(¡Aquí está el quinto capítulo! Siento mucho la demora en serio. Quería acabar el siguiente capítulo y subirlos juntos pero ya os he hecho esperar demasiado, así que como especie de compensación este cap es algo largo. Como ya tengo la mitad del otro supongo que tardaré un par de días en subirlo pero no mucho. Espero que os guste y perdón otra vez por la demora. Como siempre me gustaría agardecer el apoyo de aquellas personas que han añadido esta historia a su lista de favoritos o la han empezado a seguir y por supuesto a aquellas que me dejan reviews. Imperialwar1234, Zootopia lover, Gashicalmy, Atzuko-san y cmanriquez18 os dedico este capítulo, espero que lo disfrutéis (imperialwar1234 por favor no me hagas nada, solo soy una chica normal con problemas de organización, a cualquiera le puede pasar D:)).


—Esto no, esto no, esto tampoco, aquí no pone nada interesante, esto ya lo sé —Judy pasó las hojas del libro Collares: todo lo que necesitas saber esperando encontrar información relevante sobre estos, pero nada. Después de pasar días intentando mostrar la inocencia de su amigo se dio cuenta de que era un esfuerzo inútil. Era un depredador que había atacado a una presa siendo consciente de que la descarga que recibiría por ello le podría dejar inconsciente durante días, así es como era percibido y el hecho de que lo hubiera hecho para salvarla, algo que no se cansaba de repetir, no hacía ni una pequeña variación en esa visión que cada presa de Zootrópolis tenía sobre él. No era de extrañar entonces que le encerrasen en la prisión preventiva del Distrito Tundra, apartado de toda forma de civilización hasta que se emitiera su juicio, un acto desmesurado para la coneja pero que al ser considerado un criminal peligroso en potencia las autoridades lo calificaban de prudente. Esa fue la gota que colmó el vaso para ella, y cansada de tanta injusticia, porque cabe mencionar que Doug no fue detenido a pesar de que la disparó, ideó un plan, un plan tan alocado y que podía afectar a tantos animales que Judy se cuestionó el estado de su salud mental cuando se le ocurrió, pero estaba segura de que si jugaba bien sus cartas todo saldría a pedir de boca. El plan empezaba con la liberación de Nick pero como no había forma legal de hacerlo Judy optó por hacer las cosas a su manera. Por eso había dedicado las semanas de su rehabilitación a leer libros y libros sobre los dichoso collares, pero como sospechaba no daban indicación alguna de como se podían quitar sin hacer saltar la alarma, aquella que llamaría a la policía y proporcionaría una gran descarga que dejaría inconscientes tanto al depredador que lo llevaba como al animal que intentase liberarle.

—Hopps.

La puerta de su oficina se abrió de golpe y Judy superpuso un montón de formularios sobre el libro. Lo último que necesitaba era que su jefe le pillara ojeando eso.

—¿S-sí señor? —Se maldijo a sí misma cuando tartamudeó. Si quería hacerle creer que todo iba bien entonces tendría que actuar de forma natural y relajada.

—¿Cómo van esos formularios? —preguntó el búfalo mientras se sentaba en una mesa cercana, aparentemente ajeno al nerviosismo de la coneja.

—Estupendamente —contestó con una sonrisa, aunque al estar ocupada leyendo la verdad es que no había hecho gran cosa, hecho del cual se dio cuenta su jefe al echar un vistazo rápido sobre los diversos papeles en blanco que cubrían la mesa.

—Ya. Bueno en realidad venía a preguntarle si todo va bien.

—Sí, ¿por?

—Porque su rendimiento ha bajado mucho desde la detención de Wilde, es como si estuviera en su mundo en vez de prestar atención a su trabajo.

—Ah, eso —Los hombros de Judy se relajaron mientras soltaba un suspiro, aliviada—. Supongo que me ha afectado más de lo que pensaba pero no se preocupe estoy bien.

—Bueno solo quería decirle que siento mucho lo de su amigo pero si la hace sentir mejor no es el único depredador encarcelado de esa manera.

