¡Holaaa! Bueno pues ya estoy aquí otra vez, y con el segundo capitulo de esta historia. Solo espero que os este gustando :D

¡Un abrazo!


Tras perderme un par de veces por la gran ciudad, por fin pude llegar al hostal donde comenzaría a trabajar a partir de ahora.

Empuje un poco la puerta y me adentre en la estancia, estaba completamente vacío. Seguramente todavía no habría abierto sus puertas al público.

-¿Hola? ¿Hay alguien?-. Dije un poco alto para que alguien me escuchara.

Y de repente de la cocina salió un muchacho alto, de pelo marrón y corto.

-Lo siento, pero todavía no hemos abierto al público-. Se disculpó el acercándose a mí, pudiéndolo observar mejor. Tenía unos bonitos ojos color miel y me sacaba 1 cabeza de altura.

-Ah no no, no venía buscando alojamiento. Estoy buscando a Iver, soy la nueva empleada-. Explique tranquilamente, mientras buscaba al hombre por toda la habitación.

-Tobias ¿Con quién estás hablando?-. Preguntó un hombre bajito y de gran anchura.

-Padre, esta muchacha dice que es la nueva empleada de aquí-. Comento el hijo.

El hombre se hecho a un lado para poder verme mejor.

-Hombre Eileen, por fin has llegado, te estaba esperando. ¿Cómo estás?-. Pregunto el hombre acercándose a mí y dándome la mano.

-Hola Iver, estoy bien gracias por preguntar-. Le conteste sonriendo.

-Tobias te presento a Eileen, la nueva empleada, a partir de ahora trabajara aquí atendiendo las mesas del comedor-. Comento el presentándonos.

-Encantado-. Comento el hijo con una sonrisa, era todavía más apuesto cuando sonreía.

-Igualmente-. Le correspondí.

-Y cuéntame, ¿Cómo está tu padre?-. Pregunto amablemente.

-Bien, bueno tú sabes, no le hacía mucha gracia que viniera sola aquí, pero sabiendo que estaría contigo se quedó más tranquilo-. Le comente riendo, al recordar cómo se puso padre cuando le dije que me marchaba de casa.

-Jorgen tan protector como siempre contigo jajaja-. Dijo el riéndose mientras se tocaba la panza.

-Sí, bueno, después de todo solo me tiene a mí y a mi hermano Eldern-. Comenté divertida recordando a mi hermano y a todos los consejos que me dio sobre qué hacer si me atracaban o algo por el estilo.

-Ya, lo de tu madre fue un duro golpe para todos…-.

El silencio reino por unos segundos la sala.

A mi cabeza se me vino la imagen de mi madre sonriendo, cuanto la echaba de menos…

-Tobias ¿Por qué no le enseñas a Eileen su habitación? Seguro que está cansada del viaje-. Comento el hombre a su hijo.

-Claro, sígueme por favor-. Me pidió amablemente.

-Siento mucho las molestias, te prometo que en cuanto ahorre el dinero suficiente me buscare una pequeña casa-. Dije.

-Oh vamos, a mí no me molesta nada que te quedes aquí el tiempo que haga falta. Al contrario, pienso que a mi hijo le encantara vivir con una joven tan hermosa como tú-. Comento pícaro.

-¡Padre!-. Exclamo avergonzado el hijo.

-¡Jajajaja!-. Empezó a reír el hombre. Y cuando nos dimos cuenta estábamos los 3 riendo.

-Por cierto, mañana abrimos a primera hora de la mañana, me gustaría que fueras puntual, hasta mañana entonces-. Me comento Iver mientras se marchaba.

-Claro, hasta mañana-. Me despedí.

-Vamos, te mostrare tu habitación, no es muy grande pero es acogedora-. Informo el muchacho.

-No te preocupes-. Comente tranquilamente.

-Veo que no traes muchas cosas, esperaba que fueran más-. Dijo él mirando mi única bolsa.

-Bueno, solo he traído lo que creía necesario. Tampoco quería cargar con muchas cosas, si necesito algo lo comprare-. Informe.

-Ya veo, bueno, esta es tu habitación. Espero que te guste, si necesitas algo yo duermo en esa de ahí-, Comento el parándose enfrente de una puerta de madera, y señalando la habitación continua.

-Claro, muchas gracias por todo-. Agradecía educadamente mientras me adentraba en el cuarto.

