Ooogh, de verdad lamento a tardanza; no puedo creer que van 11 meses publicando todos los días 6 de cada mes sin falta ni demora, y que en el epílogo de la historia, voy y me demoro. ¡Bah!

En mi defensa, este fin de semana ha sido terrible, entre mi trabajo de voluntaria, la junta directiva para otorgarle personalidad jurídica y los preparativos para el día de la madre, sin mencionar que aún estoy en pleno período de pruebas solemnes en la Universidad, me dejaron absolutamente sin tiempo y ahora recién pude hacerme espacio.

En fin. Excusas aparte.

Ahora sí, este es el último capítulo de esta historia. Un par de escenas perdidas entremedio de la trama oficial, que creo que son necesarias para no dejar ningún cabo suelto. Realmente espero que lo disfruten.


Disclaimer: Pokémon no me pertenece.

Advertencia: Sí, estuve llenando el fandom, ámenme.


Epílogo

A Delia le parecía que fue hace pocos días que Ash salió de su casita en Pueblo Paleta por primera vez para recorrer Kanto y cumplir su sueño de ser un Maestro Pokémon. Pero en realidad ya habían pasado muchos años desde aquella ocasión y muchas cosas habían pasado. Y ese día, como ya había ocurrido otras veces, veía a su único hijo empacar su mochila para partir nuevamente de viaje, y aunque para ella habían pasado apenas un par de semanas desde que Ash volvió a casa después de su último viaje a Kalos, que había durado más de lo presupuestado en un inicio, se alegraba enormemente de que él pudiera seguir sus sueños.

Una pequeña sonrisa melancólica escapó de sus labios mientras veía, orgullosa, cómo su amado hijo guardaba todo lo necesario para partir en unos días. Él la notó después de un rato.

−Mamá, hola−saludó él al voltearse−¿qué haces aquí? Pensé que estabas con Mr. Mime en el jardín.

−Quise entrar a ver si necesitabas algo−le respondió con su usual sonrisa amable y comprensiva−. Así que… te irás de viaje nuevamente.

−Sí, iré de nuevo por Kanto. Esta vez sí ganaré la Liga. Y luego debo volver a Kalos para defender el título, ¡será fantástico!−el chico lucía emocionado, como cada vez que partía de viaje−. Pero vendré de visita antes de irme para allá, así que…

La sonrisa de su madre se volvió melancólica. Sí, estaba feliz por él y su sueño, ¡y por supuesto que creía que ganaría la Liga Pokémon de Kanto! Pero lo extrañaría. Aún con casi 20 años, siempre lo consideraría el pequeño niño que se quedó dormido el día que inició su viaje por primera vez.

De alguna manera –y jamás lo admitiría en voz alta- ella estaba realmente preocupada de que hubiese durado tanto tiempo viajando por el mundo por su cuenta; ¡era tan solo un niño, después de todo! Pero el que estuviera acompañado por otros chicos que luego podría calificar, sin temor a llevarse una decepción, como los mejores amigos que su hijo pudo haber encontrado, hizo que se tranquilizara.

Después de todos esos años, tenía la confianza de que Brock y Misty habían sido, definitivamente, una buena influencia para su pequeño Ash en su primer viaje, y lo habían hecho madurar lo suficiente como para poder hacerlo en ausencia de ellos dos, cuando sus obligaciones los enviaron en una dirección distinta. Es por eso que ambos chicos; los primeros amigos de Ash, tendrían siempre un lugar en su corazón, como si fueran sus propios hijos.

Se sentó en la cama junto a su único hijo, que seguía juntando sus cosas. Él sintió el cambio en la distribución del peso de la cama y se volvió a ver a s madre. Tenía un semblante extraño. Era cierto que ella nunca le puso trabas a la hora de perseguir sus metas lejos de casa y le brindó todo su apoyo en todo lo que alguna vez emprendió, pero no por eso era menos cierto que en los casi diez años que llevaba viajando por el mundo, la había dejado prácticamente abandonada en su pequeña casita de Pueblo Paleta.

Siendo el hombre que era –o que pretendía ser- ya no se consideraba en edad para ese tipo de cosas, pero muy a pesar de eso, decidió que ambos lo merecían. Rodeó la cada vez más enjuta espalda de su madre con los brazos y hundió la cabeza en el espacio que existía entre su cuello y su hombro. Ella se sorprendió por esa acción de su retoño, la que había visto por última vez cuando era aún un niño y que era tan poco usual en él.

Delia sonrió, comprendiendo, y cerró sus brazos alrededor suyo, siendo tan comprensiva como lo había sido siempre.

−Ash, hijo…−murmuró ella con calma− sé que esto es difícil, déjalo sufrir y te sentirás mucho mejor.