—Sí, me alivia saber que no es el único y que hay montones de depredadores encarcelados injustamente —La frialdad y sarcasmo con los que soltó aquellas palabras le sorprendió incluso a ella, no pretendía decirlo de esa manera pero tampoco se arrepintió.

—Lo siento Hopps pero me vi obligado a hacerlo, imagínese el revuelo que habría causado si le hubiera dejado en libertad. El miedo se habría apoderado de la ciudad.

—Supongo que tiene razón, pero Nick no tiene que sufrir por la estrechez mental de algunos ciudadanos.

—Ya lo sé y ya le he pedido perdón personalmente, si estuviera en mis manos haría lo que fuera, yo también lucho por la justicia aunque no lo parezca.

—Pues efectivamente no lo parece. La justicia no es cumplir las órdenes del gobierno ni hacer lo que la mayoría cree correcto, se trata de hacer lo que hay que hacer, nos guste o no.

—Lo sé pero esto no es un cuento de hadas donde todo el mundo baila y canta y resuelve los problemas como por arte de magia, esto es la vida real, aquí las cosas no son tan fáciles.

—O a lo mejor nos empeñamos en hacerlas difíciles.

—Eres demasiada ingenua Hopps, no te vendría mal madurar un poco.

El búfalo se levantó y se fue sin decir ni una palabra más. Judy se sintió incluso peor después de esa charla, ahora sí que no tenía ganas de hacer nada. Miró el reloj, las seis menos cinco, cinco minutos y su turno se acabaría. Cinco minutos y tendría el fin de semana para investigar. Cinco minutos y otra semana en la que Nick estaba en aquella cárcel, y ella sin poder hacer nada al respecto. La desesperación y la impotencia se apoderaron de ella, ya no sabía que hacer. En los libros no ponía nada y estaba segura de que no encontraría la información que tanto ansiaba en ningún lugar. Metió el libro en su bolsa y dejó los formularios bien ordenador en su mesa, ya los rellenaría el lunes. Salió de su oficina cabizbaja y aunque intentó evitar a Ben, ya que en ese momento no le apetecía hablar con nadie, por desgracia él la vio.

—Judy no tienes muy buena cara, ¿has dormido estos últimos días?

La coneja volvió a maldecir en voz baja, si la había visto no le iba a ignorar. Se dio la vuelta y se quedó a escasos centímetros del mostrador.

—No, no puedo, ¿cómo quieres que duerma cuando Nick está encarcelado injustamente?

—Cierto, pero ya hemos hablado de este tema, no te beneficia pasarte las noches en vela. No descansas y te cuesta más pensar con claridad.

—Me da igual, no descansaré hasta liberarle. Si tuviera la certeza de que hay una forma de quitar ese estúpido collar sin que suene la alarma.

—La hay.

Los ojos de Judy se abrieron como platos mientras miraba de forma incrédula a Ben. ¿De verdad había una?

—¿La hay?

—Sí, todos los veterinarios están capacitados para ello, ya sabes por si sufrimos algún accidente y nos tienen que quitar el collar. También tengo entendido que nuestros padres tienen una especie de llave con la que también pueden quitárnoslo por si nos hacíamos daño de pequeños pero queda registrado.

—O sea que los padres de Nick tienen esa llave.

—En principio deberían —La cara de Judy se iluminó por completo tras escuchar esas palabras. Y pensar que se podía haber ahorrado todo este tiempo si le hubiera preguntado a Ben desde el principio. Se sentía como una completa imbécil pero mirando el lado positivo ya sabía cual era su siguiente paso—. ¿Por qué estás sonriendo de esa manera? Con las ojeras das miedo.

—¡¿Dónde viven?!

—N-no lo sé —La energía con la que la coneja había formulado esa pregunta desconcertó al guepardo. Hace tan solo unos segundos parecía un zombie y ahora irradiaba vitalidad—. ¿Por qué-

—¡Ben dímelo! Es de vital importancia para el futuro de los depredadores.