Cuando estuve dentro observe todo detenidamente, era pequeño pero acogedor. Había una cama individual, un armario, una pequeña mesita de noche y el baño.

Abrí la gran ventana que había y la luz inundo por completo todo el cuadrado.

Me gustaba.

Saque las cosas de la bolsa, no eran muchas, solo unos cuantos de vestidos, algo de dinero y poco más. Y lo guarde todo en el armario.

Me tumbe en la cama, suspirando después de un largo día de viaje. Pensé en escribirles unas cartas a padre y a mi hermano, pero en ese momento estaba muy cansada, luego se las escribiría.

Poco a poco fueron cerrándose mis ojos, el cansancio podía más que yo y al final me quede dormida, bajo el pensamiento de unos intensos ojos negros observándome.


Los días fueron pasando y con ellos, los meses. Poco a poco me iba acostumbrando a la agitada vida del comedor, yo solo tenía que tomar nota de lo que querían los huéspedes y luego llevarle la comida.

Por ahora no había tenido ningún problema, Tobias me advirtió que algún aprovechado intentaría sobrepasarse conmigo pero todavía no se había dado el caso.

Menos mal.

Iver y Tobias eran muy buenos conmigo, siempre estaban pendientes de si me encontraba bien o si me faltaba algo, poco a poco les iba cogiendo cariño.

Pero pronto me iría de allí, había ahorrado lo suficiente estos meses como para tener mi propia casa y algunos de estos días saldría a mirar alguna.

Hoy Iver nos había dado el día libre, él iba a ir a comprar cosas que se habían acabado en el hostal, a decir verdad el local había sido bien acogido por el público y por supuesto por los visitantes de otras ciudades.

Yo decidí comprar telas e hilos, necesitaba un par de vestidos nuevo ya, tenía la suerte de que se me diera bien la costura y me ahorraba lo caro que podía costar uno hecho ya.

Estaba de vuelta al hostal cuando en la puerta vi un montón de gente apelotonada, me extrañe mucho, se suponía que hoy estaba cerrado.

-¿Qué está pasando?-. Le pregunte a una mujer que estaba cerca de la puerta.

-No sé mucho, pero dicen que han encontrado a un hombre a las orillas de la playa, está vivo pero inconsciente. E escuchado que viene del norte-. Me informo la mujer.

-Gracias-. Agradecí mientras me hacía hueco entre toda la gente. Hasta que por fin pude llegar al interior donde vi a Iver intentando echar a toda la gente afuera.

-El hombre esta inconsciente, ahora necesita descansar así que pido amablemente que os vayáis, por favor-. Pidió el educadamente que se marcharan.

Los curiosos empezaron a irse entre algún que otro resoplido por no a ver visto al hombre.

-Iver ¿Qué está pasando?-. Pregunte muy intrigada por todo aquello.

-Eileen, has llegado pronto-. El me contesto con un atisbo de nerviosismo en su voz.

-¿Qué es eso de que ha encontrado a un hombre a orillas de la playa?-. Pregunte.

-Sí, bueno, respecto a eso… Es mejor que lo veas con tus propios ojos-. Me informo el mientras me hacia el gesto de que lo siguiera.

Llegamos a la puerta de mi habitación, cosa que me resulto muy extraña.

-¿Qué hacemos aquí?-. Pregunte.

-Bueno, teníamos todas las habitaciones ocupadas y tú estabas afuera así que no nos quedó más remedio que ponerlo en tu cama, lo siento-. Se disculpó él.

En el fondo estaba un poco cabreada, no sabía qué clase de persona podría estar ahora durmiendo en mi cama.

-Eileen, ¿estas segura de que quieres verlo? Es decir… sé que se fue hace tiempo y hace mucho que no lo ves-. Me advirtió.

Por un momento mi mente se quedó en blanco.

No.

No podía ser.

Era imposible.

Coloque mi mano rápidamente en el pomo y abrí la puerta velozmente. Di un par de pasos hacia la cama.

Mi cuerpo se quedó paralizado y por un momento mi corazón se paró. Perdí las fuerzas en mis brazos y la bolsa con las telas y los hilos se cayó al suelo desparramándose por toda la habitación.

Y allí estaba, acostado en mi cama como si nada, con su rostro lleno de arañazos y sangre seca.

-Jon…-. Susurré.


Bueno pues esto ha sido todo, espero que os haya gustado y que decidáis dejarme un review con vuestra opinión sobre la historia, me ayudaría muchísimo :D

¡Un abrazo!