Y como si esas hubiesen sido las palabras mágicas que abrirían la fuente de avellanas, Ash comenzó a llorar, temblanco suevamente contra el pecho de su madre, como si fuese un niño pequeño que ha perdido para siempre su juguete. Lo que bajo cierta perspectiva no era del todo falso: sí había perdido algo, salvo que Misty no era un juguete, jamás había sido suya, y la había perdido.

Aún recordaba con claridad cuando Misty lo rechazó. Llegó esa tarde a su casa, y él pensó que, sin lugar a dudas, le diría lo que quería oír, porque en algún lugar escondido dentro de su ser, él pensó que Misty siempre sería suya y que lo seguiría a todos lados, como cuando eran niños y ella iba con él a todas sus aventuras.

Pero no sabía qué tan equivocado estaba.

Misty jamás le había pertenecido. Si lo seguía era porque así ella lo había decidido y él sabía perfectamente que la pelirroja siempre hacía lo que se le venía en gana. Y que ella jamás lo había necesitado. Pero nunca se dio cuenta de que era más bien lo contrario; cuando ella decidió permanecer en Cerulean, ella estaba demostrando que podía valerse por sí misma, mientras que él siempre dependió de alguien más que estuviera cuidando de él. Hasta que un buen día descubrió lo que hasta ahora había sido invisible a sus ojos: se había enamorado de Misty, de esa eufórica y salvaje pelirroja con el carácter de un Gyarados enfurecido y la sensibilidad de un Gigglypuff.


De todas las personas posibles que esperó ver al otro lado de la puerta cuando acudió a abrirla luego de que sintió que llamaban, definitivamente Misty no era una de ellas. Después de la conversación que ambos sostuvieron en el gimnasio, a él le quedó claro que lo mejor sería dejar de presionarla hasta que tomara una decisión, y que cuando eso sucediera, ella se encargaría personalmente de ir a verlo. Pero no esperó –ni remotamente- que eso fuera a ocurrir tan pronto.

¿Puedo pasar? Hay algo sobre lo que quiero hablarte.

Ante su estupefacción de verla frente a él, tardó tan solo unos segundos más de lo normal en reaccionar y dejarla pasar. Mientras, se le había quedado viendo como un verdadero estúpido y ella fuera algún tipo de bicho raro.

A-adelante−se hizo a un lado, sonriendo nervioso. Desde hace algún tiempo a esta parte, Misty lo ponía nervioso.

Gracias−ella le sonrió, encogiéndose un poco sobre ella misma.

Es tu casa−comentó él, casualmente mientras cerraba la puerta−. Mamá está tomando el té con el profesor.

Ya.

Ambos se sentaron en la sala y Pikachu corrió a saludar a su vieja amiga y a acomodarse en su regazo para que ella le acariciara las orejas. El ambiente logró distenderse un poco gracias a ese acto inocente y cariñoso por parte del pequeño roedor. Pikachu siempre era un ente conciliador entre los dos viejos amigos, y eso ambos lo agradecían.

Ash−comenzó ella lentamente, rompiendo el hielo del ambiente−, ¿sabes? He… pensado mucho sobre lo que me dijiste−el aludido levantó la cabeza con el estómago repentinamente apretado en un nudo ciego−. Volver a lo que éramos antes−citó−. Hubo un tiempo en que eso era lo que más deseaba, desde que volví a Cerulean, porque viajar contigo y Brock, e incluso con Tracey, fue definitivamente lo mejor que me ha sucedido en la vida−ella sonrió y sus ojos brillaron mirando al horizonte, con Pikachu aún en su regazo.

Ash la observó fijamente, con sus ojos color chocolate puestos en los color verde de ella.

Misty era tal y como recordaba: el pelo rojo furiosamente peinado en lo que parecía un desorden meticulosamente calculado, su piel pálida y sus ojos de un curioso color verde. No pudo evitar sentirse agradecido con el paso del tiempo; fueron los años los que habían hecho maravillas con ella. Porque de la chica delgada y sin gracia con apariencia de marimacho que él recordaba, ya poco y nada quedaba. En su lugar, una chica de brazos y piernas largas, de rasgos finos y ojos hermosos.

Entonces, ¿cuál es el problema?−se aventuró él, ansioso−, volvamos a esos días. Esos en que no había nada más que nosotros. Tú y yo, y la próxima aventura−resolvió−: es lo que ambos queremos, ¿no?

Él aguardó su respuesta, una afirmativa, para ser más precisos. Pero la cabeza gacha de Misty, el temblor de su mandíbula y su renuencia a responder inmediatamente, lo hicieron dudar acerca de cómo terminaría esa conversación.