—Voy voy —El depredador se metió en el sistema y tras unos segundos que le parecieron una eternidad a Judy al final encontró la información que estaba buscando—. Aquí está, el hogar de los Wilde. Ya te he pasado las coordenadas.

—¡Genial! Voy a verlos ahora mismo.

—¡Espera! Te recomiendo que te arregles un poco, no querrás darles un infarto con esas pintas.

—Cierto, entonces hoy descansaré e iré mañana. ¡Gracias Ben, eres el mejor!

—Eh, ¿de nada? —La coneja abandonó la comisaría a una velocidad descomunal, dejando al guepardo anonadado. Definitivamente la falta de sueño la estaba afectando de mala manera.


—Número dieciséis, número dieciséis…

Después de pasarse toda la noche y parte del día durmiendo Judy se despertó con energías renovadas. Incluso ella tuvo que admitir que lo necesitaba y se prometió no dejar de lado sus horas de sueño. Volviendo al tema que nos interesa, el señor y la señora Wilde vivían en el número dieciséis de la calle Habana, casi en las afueras de la ciudad. Era una casa bastante modesta y algo apartada de las demás. Judy se llegó a cuestionar si de verdad vivían allí pero no tenía tiempo para planteárselo. Llamó a la puerta tres veces y esperó pacientemente. Tras unos segundos se abrió, revelando a una zorra algo mayor.

—Buenos días señora Wilde, soy-

—¿Judy Hopps? —preguntó la depredadora y la coneja asintió lentamente, ¿cómo lo sabía? Ante la cara de asombro que ella puso la zorra sonrió— Nick me ha hablado un montón de ti, por favor pasa.

¿Que Nick había hablado mucho de ella? Interesante… La coneja entró en la casa y siguió a la depredadora hasta el salón. Durante el trayecto vio diversas imágenes, en la mayoría de ellas había un zorro llevando a otro más pequeño en brazos. Ambos tenían una sonrisa de oreja a oreja. Judy supuso que se tratarían de Nick y su padre. Cuando llegaron la madre gesticuló hacia un sofá verde al que no le había sentado nada bien el paso de los años. La coneja se sentó pero la depredadora se quedó de pie.

—Siento el desorden, no esperaba ninguna visita. ¿Quieres algo? ¿Café o té?

—Estoy bien solo quiero hablar y no importa, su casa está muy limpia.

—Gracias —Después de asegurarse de que su invitada estaba cómoda también se sentó—. Bueno, ¿de qué quieres hablar?

Judy abrió el hocico pero después lo cerró cuando se dio cuenta de que no tenía nada que decir. Estaba tan centrada en conseguir esa pequeña llave que se le había olvidado planear una conversación para romper el hielo. Afortunadamente la señora Wilde acudió en su auxilio.

—¿Cómo está Nicholas? Sé que no está bien que te lo pregunte y tampoco debería preocuparme tanto pero es que hace semanas que no me llama.

¿No sabía que Nick estaba en la cárcel? Aunque bueno, este lugar parecía estar apartado de la civilización así que tampoco le sorprendía mucho. Ahora se encontraba con un dilema moral: ¿le decía la verdad y le rompía el corazón o se lo ocultaba y la dejaba seguir viviendo feliz en aquella mentira?

—Está muy bien, perfectamente —Al final optó por la última opción. Ella no era quien para amargarle el día, la señora Wilde parecía una señora amable y tranquila, lo que le hizo preguntarse si Nick había salido a su padre porque no se parecía a ella, al menos en lo que a la personalidad respecta ya que ambos compartían ese par de ojos verdes hermosos. Además si todo iba como planeaba Nick no tardaría en volver a ser libre.

—Menos mal, no sabes el peso que me quitas de encima. Con este zorro nunca se sabe, puede parecer muy tranquilo pero se mete en líos con una facilidad preocupante —Rió nerviosamente y Judy se limitó a sonreír. Si ella supiera—. Lo siento, ¿qué querías?

