valor. Mientras tanto, Miranda se dedicó a su trabajo. Había conocido varios lugares de la isla Down. Incluso descubrió que habían nobles viviendo en ella y demás cosas que se guardó para sí o le dijeron.

Al principio había sido duro el asumir que aquel barco donde paso momentos felices ya no estuviera navegando por los mares libremente. Un pequeño vacío se había agrandado en su pecho por un tiempo hasta que poco a poco se fue desvaneciendo quedando como un vago recuerdo de aquel sentimiento. De catorce, paso a quince años. De quince, a dieseis. Pero fue en el comienzo de su tercer año, a sus dieseis años, cuando toda su algo monótona vida dio un giro bastante brusco.

La llegada de "él".


Tercer año.

Mes de Marzo.

Parte I.


Aquella mañana había sido como cualquier otra en sus días donde comúnmente hacia su trabajo y no vagueaba yendo de aquí para allá explorando la isla. Como cada común mañana: lavo ropa, limpio, y salio a cazar el desayuno y almuerzo, pidiéndole a Dadan que tendiera las sabanas por ella.

Mientras Miranda iba persiguiendo desquiciada a aquel oso que huía cual mujer desesperada, recordó aquella noticia que había oído en su última visita a Foosha unos días antes por el cumpleaños de Makino. Algo sobre que el tal "León Dorado" Shiki escapó de prisión meses atrás. Se preguntó si seguiría con el timón en la cabeza y se rió por sus pensamientos.

Al regresar a la casa de Dadan, luego de darle un certero golpe a aquel estúpido oso (u osa), sintió su estomago gruñir. Abrió la puerta gritando.

—¡Hey, Jefa! ¡apresúrate para que cocines este oso! quiero estofa... Grap...—Si salió o no el nombre de sus labios, Miranda no sabría decirlo. Su rostro había pasado de ser colorado —por el calor— a ser blanco como la porcelana. Ver a Grap frente a Dadan casi le causó un infarto, sobre todo porque el hombre la veía sorprendido.

—¿Tú no eres... la mocosa de Roger? —y sin responder la pregunta, Miranda More salió corriendo como un ratón que fue descubierto por el gato de la cocina. Dejando a su vez, al oso desparramado en el marco de la puerta.

Grap puso a Ace en manos de Dadan que muy confundida negaba con su cabeza de forma exagerada, casi sin creerse lo que tenía en brazos.

Rápidamente, el "anciano" alcanzo a Miranda, y de un solo puñetazo la azoto contra la pared.

—Su– suéltame... maldito...¡Suéltame! —gritó Miranda al ser llevada de vuelta a la casa por Grap. Quien la traía en su ancho hombro, mientras que Miranda, con la sangre saliendo de su boca, manchaba su blanca capa de marine— ¡No! ¡NO! ¡no puedo morir aun Grap! ¡aún no!

Una vez de regreso, todos los bandidos estaban reunidos alrededor de Dadan y el bebe que había parado de llorar y chupaba una manzana por el hambre —una imagen tierna a la cual nadie parecía prestarle atención. Qué desperdicio—.

—Muy bien, ahora ustedes se encargaran de criar a este niño. ¡Quiero que sea un buen marino en el futuro!

—¡Y UNA MIERDAAA! —gritaron todos a la vez entrando en pánico, inclusive Miranda que estaba sentada en el piso y no había notado al niño en los brazos de Dadan.

—¡...O LOS METERE A TODOS EN PRISIÓN!, empezando contigo mocosa —exclamo entre gritos señalando a Miranda, la cual tragó saliva y se acurrucó más en su rincón del piso. Y así, Grap tomo a su "nieto" y lo puso bruscamente en los brazos de la —según él— mocosa, la cual estaba planeando escaparse levantándose tambaleante disimuladamente. Sorprendida, miró al niño en sus brazos.

—¿Qué...? ¿quién... ¿...Quién es?" —preguntó ella, nerviosa, era la primera vez que tenia un bebe en sus brazos. Y era tan... raro. Tan extraño.

—¡Mi nieto! un futuro orgullo para la Marina —exclamó sonriente.

—¿¡Nieto!? ¿tienes hijos? —a Miranda le temblaban los brazos por la extraña presencia en ellos.

—Sí, bueno más o menos. Pero el punto es que tú te encargaras de criarlo de aquí en adelante —dijo, no, ordenó, el vicealmirante señalándola.

—¿Qué...? No, no, no, no, ¡y no! Yo...—

Entrecerró los ojos de repente, pensativa. Por un momento, las caras de aquellos muchachos regresaron a su mente: ese tal Ace y Luffy... Eran "sus hijos" ¿no? Negó mentalmente con su cabeza. Sí, cómo no. Ya vería cómo deshacerse de ese niño y que se hiciera cargo Dadan.