¿Cuál es el problema, Mist?−preguntó él con precaución, intentando infundirle confianza al llamarla por su sobrenombre.

Que te tardaste demasiado, Ash−una sonrisa triste cruzó su rostro−. Esperé día y noche a que un buen día volvieras y pudiéramos estar juntos, decirte todo lo que sentía y que estaba loca por ti−, una lágrima cayó por su mejilla−pero me cansé de esperar−su voz se quebró y se hizo aguda, sin que ella pudiera evitarlo. Pikachu se inclinó sobre ella, preocupado por la chica. Ella le acarició la cabeza, intentando tranquilizarlo.

Pero ya estoy aquí, Mist−se levantó, ansioso−; estoy aquí para ti y ya no tienes que esperar ni un minuto más y…

No, Ash−le intrrumpió, dejándole la palabra en la boca−ya es tarde. Esperó todo este tiempo, guardando mis sentimientos, negándoselos al resto; hasta que ellos lograron escapar−resolvió, como si fuera la confesión de un crimen, pero ella no se sentía culpable en absoluto.

Entonces a Ash le pareció que el alma se le caía a los pies, que la respiración se le detuvo, al mismo tiempo que abría los ojos con total sorpresa. Sintió que de pronto las rodillas no fueron capaces de soportar su peso y cedieron, haciendo que tuviera que volver a sentarse –o más bien, dejarse caer- en el sillón, del cual se había levantado impulsivamente para darle fuerza a su argumento.

Era como si todo en lo que él creía en el mundo, desapareciera; que Misty lo esperaría por siempre, a pesar del tiempo, que lo seguiría a donde fuera, a pesar de las distancias, y que confiaría ciegamente en él, a pesar de las dudas y el temor que pudieran embargarla. Pero ya nada de eso existía: había vivido en un mundo donde nada de eso era cierto, que había dejado de existir.

Pikachu lo miró contrariado, sin saber exactamente qué hacer. En esa situación donde las dos personas que probablemente más quería en ese mundo –y que más lo querían a él- estaban lastimados por las palabras del otro. Misty pareció notarlo, y haciendo un ademán con las manos, pero sin atreverse a decir palabra, lo invitó a dirigirse hacia su legítimo dueño y compañero, y brindarle su apoyo incondicional, como lo había hecho siempre.

Lo siento mucho, Ash−comenzó a decir ella después de un momento que para ella fue eterno.

No, Mist−la contradijo, sobresaltándola−, yo lo siento. Estuve todo este tiempo pensando en que no importaba cuánto pasara; tú me esperarías por siempre. Fui un verdadero idiota y un pésimo amigo.

Ash, yo…

No. No hace falta que digas nada más. Te mereces ser feliz con quien tú elijas; y yo estaré feliz cuando así sea, porque eso es o que los amigos hacen.

Le sonrió lo más sinceramente que pudo, ella le sonrió de vuelta, emocionada. El chico hizo un ademán con las manos para que se acercara para abrazarla, tan contenedor y cariñosos como lo hubiese hecho hace años. A Misty le pareció que habían pasado siglos desde la última vez que se había sentido tan a gusto.

¿Amigos?−sugirió él una vez que se hubieron separado.

Los mejores−concluyó ella.

Pero asegúrate de decirle a Oak que si llegase a hacerte daño, no habrá fuerza sobre la Tierra que lo salve de lo que le haré, y no me limitaré a un solo puñetazo−sonrió enérgicamente, retomando convenientemente su vieja rivalidad con el joven investigador.

Misty se sonrojó hasta las orejas, riendo involuntariamente por las ocurrencias de su amigo, y definitivamente contenta de volver a la normalidad.


Ni aún después de todo este tiempo es fácil decirte esto, Misty; para mí tú has sido, lejos, lo más importante a lo que la vida me ha obligado a renunciar, pero creo que lo mejor para todos es que de una buena vez por todas, asuma que no me corresponde estar a tu lado. Sí, eso es lo mejor.

¡Pero por favor, no te equivoques! Bajo ninguna circunstancia iré a desaparecer de tu vida. Si de algo me ha servido el tiempo que llevo viajando –y el tiempo que estuve junto a ti- es que debo aprender de los errores que cometo y seguir adelante, y déjame decirte que mantenerme incomunicado es, sin lugar a dudas, el peor error de mi vida. ¡Así que no te preocupes, no volverá a suceder! Más aún, estaré tan en contacto, que acabarás harta de mí, como en los viejos tiempos, pero a la distancia.

Aún me cuesta un poco hacerme a la idea de que estoy viajando por Kanto sin ti; en una semana llegaré a Ciudad Azulona, ¡cuánto tiempo sin pasar por ahí! Pero no pasaré por Cerulean sino hasta después de juntar el resto de las medallas; he oído que tu gimnasio se ha convertido en l última parada de los entrenadores, ¿ves? Aprendo de mis errores.