—Pues me preguntaba si aún conservaba esa pequeña llave, ya sabe con la que le puede quitar el collar a Nick —Gracias a la preocupación de la zorra a Judy le dio tiempo a planear una pequeña conversación y optó por la opción más fácil, utilizar su empleo como excusa perfecta.

—Claro.

—¿Podría entregármela?

—No estoy segura, me dijeron que me la quedase y que no se la diera a nadie bajo ningún concepto.

—Son órdenes de arriba pero si quiere le puedo conseguir un documento judicial —Un documento que esperaba no pidiera porque sino adiós a su plan.

—No, no hace falta. Eres amiga de Nicholas así que supongo que estarás diciendo la verdad —Judy se vio incapaz de ignorar las punzadas que atacaban a su corazón, se sentía fatal por mentirle de esa manera pero era por una buena causa se decía, y eso aliviaba un poco su culpa. La depredadora se levantó con dificultad y abrió un baúl que se encontraba debajo de una ventana. De ahí sacó una caja bastante limpia para haber estado encerrada durante tanto tiempo. Tenía algo de polvo pero estaba en buen estado. La señora Wilde se dio la vuelta y se la entregó a Judy.

—Aquí está.

—Muchas gracias, no sabe el favor que me acaba de hacer.

—No tienes porque dármelas. Los jefes pueden llegar a ser un poco agobiantes —Judy asintió y se levantó, ahora solo le faltaba anular la maldita alarma.

—Gracias otra vez señora Wilde, ahora tengo que irme pero si necesita algo solo tiene que pedírmelo.

—Pues podrías, si no es mucha molestia, ¿decirle a mi hijo que me llame más a menudo? Me trae por la calle de la amargura cuando pasan meses y no sé nada de él, a lo mejor a ti te hace caso.

—Por supuesto. Bueno aún tengo varias cosas que hacer. ¡Nos vemos!

—Adiós querida. Puedes venir cuando quieras, las puertas de esta casa siempre estarán abiertas para ti.

Judy asintió otra vez y al salir de la casa empezó a dar saltos de alegría. Ya tenía la llave, ahora solamente necesitaba que un científico le prestara sus habilidades. Pero para ello necesitaría dinero. ¿Qué obtienes cuando juntas dinero e ilegalidades? Mafia, a lo mejor Don Bruto estaría interesado en financiar su plan.


Entrar en la mansión no le fue nada fácil a Judy. No solo el taxista se había negado a dejarla cerca por el miedo que sentía hacia el capo y por ello se vio obligada a andar gran parte del recorrido, por si eso fuera poco el oso guardián se negaba a dejarla entrar sin una invitación. Después de estar varios minutos discutiendo al final Judy le dijo que si no creía que era una amiga de Don Bruto que le preguntase a su jefe. Después de renegar entre dientes fue a preguntarle y cuando volvió le abrió la puerta y le dejó entrar sin decir ni una palabra. Con un gracias bastante forzado Judy se dirigió al despacho bajo la mirada atenta de los sirvientes. Ni que fuera la primera vez que estuviera allí.

—Mira quien está aquí. ¿Conseguiste averiguar algo más, querida? —preguntó esperanzado la musaraña al verla entrar a su despacho.

—No, lo siento Don Bruto pero el animal que le robó sabía como borrar sus huellas —Si os dijeran que Judy no miente probablemente no os lo creeríais después de leer este capítulo, ya van tres veces en un mismo día pero tenéis que entenderla. ¿Cuál sería la reacción de la musaraña al saber que un alto cargo del gobierno era el ladrón? Judy no quería ocasionar más problemas así que decidió callarse la verdad, por ahora—. Es más me temo que vengo a pedirle un favor.

—¿Y de qué se trata?

—Pues verá —Judy se acercó a Don Bruto y después de susurrarle su petición le contó su plan, por si acaso no accedía a ayudarla por buena voluntad.