—¿Por qué lo dejas a mi cargo? ¡Fui una pirata, ¿recuerdas?! ¡No sé nada de niños! Además, ni siquiera estoy casada y...—

—¡Nada de quejas, o te meto en una celda! ¿Eso quieres? ¿Pudrirte en una celda?

—No, pero... ¿por qué yo? —preguntó al ver al niño de poco cabello que la miraba con grandes ojos y el rostro lleno de babitas. Frunció la boca, la nariz y el ceño al ver esto último.

—De hecho iba a ser Dadan la que lo criara. Pero ya que estas aquí (luego me dices por qué estas aquí) el criarlo te mantendrá ocupada, así sabré que no harás ninguna tontería. Tómalo como un escarmiento.

Después de un largo suspiro, Miranda pegó el cuerpo del bebe más a al suyo propio: era pesado, muy pesado, pero si la mantenía con vida pues... ¿qué opción tenia?

—Tú ganas. Seré la "madre" de este niño...—refunfuño y rodó sus ojos al pensar en aquellos dos chicos.

—Bien. Asunto resuelto. Ahora, sus cosas están en la posada en Foosha —pero antes de que Grap se marchara, Miranda preguntó:

—¿Y tiene un nombre? ¿o yo se lo pongo? —sus mejillas se tornaron levemente de rosa, al pensar en el nombre que le pondría—. Te advierto que no le daré tu apellido ¿eh? —sus ojos brillaron al juntar "ese" nombre y su apellido.

«Roger More...suena tan lindo», pensó ella, ilusionada.

—Ah, sí, tendrá el apellido de su madre...—Grap se acercó al bebe y acaricio su mejilla— Su nombre es Portgas D. Ace.

Y entonces el mundo de Miranda se detuvo, sus ojos se abrieron totalmente al repetir ese nombre en su mente. Y miró al niño que enredaba sus dedos en sus cabellos y la miraba curioso.

—"¿A... a... a... Ac... Ace... dijiste? —tragó saliva. Tenía un mal presentimiento. Si llegaba a pasar lo que pensaba que pasaría, no, no pensaría en ello. Y a menos que Garp le trajera a otro niño bajo amenazas hacia su persona, con el nombre de Luffy, no pensaba tener uno en vida. Esperaba que ese estúpido hijo de Garp no fuera un mujeriego que iba por la vida embarazando a mujeres para que su padre hiciera que los demás se hicieran cargo de sus "problemas".

Una vez que Grap se marchó, Miranda tembló ante los recuerdos del "Futuro" que vivió en el pasado —irónico.

«Esto es... ¿imposible..?»

Y entonces, Ace empezó a reír moviendo sus manitas al ver un pájaro parado sobre la cabeza de Miranda.

La adolescente no pudo evitar negar muchas veces.

¿Qué diablos?

Si todo esto era cierto, entonces ella al final...

Volvió a negar.

Frunció los labios al bebe.

Ahora que lo pensaba...

«¿¡Cómo diablos se cuidaba de uno!?»

Miranda fue corriendo hasta Dadan, la cual a su vez, salió corriendo ante la pregunta de su sirvienta, provocando una extraña persecución que terminó con Ace riendo de forma infantil y Miranda con varias venas en su frente.

Bueno... suponía que el instinto de las mujeres la ayudaría a hacer algo.

O eso esperaba.

(...)Detrás de la falsa felicidad

pensé que mi vida iba a terminar así

Pero mi corazón está contigo.


Continuará...


-Sarah: De verdad lamento la tardanza :( Hoy, cuando iba a publicar el capitulo, leí un PM de Atsu-san... Si no lo mal interprete, ella está embarazada XD Mis felicidades a ella XD

Hola. ¡Tanto tiempo! Dios santo :(

Sí, mátenme, no me importa xDD me lo merezco por dejar de lado esta historia y ponerme a estudiar (¿eh?).

Bueno, bueno.

¡Ya llegó Ace! Cómo amo a Ace de bebe xDDDD

Y el capitulo lo termine antes de lo pensado :D
Yuju XD.

Espero les haya gustado y agradezco muchos sus review.

Irán descubriendo algunas cosas no entendibles ahora conforme avance la historia. Como ¿qué hizo a Miranda viajar al futuro?

Hasta entonces, lamento que el cap sea tan corto, pero así es la vida :(

¡espero les haya gustado!
Ya les aviso que quizá el próximo cap sea un especial del día de las madres con la historia de Miranda junto a sus madres.
A menos que me inspire y me salga el capitulo que viene xD.

Hasta la próxima.