Pikachu está ansioso por verte luego. Sino lo conociera tanto, diría que te quiere más a ti que a mí, pero eso es un fenómeno común, es decir; sueles causar esos efectos en la gente.

Envíale saludos al tonto ése que tienes por novio y dile que te cuide bien, porque si no, se las verá conmigo, pero tú puedes cuidarte sola, como siempre, ¿no? Y a Tracey, ¿ya se le declaró a Daisy?, Si no lo hace pronto, ella se aburrirá de esperar: que no cometa mis errores.

Hasta pronto, Mist. Te veré luego, Pikachu dice que te quiere.

Ps. Yo también te quiero.

Misty terminó de leer bajo la mirada paciente de Gary, que fingía estar desinteresado en la misiva del más antiguo de sus amigos en común, pero que en realidad estaba ansioso por ver la expresión en el rostro de su novia después de que la leyera.

Pobre, pensó ella, adivinando su posible curiosidad por el contenido del sobre, conociendo su renuencia a leer correspondencia ajena. Misty sonrió.

−Te envía saludos−comentó, como si eso fuera lo que el castaño estaba esperando oír en realidad.

−Bien, ahora podré dormir en paz−bromeó él, haciendo un ademán exagerado, con la intensión de parecer dramático.

Algunas cosas nunca cambian, pensó ella. Volvió a sonreír.

−¿Dice algo más?−se sentó junto a ella en la orilla de la piscina.

−Que me quiere.

Pero eso ya lo sabía. Ambos. Para nadie era un secreto que Ash sentía algo por la pelirroja; desde que eran niños. No fue, sin embargo, hasta hace unos pocos meses que llegó pregonando por fin haberse dado cuenta de lo evidente.

−Oh, entonces tendré que ocuparme de eso también−comentó como quién no quiere la cosa y se hubiese añadido algo imprevisto a su lista de quehaceres.

Misty lo golpeó suavemente en el brazo. Ambos rieron.

−Vendrá aquí como última parada−volvió a decir, mirando de nuevo la carta−, ya sabes, me he vuelto una líder de temer− alzó en alto la nariz, orgullosa de sus logros en la Liga.

−Habrá que estar preparados−intentó bromear el chico a su lado−, ese chico no es cosa fácil. He oído que no se deja vencer−como si eso no lo supiera de primera fuente.

−Sí, bueno, tampoco yo−le sonrió de vuelta y besó a su novio en la mejilla.

Gary le sonrió y la besó en los labios.

−Y no sabes cuánto me alegro de eso.

Misty volvió a sonreír y se acomodó contra su pecho mientras doblaba la carta de Ash y la guardaba nuevamente en el sobre. Respiró profundamente y con calma cuando sintió el brazo de Gary rodearle los hombros. Se estaba tan bien así. Solo entonces se permitió cerrar los ojos, inspirando por la nariz y dejando que el perfume de su novio le llenara los sentidos.

Una sonrisa traviesa apareció en su rostro. Y juguetona, antes de que su acompañante pudiera reaccionar, lo empujó hacia la piscina, haciendo que cayera al agua de manera graciosa, no sin antes aletear con los brazos en un vano intento por mantenerse en tierra. Pero falló. Gary asomó su cabeza a la superficie, moviéndola en un gesto rápido para quitarse el pelo mojado de la cara y la miró frunciendo el ceño, reprendiéndola con la mirada.

−¿Qué?−rió Misty desde la orilla−Un poco de agua no te hará daño; a mí me gusta, ¿cierto?−, recordándole las palabras que le había dicho muchos meses atrás, y le ofreció la mano para ayudarlo a subir nuevamente al borde.

El chico tomó su mano y una sonrisa maliciosa se formó en su rostro. Misty se dio cuenta, pero antes de poder hacer algo para evitarlo, se vio arrastrada hasta caer al agua, donde un guapo Gary Oak la esperaba con una brillante sonrisa divertida y satisfecha en el rostro.

−Cierto−respondió, acercándose a ella−, a mí también.


Uff! ¡Listo!

Así que este es el fin, si, el de verdad.

Espero, realmente, que lo hayan disfrutado. Yo sí, porque de verdad me tomó mucho esfuerzo y puse todo mi corazoncito en hacerlo.

Muchas gracias a todos los que se molestaron en leerme y en dejarle un review, de verdad fueron un gran apoyo para mí. Sobre todo Misty Sunflower, que ha sido real, realmente una buena amiga y una excelente lectora; te adoro, bonita.

Muchas gracias por todo.