—Eso es algo muy ambicioso querida, me gustaría ver cómo lo intentas. Dame la llave, mi equipo se pondrá manos a la obra enseguida.

Judy dejó el pequeño chip en la mesa y Don Bruto chasqueó los dedos. Un oso polar se acercó y lo cogió, esperando recibir órdenes de su amo.

—Al laboratorio, que hagan lo que ya saben.

El oso asintió y abandonó la sala a un ritmo bastante rápido.

—¿Sabe cuánto tardará más o menos?

—No mucho, una hora máximo. Fru Fru está deseando verte, ¿por qué no vas con ella? Te avisaré cuando esté listo.

—Vale, muchas gracias.

Después de ser escoltada durante todo el trayecto (Judy tenía la impresión de que no le caía muy bien a los osos) llamó a la puerta de la habitación de Fru Fru. Después de obtener un agudo Adelante por respuesta la abrió. La musaraña sonrió al verla.

—Judy, ¡cuánto tiempo! ¿Cómo estás?

—Muy bien, ¿y tú?

—De maravilla. ¿Conseguiste averiguar algo más del robo?

—Sí, pero es un secreto. No se lo he dicho a tu padre por si le sentaba mal así que confío en ti. ¿Sabes quién es el carnero que sigue a la alcaldesa Ovina por todas partes?

—¿El señor Doug? —Judy asintió— No lo entiendo, ¿qué tiene que ver él con todo esto? Si siempre se ha portado bien con papá.

—Es lo que me gustaría saber. Por lo que ha llegado a mis oídos tu padre no ha sido el único al que han robado. También vi como el señor Espínez le entregaba un maletín lleno de dinero.

—¿El de la empresa de collares?

—Ese mismo.

—La última vez que estuvo aquí salió un momentito de la sala de reuniones para hablar por teléfono con alguien y me pareció oírle decir algo de reforzar la seguridad y mantener el poder pero no sé muy bien a qué se puede referir. Sus ingresos están a años luz de las demás empresas de collares, nadie le hace sombra así que la competencia no tiene porque preocuparle.

—Ya veo, pero me da en la nariz que no se refiere a su empresa —dijo Judy pensativa mientras las palabras del puercoespín resonaban en su mente. Saluda a la alcaldesa de mi parte y dile que todo saldrá bien.

—Por cierto, ¿dónde está Nick? —preguntó Fru Fru, sacando a la coneja de sus pensamientos.

—Es una larga historia pero digamos que le han encarcelado injustamente.

—¿En serio? ¿Por qué?

Justo cuando Judy iba a abrir el hocico llamaron a la puerta. El mismo oso que envió Don Bruto al laboratorio la abrió.

—El jefe la llama.

¿Tan rápido? Judy le dio las gracias y dijo que bajaría en un momento. Se dio la vuelta y acercó sus patas a Fru Fru.

—¿Vienes?

—Por supuesto.

La musaraña se acomodó en las patas de Judy justo como la última vez que la coneja estuvo aquí. Bajó las escaleras con cuidado y al entrar en el despacho dejó a Fru Fru al lado de su padre. Un oso se acercó y le hizo entrega de la llave.

—Aquí está. He hecho lo que me has pedido así que espero que cumplas tu parte Judy.

—Claro que sí Don Bruto, no le decepcionaré —Tomó la llave y después de despedirse y declinar amablemente la oferta de quedarse a cenar, pues tenía muchas cosas que hacer, abandonó la mansión. Aún seguía sorprendida por lo poco que había tardado, pensaba que le costaría un par de días, después de todo se trataba de una operación meticulosa. Claro que tal vez esa rapidez se debía a que no era la primera vez que hacía algo similar, ya que aunque él llevaba el collar el cuello de Fru Fru estaba desnudo. Puede que como animal dejase mucho que desear pero como padre no tenía ninguna queja. Se fue con una sonrisa de oreja a oreja, ahora solamente le faltaba investigar el centro penitenciario donde se encontraba Nick y ya empezaría su plan de liberación masiva.